Ropa viva: el textil de hongos que cicatriza sus propios rotos, se limpia y desaparece sin dejar rastro

Introducción: ¿Y si tu camisa pudiera curar sus propios rasguños?

Desde que la industria textil industrializó la producción masiva, la ropa dejó de ser un bien duradero para convertirse en un producto desechable. Cada año, millones de toneladas de textiles terminan en vertederos o mares, liberando microplásticos y químicos que persisten durante siglos. Frente a este escenario, una pregunta poco ortodoxa está ganando fuerza entre científicos y diseñadores: ¿qué pasaría si la prenda pudiera cicatrizar sus propios desgarros, eliminar manchas sin detergente y, cuando ya no la necesitemos, desaparecer completamente sin contaminar el suelo? Un equipo internacional de investigadores acaba de demostrar que ese futuro no es ciencia ficción, sino una realidad en laboratorio. Han creado un tejido revolucionario fabricado a partir de hongos vivos —específicamente, micelios cultivados en condiciones controladas— que no solo actúa como material, sino que conserva funciones biológicas: autorreparación, autolimpieza y biodegradación total.

El material vivo: más allá del algodón y el poliéster
Para entender el cambio de paradigma, hay que dejar de pensar en la tela como una estructura inerte. Tradicionalmente, los textiles se tejen con fibras naturales —algodón, lino, lana— o sintéticas —poliéster, nailon— que, una vez tejidas, son entidades muertas. Los investigadores han dado un paso distinto: en lugar de matar el organismo tras extraer su estructura, han mantenido viva a una red de hifas fúngicas, principalmente de especies como Ganoderma lucidum o Auricularia auricula, integradas en una matriz textil biodegradable. El resultado es un tejido híbrido que conserva el metabolismo del hongo, permitiéndole reaccionar ante estímulos externos como el daño físico, la suciedad o la humedad.

Según los estudios recientes publicados por grupos de bioingeniería textil —entre ellos, colaboraciones entre universidades europeas y centros de investigación en materiales sostenibles—, este tejido se cultiva en bioreactors donde el micelio crece sobre una red de nutrientes orgánicos y una base de fibras naturales. Una vez alcanzado el grosor y la densidad deseados, el material se estabiliza sin recurrir a procesos de secado agresivos que destruyan la vida celular. En lugar de convertirse en un simple “cuero de hongo” inerte, como los que ya comercializa la industria (por ejemplo, los derivados de Bolt Threads o MycoWorks), esta nueva generación mantiene al hongo en estado de latencia activa, capaz de reactivar su metabolismo cuando las condiciones lo permiten.

Autorreparación: la ropa que cura sus heridas
El primer avance que ha llamado la atención es la capacidad de autorreparación. Cuando el tejido sufre un rasguño o un pequeño corte, las hifas del micelio detectan la ruptura de la red y comienzan a secretar enzimas y nuevas estructuras celulares que rellenan la grieta. En condiciones de humedad moderada —como las que se producen con el sudor o el vapor ambiental— este proceso puede completarse en horas o días, dependiendo del tamaño del daño. No se trata de un parche pegado externamente, sino de una cicatrización real: el material “crece” para cerrarse sobre sí mismo, recuperando parte de su integridad estructural.

Este mecanismo es posible porque los hongos, por naturaleza, son organismos colonizadores y regenerativos. En la naturaleza, un micelio dañado envía nuevas ramificaciones para reconstruir su red. Al trasladar esta biología a la indumentaria, los científios han logrado que la prenda se comporte más como un organismo vivo que como un objeto estático. Aunque aún no es posible reparar roturas grandes sin intervención humana, los pequeños desgarros —los más comunes en el uso diario— pueden ser atendidos por el propio tejido.

Autolimpieza y eliminación de olores
Además de cicatrizar, el tejido tiene propiedades autolimpiadoras. El micelio produce enzimas naturales —como las ligninasas y las celulasas— capaces de descomponer compuestos orgánicos. En la práctica, esto significa que manchas de origen biológico, olores corporales o restos de sudor pueden ser degradados por el propio hongo, reduciendo la necesidad de lavados frecuentes. Algunas pruebas de laboratorio han demostrado que, tras exponer el tejido a agentes contaminantes, el micelio puede metabolizarlos sin dejar residuos tóxicos.

Esto tiene una implicación ambiental enorme: el lavado de ropa es uno de los principales vectores de contaminación por microplásticos y químicos en los océanos. Si una prenda requiere menos lavados y, además, no libera fibras sintéticas, su huella ecológica se reduce drásticamente.

Biodegradación: el final sin residuos
Quizás el aspecto más revolucionario sea la biodegradación. Cuando el tejido llega al final de su vida útil —ya sea por desgaste, cambio de moda o daño irreparable— no necesita ser incinerado ni depositado en un vertedero. Al ser un organismo vivo integrado en una matriz orgánica, puede ser compostado en condiciones de alta humedad y temperatura. En semanas o meses, dependiendo del entorno, el material se descompone completamente, devolviendo nutrientes al suelo sin dejar microplásticos ni toxinas persistentes.

Este ciclo cerrado —cultivo, uso, reparación, compostaje— encaja perfectamente con el concepto de economía circular que los diseñadores de moda sostenible proponen desde hace años. No se trata solo de “hacer menos daño”, sino de crear un producto que forma parte de un ciclo natural.

Desafíos y realidades
A pesar del entusiasmo, el camino hacia una tienda de ropa viva es largo. El control del crecimiento es complejo: un hongo demasiado activo podría crecer de forma descontrolada, deformando la prenda o generando olores desagradables. Por ello, los investigadores trabajan en sistemas de “congelación metabólica” o en recubrimientos naturales que mantengan al organismo en latencia hasta que sea necesario. Además, la durabilidad frente al desgaste repetido, el sudor intenso o las lavadoras mecánicas aún debe perfeccionarse.

Otro desafío es el de la percepción del consumidor. Vestir algo “vivo” implica una relación distinta: no se puede dejar abandonado en un cajón sin cuidados mínimos de ventilación, ni exponerlo a condiciones extremas que maten el organismo. La industria textil deberá educar al usuario para que trate su ropa como un ser vivo en latencia, no como una mercancía inerte.

Conclusión: un tejido que respira con el planeta
Lo que han logrado estos científicos no es solo un nuevo material, sino una nueva filosofía de diseño. La ropa hecha con hongos vivos nos obliga a repensar la relación entre cuerpo, prenda y naturaleza. Si una camiseta puede curar un rasguño, limpiar su propia superficie y finalmente convertirse en compost, entonces la moda deja de ser una máquina de consumo para convertirse en un ciclo de vida.

El futuro que imaginamos —donde la ropa cicatriza, se limpia sola y desaparece sin contaminar— ya no es una utopía lejana. Es un micelio que crece en un bioreactor, una red de hifas que se extiende entre las fibras, una prenda que respira. Y aunque aún falte tiempo para encontrarla en cada armario, los primeros pasos ya están tejidos en el laboratorio. La moda del mañana podría ser, literalmente, viva.

Generado por inkling small low

Científicos chinos avanzan en el conocimiento del ácido bongkrek y su riesgo alimentario

El ácido bongkrékico es una de las toxinas naturales más peligrosas conocidas, y en los últimos años ha despertado gran preocupación sanitaria en China. Científicos de este país han dado un paso clave al profundizar en la comprensión de esta sustancia y de la bacteria responsable de producirla, Burkholderia gladioli pathovar cocovenenans, cuya presencia se ha hallado en ciertos productos de hongos y alimentos fermentados.

Un veneno raro pero letal

El ácido bongkrek se asocia principalmente con intoxicaciones graves tras el consumo de alimentos contaminados. Este compuesto interfiere en la función mitocondrial al bloquear la producción de energía celular, lo que puede provocar síntomas como vómitos, dolor abdominal, fallo hepático y, en muchos casos, la muerte. Su toxicidad es extremadamente alta: basta con pequeñas cantidades para desencadenar un cuadro fatal.

Históricamente, los casos de envenenamiento han aparecido en poblaciones que consumían alimentos fermentados de forma artesanal, especialmente a base de maíz, coco o arroz. En China, los brotes han estado más vinculados a productos fermentados de cereales elaborados en entornos no regulados.

El hallazgo en hongos procesados

Los investigadores chinos han alertado ahora de la detección de Burkholderia gladioli pv. cocovenenans en determinados productos derivados de setas. Estos hallazgos suponen un reto adicional en materia de inocuidad alimentaria, ya que los hongos son ampliamente consumidos tanto frescos como deshidratados o en conservas. La identificación de esta bacteria en la cadena de producción significa que nuevos vectores de intoxicación podrían surgir, más allá de los alimentos fermentados tradicionales.

Avances en la investigación científica

Para reforzar la prevención, los científicos han trabajado en la construcción de un mapa de conocimiento sobre el ácido bongkrek. Esta iniciativa engloba estudios sobre:

  • Los mecanismos de producción de la toxina por parte de la bacteria.

  • Las condiciones ambientales que favorecen la proliferación de la Burkholderia gladioli pv. cocovenenans.

  • Los métodos analíticos más eficaces para la detección temprana del ácido bongkrek en matrices alimentarias.

  • Posibles medidas de control en la industria alimentaria y en los sistemas de vigilancia sanitaria.

Este esfuerzo multidisciplinar es vital, ya que la bacteria no solo habita en el suelo y en entornos agrícolas, sino que puede adaptarse a condiciones de procesamiento y almacenamiento de alimentos.

Implicaciones de salud pública

Aunque los brotes de intoxicación por ácido bongkrékico son poco frecuentes, su mortalidad es extraordinariamente alta, en algunos casos superior al 40 %. Esto sitúa a esta toxina en un nivel crítico comparable al de otros peligros biológicos como la toxina botulínica.

En China, las autoridades sanitarias están intensificando la vigilancia sobre alimentos de riesgo, fomentando la educación comunitaria respecto a la elaboración de productos fermentados caseros y promoviendo estrictos controles en la industria de hongos procesados.

Conclusión

El trabajo de los científicos chinos sobre el ácido bongkrek supone un avance fundamental en la lucha contra esta amenaza poco conocida pero letal. La elaboración de un marco sólido de conocimiento permitirá mejorar la detección, la regulación y la prevención de intoxicaciones en el futuro. En un contexto donde la globalización alimentaria facilita la distribución internacional de productos, entender y controlar la presencia de toxinas como esta no solo es una prioridad local, sino un reto de salud pública mundial.

La salmonella encabeza el ranking de los patógenos alimentarios en la UE

Toca Comer. La salmonella encabeza el ranking de los patógenos alimentarios en la UE. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

EFSA publica un estudio sobre salud pública, centrado en el riesgo de contaminación de alimentos de origen no animal del periodo 2007 al 2011.  Este tipo de alimentos se asoció al 10% de los brotes de origen alimentario  y el 26% de los casos registrados entre 2007 y 2011. Asimismo, las combinaciones patógeno-alimento con más riesgo fueron la Salmonella en verduras de hoja verde, bulbos y tallos de verduras, tomates y melones y E.coli en vainas frescas, legumbres y granos.

Según el informe, los alimentos de origen animal siguen siendo el origen de la mayoría (90%) de la intoxicación de alimentos. No obstante, el número de brotes, casos humanos y hospitalizaciones asociados a alimentos de origen no animal se ha incrementado durante el período de la investigación.

El ranking de combinación alimento/patógeno según nivel de prevalencia:

  • Salmonella spp. y vegetales de hoja verde consumidas crudas como ensaladas
  • Salmonella spp. y bulbos y verduras con tallo como espárragos o cebolla
  • Salmonellaspp. y tomates
  • Salmonella spp. y melones
  • E. coli patogénica y vainas frescas, legumbres o cereales
  • Norovirus y vegetales de hoja verde consumidas crudas como ensaladas
  • Salmonella spp. y semillas germinadas
  • Shigella spp. y vainas frescas, legumbres o cereales
  • Bacillus spp. y especias y hierbas secas en polvo
  • Norovirus en bulbos y verduras con tallo
  • Norovirus y frambuesas
  • Salmonella spp. y frambuesas
  • Salmonella spp. y especias y hierbas secas en polvo
  • Shigella spp. en hierbas frescas
  • E. coli patogénica en semillas germinadas
  • Yersinia y zanahorias
  • Norovirus en tomates y zanahorias

El buen vino es fruto de unos buenos microbios

Toca Comer. El buen vino es fruto de unos buenos microbios . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El término “terroir” se refiere a la interacción de varios factores que son los que le dan carácter al vino: el clima, la temperatura, la humedad, la composición del suelo, la variedad de la uva, incluso la intervención del viticultor. Todos estos factores influyen directamente sobre la uva y sobre el producto final: el vino. La identidad del vino, su color y aroma, sus sabores y sensaciones, su personalidad y calidad son reflejo del ambiente en el que se ha producido, del “terroir”.

La superficie de las uvas está repleta de una gran variedad de microbios. Desde el viñedo a la botella, las uvas se transforman en vino debido a la actividad microbiana, que influye en las propiedades organolépticas (sabor, olor, textura, color, …) del vino, en definitiva en su calidad.

En un estudio realizado en  la Universidad de California (Davis) , los microbios más frecuentes en las uvas fueron los hongos filamentosos Cladosporium, Botryotinia, Penicillium, Davidiella; las levaduras Saccharomyces, Hanseniaspora, Candida; y las bacterias Lactobacillus, Pseudomonas, Enterobacterias y Bacillus. Pero la frecuencia y distribución de estos microbios estaba muy influenciada por el ambiente. Comprobaron que las distintas zonas geográficas tenían diferente proporción de microbios. Por ejemplo, los microbios asociados a los mostos del valle de Napa eran distintos a los del valle Central y diferentes a los de la zona de Sonoma. La variedad de uva también influye, el conjunto de microbios (sobre todo los hongos) en la uva del tipo Cabernet-Sauvignon era diferente del de la uva Chardonnay. Hay por tanto un componente genético que puede influir en la interacción entre el microbio y el huésped, en este caso la uva. Y lo mismo las condiciones ambientales. Diferentes climas, precipitación, temperaturas, latitud, influye en la microbiota de la uva. También comprobaron que el patrón de microbios variaba según el año de recolección, sobre todo las comunidades bacterianas.
En conclusión, los microbios que hay en la uva no es algo que ocurra al azar sino que está condicionado por factores ambientales, geográficos, tipo de uva, clima, …. y esto ayuda a explicar también las diferentes propiedades de los vinos. Se pueden desarrollar estrategias para emplear esa microbiota autóctona propia de cada viñedo para mejorar y personalizar los vinos. El tipo de levaduras y bacterias juega por tanto un papel activo en las características y la calidad del vino. Este trabajo demuestra la relación entre las condiciones ambientales, las comunidades microbianas y la calidad del vino. Los microbios son por tanto parte esencial del “terroir”. Era lógico, al fin y al cabo, el vino es un producto de la fermentación microbiana!
Artículo completo en: microBIO

Nuevo método para la detección temprana de mildiu, oidio y botritis

Toca Comer. .uevo método para la detección temprana de mildiu, oidio y botritis Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El Instituto vasco de Investigación y Desarrollo Agrario, Neiker-Tecnalia, ha desarrollado un nuevo método de detección temprana de las enfermedades mildiu, oidio y botritis, habituales en las vides. La nueva metodología, basada en técnicas de biología molecular, permite detectar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas en la planta. De este modo se puede llevar a cabo el tratamiento rápido de las parcelas o áreas afectadas y evitar así que la patología se propague en el conjunto del viñedo, con lo que se logra disminuir la presión infectiva. Por otra parte, el centro tecnológico ha estudiado la evolución de la infección del patógeno Plasmopara viticola –causante del mildiu- sobre cuatro variedades de vid: Solaris, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Petit Courbu. La especie que presenta una mayor resistencia al hongo resultó ser Solaris.

Niker tecnalia
Imagen: CIMMYT via photopin cc

Hongos denominados «phallaceae» por su evidente forma de falo

Toca Comer. Hongo con forma de falo. Marisol Collazos Soto

Existe una familia de hongos denominados phallaceae por su evidente forma de falo. El ejemplo más notable de la especie tiene el descriptivo nombre de Phallus impudicus. Su olor nauseabundo suele ser detectado incluso a 20 metros de distancia, hasta el punto de que los campistas que tienen la mala suerte de colocar su tienda cerca de uno de estos ejemplares acaban por tener que mudarse de sitio. El capuchón con forma de colmenilla desprende un olor fétido a carroña que tiene como objetivo atraer a las moscardas y moscas verdes; ya que, a diferencia de otros hongos que esparcen sus esporas por el aire, estas especies se sirven de las moscas para transportar las esporas que quedan adheridas a sus patas.

Microbios en las botellas de vino

Toca Comer. Microorganismos en tapones de corcho de botellas de vino. Marisol Collazos SotoEl corcho tiene muchas propiedades, y muy positivas para la conservación del vino, como ser un buen sellador natural que contribuye a preservar el vino de posibles contaminantes así como contribuir a la maduración en botella del vino. Pero el corcho es un producto natural, y, como en todo aquello que no esté dentro de un autoclave, dentro del corcho podemos encontrar microorganismos.

Estos microorganismos, habitualmente levaduras, hongos filamentosos y bacterias, son los responsables de una serie de fenómenos que no siempre son positivos para el vino. Así, algunos de estos hongos (algunas especies de los géneros Penicillium o Aspergillus) son los responsables del denominado “sabor a corcho” o del mal olor del vino, responsabilidad en este caso del hongo Trichoderma longibrachiatum, cuya gen codificante de la enzima de este fenómeno fue aislado por investigadores de la Universidad de León y la Universidad de Extremadura. Curiosamente, ninguno de estos procesos es exclusivo de los tapones de corcho natural, sino que también se han dado estos casos, y se han encontrado estos organismos, en los corchos sintéticos.

Pero no solo son responsables de malos olores. Muchos de los microorganismos que encontramos en el corcho del vino son responsables de cosas más beneficiosas. Entre ellas cabe destacar la situación de competencia que se produce entre determinados organismos, cuya presencia no produce ningún daño al vino, y éstos otros que podemos denominar como perjudiciales para la calidad del vino, evitando, por ese proceso de exclusión por competencia, que estos últimos prosperen en los corchos, preservando así la calidad del vino.

Por todo ello, se ha hecho un estudio y análisis de la variedad micológica de los tapones de corcho con el fin de realizar una propuesta de niveles micológicos aceptables para poder definir la calidad del corcho, y mejorar su papel en la maduración del vino.

Fuente: ¡Ciencinante!

Licencia de Creative Commons

Un hongo está exterminando la población de plátanos del mundo

El hongo Tropical Race Four puede que haga con la variedad Cavendish, la dominante en casi todo el mundo, lo mismo que en su día hizo el hongo Fusarium oxysporum con la variedad Gros Michel en los años 60, exterminarla casi por completo.

El hongo ya ha atacado China, Filipinas, Australia y todo apunta a que más tarde o temprano llegará a Sudamérica. Cuando eso ocurra el futuro del plátano va a estar muy negro, y no precisamente por exceso de maduración…

Pero como en toda historia de casi extinción postapocalíptica todavía queda una esperanza, existen variantes de plátano prácticamente inmunes y entre ellas se encuentra nuestro conocido plátano de Canarias.

Ampliar información en:  GIZMODO



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