Categoría: Agua
La Botella Pi de Bezoya: Entre la precisión matemática y el marketing sostenible
En el competitivo mercado del agua embotellada, donde las diferencias suelen medirse en origen del manantial, nivel de residuo seco o diseño del envase, la marca española Bezoya ha decidido romper el molde con una propuesta que trasciende lo convencional para adentrarse en el terreno de la matemática pura. Recientemente, la compañía ha lanzado al mercado una edición especial denominada «Botella Pi», un producto que ha captado la atención no solo de los consumidores habituales, sino también de la comunidad científica y los entusiastas de la curiosidad numérica.
La premisa es tan simple como desconcertante: el envase no declara un volumen estándar de 1,5 o 2 litros, sino que ostenta en su etiquetado y en su descripción web una capacidad de 3,14159265359 litros. Esta cifra no es arbitraria; corresponde a los primeros once decimales del número pi (π), la constante matemática que relaciona la longitud de una circunferencia con su diámetro. Sin embargo, lo que realmente ha encendido el debate en foros especializados y redes sociales no es solo la referencia cultural, sino la precisión milimétrica —o mejor dicho, picométrica— que implica tal declaración.

La precisión de los decimales
Para el ojo no entrenado, 3,14 litros podría parecer un redondeo aceptable para una botella grande. No obstante, Bezoya ha llevado el compromiso con la cifra hasta el undécimo decimal. Al analizar la declaración de 3,14159265359 L, los expertos en metrología han señalado que esto supone un redondeo del número irracional pi con una exactitud extraordinaria. El valor real de pi es 3,141592653589793…, por lo que la cifra elegida por la marca implica redondear el undécimo decimal (el 8) hacia arriba debido al 9 que le sigue.
Lo verdaderamente sorprendente, y donde reside el meollo de la innovación publicitaria, es el margen de error implícito. Según los cálculos derivados de esta especificación, la diferencia entre el volumen declarado y el número pi real es de aproximadamente 0,2 picolitros. Un picolitro equivale a una billonésima parte de un litro (10−12). Para poner esto en perspectiva, una gota de agua estándar contiene alrededor de 50 microlitros, lo que significa que el error declarado es millones de veces menor que una sola gota.
Marketing científico o hazaña industrial
La pregunta que surge inevitablemente es si es posible garantizar tal precisión en un proceso de embotellado industrial masivo. Los ingenieros de procesos señalan que, si bien la tecnología de llenado actual es altamente precisa, factores como la temperatura del líquido, la dilatación térmica del plástico PET y la evaporación mínima hacen que garantizar un volumen con un error de 0,2 picolitros sea físicamente inalcanzable en la práctica cotidiana.
Sin embargo, expertos en branding interpretan esta movida no como una garantía metrológica estricta, sino como un gesto conceptual de alto impacto. En una era donde los consumidores valoran la transparencia y la inteligencia de las marcas, Bezoya parece estar utilizando el lenguaje de la ciencia para reforzar su imagen de pureza y exactitud. Al declarar un volumen con tal nivel de detalle, la marca está comunicando simbólicamente que su control de calidad es tan riguroso que se acerca a las constantes universales.
Esta acción se enmarca perfectamente en las celebraciones del «Día de Pi» (14 de marzo), una fecha que las empresas de tecnología y educación suelen aprovechar. No obstante, que una marca de gran consumo como Bezoya lo traslade a un producto físico tangible es un movimiento inusual. La «Botella Pi» no solo es agua; es un objeto de conversación, un trophy product diseñado para ser compartido en redes sociales.
La reacción del consumidor
La acogida en las plataformas digitales ha sido mixta pero predominantemente positiva en términos de engagement. En Twitter y TikTok, usuarios han compartido fotos del envase comparándolo con reglas y probetas, convirtiendo el producto en un reto viral: «¿Realmente cabe esa cantidad?». Matemáticos y profesores han utilizado la botella como herramienta didáctica para explicar a sus alumnos la magnitud de los decimales y el concepto de error absoluto.
Por otro lado, hay voces críticas que advierten sobre el riesgo de confundir al consumidor promedio. Un comprador que busca agua para beber podría sentirse abrumado por una especificación técnica que carece de utilidad práctica en su día a día. ¿Importa realmente si la botella tiene 3,14 o 3,14159265359 litros al momento de saciar la sed? Probablemente no. Pero en la economía de la atención, la utilidad práctica pasa a un segundo plano frente a la originalidad.
Bezoya y la búsqueda de la excelencia
Este lanzamiento no debe leerse de forma aislada. Bezoya, perteneciente al grupo Calidad Pascual, ha construido históricamente su reputación en torno a la idea de un agua «perfecta» para el consumo diario, con un bajo contenido en sodio. La «Botella Pi» es una extensión lógica de esa narrativa de perfección. Si el agua es químicamente pura, ¿por qué el envase no iba a ser matemáticamente perfecto?
Es importante notar que la web de la marca aclara, en letra pequeña, que se trata de una edición limitada y un homenaje a la constante. Esto protege a la compañía de reclamaciones por publicidad engañosa, transformando la especificación de volumen en una pieza de arte comercial más que en una especificación técnica legalmente vinculante en el sentido tradicional.
Conclusión: Cuando el consumo encuentra a la teoría
La «Botella Pi» de Bezoya representa un punto de inflexión interesante en cómo las marcas de consumo masivo interactúan con la cultura científica. Ya no basta con vender un producto; hay que vender una idea, una historia que resuene con la inteligencia del consumidor. Al atreverse a imprimir once decimales en una etiqueta de plástico, Bezoya ha logrado que millones de personas piensen en matemáticas mientras abren una botella de agua.
Aunque físicamente el error de 0,2 picolitros sea más una declaración de intenciones poéticas que una realidad medible con balanzas industriales, el éxito de la campaña radica en esa audacia. En un mundo saturado de mensajes publicitarios, la precisión absoluta, aunque sea teórica, destaca con luz propia. La «Botella Pi» nos recuerda que incluso en los objetos más cotidianos, hay espacio para la curiosidad, para el número irracional y para el asombro ante la exactitud, aunque esta sea, en el fondo, tan esquiva como el propio número pi.
Al final, el consumidor se queda con la imagen de una marca que no teme a los números complejos, y la industria del marketing toma nota: la next big thing podría no ser una nueva funcionalidad, sino una mejor historia, contada con la precisión de once decimales.
Generado por Qwen 3.5
El “inodoro” de la ISS que cuesta 23 millones: así se recicla la orina hasta volver a ser agua potable
Imagina esto: estás en casa, te sientas en el baño y, sin pensarlo, usas el inodoro como si fuera un elemento permanente e inevitable. Ahora desplázate mentalmente unos 400 kilómetros hacia arriba: en la Estación Espacial Internacional (ISS), un sistema similar cumple una función mucho más estratégica. Allí, el “desagüe” no solo evacúa desechos: también los convierte en recursos, especialmente en agua reutilizable. Y para lograrlo, la ISS cuenta con un inodoro cuyo costo ronda los 23 millones de dólares.
El dato, llamativo por sí mismo, es solo el punto de partida. Lo verdaderamente fascinante es lo que ocurre después: el sistema separa la orina en una centrífuga, recicla el 98% y la transforma nuevamente en agua potable. En un entorno donde la masa y el agua son extremadamente valiosas, esta tecnología no es un lujo, sino una necesidad.

Por qué la ISS necesita reciclarlo todo
En el espacio no hay “tierra firme” ni una logística flexible. Cada kilogramo que se lanza desde la Tierra cuesta caro y requiere planificación al detalle. Por eso, la ISS ha desarrollado una infraestructura completa para ahorrar agua, energía y materiales.
El agua, en particular, es un recurso crítico: se usa para el consumo humano, para la higiene y para diversos procesos técnicos. La estación ya dispone de sistemas de reciclaje avanzados para convertir fluidos recuperados en agua utilizable. Pero el tratamiento del agua procedente del cuerpo humano—incluida la orina—es especialmente delicado, no solo por el volumen que se genera, sino por las normas de seguridad y calidad.
De hecho, en la ISS la reutilización no es una opción: es parte del diseño de supervivencia. La estación debe funcionar casi como un ecosistema cerrado parcial, donde la “salida” de un recurso se convierte en “entrada” para otro.
El inodoro: más tecnología de la que parece
Cuando hablamos del inodoro de la ISS, no nos referimos a un simple dispositivo de cerámica con descarga. Es un sistema médico-industrial adaptado al entorno de microgravedad, donde la conducta de los líquidos cambia de forma radical. En la gravedad terrestre, el agua fluye hacia abajo; en el espacio, los fluidos tienden a formar gotas o películas que pueden flotar o adherirse a superficies. Si no se controla el comportamiento del líquido, el riesgo de contaminación y problemas de mantenimiento aumenta.
Por eso, el inodoro espacial está diseñado para capturar y canalizar los fluidos con precisión, evitando que se dispersen. Esa captación inicial es el primer paso; el segundo es lo que realmente impresiona: el tratamiento interno que permite recuperar agua.
El sistema cuenta con un diseño capaz de gestionar distintos tipos de residuos líquidos. En términos generales, la orina se separa y se prepara para su procesamiento. Aquí entra una pieza clave: una centrífuga.
La centrífuga y la separación: el corazón del proceso
La centrífuga no es un elemento “mágico”, pero sí es fundamental. Su función es separar componentes con diferentes densidades o propiedades, separando fracciones para reducir la carga de contaminantes y preparar el líquido para tratamientos posteriores.
En la ISS, el objetivo es recuperar el máximo de agua posible, manteniendo estándares de pureza adecuados para el consumo humano. La tecnología busca que el proceso sea eficiente y repetible, porque la estación funciona continuamente y no puede permitirse un enfoque “artesanal” o lento.
El resultado del sistema es notable: alrededor del 98% de la orina se recicla. Ese porcentaje significa que, en lugar de tratar la orina como un desecho que debe eliminarse, se convierte en una fuente de agua que retorna al ciclo de la estación.
De orina a agua potable: el recorrido de la pureza
Recuperar el 98% no solo implica “limpiar” agua. Implica convertirla con seguridad en agua apta para beber, lo cual requiere procesos de varios niveles. En la práctica, el agua pasa por fases de separación y purificación, con control de calidad para asegurar que el producto final cumpla criterios estrictos.
Aunque los detalles exactos pueden variar según el subsistema y su configuración, el esquema general se basa en:
- Captura y acondicionamiento inicial: se canaliza la orina para evitar dispersión en microgravedad.
- Separación mediante centrífuga: se fraccionan componentes para reducir impurezas y preparar el líquido para el tratamiento.
- Filtración y procesos de purificación: eliminación de partículas y sustancias indeseadas.
- Tratamiento adicional para garantizar calidad: en algunos casos, como ocurre en sistemas espaciales de reciclaje, se emplean procesos térmicos y/o de desinfección para asegurar la estabilidad microbiológica.
- Control y verificación: antes de considerarse apta para consumo, el agua debe cumplir con parámetros definidos.
Al final del proceso, el agua recuperada vuelve a integrarse al sistema de suministro, donde se utiliza para rehidratación y otras necesidades humanas.
“El astronauta bebe la orina de ayer”: la frase que incomoda… y tiene sentido
Hay una frase que suele circular cuando se habla de estas tecnologías: que un astronauta está bebiendo “la orina de ayer”, no en sentido literal sino en el ciclo de reciclaje. La imagen resulta impactante, pero no es una exageración técnica: si el agua proviene de un ciclo de reciclaje completo y se ha procesado con rigor, entonces lo que se bebe es agua purificada a partir de fluidos recuperados.
Lo importante es el “cómo”. No se trata de consumir algo sin tratamiento, sino de un proceso de depuración diseñado para alcanzar estándares de seguridad. El carácter “humillante” o “tabú” del origen biológico del líquido no altera el hecho de que el producto final—una vez procesado—es agua potable.
En la ISS, el agua no se mide por su historia emocional, sino por su calidad química y microbiológica.
¿Por qué cuesta 23 millones de dólares?
El precio del sistema—unos 23 millones de dólares—puede parecer exorbitante para un dispositivo que, a primera vista, recuerda a un inodoro convencional. Sin embargo, en el espacio el costo no se define por la cerámica, sino por la ingeniería y la certificación.
Hay varias razones típicas por las que tecnologías espaciales alcanzan cifras tan altas:
- Fiabilidad extrema: en órbita no hay “mantenimiento inmediato” como en tierra. Un fallo puede ser peligroso y costoso.
- Diseño para microgravedad: controlar fluidos en condiciones no terrestres exige pruebas intensivas y desarrollo especializado.
- Estandarización y validación: el equipo debe cumplir normativas y demostrar desempeño y seguridad a largo plazo.
- Integración con el resto del sistema de soporte vital: el inodoro no trabaja aislado; se coordina con el manejo de agua, residuos y limpieza.
- Materiales y componentes aptos para el entorno espacial: vibraciones, radiación, variaciones térmicas y ciclos de uso continuo.
En otras palabras: lo que pagas no es “un inodoro”, sino una parte del sistema de supervivencia, con ingeniería de alta gama.
El impacto real: más autonomía, menos logística
Más allá del asombro, la relevancia del reciclaje es enorme. Si el sistema puede recuperar casi toda el agua desde la orina, entonces:
- se reduce la necesidad de reabastecimiento de agua desde la Tierra,
- se incrementa la autonomía de la tripulación,
- se disminuye el volumen de residuos que deben ser gestionados,
- y se mejora la sostenibilidad de misiones de larga duración.
Estas ideas no son solo relevantes para la ISS. Se vuelven imprescindibles para futuras misiones, especialmente las de destino profundo como la Luna o Marte, donde transportar recursos desde la Tierra se vuelve aún más caro y limitado.
Lecciones para el futuro
La tecnología desarrollada para la ISS inspira aplicaciones en otros ámbitos. Los sistemas de reciclaje de agua y gestión de residuos avanzados pueden servir para entornos remotos, crisis humanitarias y regiones donde la disponibilidad hídrica es limitada. Por supuesto, la versión espacial no se puede replicar tal cual a escala doméstica, pero sí aporta principios: separación eficiente, purificación multinivel, control de calidad y diseño orientado a confiabilidad.
Conclusión: la ingeniería convierte lo “inevitable” en supervivencia
El inodoro de la ISS que cuesta 23 millones de dólares representa una idea contundente: en el espacio, nada es simplemente un desecho. La ingeniería transforma el retorno biológico de una tripulación en un recurso reutilizable. La centrífuga separa, el sistema recicla el 98% y el agua resultante vuelve a ser potable tras su tratamiento.
Así, la provocadora imagen de “beber la orina de ayer” es, en realidad, una metáfora que se queda corta: no se trata de aceptar algo desagradable, sino de dominar el ciclo de la materia y convertirlo en vida asistida por tecnología.
Porque en la ISS, la verdadera función del inodoro no es solo limpiar: es permitir que la estación siga respirando, funcionando y habitando el silencio del espacio con la mayor autonomía posible.
Generado por GPT 5.4 nano high
¿Por Qué Los Animales Pueden Beber AGUA SUCIA Sin Enfermar?
Fuente: Cosas Simples y Curiosas
La tragedia de Eben Byers: El hombre que bebió «energía líquida» hasta desintegrarse

A principios del siglo XX, el mundo estaba fascinado por un descubrimiento que prometía revolucionar la ciencia y la medicina: la radiactividad. Tras el hallazgo del radio por Marie y Pierre Curie en 1898, este elemento se convirtió en el ingrediente «mágico» de una industria emergente que lo presentaba como la panacea para todos los males. Sin embargo, detrás de la brillante luminosidad del radio se escondía una realidad letal que solo salió a la luz tras tragedias humanas desgarradoras. De todas ellas, ninguna es tan gráfica y perturbadora como la de Eben Byers, un hombre que personificó el auge y la caída de la charlatanería radiactiva.
El deportista de élite y el industrial de éxito
Ebenezer McBurney Byers, conocido como Eben Byers, no era un hombre común. Nacido en 1880 en el seno de una familia de industriales adinerados en Pittsburgh, Byers tuvo acceso a la mejor educación y a un estilo de vida envidiable. Fue un destacado deportista, educado en Yale, y alcanzó la cima de su carrera atlética al ganar el Campeonato Amateur de Golf de Estados Unidos en 1906.
Era el prototipo del triunfador estadounidense: rico, carismático, atlético y una figura habitual en las páginas de sociedad. Tras retirarse de la alta competición, asumió la presidencia de la empresa familiar, la Girard Iron Company, consolidando su posición como una de las figuras más influyentes de la época. Sin embargo, su vida daría un giro irreversible en 1927, durante un viaje de regreso tras el tradicional partido de fútbol americano Yale-Harvard.
El accidente y la receta fatal
Durante el trayecto en tren, Byers sufrió una caída desde su litera y se lesionó el brazo. Aunque la herida no parecía grave, el dolor persistía y afectaba su rendimiento deportivo y su vida diaria. Su médico, buscando una solución que devolviera la «vitalidad» al industrial, le recomendó un producto que en aquel entonces estaba de moda entre las élites: el Radithor.
El Radithor era un medicamento fabricado por los Laboratorios Bailey-Radium, propiedad de William J.A. Bailey, un hombre que se presentaba como médico pero que en realidad era un estafador que había abandonado Harvard sin graduarse. El producto consistía simplemente en agua destilada mezclada con dos isótopos del radio: el radio-226 y el radio-228.
Bailey publicitaba su brebaje como «energía solar líquida» y afirmaba que podía curar más de 150 enfermedades, desde la dispepsia y la hipertensión hasta la impotencia sexual. Cada frasco costaba un dólar, una cifra considerable para la década de 1920, lo que reforzaba su aura de producto exclusivo y de alta calidad.
El descenso a la adicción radiactiva
Byers comenzó a tomar Radithor en diciembre de 1927. Al principio, los efectos parecieron milagrosos. Experimentó una sensación de euforia y energía renovada, un efecto secundario común en las etapas iniciales de la intoxicación por radiación, que estimula temporalmente el metabolismo. Convencido de que había encontrado la fuente de la eterna juventud, Byers pasó de consumir un frasco ocasional a beber tres botellas diarias.
Su entusiasmo fue tal que se convirtió en un embajador no oficial del producto. Envió cajas de Radithor a sus socios comerciales, se lo recomendó a sus amantes e incluso se lo administró a sus caballos de carreras. Durante tres años, Byers ingirió aproximadamente 1.400 frascos de agua radiactiva. Lo que él no sabía es que el radio es un elemento «osteófilo», es decir, que el cuerpo lo confunde químicamente con el calcio y lo deposita directamente en los huesos. Una vez allí, el radio no se elimina; se queda bombardeando los tejidos internos con partículas alfa de alta energía de forma permanente.
El horror: «El agua de radio funcionó bien hasta que se le cayó la mandíbula»
En 1930, la «magia» del Radithor se disipó para dejar paso a una pesadilla médica. Byers comenzó a perder peso, sufría dolores de cabeza insoportables y, lo más aterrador, sus dientes empezaron a caerse. Al principio, los médicos pensaron que se trataba de una inflamación de las encías, pero la realidad era mucho peor: su mandíbula se estaba desintegrando.
El radio había acumulado tanta energía en su estructura ósea que sus huesos se estaban volviendo porosos y quebradizos. En 1931, cuando la Comisión Federal de Comercio (FTC) comenzó a investigar a Bailey por publicidad engañosa, Byers ya estaba demasiado enfermo para testificar en persona.
El investigador de la FTC, Robert Winn, fue enviado a la mansión de Byers en Long Island para tomar su declaración. El informe de Winn fue espeluznante: «A sus 51 años, Byers era una sombra de lo que fue. Casi toda su mandíbula superior, excepto dos dientes delanteros, y la mayor parte de su mandíbula inferior habían sido extirpadas. Todo el tejido óseo restante de su cuerpo se estaba desintegrando y se estaban formando agujeros en su cráneo».
A pesar de su riqueza, no había cirugía ni tratamiento capaz de detener la destrucción celular provocada por la radiación interna. Eben Byers murió el 31 de marzo de 1932. La causa oficial de muerte fue «envenenamiento por radio», aunque técnicamente falleció por los cánceres inducidos por la radiación que habían invadido su cuerpo.
Un legado de cambio legislativo
La muerte de Byers causó un impacto mediático sin precedentes. El titular del Wall Street Journal, «El agua de radio funcionó bien hasta que se le cayó la mandíbula», se convirtió en una advertencia lúgubre para el público. La tragedia expuso un vacío legal inquietante: en aquel entonces, la Ley de Alimentos y Medicamentos de 1906 solo exigía que las etiquetas fueran veraces. Como el Radithor contenía exactamente lo que decía la etiqueta (radio), no era ilegal venderlo, a pesar de ser mortal.
El sacrificio involuntario de Byers fue el catalizador que otorgó a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) poderes mucho más amplios. En 1938, se aprobó la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos, que obligaba a los fabricantes a demostrar que sus productos eran seguros antes de ser comercializados, no solo que sus ingredientes fueran los declarados.
El descanso en una tumba de plomo
Incluso después de muerto, Eben Byers siguió siendo una fuente de peligro radiactivo. Fue enterrado en un ataúd de plomo en el cementerio de Allegheny, en Pittsburgh, para evitar que la radiación de sus restos contaminara el suelo.
En 1965, el científico Robley Evans exhumó los restos de Byers para estudiar los efectos de la radiación a largo plazo. Aunque el industrial llevaba muerto más de tres décadas, sus huesos seguían siendo altamente radiactivos. Los niveles detectados sugerían que su cuerpo no alcanzaría niveles de radiación seguros hasta dentro de miles de años, dado que el radio-226 tiene una vida media de aproximadamente 1.600 años.
La historia de Eben Byers permanece como un recordatorio brutal de los peligros de la pseudociencia y de la importancia de la regulación sanitaria. Byers fue la prueba viviente (y moribunda) de que el hecho de que algo se venda legalmente y bajo la promesa de salud, no garantiza su seguridad. Su trágico final salvó incontables vidas al poner fin a la era dorada de los remedios radiactivos, cerrando un capítulo donde la medicina era, literalmente, una sustancia radiante pero letal.
Generado por Gemini 3 flash grounding
¿Cuánta agua realmente necesitas? Desmintiendo los mitos de la hidratación moderna
En los últimos años, las botellas de agua se han vuelto cómicamente grandes. Ya no hablamos de un discreto envase de 500 ml, sino de recipientes de 2, 3 e incluso 4 litros que muchos cargan a todas partes como si fueran un accesorio indispensable, casi un amuleto de bienestar. Influencers de salud prometen que beber enormes cantidades de agua al día garantiza piel radiante, mejor concentración, más energía, pérdida de peso, un sistema inmune imbatible y, prácticamente, la solución a todos los males modernos. Pero ¿es realmente necesario tragarse litros y litros de agua cada día? ¿Y podemos pasarnos?
Para poner orden en medio de tanto ruido, conviene escuchar a quien lleva décadas estudiando el tema con rigor científico. Tamara Hew-Butler, fisióloga especializada en hidratación con más de 20 años de investigación, es actualmente directora médica de investigación del Western States Endurance Run en California, una de las ultramaratones más extenuantes del mundo. Allí, la hidratación no es un truco de bienestar: es una cuestión crítica de seguridad, rendimiento y supervivencia. Así que nadie mejor que ella para echar un balde de agua fría (con mesura) sobre algunos de los mitos más persistentes.
🧠 Mito 1: “Todo el mundo necesita 2 o 3 litros de agua al día”
Este es, probablemente, el consejo más repetido y menos respaldado por la evidencia. “No existe una recomendación universal de ‘X litros al día’ que sirva para todas las personas”, explica Hew-Butler. Las necesidades de hidratación dependen de muchísimos factores: tu peso corporal, edad, sexo, composición corporal, nivel de actividad física, clima (calor, humedad, altitud), dieta (alimentos ricos en agua como frutas y verduras aportan una parte importante de la hidratación), embarazo o lactancia, enfermedades y medicamentos, entre otros.

De hecho, la mayor parte del agua que necesitamos no proviene únicamente del vaso que bebemos, sino también de los alimentos. Una ensalada, una sandía, una sopa, un yogur… todo suma. Además, nuestro cuerpo tiene mecanismos finísimos para regular el equilibrio hídrico: la sed, los riñones, las hormonas (como la vasopresina/ADH) y el sistema cardiovascular trabajan en conjunto para mantener la homeostasis. Cuando tienes sed, tu cuerpo ya está señalando que necesitas reponer líquidos. Ignorarla es un problema; pero obsesionarse con “beber aunque no tengas sed” también puede serlo
💧 Mito 2: “Si no bebes muchísima agua, te deshidratas automáticamente”
La deshidratación (una pérdida significativa de líquidos que afecta funciones fisiológicas) sí existe y puede ser peligrosa, especialmente en contextos de calor extremo, ejercicio prolongado, enfermedades con fiebre, vómitos, diarrea o en personas mayores, cuya sensación de sed puede estar atenuada. Pero la mayoría de las personas sanas, con acceso a agua y una alimentación normal, no caminan por la vida crónicamente “deshidratadas” solo porque no alcanzan una cifra arbitraria de litros.
En el Western States Endurance Run, donde los corredores pueden estar 15, 20 o más horas en montaña con temperaturas elevadas, Hew-Butler y su equipo ven en tiempo real lo delicado del equilibrio. “Ahí sí planificamos la hidratación con muchísimo cuidado: ritmo de ingesta, electrolitos, peso corporal, condiciones ambientales, historial del corredor. Pero trasladar esa lógica extrema al día a día de una persona sedentaria o que hace ejercicio moderado es un error. No necesitas ‘hidratarte’ como si fueras a correr 100 millas mañana”.
🧴 Mito 3: “Beber más agua mejora la piel, el cerebro, la digestión… siempre”
Es cierto que una adecuada hidratación es importante para el funcionamiento general del organismo. La deshidratación marcada puede afectar concentración, estado de ánimo, rendimiento físico y, en algunos casos, constipación. Pero no existe evidencia sólida de que “beber por encima de tus necesidades” otorgue beneficios adicionales. Es decir: si ya estás bien hidratado, tomar más agua no te dará una piel mágicamente más luminosa, ni un cerebro súbitamente más brillante, ni una digestión perfecta. Muchas de esas promesas son marketing disfrazado de ciencia.
Sobre la piel: la hidratación cutánea depende de múltiples factores (genética, barrera cutánea, humedad ambiental, edad, dermatitis, exposición solar, nutrición, sueño). Beber agua ayuda si hay déficit real, pero pasarte de la raya no “hincha” ni “ilumina” la piel como si fuera una planta sedienta. Es más: una piel bonita suele ser resultado de hábitos globales (protección solar, alimentación equilibrada, descanso, manejo del estrés) que de un maratón de tragos de agua.
⚠️ Mito 4: “No puedes beber demasiada agua”
Sí puedes. Y es potencialmente peligroso. El exceso de ingesta de agua, especialmente en un corto periodo, puede diluir los electrolitos de la sangre, en particular el sodio, provocando hiponatremia (concentración de sodio anormalmente baja). Los síntomas pueden ser sutiles al inicio: náuseas, confusión, cansancio, dolor de cabeza, mareo; y pueden progresar a convulsiones, pérdida de conciencia e incluso la muerte si no se trata. Esto no es un riesgo teórico: se ha documentado en maratones, triatlones, entrenamientos prolongados en calor, pero también en contextos no deportivos donde alguien, por ansiedad, por una “dieta detox” o por seguir ciegamente un reto viral, bebe compulsivamente grandes volúmenes sin electrolitos y sin sed.
“En carreras de ultradistancia vemos tanto el extremo de la deshidratación como el de la hiponatremia”, advierte Hew-Butler. “La hiponatremia suele estar asociada a beber en exceso por encima de las pérdidas, especialmente de agua sola. Por eso insistimos: hay que individualizar, vigilar señales (sed, orina, cambios de peso, síntomas), y en esfuerzos muy largos considerar electrolitos. Pero para la persona promedio, el mensaje más seguro es: bebe cuando tengas sed y come alimentos variados”.
✅ ¿Qué puedes hacer entonces? Guía práctica (sin dogmas)
- Confía en tu sed. Es el indicador más fiable para la mayoría de personas sanas. No la ignores, pero tampoco la sobredimensiones convirtiéndola en una obsesión cronometrada.
- Observa tu orina (como pista, no como regla absoluta). En general, un color amarillo pálido suele indicar una hidratación adecuada. Orina muy oscura o muy concentrada puede sugerir que necesitas líquidos (o que estás tomando ciertos suplementos, medicamentos o que tienes fiebre). Orina completamente transparente todo el día, especialmente si estás yendo al baño con excesiva frecuencia, puede ser una señal de que estás bebiendo más de lo necesario.
- Ajusta según contexto. Más líquido (y probablemente electrolitos) si hace calor, hay humedad, estás a gran altitud, haces ejercicio prolongado, tienes diarrea/vómitos/fiebre, estás embarazada/lactando, o tomas diuréticos.
- Incluye alimentos hidratantes. Frutas (sandía, melón, fresas, naranja), verduras (pepino, tomate, hojas verdes, calabacita), sopas y yogures contribuyen significativamente a tu balance hídrico diario.
- En ejercicio: individualiza y sé inteligente. Para entrenamientos cortos (menos de 60 minutos) en condiciones moderadas, generalmente basta con beber según sed. Para sesiones largas, muy intensas o en calor extremo, planifica: considera ingesta de líquidos con sodio/electrolitos, pesa-te antes/después si quieres estimar pérdidas (con cautela, no como obsesión), y reconoce síntomas de alerta (mareo, confusión, náuseas, debilidad inusual, cefalea persistente).
- No sigas retos virales sin criterio. “Termina tu botella cada hora”, “2 galones al día”, “detox con agua con limón”… son fórmulas simplistas que ignoran tu biología, tu actividad y tu salud. Si tienes hipertensión, insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, o tomas medicamentos que afectan líquidos/electrolitos, consulta a tu médico o a un dietista-nutricionista, no a un influencer.
🧭 Conclusión: hidratación con sentido común (gracias, ciencia)
Las botellas gigantes pueden ser prácticas para algunas personas (trabajadores de obra al sol, deportistas de resistencia, quienes olvidan beber por horarios exigentes), pero se han convertido también en un símbolo de una cultura de bienestar exagerada y medicalizada. La lección de Tamara Hew-Butler, forjada en uno de los escenarios más duros del deporte mundial, es sorprendentemente humilde: nuestro cuerpo sabe más de lo que creemos. La hidratación importa; la obsesión no. Bebe cuando tengas sed, come bien, adapta tu ingesta a tu realidad y, si practicas deporte de resistencia o tienes condiciones médicas, busca orientación profesional basada en evidencia.
En definitiva: no necesitas una botella de 3 litros para “funcionar”. Necesitas atención, criterio y, sobre todo, sentido común.
Generado por artemis_2
Agua cruda: cuando la espiritualidad te vende diarrea embotellada
En el siglo XXI, donde la ciencia ha erradicado enfermedades que antes diezmaban poblaciones enteras, surge un nuevo gurú de la salud: el vendedor de «agua cruda». Empresas como Tourmaline Spring o Live Water prometen devolverte a un estado de pureza ancestral con su producto estrella: agua sin filtrar, sin cloro y, sobre todo, sin sentido común. El precio por esta «elixir de la vida» ronda los 60 euros por garrafa (envío a domicilio incluido, por supuesto). Su eslogan es simple: «El agua del grifo está muerta; la nuestra está viva». La realidad, sin embargo, es que lo único que está vivo en esas botellas son bacterias, parásitos y algas que florecen como en un acuario abandonado.

El cuento de hadas del agua «ancestral»
La estrategia de marketing de estas empresas se basa en dos pilares:
- Despreciar la ciencia básica: Según ellos, el cloro y los filtros municipales «matan» el agua, eliminando sus supuestos «probióticos naturales» (un término que, por cierto, no tiene respaldo científico cuando se aplica al agua).
- Apelar a la nostalgia toxica: Usan palabras como «pura», «virgen» o «ancestral» para vender la idea de que nuestros antepasados bebían directamente de manantiales cristalinos, ignorando que la esperanza de vida entonces era de 30 años (en parte, por enfermedades transmitidas por… adivinaron: agua sin tratar).
Mukhande Singh, fundador de Live Water, llegó a declarar que el agua del grifo es «agua de váter con drogas». Una afirmación tan poética como falsa: el cloro, lejos de ser un veneno, es el responsable de que no muramos de cólera cada vez que abrimos el grifo.
El karma en forma de algas verdes
El problema con el agua «cruda» es que, al no estar tratada ni envasada en condiciones estériles, se contamina con facilidad. Y aquí entra el detalle cómico: las empresas eligen botellas de vidrio transparente (por ese toque premium), pero olvidaron un pequeño detalle: la luz solar fomenta el crecimiento de algas y bacterias.
Los clientes comenzaron a reportar que su costosa agua se volvía verde y turbia en cuestión de días. No era un efecto detox, sino fotosíntesis en tiempo real. Pagaban el precio de una botella de champán para tener un ecosistema en miniatura en su cocina.
La ciencia (y el sentido común) contraatacan
Bill Marler, abogado especializado en seguridad alimentaria y veterano en demandas por brotes de E. coli, no pudo quedarse callado:
«Casi todo lo que puede matarte está en el agua sin tratar. Giardia, E. coli, cólera, hepatitis A… No puedes impedir que los adultos sean estúpidos, pero deberíamos intentarlo».
Y es que, históricamente, el acceso a agua potable tratada ha sido uno de los mayores logros de la salud pública. Antes de la cloración y los sistemas de filtración, ciudades enteras morían por epidemias transmitidas por agua contaminada. Pero en plena era de la desinformación, vender miedo al progreso es un negocio redondo.
Los «visionarios» y sus consecuencias digestivas
Algunos early adopters del agua cruda descubrieron, a las malas, por qué la humanidad desarrolló sistemas de potabilización. Casos de diarrea explosiva, infecciones parasitarias y hasta hospitalizaciones comenzaron a surgir entre los más entusiastas.
Un usuario en Reddit compartió su experiencia:
«Pagué 120 dólares por un pack de agua ‘viva’. Al tercer día, mi estómago parecía una lavadora en ciclo centrifugado. Nunca supe si eran los ‘probióticos ancestrales’ o simplemente Giardia, pero aprendí una lección: mis ancestros no bebían agua del charco por elección, sino porque no tenían otra opción».
¿Por qué sigue funcionando este timo?
- El efecto placebo de lujo: Si algo es caro y viene en un envase bonito, la gente asume que es mejor. Es el mismo mecanismo que hace que paguemos 10 euros por un zumo detox que es básicamente agua con colorante.
- La desconfianza hacia lo institucional: Hay un sector de la población que desconfía de todo lo que huele a «gobierno» o «ciencia tradicional», incluso si eso significa beber agua con heces de animal (sí, en manantiales no tratados es común).
- Influencers sin escrúpulos: Figuras del wellness promueven estos productos a cambio de comisiones, sin importarles que sus seguidores terminen con parásitos intestinales.
Conclusión: El agua cruda es el bitcoin de las estafas de salud
Al igual que las criptomonedas, el agua sin tratar se vende como «la próxima gran revolución», pero en realidad es un producto sin regulación, sin beneficios demostrables y con riesgos reales.
Si quieres agua «viva», abre el grifo. Si quieres probióticos, come yogur. Y si lo que buscas es pagar 60 euros por un frasco de bacterias, siempre puedes comprar un kit de cultivo de moho en eBay. Al menos allí sabrás lo que estás comprando.
Mientras tanto, empresas como Live Water siguen operando, porque en el mundo del marketing pseudocientífico, la estupidez humana es un recurso renovable. Y, por desgracia, no hay cloro que pueda purificar eso.
El agua: ¿recurso finito o producto de la innovación humana?
La narrativa dominante advierte que estamos agotando el suministro de agua dulce en la Tierra: el crecimiento poblacional, la contaminación y el uso excesivo amenazan con provocar una crisis global de escasez. Organizaciones como la ONU y WWF alertan que, a este ritmo, dos tercios de la humanidad podrían enfrentar serios problemas de acceso para 2025, y que hacia 2030 podríamos sufrir un déficit del 40% en la disponibilidad de agua.wellcome
Sin embargo, esta visión tiende a considerar el agua dulce como un recurso estático—cuando en realidad, el agua potable es cada vez más un producto de la ingeniería y la innovación humana. Hoy, tecnologías como la desalación transforman el agua del mar en potable: Israel y Qatar, por ejemplo, ya dependen en gran medida de plantas desalinizadoras para abastecer a sus poblaciones. Sistemas avanzados permiten reciclar y reutilizar el agua residual en ciudades y áreas industriales, mientras que generadores atmosféricos capturan humedad del aire para producir agua incluso en regiones áridas.weforum+1
Además, la economía y el ingenio humano han demostrado ser motores poderosos para ampliar el acceso. Cuando los precios del agua suben o escasea, surgen incentivos para ahorrar, buscar alternativas y desarrollar nuevas fuentes, desde la captación de lluvia hasta el uso de agua subterránea tratada o reciclada. Casos como los programas de incentivos en California y Singapur demuestran que las políticas económicas pueden reducir el consumo y mejorar la eficiencia sin necesidad de cambios radicales en los hábitos cotidianos.numberanalytics
La verdadera solución reside en una alianza entre tecnología, economía y gestión inteligente: sectores públicos y privados invierten en nuevas formas de obtener, conservar y reutilizar el agua, expandiendo el horizonte de posibilidades e incrementando la resiliencia ante la escasez. La pregunta, así, no es si nos quedaremos sin agua, sino cómo seguimos reinventando el acceso y el uso de este recurso vital para seguir progresando.
El futuro del agua no está escrito: ni la catástrofe es inevitable, ni la abundancia está garantizada. La clave está en entender que la innovación puede convertir lo que antes era imposible—el uso del mar, del aire, de las aguas residuales—en fuentes accesibles y seguras para todos.genesissystems+2
- https://wellcome.org/news/world-running-out-freshwater
- https://www.weforum.org/stories/2023/01/davos2023-water-security-innovation-startups-entrepreneurs/
- https://humanprogress.org/the-infinite-well-how-innovation-keeps-water-flowing/
- https://www.numberanalytics.com/blog/maximizing-water-resources-economic-incentives
- https://genesissystems.com/sustainable-water-technology-13-innovations-to-watch/
- https://www.bbc.com/future/article/20170412-is-the-world-running-out-of-fresh-water
- https://www.reddit.com/r/Futurology/comments/1j8bub2/are_we_actually_running_out_of_drinkable_water_or/
- https://www.warwickeconomicssummit.com/post/a-world-without-water-a-reality-humans-don-t-see-coming
- https://genaq.com/when-will-the-world-run-out-of-fresh-water/
- https://www.un.org/en/global-issues/water
- http://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2016AGUFM.H53B1703N/abstract
- https://www.youtube.com/watch?v=wwgT05N3aUU
- https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0959652619335024
- https://www.thebigq.org/2018/07/03/are-countries-and-cities-running-out-of-water/
- https://www.epo.org/en/about-us/observatory-patents-and-technology/technologies/water-technologies
- https://watersensitivecities.org.au/wp-content/uploads/2016/05/FS_A1-3_EconomicIncentivesInstruments.pdf
- https://www.weforum.org/publications/from-scarcity-to-solutions-food-water-innovation-in-asia-and-the-middle-east/
- https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2666188824000741
- https://www.eit.europa.eu/our-activities/call-for-eit-communities/eit-water
- https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257%2Fapp.20210011
Conduciendo no se deben beber refrescos
Al volante en verano, calor y sed. Camino de la playa, de vuelta a casa, kilómetros y sed. No resulta raro. Y, sin embargo, hay más riesgo del que parece. Un vaso de agua de menos es como una copa de más. El coche y la deshidratación (juntos) son tan peligrosos que, eso sí, el remedio es facilísimo: cuando conduzcas, bebe. Agua, por descontado. Pero ¿se puede beber algo más?
PREÁMBULO
- Conducir con altas temperaturas estimula la sudoración excesiva y, en consecuencia, la pérdida de agua en el cuerpo. También se pierden sales minerales por no beber a tiempo.
- El estudio Deshidratación y conducción, elaborado por la Universidad de Loughborough y el European Hydration Institute concluye que los conductores con deshidratación cometen tantos errores como los que conducen tras haber ingerido alcohol.
- ¿Cuáles son esos errores? Entre otros, y según esa investigación, salirse involuntariamente del carril, frenar a destiempo y rebasar la línea del arcén. Una persona con deshidratación, dice el estudio, actúa como un conductor con un nivel de alcohol en sangre de 0,8 g/l.
- Un descenso del 2% de agua en el cuerpo puede causar una disminución momentánea de memoria y un descenso significativo de la atención, segúneste informe del Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS). Este texto recoge también evidencias científicas de que el desequilibrio hídrico aumenta significativamente el tiempo de reacción.
- Otros síntomas comunes de deshidratación son el dolor de cabeza, el cansancio y la pérdida de concentración. ¿A alguien se le ocurre algo más peligroso al volante?
ALGUNAS CONCLUSIONES
Conocido lo anterior, el Real Automóvil Club de España (RACE) y laAsociación de Bebidas Refrescantes colaboran desde hace años en la campaña Un refresco, tu mejor combustible.
En ella hacen hincapié en el descanso porque, a partir de dos horas al volante, el riesgo de accidente aumenta un 12%. Desde ese momento, dejan de percibirse el 30% de las señales y crece el tiempo de reacción en un 86%. Y este es su consejo principal: en las paradas “hay que realizar estiramientos, dar un paseo y beber un refresco”.
Un refresco, dicen, “hidrata y aporta glucosa, mejorando elrendimiento cerebral”. Pero hay expertos que niegan la mayor. “La glucosa mejora el rendimiento cerebral… si te hace falta. Si estás seis días sin comer y bebiendo muy poquito y te ponen un crucigrama delante, lo vas a hacer peor que si estás bien alimentado. Y si a continuación te dan un chute de glucosa, lo vas a resolver mucho mejor. Pero eso no es válido en unas circunstancias normales”, asegura el dietista-nutricionista y biólogo Juan Revenga.
“No necesitamos glucosa para conducir porque, por los habitos alimentarios de nuestra sociedad, ya tenemos glucosa a espuertas. No necesitamos fomentarla”, añade. “De hecho, me parece vergonzosa la relación entre la industria alimentaria y ciertas esferas de la vida para promocionar unos productos que, en nuestras circunstancias, soninsanos”.
En definitiva, no hay razón ninguna para recurrir a las bebidas azucaradas al volante.
… …
Artículo completo en: No consumir refrescos al conducir
Vichy Catalán lanza agua edición especial «vintage»

Vichy Catalán 1881 es una mirada al pasado, una revisión de los orígenes de la marca enclave moderna que nos acerca a la época que marcó un antes y un después en la historia de las aguas minerales de este país: la época en que el fundador de la marca, el doctor Modest Furest, inició el proceso de embotellado y distribución de esta agua ‘premium‘, una de las aguas predilectas de los profesionales de la restauración y de los consumidores.
Vichy Catalán 1881 se presenta en una edición limitada exclusiva que se empezará a distribuir en octubre en el canal horeca y en el canal alimentación en dos únicos formatos de 750 ml y 330 ml (reutilizables y reciclables).
Esta nueva serie –la quinta– de botellas inspiradas en el modernismo de Vichy Catalán es diferente a todas las anteriores. El nuevo envase abandona los elementos serigrafiados e incorpora un doble etiquetado elegante, de traza modernista, que destaca con fuerza sobre el color verde intenso del vidrio.
La venta de aguas saborizadas y funcionales, crecerá un 11.9% anual

El informe “Flavoured and Functional Water Market – Global Industry Analysis, Size, Share, Growth, Trends and Forecast, 2013 – 2019” de Transparency Market Research estima que entre 2013 y 2019 el mercado mundial de las aguas saborizadas y funcionales crecerá un 11,9% anualmente y que al final de este período alcanzará un valor de US$ 36700 millones frente a los US$ 17200 millones que registró en 2012.
El crecimiento del mercado de las aguas saborizadas y funcionales está relacionado con la disminución de las ventas de bebidas carbonatadas, cuyo consumo se asocia con diversos efectos negativos sobre la salud.
Algunas de las compañías más importantes del mercado de las aguas saborizadas y funcionales son Balance Water Company, Danone, Hint Water, Kraft Foods, Nestlé, PepsiCo, Sunny Delight Beverages Company y The Coca-Cola Company.
Los principales mercados en 2012
En 2012 los principales mercados para las aguas saborizadas y funcionales fueron Estados Unidos, Alemania, Francia, Italia y Japón mientras que la región Asia – Pacífico registró una tasa de crecimiento de dos dígitos.
Aunque las aguas saborizadas son el mayor segmento de esta categoría, las funcionales son las que más crecerán entre 2013 y 2019.
Nuevos sabores en gaseosas

Sharelle Klaus, fundadora y CEO de DRY Soda, indicó que los sabores más vendidos en Estados Unidos incluyen los de lavanda, ruibarbo y pepino. Klaus expone que los gustos están cambiando lo que explica por qué la categoría de refrescos con gas están actualmente de moda.
La ejecutiva indicó que a pesar de que a los consumidores les encantan las bebidas carbonatadas, los fabricantes de bebidas gaseosas no habían incorporado ninguna innovación en la oferta disponible en los supermercados lo que provocó que los compradores se aburrieran.
En 2005, cuando por primera vez Klaus pensó en el concepto de Dry Soda, visualizó una clara brecha en el mercado para un producto carbonatado que fuera menos dulce y más interesante desde la perspectiva del sabor.
Durante sus embarazos, ella sabía que no debía tomar vino pero quería una bebida gaseosa con muy buen sabor, sin azúcar pero con algo de gusto, es decir algo más sofisticado que no existía en el mercado. Entonces vio la oportunidad y la tomó.
Dry Soda contiene solo cuatro ingredientes: agua carbonatada purificada, azúcar de caña, sabor extraído de frutas, flores o hierbas y ácido fosfórico o málico. Los primeros cuatro sabores fueron: ruibarbo, lavanda, limoncillo y Kumquat (tipo de mandarina), seguidos de los de naranja sangre, baya de enebro, semilla de vainilla, pepino y lima silvestre.
Klaus explicó que cada botella o lata de 355 ml contiene entre 45 y 70 calorías y es endulzada con unos 11 a 19 gramos de azúcar de caña y ningún edulcorante de alta densidad. Esta cantidad es bastante diferente, comparándola con los 38 a 39 gramos que tienen algunas de las principales marcas de bebidas carbonatadas.
Fuente: beveragedaily.com
NO orines en las piscinas

Es relativamente frecuente que en las piscinas algunas personas aprovechen el momento para orinar. Esta práctica también está muy extendida entre los nadadores olímpicos. Por ejemplo, Michael Phelps y Ryan Lochte admitieron que lo hacían. Pero, aparte de que nos provoque cierto reparo, ¿es sano a fin de cuentas orinar en las piscinas? Parece ser que la pregunta del millón por fin tiene respuesta.
Químicos a la acción
En un estudio publicado en la revista de la Sociedad Americana de Química, Environmental Science & Technology, los investigadores llevaron a cabo un experimento para comprobar qué sustancias se producían cuando se mezclaba el ácido úrico, que se encuentra tanto en la orina como en el sudor, con el cloro que se utiliza en las piscinas.
Como ya sabemos, el cloro permite descontaminar el agua de microorganismos para impedir que enfermemos cuando nos damos un buen chapuzón. Sin embargo, parece ser que su combinación con las sustancias que se encuentran en la orina pueden producir una serie de compuestos nocivos para nuestro organismo.
Cabe destacar que aunque se pueda hablar indistintamente tanto de orina como de sudor, pues ambos líquidos tienen una composición similar, es la orina la principal responsable de esa mezcla venenosa.
“Sabemos que existen asociaciones entre algunos de estos productos químicos y los resultados adversos para la salud, por lo que estamos dispuestos a entender la química que hay detrás de su formación y su descomposición”, comenta Blatchley, profesor del School of Civil Engineering and Division of Environmental and Ecological Engineering de la Universidad Purdue.
Se producen sustancias que afectan a pulmones, corazón y cerebro
De la mezcla de orina y sudor con el cloro de las piscinas, los investigadores descubrieron que se producían otras sustancias, entre las que destacaron dos que están relacionadas con problemas de salud:
- Tricloramina (NCl3): ésta específicamente se encuentra asociada a problemas pulmonares.
- Cloruro de cianógeno (CNCl): éste, además de afectar al pulmón como la tricloramina, también es capaz de ocasionar problemas al corazón y al sistema nervioso central.
Estas dos sustancias se pueden encontrar en cualquier parte de la piscina que tienen su principal origen en las reacciones químicas de los componentes que constituyen la orina. Como ya hemos comentado anteriormente, el sudor prácticamente no tiene importancia en comparación con la orina.
Conclusiones finales
Los investigadores del estudio concluyen que la mejor manera para conseguir unas buenas condiciones sanitarias en las piscinas empieza con algo tan simple como orinar en el lugar que corresponde: en el cuarto de baño.
“Hay un montón de gente en la comunidad de natación que admiran a estas personas (Phelps y Lochte) y escuchan lo que tienen que decir, pero no son químicos y no deberían hacer declaraciones que son falsas”, concluye Blatchley.
Así que la próxima vez que tengas ganas de orinar mientras te encuentras en la piscina, antes de proceder instintivamente piensa por tu salud y el resto de las personas que te rodean más que por la comodidad que supone.
Fuente: The Atlantic
Traducido por: Medciencia
Máquina que convierte el agua en vino
Hace unas semanas se dio a conocer la Miracle Machine, una máquina que decía poder convertir el agua en vino en tan solo tres días. La noticia tuvo una gran repercusión mediática, y esta era la intención, pero la noticia no era real, ha sido una estrategia de marketing para dar a conocer a una organización sin ánimo de lucro que pretende hacer llegar agua potable a los más de 800 millones de personas que no tienen acceso.
Los responsables de la farsa de la máquina que convierte el agua en vino argumentan que todo fue por una buena causa, ellos son los responsables de una ONG llamada ‘Wine to Water’ (Vino a Agua), que tiene el objetivo de facilitar el acceso al agua potable en 17 países, y contaron con la colaboración de dos productores de vino del Valle de Napa, Philip James y Kevin Boyer, los supuestos creadores de la milagrosa máquina que convierte el agua en vino.
Adornaron el anuncio hablando sobre una máquina de sobremesa que además estaba fabricada con materiales sostenibles y ofreciendo una línea minimalista, acorde a los gustos actuales. La Miracle Machine se manipularía a través de una aplicación móvil que permitiría elegir un tipo de vino de una lista configurada según variedades de uva, levaduras… aseguraban que introduciendo un concentrado, las levaduras y 600 ml. de agua, la máquina se pondría en marcha a través de la mencionada aplicación para hacer el vino. Poco antes de finalizar el proceso, se podrían añadir matices de envejecimiento del vino vertiendo unos polvos.
Ampliar en: Gastronomía and Cía
Si es potable, lo mejor es beber agua del grifo

En el Día Mundial del Agua merece la pena acordarse de esos 768 millones de personas que no tienen acceso a una fuente de agua potable mejorada, es decir, que siguen bebiendo agua de pozos, fuentes, ríos o estanques que no garantizan su salubridad. No cuentan con conexión a una red de distribución o acceso a un sistema público de abastecimiento.
Tampoco está de más acordar que el agua embotellada tiene más polonio que la del grifo. Y que responde a un modelo insostenible de consumo de materias primas (para la fabricación del envase, su transporte, etc.) y generación de residuos de plástico. Hasta el extremo que en algunas partes civilizadas del mundo se prohíben las botellas de agua de plástico.
O las polémicas sobre la [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE].
Por todo esto, si son de los privilegiados que pueden hacerlo, beban agua del grifo.
Fuente: ambientologosfera
