La carne cocinada aporta más energía que la cruda

Toca Comer. Mejor la carne cocinada que la cruda. Marisol Collazos Soto
Investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.), aseguran que de la carne cocinada se obtiene más energía que de la cruda, esto es un ejemplo de los beneficios y la relevancia clave que ha tenido la cocina en la evolución de la especie humana, según los resultados de un estudio publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los investigadores alimentaron a dos grupos de ratones durante más de 40 días con una dieta basada en carne o patatas preparadas de cuatro formas: todos los alimentos crudos e intactos, crudos y machacados, simplemente cocidos y cocidos y machacados.

En el transcurso de las dietas, controlaron los cambios en la masa corporal de cada ratón y observaron cuánto utilizaban la rueda de ejercicio de su jaula. Los resultados mostraron claramente que la carne cocida aportaba más energía a los ratones que la carne cruda.

Los humanos ya comían carne cruda hace 2.5 millones de años, cuando todavía no controlaban el fuego. Probablemente la golpeaban con herramientas antes de comerla. Más tarde, hace 1.9 millones de años, el cuerpo de los primeros humanos creció, su cerebro se hizo más complejo y adquirió habilidades para correr largas distancias, con lo que el aporte energético de su dieta se hizo más importante.

Según Carmody, este trabajo «refuerza la idea de que la adopción de la cocina fue un evento importante en la evolución humana», hasta el punto de que cocinar habría aportado la energía necesaria a los primeros humanos para superar esos cambios evolutivos tan costosos energéticamente.

El profesor de Antropología Biológica de la Universidad de Harvard, Richard Wrangham, ha destacado la importancia de la teoría de Carmody, defendida por él anteriormente, ya que por primera vez sabemos por qué la cocina es tan importante cultural y biológicamente: porque nos aporta más energía, y en la vida la energía es muy importante.

Fuente: Alimentariaonline

Las mariscadas de antaño fueron antes de lo que se pensaba

Un equipo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha descubierto que los Homo neanderthalensis ibéricos comían marisco hace 150000 años.

El hallazgo, realizado en Cueva Bajondillo (Málaga), es el vestigio más antiguo de consumo de moluscos por parte de neandertales descubierto hasta el momento.

Los investigadores creían que las prácticas más antiguas de marisqueo las había realizado el Homo sapiens, según los descubrimientos realizados en el yacimiento de Pinnacle Point (Sudáfrica).

Los resultados de la investigación fueron publicados en PLos ONE.

Cueva Bajondillo cuenta con un registro compuesto por 19 estratos arqueológicos que supera los 150000 años de antigüedad, allí se han documentado hasta la fecha vestigios de asentamientos del Paleolítico medio, el Paleolítico superior, el Epipaleolítico y el Neolítico.

Muchos investigadores argumentan que el marisqueo es uno de los comportamientos que define a los humanos modernos y, en cierta medida, una ventaja adaptativa que permitió que el H. sapiensse expandiera. Pero esta investigación demuestra que, en el mismo momento, los H. sapiens del sur de África y los H. neanderthalensis asentados en el sur de la Península Ibérica, aprovechaban estos recursos

Toca Comer. Consumo de marsicos en al prehsitoria en la Península Ibérica. Marisol Collazos Soto

Sitios donde se consumían mariscos los Homo neanderthalensis en la península Ibérica.

 

Dos millones de años cocinando

Es posible que en un periodo de tiempo relativamente breve, hace cerca de dos millones de años, se redujera de forma muy rápida el tiempo que nuestros antepasados del género Homo dedicaban a alimentarse, así como el tamaño de sus piezas molares. Y quizás esos rápidos cambios tuvieron relación directa con el inicio de la coción y otras formas de preparación de los alimentos.

Hay antropólogos que sostienen que la coción de los alimentos comenzó muy temprano en la historia del linaje humano. La tesis de esos investigadores es que hace cerca de dos millones de años, un miembro de la especie Homo erectus o algún miembro de una especie anterior se encontró con comida que había sido cocinada accidentalmente por algún fuego, y vio que era comestible y le encontró un cierto gusto. A partir de ahí habrían sido los propios seres humanos los que empezaron a tratar de forma intencionada la comida con fuego, con las ventajas, en términos de tiempo y rendimiento energético, que ello supuso. Gracias a ello, en vez de dedicar a comer y masticar el alimento casi la mitad del tiempo diario, pudieron dedicar una fracción mucho menor, y eso les habría ofrecido múltiples oportunidades para utilizar ese tiempo en otras tareas de utilidad.

Artículo completo en:  Ciencia y Humanismo

 

Descubren en Armenia la bodega más antigua del mundo, tiene unos 6000 años de antigüedad

Mediante el uso de técnicas bioquímicas, los investigadores encontraron una gran cuba para pisar la uva, recipientes para la
fermentación y almacenamiento y vasos, según informaron a través de la revista científica ‘Journal of Archaeological Sciencie‘.

El codirector de la excavación, Gregory Areshian, de la Universidad de California-Los Ángeles (EE.UU.), afirmó que el hallazgo es «la instalación más antigua conocida en el mundo para la producción de vino». Además, los científicos piensan que su proximidad a un cementerio daría a entender que el vino era empleado en rituales funerarios.

4000 años antes de nuestra era

Las pruebas de carbono 14 sobre los restos desecados de uva encontrados cerca de una presa han permitido datar los restos en torno al 4000 antes de nuestra era, lo que supera en mil años a las instalaciones vitivinícolas más antiguas conocidas hasta la fecha.

El hallazgo ha sido llevado a cabo por un equipo de arqueólogos armenios, estadounidenses e irlandeses. El año pasado, el mismo equipo sacó a la luz en el mismo yacimiento el zapato de cuero más antiguo hasta la fecha, con 5500 años

Fuente:  CADENA SER

Comeperros

Se cuenta que durante una recepción en la residencia del embajador británico en Pekín el Ministro de Asuntos Exteriores chino expresó una gran admiración por la hembra de spaniel del embajador. Estaba embarazada y el embajador inglés le dijo al ministro chino que se sentiría muy honrado si aceptase uno o dos cachorros como regalo. Cuatro meses más tarde dos juguetones cachorrillos llegaban a la residencia del ministro. Semanas más tarde ambos hombres volvieron a coincidir en un acto oficial. “¿Qué le parecieron los cachorros?”, preguntó el embajador. “Estaban deliciosos”, contestó el ministro.

A muchos de nosotros, y sobretodo a los amantes de los perros, les puede parecer repugnante comerse un perro. La razón, apunta el antropólogo Marvin Harris, no se encuentra en que sea nuestra mascota favorita, sino fundamentalmente porque al ser carnívoros constituyen una fuente de carne ineficaz; los occidentales disponemos de toda una variedad de fuentes alternativas de alimentos de origen animal y los perros prestan servicios que tienen muchísimo más valor que su carne. Sin embargo, en culturas como la china, donde las fuentes de alimento animal no son muy variadas, el servicio de los perros no compensa el que hacen si se sirven cocinados junto a un tazón de arroz. Y según un restaurante pekinés debe ser un plato exquisito: empleaba en la elaboración de sus platos del orden de 30 perros diarios.

En la Polinesia, y antes de la llegada de los europeos, los tahitianos, los hawaianos y los maoríes de Nueva Zelanda poseían perros que prácticamente acababan formando parte de la gastronomía típica de las islas. Los polinesios encerraban a algunos de sus perros en cabañas rodeadas de una cerca o bajo un árbol. A la mayor parte de ellos se les dejaba buscar su sustento entre los desperdicios mientras que unos pocos afortunados eran cebados con verduras y sobras de pescado. Incluso se les alimentaba a la fuerza sujetándolos boca arriba. Estos perros alimentados con verduras eran para los polinesios una delicatessen, como para nosotros puede ser el cerdo alimentado sólo con bellota.

La matacía del perro era algo parecida a la de nuestros pueblos con el gorrino: lo ataban por el hocico y lo estrangulaban con las manos o con un palo. Después lo destripaban, lo socarraban para quitarle el pelo, lo untaban con su sangre y lo metían en el horno.

Es posible que algún amante de los canes pueda haberse quedado horrorizado al imaginar que su querido compañero pudiera acabar en un plato rodeado de patatas asadas, pero esto nos demuestra que el motivo de nuestros amores puede ser alimento… y no del corazón.

Fuente: La ciencia de tu vida

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