Los omega-3 del pescado no frenan el Alzheimer

Los aceites de la serie omega 3, que se encuentran en el pescado, no ralentizan la demencia senil asociada con el mal de Alzheimer, según un nuevo estudio que cuestiona los beneficios reportados por anteriores investigaciones. Varios estudios habían apuntado antes que una dieta rica en aceites de pescado podía proteger a las personas frente al deterioro de las funciones cerebrales y el Alzheimer. Sin embargo, estas nuevas conclusiones publicadas en la revista médica «Journal of the American Medical Association» ponen en duda las propiedades del ácido docosahexaenoico (DHA), un aceite de la serie Omega 3.

La investigación, financiada por el Instituto Nacional de Envejecimiento y la Universidad de Ciencia y Salud de Oregón (EE.UU.), se basó en pruebas a 400 hombres y mujeres de unos setenta años y con posible mal de Alzheimer. Los autores del estudio administraron dos gramos de DHA y cápsulas con placebo cada día a dos grupos de pacientes diferentes para comparar los efectos del aceite. Después de dieciocho meses, procedieron a evaluar el deterioro mental registrado en ambos grupos y los resultados fueron casi idénticos.

Cada persona emite dos toneladas de CO2 al año por alimentarse

Un equipo de investigadores de la Universidad de Almería (UAL) ha estimado el impacto ambiental que tiene la dieta española y el papel que juegan los excrementos humanos en el ciclo de vida de los alimentos. Es la primera vez que un estudio científico de este tipo introduce el papel que juegan los excrementos humanos.

“La alimentación en España genera unas emisiones de unas dos toneladas de dióxido de carbono por persona y año (más de un 20% de las emisiones totales por persona y año), y un consumo de energía primaria de 20 gigajulios”, explica a SINC Iván Muñoz, autor principal del trabajo e investigador de la UAL.

En el estudio, que ha publicado recientemente The International Journal of Life Cycle Assessment, se analiza la relación de la cadena de producción y consumo de alimentos con el calentamiento global y la acidificación y eutrofización (exceso de nutrientes) del medio, tomando como referencia lo que consumió una persona en España en 2005 (881 kilogramos).

En el cómputo se incluyó la producción agrícola y ganadera, la pesca, el procesamiento industrial que se hace de los alimentos, su venta y distribución, la preparación y cocinado en casa, el tratamiento de los residuos sólidos (restos de comida y envases), así como la excreción humana.

Según el trabajo el mayor impacto ambiental lo origina la producción de alimentos de origen animal, como carne y lácteos. La agricultura, ganadería, pesca e industria alimentaria son la mayor fuente de contaminación de las aguas y de dióxido de carbono, pero en ambos casos le siguen los efectos de la excreción de las personas (al respirar o por el tratamiento de las aguas fecales).

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