El cáncer cae en su propia trampa: un fármaco experimental convierte el azúcar en su peor enemigo

Introducción: La paradoja del azúcar y el cáncer

Desde que el científico alemán Otto Warburg descubrió que las células cancerosas consumen glucosa a un ritmo desmesurado —un fenómeno conocido como efecto Warburg— la medicina ha buscado formas de privar a los tumores de su principal fuente de energía. Sin embargo, los intentos por bloquear su metabolismo del azúcar han tenido resultados limitados, ya que las células tumorales son capaces de adaptarse y encontrar vías alternativas para sobrevivir.

Ahora, un equipo de investigadores del Weill Cornell Medicine (Nueva York) ha dado un giro radical a esta estrategia: en lugar de intentar «matar de hambre» al cáncer, han desarrollado un fármaco experimental que lo obliga a consumir aún más azúcar… hasta que el exceso lo destruye desde dentro. Este enfoque, publicado en la revista Nature Cancer, representa un cambio de paradigma en la oncología y abre nuevas esperanzas para tratamientos más efectivos y menos tóxicos.

El efecto Warburg: el talón de Aquiles del cáncer

Las células sanas obtienen energía principalmente a través de la respiración mitocondrial, un proceso eficiente que produce 36 moléculas de ATP (la «moneda energética» de la célula) por cada molécula de glucosa. En cambio, las células cancerosas, incluso en presencia de oxígeno, prefieren la glucólisis anaeróbica, un método menos eficiente que genera solo 2 ATP por glucosa, pero que les permite crecer rápidamente y adaptarse a entornos hostiles.

Este metabolismo alterado no solo les da una ventaja proliferativa, sino que también las hace adictas al azúcar. Estudios con tomografías por emisión de positrones (PET) muestran que los tumores brillan intensamente al inyectar glucosa radiactiva, confirmando su voracidad por este nutriente.

¿Por qué no ha funcionado «matar de hambre» al cáncer?

Durante décadas, los científicos han intentado bloquear enzimas clave en la glucólisis, como la hexoquinasa 2 (HK2) o la lactato deshidrogenasa (LDH), con la esperanza de debilitar a los tumores. Sin embargo, estos enfoques han tenido dos grandes problemas:

  1. Resistencia metabólica: Las células cancerosas activan rutas alternativas para obtener energía, como la glutaminólisis o la oxidación de ácidos grasos.
  2. Toxicidad sistémica: Bloquear la glucólisis afecta también a células sanas, especialmente en tejidos con alta demanda energética, como el cerebro o el corazón.

Ante estos fracasos, el equipo liderado por el Dr. Lewis Cantley —pionero en el estudio del metabolismo del cáncer— decidió probar una estrategia opuesta: sobrecargar al tumor con su propio alimento.

El fármaco que engaña al cáncer: cómo funciona

El compuesto experimental, denominado DRP-104 (aunque aún no tiene nombre comercial), actúa como un caballo de Troya metabólico. Su mecanismo se basa en tres pasos clave:

1. Activación selectiva en el tumor

DRP-104 es una profármaco, es decir, una molécula inactiva que solo se transforma en su forma activa dentro de las células cancerosas. Esto se logra gracias a una enzima llamada glutaminasa (GLS), que está sobreexpresada en muchos tumores, pero no en tejidos sanos.

2. Conversión del azúcar en un veneno

Una vez dentro de la célula tumoral, DRP-104 se metaboliza en 6-diazo-5-oxo-L-norleucina (DON), un análogo de la glutamina que bloquea múltiples rutas metabólicas esenciales para el cáncer, incluyendo:

  • La síntesis de nucleótidos (necesarios para la replicación del ADN).
  • La producción de antioxidantes (que protegen al tumor del estrés oxidativo).
  • La glucólisis (aumentando aún más la dependencia del tumor de la glucosa).

Pero aquí viene el giro: el fármaco no bloquea la entrada de glucosa, sino que la hace tóxica. Al interferir con la glutaminólisis, el tumor se ve obligado a depender casi exclusivamente de la glucólisis, pero sin poder procesar correctamente los subproductos tóxicos que genera.

3. Autodestrucción por sobrecarga de azúcar

El exceso de glucosa no metabolizada correctamente produce un estrés metabólico insostenible:

  • Acumulación de lactato: El tumor no puede eliminar este subproducto, lo que acidifica su microambiente y activa vías de muerte celular.
  • Estrés oxidativo: La falta de antioxidantes (bloqueados por DON) genera radicales libres que dañan el ADN y las proteínas.
  • Falta de bloques de construcción: Sin nucleótidos, el cáncer no puede dividirse.

En esencia, el fármaco convierte el azúcar, el alimento favorito del tumor, en un veneno que lo destruye desde dentro.

Resultados prometedores en modelos preclínicos

Los investigadores probaron DRP-104 en ratones con cáncer de pulmón, páncreas y mama, así como en organoides tumorales humanos (cultivos 3D que imitan el microambiente del cáncer). Los resultados fueron sorprendentes:

Reducción del 80-90% en el crecimiento tumoral en modelos de cáncer de pulmón no microcítico (el más común).
Sin toxicidad significativa en tejidos sanos, a diferencia de la quimioterapia tradicional.
Sin desarrollo de resistencia en tratamientos prolongados (un problema común con otros fármacos).
Efecto sinérgico con inmunoterapia: DRP-104 aumentó la eficacia de los inhibidores de puntos de control inmunitarios (como pembrolizumab), al hacer que las células tumorales fueran más visibles para el sistema inmunitario.

¿Por qué es diferente a otros tratamientos?

  • No es un «veneno» genérico: Actúa solo en células con metabolismo alterado (como las cancerosas).
  • No depende de mutaciones específicas: A diferencia de terapias dirigidas (como los inhibidores de EGFR o BRAF), DRP-104 podría funcionar en múltiples tipos de cáncer.
  • Baja toxicidad: Al ser un profármaco, evita dañar tejidos sanos.

El futuro: ¿un cambio de paradigma en la oncología?

Aunque DRP-104 aún está en fase preclínica (se espera que los ensayos en humanos comiencen en 2025), los expertos ya lo consideran un avance revolucionario. El Dr. Cantley, líder del estudio, declaró:

«Durante 100 años, hemos intentado matar de hambre al cáncer. Ahora, estamos descubriendo que, a veces, la mejor estrategia es darle exactamente lo que quiere… hasta que se ahogue en ello».

Posibles aplicaciones clínicas

Si los ensayos en humanos tienen éxito, DRP-104 podría usarse en:

  • Cánceres con alta dependencia de glucosa: pulmón, páncreas, cerebro (glioblastoma), mama triple negativo.
  • Combinación con inmunoterapia: Para potenciar la respuesta del sistema inmunitario contra el tumor.
  • Pacientes resistentes a quimioterapia: Como alternativa en casos donde otros tratamientos han fallado.

Desafíos pendientes

  • Selección de pacientes: No todos los tumores tienen el mismo metabolismo. Será clave identificar biomarcadores que predigan la respuesta a DRP-104.
  • Efectos a largo plazo: Aunque los estudios en ratones son prometedores, aún no se sabe cómo afectará a humanos en tratamientos prolongados.
  • Coste y accesibilidad: Como todo fármaco innovador, su precio podría ser elevado al principio.

Conclusión: ¿Estamos ante una nueva era en la lucha contra el cáncer?

La estrategia de convertir el azúcar en un arma contra el cáncer representa un cambio radical en la oncología. En lugar de luchar contra la naturaleza del tumor, este enfoque aprovecha su propia adicción para destruirlo. Si los ensayos clínicos confirman su eficacia y seguridad, DRP-104 podría unirse a la inmunoterapia y las terapias dirigidas como una de las grandes revoluciones en el tratamiento del cáncer en el siglo XXI.

Mientras tanto, la ciencia sigue explorando otras formas de explotar las debilidades metabólicas del cáncer, como:

  • Inhibidores de la glutaminólisis (como CB-839, en ensayos clínicos).
  • Terapias que inducen ferroptosis (muerte celular por acumulación de hierro).
  • Nanopartículas que liberan fármacos solo en el microambiente tumoral.

Una cosa es clara: el cáncer ya no puede esconderse tras su metabolismo. Y esta vez, su propio apetito por el azúcar podría ser su perdición.


Fuentes consultadas

  1. Nature Cancer (2024). «Targeting glutamine metabolism in cancer: DRP-104 as a metabolic Trojan horse».
  2. Weill Cornell Medicine. «New Drug Turns Cancer’s Favorite Food Into Its Achilles’ Heel».
  3. Warburg, O. (1956). «On the Origin of Cancer Cells».
  4. Clinical Cancer Research. «Metabolic Vulnerabilities in Cancer: Beyond the Warburg Effect».
  5. National Cancer Institute. «Cancer Metabolism: A Therapeutic Opportunity».

Generado por Mistral large 3

El alzhéimer no se cura con una dieta específica

En los últimos años se han difundido en redes sociales múltiples mensajes que aseguran que es posible revertir el alzhéimer eliminando el gluten, reduciendo carbohidratos, aumentando proteínas o tomando suplementos de vitaminas y minerales. Estas afirmaciones carecen de base científica: el alzhéimer no tiene cura, ni a través de fármacos ni mediante cambios en la dieta, tal y como confirma el Instituto Nacional sobre Envejecimiento de Estados Unidos.

Lo que sí se ha demostrado es que la alimentación desempeña un papel importante en la prevención y en la ralentización del avance de la enfermedad. Como explica el nutricionista Aitor Sánchez García en su blog Mi Dieta Cojea, el deterioro cerebral está relacionado con la pérdida de sinapsis neuronal, proceso en el que las membranas de las neuronas —compuestas por fosfolípidos— resultan clave.

Algunas investigaciones señalan que una dieta equilibrada, rica en nutrientes de calidad y combinada con actividad física, puede favorecer la formación de esos fosfolípidos y proteger la función cognitiva. Sin embargo, esto no implica que pueda revertir o curar el alzhéimer, sino ayudar a retrasar su progresión.

En palabras del propio Instituto Nacional sobre Envejecimiento, “existen estudios que asocian los patrones de alimentación saludable con beneficios cognitivos, pero se necesita más investigación para determinar si lo que comemos puede prevenir o retrasar el alzhéimer o el declive cognitivo asociado a la edad”.

Contenido de un suplemento a base de hierbas, es un fraude

Toca Comer. Contenido de un suplemento a base de hierbas. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaLos productos a base de hierbas en el mercado son simplemente medicamentos poco regulados que probablemente no funcionan, tienen dosis variables, a menudo tienen contaminantes, y pueden ser etiquetados incorrectamente. Por lo tanto, son drogas terribles.

Estos preocupantes hechos son «ecologizados» por los vendedores de productos a base de hierbas con el bombo de que estos productos son «naturales». Eso no cambia el hecho de que siguen siendo drogas sucias, poco reguladas.

Un reciente estudio se suma al creciente cuerpo de evidencia que apoya el resumen anterior. Un estudio publicado en BMC Medicine concluyó:

La mayoría de los productos a base de hierbas ensayados fueron de mala calidad, incluyendo considerable sustitución de productos, contaminación y uso de materiales de relleno.

Específicamente:

La mayoría (el 59%) de los productos ensayados contenían códigos de barras de ADN de especies de plantas que no figuran en las etiquetas. Aunque hemos sido capaces de autenticar casi la mitad (48%) de los productos, una tercera parte de estos también contenían contaminantes o materiales de relleno y que no figuran en la etiqueta. La sustitución del producto ocurrió en 30/44, de los productos probados y sólo 2/12 compañías tenían productos sin ningún tipo de sustitución, contaminación o rellenos. Algunos de los contaminantes que encontramos plantean graves riesgos de salud para los consumidores.

La sustitución del producto significa que, si bien dice «gingko biloba» en la etiqueta, las pastillas contenían alfalfa. Encontraron que el 32% de los productos no contienen el ingrediente principal, pero sí contenían otras especie que no estaban en la etiqueta. Además, el 20% contenía contaminantes y el 21% contenía rellenos que no figuraban en la etiqueta. En general sólo el 41% de los productos analizados fueron etiquetados con precisión, lo que significa que los consumidores son más propensos o a no estar recibiendo el producto a base de hierbas por el que pagaron, y/o a estar recibiendo especies de plantas que no estaban en la etiqueta.

Este último es el mayor problema, ya que algunas de las especies contaminantes o sustituidas podrían suponer toxicidad, alergia o interacciones con otros medicamentos. Por ejemplo, un producto de St. John Wart contenía senna, que puede causar diarrea si se usa regularmente. Algunos productos contenían trigo, y así parecen libres de gluten en la etiqueta, pero no lo son.

Este no es el primer estudio que encuentra que los productos a base de hierbas a menudo son etiquetados incorrectamente o están contaminados. Un estudio realizado en el 2004 por Saper encontró que el 20% de los suplementos ayurvédicos que se encuentran en las tiendas locales de Boston estaban contaminados con niveles potencialmente tóxicos de metales pesados.

Como acotación al margen, hay una chistosa crítica al estudio Saper por un defensor ayurvédico indio, esencialmente afirmando que el 20% no es tan malo, y que el estudio es defectuoso y racista porque los productos estudiados no eran verdadera medicina ayurvédica. La crítica no incluye referencias a estudios independientes que demuestren que los presuntos productos indios de alta calidad a base de hierbas son superiores en forma alguna. En cualquier caso, pierde el punto, que no era atacar a India (que es lo que piensa el autor), sino mostrar que lo que los consumidores están comprando, con frecuencia, está contaminado.

El autor no citó otras investigaciones, probablemente debido a que otras investigaciones confirman la cifra del 20%. Por ejemplo, un estudio del 2008 publicado en JAMA encontró en general, una tasa de 20% de contaminación con metales pesados ​​en los productos a base de hierbas ayurvédicas compradas a través de internet, ya sea que se fabriquen en EEUU o en India.

Las revisiones sistemáticas también muestran que los productos a base de hierbas pueden tener efectos secundarios e interacciones fármaco-fármaco, aunque en general hay datos muy pobres sobre este tipo de reacciones.

Los buenos procesos y normas de fabricación pueden resolver muchos de estos problemas, aunque sería difícil. Los autores de los estudios actuales señalan que muchos de los fabricantes de productos adulterados o sustituidos parecían auténticamente conscientes del problema lo que podría sugerir que el problema ocurre a niveles más altos que el de los proveedores de la materia prima. Así que cualquier regulación tendría que involucrar a toda la cadena de producción, con un seguimiento de los productos finales.

En su último libroPaul Offit cuenta la historia de intentar regular el uso de productos a base de hierbas en su hospital. Eventualmente se decidió por un criterio, que los fabricantes proporcionen la documentación de qué hay realmente en los productos. Ellos se negaron a hacerlo. Uno tiene que preguntarse por qué.

Una adecuada regulación de los productos a base de hierbas sería deseable – nadie quiere que los usuarios de los productos a base de hierbas sufran los efectos secundarios de los contaminantes. Sin embargo, tales normas llevarían un inconveniente no deseado – haría más respetables productos que todavía tienen un problema importante. Por lo general no funcionan.

Fuente: AVANZADA

¿La mitad de los medicamentos inútiles y un 5 % peligrosos?

Toca Comer. ¿La mitad de los medicamentos inútiles y un 5 % peligrosos?. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

¿Y si el escándalo en Francia de Mediator no es un caso aislado? Sus acusadores, Bernard Debré y Philippe Even atacan de nuevo a la industria farmacéutica. En un libro, explican según ellos, que  el 50% de los medicamentos en el mercado francés son inútiles, y hasta un 5% de ellos a veces pueden resultar muy peligrosos …

Una de cada dos fármacos es inútil, según un libro coescrito por el especialista Philippe Even, director del Instituto Necker, y Bernard Debré, diputado UMP de París.

«Este es un libro de información, no de opiniones. De todo lo que se dice se da la referencia y el resultado de nuestra experiencia tanto de Debré y yo, y el análisis de miles de miles y miles de publicaciones «, dice Philippe Incluso en un vídeo en la página web de  Le Nouvel Observateur  se da la guía de 4000 fármacos útiles, inútiles y peligrosos.

Incluso el profesor ataca sobre todo a las drogas estatinas contra el colesterol, «tragadas por de 3 a 5 millones de franceses» que cuestan «dos millones de dólares al año», y que considera «totalmente innecesarias «.

Los medicamentos que hacen más daño que bien

El exdecano de la Facultad de Medicina de París, autor de un informe sobre el Mediator en 2011, el lanzamiento de una nueva carga contra la industria farmacéutica, que él llama «la más lucrativa, la más cínica, la menos ética de todas las industrias «.

De acuerdo con el mismo Philippe Even, para resolver el problema de la falta de dinero para la salud, «es suficiente retirar del mercado los medicamentos peligrosos, innecesarios o ineficaces».

El libro identifica y, de acuerdo con el semanal «el 50% de los fármacos son innecesarios, el 20% no son bien tolerados, el 5%» potencialmente muy peligroso «, pero increíble paradójico, el 75% son reembolsables.»

Le Nouvel Observateur tiene también en línea la «lista negra de las medicinas peligrosas», que incluye fármacos cardiovasculares, pastillas  antiinflamatorias (incluyendo las de llamada tercera generación), etc.

Debré y Even no tienen su cuerpo de ensayo

La Industria Farmacéutica (LEEM) ha denunciado las «amalgamas» y aproximaciones en la «enésima acusación de Philippe Bernard Debré Even».

Este libro «contribuye a alarmar innecesariamente a los pacientes y puede conducir a poner fin a sus propios tratamientos todavía adaptados a las enfermedades que sufren», dijo Leem, la asociación comercial de fabricantes de fármacos, en un comunicado emitido el miércoles.

Incluso Philippe Bernard Debré Even habían sido encargados por el anterior  presidente Nicolas Sarkozy para una misión a raíz del caso de Mediator y le habían dado en marzo de 2011, un informe sobre la reforma del sistema de medicamentos. Los profesores consideraron que el caso particular del Mediator fue «mucho más que un incidente aislado».

Fuente: Futura-Santé



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