Terapias alternativas en ganadería en la Universidad de Santiago de Compostela

Toca Comer. Terapias alternativas en ganadería en la Universidad de Santiago de Compostela . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Cuando uno decide dejar de lado la evidencia científica más elemental y asume algo tan acientífico como la agricultura ecológica, es más fácil que crea en otra pseudociencia. Solo hay que ver las numerosas ferias de agricultura ecológica en las que los stands de productos ecológicos (con el sello o no) aparecen todo tipo de terapeutas alternativos, sanadores y echadores de cartas, por lo que uno puede llevarse a casa unas manzanas ecológicas que le cuestan el triple que en cualquier supermercado y además revitalizarse el aura, es decir, que consigues que en el mismo viaje te abran los chakras y la cartera.

Como dice JM Mulet en su entrada Pseudociencia, homeopatía y ganadería ecológica universitaria, el «pack de agricultura ecológica-pseudomedicina no es algo esporádico o una decisión individual de algunos, sino que es algo inherente a la agricultura ecológica». Y como prueba cita el Congreso sobre terapias alternativas en ganadería organizado por la Universidad de Santiago de Compostela. Congreso que, como indica su programa, incluirá prácticas tan acreditadas como la homeopatía, la acupuntura, la quiropráctica o incluso la «etnoveterinaria», es decir, el estudio de técnicas ancestrales para el cuidado del ganado.

Lo cual está muy bien: como todos sabemos, antiguamente los animales estaban sanísimos, no había ningún problema de seguridad alimentaria y los ganaderos obtenían de ellos un rendimiento económico óptimo, pero si eso nos falla siempre podemos tratarlos con agua milagrosamente dinamizada, clavándoles agujas en sus meridianos o haciéndoles un ajuste que elimine sus subluxaciones vertebrales, técnicas todas ellas tan inocuas para el medio ambiente y tan efectivas para el tratamiento de enfermedades como, no sé, el agua de Lourdes, las danzas rituales bajo la luz de la luna o el entierro de cuernos rellenos de boñiga de vaca.

En fin, que seguro que en la Universidad de Santiago habrá quien esté orgulloso de estas cosas. De hecho, hasta presumen de ello en su Xornal. Pero tampoco faltan quienes, desde fuera y hasta desde dentro de la Universidad (como quienes están denunciando este despropósito en las redes sociales, o quienes nos han mandado un correo electrónico avisándonos del disparate) consideran que con este tipo de cosas lo único que hace la USC es llenarse de… bueno, de abono ecológico.

P.S.: Pueden ayudar a difundir la entrada de JM Mulet a través de este enlace.

Fuente:  La Lista de la Vergüenza

Peligro de los llamados «productos naturales beneficiosos para la salud»

Toca Comer. Peligro de los llamados

El crecimiento del mercado de los llamados productos naturales beneficiosos para la salud (Natural Health Products, NHP, es el término que usa la literatura anglosajona), crece sin pausa en el mundo occidental. Recientes publicaciones indican que el 60% de los americanos, el 50% de los europeos y hasta el 71% de los canadienses usan alguno de esos productos, con cifras de negocio de billones americanos de dólares. En el caso de Canadá, se estima que un 37% los consume diariamente en forma de un amplio segmento que incluye vitaminas, hierbas medicinales, suplementos, homeopatía, etc. Además, con el fenómeno de la globalización, pueden encontrarse en el mercado, con relativa facilidad, productos provenientes de culturas como la china o la asiática, sin que estén sujetos a protocolos específicos que permitan saber la composición de los mismos. Como resultado de ello, algunas Agencias gubernamentales que velan por la salud de sus ciudadanos han comenzado a evaluar los posibles riesgos de este tipo de productos no convencionales.

En junio de 2011, el primer aviso serio lo dió el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) del Gobierno americano que, en el duodécimo informe sobre productos cancerígenos, introducía en la lista de tales a la familia de los ácidos aristolóquicos que se encuentran en cantidades apreciables en plantas como la Aristolochia y la Asarum (el jengibre salvaje), que forman parte de muchos preparados de la medicina herbal china. La HHS advertía entonces que existen datos suficientes como para asegurar que el consumo de esas plantas incrementa el riesgo de cáncer de vejiga y del tracto urinario.

En noviembre del pasado año, investigadores canadienses y suecos [Plos One 7(11), 1-12 (2012)] han añadido un elemento más a considerar. En un trabajo en el que se estudian un total de 121 preparados provenientes de diversos ámbitos (incluyendo medicina china, ayurvédica o la basada en productos marinos) además de 49 medicamentos convencionales, los investigadores han analizado dichas muestras a la búsqueda de elementos tóxicos como mercurio, cadmio, plomo, arsénico, antimonio y un corto etcétera.

Las conclusiones del artículo son bastante ilustrativas, muchos de los elementos contaminantes investigados se han encontrado tanto en los preparados que hemos denominado arriba como NHP, como en los medicamentos. Sin embargo, cuando se pasa lista de aquellos que contienen esos elementos tóxicos por encima de los límites establecidos como seguros por las agencias, un relativamente pequeño porcentaje de los productos «naturales», frente a ninguno de los medicamentos, contenían niveles por encima de los peligrosos de mercurio, cadmio, plomo, arsénico y aluminio. Y eso era particularmente evidente en determinados preparados chinos en lo tocante al mercurio y al aluminio.

Como dicen los autores del artículo al final del mismo, «aunque es obvio que hay una menor presión social sobre los efectos secundarios de estos preparados, en comparación con la que se hace sobre la industria farmaceútica, los contaminantes mencionados aparecen en ellos de forma no infrecuente, con lo que resulta evidente la necesidad de regular el control de la composición de dichos preparados«.

Fuente: EL BLOG DEL BÚHO Un alegato contra la Quimifobia

Los alimentos orgánicos no son más sanos que los habituales, aunque su precio es abusivo

Toca Comer.   Los alimentos orgánicos no son más sanos que los habituales, aunque su precio es abusivo. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La popularidad de los productos orgánicos ha crecido considerablemente en los últimos años pese a que en ocasiones el precio de estos alimentos llega a ser el doble que el de los convencionales. ¿Vale la pena el gasto? Según un estudio de la Universidad de Stanford, cuyas conclusiones han sido dadas a conocer en Annals of Internal Medicine, los alimentos orgánicos no parecen ser más saludables que los convencionales.

El estudio consistió en analizar 240 artículos científicos relacionados con esta materia, que también indica que no existen apenas diferencias entre ambos tipos de alimentos. La investigación ha sintetizado los resultados de 17 estudios realizados con humanos con alimentación orgánica y convencional y 223 que comparaban los niveles de nutrientes, bacterias o contaminación por pesticidas en ambos tipos de alimentos. Tan solo un nutriente, el fósforo, aparece en mayor medida en los alimentos orgánicos, algo que, según los investigadores, no tiene mucha relevancia clínica.

También hay una diferencia entre los niveles de pesticidas detectados, ya que los alimentos orgánicos poseen un 30% menos de riesgo de contaminación que los productos convencionales. Con todo, los autores del estudio aseguran que las frutas y verduras orgánicas no están totalmente libres de pesticidas y que, de todas maneras, toda la comida suele estar dentro de los límites permitidos.

Así pues, los resultados apoyan [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] del Reino Unido sobre las afirmaciones de la industria de productos orgánicos.

Fuent: Xataka Ciencia

Bajo licencia Creative Commons

Uno de los muchos problemas tras la agricultura ecológica

Toca Comer.  Uno de los muchos problemas tras la agricultura ecológica. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Según la Unión Europea, la agricultura ecológica es un sistema de producción agrícola que proporciona al consumidor alimentos frescos, sabrosos y auténticos, al mismo tiempo que respeta los ciclos vitales de los sistemas naturales. Para ello, siempre según la UE, se basa en una serie de objetivos y principios, así como en unas prácticas comunes diseñadas para minimizar el impacto humano en el medio ambiente, mientras se asegura que el sistema agrícola funciona de la forma más natural posible.

En el libro Los Productos Naturales, ¡Vaya Timo!, aparece lo siguiente:

(…) Otro problema serio de salud relacionado con la agricultura ecológica lo ocasiona su exaltación enfermiza de la coprofilia. El artículo 12 del reglamento de 2007 prohíbe el uso de fertilizantes nitrogenados a favor del “estiércol animal o materia orgánica, ambos de preferencia compostados, de producción ecológica”. Utilizar únicamente estiércol es también un problema. El estiércol presenta una serie de microorganismos contaminantes, entre ellos la temible cepa de E. coli O157:H1. La probabilidad de intoxicarse por coliformes fecales es ocho veces mayor en la producción ecológica que en la convencional. Y no son números vacíos. En 1997, varias intoxicaciones relacionadas con la producción ecológica ocasionaron 21 muertes en el condado inglés de Lancashire. En 2007 una cosecha de espinacas ecológicas causó en California 200 infecciones, de las que tres acabaron en muerte. Por tanto, si te invitan a una ensalada ecológica, asegúrate de que la lechuga esté muy muy muy limpia. Si no, te arriesgas a comer caca.

Después de la gran polémica desatada por los pepinos españoles a finales de mayo de 2011 como causantes del raro y letal brote de E. coli O104:H4, todos los datos apuntan que de nuevo la culpa tras estos brotes de E. coli se encuentran en la agricultura ecológica.

Más concretamente, todas las evidencias apuntan a unos brotes de soja y otras semillas cultivados mediante agricultura ecológica en Bienenbüttel, en la Baja Sajonia alemana. El número total de infectados registrado se acercó a las 4 000 personas, con un total de 42 muertos.
Leer más: http://recuerdosdepandora.com/ciencia/biologia/uno-de-los-muchos-problemas-tras-la-agricultura-ecologica/#ixzz1tdL9Jr2e
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Comparación entre agricultura orgánica y tradicional

Toca Comer. Agricultura orgánica. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Numerosos informes han puesto de relieve la necesidad de cambios importantes en el sistema alimentario mundial: la agricultura debe responder al doble desafío de alimentar a una población creciente, con el aumento de demanda de dietas ricas en carne y   calorías, mientras que al mismo tiempo ha de reducir al mínimo su impacto en medio ambiente mundial. La agricultura orgánica, un sistema destinado a la producción de alimentos con el mínimo daño a los ecosistemas, animales o seres humanos, se propone a menudo como una solucion. Sin embargo, los críticos argumentan que la agricultura orgánica puede tener rendimientos más bajos y, por tanto, necesita más tierra para producir la misma cantidad de alimentos que las explotaciones campesinas convencionales, dando como resultado deforestación más extendida y pérdida de biodiversidad, socavando así los beneficios ambientales de la practica orgánica.
Se utiliza un meta-análisis para examinar  rendimiento relativo de los sistemas agrícolas orgánicos y convencionales a nivel mundial. El análisis de los datos disponibles muestran que, en general, los rendimientos orgánicos son generalmente más bajos que los convencionales. Sin embargo, estas diferencias de rendimiento son altamente contextuales, dependiendo del sistema y las características del sitio, y van desde un 5% de los rendimientos orgánicos de secano en las legumbres y plantas perennes (en los suelos alcalinos de acidez débil), el 13% de los rendimientos (mejor cuando las prácticas orgánicas se utilizan), a los rendimientos un 34% inferiores (cuando los sistemas convencionales y ecológicos son más comparables). Bajo ciertas condiciones, es decir, con buenas prácticas de gestión, determinados tipos de cultivos y sistemas de cultivo orgánicos  son casi equiparable a los convencionales, mientras que en otros, en la actualidad no se puede.
Para establecer la agricultura orgánica como una herramienta importante en la producción sostenible de alimentos, los factores que limitan los rendimientos orgánicos tienen que ser más comprendidos, junto con las evaluaciones de los muchos beneficios sociales, ambientales y económicos de los sistemas agrícolas orgánicos.

Ampliar en: Nature

Carta a un ecologista

Toca Comer. Carta a un ecologista. Marisol Collazos Soto

Albert Concepción*

Apreciado ecologista:

Espero que a la recepción de ésta te encuentres bien de salud. Yo sí lo estoy a pesar de que consumo alimentos elaborados con soja transgénica sin ningún problema y convencido de su seguridad.

Como habrás leído en los periódicos, en los últimos meses se ha desatado una gran alerta en torno a la pertinaz sequía que estamos sufriendo en España. Lamentablemente, ésta es una situación que viven muchos países, en especial los países en vías de desarrollo y que sólo puede enfrentarse de dos maneras, aunque con diferente resultado.

Una es practicando un ritual denominado danza de la lluvia, que consiste en dar saltos alrededor de una hoguera entonando cánticos que los mortales no entendemos, pero que, al parecer, tienen milagrosos efectos en los dioses que propician las precipitaciones. La otra es la aplicación de innovaciones tecnológicas a la agricultura. Ninguna de las dos ha logrado hasta ahora resultados en lo que respecta a generar lluvias, pero la segunda empieza a parecer útil para combatir la falta de agua.

Aunque ignoro la razón, me consta que vosotros no estáis muy conformes con el uso de las tecnologías, pero como comparto con vosotros la voluntad de contribuir a un mundo mejor, me voy a permitir daros unos cuantos consejos que, sin duda, van a contribuir a enfrentar mejor problemas como la sequía o la falta de alimentos en el mundo.

Mi primer consejo es que dejéis de una vez de engañar a los pobres ciudadanos con los supuestos beneficios de los productos orgánicos. Como sabéis, aunque no lo reconozcáis, este tipo de alimentos no sólo no aportan ninguna ventaja, sino que al necesitar el triple de superficie cultivable para producir lo mismo malgastan recursos indispensables como el agua e impiden utilizar las tierras para lo que realmente se necesitan: alimentar a la gente en lugar de sacarle la pasta vendiéndoles productos que ni son más sanos ni más seguros.

Por supuesto, tenéis todo el derecho a ofrecer vuestros cultivos a quién quiera y pueda pagarlos; pero, por favor, dejad de engatusar al personal y recordad las sabias  frase del
prestigioso biólogo indio CJ Prakash: “Lo único sostenible de la agricultura orgánica es que  sostiene la pobreza y la malnutrición”

Mi segundo consejo es que, de una vez por todas, dejéis de poner trabas sin sentido a la aplicación de la tecnología en la agricultura. Vuestra actitud anticientífica y antisocial ha hecho ya  que muchas empresas y organismos dejen de investigar en prometedores cultivos pensados para combatir la sequía o para incrementar la producción y la eficiencia. Es decir, para consumir menos agua y producir más alimentos. No obstante, como soy muy consciente de que estas nimiedades no forman parte de vuestros objetivos, temo que os voy a tener que dar un último consejo: disolved vuestras organizaciones; de este modo, las inútiles subvenciones públicas con las que os pagáis los sueldos podrían utilizarse en investigación científica que, sin duda, contribuiría más que vuestra letanía al bienestar de los ciudadanos.

Sin más por el momento, quedo a vuestra entera disposición en @aconcepcin

*Albert Concepción Simón (Barcelona, 1962) es periodista y asesor de comunicación en la agencia Docor Comunicación. Licenciado en Ciencias de la información por la Universidad Autónoma de Barcelona. Apasionado por la información sobre salud, ciencia y calidad de vida. Miembro del Col·legi de Periodistes de Catalunya y de la Asociación Nacional de Informadores de Salud (ANIS)

Los alimentos orgánicos pueden ser una fuente insospechada de arsénico en la dieta

Toca Comer.araba de arroz ecológico, un peligro por el arsénico. Marisol Collazos Soto
Como la gente busca los regímenes dietéticos más saludables, a menudo recurren a los productos etiquetados como «orgánicos». Sin embargo, está al acecho  un ingrediente que puede ser una fuente oculta de arsénico, un elemento conocido por ser tóxico y potencialmente cancerígenos.

El jarabe de arroz orgánico se ha convertido en una alternativa preferida a la utilización de jarabe de maíz alto en fructosa como edulcorante en los alimentos. El jarabe de maíz alto en fructosa ha sido criticado como una sustancia altamente procesada que es más dañino que el azúcar y es un contribuyente importante a la epidemia de obesidad. Por desgracia, el jarabe de arroz integral orgánico no está exento de problemas.

Investigadores de Dartmouth y otros han llamado anteriormente la atención sobre la posibilidad del consumo de niveles nocivos de arsénico a través de arroz, y el jarabe de arroz integral orgánico puede ser el último culpable en la escena.

Con la introducción de jarabe de arroz integral orgánico en la elaboración de alimentos, incluso el consumidor inteligente sin saberlo, puede sufrir la ingestión de arsénico. Reconociendo el peligro, Brian Jackson y otros investigadores de Dartmouth llevaron a cabo un estudio para determinar las concentraciones de arsénico en los alimentos comerciales que contienen jarabe de arroz integral orgánico, incluyendo fórmulas para bebés, barras de cereales / energéticos y alimentos de alta concentración en energía utilizados por los atletas de resistencia.

Los resultados fueron alarmantes. Una de las fórmulas infantiles tenían una concentración de arsénico total de seis veces la cantidad límite permitida por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA)  en el agua potable  que es de 10 partes por billón (ppb) de arsénico total. Las barras de cereales y alimentos energéticos que utilizan jarabe de arroz integral orgánico también tenían mayores concentraciones de arsénico que aquellos sin el almíbar.

Jackson, director del  Trace Element Analysis Core Facility  en Dartmouth y miembro del  National Institute of Environmental Health Sciences (NIEHS), financiado por el Superfund Research Program, es el autor principal del estudio publicado el 16 de febrero 2012, en Environmental Health Perspectives. Sus colaboradores incluyen a investigadores de Dartmouth en la EPA y el EPA and NIEHS‑funded Children’s Environmental Health and Disease Prevention Center.

Jackson y sus colegas compraron productos comerciales de alimentos que contienen jarabe de arroz integral orgánico y los compararon con productos similares que no contienen el jarabe. Diecisiete fórmulas para lactantes, 29 barras de cereales, y tres energéticos fueron todos adquiridos de las tiendas locales en el área de Hanover, NH.

De las 17 fórmulas lácteas infantiles que han sido evaluados, sólo dos habían con jarabe de arroz integral orgánico como ingrediente principal. Estas dos fórmulas, una a base de productos lácteos y otra a base de soja, eran extremadamente altos  en concentración de arsénico, más de 20 veces mayor que las de otras fórmulas. La cantidad de arsénico inorgánico, la forma más tóxica, encontrado fue un promedio de 8.6 ppb para la fórmula a base de lácteos y de 21.4 ppb de la fórmula de soja.

Esto es preocupante porque estas concentraciones son comparables a, o mayor que, el límite de corriente de agua potable EE.UU. de 10 ppb, y dicho límite no tiene en cuenta el bajo peso corporal de los lactantes y el correspondiente aumento en el consumo de arsénico por kilogramo de peso corporal .

Los investigadores de Dartmouth también analizaron 29 barras de cereal y tres tipos (sabores) de un producto energético obtenido a de un supermercado. En veintidós de las barras  figuran por lo menos uno de los cuatro productos de arroz orgánico jarabe de arroz integral, harina de arroz, grano de arroz, copos de arroz entre los primeros cinco ingredientes. Las barras de cereales variaron de ocho a 128 ppb en el contenido total de arsénico, los que no tenía los ingredientes de arroz fueron los más bajos en arsénico y varió de ocho a 27 ppb, mientras que los que sí contenían un ingrediente del arroz osciló entre 23 y 128 ppb de arsénico total.

Con la cobertura de noticias actual se da la posibilidad de que los consumidores sepan que el arroz contiene arsénico, y que  puedan tener en cuenta que los cereales / barritas energéticas que contienen ingredientes de arroz también podría contener arsénico.

Los autores señalan que, «Por el contrario los alimentos energéticos, así como los preparados para lactantes, no sería inmediatamente evidente para el consumidor que éstos también tienen el arroz como producto base». Uno de los tres sabores de bebidas  energéticas probada mostró 84 ppb de arsénico total (100 por ciento de arsénico inorgánico), mientras que los otros dos presentaron 171 ppb de arsénico total (53 por ciento de arsénico inorgánico).

Jackson y sus colegas concluyen que en vista de la creciente prevalencia de arsénico oculto en los alimentos, y la ausencia de regulaciones de EE.UU. en esta área, «hay una necesidad urgente de  fijar los límites reglamentarios sobre arsénico en los alimentos. »

Fuente: MedicalXpress

 

La leche ecológica no tiene ventajas nutricionales ni para la salud

Toca Comer. Leche ecológica, un fraude. Marisol Collazos Soto
La leche, es un alimento que da mucho que hablar, sobre todo desde que existe internet. Es un alimento que tiene que soportar abundantes bulos y ataques: Que si da cáncer, que si no hay quien la tolere, que si no es digestiva y da alergias…  la mayoría absurdos y falsos, como por ejemplo en este post sobre  leche y el cáncer. Parece que a muchas dietas de moda les gusta ponerla en su punto de mira, porque como ya se sabe, los argumentos suenan más sólidos cuando hay un «malo» a quien echar la culpa de todo, como en los juicios.

Según  un estudio publicado en la prestigiosa revista científca Journal of the American Dietetic Asociation,  se llega a la conclusión: que la cantidad de nutrientes (grasas, proteínas y sólidos no grasos) es similar, la de tóxicos (antibióticos y  recuentos bacterianos) también y la de hormonas (somatotropina, insulina-como factor de crecimiento-1 [IGF-1 ], estradiol y progesterona) lo mismo.  Sin embargo el precio es muy superior.

Recogieron 334 muestras de leche procedente de 48 estados, y la conclusión es que las indicaciones de las etiquetas no se relacionaron con las diferencias significativas en las variables de  composición medida de la leche. Es importante que los profesionales de la alimentación y de la nutrición sepan que la  STbr libre (somatotropina bovina recombinante, inyectada para aumentar la producción de leche) de la leche  convencional y la leche orgánica es de composición similar, para que pueda servir como un recurso clave para los consumidores que están comprando leche en  en base a las engañosas alegaciones del etiquetado.

La agricultura ecológica es igual que la cultivada con productos pero más cara

Autor del libro «Los productos naturales ¡vaya timo!», José Miguel Mulet es profesor titular de la Universitat de València e investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas. Este divulgador científico asegura que la agricultura ecológica no es más sana y más beneficiosa para el medio ambiente y, además, «es mucho más cara».

Usted intenta romper un mito al afirmar que la agricultura ecológica es igual que la tratada con fitosanitarios, y además, más cara…
Lo que he hecho es coger la documentación científica que existe en términos de calidad nutricional o en beneficio para la salud, y he visto que la agricultura ecológica no salía beneficiada en ninguno de los parámetros medidos. Y menos en productividad y ocupación del terreno.
Vincula la agricultura ecológica con enfermedades como el «E.coli». ¿No es un poco alarmista?
No es cuestión de alarmar. Solamente recordar que los riesgos son algo mayores por el uso de fertilizantes de uso natural. También aumenta la contaminación de microtoxinas que todos los años obliga a retirar alguna partida de alimentos ecológicos.
¿Qué le diría usted a los que aseguran que muchos de los fitosanitarios utilizados provocan cáncer?
Actualmente los controles que tiene que pasar un producto son muy estrictos. No hay ningún fitosanitario que cumpliendo la normativa produzca cáncer.
Al menos me aceptará que le diga que los tomates ecológicos saben mejor que los que han sido cultivados con productos fitosanitarios…
No se puede aceptar porque el sabor del tomate depende del punto de maduración en su recolecta. Si el agricultor lo coge verde perderá sabor. Esa es la variable que interesa. La agricultura ecológica también permite la maduración en cámaras por lo que los productos también pierden su sabor.
Desmitifica usted los remedios de la abuela… ¿Diga cuales?
Algunos sí, algunos no. En época de mi abuela la gente se moría de enfermedades que ahora ni existen. Tan buenos no serían esos remedios. Por ejemplo, hay muchas curas basadas en la orina, por ejemplo para curar orzuelos. Este método no tienen ninguna base científica.
Pues yo conozco quien para tratarse un orzuelo se pasa por el ojo una llave antigua…
En ese remedio si la herida está abierta podría acabar en un tétanos. La llave tiene material tóxico y tal vez por eso podría curar la herida pero yo prefiero una pomada.
¿No tiene miedo a los ataques de la industria de la agricultura ecológica por sus afirmaciones?
No me meto con nadie, me limito a poner sobre la mesa argumentos científicos. Y por cierto, me gusta que lo llame industria porque es la realidad, son productos con los que se gana mucho dinero porque son más caros.
¿Cuál es su opinión sobre los centenares de herboristerías que ahora proliferan en nuestras ciudades y pueblos?
Cada uno tiene que buscarse la vida como puede. Una herboristería no es una farmacia. Además, algunas incumplen la ley. La única tienda que puede dar indicaciones son las farmacias.
¿Y las parafarmacias?
Son diferentes porque no venden medicamentos, sino productos que se pueden vender sin receta.
Entonces, ¿cuál es el remedio?
Huiría de los herbolarios o otras alternativas que dicen curar el cáncer como el Reiki. Juegan con la deseperación de la gente para hacer dinero.
¿Qué es el Reiki?
Una pseudociencia japonesa. Parece que el santo de lejos hace más milagros. En la actualidad todo lo que tiene marca de orienta parece lo mejor pero la realidad es que el índice de mortalidad en China es mucho mayor que en Europa. No parece que nuestros medicamentos tengan nada que envidiar a los de otras partes del mundo.
¿Y la homeopatía?Algunos médicos de carrera obtienen el título en esta modalidad…
La homeopatía es el agua más cara del mundo. Es contrario a todo lo que sabemos de medicina. Por poner un ejemplo, coja una botella de güisqui y dilúyala en agua. ¿A que no tiene los mismos efectos?
Pero parece que la ciencia ha perdido adeptos. O mejor dicho, crecen las paraciencias.
Las creencias son libres. Ahora se ha puesto de moda decir que las vacunas no son beneficiosas, pero la realidad es que han salvado millones de vidas.

Fuente: [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]

Comer Flores

Toca Comer. Flores en comida son ilegales y peligrosas. Marisol Collazos Soto
En el blog Los productos naturales ¡vaya timo! comentan una anécdota sobre las flores como alimento humano.

Fue a comer a un restaurante donde solo sirven comida ecológica. El menú, innovador, estaba compuesto por flores silvestres. Durante la comida tuvo ocasión de departir con el dueño del local. Estaba reenfocando la filosofía de su restaurante. El proyecto consistía en que todo el mundo pudiera disfrutar de la riqueza gastronómica que encierran las flores del campo. Y se estableció el siguiente diálogo:

– ¿Pero tú sabes si estas flores son comestibles, por que alguna puede ser tóxica?”
– Hombre, claro, lo miro por internet
– Ya, pero y ¿si te confundes identificando alguna planta?
– Eso no puede pasar por que yo nunca le doy a mis clientes algo que yo no haya probado antes.

Lo que está haciendo este señor, con toda la buena voluntad  es ilegal. En Europa las únicas flores  que se comen normalmente son la coliflor (una col con una mutación en un gen de desarrollo que hace que se acumulen las inflorescencias), las alcaparras, que son el capullo de la flor de la Capparis spinosa, la flor de calabacín, típica de la cómida mexicana y muy popular también en Italia y los claveles, que se utilizan para hacer licor en Italia. También hay algún que otro compendio de recetas con flores ornamentales, pero para flores silvestres no aparece casi nada en la literatura. No se puede comercializar un alimento “nuevo” sin la preceptiva autorización y para la que hace falta que el alimento en cuestión supere toda una batería de estudios destinados a asegurar su inocuidad. Y si no que se lo pregunten a Carme Ruscalleda y sus problemas con la medusa comestible. Por lo tanto una actitud tan encomiabe como hacer que todo el mundo descubra una nueva gastronomía es ilegal y además conlleva su riesgo. Por ejemplo, alguna tóxina acumulativa en el organismo (como los metales pesados) que superaría sin ningún problema el “estricto” control de probar-antes-de-servir. Por lo demás esta normativa tan pensada en la seguridad alimentaria tiene sus beneficios (más seguridad) y sus pegas, por ejemplo: El kiwi empezó a cultivarse a finales de los 70 en Europa y sirvió para que muchos agricultores se forraran. Los primeros se vendían por piezas y a un precio elevado (la novedad se paga). Hoy en día no habrían tenido la autorización, salvo que detrás hubiera una empresa dispuesta a gastarse una pasta y a invertir mucho tiempo.

Ampliar información en: Los productos naturales ¡vaya timo!

«Los alimentos ecológicos tienen más riesgos sanitarios y no son mejores para el medio ambiente»

Los alimentos ecológicos son hasta cuatro veces más caros y no hay ninguna evidencia científica de que sean mejores para la salud o el medio ambiente, según José Miguel Mulet. Este Doctor en química y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia ha publicado el libro «Los productos naturales ¡vaya timo!». Mulet recuerda que las alertas sanitarias en producción ecológica son mayores, aunque reconoce que en porcentajes bajos, y que la normativa que se aplica a estos productos permite en ocasiones prácticas incluso perjudiciales para el medio ambiente.

¿En qué se basa para hacer las afirmaciones recogidas en su libro?

Hay miles de estudios. Los más completos se publicaron en 2009 y 2010. Se revisaron todos los estudios comparativos entre alimentos convencionales y de producción ecológica de los últimos 50 años. Se buscaron diferencias en calidad nutricional o efectos sobre la salud. La conclusión fue que en general las propiedades eran similares. También muchas prácticas autorizadas en agricultura ecológica suponen un mayor nivel de emisiones de dióxido de carbono (CO2) o de otros gases de efecto invernadero, como metano u óxido nitroso. En cuanto al precio, puede llegar a ser tres o cuatro veces más alto. En tiempos de crisis, no creo que aporten nada a la sociedad. La comida, como cualquier otro producto de primera necesidad, debe ser segura y barata. Todo el mundo merece tener acceso a la alimentación.

 

¿Por qué se ha asociado la infección de E. coli a un cultivo de agricultura ecológica?

La E. coli es una bacteria fecal y la agricultura ecológica utiliza fertilizantes naturales, que son ricos en esta bacteria y ocasionan problemas de vez en cuando. No obstante, señalar a los productores españoles ha sido una precipitación irresponsable de las autoridades alemanas.

¿No hay controles de calidad / sanitarios para los productos ecológicos?

En principio, estos productos están sujetos a la misma legislación sanitaria que los convencionales, con alguna salvedad, como el nivel de micotoxinas admitido. Pero a efectos prácticos la producción ecológica es un acto administrativo. La normativa ecológica no se mete en cuestiones de sanidad, seguridad alimentaria o calidad nutricional. Si se cumple el reglamento de agricultura ecológica, la agencia certificadora da el sello. Es como la ITV del coche.

¿Por qué cree que la agricultura ecológica se defiende sin espíritu crítico, a diferencia de otros productos que reciben todo tipo de ataques?

La agricultura ecológica apela a nuestras emociones, no a nuestra razón. Todos queremos proteger el medio ambiente. La cuestión es cómo. A veces, las normativas de los países presentan severas discrepancias y contradicciones entre ellas. La Unión Europea (UE) tiene una, mientras en Estados Unidos coexisten cinco. La normativa europea se basa en que todo lo que se aplique en un cultivo sea de origen natural. Tiene poco de científico y mucho de ideológico. Las propiedades de cualquier material dependen de su composición, no de su origen. No soy contrario a la conservación del medio ambiente, sino a las normas que no sirven para ese fin.

¿Qué hay de malo en querer consumir productos que no han recibido fertilizantes o plaguicidas químicos y han sido respetuosos con su entorno?

En la naturaleza todo es química. La agricultura ecológica también utiliza fertilizantes o plaguicidas. El problema es que la base de su autorización lleva a aberraciones como la utilización de sales de cobre como fungicida, que son muy contaminantes para el suelo y los acuíferos, sin olvidar el impacto ambiental de la minería de cobre. También hay insecticidas como el Espinosad, con poquísima especificidad y fatal para las abejas. Las prácticas ecológicas no siempre son respetuosas con el entorno. Hay insecticidas o fertilizantes de síntesis mucho más específicos y menos agresivos para el medio ambiente, pero no los utilizan por «artificiales». Además, al emplear técnicas que no ofrecen la mejor producción, necesitan más suelo agrícola para alimentar a todo el mundo y este se tiene que quitar al bosque o a la selva. Resulta una producción que tiene poco de ecológica.

¿Qué consejos daría a los consumidores para hacer un consumo crítico de estos productos?

Que consuman lo que más les guste y mejor se ajuste a sus bolsillos. Hoy por hoy, el certificado de producción ecológica no garantiza que sea mejor para el medio ambiente, ni más sano, ni que esté más bueno. Y sobre todo, que intente consumir productos producidos en la UE. Han superado un control de calidad y de impacto ambiental muy riguroso y, además, evita emisiones por el transporte.

Entrevista completa en:  EROSKI CONSUMER

 

 

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