Un análisis mediante espectrometría de masas detecta sustancias no declaradas en casi todos los cosméticos y productos de limpieza examinados. El hallazgo incluye ftalatos, parabenos y compuestos procedentes de los envases o de los procesos de fabricación, incluso en artículos vendidos como “naturales”, “ecológicos” o “libres de tóxicos”.
La etiqueta de un gel, una crema, un champú o un limpiador doméstico pretende ofrecer al consumidor una fotografía de su composición. Sin embargo, esa imagen puede estar incompleta. Según una investigación recogida por la Agencia SINC, prácticamente el 100 % de los productos de cuidado personal y limpieza analizados contenía sustancias que no aparecían expresamente en el etiquetado.
El resultado no significa que todos los productos sean ilegales ni que cada uno contenga una combinación peligrosa de sustancias. El estudio revela, sobre todo, la distancia que puede existir entre la lista oficial de ingredientes y la composición química real de un producto cuando se emplean técnicas analíticas capaces de detectar cantidades muy pequeñas.

Una mirada más amplia que la etiqueta
Los controles convencionales suelen buscar sustancias concretas: un conservante, un plastificante o un filtro ultravioleta determinado. La espectrometría de masas de alta resolución permite trabajar de otra manera. En lugar de limitarse a una lista cerrada, registra miles de señales químicas y compara sus masas y estructuras con bases de datos y patrones de referencia.
Este tipo de análisis, conocido como cribado no dirigido, puede identificar ingredientes inesperados, impurezas y productos de degradación. Entre los compuestos encontrados aparecen ftalatos, parabenos y otras sustancias asociadas a fragancias, conservantes, envases o procesos industriales.
La expresión “ingredientes no declarados” debe interpretarse con cautela. En algunos casos, se trata de moléculas incluidas dentro de mezclas que la etiqueta resume bajo términos como parfum, fragrance o “aroma”. En otros, son residuos de fabricación, sustancias que migran desde el envase o compuestos que se forman con el tiempo por oxidación o degradación. La industria denomina a muchos de estos últimos sustancias no añadidas intencionadamente, conocidas por sus siglas en inglés, NIAS.
El hallazgo es especialmente relevante porque también se detectaron señales químicas en productos promocionados como “100 % naturales”, “ecológicos” o “sin tóxicos”. Estas expresiones pueden influir de manera decisiva en la elección del consumidor, pero no garantizan que el producto carezca de sustancias sintéticas, alérgenos o contaminantes. Tampoco existe una definición internacional única para todos los cosméticos “naturales” u “orgánicos”; a menudo, el significado depende de la legislación aplicable o de los criterios de una certificadora privada.
Ftalatos y parabenos: presencia no equivale automáticamente a peligro
Los ftalatos se utilizan principalmente como plastificantes y, en algunos casos, pueden formar parte de composiciones aromáticas o proceder del contacto con materiales plásticos. Varias sustancias de esta familia están restringidas o prohibidas en la Unión Europea debido a sus efectos sobre la reproducción y el sistema endocrino. No obstante, no todos los ftalatos tienen el mismo perfil toxicológico ni presentan el mismo nivel de riesgo.
Los parabenos, por su parte, son conservantes que evitan el crecimiento de bacterias y hongos en cremas, geles y otros productos con agua. Algunos estudios experimentales han planteado posibles efectos hormonales, pero las autoridades europeas distinguen entre los distintos tipos de parabenos y han considerado seguros determinados compuestos cuando se emplean dentro de las concentraciones autorizadas. Por tanto, encontrar un parabeno no demuestra por sí solo que el producto sea nocivo.
El riesgo depende de la sustancia concreta, la cantidad, la frecuencia de uso, la vía de exposición y la combinación con otros productos. La piel puede absorber una parte de los compuestos, mientras que los aerosoles y productos perfumados también pueden inhalarse. Además, existen exposiciones indirectas: el contacto de las manos con la boca, la contaminación del agua o la migración desde los envases.
La preocupación científica se centra cada vez más en la exposición acumulada. Una persona puede utilizar diariamente champú, crema corporal, maquillaje, detergente y ambientadores, todos con pequeñas cantidades de sustancias diferentes. Aunque cada producto cumpla individualmente los límites legales, la suma de exposiciones y los posibles efectos combinados todavía no se conocen por completo.
¿Por qué no aparecen todas las sustancias?
El Reglamento europeo sobre productos cosméticos exige que los ingredientes añadidos deliberadamente figuren en la nomenclatura internacional INCI y, por regla general, en orden decreciente de concentración. Sin embargo, las mezclas de fragancias pueden aparecer agrupadas como “parfum” o “aroma”, mientras que determinados alérgenos deben declararse solo cuando superan ciertos umbrales.
Las impurezas no añadidas de forma intencionada no siempre se consideran ingredientes y, por ello, pueden no aparecer en el envase. La normativa permite además la presencia de trazas técnicamente inevitables si el fabricante demuestra que el producto es seguro. En los detergentes y productos de limpieza las reglas son diferentes, y parte de la información puede ofrecerse mediante fichas técnicas o páginas web.
Esta situación crea una zona gris entre la transparencia comercial y la protección de secretos industriales. Para el consumidor, una etiqueta puede cumplir formalmente la legislación y, aun así, no revelar toda la variedad de moléculas que un laboratorio avanzado es capaz de detectar.
La importancia de no exagerar el resultado
La espectrometría de masas es extremadamente sensible, pero detectar una señal no equivale siempre a confirmar la identidad exacta de una sustancia. Algunas moléculas requieren comparación con patrones certificados y análisis adicionales. Además, el método revela presencia, pero no necesariamente la concentración ni el efecto biológico.
Por eso, el estudio no debe interpretarse como una prueba de que casi todos los productos de limpieza y cuidado personal sean peligrosos. Sí constituye, en cambio, una llamada de atención para mejorar la vigilancia, estudiar las sustancias no intencionadas y revisar si las etiquetas ofrecen información suficiente.
Para los consumidores, puede ser útil reducir el número de productos utilizados, preferir artículos sin perfume cuando sea posible y consultar el listado INCI y las certificaciones independientes. Pero la responsabilidad principal corresponde a fabricantes y autoridades: se necesitan métodos de control más amplios, criterios comunes para las declaraciones “naturales” y “sin tóxicos”, y una evaluación que tenga en cuenta la exposición acumulada.
La conclusión más prudente es sencilla: “natural” no significa automáticamente inocuo, y “no declarado” no significa automáticamente peligroso. Entre ambos extremos existe una realidad química compleja que las etiquetas actuales todavía no consiguen reflejar por completo.
Fuentes consultadas
- Agencia SINC, información sobre el análisis de productos de cuidado personal y limpieza: agenciasinc.es.
- Reglamento europeo sobre productos cosméticos, Reglamento (CE) n.º 1223/2009: EUR-Lex.
- Agencia Europea de Sustancias Químicas, información sobre ftalatos: ECHA.
- Comité Científico de Seguridad de los Consumidores de la Comisión Europea, evaluaciones sobre parabenos: Comisión Europea.
- Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, etiquetado de ingredientes y fragancias en cosméticos: FDA.
Generado por GPT 5.6 luna xhigh










