Todo es tóxico

Original Jamón Serrano

Existe otro caso que evidencia la separación entre ciencia y medios de comunicación. Muchas veces la investigación es correcta, los controles son correctos, el científico lo comunica a los medios… y la noticia que sale no tiene nada que ver con el descubrimiento. Muchas veces la prensa da una versión alarmista o presenta como un bombazo algo que no lo es.

Para empezar. Un descubrimiento científico se publica en revistas científicas o se patenta. ¿Fácil no? Pues a veces el mecanismo de control más sencillo falla. Cuando un científico hace una rueda de prensa para comunicar un descubrimiento, sin publicación ni patente… está vendiendo una moto o busca autobombo. Grandes pufos de la ciencia como el motor de agua de la Universidad de Valencia, la fusión fría o que las ratas alimentadas con maíz transgénico sufrían cáncer, se presentaron en ruedas de prensa sin que nadie hubiera visto el artículo. Y muchas veces los artículos nunca salieron, o salieron y fueron retirados.

Vamos al segundo problema, el alarmismo. Por ejemplo, hagamos un experimento sencillo e imaginario. Cogemos a alguien y le damos 100 g de jamón serrano y evaluamos su salud. Al día siguiente le damos 200g, al siguiente 400g y así cada día vamos doblando la cantidad. Al principio todos los parámetros de salud salen normales, pero cuando las dosis se hacen altas vemos que el riñón y otros órganos empiezan a fallar. Al final el señor se muere. El científico publica cuál fue la última cantidad de jamón que el señor se tomó (casi 4 kg de una sentada) y se lo cuenta a la prensa. El titular es: “El jamón serrano es muy tóxico”.

¿Imaginario? Para cualquier sustancia se puede determinar su nivel de toxicidad haciendo experimentos similares al que he descrito, pero en animales. El parámetro más típico es el LD50 (delethal dose) que es la concentración que provoca que la mitad de los animales del experimento fallezcan. Y siembre hay un nivel a partir del cual una sustancia, la que sea, es tóxica.

Por ejemplo, el LD50 del agua es de 6 litros. Ahora que muchos ayuntamientos quieren prohibir el glifosato, cabría recordar que el de la cafeína o la aspirina es mucho más bajo. Es decir, necesitas menos dosis para morirte. Similar pasa con los compuestos cancerígenos. Existen ensayos para evaluar la capacidad de un compuesto para producir cáncer, y el resultado no es “sí” o “no”, sino una probabilidad de producir cáncer en un determinado espacio de tiempo. Por lo tanto, cuando se desató el pánico hace unos meses porque el jamón y la mortadela eran cancerígenas, cabría recordar que lo importante no es que lo sean, sino en qué magnitud. Y su magnitud es bastante baja. De hecho, el sujeto imaginario del experimento anterior no se muere de cáncer sino atiborrado de jamón.

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Artículo completo en: Errores medios de comunicación y ciencia

Carne roja, cáncer y glifosato

Toca Comer. Carne roja, cáncer y glifosato. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Si alguna noticia ha ocupado espacio mediático esta semana, sin duda, ha sido la nota de prensa de la IARC en la cual anuncia que ha decido clasificar a la carne procesada (esto implica fiambre, embutido, hamburguesas y salchichas) en la categoría 1, es decir, que tenemos evidencia sólida de que produce cáncer y la carne roja (cerdo, ternera, cordero y caballo) como 2A o probable carcinógeno, aunque no hay datos sólidos.

Parece ser que todo el mundo se ha llevado las manos a la cabeza con este tema y durante los próximas días el consumo de este tipo de carne igual se resiente, como mínimo hasta el viernes, día en el que las cadenas de comida rápida de los centros comerciales volverán a tener colas de clientes consumiendo productos 1 y 2A.

¿Tenemos que asustarnos? Depende. ¿La IARC ha dicho algo que no supiéramos? A ver. Pirámide nutricional española. En la cima de la pirámide aparecen las carnes grasas y procesadas.

  • Año 2005, estrategia NAOS para prevenir la obesidad infantil: Se desaconseja el consumo de carnes grasas.
  • Año 2013, publicación el Libro blanco de la nutrición en España, la dieta en España es en general buena, aunque demasiada sal y demasiada grasa, insiste en desaconsejar las carnes grasas y procesadas.

La recomendación en vigor es de un máximo de 50 gramos al día o de dos raciones a la semana. La relación entre cáncer colorrectal y consumo de carne roja era conocida desde hace tiempo. Parece que la IARC acaba de inventar la sopa de ajo. Por cierto, ¿la principal preocupación de alguien que tenga una dieta en carne procesada es el cáncer? Pues no. Posiblemente antes que un cáncer colorrectal tendría que preocuparse por la obesidad y sus consecuencias: diabetes y accidentes cadiovasculares. La carne grasa engorda tapona las arterias, y esto es malo. Venga, decidme que no lo sabíais la semana pasada, que no me lo creo.

Ampliar en: SABEMOS Digital

Si se come embutido o jamón en exceso, respiras peor

Toca Comer. Si se come embutido o jamón en exceso, respiras peor. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Las carnes curadas como el jamón serrano y otros embutidos contienen nitritos que producen especies reactivas de nitrógeno que dañan los tejidos de los pulmones. Según un estudio español publicado en la revista European Respiratory Journal, estos efectos se notan especialmente en quienes padecen Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), que sufren un aumento del riesgo de ingresar en el hospital por agudización de los síntomas respiratorios si consumen más de 20 gramos al día, cada día, de estas carnes curadas.

La EPOC es una enfermedad que se caracteriza por una dificultad del paso del aire por los bronquios, causando sensación de ahogo y tos. Los autores de nuevo estudio, miembros del CREAL (Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental), aseguran que aunque dejar de fumar y hacer ejercicio son hábitos más relevantes para reducir los síntomas EPOC, una ingesta moderada u ocasional de las carnes curadas también eliminaría el exceso de riesgo.

Fuente:   MUYinteresante

Las carnes procesadas están relacionadas con el aumento de la mortalidad

Toca Comer. Las carnes procesadas están relacionadas con el aumento de la mortalidad. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Las carnes rojas (como la de ternera, caballo, cerdo…) han sido motivo de controversia en más de una ocasión. Y es que, no han sido pocas las veces que se les ha tachado de poco saludables e incluso se les ha relacionado con un [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]. Sin embargo, los nuevos estudios parecen dilucidar, poco a poco, su verdadera repercusión en la salud humana.

Es el caso de los recientes resultados del estudio EPIC (European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition). Un macroestudio observacional que se inició en los años noventa y que ha seguido a un total de 448.568 personas (hombres y mujeres) sin antecedentes de infarto, cáncer o ictus. La deducción más destacable es que son las carnes procesas (tales como las salchichas, hamburguesas o embutidos) las relacionadas con una mayor mortalidad, y no las carnes rojas frescas. Específicamente, las conclusiones de la publicación señalan que se ha encontrado “relación directa entre entre el consumo de carne procesada y la mortalidad, en concreto debido al aumento del riesgo cardiovascular, aunque también por cáncer.
Para esta investigación, los casi medio millón de participantes fueron reclutados en centros de 10 países europeos diferentes (España, Francia, Italia, Holanda, Reino Unido, Grecia, Alemania, Suecia, Dinamarca y Noruega) durante una media de 10 años. Los datos también dejan ver que, de forma general, aquellos individuos que comen mayoritariamente carne blanca y los vegetarianos tienen una mortalidad similar.Sin embargo, la mortalidad aumenta de forma muy ligera entre quienes toman más carne roja, pero la diferencia es tan pequeña que no es “estadísticamente significativa”
Y otro dato importante que los mismo autores han destacado es que, pese a que “el estudio EPIC  incluye a 10 países con una amplia variedad de dietas”, se ha observado “una relativamente baja heterogeneidad en la relación entre consumo de carne y mortalidad total”

Por otro lado, y siguiendo con el tema de las carnes rojas y la mortalidad, hace unas pocas semanas también se publicaba una investigación que analizaba la asociación entre la carne roja y sus diferentes tipos con el riesgo de cáncer colorectal. En élla, se concluía que el riesgo de cáncer parece aumentar ligeramente dependiendo del tipo de carne roja consumido (siendo la carne de cordero la peor parada). Sin embargo, en general y como se subrayó en “Lo que dice la ciencia para adelgazar“, excelente blog de Luis Jiménez,  el riesgo del aumento de cáncer colorrectal respecto a la ingesta de carne es muy pequeño y para casos muy concretos.

De esta foma, el tema del consumo de carne y su repercusión en la salud parece dilucidarse tenuemente. Si hay algún tipo de carne que muestra una mala repercusión en la salud, esas son las carnes procesadas. Sin embargo, no hay datos suficientes y concluyentes como para señalar la ingesta de carnes rojas frescas como un acto pernicioso para nuestra salud.

Fuente:  Medciencia

Foto: guillermogg via photopin cc

¿Perros calientes para una mejor salud? En realidad, sí

Toca Comer. Perros calientes frente pollo frito. Marisol Collazos Soto
Si se le presenta la posibilidad de elegir entre comer un perro caliente o disfrutar de un poco de pollo asado, es posible que quiera considerar el perro caliente.

Eso es porque los perros calientes, así como los salchichones y embutidos, están relativamente libres de compuestos cancerígenos, según una  investigación de la Universidad Estatal de Kansas (EE.UU).

J. Scott Smith, profesor de química de los alimentos, y un equipo de investigación de K-State han estado buscando en este tipo de productos cárnicos, listos para el consumo, los niveles de aminas heterocíclicas o HCA. Estos son compuestos cancerígenos que se encuentran en la carne que se fríe, a la parrilla o cocidas a altas temperaturas. Los estudios han demostrado que los humanos que consumen grandes cantidades de HCA en los productos cárnicos se han incrementado el riesgo de cánceres de estómago, colon y  mama.

El estudio se centró en ocho tipos de productos cárnicos listos para comer: perros calientes con carne de vacuno, perros calientes con carne de pavo y vacuno,  carne de cerdo, carne asada del deli, bacón, fiambres de pavo,  tocino cocido, chorizo ​​y pollo asado.

Los investigadores calentaron las salchichas y bacón en el microondas,  cocinaron en una pizza el pepperoni,  en un horno convenvional y en uno de microondas y utilizaron el pollo y carnes asada tal como se obtiene. Después de hacerlo, estudiaron la carne para determinar si contenía cinco tipos diferentes de HCA en nanogramos por gramo, ng / g.

Pepperoni tenía el menor contenido de HCA, 0,05 ng / g, seguido por los perros calientes y carnes frías, 0,5 ng / g. Estas cantidades son bajas, y los investigadores concluyeron que el consumo de estos productos cárnicos listos para el consumo contribuye muy poco a la ingesta de HCA.

El bacón ompletamente cocido, con 1.1 ng / g, y la carne de pollo asado, con 1,9 ng / g,  figuran con los cinco tipos de HCA . La piel de pollo  asado mostró niveles significativamente mayores de HCA, con 16,3 ng / g. Esto se debe a que la piel del pollo contiene más grasa y proteínas y menos humedad, y los niveles de HCA tienden a aumentar a medida que disminuye la humedad, dijo Smith.

«En base a esta investigación, el consumo de HCA se puede reducir al no comer la piel del pollo», dijo. Las razones de un menor contenido de HCA en algunos de los otros productos listos para el consumo puede ser debido al mayor contenido de agua en los productos listos para el consumo. Más humedad evita la formación de muchos HCA. los productos listos para el consumo son a menudo mejores productos, lo que significa que tienen una solución de agua con saborizantes añadidos.

«Los perros calientes y carnes frías pueden tener niveles bajos de HCA, ya que se fabrican a bajas temperaturas», dijo Smith. «Los bajos niveles de HCA también puede ser conseguidos a partir de ingredientes que se agregan a la carne y evitan la formación de HCA, mientras que la carne se cocina.»

Fuente:  Cancer on msnbc.com

 

La prueba del Carbono 13 no engaña, si el jamón ibérico es de bellota

La Universidad de Salamanca y la Denominación de Origen Guijuelo trabajan desde hace año y medio en un proyecto científico basado en pruebas de Carbono 13, para diferenciar los verdaderos jamones ibéricos de bellota de otros que son ricos en ácidos oleicos provenientes de los piensos.

El objetivo, acabar con aquellos jamones que intentan imitar al sabor del ibérico de bellota. La clave, el ácido oleico, un tipo de grasa que produce la bellota, que le da el sabor característico al jamón y que se puede imitar si el cerdo ibérico se alimenta con piensos de soja o girasol, «aunque no haya probado la bellota», ha explicado el secretario de la Denominación de Origen Guijuelo, Jesús Gándara.

El proyecto de investigación lo dirige el catedrático Clemente Recio a través del Departamento de Quí­mica Orgánica de la Universidad de Salamanca y la Estación Tecnológica de la Carne de Guijuelo, dependiente de la Junta de Castilla y León.

Desde hace año y medio se están analizando un total de 26 explotaciones de porcino ibérico ubicadas en las provincias de Salamanca, Cáceres, Badajoz, Sevilla y Córdoba.

En un principio, el cerdo ibérico se considera que es de bellota si en los análisis el resultado obtenido arroja un 54 por ciento de ácido oleico.

Según Gándara, «este análisis se realiza con el tocino del cerdo que hay en la zona lumbar del animal, junto al jamón».

El problema radica en que este ácido oleico no proviene únicamente de la bellota, por lo que se puede disimular a base de legumbres como la soja u oleaginosas como el girasol.

Para combatir este posible fraude, el proyecto de investigación se ha centrado en una técnica de espectrometría de masas que permite, a través de la técnica del Carbono 13, diferenciar si el ácido graso en cuestión, el oleico, proviene de la bellota o de piensos como los elaborados con soja o girasol.

Según la Denominación de Origen Guijuelo, la técnica es similar a la del Carbono 14, que se usa, entre otros fines, para determinar la antigüedad de restos de animales prehistóricos.

El objetivo de este tipo de investigaciones es, a juicio de Gándara, «avanzar en la calidad del jamón ibérico de bellota que cada año lanza al mercado la Denominación de Origen Guijuelo».

En este sentido, de todos los posibles jamones ibéricos de bellota que la pasada campaña entraron en Guijuelo, la Denominación rechazó el 40 por ciento, «por no haber comido la bellota suficiente».

El año pasado, de los 650.000 jamones ibéricos de bellota que se curaron en España, 185.000 fueron certificados por la Denominación de Origen Guijuelo.

Para que un cerdo ibérico sea de bellota tiene que empezar a comerla, como muy tarde, desde los 90 kilos de peso y hasta que se ceba por completo, alcanzando una media de alrededor de 180 kilogramos.

Por cada siete kilogramos de bellota que come un cerdo ibérico, el animal engorda un kilo neto, por lo que es más costoso para el criador engordar los cerdos a base de bellota que si los ceba con pienso.

En el caso del engorde a base de pienso, el cerdo aumenta un kilogramo neto por cada cinco kilogramos que come.

Aún así según la Denominación de Origen Guijuelo, la imitación de la bellota mediante pienso bajará sustancialmente en esta temporada, ya que los costes de los cereales han aumentado drásticamente en los últimos meses, pasando de 18 a 30 céntimos el kilo.

Fuente: Agroinformación

La crisis provoca una debacle del jamón

A mediados de la primera década del siglo muchos entraron, con financiación de los bancos, en un sector en el que pensaron que se podría ganar mucho dinero, el del Ibérico. Todo gracias a una normativa salida del Ministerio de Agricultura en la época del PP, que permitió comercializar los productos con la denominación genérica de ibérico, independientemente de la pureza de la raza o el tipo de crianza.

Unos venían de hacer fortunas en el ladrillo, como jamones Marcos Salamanca, creada por Nozar y Caja Duero. Otros, provenían del sector tradicional del cerdo blanco, como los murcianos de Pozo o las gigantescas cooperativas Coren de Galicia y Guissona de Lérida. Y multinacionales, como Navidul, del grupo Campofrío.

Una gigantesca cabaña, con la que la nueva norma de calidad permitió llenar las grandes cadenas de supermercados con un producto, antes considerado de lujo, bajo la denominación de Ibérico.  Pero llegó la crisis y se hundió el consumo. Pilló al sector con los jamones y paletas de aquellos millones de cochinos matados en 2006 y 2007 colgados en los secaderos. Y los jamones son perecederos. Cuentan con uno a dos años de curación antes de tener que salir al mercado en el caso del cebo, y de tres años en el de bellota.

La cabaña se destruyó también a velocidad de vértigo. De 5,5 millones de cerdos en 2007, se pasó a 2 millones este año (500.000 de bellota) y se calcula que serán sólo 1,5 millones en 2011. «En términos de capacidad productiva y de producto almacenado en 2007 estábamos en unas cifras de 3 000 millones de euros y ahora nos movemos en 1 300. Es decir, nuestra riqueza se ha reducido a menos de la mitad».

Ampliar información en: Público.es

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