Tofu ecológico contaminado con botulismo

Toca Comer. Tofu ecológico contaminado con botulismo. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La última alerta en Europa la estamos sufriendo ahora mismo. Una retirada de tofú ecológico de la marca de Energy Shed con un riesgo importante de estar contaminado por botulismo. Aquí está la noticia.

Lo más curioso es que no es que se haya detectado en la fábrica, sino a posteriori cuando el producto ya ha sido distribuido, por lo que se ha tenido que avisar a los consumidores que si lo tienen en casa no se lo coman, como dice la propia empresa.

Y como estas cosas nunca vienen solas, el pasado sábado 26 de abril una niña de 9 años resultó intoxicada por comer unas magdalenas en la súper ecológica y super natural “Fira de la Terra” de Barcelona. Parece ser que se las vendieron sin avisar que contenían marihuana en su composición. la Marihuana, por mucho que digan que es medicinal, es tóxica. Esto no es más de una muestra de la dejadez en los controles que hay en este tipo de producción.

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Hay alimentos con los beneficios del vino y sin 14 grados de alcohol

Toca Comer. Hay alimentos con los beneficios del vino y sin 14 grados de alcoho. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaJ.M. Mulet (Dénia, 1973) es licenciado en química, doctor en biología molecular y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia. Rema a contracorriente en el terreno de la divulgación nutricional. Después del libro ´Los productos naturales ¡vaya timo!´, ha escrito ´Comer sin miedo´, que presenta el lunes en el Club de este diario.

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: “¿Twitter adelgaza?”
–No, salvo que vayas tuiteando mientras corres o haces bici estática. Me divierte mucho tuitear, pero las actividades sedentarias son lo peor para adelgazar.
–Necesitábamos a un valiente para saber que podemos beber leche.
–Sí porque, después de millones de años de beber leche, la moda consiste ahora en calificarla de veneno. En tal caso, la especie humana ya se habría extinguido.
–Sin embargo, los mamíferos adultos no beben leche.
–Tampoco comen bacalao al pil-pil. Los animales no la beben porque no pueden, pruebe a ponerles un cuenco con leche en el zoo.
–¿Cuánto pesa usted?
–Demasiado, noventa y pico largos. Debiera preocuparme más y estoy en ello, pero solo hay que conceder importancia al peso si afecta a la salud, no por estética
–Viva el vino, que diría Rajoy.
–Otros alimentos tienen los mismos beneficios sin catorce grados de alcohol, una sustancia de abuso. Se bebe vino por placer, no por sus ventajas nutricionales.
–Defiende los conservantes ante la ira de internet.
–Ya la había conocido antes, al pronunciarme sobre la agricultura ecológica. Los conservantes se defienden solos, no podríamos vivir sin ellos. Su ausencia produciría más intoxicaciones y alimentos de precios exorbitantes. También obligaría a tirar toneladas de comida.
–Alaba al Big Mac frente a los alimentos ecológicos.
–Cada uno en su contexto. El Big Mac no es el demonio, ni tampoco recomendable a diario. Los alimentos ecológicos son caros, y no todo el mundo se los puede permitir. La gente no sabe qué compra con esta etiqueta. No hay estudios científicos que demuestren que son mejores para la salud o el medio ambiente. Simplemente, tienen un sello concedido por la Unión Europea.
–Usted se atreve incluso con los transgénicos.
–No es un atrevimiento. Todos utilizamos productos transgénicos en medicina, en la ropa y en los billetes de euros. Por hipocresía, los rechazamos en la alimentación, los europeos nos la cogemos con papel de fumar.
–¿Su furia contra Greenpeace se debe a una antigua novia ecologista?
–Se debe a que cuentan mentiras que nos afectan. Por ejemplo, las campañas contra los transgénicos que hacen en Europa pero no en Estados Unidos, y que implica que no cultivemos algodón transgénico pero que lo importemos de Egipto, India o Pakistán. Se perjudica a los agricultores europeos, que no pueden sembrarlo.
–Estábamos en que el agua adelgaza más que las hamburguesas.
–Lo que adelgaza es beber agua y no comerse la hamburguesa. Da igual beberla antes o después, solo funciona si es en vez de.
–¿Es más fácil perder peso o aprender inglés?
–O dejar de fumar, los tres propósitos imposibles de cada principio de año.
–Nunca pensé que le preguntaría a nadie por “la paradoja de la berenjena”.
–La berenjena se pone negra porque tiene antioxidantes, pero el comprador la quiere blanca. Se cultiva y consume sin esas sustancias, y a continuación vamos a la farmacia a comprar pastillas de antioxidantes.
–Supongo que desaconseja los yogures caducados, a diferencia de Cañete.
–Sí, porque hay un problema. Te lo puedes comer y no pasa nada, pero con el mensaje de Cañete te cargas toda la educación de la gente para que consuma productos en buen estado, cumpla con las normas de caducidad y consulte la etiqueta de los alimentos. De quién será la responsabilidad, el día en que alguien se intoxique por seguir ese consejo.
–Se le acusa de pertenecer al ´lobby´ de la industria alimentaria.
–Pues a final de mes no se nota. La industria es muy tacaña, ya me gustaría que se implicase en la investigación. Y también a ella le molesta lo que digo, empeñada en no utilizar conservantes ni colorantes.
–¿Los optimistas viven más tiempo?
–Depende de que un coche les atropelle o no. Hay una influencia de la actitud ante la vida, pero entre tantísimos factores sería uno más, que conviene relativizar. Un optimista fumador y con sobrepeso multiplica sus probabilidades de infarto.
–¿La crisis nos da peor de comer?
–La gente no está para alegrías en la cesta de la compra, pero la base son cereales que todavía resultan bastante asequibles.
–Comer tal vez pero, ¿se puede vivir sin miedo?
–Deberíamos poder, porque los retos son asumibles. Abrimos el correo y se llena de “nos están intoxicando, nos envenenan”. La comida es segura, y vivimos en un país occidental desarrollado. Podríamos estar mejor, pero centrémonos en lo bueno.

[Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]

Café ecológico …. de Galicia y Asturias, en Carrefour

Toca Comer. Café ecológico ....  de Galicia y Asturias, en Carrefour. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En el blog Tomates con genes muestran una de las contradicciones de la agricultura ecológica, según se puede ver en la imagen tomada en un hipermercado Carrefour.

Para empezar ambas marcas llevan el sello europeo de producción ecológica, y además añaden el sello de la agencia que lo ha certificado. Curiosamente una es la gallega y la otra la asturiana. ¿Galicia? ¿Asturias? Claro, «zonas con muchísima tradición en la producción de café». Miro en la etiqueta donde se ha producido y solo encuentro la dirección del importador, que curiosamente, está en Madrid (vaya café más viajado). En uno de los dos especifica que es café de Colombia, aunque no encuentro el logo de “Café de Colombia” que es la silueta de Juan Valdez.

Por lo tanto, no tenemos información sobre el origen. Creo que ya he comentado alguna vez que el tema de la trazabilidad en agricultura ecológica no acaba de estar controlado. Asumiremos que es de sudamérica. Puede ser Colombia, pero también Ecuador o Brasil. La cuestión es que en ninguno de estos países hay un reglamento de producción ecológica. Por lo tanto para poder venderse en Europa con ese sello el certificador tiene que ir y certificar que la producción de ese país se adapte a un standard europeo, que en su país no tiene ninguna validez legal. Obligar a un agricultor a que se adapte a una normativa que no tiene vigencia en su país para poder vender su producto ¿neocolonialismo?

Fuente: Tomates con genes

El consumo de alimentos ecológicos no previene el cáncer

Toca Comer. Frutas y verduras ecológicas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana Según un estudio de la Universidad de Oxford, las mujeres que basan su alimentación en productos ecológicos tienen la misma probabilidad de desarrollar cáncer que otras mujeres que consumen alimentos producidos de manera convencional.

Kathryn Bradbury y sus compañeros de la Cancer Epidemiology Unit de Oxford no han encontrado evidencia alguna de que el consumo regular de alimentos cultivados sin químicos redujera el riesgo total de contraer cáncer.

Los resultados fueron publicados en el British Journal of Cancer.

Los investigadores entrevistaron a unas 600 000 mujeres de 50 años o más, preguntando si comían alimentos ecológicos como parte del Million Women Study. Éstos observaron como muchas de las mujeres desarrollaron 16 tipos de cáncer de los más comunes en un período de nueve años después de la encuesta. Alrededor de 50 mil mujeres desarrollaron cáncer en este periodo.

Los científicos no encontraron diferencias al comparar 180 mil mujeres que nunca probaron alimentos ecológicos, con alrededor de 45 mil mujeres que normalmente se alimentan con este tipo de productos.

Según el autor del estudio, Tim Key, profesor de la Universidad de Oxford:

En este estudio no se encontraron pruebas de que el riesgo global de cáncer en mujeres de mediana edad se redujera si mantenían una dieta a base de productos ecológicos

Los pesticidas son ampliamente utilizados en la agricultura, existiendo una preocupación general por la posibilidad de aumentar el riesgo de cáncer, aunque hasta ahora no ha existido ninguna evidencia lo suficientemente fuerte como para dar respuestas claras.

Las frutas y verduras procedentes de cultivo convencional a veces contienen cantidades muy pequeñas de pesticidas, pero no hay certeza de que éstas aumenten dicho peligro. Aún así aconsejan lavarlas antes de su consumo.

Fuente: Xataka CIENCIA

Licencia CC

La agricultura ecológica: ¿próxima a la implosión?

Toca Comer. La agricultura ecológica: ¿próxima a la implosión?. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Por mucho triunfalismo que exhiban los entusiastas de la agricultura ecológica las cifras siguen bajo mínimos. Realmente representa una fracción ínfima de la alimentación en España, donde no llega al 4% la gente que consume casi todos los días producto ecológico y siendo muy generosos no llega al 20% los que lo consumen una o dos veces por semana. De la misma manera la superficie agrícola destinada a cultivo ecológico sigue siendo ínfima (un 5% del total). 

A pesar de estas cifras modestas están llegando noticias que desde Alemania (el principal consumidor) se está presionando a la comisión Europea para que ponga en vigor una nueva normativa de producción ecológica que sustituya a la actual del 2007  y que esto vaya acompañado de una aplicación más rigurosa. Bueno, pues si esta propuesta triunfa, ya os digo que la agricultura ecológica será como el fin de una estrella, se convertirá en una estrella de neutrones o en una enana blanca o en un agujero negro (gracias @darksapiens), como suele pasar con todos los movimientos que pretenden ser tan ortodoxos y puros que son incapaces de cumplir los requisitos de pureza que exige su propia normativa.

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Acelgas ecológicas en conserva Carrefour con mosca

Acelgas ecológicas, a un precio razonable, pero con un extraño complemento proteico. Veámoslo de cerca:

Toca Comer. Acelgas ecológicas en conserva Carrefour con bichitos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Pues si, parece una mosca de tamaño considerable que no ha podido resistirse a la tentación de unas buenas acelgas. Nótese que el precinto del bote está intacto, por lo que no hablamos de contaminación intencionada. Dicho esto, una contaminación puede pasar en cualquier tipo de producto, pero en general el control y la trazabilidad en los productos ecológicos suele ser más liviano, por eso pasan estas cosas con más frecuencia. Ya avisó el tribunal de cuentas de los importantes fallos en la inspección…

Fuente:  Tomates con genes

Lo mucho que nos cuesta la agricultura ecológica

Ya que estamos en un país más o menos democrático y que gozamos de ciertas libertades individuales, dejemos que cada uno coma lo que prefiera. El problema es cuando la elección de unos pocos la tenemos que pagar entre todos, sobre todo cuando esta inversión pública no tiene un retorno o un beneficio general.

Recientemente la Comisión Europea ha publicado el anuario estadístico sobre agricultura ecológica, que rompe muchos de los mitos establecidos por los defensores de la agroecología.  Para empezar, el dato más preocupante se deja para el final, en un anexo: la financiación que ha dado la Unión Europea a los productores ecológicos.

O sea que del 2007 al 2011 Alemania y Austria han recibido casi 250 millones de Euros. Curiosamente aquí España demuestra que en Europa es el último mono, puesto que aquí tenemos una gran paradoja. Veamos la superficie absoluta sembrada en ecológico por paises (página 11):
Toca Comer. Lo mucho que nos cuesta la agricultura ecológica. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana
Sorpresa, España tiene más superficie ecológica que nadie, pero los que más reciben son Alemania y sorprendentemente Austria, que no podemos decir que sea una potencia agrícola. Resulta que cuando dicen que la agricultura ecológica da dinero porque lo exportamos a Alemania, realmente gran parte de ese dinero lo estamos financiando entre todos a costa de nuestros impuestos. Hay que señalar que esto es solo la financiación Europea. Habría que sumar la de los diferentes gobiernos y comunidades autónomas. La agricultura ecológica cuesta una pasta.

Los defensores de la agroecología argumentan que da más trabajo y que sirve para mantener el medio rural y las pequeñas explotaciones familiares. Pues lo siento, estas dos afirmaciones son falsas. Lo dice el informe y no se molesta en disimularlo.

La agricultura ecológica es una mercado burbujero, ficticio. Realmente no está potenciando la vida rural (eso ya lo hace la agricultura convencional) sino todo el entramado burocrático que tiene alrededor de certificadores, inspectores, capacitadores, ONGs que dan cursos de agroecología etc… En el momento en que desaparezcan las subvenciones, desaparece todo. Ahora en España parece que están cambiando la estrategia. Como la gente pasa de comprar ecológico, y más ahora con la crisis, están presionando para tener el mercado asegurado a costa de fondos públicos ¿cómo? Muy fácil, presionando para que en los hospitales y colegios se sirva comida ecológica. Es una forma bastante rastrera de asegurarse las ventas (y por tanto el negocio de los acreditadores y certificadores) a costa del esfuerzo de todos y de la mermada sanidad y educación pública. Por suerte a los agricultores no les va a afectar puesto que ellos continuaran cultivando la tierra y se ahorrarán los gastos de certificación, aunque perderán la subvención ecológica, pero se puede compensar con el aumento de producción. Pero ¿es justo que lo paguemos entre todos?

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La agricultura orgánica está creando un nuevo colonialismo

Toca Comer. La agricultura orgánica está creando un nuevo colonialismo. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Alexander Grobman trabajó en el primer centro de supercomputación de Perú, en la Junta de Control de Energía Atómica o en grandes corporaciones de semillas como Northrup, King & Co. Ha impulsado proyectos para mantener la diversidad genética de cultivos como el maíz y es defensor de los transgénicos para mejorar la agricultura.

Los agricultores europeos se han visto privados de esta tecnología por cuestión de política, por la fuerza de los partidos verdes en muchos países. En Europa, los agricultores son más ineficientes y la UE equilibra estas ineficiencias con los subsidios, que equivalen al 50% de su presupuesto total. Si en Europa permitieran que entren los transgénicos, podrían bajar bastante esos subsidios, pero también afectaría al consumo de pesticidas, que bajaría, y hay gente de la industria química que tiene intereses. Es complejo.

Muchas ONG, y en algunos casos ciertos Gobiernos de Europa, tratan de llevar la batalla al otro lado del charco, para que también haya un bloqueo a los transgénicos y eso les dé a ellos un estímulo moral. Y en parte lo están consiguiendo. Se está moviendo mucho dinero. En Perú tenemos una plataforma de no a los transgénicos de quince ONG, que tienen gente pagada a tiempo completo: Greenpeace, Third World Network, Oxfam… Pero es que además hay ciertos grupos empresariales que patrocinan los cultivos orgánicos. En Europa algunos grandes productores, como Carrefour, alientan el consumo orgánico y están fomentando el consumo de unos alimentos que al final van más dirigidos a las clases adineradas. Yo no tengo ningún conflicto con eso. Si quieres comprar un orgánico y pagar dos o tres veces más, ese es tu problema, pero mi problema está en que me hagan una campaña contra nosotros, diciendo que somos malos.

El problema es que muchas de estas organizaciones que son fuertes y no solo en Europa sino en EEUU, ya no representan a los pequeños agricultores sino a comerciantes, importadores… Mira por ejemplo el negocio del café. En Perú, un tercio del café que estamos exportando, de alta calidad, es orgánico. Yo tengo una preocupación, porque si alentamos el café orgánico, el productor, que no puede fertilizar ni utilizar insecticidas ni fungicidas para combatir las plagas, tiene rendimientos bajos, casi cuatro veces menos que los que hacen uso de la tecnología. El problema es que si les pagaran ese diferencial en proporción al agricultor por el precio que se paga al final, estaría bien. Pero eso no se lo lleva el agricultor, sino el comerciante o el exportador. Ese dinero al final se queda en Europa y se crea un colonialismo nuevo. Este año, la roya del café [un hongo] ha afectado a 138000 hectáreas en Perú, que se podría haber evitado si se hubiesen utilizado protectores químicos. Esa gente se va a quedar sin ingresos por haber producido café orgánico

Entrevista completa en: Materia

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Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda (censurada)

Toca Comer.  Ecologismo y transgénicos: una propuesta desde la izquierda . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

NOTA IMPORTANTE: Al igual que hace unos días veíamos cómo se censuraba un artículo por parte de Blogger ante una denuncia de Triodos Bank, hoy hemos comprobado que el artículo de Juan Segovia donde daba su opinión sobre los transgénicos ha desaparecido del Mundo Obrero, donde estaba publicado.

El artículo original puede leerse también en la caché de Google: xurl.es/rx8rd

ECOLOGISMO Y TRANSGÉNICOS: UNA PROPUESTA DESDE LA IZQUIERDA
Parece haber una guerra abierta del movimiento ecologista en general y de los partidarios de la “agricultura ecológica” en particular contra una tecnología conocida como ingeniería genética, y más concretamente contra los organismos genéticamente modificados, los famosos transgénicos. Los enemigos de esta tecnología sostienen que dichos organismos son potencialmente peligrosos para el medio ambiente y el consumo humano y que su producción lleva al agricultor a perder control sobre sus productos en favor de multinacionales como Monsanto.


En cambio los defensores de los organismos genéticamente modificados (entre los que me encuentro) sostenemos que no hay estudios que demuestren la supuesta peligrosidad de estos organismos (lo que no quita que pueda haber algún estudio concreto de algún organismo concreto, en situaciones experimentales muy concretas). A esta falta de pruebas sobre la peligrosidad se suman las numerosas pruebas en sentido contrario, como la que apuntan que estos organismos pueden contribuir a mejorar el medio ambiente, ya sea gracias a la capacidad de algunos para resistir a las plagas (lo que conlleva un menor uso de pesticidas), la menor necesidad de agua para su producción en otros casos y un largo etcétera de mejoras que hacen que los cultivos sean más resistentes y productivos. A estas ventajas medioambientales se suman también otras para la salud humana. Un buen ejemplo de ello es el arroz dorado, que de ser producido en grandes cantidades podría evitar más de un millón de casos de ceguera al año por déficit de beta-carotenos en Asia, o el trigo sin gluten que recientemente se ha desarrollado en la Universidad de Córdoba.


En cuanto al tema de la dependencia tecnológica de multinacionales, debemos recordar que la agricultura mundial ya dependía de estas mismas multinacionales antes de que existieran los transgénicos y por lo tanto estos no pueden ser nunca la causa de esta dependencia. No se trata de estar en contra de esta tecnología como forma de oponerse a las multinacionales, de la misma forma que nuestra lucha contra los abusos de Microsoft o Apple no nos llevan a estar en contra de la informática sino a apostar por el software libre y gratuito. De la misma forma, en agricultura deberíamos apostar por algo parecido, un sistema público de desarrollo de esta tecnología que permita al agricultor acceder a la misma libremente, reduciendo o eliminando la actual dependencia con las multinacionales. Un camino que ya han iniciado muchos países, como Cuba, donde el estado financia la investigación sobre semillas transgénicas que posteriormente llegarán a los agricultores a precio de semillas corrientes. Gracias a esta tecnología, Cuba ha comenzado a cultivar un maíz resistente a la principal plaga de la isla, reduciendo su dependencia del maíz de importación y por lo tanto mejorando su soberanía alimentaria.


Sin embargo, el análisis básico de los ecologistas sobre el modelo agrícola actual es sustancialmente correcto: El sistema de explotación capitalista de la agricultura es un modelo insostenible desde el punto de vista medioambiental que está generando numerosos problemas como la erosión y pérdida del suelo, la contaminación de ríos y acuíferos por culpa de los abonos nitrogenados inorgánicos y de pesticidas, pasando por la desecación de esos mismos acuíferos, la generación de residuos sólidos, la deforestación de grandes zonas de selva tropical para obtener tierras de labor, etc. A todo esto debemos sumar que el actual modelo agrícola es socialmente injusto por que dificulta la supervivencia a los pequeños agricultores y favorece que a las multinacionales acaparar cada vez mayor parte del pastel; haciendo que los pueblos sean cada vez más dependientes de estas compañías y convirtiendo la alimentación en un producto para especular en lugar de un Derecho Humano con el criminal resultado de que millones de personas mueran de hambre. no por la falta de producción de alimentos sino a causa de esa especulación que tan vilmente enriquece a unos pocos.


Frente a este modelo, la respuesta ha sido la agricultura mal llamada ecológica u orgánica, cuyos heterodoxos planteamientos pueden ir desde posturas más o menos basadas en propuestas racionales que se apoyan en investigaciones científicas serias hasta en las ideas metafísicos de ciertos grupos, amantes de concepciones esotéricas sobre “lo natural” que defienden la vuelta a un supuesto pasado idílico en el que vivíamos en “armonía con la naturaleza”. Si bien de los planteamientos de estos últimos poco se puede sacar de utilidad, lo cierto es que gracias a los primeros tenemos conceptos tan valiosos como el de lucha integrada contra las plagas, la combinación de cultivos para aumentar la resistencia frente a enfermedades, el compostaje, la protección del suelo mediante setos y/o técnicas de laboreo adecuadas y otras propuestas que suponen una valiosa contribución a un futuro modelo de agricultura sostenible que garantice el derecho de la humanidad a una alimentación sana y de calidad. Muchos de los defensores de la tecnología transgénica califican a la agricultura ecológica de anticientífica y a sus partidarios de tecnófobos radicales que rechazan irracionalmente el avance tecnológico. Postura esta última irracional, absurda e insostenible, ya que si bien es cierto que dentro de este movimiento hay mucho new age pasado de peyote; lo cierto es que, como reza el dicho, no todo el monte es orégano y agricultores ecológicos hay de muy diverso pelaje: desde luditas radicales a simples agricultores convencionales que ven una oportunidad de conseguir con la moda de “lo orgánico” mejores mercados y un precio más justo por su producto. No obstante, la mayoría de ellos comparten una preocupación genuina por el medio ambiente y la búsqueda de un modelo agrícola alternativo que sea medioambientalmente sostenible y que garantice la soberanía alimentaria de los pueblos. Algo con lo que desde un planteamiento de izquierdas difícilmente puede estarse en contra.


Desgraciadamente, hoy en día estas técnicas por si solas no pueden competir ni de lejos en producción con las de la agricultura tradicional. El producto ecológico es un producto caro que sólo tiene futuro gracias a un sector de la población que posee dos características muy específicas: un poder adquisitivo suficiente para poder hacer frente al sobreprecio que supone esta forma de explotación y la creencia de que estos productos son mejores para su salud personal o que dicho producto tiene ciertas cualidades organolépticas superiores (el consabido tomate “que sabe a tomate de los de antes”) que le lleva a pagar ese sobreprecio. Así, lo que en principio pretende ser una respuesta contra la agricultura capitalista, acaba siendo integrado en este sistema como (ironías de la vida) un producto de lujo. A esto ha contribuido enormemente el hecho de que para considerar a un producto como “ecológico” no tiene que probar que es ambientalmente sostenible, sino solamente que en su producción no se han utilizado productos químicos de síntesis. Es decir, que unos kiwis producidos en Nueva Zelanda sin productos químicos de síntesis y transportados a Europa por avión obtendrían su sello de orgánicos pese a que la huella ecológica debida a ese transporte por avión sea posiblemente muy superior a la de cualquier producto cultivado en las cercanías del lugar de consumo, sea o no orgánico. De la misma forma, será considerado ecológico un producto abonado con abonos orgánicos, aunque estos sean utilizados excesivamente y contaminen (que también pueden) un cauce de agua próximo.


Debemos entender que la actual agricultura ecológica no es hoy en día una alternativa, sino una parte más del modelo capitalista de explotación agrario, que con el marketing de la defensa de “lo natural” tiene como público objetivo a las clases más pudientes de dicho sistema. Plantear una batalla agricultura ecológica contra convencional carece de sentido pues ambas se encuentran integradas en el modelo de mercado capitalista, cada una dirigida a grupos de consumidores diferentes, uno más generalizado y el otro más especializado y pudiente. Frente a esto debemos plantearnos un modelo de producción agraria diferente que sea realmente sostenible para el planeta, que permita garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos y una buena calidad de vida al agricultor, y que al mismo tiempo proporcione alimentos de calidad a un coste asequible para cualquier persona. Un modelo así requiere tener en cuenta una gran cantidad de factores, desde los sociales y económicos relacionadas con los medios de producción y la propiedad de la tierra hasta los relacionados con los métodos de producción, como las técnicas de cultivo para emplear o la selección de plantas adecuadas. En este modelo sostenible los transgénicos son una herramienta agrícola más que contribuyen con semillas más resistentes tanto a enfermedades y plagas como a sequías o heladas. Desde esta perspectiva basada en el concepto de producción integrada sostenible, la soberanía alimentaria de los pueblos y la consideración del derecho a comer como un derecho humano fundamental que debe ser garantizado por los poderes públicos mundiales, los cultivos transgénicos son perfectamente compatibles con los planteamientos ecologistas, pudiendo convertirse en una tecnología extremadamente valiosa en la consecución de esos objetivos.


Juan Segovia. Militante del PCA e Izquierda Unida Andalucía y miembro del grupo promotor del Área de Ciencia en Izquierda Unida. Twitter: @juanillosegovia

Fuente: eparquio ddelgado

Efectos en la salud relacionados con la nutrición de los alimentos orgánicos: una revisión sistemática

Toca Comer. Leche orgánica. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Se realizaron búsquedas sistemáticas en PubMed, ISI Web of Science, CAB Abstracts y Embase  entre el uno de enero 1958 y 15 septiembre 2008 (y actualizada hasta el 10 de marzo de 2010), estableció contacto con expertos en el tema, y  búsquedas manuales. Se incluyeron los artículos revisados ​​por pares con resúmenes en inglés si mostraban una comparación de los resultados de salud que resultaron de consumo o exposición a orgánicos en comparación con los alimentos producidos convencionalmente.

Resultados

De un total de 98727 artículos, se identificaron 12 estudios relevantes. Se utilizó una variedad de diferentes diseños de estudio, hubo ocho informes (67%) de los estudios en humanos, que incluyen seis ensayos clínicos, estudios de cohortes 1 y un estudio transversal y cuatro informes (33%) de los estudios en animales o humanos líneas celulares o suero. Los resultados del estudio más grande sugirieron una asociación de consumo notificado de productos lácteos estrictamente orgánicos con un riesgo reducido de eccema en lactantes, pero la mayoría de los estudios restantes no mostraron evidencia de diferencias en los resultados de salud relacionados con la nutrición que resultan de la exposición a la orgánica o producida de forma convencional de los productos alimenticios. Dada la escasez de datos disponibles, la heterogeneidad de los diseños de estudio utilizados, las exposiciones a prueba, y los resultados de salud estudiados, sin metanálisis cuantitativo estaba justificada.

Conclusión

A partir de una revisión sistemática de la literatura publicada disponible, no hay pruebas de efectos en la salud relacionados con la nutrición que se derivan del consumo de productos alimenticios ecológicos.

Artículo completo en: The American Journal of CLINICAL NUTRITION

El mito de la biodiversidad en la agricultura ecológica.

Toca Comer. El mito de la biodiversidad en la agricultura ecológica.. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Uno de los mitos que aducen los defensores de la agricultura ecológica es el presunto respeto a la biodiversidad. Este respeto tiene dos vertientes, por un lado según ellos se utilizan variedades locales y más especies agricolas. Parece ser que eso implica más biodiversidad, por otro, las técnicas son más respetuosas con el medio ambiente y menos agresivas con las especies silvestres. Como suele pasar, estas afirmaciones se lanzan porque suenan bien, pero no se molestan en aportar los datos que los apoyen. Resulta que no necesariamente son ciertas.

Para empezar la agricultura siempre tiene un impacto negativo en la biodiversidad. Este impacto empieza en el mismo momento que metes una azada en el campo, alterando el equilibrio y eliminando las especies vegetales nativas (también llamadas malas hierbas), y con ellas todo el ecosistema del que dependen (insectos, microorganismos, etc…). Pensar que estás respetando la biodiversidad porque alternas diferentes especies es pretender decir que has salvado el planeta del calentamiento global porque has cambiado tu cocina de gas por una eléctrica. Todas las especies domesticadas son artificiales, por lo tanto, el impacto sobre la biodiversidad lo vas a hacer igual siembres una o cinco variedades de tomates. Lo de las variedades locales también es un genial tranquiliza conciencias, pero de escasa relevancia. Parece que seas más concienciado si siembras una variedad y dices que es local, exhibiendo una extraña xenofobia agraria. La realidad es que cualquier variedad local originalmente fue una variedad foránea. No me imagino que nadie le hubiera hecho caso a algún defensor de las variedades locales el día que se plantó el primer naranjo en Valencia, el primer olivo en Jaén, el primer tomate en Murcia o el primer pimiento en Almería (en algún caso apenas han pasado 50 años). Y geneticamente la variedad local de tu pueblo viene a ser como al del pueblo de al lado. Mantenerlas es interesante por mantener el fondo genético, algo que hacen de forma profesional y competente los bancos de germoplasma, pero imponerlas a los agricultores sin que exista una demanda de mercado, es una garantía de fracaso seguro. No olvidemos que si en algún momento una variedad ha sido desplazada por otra, es porque la otra presentaba unas mejores características para el agricultor, el distribuidor o el consumidor. La conjunción de estos tres factores es la que decide que variedades triunfan y cuales no, pretender imponer otras variedades por motivos ideológicos, es, en la mayoría de los casos, fastidiar los ingresos del agricultor.

Pero vamos a la segunda parte. Muchos argumentan que las técnicas de producción ecológica son más respetuosas con al biodiversidad por ser ecológicas. Pues resulta que no. Una técnica o un insumo se autoriza para agricultura ecológica si lo que se utiliza es natural, no por conceptos como especificidad o biodegradabilidad que serían mucho más relevantes. Por ejemplo, el insecticida estrella en producción ecológica es el Espinosad, (aquí teneis la info. técnica)  tremendamente tóxico para las abejas. Este pequeño detalle parece que se les ha escapado a los promotores de la campaña para prohibir los neonicotinoides argumentando que así salvarán a las abejas, por cierto, de aprobarse la propuesta, el impacto sobre las poblaciones de abejas será nulo, pero sobre la agricultura europea será tremendo, y dado que Marruecos piensa seguir utilizándolo, volvemos a poner a nuestros agricultores en la picota e incapacitados para competir de igual a igual.

Artículo completo en: Los productos naturales ¡Vaya timo!

Historia de Tatiana Vertani, la pseudoambientalista

Toca Comer. Historia de Tatiana Vertani, la pseudoambientalista. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En Kien y Ke nos cuentan la historia de Tatiana Vertani, a quien presentan como alguien que se salió del ‘sistema’ (?) y que vive en armonía con la madre Tierra, o lo que sea; hasta que uno se encuentra los horribles detalles de esta historia:

Tatiana aprendió a cultivar y a hacer sus alimentos: mantequilla, tortas, pan, quesos, mermelada, ajonjolí, granola y otras comidas que le hicieron más fácil dejar de depender del dinero y comer una dieta orgánica. Después vendría el truque, otro estilo de vida alternativo. De esta forma mientras alguien produce shampoo orgánico alguien se lo cambia por mano de obra en alguna construcción u otro objeto. “Son muchas las personas que están en esta corriente y que viven de otra forma, por eso es posible ayudarnos y aprender siempre algo nuevo”.

De hecho, esto no es salir del ‘sistema’. En primer lugar, la industria ecológica genera millonadas de dólares.

En segundo lugar, la ‘ideología’ orgánica no es más que una corriente hipster de indulgencia elitista, pseudocientífica plagada de bombo. De hecho, la arrogancia de Vertani con su preferencia pseudoambientalista queda perfectamente plasmada en la nota:

La ideología ecológica de Tatiana aumentó con su contacto con los Kogui, a los que ayudó a difundir su marca de café orgánico a través de fotos y videos. “Trabajamos a su ritmo. Aparecen y desaparecen, pero nos enseñaron a respetar a la verdadera Madre. Ellos sí la tienen súper clara porque respetan cada bosque que talan. Están muy conectados y le piden a la tierra permiso antes de hacer cada cosa”.

Ahh, entonces está mal si un occidental lo hace, pero cuando un kogui lo hace no hay problema, porque este tiene el delirio de que el planeta es un ser vivo.

Por si no fuera suficiente, Vertani además es una promotora de la locura antivacunas:

Hace varios años también ella, su novio y varios amigos abandonaron el sistema de salud. “Somos lo que comemos y nosotros nos nivelamos con eso. Muchas personas ya no vacunan a sus hijos y nunca se enferman porque comen saludable”.

Sí – los kogui nuuuuuunca se mueren.

Fuente: DE AVANZADA

Residuos de pesticidas y marketing del miedo

Toca Comer. Residuos de pesticidas y marketing del miedo.. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La quimiofobia es un buen argumento para vender, sobre todo comida. La estrategia consiste en asustarte diciendo que nos están envenenando con las porquerías que ponen en la comida para acto seguido venderte su producto, que por supuesto es natural, sin conservantes ni colorantes (aunque suela haber un asterisco que ponga sin colorantes ni conservantes «añadidos»). Por otra parte una forma de publicitar los productos ecológicos es decir que son más sanos porque los productos convencionales tienen restos de pesticidas y los ecológicos no, y según afirman, esos restos de pesticidas pueden suponer un problema para la salud. El problema, como siempre, viene de contrastar esta publicidad con la realidad, porque acaba quedando claro que es un ejemplo más de publicidad engañosa. No olvidemos que la consumo ecológico es minoritario, y prácticamente nadie puede basar el 100% de su alimentación de productos ecológicos, es decir, que cerca del 90 % de la población se alimenta a base de los «malísimos» alimentos convencionales y el 100% de la población los consume de alguna u otra forma. El volumen de población es suficientemente elevado como para hacer un estudio en condiciones, puesto que si estas afirmaciones son ciertas, todos nos estamos envenenado. Pues lo cierto es que la esperanza de vida sigue subiendo y España goza con la más alta de Europa, a pesar de estar en la cola de consumo de alimentos ecológicos. Este aumento puede tener la consecuencia negativa de que aumenten enfermedades asociadas con la edad como puede ser el cáncer. Incluso con esto, la mortalidad por cáncer está bajando, principalmente por el aumento del diagnóstico precoz. Por lo tanto, vender algo «natural» o «ecológico» argumentando que lo convencional es tóxico, es rotundamente falso.

Por lo tanto si alguien te vende comida ecológica diciéndote que la convencional te está envenenando por los pesticidas, te está engañando. La comida es segura. Las trazas que puedan aparecer en general están dentro de los límites. Y los ecológicos no están libres de pecado ni de pesticidas.

Artículo completo en:  Los productos naturales ¡vaya timo!

Peligro de las huertas en los balcones

Toca Comer. Peligro de las huertas en los balcones. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Es habitual que bastante gente anden implicados en esta suerte de autoabastecimiento. Es una tendencia bastante creciente en el mundo de los «ricos» y parece estar admitido que proporciona alimentos más saludables que los que nos venden en el comercio, por aquello de los plaguicidas (que no pesticidas, una mala traducción del inglés), la menor posibilidad de contaminación microbiana, ausencia de transporte entre el productor y el consumidor y otra serie de parámetros que permiten adjudicar a esa actividad, un tanto zen, el adjetivo de «sostenible».

Science for Environmental Policy es un boletín de alertas en temas ligados al medio ambiente, patrocinado por la Unión Europea. En un número publicado este martes, resumían los diez artículos más descargados de su web entre todos los referenciados en sus boletines a lo largo de 2012. Y el top es un artículo titulado: ¿Es saludable la horticultura desarrollada en áreas de tráfico intenso?. En él se analizan las concentraciones en metales pesados de diversos productos agrícolas cultivados en balcones y terrazas del centro de Berlín.

Los niveles detectados dependen mucho del metal investigado y de la especie que crezca en el balcón. Por ejemplo, el tomate tiene niveles mucho más bajos de plomo que la acelga, la menta acumula mucho más cromo que las judías verdes o las zanahorias y así podíamos seguir con resultados del mismo tenor. Pero, como conclusión general, las diferentes hortalizas y similares investigadas tienen niveles mucho más altos de cadmio, cromo, plomo, zinc, niquel y cobre que sus parientes vendidas en supermercados de la zona. Así que de saludables nada. Pero que no cunda el pánico, que no voy a hacer sangre con el dato.

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