El fascinante proceso de formación de la sal: De los océanos antiguos a nuestra mesa

En cada mesa de cada hogar del mundo, en los restaurantes más lujosos y en las cocinas más humildes, habita un protagonista silencioso e indispensable. La sal. Tan cotidiana que rara vez nos detenemos a pensar en su origen, este modesto condimento es, en realidad, el resultado de procesos geológicos y químicos que han moldeado la Tierra durante miles de millones de años. Para entender cómo se forma la sal, debemos emprender un viaje que va desde la violenta danza de los átomos hasta la inmensidad de los océanos y las profundidades de la corteza terrestre.

Químicamente, la sal común es cloruro de sodio (NaCl). Esta fórmula encierra una paradoja fascinante: está compuesta por dos elementos que, en su estado puro, son extremadamente peligrosos. El sodio es un metal altamente reactivo que explota al contacto con el agua, y el cloro es un gas tóxico de color verdoso que se utilizó como arma en la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, cuando se unen, se neutralizan mutuamente mediante un enlace iónico, creando una sustancia estable, inocua y esencial para la vida.

La formación de la sal a nivel atómico ocurre porque el sodio tiene un electrón de más que necesita perder para alcanzar la estabilidad, mientras que el cloro necesita ganar exactamente un electrón. Al ceder el electrón, el sodio se vuelve un ion positivo (catión) y el cloro se convierte en un ion negativo (anión). Como los polos opuestos se atraen, estos iones se enlazan firmemente, formando una estructura cristalina cúbica perfecta. Es esta estructura geométrica la que confiere a los cristales de sal su forma característica de diminutos dados.

Pero, ¿cómo llegan estos cristales a nuestro planeta? La inmensa mayoría de la sal que consumimos tiene un origen marino y es hija del ciclo del agua. A lo largo de eones, la lluvia ha caído sobre las rocas continentales, disolviendo lentamente los minerales que las componen, entre ellos el sodio y el cloro. Las aguas fluviales transportan estos iones disueltos río abajo hasta desembocar en los océanos. Una vez allí, el agua del mar no deja de evaporarse debido al calor del sol, pero las sales se quedan atrás. Durante miles de años, este proceso ha concentrado los océanos hasta su nivel actual de salinidad, aproximadamente un 3,5%.

Cuando las condiciones climáticas son propicias —alta insolación y vientos constantes—, la sal marina se forma de manera natural en las costas. En las salinas, el agua de mar se conduce a estanques poco profundos donde la evaporación acelera la concentración de la salmuera. Al llegar a un punto de sobresaturación, los iones de sodio y cloro ya no pueden permanecer separados en el líquido y comienzan a unirse, precipitándose en el fondo del estanque como cristales sólidos. Este es el método más antiguo de extracción, que aprovecha la energía solar y eólica para dar lugar a la «flor de sal» o la sal marina gruesa.

No obstante, una parte monumental de la sal mundial no proviene del mar actual, sino de mares que desaparecieron hace millones de años. Se trata de la sal roca o halita. Su formación es un capítulo fascinante de la historia geológica de nuestro planeta. Durante eras como el Triásico o el Jurásico, vastas porciones de los continentes actuales estaban cubiertas por mares poco profundos. Debido a los movimientos de las placas tectónicas, muchos de estos mares quedaron aislados del océano abierto. En climas cálidos y áridos, el agua de estos mares interiores se evaporó por completo, dejando tras de sí gruesas capas de sal en el fondo.

Con el paso de los milenios, estas capas de sal fueron enterradas bajo toneladas de sedimentos —arcilla, arena y roca— que ejercieron una presión monumental. Debido a su baja densidad y a su plasticidad (la sal bajo presión se comporta como un fluido muy viscoso), estas capas a menudo se desplazan hacia arriba a través de las fisuras de la roca superior, formando enormes estructuras geológicas conocidas como domos salinos o diapiros. Hoy en día, para extraer esta sal fosilizada, los humanos construyen minas subterráneas de una belleza sobrecogedora, con enormes cavernas cuyas paredes brillan como galaxias de cristales atrapados en la roca. Alternativamente, se inyecta agua en los domos para disolver la sal y extraerla como salmuera, que luego se cristaliza en la superficie.

En resumen, la sal que espolvoreamos sobre nuestros alimentos es el testigo de una historia épica. Es el resultado de la lenta erosión de las montañas, la evaporación de mares ancestrales y la formidable presión del interior de la Tierra. Cada vez que un cristal de sal se disuelve en nuestra lengua, liberando su inconfundible sabor, estamos degustando un pedazo de la historia del mundo, un recordatorio de que los procesos más extraordinarios de la naturaleza a menudo se esconden en las cosas más simples y cotidianas.

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Denunciada en Francia la sal de Súria por un posible riesgo para la salud

La sal minera de Súria, un producto tradicional catalán apreciado por su pureza y su uso en gastronomía de proximidad, se ha visto envuelta en una controversia sanitaria tras ser denunciada en Francia por un posible riesgo para la salud. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha confirmado que investiga la presencia de concentraciones inusualmente altas de bromuro en lotes comercializados, y ha trasladado el expediente al órgano europeo competente. La notificación, activada a través de los canales oficiales de la Unión Europea, ha puesto el foco sobre los controles de contaminantes en sales no refinadas y ha reavivado el debate sobre cómo conciliar la autenticidad de los productos artesanales con los estándares analíticos contemporáneos.

El origen de la alerta: Francia y el sistema RASFF

La señal de alarma partió de las autoridades sanitarias francesas, que detectaron niveles de bromuro por encima de los parámetros habituales en muestras de sal de Súria importadas y distribuidas en territorio galo. El hallazgo se comunicó de inmediato a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF), la red europea que permite la coordinación transfronteriza ante riesgos alimentarios emergentes. Francia, aplicando el principio de precaución, retiró preventivamente los lotes identificados y solicitó a España información detallada sobre el origen geológico, el proceso de extracción y los historiales de autocontrol. La rápida activación del protocolo no implica, por sí misma, la confirmación de un daño a la salud, sino el funcionamiento ordinario de un sistema diseñado para actuar antes de que un riesgo se materialice. En la Unión Europea, cualquier desviación analítica en productos de consumo diario desencadena automáticamente una cadena de verificación que prioriza la transparencia y la trazabilidad.

¿Qué es la sal de Súria y por qué contiene bromuro?

La sal de Súria procede de las cuencas mineras del Bages, en Cataluña, una zona con más de un siglo de explotación de potasa y sal gema. A diferencia de la sal marina refinada, esta sal se extrae de depósitos subterráneos formados por la evaporación de antiguos mares interiores y suele comercializarse con un grado mínimo de procesamiento, lo que preserva su perfil mineral original. El bromuro es un anión que puede aparecer de forma natural en yacimientos salinos, especialmente en formaciones geológicas ricas en haluros o en estratos con historia hidrotermal. En condiciones normales, su presencia se limita a trazas y no supone riesgo alguno. Sin embargo, variaciones en la veta explotada, cambios en los métodos de extracción o la ausencia de etapas de lavado y purificación pueden elevar su concentración final. Expertos en geoquímica alimentaria recuerdan que el bromuro no es un contaminante de origen industrial en este contexto, sino un componente geogénico cuya variabilidad exige vigilancia analítica constante, sobre todo en productos que no pasan por procesos de estandarización química.

Riesgos para la salud: lo que dice la ciencia sobre el bromuro

El bromuro, en dosis elevadas y por exposición crónica, puede competir con el yodo en la captación tiroidea y alterar el equilibrio endocrino. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado en diversas ocasiones la presencia de haluros en la dieta, señalando que la ingesta debe mantenerse dentro de márgenes estrictos, especialmente para grupos sensibles como embarazadas, niños y personas con patologías tiroideas previas. El denominado bromismo, un cuadro histórico asociado a fatiga, erupciones cutáneas o alteraciones neurológicas leves, se documentó ampliamente cuando el bromuro se utilizaba como fármaco sedante, pero es extremadamente infrecuente por vía alimentaria. No obstante, la detección de niveles anómalos en un producto de uso cotidiano como la sal justifica la activación de protocolos de evaluación de riesgo. AESAN ha subrayado que, por el momento, no se han notificado casos clínicos vinculados al consumo de estos lotes, y que la investigación se centra en caracterizar la exposición real de la población y en contrastar los datos con umbrales toxicológicos actualizados.

La respuesta de AESAN y el marco europeo de seguridad alimentaria

Ante la notificación francesa, AESAN ha abierto un expediente que incluye la toma de muestras en origen, la auditoría de los registros de autocontrol de la empresa extractora y la validación cruzada con laboratorios acreditados por ENAC. Paralelamente, ha elevado el caso a la Comisión Europea y a la EFSA para una evaluación armonizada, un procedimiento reglado que se activa cuando un contaminante carece de límites máximos específicos en la legislación alimentaria vigente. La normativa europea regula con precisión metales pesados, micotoxinas y residuos de plaguicidas, pero el bromuro en sal minera no cuenta con un valor límite explícito en el Reglamento (CE) 1881/2006 ni en sus modificaciones posteriores. Esta laguna técnica obliga a aplicar el principio de precaución y a basarse en dictámenes científicos para establecer referencias provisionales. Fuentes de AESAN han indicado que se está trabajando en una propuesta de parámetro técnico que podría servir de base para futuras actualizaciones reglamentarias. Mientras tanto, se ha recomendado a los distribuidores la retirada voluntaria de los lotes señalados y se ha habilitado un canal de información para consumidores, restauradores y profesionales del sector.

Impacto en el mercado y medidas preventivas

La sal de Súria ocupa un nicho específico en el mercado español y europeo, valorada por chefs y consumidores que buscan alternativas menos procesadas a la sal común. La alerta, aunque circunscrita a lotes concretos, ha generado preocupación en el sector de las sales especiales y ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar los controles analíticos a productos con perfiles minerales inherentemente variables. Algunas empresas y cooperativas ya han anunciado la implementación de cribados adicionales de bromuro, la estandarización de procesos de selección y la publicación voluntaria de fichas analíticas por partida. Desde el punto de vista comercial, la transparencia y la trazabilidad se han convertido en activos estratégicos: los consumidores exigen garantías sin renunciar a la autenticidad del producto. Las autoridades han recordado que, de confirmarse una desviación sostenida, el riesgo sería gestionable mediante ajustes en el procesado y no implica un peligro inherente a la sal minera en sí. La colaboración entre España, Francia y las instituciones europeas demuestra la solidez del sistema de vigilancia alimentaria, capaz de detectar anomalías antes de que se traduzcan en daños a la salud pública.

Conclusión

El caso de la sal de Súria ilustra cómo la demanda de productos menos industrializados y la circulación transfronteriza de alimentos exigen un equilibrio constante entre tradición, ciencia y regulación. La denuncia en Francia no es un fallo del sistema, sino una prueba de su eficacia: los mecanismos de alerta temprana funcionan, las agencias cooperan y la investigación avanza con rigor metodológico. AESAN y la EFSA determinarán en las próximas semanas si los niveles de bromuro detectados requieren ajustes normativos, medidas correctoras permanentes o simplemente una recalibración de los controles en origen. Mientras tanto, los consumidores pueden mantener la calma, verificar los lotes afectados a través de los canales oficiales y recordar que, independientemente de su origen, el consumo de sal debe ser moderado por recomendación sanitaria general. La seguridad alimentaria no es un estado estático, sino un proceso continuo de vigilancia, adaptación y transparencia. Y en ese proceso, incluso una pizca de sal puede recordar que la confianza se construye con datos, con cooperación institucional y con información veraz.

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España incumple su compromiso con la OMS: el consumo excesivo de sal sigue poniendo en riesgo la salud cardiovascular

La ingesta media casi duplica el límite recomendado, mientras las autoridades no logran aplicar medidas efectivas para reducir su presencia en los alimentos procesados antes de 2026.

España está lejos de cumplir el objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir un 30% el consumo de sal,. Según un informe reciente, la ingesta media en el país se sitúa en 9,8 gramos diarios por persona, casi el doble del límite recomendado (5 gramos), lo que aumenta el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Pese a los compromisos adquiridos, las medidas implementadas hasta ahora han sido insuficientes, alertan los expertos.

Un problema de salud pública ignorado

La OMS estableció en 2013 una meta global para reducir el consumo de sodio —principal componente de la sal— como parte de su plan para prevenir enfermedades no transmisibles, responsables del 74% de las muertes en el mundo. España, junto a otros países europeos, se adhirió a este compromiso, pero los datos muestran un estancamiento: desde 2015, la ingesta apenas ha descendido un 0,5% anual, un ritmo insuficiente para alcanzar el objetivo en 2026.

El problema no es solo la sal que añadimos al cocinar o en la mesa (que representa solo el 20% del total), sino la «sal oculta» en productos procesados y ultraprocesados, como pan, embutidos, quesos, salsas, snacks y platos precocinados. Estos alimentos aportan hasta el 75% del sodio ingerido, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Sin embargo, las estrategias para reformular estos productos —como acuerdos voluntarios con la industria— han tenido un impacto limitado.

¿Por qué es urgente actuar?

El exceso de sal está directamente relacionado con:

  • Hipertensión arterial, que afecta al 42% de los adultos españoles (datos de la Sociedad Española de Cardiología).
  • Enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en España (más de 120000 fallecimientos anuales).
  • Osteoporosis y cáncer de estómago, asociados a dietas altas en sodio.

Reducir el consumo a 5 gramos diarios podría evitar 2,5 millones de muertes anuales en el mundo, según la OMS. En España, se estiman que 8.000 muertes prematuras al año podrían prevenirse con esta medida.

Falta de medidas contundentes

Aunque el Ministerio de Sanidad lanzó en 2020 la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), que incluye metas para reducir sal, azúcares y grasas, los avances son lentos. Las críticas apuntan a:

  1. Acuerdos voluntarios con la industria: Las empresas alimentarias se comprometen a reducir sodio, pero sin sanciones si incumplen. Un estudio de la OCU (2023) reveló que el 60% de los productos analizados superaban los límites recomendados.
  2. Falta de etiquetado claro: Aunque el semaforo nutricional (Nutri-Score) ayuda a identificar productos poco saludables, no es obligatorio y muchos consumidores lo desconocen.
  3. Publicidad engañosa: Se siguen promocionando alimentos altos en sal como «saludables» (ej.: pan integral o fiambres «light»).

Países como Reino Unido, Finlandia o Portugal han logrado reducciones significativas (hasta un 40% en algunos casos) gracias a leyes obligatorias, impuestos a productos ultraprocesados y campañas de concienciación masivas. En cambio, España optó por un enfoque menos intervencionista, con resultados pobres.

¿Qué se puede hacer?

Los expertos reclaman medidas inmediatas:

  • Regulación obligatoria: Establecer límites máximos de sal en pan, embutidos y otros productos básicos, como ya hizo Chile con su ley de etiquetado.
  • Impuestos a alimentos ultraprocesados: Siguiendo el modelo de México o Hungría, que gravó productos con exceso de sodio, reduciendo su consumo.
  • Educación desde la infancia: Incluir programas de nutrición en escuelas y restringir la publicidad de alimentos no saludables dirigida a menores.
  • Promoción de alternativas: Subvencionar hierbas aromáticas, especias y sales bajas en sodio para facilitar la transición.

El papel de los consumidores

Mientras las políticas públicas avanzan, los ciudadanos pueden tomar medidas:

  • Leer etiquetas: Elegir productos con menos de 1,25 gramos de sal por 100 gramos (o 0,5 g de sodio).
  • Cocinar en casa: Controlar la cantidad de sal añadida y usar sustitutos como limón, ajo o pimienta.
  • Reducir procesados: Optar por alimentos frescos (frutas, verduras, legumbres) y evitar snacks, sopas instantáneas y comidas precocinadas.

Conclusión: Un reto pendiente con consecuencias graves

España tiene menos de dos años para cumplir su compromiso con la OMS, pero a este ritmo, el objetivo parece inalcanzable. La falta de voluntad política para enfrentar a la industria alimentaria y la escasa concienciación social perpetúan un problema que costa vidas y recursos sanitarios. Sin acciones decididas —como regulaciones vinculantes y campañas de choque—, el país seguirá pagando el precio de una dieta insana: más enfermos, más muertes evitables y un sistema de salud sobrecargado.

La sal puede ser un condimento cotidiano, pero su abuso es un veneno silencioso. Es hora de que las autoridades prioricen la salud sobre los intereses comerciales y los ciudadanos exijan cambios. El reloj corre, y las consecuencias de la inacción serán irreparables.


Fuentes: OMS, AESAN, Sociedad Española de Cardiología, OCU, Ministerio de Sanidad.

Sal del Himalaya, otro engaño para crédulos

Toca Comer. Sal del Himalaya, otro engaño para crédulos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

 

• Completamente libre de químicos y plaguicidas

• Orgánica halal y kosherno transgénica

• Sal pura del Himalaya

• Aprobada por la FDA y

• El Instituto Nacional de Salud

Ahh, con que no-transgénica. ¿La sal tiene ADN? También ponen que es ‘orgánica’ – o sea que ¿es derivada de organismos vivos?

¡Y libre de químicos! Yo juraba y comía tierra que el cloruro de sodio es químico (que cuando es puro, es blanco).

Y también me vengo a enterar que el Instituto Nacional de Salud [de EEUU] aprueba la sal.

Why Evolution Is True

Fuente: DE AVANZADA

La reducción de sal hecha por la industria no remedia el problema del alto consumo

Toca Comer. Sal y salud. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Los esfuerzos que está haciendo la industria de alimentos para reducir la cantidad de sal en sus productos, no reducen necesariamente los niveles de consumo recomendados por los organismos responsables de la salud pública.

Investigaciones llevadas a cabo en Dinamarca y EE.UU. informan que los programas de reducción de sal en la población se basan en la idea de que la ingesta de sal es mayor que la necesidad fisiológica en sí, y por lo tanto, al reducir los niveles de sal en los alimentos los niveles de sal en la población se mantienen a un nivel controlado.

Sin embargo, investigaciones recientes respaldan hallazgos previos que sostienen que la ingesta de sal se regula en el cerebro, y se ha mantenido estable dentro de un rango relativamente estrecho en los últimos 50 años, independientemente la etnia o los cambios en el suministro de alimentos.

Datos y estudios

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una ingesta diaria de sal de máximo de 5 g – el equivalente a unos 2000 mg de sodio – tres cuartas partes de la población mundial consume al menos dos veces al día esa cantidad, según datos de 2010.

En un artículo publicado en el American Journal of Hypertension, se utilizaron datos de la de la ingesta de sodio medido por análisis de orina de 45 países, con más de 69000 participantes en más de cinco décadas. Se encontró que la ingesta de sodio promedio osciló entre aproximadamente 2600-4800 mg al día (6,5 g – 12 g de sal).

«Por lo tanto, nuestro análisis indica que hay una» «gama de la ingesta de sodio humana definida por las necesidades de la fisiología y biología y no por el suministro de alimentos» escribieron los investigadores. «… No importa qué tan bien intencionada sea la política pública, simplemente ésta no puede modificar un conjunto de parámetros que funcionan fisiológicamente.»

Y añadieron: «Es razonable concluir que existe un rango normal de la ingesta de sodio humana. Si las futuras directrices de política pública son eficaces y viables, deben basarse en la realidad científica».

Las limitaciones de la evidencia científica

Los autores del estudio presentaron sus conclusiones al Instituto de Medicina de EE.UU., y este a su vez les respondió con un informe titulado Sodium Intake in Populations.

Dice: «el consumo de sodio en poblaciones reconoce las limitaciones de los datos disponibles, y explica que no hay evidencia consistente para apoyar una asociación entre la ingesta de sodio y/ o un efecto beneficioso o adverso para la salud en la mayoría de los resultados de estudios cardiovasculares (incluyendo accidente cerebrovascular y la mortalidad por ECV) o mortalidad por cualquier otra causa «.

El comité del IOM dijo que no era su función definir cuál era el rango normal de la ingesta de sodio humana. Por lo tanto, el informe no define cuándo una ingesta es «excesiva» o «inadecuada».

Los autores del estudio afirman que estos últimos resultados, combinados con los de un estudio anterior realizado en 2009, apoyan la idea de que el cerebro controla las necesidades de sodio, tal como se ha demostrado en otros vertebrados que tienden a regular la ingesta de sodio dentro de un rango estrecho.

Sin embargo, reconocen que los pacientes con presión arterial alta pueden realmente beneficiarse de «pasar del extremo superior de este rango normal de admisión de sodio a un extremo inferior«, aunque agregó que se necesitan ensayos clínicos para evaluar la eficacia.

 

La OMS insta a reducir el consumo de grasas, azúcares y sal

Toca Comer. La OMS insta a reducir el consumo de grasas, azúcares y sal. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La directora regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, Zsuzsanna Jakab, ha instado a los gobiernos, ciudadanos y a la industria alimentaria a reducir el consumo de grasas saturadas, grasas trans, azúcares y sal y, por el contrario, a aumentar la ingesta de frutas y verduras.

Jakab se ha pronunciado así en la Conferencia Ministerial de la OMS sobre Nutrición y Enfermedades No Transmisibles en el contexto de la Salud 2020, que ha reunido en Viena a más de 25 ministros sanitarios. Allí, los responsables de Sanidad han analizado las principales estrategias para la lucha contra la obesidad y la mala nutrición, responsables de la aparición de enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer.

En este sentido, la directora regional de la OMS ha solicitado a los diferentes gobiernos a llevar a cabo políticas que palíen los elevados índices de obesidad y a la industria alimentaria a que actúe de forma “responsable” a la hora de fabricar sus productos, que el etiquetado sea “claro” y que no comercialice aquellos ricos en grasas saturadas y trans, azúcares libres y sal en las comidas de los niños.

Del mismo modo, Jakab ha aconsejado a los ciudadanos que reduzcan el consumo de estos alimentos, lean las etiquetas y elijan “conscientemente y responsablemente” aquellos productos que están sujetos a las recomendaciones de salud pública.

Se han hecho progresos enormes en los últimos 30 años en otras áreas de salud pública como en el control del tabaco. Por tanto, es el momento de aplicar el mismo compromiso con la lucha contra la epidemia de la obesidad.

Y es que, esta enfermedad está aumentando en toda Europa, siendo especialmente preocupante en el caso de los niños. De hecho, se estima que un tercio de los más pequeños y la mitad de los adultos padece sobrepeso u obesidad, siendo más proclives a sufrir problemas de movilidad, baja autoestima y enfermedades cardiovasculares.

Concretamente, según la OMS, el 60 por ciento de los niños que tienen sobrepeso antes de la pubertad tendrá sobrepeso en la edad adulta; y aquellos que pertenecen a familias con bajos ingresos son más propensos a ser obesos. Además, la obesidad representa entre el 2 por ciento y el 7 por ciento de los costes sanitarios, sin incluir los gastos indirectos derivados de la pérdida de productividad laboral.

Fuente: Alimentariaonline

La Organización Mundial de la Salud publica nuevas directrices sobre el consumo de sal

Toca Comer. La Organización Mundial de la Salud publica nuevas directrices sobre el consumo de sal. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La OMS sigue trabajando para frenar la pandemia de obesidad y otras enfermedades crónicas, de ahí esta nueva compilación de directrices sobre el consumo de sal. El resultado: los adultos no deben consumir más de 2000 mg de sodio, o 5 g de sal, y al menos 3510 mg de potasio cada día.

Los departamentos de salud de cada país fijan sus políticas en gran parte basándose en estas directrices, con la intención de hacer frente a las enfermedades no transmisibles, tales como enfermedades del corazón, derrame cerebral, diabetes, cáncer y enfermedades respiratorias crónicas.

En este caso, pueden resultar medidas adecuadas un correcto etiquetado del producto, la actualización de las directrices dietéticas específicas de cada país y negociar con los fabricantes de alimentos una reducción de la cantidad de sal presente en sus alimentos procesados.

El sodio está naturalmente presente en gran cantidad de alimentos, como la leche y la crema (50 mg por cada 100 g, aproximadamente), o los huevos (aproximadamente 80 mg/100g).

En los alimentos procesados suele encontrarse en cantidades mucho mayores, como en el pan (250 mg/100g, aproximadamente); bacon (aproximadamente 1500 mg/100 g –la misma cantidad presente en los snacks).

También se encuentra en condimentos, como la salsa de soja (7000 mg/100 g aproximadamente) y las pastillas de caldo (20000 mg/100 g aproximamente).

Entre los alimentos ricos en potasio están las judías (cerca de 1300 mg/100 g); las nueces (600 mg/100 g, aproximadamente); verduras, como las espinacas (aproximadamente 550 mg/100 g); o algunas frutas, como los plátanos (cerca de 300 mg/100 g).

El procesado disminuye las cantidades de potasio presentes en muchos productos alimentarios.

La mayor cantidad de sal se ingiere con el pan y las aves de corral

Toca Comer. Exceso de sal en aves de corral y pan. Marisol Collazos Soto
Más del 40% del sodio que se consume en los EE.UU. proviene de 10 categorías de alimentos, con el pan y las aves de corral entre los cinco primeros, de acuerdo con un informe MMWR. Incluyeron en él a individuos mayores de dos años de edad en el que muestra un consumo medio diario de sodio (con exclusión de la sal de mesa) muy por encima de las recomendaciones. El exceso de sodio provoca riesgos cardiovasculares. Las 10 categorías de alimentos que contribuyen al consumo de sodio fueron, en orden descendente: pan y bollería, embutidos, pizza, pollo, sopas, sándwiches, quesos, platos de pasta, carnes cocinadas con otros productos, y aperitivos salados. Dos tercios de los alimentos con sodio se compró en tiendas o supermercados, y el resto provenía de los restaurantes, cafeterías, y otras fuentes.

Los editores de la revista MMWR sugieren que se se debe recomendar a los pacientes leer las etiquetas y elegir alimentos bajos en sodio. Hasta ahora, que yo sepa, sólo lo pone en algunas aguas minerales. En los productos citados debería ponerlo en el el etiquetado nutricional.

Fuente: Reflexiones de un pediatra curtido



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