
Preparar varias comidas con antelación —el popular meal prep— ayuda a organizar la alimentación, reducir gastos y evitar recurrir a productos ultraprocesados cuando falta tiempo. Sin embargo, cocinar el domingo no significa que cualquier plato pueda permanecer en el frigorífico hasta el viernes. La seguridad dependerá de cómo se manipule, enfríe, almacene y recaliente.
La microbióloga clínica Primrose Freestone, de la Universidad de Leicester, explica que cocinar grandes cantidades no es peligroso por sí mismo. El problema aparece cuando los alimentos pasan demasiado tiempo a temperaturas que favorecen la multiplicación de bacterias o cuando se produce contaminación cruzada entre productos crudos y platos ya cocinados. Sus recomendaciones, recogidas por Vista al Mar, coinciden con las cinco claves de la Organización Mundial de la Salud: limpiar, separar, cocinar completamente, conservar a temperaturas seguras y utilizar materias primas adecuadas.
1. Planificar también es una medida de seguridad
Antes de encender los fogones conviene calcular cuántas raciones se consumirán durante los primeros días y cuáles deberán congelarse. No resulta aconsejable preparar cinco o siete recipientes y mantenerlos todos en el frigorífico durante una semana.
Freestone propone consumir las comidas refrigeradas en dos o tres días. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos establece un margen general de tres a cuatro días para las sobras correctamente manipuladas. Ante esta diferencia, una estrategia prudente consiste en refrigerar únicamente las raciones que se comerán en los dos o tres días siguientes y congelar el resto el mismo día de su preparación.
2. Empezar con manos, superficies y utensilios limpios
Las manos deben lavarse con agua y jabón antes de cocinar y después de manipular carne, pescado, huevos o verduras sin lavar. Las tablas, cuchillos, recipientes y encimeras también tienen que limpiarse después de entrar en contacto con productos crudos.
La separación es fundamental: no se debe cortar una pechuga cruda y utilizar inmediatamente la misma tabla para preparar una ensalada. En el frigorífico, la carne y el pescado crudos deben guardarse en recipientes cerrados y en los estantes inferiores, evitando que sus líquidos goteen sobre alimentos listos para consumir.
Además, si la persona que cocina presenta vómitos, diarrea u otros síntomas gastrointestinales, debería posponer la preparación de comidas para terceros. Virus como el norovirus pueden transmitirse con facilidad a través de las manos y las superficies.
3. Cocinar con un termómetro, no solamente a simple vista
El color, el olor o la textura no permiten comprobar con precisión que un alimento haya alcanzado una temperatura segura. Por ello, un termómetro de cocina es especialmente útil al preparar grandes cantidades, piezas gruesas, carne picada o aves.
Las recomendaciones dependen del producto: las aves y las sobras deben alcanzar unos 74 °C; la carne picada, alrededor de 71 °C; y determinadas piezas enteras de carne pueden cocinarse a temperaturas inferiores si se respeta su tiempo de reposo. Para platos mixtos preparados en grandes recipientes, resulta prudente comprobar varios puntos, incluido el centro, porque algunas zonas pueden calentarse menos que otras.
4. Enfriar rápidamente: el paso que más suele descuidarse
Una olla grande de lentejas, sopa o estofado conserva el calor durante mucho tiempo. Si permanece horas sobre la encimera, puede atravesar lentamente la llamada zona de peligro, situada aproximadamente entre 5 y 60 °C, en la que numerosos microorganismos se multiplican con rapidez.
Las sobras deben refrigerarse antes de que transcurran dos horas desde su preparación —una hora si la temperatura ambiental supera los 32 °C—. No es necesario esperar a que una olla enorme se enfríe por completo: lo adecuado es dividir su contenido en recipientes pequeños y poco profundos. También puede utilizarse un baño de agua con hielo para acelerar el proceso.
5. Controlar la temperatura y etiquetar cada recipiente
El frigorífico debe mantenerse a 4 °C o menos, o en todo caso por debajo de 5 °C, mientras que el congelador debe estar aproximadamente a −18 °C. Un termómetro independiente permite verificar que el aparato alcanza realmente esas temperaturas. Tampoco conviene llenarlo en exceso, pues el aire frío necesita circular.
Los recipientes deben ser aptos para uso alimentario, estar bien cerrados y llevar una etiqueta con el nombre del plato y la fecha de preparación. Aplicar la regla de “lo primero que entra es lo primero que sale” evita encontrar al fondo de la nevera una ración cuya antigüedad ya nadie recuerda.
6. Extremar la precaución con el arroz, la pasta y los grandes guisos
El arroz, la pasta y otros alimentos ricos en almidón pueden contener esporas de Bacillus cereus. Algunas sobreviven a la cocción y, si el alimento permanece templado durante demasiado tiempo, pueden germinar y producir toxinas. Ciertas toxinas son termoestables, por lo que recalentar el plato no siempre soluciona una conservación incorrecta.
La Agencia de Normas Alimentarias británica recomienda enfriar el arroz preferiblemente en una hora, guardarlo en el frigorífico durante un máximo de 24 horas y recalentarlo una sola vez. Si no se va a consumir al día siguiente, la opción más segura es congelarlo cuanto antes.
Los guisos de carne, asados y platos elaborados en grandes cantidades también requieren atención. Los CDC relacionan numerosos casos de intoxicación por Clostridium perfringens con comidas cocinadas a gran escala que se mantienen a temperaturas inadecuadas.
7. Descongelar y recalentar correctamente
La descongelación debe realizarse en el frigorífico, en el microondas o mediante agua fría, nunca dejando el recipiente durante horas a temperatura ambiente. Si se utiliza el microondas, el alimento debe cocinarse o recalentarse inmediatamente, porque algunas partes pueden haber comenzado a calentarse.
Al recalentar, la AESAN recomienda que el centro alcance al menos 70 °C durante dos minutos; el USDA utiliza como referencia 74 °C para las sobras. En el microondas hay que cubrir, remover y girar el alimento para eliminar los puntos fríos. Sopas, salsas y caldos deben llevarse a ebullición. Lo más práctico es calentar únicamente la porción que se vaya a consumir y evitar sucesivos ciclos de enfriamiento y recalentamiento.
8. Ante la duda, desechar
Un alimento puede contener microorganismos peligrosos sin presentar olor desagradable, moho o cambios visibles. Si se desconoce cuánto tiempo ha permanecido fuera del frigorífico, el recipiente no estaba bien cerrado o se ha superado el plazo de conservación, no merece la pena probarlo “para comprobar”.
La precaución debe ser todavía mayor cuando las comidas están destinadas a embarazadas, menores de cinco años, mayores de 65 o personas inmunodeprimidas, grupos con mayor riesgo de sufrir complicaciones graves por una enfermedad transmitida por alimentos.
Preparar comidas con antelación puede seguir siendo una práctica económica, saludable y eficiente. La clave consiste en tratar el tiempo y la temperatura como ingredientes de la receta: cocinar completamente, enfriar sin demoras, refrigerar solo lo que se consumirá pronto y congelar el resto.
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