La química de la cerveza

A menudo, cuando levantamos una copa de cerveza, nuestra mente se dirige inmediatamente a su sabor refrescante, su amargor característico o su capacidad para acompañar un buen momento. Rara vez nos detenemos a pensar que estamos sosteniendo un líquido de una complejidad química asombrosa. Más allá de la simple mezcla de agua, malta, lúpulo y levadura, la cerveza es una matriz bioquímica fascinante. De hecho, la ciencia moderna ha revelado que una cerveza contiene entre 800 y 1500 compuestos químicos identificados, una cifra que puede dispararse hasta varios miles dependiendo de la sofisticación de las técnicas analíticas empleadas.

Para entender esta inmensidad molecular, es necesario mirar más allá de la receta básica. La cerveza es el resultado de una cascada de reacciones químicas y biológicas que comienzan en el campo y culminan en el vaso. Cada ingrediente aporta su propio repertorio de moléculas, y durante la elaboración, estas interactúan para formar nuevos compuestos. El número exacto de sustancias químicas presentes en una cerveza no es una cifra fija; depende de tres factores fundamentales: el estilo de la cerveza, los ingredientes específicos utilizados y las técnicas analíticas empleadas para diseccionarla.

En primer lugar, el estilo de la cerveza dicta en gran medida su perfil químico. No es lo mismo analizar una ligera Lager que una robusta Imperial Stout. En las cervezas oscuras, el proceso de tostado de la malta desencadena la reacción de Maillard —la misma que dora la superficie de un filete o el pan en el horno—, generando cientos de compuestos diferentes conocidos como melanoidinas, que aportan sabores a café, chocolate y caramelo. Por otro lado, las cervezas de trigo o las belgas de abadía deben gran parte de su carácter a la levadura, que durante la fermentación produce ésteres y fenoles que evocan aromas a plátano, clavo de olor o incluso ahumados. Cada estilo es, en esencia, una huella química distinta.

En segundo lugar, los ingredientes específicos y su origen geográfico introducen variaciones enormes. El lúpulo, por ejemplo, es una fábrica de aceites esenciales. Dependiendo de la variedad —ya sea la noble europea Hallertau o la cítrica estadounidense Cascade—, el lúpulo aportará perfiles de micreno, humuleno o linalool radicalmente distintos. Asimismo, el agua, a menudo subestimada, es el solvente que transporta los iones de calcio, magnesio y bicarbonato que ajustan el pH del macerado, alterando la actividad enzimática y, por ende, el perfil de azúcares y, posteriormente, de alcoholes y glicerina en la cerveza final.

Sin embargo, el verdadero salto en nuestra comprensión de la química cervecera ha venido de la mano de la tecnología analítica. Durante décadas, los químicos solo podían identificar los compuestos más abundantes: el etanol, el dióxido de carbono, las dextrinas y algunos ácidos. Pero la llegada de la cromatografía de gases acoplada a la espectrometría de masas (GC-MS) ha revolucionado el campo.

La cromatografía de gases actúa como un circuito de carreras molecular: los compuestos volátiles de la cerveza se vaporizan y son transportados por un gas inerte a través de un capilar largo y revestido. Cada molécula interactúa de manera diferente con las paredes del capilar, por lo que tardan tiempos distintos en cruzar la línea de meta. Al salir, la espectrometría de masas las «pesa» y las fragmenta, creando un espectro único, una especie de código de barras molecular que permite identificar la sustancia con precisión absoluta.

Gracias a esta tecnología de vanguardia, los científicos han podido identificar no cientos, sino varios miles de compuestos en determinadas cervezas. Muchos de estos compuestos existen en concentraciones ínfimas, del orden de partes por billón (microgramos por litro o incluso nanogramos por litro). A estas escalas, una sola molécula entre miles de millones puede ser la diferencia entre percibir un aroma a pomelo rosado o a madera de cedro. La sinergia entre estos compuestos traza es lo que crea la ilusión de un sabor unificado y complejo en nuestro paladar.

Esta complejidad química explica por qué la cerveza es una de las bebidas más diversas del mundo. Cada sorbo es una sinfonía donde los alcoholes superiores, los ácidos orgánicos, los azúcares residuales, los compuestos sulfurados y los fenoles tocan sus respectivos instrumentos. La próxima vez que degustes una cerveza, recuerda que no estás solo bebiendo un líquido fermentado; estás experimentando el resultado de un intrincado universo químico, donde entre 800 y 1500 compuestos identificados —y quizás miles más por descubrir— se unen para crear una de las bebidas más fascinantes de la historia de la humanidad.

Fuente: Molecularmente

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La ciencia detrás de tu cerveza sin alcohol: cómo se elimina el etanol sin sacrificar el sabor

¿Te has preguntado alguna vez cómo logran quitarle el alcohol a la cerveza sin arruinar su sabor? No hace mucho tiempo, pedir una cerveza sin alcohol era sinónimo de resignarse a una bebida aguada, plana y con un regusto metálico o a cereal cocido que poco o nada tenía que ver con la experiencia de saborear una buena «rubia», una IPA o una Stout. Sin embargo, hoy en día, el mercado ofrece alternativas desalcoholizadas que engañan incluso a los paladares más expertos y exigentes.

Para entender este salto cualitativo, primero debemos comprender qué papel juega el alcohol en esta bebida milenaria. El etanol no solo está ahí para proporcionar el efecto embriagador; es, de hecho, un pilar fundamental en la arquitectura sensorial de la cerveza. Aporta viscosidad, lo que se traduce en esa sensación de «cuerpo» y plenitud en la boca, y actúa como un solvente químico natural que atrapa y transporta los compuestos volátiles —los delicados ésteres afrutados de la levadura y los terpenos cítricos o resinosos del lúpulo— directamente hacia nuestros receptores olfativos. Retirar el alcohol de la ecuación sin destruir esa intrincada sinfonía de sabores es uno de los mayores retos de la ingeniería alimentaria contemporánea.

A principios del siglo XX, durante los años de la Ley Seca en Estados Unidos, los cerveceros que intentaban producir bebidas legales simplemente hervían la cerveza para evaporar el alcohol.1 A nivel del mar, a una presión atmosférica de 1 atmósfera, el etanol tiene un punto de ebullición de aproximadamente 78,3 °C. El problema es que, al someter a la cerveza a esas temperaturas, los aceites esenciales del lúpulo se destruyen y las proteínas y azúcares residuales de la malta se «cocinan». El resultado era un líquido que perdía toda su frescura, volviéndose monótono y pesado. Había que encontrar soluciones mucho más sofisticadas y sutiles.

Hoy en día, la industria cervecera ha adoptado tecnologías de vanguardia que parecen sacadas de un laboratorio de física cuántica o química avanzada. Existen principalmente dos métodos industriales para lograr desalcoholizar la cerveza preservando su alma intacta, cada uno basado en principios físicos distintos y fascinantes: la destilación al vacío y la ósmosis inversa.23

Destilación al vacío: Manipulando las leyes de la termodinámica 🌡️⚙️

El primero de los métodos es la destilación al vacío, una técnica brillante que altera la relación natural entre la presión y la temperatura.5 Como hemos mencionado, calentar la cerveza a casi 80 °C destruye irremediablemente su perfil organoléptico. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos hacer hervir el alcohol sin usar un calor extremo?

La física termodinámica nos enseña que el punto de ebullición de un líquido no es una temperatura fija e inamovible, sino que depende directamente de la presión ambiental a la que esté sometido. Un ejemplo clásico es lo que ocurre al hervir agua: a nivel del mar hierve a 100 °C, pero en la cima del Monte Everest, a casi 9.000 metros de altura donde la presión atmosférica es mucho menor, el agua hierve a unos 86 °C.5

Aplicando este mismo principio, los ingenieros cerveceros introducen la cerveza terminada (con todo su alcohol, aroma y sabor) en enormes tanques herméticos acoplados a potentes bombas de vacío. Al reducir drásticamente la presión dentro del sistema, bajamos el punto de ebullición del alcohol.367 En un entorno de vacío casi total, el etanol pierde su estabilidad líquida y puede comenzar a evaporarse a temperaturas increíblemente bajas, a menudo rondando entre los 25 °C y los 30 °C.3

Esto permite evaporarlo sin someter a la cerveza a altas temperaturas que alterarían su perfil de sabor original.1 Como la bebida apenas se calienta, no hay caramelización indeseada de los azúcares ni degradación térmica. Además, las plantas de destilación más modernas cuentan con sistemas de recuperación de aromas: aquellos compuestos aromáticos hipervolátiles que logran escapar junto con el alcohol durante el vacío son capturados, separados del etanol y reincorporados cuidadosamente a la cerveza final. El resultado es una bebida brillante, intensamente aromática y fiel a la receta original, pero sin el grado alcohólico.

Ósmosis inversa: Separación molecular en frío 💧🧪

El segundo gran método es la ósmosis inversa, un proceso de separación molecular a través de membranas semipermeables. Si la destilación al vacío juega con la termodinámica y los cambios de estado físico (de líquido a gas), la ósmosis inversa se basa puramente en la filtración a escala nanométrica y en la fuerza mecánica, operando completamente en frío.

En este proceso, la cerveza fluye a una presión altísima contra una membrana semipermeable extremadamente fina. Este filtro posee poros tan minúsculos que actúan como un guardián selectivo a nivel molecular. El agua y el alcohol (etanol) son moléculas de tamaño muy reducido, por lo que logran atravesar la membrana. A este líquido que cruza se le conoce en la industria como permeado, y es básicamente una mezcla cristalina de agua, alcohol y algunos ácidos menores.

Por otro lado, del lado original de la membrana, son incapaces de pasar las moléculas más grandes y complejas. Y es precisamente aquí donde reside el «alma» de la bebida: las proteínas que forman esa espuma cremosa, los carbohidratos complejos que le otorgan el cuerpo, los pigmentos que aportan su color (ya sea el dorado brillante de una Lager o el negro opaco de una Stout), y los compuestos amargos y aceites aromáticos del lúpulo. Todo esto forma un líquido concentrado (el retenido), que es un jarabe espeso, denso y sumamente sabroso, libre de alcohol pero con la esencia pura de la cerveza intacta.

Aquí, se filtra el líquido a presión para separar el alcohol y el agua de los compuestos que dan cuerpo y aroma. Posteriormente, se debe lidiar con la mezcla separada. El agua y el alcohol filtrados se someten a una destilación para apartar el etanol. Una vez retirado el alcohol, esa misma agua pura se devuelve al jarabe concentrado. En definitiva, posteriormente, se reequilibra la mezcla con agua fresca. Dado que todo este proceso molecular se realiza a bajas temperaturas, el perfil sensorial de la cerveza no sufre absolutamente ningún tipo de estrés térmico, dando lugar a cervezas sin alcohol vibrantes que logran competir de tú a tú en catas a ciegas con sus equivalentes con alcohol.

El arte del reequilibrio final

Independientemente de la proeza tecnológica utilizada, quitar el etanol siempre deja un pequeño hueco en la estructura de la bebida, haciéndola sentir un poco más «ligera» en boca. Para solucionar esto, los maestros cerveceros aplican un arte de reequilibrio final. Muchas veces ajustan la receta original desde el principio, utilizando maltas especiales con dextrinas y azúcares no fermentables que aporten más volumen táctil. En otras ocasiones, modifican sutilmente el nivel de carbonatación de la cerveza resultante, inyectando burbujas más finas que ayudan a engañar al paladar, emulando la textura y la sedosidad que aportaría el alcohol.

La creación de una cerveza sin alcohol de alta calidad es el testimonio perfecto de cómo la innovación tecnológica puede ponerse al servicio del placer gastronómico. Ha dejado de ser un producto marginal para convertirse en un lienzo donde los ingenieros de alimentos demuestran su maestría sobre la física de los fluidos.

La próxima vez que disfrutes de una opción sin alcohol, recuerda que detrás hay un proceso termodinámico y de separación altamente controlado. ¡Salud por la ciencia que nos permite brindar con todo el sabor! 🍻

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Cervezas de cebada «aptas para celíacos»: un estudio revela riesgos ocultos que desafían los controles oficiales

Investigadores identificaron fragmentos de proteína del gluten que pueden desencadenar respuestas inmunológicas en personas con enfermedad celíaca, incluso en productos que superan los estándares regulatorios vigentes. El hallazgo reabre el debate sobre la fiabilidad de los métodos de análisis y la transparencia del etiquetado en la industria cervecera.


Durante años, las cervezas elaboradas a partir de cebada sometida a procesos especiales de fermentación o hidrólisis enzimática han representado una promesa para los millones de personas que viven con enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten no celíaca en todo el mundo. La posibilidad de consumir una cerveza «de verdad», con su sabor tradicional y su proceso artesanal, sin pagar el precio de una reacción intestinal, parecía al alcance de la mano. Sin embargo, un nuevo estudio científico viene a sacudir esa certeza y a plantear preguntas incómodas tanto para la industria alimentaria como para las autoridades sanitarias.

La investigación, publicada recientemente en una revista especializada en ciencias de los alimentos y nutrición clínica, detectó la presencia de fragmentos peptídicos derivados del gluten en diversas marcas de cerveza de cebada comercializadas como aptas para personas con intolerancia al gluten. Lo más inquietante del hallazgo no es solo la presencia de estos fragmentos, sino el hecho de que varios de los productos analizados cumplían formalmente con los límites establecidos por las normativas internacionales, en particular el umbral de 20 partes por millón (ppm) de gluten que fija el Codex Alimentarius de la Organización Mundial de la Salud como frontera entre lo «apto» y lo «no apto» para celíacos.

El problema está en lo que los test no miden

El núcleo del problema radica en una limitación técnica que los expertos conocen desde hace tiempo pero que raramente trasciende al gran público: los métodos de detección de gluten más utilizados en la industria, fundamentalmente los ensayos inmunoenzimáticos conocidos como ELISA, fueron diseñados para identificar proteínas intactas del gluten, principalmente la gliadina del trigo. Pero durante los procesos de fermentación y la acción de las enzimas proteolíticas que se emplean para «desactivar» el gluten en las cervezas especiales, esas proteínas se fragmentan en péptidos más pequeños que pueden eludir la detección de los anticuerpos utilizados en los test convencionales.

Lo que el estudio demuestra es que esos fragmentos no son necesariamente inocuos. Algunos de ellos conservan secuencias de aminoácidos que el sistema inmunológico de una persona celíaca puede reconocer como amenazas, desencadenando la cascada inflamatoria característica de la enfermedad, aunque en cantidades que quedan por debajo del radar de los análisis oficiales. En otras palabras: una cerveza puede pasar los controles y lucir en su etiqueta la leyenda «sin gluten» o «apta para celíacos», y aun así provocar daño en la mucosa intestinal de un consumidor susceptible.

Una enfermedad que no da tregua

Para comprender la gravedad del asunto conviene recordar qué es exactamente la enfermedad celíaca. Se trata de una patología autoinmune crónica en la que la ingesta de gluten —una proteína presente en el trigo, la cebada, el centeno y sus derivados— provoca una respuesta inmune que daña las vellosidades del intestino delgado. Esta lesión compromete la absorción de nutrientes y puede derivar en desnutrición, anemia, osteoporosis, infertilidad y un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer si la exposición se mantiene a lo largo del tiempo.

Según datos de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), se estima que entre el 1 y el 2 por ciento de la población mundial padece esta enfermedad, aunque la mayoría permanece sin diagnóstico. En América Latina, estudios regionales sugieren prevalencias similares, con un infradiagnóstico aún más pronunciado. El único tratamiento efectivo disponible hasta la fecha es la dieta estrictamente libre de gluten de por vida, lo que convierte el etiquetado preciso y veraz de los alimentos en una cuestión de salud pública, no de preferencia del consumidor.

La industria cervecera ante un dilema

El mercado de las cervezas sin gluten o aptas para celíacos ha crecido de manera sostenida en la última década. Impulsado tanto por el aumento de los diagnósticos de celiaquía como por la popularización de dietas libres de gluten entre personas sin patología diagnosticada, este segmento mueve hoy cifras millonarias en Europa, Estados Unidos y, cada vez más, en América Latina. La tentación de acceder a ese mercado con productos de cebada —más económicos y sencillos de producir que las alternativas elaboradas con cereales naturalmente libres de gluten como el arroz o el maíz— ha llevado a muchos fabricantes a recurrir a los procesos enzimáticos mencionados.

Los representantes del sector argumentan que sus productos son seguros dentro de los marcos regulatorios existentes y que la evidencia científica acumulada respalda el uso del umbral de 20 ppm como referencia válida. Sin embargo, la investigación que ahora sale a la luz sugiere que ese umbral fue establecido en función de proteínas intactas y no necesariamente contempla la toxicidad potencial de los péptidos fragmentados que resultan del procesamiento industrial.

Nuevas herramientas para viejos problemas

Los autores del estudio no se limitan a señalar el problema: también proponen soluciones. En primer lugar, abogan por la incorporación de métodos de análisis más sofisticados, como la espectrometría de masas, capaz de identificar péptidos específicos con mucha mayor precisión que los test ELISA convencionales, aunque su coste y complejidad técnica sean considerablemente mayores. En segundo lugar, plantean la necesidad de revisar los estándares regulatorios para que incluyan no solo la concentración total de gluten sino también la presencia de péptidos con actividad inmunogénica conocida.

Desde el ámbito clínico, varios gastroenterólogos y nutricionistas consultados por diferentes medios especializados coinciden en que el estudio refuerza una recomendación que muchos ya hacían de forma preventiva: que las personas con enfermedad celíaca diagnosticada eviten las cervezas elaboradas con cebada, incluso las etiquetadas como aptas para su consumo, y opten en su lugar por bebidas elaboradas con cereales intrínsecamente libres de gluten.

El etiquetado como herramienta de protección

Más allá de los métodos analíticos, el debate pone sobre la mesa una cuestión de fondo: la honestidad y la precisión del etiquetado alimentario. Organizaciones de pacientes celíacos de varios países llevan años reclamando que se diferencie con mayor claridad entre los productos «sin gluten» por naturaleza y aquellos que han sido procesados para reducir su contenido de gluten. Esta distinción, que puede parecer técnica o secundaria, tiene implicaciones directas para la salud de millones de personas.

La Unión Europea ya establece una diferenciación entre productos «sin gluten» —menos de 20 ppm— y productos «con muy bajo contenido en gluten» —entre 20 y 100 ppm—, pero la aplicación práctica de estas categorías y su comprensión por parte del consumidor siguen siendo objeto de debate. En América Latina, la regulación es más heterogénea y en muchos países todavía incipiente.

Una llamada a la acción

El estudio no pretende alarmar innecesariamente ni condenar de forma categórica a toda una categoría de productos. Su mérito principal es científico y metodológico: señala una brecha entre lo que los controles oficiales miden y lo que la biología de la enfermedad celíaca exige. Esa brecha, mientras no se cierre, representa un riesgo real para personas que confían en el sistema de etiquetado para tomar decisiones vitales sobre su alimentación.

La respuesta a ese desafío corresponde a varios actores simultáneamente: a la comunidad científica, para desarrollar y validar métodos de análisis más precisos; a las autoridades regulatorias, para actualizar sus estándares a la luz de la nueva evidencia; a la industria, para adoptar una transparencia que vaya más allá del cumplimiento mínimo legal; y a los profesionales de la salud, para orientar a sus pacientes con la información más actualizada disponible.

Mientras tanto, para quienes viven con enfermedad celíaca, la prudencia sigue siendo la mejor guía. Y para el resto, este estudio es un recordatorio de que la ciencia alimentaria es un campo en permanente evolución, donde las certezas de hoy pueden convertirse en las preguntas de mañana.


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El secreto detrás de la larga duración de la espuma en las cervezas belgas

 

La espuma abundante y persistente de la cerveza belga no es solo un símbolo de calidad y tradición, sino también una marca distintiva respaldada por la ciencia de la fermentación y la física de los materiales. ¿Por qué la espuma de las cervezas belgas dura mucho más que la de otros estilos? Las investigaciones recientes han revelado que el misterio radica en la composición y dinámica de las burbujas, el impacto de las proteínas y los procesos particulares de fermentación.phys+2

Espuma: mucho más que estética

La espuma que corona una cerveza encierra burbujas de aire recubiertas por una película fina de líquido cargado de proteínas y otros compuestos provenientes del grano y la levadura. Su estabilidad representa para el consumidor frescura y calidad, ya que evita que el gas se escape rápidamente y mejora la experiencia sensorial.arstechnica+1

El papel de la fermentación

Las investigaciones realizadas por ETH Zurich y otros centros especializados han demostrado que el proceso de fermentación múltiple (doble o triple) presente en muchas cervezas belgas influye directamente en la estabilidad y duración de la espuma. Cervezas como las Trappist Tripel y Dubbel, que pasan por dos o tres fermentaciones, presentan las espumas más duraderas y estables, superando ampliamente a las cervezas tipo lager, cuya espuma se desvanece rápidamente.ethz+3

La razón es que, durante cada fermentación, ciertos compuestos —principalmente proteínas— se modifican y adquieren la capacidad de formar películas más resistentes alrededor de las burbujas de la espuma. En particular, la proteína LTP1 (proteína transferasa lipídica) cambia su estructura durante la fermentación sucesiva y refuerza la estabilidad de las membranas que recubren las burbujas.swissinfo

Viscosidad y tensión superficial

Durante mucho tiempo se pensó que la clave estaba en la viscosidad superficial generada por las proteínas del malteado, responsables de “engrosar” la película que rodea la burbuja y evitar que se rompa. Esto es especialmente cierto en lagers y cervezas de fermentación simple. Sin embargo, los estudios recientes matizan esta visión: en las cervezas belgas de varias fermentaciones, la viscosidad superficial es baja, pero la persistencia de la espuma viene dada por otro mecanismo físico: el llamado efecto Marangoni.ethz+1

El efecto Marangoni se produce por diferencias de tensión superficial que generan corrientes dentro de la película líquida, estabilizando así las burbujas y ralentizando la disipación de la espuma. Este fenómeno físico ayuda a que muchas cervezas belgas mantengan su característico “corona” espumosa durante más tiempo, incluso frente al consumo y a los cambios ambientales.swissinfo+1

La malta y el tipo de grano

El tipo de malta y el proceso de maceración también influyen en la formación y persistencia de la espuma. La malta belga suele someterse a técnicas de maceración (step mash) que elevan la concentración de proteínas específicas, favoreciendo una espuma robusta y persistente.reddit

Además, la carbonatación natural, resultado de la fermentación en botella o en barril, potencia la formación de burbujas más pequeñas y duraderas, en contraste con la carbonatación forzada que emplean muchas lagers de consumo masivo.reddit

Comparación entre estilos

Las cervezas belgas triples (Tripel) y dobles (Dubbel) muestran la espuma más estable, gracias al triple proceso de fermentación y la riqueza en compuestos estabilizadores. Las lagers y cervezas de fermentación simple, en cambio, dependen principalmente de la viscosidad generada por las proteínas presentes, lo que las torna más vulnerables a la pérdida rápida de la espuma.linkedin+2

Factores externos que afectan la duración de la espuma

  • Lavado y grasa en los vasos: cualquier residuo aceitoso puede destruir la espuma rápidamente por su efecto sobre la tensión superficial.

  • Temperatura de consumo: temperaturas muy altas aceleran la ruptura de las burbujas.

  • Agitación excesiva: servir la cerveza bruscamente puede disipar antes la espuma formada.arstechnica

  • Mezcla con otros ingredientes o aditivos: también puede alterar el equilibrio de proteínas y surfactantes naturales que estabilizan las burbujas.

Implicaciones para la industria y el consumidor

Este conocimiento permite a los cerveceros ajustar formulaciones, procesos de fermentación, y métodos de carbonatación para producir cervezas con una espuma más persistente. Para el consumidor y el experto en cerveza, la espuma duradera no solo es cuestión de presentación: protege los aromas, mejora la textura y evita la oxidación prematura de la bebida.phys+1

La espuma longeva de las cervezas belgas es resultado de una alquimia científica que engloba métodos de fermentación, manipulación de proteínas, tensiones superficiales y artesanía cervecera. El próximo brindis frente a una Tripel belga será también una celebración de siete años de investigación y milenios de tradición innovadora.phys+2

  1. https://phys.org/news/2025-08-foam-belgian-beers.html
  2. https://ethz.ch/en/news-and-events/eth-news/news/2025/08/why-the-foam-on-belgian-beers-lasts-so-long.html
  3. https://www.discovermagazine.com/this-is-why-foam-on-belgian-beer-lasts-and-foam-on-lagers-does-not-47976
  4. https://arstechnica.com/science/2025/08/physics-of-why-belgian-beer-foam-is-so-stable/
  5. https://www.swissinfo.ch/eng/various/eth-secret-of-beer-foam-stability-revealed/89901807
  6. https://www.reddit.com/r/Homebrewing/comments/1n14hm1/scientists_unlock_secret_to_thick_stable_beer/
  7. https://www.linkedin.com/posts/phys-org_why-the-foam-on-belgian-beers-lasts-so-long-activity-7367564806251360256-pNpn
  8. https://www.thedrinksbusiness.com/2025/08/scientists-discover-which-beer-has-the-longest-lasting-foam/
  9. https://physicsworld.com/a/why-foamy-heads-on-belgium-beers-last-so-long/
  10. https://www.reliantbevcarb.com/post/the-science-behind-perfect-beer-head-co2s-role-explained

Nuevo estudio confirma el elevado índice glucémico de la cerveza


Photo credit: Teddy Kwok via Visualhunt.com / CC BY-ND

La cerveza es uno de esas bebidas que con frecuencia acapara titulares en los que se mezclan (con bastante malicia y malas artes) beneficios para la salud, ciencia y marketing. Pueden comprobarlo leyendo este post o este otro . Conviene recordar que en España este tipo de prácticas suelen provenir del entorno de la industria alimentaria (en este caso de los fabricantes y comercializadores de cerveza) y de sus iniciativas para hacer marketing encubierto. En este contexto, las discutibles afirmaciones suelen girar en torno a los supuestos beneficios que podrían tener sus polifenoles o su supuesta capacidad de hidratación. Y como suele preguntar Aitor Sánchez, ¿ustedes se levantan muy hidratados tras una intensa noche de cañas?

Evidentemente, en todos estos titulares nunca se mencionan otras características o propiedades en las que la cerveza puede salir mucho peor parada. Una de ellas es el índice glucémico (IG), un indicador bastante popular y cada vez más utilizado sobre todo entre los alimentos ricos en carbohidratos, pero que normalmente nunca se asocia a productos como la cerveza. Este coeficiente sirve para conocer (aproximadamente) la respuesta glucémica (aumento de la concentración de glucosa en sangre) que provoca un alimento. Le suele acompañar otro similar, la carga glucémica (CG), que se calcula incorporando al IG la cantidad de carbohidratos (los más interesados en el tema pueden profundizar en las entradas de la Wikipedia, que son bastante dignas, aquí en español y aquí en inglés). Dicho de forma breve, podría decirse que a mayor IG y CG, mayor aumento de la glucosa en sangre.

Para situarnos, conviene saber que los valores de referencia utilizados para el cálculo del IG son los del pan blanco y la glucosa pura, dos alimentos que provocan una importante respuesta glucémica, que se cuantifican como 100. Si la respuesta de otro alimento es mayor o menor, su valor quedará por encima o por debajo de 100, respectivamente. La mayoría de los alimentos tiene un valor por debajo de esta cifra, como pueden comprobar en este listado de Harvard.

Ampliar en: Lo que dice la CIENCIA para ADELGAZAR

Cerveza de marca blanca que pasó por artesana

Toca Comer. Cerveza de marca blanca que pasó por artesana. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En el mundillo gastronómico, hay mucha tontería. ¿Pero cuánta? Para calibrar si los aficionados y entendidos en comidas y bebidas saben de lo que hablan o se apuntan a las modas sin tener ni idea, inauguramos una nueva sección: La prueba del postureo.

En esta serie de vídeos «EL Comidista» propone un experimento muy sencillo: ir a un encuentro de expertos en un determinado alimento, darles a probar la versión más baratae industrial del mismo sin decirles qué es, y dejarles que opinen. EL vídeo  corresponde al Barcelona Beer Festival, uno de los mejores eventos de cerveza artesana de Europa, armados con unos litros de mezclurria de distintas birras de marca blanca de Mercadona.

Acceder al vídeo en: ElPaís

Historia y fabricación de la cerveza

Cerveza Artesana

Esta bebida se desarrolló hace miles de años cuando, probablemente, alguien dejó pan y agua en el mismo recipiente durante varias semanas. Algunos historiadores proponen que la cerveza se desarrolló en paralelo al pan, así que su aparición se sitúa ente el 10000 al 6000 a.n.e. Los primeros productores fueron los elamitas, egipcios y sumerios. Igual que la cocina, la cerveza ha evolucionado, ha ido cambiando mezclando ingredientes, aumentando o disminuyendo sus niveles de alcohol y ha pasado de dulzona a amarga, de densa a ligera. Así mismo, sus métodos de elaboración se han vuelto más sofisticados y la seguridad en su consumo ha aumentado. Pero, ¿por qué bebemos cerveza?

En la actualidad encontrar agua potable o transportarla es bastante sencillo, pero en la antigüedad beber agua no era del todo seguro. Una bebida alcohólica como la cerveza era mucho más salubre que el agua ya que el mismo proceso de fermentación mata la mayor parte de gérmenes y se mantiene en buen estado por más tiempo debido a que contiene alcohol.

La producción y el consumo de la cerveza siempre ha sido muy importante, tanto para dejar escritos de su fabricación y consumo. Los sumerios dejaron constancia de al menos 20 variedades de cerveza, cada una de estas se usaba de manera diferente (ceremonias religiosas, festividades, fines medicinales…). Los sumerios elaboraban una cerveza llamada sikaru para las ceremonias religiosas que se hacía mediante pan de trigo y cebada que se ponía en remojo durante varios días, después añadían miel y dátiles. Los faraones en el antiguo Egipto aceptaban la fabricación de cerveza para una celebración como una causa justificada para no ir a trabajar a las pirámides . Además, los egipcios la fabricaban a gran escala para alimentar a las tropas que disponían de una ración diaria como parte de su sueldo.

A partir del siglo V, durante la Edad Media, la producción de la cerveza en Europa era monopolio de la Iglesia y los monjes guardaban con recelo su elaboración ya que la comercialización de esta suponía una fuente de ingresos nada desdeñable. Aunque la elaboración de la cerveza era sencilla, conseguir el sabor amargo tan distintivo y atractivo para el consumidor no lo era. Antes del uso del lúpulo, se usaba el gruyt, una mezcla de frutos del bosque, mirto y romero. Una vez que el lúpulo se empezó a comercializar por toda Europa, a finales del siglo XII con la explosión urbana, la fabricación de la cerveza llegó a las manos de muchos y dejó de ser un producto sólo fabricado en monasterios y abadías. Una de las ventajas del lúpulo frente al gruyt es que el lúpulo es un buen conservante permitiendo extender los meses de consumo de la cerveza. Este conservante y los avances técnicos en su elaboración permitieron que la cerveza dejase de ser un producto de temporada.

La cerveza ha sido uno de los principales alimentos de la humanidad. Existen escritos del siglo XIV en el que se recomendaba incluir una jarra de cerveza o un plato de sopa de cerveza (cerveza, huevos, mantequilla y pan) en el desayuno, incluso para los niños.

Una vez que desapareció el monopolio de la Iglesia en la fabricación de la cerveza, esta se empezó a fabricar en los hogares a pequeña escala, disparando el número de tipos de cerveza. Estos hogares empezaron a traer a visitantes que más tarde se convirtieron en clientes, y sus hogares pasaron a ser public houses, es decir, pubs. Así, algunas familias siguieron su tradición cervecera y empezaron a aparecer las primeras cervecerías comerciales en el siglo XIV.

La técnica en la fabricación de la cerveza avanzó y en 1842 un maestro cervecero de Bohemia consiguió obtener cervezas doradas y cristalinas en contraposición a las cervezas oscuras y turbias que se fabricaban. Este tipo de cerveza triunfó por una sencilla razón, Bohemia en aquella época era famosa por la fabricación de cristal y la cerveza pasó de tomarse en jarras opacas a vasos transparentes.

Artículo completo en: Hablando de Ciencia. Cervezas

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Como mantener fría una lata de cerveza

Toca Comer. Como mantener fría una lata de cerveza. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En verano, latas y botellas de bebidas frías empiezan a calentarse nada más sacarlas de la nevera. Ese calentamiento se produce por dos causas, la transmisión de calor del aire por conducción, y la condensación de agua en el exterior del recipiente. Este segundo efecto lo podemos denominar «botijo inverso», ya que calienta la lata por el mismo fenómeno que refresca un botijo solo que al revés. El calor latente de evaporación enfría el botijo, y en la condensación calienta la lata. En ambientes muy húmedos el efecto botijo inverso es responsable de dos tercios del calentamiento de la lata. Para prevenirlo resultan efectivas las fundas de neopreno, o en su defecto envolver las latas en bolsas de plástico.

Cuando se vive en una zona sometida al régimen de brisas, una de las cosas curiosas que ocurre es que el ambiente está siempre cercano al 100 % de humedad. Al menos de día, en toda la fase del ciclo en que el viento viene de mar a tierra, el aire que está sobre el mar se carga con toda el agua que puede llevar disuelto.

Ese aire circulante cargado de humedad resulta agresivo. Cualquier pieza de hierro expuesta se oxida a una velocidad llamativa, la comida se arruina: el pan está chicloso, las galletas no crujen, los frutos secos se enrancian… La capacidad de humedecer y oxidar que tiene ese viento cargado de humedad es tremenda.

En cuanto se saca una bebida de la nevera, una botella o una lata, se empiezan a formar gotitas de agua en su superficie. La cantidad de agua que cabe disuelta en el aire cambia con la temperatura, y es menor en el aire frío. Así, cuando el aire se acerca a la superficie de la lata se enfría y el agua sobrante se «desdisuelve» (precipita) formando gotitas. Como la humedad es mucha, esas gotas engordan rápidamente y escurren hacia abajo, los posavasos se hacen imprescindibles.

Artículo completo en: INVESTIGACIÓN Y CIENCIA. SciLogs


 

La cerveza es la segunda bebida alcohólica más consumida en el mundo

Toca Comer. La cerveza es la segunda bebida alcohólica más consumida en el mundo. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La cerveza es la bebida alcohólica más consumida en España y la segunda en el mundo. El primer puesto del ranking lo ocupan las bebidas espirituosas tales como whisky, orujo, brandy, ron, vodka, gin, aguardiente y anís, según información compilada gráficamente por la web chartsbin con datos de la World Health Organization.

En países como Rusia, India, Nueva Ginea, Ucrania, Eslovaquia o Rumanía, las bebidas espirituosas son las más consumidas. Lo mismo sucede en países africanos como Madagascar, Mozambique y Liberia así como en Nicaragua, Guatemala o Cuba. Todos ellos representan el 45% del consumo total de alcohol en el planeta.

La cerveza representa el 36% del consumo de alcohol en el mundo. No solo en nuestra país es la favorita, también en Alemania, Polonia, Serbia, Australia, Níger, Argelia, Egipto, EE.UU., Canadá, México, Brasil, Colombia y Bolivia, entre otros, optan por ella.

El vino, por su parte, es la tercera bebida más consumida, especialmente en Europa, donde representa el 26,4% del consumo total. Portugueses, franceses, italianos, suizos, eslovenos, húngaros, croatas y suecos optan por él. Nigeria es el único país de África en que también prefieren el vino así como en Argentina, Chile y Uruguay.

Fuente: ClubDarwin.NET

Fuente:

Las 10 mejores cervezas del mundo

Toca Comer. Las 10 mejores Cervezas del Mundo. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En la  Universidad de Stanford (EE.UU.) , el profesor Jure Leskovec y Julian McAuley decidieron buscar la manera de encontrar a un grupo de “expertos en cerveza”, con el fin de poder conocer cuáles son las mejores de todo el mundo.

Después de aplicar su metodología y de obtener a este grupo, elaboraron la lista con las 10 mejores cervezas que existen, según sus criterios.

El estudio elaborado por la Universidad de Stanford fue publicado en sitios como: Business Insider y Haz Cerveza, que no son revistas científicas.

Primer lugar
Westvleteren : Elaborada en Bélgica por los monjes de la abadía de San Sixto de Westvleteren, esta cerveza se vende por semana desde las puertas del monasterio, no tiene etiqueta y se caracteriza solamente por un simple tapón amarillo. Entre sus ingredientes se encuentra la malta, el azúcar, el caramelo.

Segundo lugar
Dark Lord: Una de las cervezas más famosas de Three Floyds Brewing, está elaborada con café, melaza y miel. Sólo se vende el último sábado de abril.

Tercer lugar Speedway Stout: Creada en San Diego California, esta cerveza cuenta con un 12 por ciento de alcohol y un cuerpo elaborado con café. Es una cerveza tostada fuerte y su fabricación está a cargo de la empresa AleSmith Brewing Company.

Cuarto lugar
Bell’s Expedition Stout: La cerveza de tono negro que tiene una cabeza de color marrón, y un aroma de café tostado con un sabor dulce. Se elabora en Michigan a cargo de la compañía Bell’s Brewery

Quinto lugar
Three Floyds Brewing’s Dreadnaught: Elaborada en Indiana, esta bebida cuenta con un sabor complejo que incluye matices de aromas de mango y durazno para evitar que sea demasiada amarga.

Sexto lugar
KBS (Kentucky Breakfast Stout): Se elabora en Michigan por la compañía Founders Brewing Co. Está elaborada con café y chocolates para darle un toque especial a su sabor y color oscuro, se deja envejecer en barricas de bourbon de roble.

Séptimo lugar
Pliny the Elder: Elaborada por Russian River Brewing Co. y de color ámbar rojizo, esta cerveza es una mezcla de cítricos y se ha convertido en una leyenda por su sabor y final seco.

Octavo lugar
Temptation: Su color dorado caracteriza a esta cerveza que se elabora en barricas de roble francés, en los cuales se deja por doce meses. Su fabricación está a cargo de Russian River Santa Rosa, en California, EEUU.

Noveno lugar
Bourbon County Stout: Se fabrica en Chicago por Goose Island brewery. Esta cerveza permanece durante dos años en barricas de bourbon de 18 años de edad, y tiene matices de chocolate con 13% de alcohol por volumen.

Décimo lugar
Adam: Fue la primera cerveza elaborada por la compañía Hair of the Dog, se hizo como una recreación de un estilo original de Alemania. Fabricada en Oregon. Portland, esta cerveza se hace desde 1994.

Fuente:  Alimentariaonline



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