El fascinante proceso de formación de la sal: De los océanos antiguos a nuestra mesa

En cada mesa de cada hogar del mundo, en los restaurantes más lujosos y en las cocinas más humildes, habita un protagonista silencioso e indispensable. La sal. Tan cotidiana que rara vez nos detenemos a pensar en su origen, este modesto condimento es, en realidad, el resultado de procesos geológicos y químicos que han moldeado la Tierra durante miles de millones de años. Para entender cómo se forma la sal, debemos emprender un viaje que va desde la violenta danza de los átomos hasta la inmensidad de los océanos y las profundidades de la corteza terrestre.

Químicamente, la sal común es cloruro de sodio (NaCl). Esta fórmula encierra una paradoja fascinante: está compuesta por dos elementos que, en su estado puro, son extremadamente peligrosos. El sodio es un metal altamente reactivo que explota al contacto con el agua, y el cloro es un gas tóxico de color verdoso que se utilizó como arma en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, cuando se unen, se neutralizan mutuamente mediante un enlace iónico, creando una sustancia estable, inocua y esencial para la vida.

La formación de la sal a nivel atómico ocurre porque el sodio tiene un electrón de más que necesita perder para alcanzar la estabilidad, mientras que el cloro necesita ganar exactamente un electrón. Al ceder el electrón, el sodio se vuelve un ion positivo (catión) y el cloro se convierte en un ion negativo (anión). Como los polos opuestos se atraen, estos iones se enlazan firmemente, formando una estructura cristalina cúbica perfecta. Es esta estructura geométrica la que confiere a los cristales de sal su forma característica de diminutos dados.

Pero, ¿cómo llegan estos cristales a nuestro planeta? La inmensa mayoría de la sal que consumimos tiene un origen marino y es hija del ciclo del agua. A lo largo de eones, la lluvia ha caído sobre las rocas continentales, disolviendo lentamente los minerales que las componen, entre ellos el sodio y el cloro. Las aguas fluviales transportan estos iones disueltos río abajo hasta desembocar en los océanos. Una vez allí, el agua del mar no deja de evaporarse debido al calor del sol, pero las sales se quedan atrás. Durante miles de años, este proceso ha concentrado los océanos hasta su nivel actual de salinidad, aproximadamente un 3,5%.

Cuando las condiciones climáticas son propicias —alta insolación y vientos constantes—, la sal marina se forma de manera natural en las costas. En las salinas, el agua de mar se conduce a estanques poco profundos donde la evaporación acelera la concentración de la salmuera. Al llegar a un punto de sobresaturación, los iones de sodio y cloro ya no pueden permanecer separados en el líquido y comienzan a unirse, precipitándose en el fondo del estanque como cristales sólidos. Este es el método más antiguo de extracción, que aprovecha la energía solar y eólica para dar lugar a la «flor de sal» o la sal marina gruesa.

No obstante, una parte monumental de la sal mundial no proviene del mar actual, sino de mares que desaparecieron hace millones de años. Se trata de la sal roca o halita. Su formación es un capítulo fascinante de la historia geológica de nuestro planeta. Durante eras como el Triásico o el Jurásico, vastas porciones de los continentes actuales estaban cubiertas por mares poco profundos. Debido a los movimientos de las placas tectónicas, muchos de estos mares quedaron aislados del océano abierto. En climas cálidos y áridos, el agua de estos mares interiores se evaporó por completo, dejando tras de sí gruesas capas de sal en el fondo.

Con el paso de los milenios, estas capas de sal fueron enterradas bajo toneladas de sedimentos —arcilla, arena y roca— que ejercieron una presión monumental. Debido a su baja densidad y a su plasticidad (la sal bajo presión se comporta como un fluido muy viscoso), estas capas a menudo se desplazan hacia arriba a través de las fisuras de la roca superior, formando enormes estructuras geológicas conocidas como domos salinos o diapiros. Hoy en día, para extraer esta sal fosilizada, los humanos construyen minas subterráneas de una belleza sobrecogedora, con enormes cavernas cuyas paredes brillan como galaxias de cristales atrapados en la roca. Alternativamente, se inyecta agua en los domos para disolver la sal y extraerla como salmuera, que luego se cristaliza en la superficie.

En resumen, la sal que espolvoreamos sobre nuestros alimentos es el testigo de una historia épica. Es el resultado de la lenta erosión de las montañas, la evaporación de mares ancestrales y la formidable presión del interior de la Tierra. Cada vez que un cristal de sal se disuelve en nuestra lengua, liberando su inconfundible sabor, estamos degustando un pedazo de la historia del mundo, un recordatorio de que los procesos más extraordinarios de la naturaleza a menudo se esconden en las cosas más simples y cotidianas.

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Denunciada en Francia la sal de Súria por un posible riesgo para la salud

La sal minera de Súria, un producto tradicional catalán apreciado por su pureza y su uso en gastronomía de proximidad, se ha visto envuelta en una controversia sanitaria tras ser denunciada en Francia por un posible riesgo para la salud. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha confirmado que investiga la presencia de concentraciones inusualmente altas de bromuro en lotes comercializados, y ha trasladado el expediente al órgano europeo competente. La notificación, activada a través de los canales oficiales de la Unión Europea, ha puesto el foco sobre los controles de contaminantes en sales no refinadas y ha reavivado el debate sobre cómo conciliar la autenticidad de los productos artesanales con los estándares analíticos contemporáneos.

El origen de la alerta: Francia y el sistema RASFF

La señal de alarma partió de las autoridades sanitarias francesas, que detectaron niveles de bromuro por encima de los parámetros habituales en muestras de sal de Súria importadas y distribuidas en territorio galo. El hallazgo se comunicó de inmediato a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF), la red europea que permite la coordinación transfronteriza ante riesgos alimentarios emergentes. Francia, aplicando el principio de precaución, retiró preventivamente los lotes identificados y solicitó a España información detallada sobre el origen geológico, el proceso de extracción y los historiales de autocontrol. La rápida activación del protocolo no implica, por sí misma, la confirmación de un daño a la salud, sino el funcionamiento ordinario de un sistema diseñado para actuar antes de que un riesgo se materialice. En la Unión Europea, cualquier desviación analítica en productos de consumo diario desencadena automáticamente una cadena de verificación que prioriza la transparencia y la trazabilidad.

¿Qué es la sal de Súria y por qué contiene bromuro?

La sal de Súria procede de las cuencas mineras del Bages, en Cataluña, una zona con más de un siglo de explotación de potasa y sal gema. A diferencia de la sal marina refinada, esta sal se extrae de depósitos subterráneos formados por la evaporación de antiguos mares interiores y suele comercializarse con un grado mínimo de procesamiento, lo que preserva su perfil mineral original. El bromuro es un anión que puede aparecer de forma natural en yacimientos salinos, especialmente en formaciones geológicas ricas en haluros o en estratos con historia hidrotermal. En condiciones normales, su presencia se limita a trazas y no supone riesgo alguno. Sin embargo, variaciones en la veta explotada, cambios en los métodos de extracción o la ausencia de etapas de lavado y purificación pueden elevar su concentración final. Expertos en geoquímica alimentaria recuerdan que el bromuro no es un contaminante de origen industrial en este contexto, sino un componente geogénico cuya variabilidad exige vigilancia analítica constante, sobre todo en productos que no pasan por procesos de estandarización química.

Riesgos para la salud: lo que dice la ciencia sobre el bromuro

El bromuro, en dosis elevadas y por exposición crónica, puede competir con el yodo en la captación tiroidea y alterar el equilibrio endocrino. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado en diversas ocasiones la presencia de haluros en la dieta, señalando que la ingesta debe mantenerse dentro de márgenes estrictos, especialmente para grupos sensibles como embarazadas, niños y personas con patologías tiroideas previas. El denominado bromismo, un cuadro histórico asociado a fatiga, erupciones cutáneas o alteraciones neurológicas leves, se documentó ampliamente cuando el bromuro se utilizaba como fármaco sedante, pero es extremadamente infrecuente por vía alimentaria. No obstante, la detección de niveles anómalos en un producto de uso cotidiano como la sal justifica la activación de protocolos de evaluación de riesgo. AESAN ha subrayado que, por el momento, no se han notificado casos clínicos vinculados al consumo de estos lotes, y que la investigación se centra en caracterizar la exposición real de la población y en contrastar los datos con umbrales toxicológicos actualizados.

La respuesta de AESAN y el marco europeo de seguridad alimentaria

Ante la notificación francesa, AESAN ha abierto un expediente que incluye la toma de muestras en origen, la auditoría de los registros de autocontrol de la empresa extractora y la validación cruzada con laboratorios acreditados por ENAC. Paralelamente, ha elevado el caso a la Comisión Europea y a la EFSA para una evaluación armonizada, un procedimiento reglado que se activa cuando un contaminante carece de límites máximos específicos en la legislación alimentaria vigente. La normativa europea regula con precisión metales pesados, micotoxinas y residuos de plaguicidas, pero el bromuro en sal minera no cuenta con un valor límite explícito en el Reglamento (CE) 1881/2006 ni en sus modificaciones posteriores. Esta laguna técnica obliga a aplicar el principio de precaución y a basarse en dictámenes científicos para establecer referencias provisionales. Fuentes de AESAN han indicado que se está trabajando en una propuesta de parámetro técnico que podría servir de base para futuras actualizaciones reglamentarias. Mientras tanto, se ha recomendado a los distribuidores la retirada voluntaria de los lotes señalados y se ha habilitado un canal de información para consumidores, restauradores y profesionales del sector.

Impacto en el mercado y medidas preventivas

La sal de Súria ocupa un nicho específico en el mercado español y europeo, valorada por chefs y consumidores que buscan alternativas menos procesadas a la sal común. La alerta, aunque circunscrita a lotes concretos, ha generado preocupación en el sector de las sales especiales y ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar los controles analíticos a productos con perfiles minerales inherentemente variables. Algunas empresas y cooperativas ya han anunciado la implementación de cribados adicionales de bromuro, la estandarización de procesos de selección y la publicación voluntaria de fichas analíticas por partida. Desde el punto de vista comercial, la transparencia y la trazabilidad se han convertido en activos estratégicos: los consumidores exigen garantías sin renunciar a la autenticidad del producto. Las autoridades han recordado que, de confirmarse una desviación sostenida, el riesgo sería gestionable mediante ajustes en el procesado y no implica un peligro inherente a la sal minera en sí. La colaboración entre España, Francia y las instituciones europeas demuestra la solidez del sistema de vigilancia alimentaria, capaz de detectar anomalías antes de que se traduzcan en daños a la salud pública.

Conclusión

El caso de la sal de Súria ilustra cómo la demanda de productos menos industrializados y la circulación transfronteriza de alimentos exigen un equilibrio constante entre tradición, ciencia y regulación. La denuncia en Francia no es un fallo del sistema, sino una prueba de su eficacia: los mecanismos de alerta temprana funcionan, las agencias cooperan y la investigación avanza con rigor metodológico. AESAN y la EFSA determinarán en las próximas semanas si los niveles de bromuro detectados requieren ajustes normativos, medidas correctoras permanentes o simplemente una recalibración de los controles en origen. Mientras tanto, los consumidores pueden mantener la calma, verificar los lotes afectados a través de los canales oficiales y recordar que, independientemente de su origen, el consumo de sal debe ser moderado por recomendación sanitaria general. La seguridad alimentaria no es un estado estático, sino un proceso continuo de vigilancia, adaptación y transparencia. Y en ese proceso, incluso una pizca de sal puede recordar que la confianza se construye con datos, con cooperación institucional y con información veraz.

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Arcilla inteligente contra el etileno: una solución sencilla y sostenible para frenar el deterioro de los alimentos

Investigadores de la Universidad de Copenague proponen usar minerales arcillosos tratados para capturar el etileno, la hormona gaseosa que acelera la maduración, sin necesidad de conservantes sintéticos ni cambios en la cadena de frío

Cada año se desperdician en el mundo aproximadamente 1.300 millones de toneladas de alimentos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Una parte significativa de esas pérdidas se produce en las etapas posteriores a la cosecha, durante el transporte, el almacenamiento y la distribución, cuando frutas y verduras maduran más rápido de lo que el mercado puede absorberlas. El culpable silencioso de buena parte de ese deterioro tiene nombre: etileno, una hormona vegetal en forma de gas que las propias plantas emiten y que desencadena y acelera el proceso de maduración.

Controlar el etileno no es una idea nueva. La industria agroalimentaria lleva décadas recurriendo a atmósferas controladas, filtros con permanganato de potasio y envases activos para intentar ralentizar su efecto. Sin embargo, muchas de esas soluciones resultan costosas, difíciles de escalar o dependen de compuestos químicos cuya aceptación por parte del consumidor es cada vez menor. Ahora, un equipo internacional liderado desde la Universidad de Copenague propone un enfoque que destaca por su sencillez: emplear arcilla modificada como trampa natural para el etileno.

Un mineral abundante con una nueva función

El estudio, recién publicado en la revista Applied Surface Science Advances (DOI: 10.1016/j.apsadv.2026.101010), ha sido dirigido por la profesora Heloisa Bordallo, investigadora del Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague, en colaboración con científicos del Lawrence Berkeley National Laboratory, en Estados Unidos, y la Universidad de Deakin, en Australia. El trabajo explora cómo ciertos minerales arcillosos —materiales extraordinariamente abundantes y baratos— pueden ser tratados superficialmente para adsorber moléculas de etileno de manera eficiente.

Las arcillas pertenecen a la familia de los filosilicatos y presentan una estructura laminar que les confiere una elevada superficie específica. Esa característica las convierte en candidatas naturales para la adsorción de gases. Lo que el equipo de Bordallo ha conseguido es optimizar esa capacidad mediante modificaciones controladas de la superficie del mineral, aumentando la afinidad selectiva por el etileno sin recurrir a aditivos tóxicos ni a procesos industriales complejos.

Cómo funciona la captura

El mecanismo descrito en el artículo se basa en la interacción entre la molécula de etileno —muy pequeña y con un doble enlace carbono-carbono característico— y los sitios activos generados en la superficie de la arcilla tras el tratamiento. Según los autores, la modificación crea centros de adsorción que retienen el etileno de forma reversible, lo que significa que el material podría, en principio, regenerarse y reutilizarse.

Para caracterizar estos procesos a escala atómica, el equipo empleó técnicas de dispersión de neutrones, un campo en el que la profesora Bordallo es reconocida internacionalmente. Los neutrones permiten «ver» cómo se comportan las moléculas ligeras —como el agua y los hidrocarburos de bajo peso molecular— dentro de estructuras porosas, algo que resulta muy difícil con otras técnicas espectroscópicas. Complementaron el análisis con mediciones de adsorción de gas y simulaciones computacionales realizadas en los laboratorios de Berkeley y Deakin.

Los resultados muestran que la arcilla modificada es capaz de reducir significativamente la concentración de etileno en ambientes cerrados que simulan las condiciones de un contenedor de transporte o una cámara de almacenamiento poscosecha. Y lo hace a temperatura ambiente, sin gasto energético adicional y sin generar subproductos.

Ventajas prácticas y económicas

Uno de los aspectos más atractivos de la propuesta es su bajo coste. Las arcillas son materiales geológicos ampliamente disponibles en prácticamente todos los continentes, y los tratamientos de modificación superficial descritos en el estudio no requieren reactivos caros ni infraestructura sofisticada. Esto contrasta con otras tecnologías de control de etileno, como los catalizadores basados en metales preciosos o los sistemas de atmósfera controlada con sensores electrónicos, cuyo precio los hace inaccesibles para pequeños productores y mercados de países en desarrollo, que son precisamente los que sufren mayores pérdidas poscosecha.

Además, la arcilla modificada podría integrarse fácilmente en formatos ya existentes: sobres insertados en cajas de fruta, recubrimientos en paredes de contenedores o incluso incorporada en materiales de embalaje. Al no tratarse de un conservante que entre en contacto directo con el alimento en su forma química activa, sino de un adsorbente físico que atrapa un gas del entorno, las barreras regulatorias podrían ser considerablemente menores que las asociadas a nuevos aditivos alimentarios.

Implicaciones para la sostenibilidad

El desperdicio de alimentos no es solo un problema económico y social; tiene un impacto ambiental enorme. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo, solo por detrás de China y Estados Unidos. Cada fruta que se pudre antes de llegar a un plato representa agua, tierra, energía y fertilizantes invertidos en vano, además del metano que genera al descomponerse en vertederos.

Tecnologías sencillas, escalables y económicas como la descrita por el grupo de Bordallo no resolverán por sí solas un problema tan complejo y multifactorial, pero pueden contribuir de manera tangible a reducirlo. Y lo hacen desde la ciencia de materiales básica, demostrando que a veces la innovación más valiosa no consiste en inventar algo radicalmente nuevo, sino en mirar con ojos nuevos un material que llevamos usando miles de años.

El próximo paso, según señalan los propios investigadores, será validar el rendimiento de la arcilla modificada en ensayos de campo con productos reales —plátanos, tomates, aguacates— y en condiciones logísticas auténticas. Si los resultados confirman lo observado en laboratorio, un puñado de polvo mineral podría marcar la diferencia entre una fruta que llega madura al consumidor y otra que acaba en la basura.

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El doble de aditivos en la cesta veggie: el estudio que cuestiona lo que comes a diario

Un estudio pionero realizado en el Reino Unido revela que los productos de origen vegetal ultraprocesados contienen, de media, el doble de aditivos alimentarios que sus equivalentes de origen animal, y plantea serias dudas sobre si la dieta basada en plantas es siempre la opción más saludable.


Introducción: el auge de lo «veggie» y sus promesas

En los últimos años, el mercado de productos de origen vegetal ha experimentado un crecimiento exponencial. Leches de avena, hamburguesas de proteína de guisante, nuggets de soja, quesos sin lácteos, salchichas vegetales y una larga lista de alternativas han colonizado los supermercados de medio mundo. Conscientes de la creciente demanda, las grandes cadenas de alimentación dedican cada vez más espacio en sus lineales a estos productos, que se presentan ante el consumidor como opciones más saludables, más sostenibles y más respetuosas con el bienestar animal.

Sin embargo, ¿realmente sabemos qué estamos comprando cuando llenamos el carrito con productos plant-based? ¿Son tan saludables como su imagen nos sugiere? Un estudio pionero ha puesto el foco precisamente en esa pregunta, y sus conclusiones han encendido la alarma entre nutricionistas, consumidores y reguladores.


El estudio: quién lo ha hecho y qué ha encontrado

La investigación ha sido llevada a cabo por el Instituto Joseph Whittaker para la Nutrición Óptima (Joseph Whittaker Institute for Optimal Nutrition), con sede en el Reino Unido, y ha sido publicada en la revista científica Food Additives & Contaminants. Se trata del primer trabajo de esta envergadura que compara de forma sistemática el contenido en aditivos alimentarios de productos de origen vegetal con el de sus equivalentes tradicionales de origen animal vendidos en supermercados.

Para ello, los investigadores analizaron un amplio abanico de productos comercializados habitualmente en cadenas de supermercado británicas: bebidas vegetales frente a leche convencional, hamburguesas vegetales frente a hamburguesas de carne, alternativas de queso frente a queso lácteo, salchichas vegetales frente a salchichas de carne, postres vegetales frente a postres lácteos, y así sucesivamente.

Los resultados fueron contundentes: en total, los productos de origen vegetal analizados contenían el doble de aditivos alimentarios que sus equivalentes de origen animal. Es decir, de media, un producto veggie presentaba el doble de sustancias añadidas —emulgentes, estabilizantes, espesantes, colorantes, saborizantes, conservantes y correctores de acidez— que su homólogo de procedencia animal.


¿Por qué tantos aditivos en los productos vegetales?

La razón de esta diferencia es, en gran medida, tecnológica. Los productos de origen animal tienen una estructura, un sabor, una textura y unas propiedades organolépticas que el consumidor reconoce y espera. Cuando la industria pretende imitar esas características a partir de ingredientes vegetales, el reto es considerable. Un filete de ternera, un trozo de queso curado o un vaso de leche tienen composiciones naturales complejas que no se reproducen fácilmente con harinas, proteínas extraídas o aceites vegetales.

Para lograr que una hamburguesa de guisante y soja tenga el mismo aspecto, la misma jugosidad, el mismo mordisco y un sabor aceptable, las empresas recurren a un largo listado de aditivos. Estos ingredientes funcionales son los responsables de que el producto «se comporte» de manera similar al de origen animal: le dan cremosidad, evitan que se separe el agua, aportan color, intensifican el sabor, prolongan la vida útil y mantienen la textura durante la cocción.

En definitiva, cuanto más se aleja un producto de su estado natural y cuanto más se intenta imitar otro alimento, mayor es la necesidad de recurrir a la química alimentaria. Este es precisamente el punto que el estudio del Instituto Whittaker pone de relieve con datos concretos.


¿Son peligrosos esos aditivos?

Es importante matizar que la presencia de aditivos en un alimento no lo convierte automáticamente en peligroso. La Unión Europea cuenta con una de las legislaciones más estrictas del mundo en materia de seguridad alimentaria. Cada aditivo autorizado ha pasado por evaluaciones de seguridad rigurosas llevadas a cabo por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que establece niveles máximos de ingesta diaria admisible.

No obstante, el debate no se reduce a si un aditivo aislado es seguro o no. La cuestión que preocupa a parte de la comunidad científica es el efecto cóctel: ¿qué sucede cuando consumimos diariamente una combinación de decenas de aditivos distintos procedentes de múltiples alimentos ultraprocesados? Sobre esta materia, la evidencia es aún limitada y los estudios a largo plazo escasean.

Además, investigaciones recientes han relacionado el consumo elevado de alimentos ultraprocesados —independientemente de que sean de origen vegetal o animal— con un mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos metabólicos e incluso ciertos tipos de cáncer. Un estudio publicado en The BMJ en 2024, basado en datos de más de 100.000 participantes, ya señalaba que un 10 % de aumento en la proporción de ultraprocesados en la dieta se asociaba a un incremento significativo del riesgo de diversas patologías.


La trampa del health halo: cuando «vegano» no significa «saludable»

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que evidencia un fenómeno conocido en marketing alimentario como health halo o «halo de salud». Se trata de la tendencia del consumidor a asociar automáticamente ciertas etiquetas —como «vegano», «vegetal», «plant-based», «sin lactosa» o «ecológico»— con la idea de que un producto es intrínsecamente más saludable, aunque su lista de ingredientes cuente otra historia.

Muchos productos veggie contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, grasas refinadas, sal y, como demuestra este estudio, una amplia variedad de aditivos tecnológicos. Comprar una galleta vegana no la convierte en un alimento nutritivo del mismo modo que comprar una bebida de arroz con sabor a fresa no equivale a consumir fruta.

Los autores del estudio advierten de que el consumidor debe ir más allá del frontal del envase y aprender a leer detenidamente la lista de ingredientes y el etiquetado nutricional. El número y la naturaleza de los ingredientes son un indicador fiable del grado de procesamiento del producto.


¿Entonces, qué comer? Algunas claves prácticas

El estudio no pretende demonizar los productos de origen vegetal ni animar al consumo indiscriminado de carne ultraprocesada. De hecho, los investigadores señalan que también existen productos de origen animal con un alto contenido en aditivos. La clave, insisten, está en el grado de procesamiento, no en el origen del alimento.

Algunas recomendaciones prácticas que se desprenden del trabajo y de la opinión de expertos en nutrición son:

  1. Priorizar alimentos en su estado natural o mínimamente procesados: legumbres, frutas, verduras, frutos secos, cereales integrales, huevos, pescado fresco o carnes no transformadas. Estos alimentos no necesitan aditivos.
  2. Leer siempre la lista de ingredientes: si un producto tiene más de cinco o seis ingredientes, o incluye nombres que no reconocemos, probablemente está muy procesado.
  3. No confundir etiqueta con nutrición: que un producto lleve el sello «vegano» o «sin gluten» no garantiza que sea saludable.
  4. Moderar el consumo de análogos vegetales ultraprocesados: están bien como recurso ocasional, pero no deberían constituir la base de la dieta.
  5. Consultar con profesionales: un dietista-nutricionista puede ayudar a diseñar una dieta equilibrada, ya sea omnívora, vegetariana o vegana, sin caer en la trampa de los ultraprocesados.

Conclusión

El estudio del Instituto Joseph Whittaker para la Nutrición Óptima supone un llamamiento a la reflexión. La transición hacia una alimentación más basada en plantas es, en términos generales, positiva para la salud y para el planeta. Pero esa transición debe hacerse con criterio, eligiendo alimentos reales en lugar de productos de laboratorio culinario disfrazados de naturaleza. Porque, al final, lo importante no es si lo que comes es «vegano» o no, sino si realmente es comida de verdad.

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España incumple su compromiso con la OMS: el consumo excesivo de sal sigue poniendo en riesgo la salud cardiovascular

La ingesta media casi duplica el límite recomendado, mientras las autoridades no logran aplicar medidas efectivas para reducir su presencia en los alimentos procesados antes de 2026.

España está lejos de cumplir el objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir un 30% el consumo de sal,. Según un informe reciente, la ingesta media en el país se sitúa en 9,8 gramos diarios por persona, casi el doble del límite recomendado (5 gramos), lo que aumenta el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Pese a los compromisos adquiridos, las medidas implementadas hasta ahora han sido insuficientes, alertan los expertos.

Un problema de salud pública ignorado

La OMS estableció en 2013 una meta global para reducir el consumo de sodio —principal componente de la sal— como parte de su plan para prevenir enfermedades no transmisibles, responsables del 74% de las muertes en el mundo. España, junto a otros países europeos, se adhirió a este compromiso, pero los datos muestran un estancamiento: desde 2015, la ingesta apenas ha descendido un 0,5% anual, un ritmo insuficiente para alcanzar el objetivo en 2026.

El problema no es solo la sal que añadimos al cocinar o en la mesa (que representa solo el 20% del total), sino la «sal oculta» en productos procesados y ultraprocesados, como pan, embutidos, quesos, salsas, snacks y platos precocinados. Estos alimentos aportan hasta el 75% del sodio ingerido, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Sin embargo, las estrategias para reformular estos productos —como acuerdos voluntarios con la industria— han tenido un impacto limitado.

¿Por qué es urgente actuar?

El exceso de sal está directamente relacionado con:

  • Hipertensión arterial, que afecta al 42% de los adultos españoles (datos de la Sociedad Española de Cardiología).
  • Enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en España (más de 120000 fallecimientos anuales).
  • Osteoporosis y cáncer de estómago, asociados a dietas altas en sodio.

Reducir el consumo a 5 gramos diarios podría evitar 2,5 millones de muertes anuales en el mundo, según la OMS. En España, se estiman que 8.000 muertes prematuras al año podrían prevenirse con esta medida.

Falta de medidas contundentes

Aunque el Ministerio de Sanidad lanzó en 2020 la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), que incluye metas para reducir sal, azúcares y grasas, los avances son lentos. Las críticas apuntan a:

  1. Acuerdos voluntarios con la industria: Las empresas alimentarias se comprometen a reducir sodio, pero sin sanciones si incumplen. Un estudio de la OCU (2023) reveló que el 60% de los productos analizados superaban los límites recomendados.
  2. Falta de etiquetado claro: Aunque el semaforo nutricional (Nutri-Score) ayuda a identificar productos poco saludables, no es obligatorio y muchos consumidores lo desconocen.
  3. Publicidad engañosa: Se siguen promocionando alimentos altos en sal como «saludables» (ej.: pan integral o fiambres «light»).

Países como Reino Unido, Finlandia o Portugal han logrado reducciones significativas (hasta un 40% en algunos casos) gracias a leyes obligatorias, impuestos a productos ultraprocesados y campañas de concienciación masivas. En cambio, España optó por un enfoque menos intervencionista, con resultados pobres.

¿Qué se puede hacer?

Los expertos reclaman medidas inmediatas:

  • Regulación obligatoria: Establecer límites máximos de sal en pan, embutidos y otros productos básicos, como ya hizo Chile con su ley de etiquetado.
  • Impuestos a alimentos ultraprocesados: Siguiendo el modelo de México o Hungría, que gravó productos con exceso de sodio, reduciendo su consumo.
  • Educación desde la infancia: Incluir programas de nutrición en escuelas y restringir la publicidad de alimentos no saludables dirigida a menores.
  • Promoción de alternativas: Subvencionar hierbas aromáticas, especias y sales bajas en sodio para facilitar la transición.

El papel de los consumidores

Mientras las políticas públicas avanzan, los ciudadanos pueden tomar medidas:

  • Leer etiquetas: Elegir productos con menos de 1,25 gramos de sal por 100 gramos (o 0,5 g de sodio).
  • Cocinar en casa: Controlar la cantidad de sal añadida y usar sustitutos como limón, ajo o pimienta.
  • Reducir procesados: Optar por alimentos frescos (frutas, verduras, legumbres) y evitar snacks, sopas instantáneas y comidas precocinadas.

Conclusión: Un reto pendiente con consecuencias graves

España tiene menos de dos años para cumplir su compromiso con la OMS, pero a este ritmo, el objetivo parece inalcanzable. La falta de voluntad política para enfrentar a la industria alimentaria y la escasa concienciación social perpetúan un problema que costa vidas y recursos sanitarios. Sin acciones decididas —como regulaciones vinculantes y campañas de choque—, el país seguirá pagando el precio de una dieta insana: más enfermos, más muertes evitables y un sistema de salud sobrecargado.

La sal puede ser un condimento cotidiano, pero su abuso es un veneno silencioso. Es hora de que las autoridades prioricen la salud sobre los intereses comerciales y los ciudadanos exijan cambios. El reloj corre, y las consecuencias de la inacción serán irreparables.


Fuentes: OMS, AESAN, Sociedad Española de Cardiología, OCU, Ministerio de Sanidad.

La guerra por los aditivos alimentarios en EE.UU.: ¿uniformidad federal o protección fragmentada?

En octubre de 2025, un grupo de gigantes de la industria alimentaria y asociaciones afines lanzó una robusta coalición llamada Americans for Ingredient Transparency (AFIT), cuyo objetivo es detener la creciente ola de prohibiciones estatales sobre ciertos aditivos alimentarios. Compañías como Nestlé, PepsiCo o Kraft Heinz están detrás de esta iniciativa que busca que el Congreso estadounidense establezca estándares federales uniformes en lugar de permitir que cada estado regule sus propios ingredientes alimentarios.usrtk+2

La fragmentación actual y sus problemas

En los últimos años, varios estados han aprobado leyes que restringen o prohíben el uso de determinados aditivos tóxicos o sintéticos en productos alimentarios y especialmente en alimentos escolares. Por ejemplo, California prohíbe el uso de cuatro colorantes sintéticos; Virginia Occidental ha prohibido varios colorantes y aditivos sintéticos; Texas exige etiquetas de advertencia para alimentos con ingredientes prohibidos en otros países.foodingredientsfirst+1

Este mosaico legal ha provocado lo que AFIT denomina “una maraña de regulaciones” que dificulta la producción y comercialización a nivel nacional y puede «confundir a los consumidores». Los miembros de la coalición sostienen que una regulación federal clara y científica sería preferible para simplificar y garantizar la seguridad alimentaria.usrtk+1


Críticas de grupos de defensa del consumidor

Organizaciones como el Center for Science in the Public Interest (CSPI) y Consumer Reports han criticado duramente a AFIT, denunciando que la coalición no busca la transparencia real, sino que pretende socavar las leyes estatales más estrictas que protegen a los consumidores de ingredientes dañinos.food-safety+1

Brian Ronholm, director de política alimentaria de Consumer Reports, afirma que esta campaña es un intento de la industria por “esconder ingredientes tóxicos y evitar rendir cuentas”. Además, cuestiona la sinceridad de las promesas voluntarias de las grandes empresas para eliminar colorantes sintéticos, que según ellos suelen ser demasiado vagas o reversibles.usrtk


El papel político y regulatorio

El lanzamiento de AFIT coincide con esfuerzos del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y la FDA bajo el liderazgo del secretario Robert F. Kennedy Jr., quien promueve la campaña “Make America Healthy Again” (MAHA) para restringir ultra-procesados y aditivos químicos nocivos. Sin embargo, aunque el gobierno federal presiona por cambios, no se han formalizado reglas estrictas ni prohibiciones legales obligatorias, lo que ha creado un escenario complejo.usrtk

Senador Roger Marshall, respaldado por AFIT, trabaja en una reforma del proceso GRAS (“Generally Recognized As Safe”), que define qué ingredientes pueden considerarse seguros en la regulación federal, con la intención de limitar la capacidad de los estados para imponer regulaciones más estrictas.foodingredientsfirst+1


Tecnología y transparencia para el consumidor

AFIT propone también reformar el etiquetado alimentario con normativas que exijan un sello uniforme y códigos QR que permitan al consumidor acceder inmediatamente a la información más detallada sobre los ingredientes. Esto podría ayudar a evitar la confusión generada por etiquetas dispares y fomentar elecciones más conscientes.

Sin embargo, la confianza en el etiquetado depende de una regulación estricta y verificable, un punto donde los críticos dudan de la voluntad real de la industria para cumplir.foodingredientsfirst+1


Impacto económico y mercado

El sistema fragmentado genera costes y dificultades para los productores que comercializan en varios estados, afectando la competitividad especialmente de pequeñas y medianas empresas. Organismos agrícolas y asociaciones de productores también apoyan la creación de reglas nacionales para definir claras bases de seguridad, en particular para ingredientes cultivados o procesados en EE.UU..usrtk


Conclusión: equilibrio entre salud pública y simplificación normativa

La guerra de los aditivos alimentarios es un reflejo del choque entre intereses corporativos y demandas sociales por una alimentación más sana y transparente. La iniciativa AFIT otorga a la industria una voz poderosa en la mesa legislativa para homologar reglas, pero sus críticas evidencian la preocupación de que esto pueda debilitar las protecciones vigentes y poner en riesgo la salud.

El desafío para el Congreso estadounidense será encontrar un equilibrio que mantenga un sistema unificado sin sacrificar la seguridad alimentaria ni el derecho de los estados a implementar medidas más rigurosas si las consideran necesarias.food-safety+2

Con la atención pública puesta en el impacto de los ultra- procesados en la salud, la definición de estándares nacionales de aditivos será un campo decisivo para el futuro de la regulación alimentaria.

  1. https://usrtk.org/ultra-processed-foods/americans-for-ingredient-transparency/
  2. https://www.foodingredientsfirst.com/news/food-industry-coalition-ingredient-transparency-standard
  3. https://www.food-safety.com/articles/10818-industry-giants-support-new-coalition-aimed-at-stopping-maha-aligned-state-food-additive-bans
  4. https://fpsa.org/news/industry-giants-support-new-coalition-aimed-at-stopping-maha-aligned-state-food-additive-bans/
  5. https://www.meatpoultry.com/articles/32660-food-ag-organizations-form-coalition-to-target-ingredient-transparency
  6. https://cheesereporter.com/news/2025/10/24/new-organization-seeks-uniform-national-standard-for-ingredient-transparency/
  7. https://www.instagram.com/p/DQXLrcPEkga/
  8. https://www.facebook.com/FoodSafetyMagazine/photos/americans-for-ingredient-transparency-afit-is-campaigning-for-federal-action-to-/1412943717501206/

¿Son realmente tan malos los ultraprocesados?

En una alimentación moderna donde la conveniencia manda, los alimentos ultraprocesados (UPF, por sus siglas en inglés) han ganado terreno en nuestras despensas. Pero ¿hasta qué punto son perjudiciales? La evidencia científica reciente ofrece una mirada clara y respaldada por estudios:

¿Qué son los ultraprocesados?

Se definen por su elaboración industrial, empleando ingredientes y aditivos extraños al hogar (emulsionantes, colorantes, edulcorantes, aceites refinados…), más que por su valor nutricional (Wikipedia, Right as Rain by UW Medicine).

Riesgos para la salud

  • Entre los hallazgos más contundentes, una revisión de 45 estudios con casi 10 millones de personas vinculó dietas ricas en este tipo de alimentos con mayores tasas de mortalidad prematura, enfermedades cardiovasculares, trastornos mentales, obesidad, diabetes tipo 2 e incluso dificultades del sueño (Harvard Health, Yale Medicine).
  • La evidencia también muestra que cada incremento del 10 % en el consumo de UPF eleva hasta un 12 % el riesgo de diabetes tipo 2 (Wikipedia).
  • Además, hay un aumento de riesgo de cáncer (en general, de mama, de cabeza y cuello y de esófago), y hasta una mayor mortalidad general asociada al consumo elevado de estos productos (Wikipedia).

Estudios recientes adicionales

  • Un ensayo clínico publicado en Nature Medicine mostró que, pese a calorías similares, quienes consumían alimentos mínimamente procesados perdían el doble de peso (2 % vs. 1 %) en ocho semanas, además de experimentar menos antojos y mejor marcación metabólica (The Guardian, New York Post).
  • En EE.UU., los ultraprocesados representaron el 55 % de las calorías diarias entre 2021 y 2023, con niños y adolescentes alcanzando casi el 62 %. Aunque la proporción ha disminuido ligeramente, sigue siendo preocupante (AP News, The Wall Street Journal).

Un enfoque equilibrado

No todos los ultraprocesados son iguales. Algunos, como el pan integral industrial o ciertos cereales fortificados, pueden aportar nutrientes útiles (Inverse, Right as Rain by UW Medicine). Incluso en entornos con menos recursos, ciertas opciones UPF pueden ser prácticas, con sentido emocional o nutricional (Right as Rain by UW Medicine, Medical News Today).

Consejo práctico: prioriza alimentos frescos o mínimamente procesados (legumbres, frutas, verduras, cereales integrales, huevos, frutos secos…). Si incluyes ultraprocesados, hazlo con moderación y opta por los que ofrecen algún beneficio real (p. ej., yogur natural con fruta, pan integral con fibra, cereales fortificados) (Right as Rain by UW Medicine, Medical News Today).


En resumen:

Aunque no todos los ultraprocesados son igual de dañinos, el consenso científico actual advierte sobre diversos riesgos importantes ligados a su consumo habitual. La clave está en encontrar un equilibrio realista y saludable, más allá del alarmismo o de rechazar alternativas prácticas cuando sean necesarias.


 

Pepsi True, la cola con stevia

Toca Comer. Pepsi True, la cola con stevia . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

PepsiCo ha decidido plantar cara a la apuesta de Coca-Cola y se ha unido al reto verde con el lanzamiento de una Pepsi endulzada con stevia (además de azúcar) y con una reducción calórica importante. La nueva Pepsi llamada Pepsi True tiene 30% menos de azúcar que la regular y no contiene jarabe de maíz de alta fructosa o edulcorantes artificiales. Pepsi True estará disponible a través de minoristas a través de internet en principio solo en EE.UU. desde mediados de octubre.

Otra de las innovaciones en el lanzamiento es que en principio solo se podrá comprar a través de internet vía Amazon. Una apuesta interesante para tantear un poco la aceptación de los consumidores sin hacer inmensos gastos de distribución previamente.

Mediante un comunicado de prensa PepsiCo resalta su compromiso con la reducción de calorías en sus bebidas y su apuesta desde 2008 por incluir la hoja de stevia como endulzante.

General Mills reemplaza el aspartamo por sucralosa en su nuevo Yoplait Light

Toca Comer. General Mills reemplaza el aspartamo por sucralosa en su nuevo Yoplait Light. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

General Mills, fabricante del yogurt Yoplait Light, ha cambiado el edulcorante de su producto con la esperanza de incrementar las ventas. A pesar del consenso científico acerca de la seguridad del aspartamo, muchos consumidores mal informados, le han quitado su voto de confianza y General. Mills le pega una estocada al poner como reclamo la etiqueta “Libre de Aspartamo”.

General Mills ha confirmado que eliminará el aspartamo de su popular yogurt bajo en calorías a favor de otro edulcorante artificial, sucralosa. El aspartamo es más conocido por las marcas Nutrasweet y Equal, mientras que la sucralosa es el edulcorante utilizado en Splenda.

El año pasado, las ventas al por menor de Yoplait Light cayeron “dos dígitos”, mientras que la versión tradicional de Yoplait mostró una mejoría después de que General Mills sustituyera el jarabe de maíz de alta fructosa por azúcar.

Un portavoz de General Mills confirmó que luego de hacer estudios de mercado que concluyeron que los consumidores preferían productos libres de aspartamo, la compañía decidió buscar alternativas a este edulcorante.

Identificación de colorantes alimenticios con espectrofotómetros

Toca Comer. Identificación de colorantes alimenticios con espectrofotómetros. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un espectrofotómetro es un instrumento especializado que puede ser utilizado para medir y cuantificar las propiedades de reflectancia y transmitancia de una muestra. Muchos de los usos de los espectrofotómetros están en la industria alimentaria, donde los alimentos son pigmentados con colorantes alimenticios especificados y aprobados.

Los espectrofotómetros funcionan mediante la exposición de una muestra a una fuente de luz monocromática. La luz reflejada de la muestra se divide en sus diversos componentes dentro del espectro visible. El resultado será lo que se conoce como una curva de reflectancia o espectral. Los datos ahora pueden ser fácilmente analizados para dar una medida cuantificable de color de la muestra. Esto puede ser especialmente importante en la industria alimenticia ya que los alimentos tienen colorantes específicos permitidos, y cualquier desviación puede ser la causa que se deseche un lote de productos, crear un efecto negativo en los consumidores, o generar sanciones de agencias gubernamentales bajo ciertas circunstancias.

La industria alimentaria es un negocio altamente competitivo donde la producción se está transformando cada vez más en una ciencia. Con estos aparatos se monitorea y controla el color de alimentos horneados, fritos, ahumados y procesados, incluyendo sus ingredientes. También las ecificaciones para cortezas, migas e ingredientes.

El dulzor de la fresa puede reemplazar al azúcar

Toca Comer. El dulzor de la fresa puede reemplazar al azúcar . Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaInvestigadores de la Universidad de Florida (EE.UU.) cultivaron 35 diferentes tipos de fresas y preguntaron a un panel de catadores evaluar los frutos de acuerdo a su textura, niveles de dulzura, amargura, y sabor de las fresas, así como su gusto general por la fruta.

La intensidad de la dulzura percibida y la intensidad del sabor de la fresa fueron los dos predictores más significantes del gusto general. Los investigadores encontraron que la presencia de ciertos componentes volátiles mejoraron las percepciones de los catadores. De estos, se encontró que seis mejoraban la dulzura percibida de la fruta, independientemente del contenido de azúcar real.

Estos seis componentes volátiles se añaden al creciente portafolio de componentes independientes del azúcar y promotores de sabor encontrados en las frutas, vegetales y hierbas que son mencionados como “blancos de interés” por el Instituto de Alimentos y Ciencias de la Agricultura de la Universidad de Florida.

Estos hallazgos impulsan el cultivo de frutas y vegetales. También, esta aproximación recoge revelaciones entre la metabolómica de la fruta, la química del sabor y un paradigma para promover el gusto de productos naturales o procesados.

Fuente: Alimentariaonline

Como «engañan» Bimbo y Punset con el pan natural

Toca Comer. Como

Este pasado lunes, la Biblioteca Bidebarrieta del Casco Viejo bilbaíno estaba a tope para escuchar la conferencia de José Miguel Mulet «Mitos, falacias y mentiras sobre la alimentación«, aprovechando su visita a la capital del mundo para promocionar su libro «Comer sin miedo», cuya lectura os recomiendo vivamente, particularmente a aquellos de vosotros a los que os agobia el sentimiento de que todo lo que bebemos, comemos o respiramos nos está matando lenta y subrepticiamente, en un plan diseñado por gobiernos malignos que quieren limitar drásticamente la tasa de jubilados guapos, alegres y combativos.

En uno de los ejemplos que puso para ilustrar la denodada búsqueda de la población de todo aquello que implique alimentarse de productos libres de aditivos y conservantes, Mulet nos mostró dos etiquetas de pan Bimbo, una de un producto más o menos clásico, que lleva varios aditivos alimentarios con sus números E- correspondientes, y otra del último hito de la empresa, bien promocionado por Eduardo Punset bajo epígrafes como 100% natural. Mulet nos enseñó cómo manejan estas empresas, para su provecho, las normativas de Agencias que controlan estos aspectos (como la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, EFSA).

Y así, el pan más o menos antiguo, llevaba en su composición ácido propanoico, un potente agente contra la formación de ese moho tan característico del pan de molde que lleva días en su envase. Ese ácido, que responde a la etiqueta E-280 como aditivo alimentario según la normativa de la CE, es un aditivo sintético cuyo mayor productor es BASF a partir de la oxidación de un aldehído, el propanal. Para sustituir ese aditivo «impresentable» en un producto 100% «natural», los estrategas de Bimbo han recurrido a un bicho, el Propionibacterium Shermanii, una subespecie del Propionibacterium Freudenreichii, muy usado por los fabricantes de queso Gruyère o Emmental para dar a sus productos esos agujeros tan característicos que les diferencian de otros. Pues bien, el P. Shermanii es capaz de actuar sobre la fibra de pan y generar ácido propanoico, el mismo E-280 que se usaba en las viejas recetas de Bimbo para impedir el crecimiento del moho. Pero ha sido obtenido «in situ», por algo tan natural como una bacteria. Y ello permite al fabricante poner en la etiqueta «contiene microrganismos naturales (L. Brevis, P. Shermanii)» y el 100% natural tan buscado.

Ampliar en: EL BLOG DEL BUHO

Brazeina nuevo endulzante

Toca Comer. Brazeina nuevo endulzante. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaEs una proteína extraída de la planta africana conocida como Oubli (Pentadiplandra brazzeana Baillon) y que según se indica, sería 2500 veces más dulce que la sucralosa.

Loren Miles, CEO de Natur Research Ingredients, empresa estadounidense ubicada en Los Angeles, indicó que llevan varios años tratando de lanzar este producto al mercado.

Esta sustancia tendría un rol importante en el mercado de los endulzantes naturales ya que a diferencia de la estevia o la fruta del Monje (Siraitia grosvenorii) su sabor es más parecido a la sacarosa lo que facilita su uso en formulaciones.

Esta proteína es soluble en agua, estable a altas temperaturas y rangos amplios de pH. Su perfil sensorial es muy cercano al azúcar, más que otras proteínas utilizadas como la taumatina o monelina.

Además los alimentos que contienen brazeina pueden indicar en sus etiquetas que es un producto “natural”.

La extracción convencional de la brazeina es costosa y poco sustentable. Por lo que Natur Research Ingredients adquirió una patente para producirla, usando bacterias de uso alimentario en un proceso conocido como biofermentación, el que ha demostrado tener una buena relación costo-eficiencia en comparación con la extracción convencional.

FDA aprueba ampliar el uso de goma arábiga como aditivo

gomarabLa Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos, modificó los reglamentos sobre aditivos alimentarios con el objeto de permitir un mayor uso seguro de la goma arábiga (goma árabe o de acacia) en los alimentos, en respuesta a una petición presentada por Nexira, proveedor que comercializa la goma de acacia dietética soluble. Según este anuncio, los fabricantes de alimentos ahora pueden utilizar la goma de acacia en nuevos productos, como los cereales para el desayuno, en ciertos productos de panadería y sopas de carne de vacuno y de aves de corral que no estén sujetas a otras regulaciones.

Adicionalmente, las empresas de vigilancia están permitiendo ahora su uso en las barras de cereales (barras para el desayuno, barras de granola, barras de cereal de arroz), categoría que ha aumentado en un 35%.

El reglamento que entró en vigencia el 6 de diciembre pasado, reconoce formalmente que la goma de acacia también provee de fibra dietética, lo que permite una mayor promoción en las etiquetas del producto. Aunque es ampliamente conocida como una fuente de fibra, el hecho de que la FDA lo haya establecido por una constancia escrita, hace que sea mucho más claro para las empresas, dijo la vicepresidente de la empresa Nexira, Teresa Yazbek.

La confirmación por escrito reduce igualmente la confusión sobre el hecho de que la goma de acacia también puede ser utilizada como un texturizador, emulsionante, estabilizador y espesante. No es un micronutriente sino que es un macronutriente. No se puede utilizar un 0,1% para obtener beneficios, como con otras gomas. El rango de uso más representativo para los fabricantes es de 3 a 10%. Se puede usar tan poco como un 1% para mejorar la textura, pero si se quiere hacer una barra sin azúcar, por ejemplo, se tendría que usar una cantidad cercana al 35%.

Tradicionalmente, la goma arábiga ha sido empleada principalmente en productos de confitería y en bebidas. Este nuevo reglamento abre una amplia gama de posibilidades de usos para los proveedores en rubros tales como productos horneados, cereales para el desayuno, barras, jugos, helados, yogures y snacks.

Fuente: FOOD navigator-usa.com



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