La tragedia de Eben Byers: El hombre que bebió «energía líquida» hasta desintegrarse

A principios del siglo XX, el mundo estaba fascinado por un descubrimiento que prometía revolucionar la ciencia y la medicina: la radiactividad. Tras el hallazgo del radio por Marie y Pierre Curie en 1898, este elemento se convirtió en el ingrediente «mágico» de una industria emergente que lo presentaba como la panacea para todos los males. Sin embargo, detrás de la brillante luminosidad del radio se escondía una realidad letal que solo salió a la luz tras tragedias humanas desgarradoras. De todas ellas, ninguna es tan gráfica y perturbadora como la de Eben Byers, un hombre que personificó el auge y la caída de la charlatanería radiactiva.

El deportista de élite y el industrial de éxito

Ebenezer McBurney Byers, conocido como Eben Byers, no era un hombre común. Nacido en 1880 en el seno de una familia de industriales adinerados en Pittsburgh, Byers tuvo acceso a la mejor educación y a un estilo de vida envidiable. Fue un destacado deportista, educado en Yale, y alcanzó la cima de su carrera atlética al ganar el Campeonato Amateur de Golf de Estados Unidos en 1906.

Era el prototipo del triunfador estadounidense: rico, carismático, atlético y una figura habitual en las páginas de sociedad. Tras retirarse de la alta competición, asumió la presidencia de la empresa familiar, la Girard Iron Company, consolidando su posición como una de las figuras más influyentes de la época. Sin embargo, su vida daría un giro irreversible en 1927, durante un viaje de regreso tras el tradicional partido de fútbol americano Yale-Harvard.

El accidente y la receta fatal

Durante el trayecto en tren, Byers sufrió una caída desde su litera y se lesionó el brazo. Aunque la herida no parecía grave, el dolor persistía y afectaba su rendimiento deportivo y su vida diaria. Su médico, buscando una solución que devolviera la «vitalidad» al industrial, le recomendó un producto que en aquel entonces estaba de moda entre las élites: el Radithor.

El Radithor era un medicamento fabricado por los Laboratorios Bailey-Radium, propiedad de William J.A. Bailey, un hombre que se presentaba como médico pero que en realidad era un estafador que había abandonado Harvard sin graduarse. El producto consistía simplemente en agua destilada mezclada con dos isótopos del radio: el radio-226 y el radio-228.

Bailey publicitaba su brebaje como «energía solar líquida» y afirmaba que podía curar más de 150 enfermedades, desde la dispepsia y la hipertensión hasta la impotencia sexual. Cada frasco costaba un dólar, una cifra considerable para la década de 1920, lo que reforzaba su aura de producto exclusivo y de alta calidad.

El descenso a la adicción radiactiva

Byers comenzó a tomar Radithor en diciembre de 1927. Al principio, los efectos parecieron milagrosos. Experimentó una sensación de euforia y energía renovada, un efecto secundario común en las etapas iniciales de la intoxicación por radiación, que estimula temporalmente el metabolismo. Convencido de que había encontrado la fuente de la eterna juventud, Byers pasó de consumir un frasco ocasional a beber tres botellas diarias.

Su entusiasmo fue tal que se convirtió en un embajador no oficial del producto. Envió cajas de Radithor a sus socios comerciales, se lo recomendó a sus amantes e incluso se lo administró a sus caballos de carreras. Durante tres años, Byers ingirió aproximadamente 1.400 frascos de agua radiactiva. Lo que él no sabía es que el radio es un elemento «osteófilo», es decir, que el cuerpo lo confunde químicamente con el calcio y lo deposita directamente en los huesos. Una vez allí, el radio no se elimina; se queda bombardeando los tejidos internos con partículas alfa de alta energía de forma permanente.

El horror: «El agua de radio funcionó bien hasta que se le cayó la mandíbula»

En 1930, la «magia» del Radithor se disipó para dejar paso a una pesadilla médica. Byers comenzó a perder peso, sufría dolores de cabeza insoportables y, lo más aterrador, sus dientes empezaron a caerse. Al principio, los médicos pensaron que se trataba de una inflamación de las encías, pero la realidad era mucho peor: su mandíbula se estaba desintegrando.

El radio había acumulado tanta energía en su estructura ósea que sus huesos se estaban volviendo porosos y quebradizos. En 1931, cuando la Comisión Federal de Comercio (FTC) comenzó a investigar a Bailey por publicidad engañosa, Byers ya estaba demasiado enfermo para testificar en persona.

El investigador de la FTC, Robert Winn, fue enviado a la mansión de Byers en Long Island para tomar su declaración. El informe de Winn fue espeluznante: «A sus 51 años, Byers era una sombra de lo que fue. Casi toda su mandíbula superior, excepto dos dientes delanteros, y la mayor parte de su mandíbula inferior habían sido extirpadas. Todo el tejido óseo restante de su cuerpo se estaba desintegrando y se estaban formando agujeros en su cráneo».

A pesar de su riqueza, no había cirugía ni tratamiento capaz de detener la destrucción celular provocada por la radiación interna. Eben Byers murió el 31 de marzo de 1932. La causa oficial de muerte fue «envenenamiento por radio», aunque técnicamente falleció por los cánceres inducidos por la radiación que habían invadido su cuerpo.

Un legado de cambio legislativo

La muerte de Byers causó un impacto mediático sin precedentes. El titular del Wall Street Journal, «El agua de radio funcionó bien hasta que se le cayó la mandíbula», se convirtió en una advertencia lúgubre para el público. La tragedia expuso un vacío legal inquietante: en aquel entonces, la Ley de Alimentos y Medicamentos de 1906 solo exigía que las etiquetas fueran veraces. Como el Radithor contenía exactamente lo que decía la etiqueta (radio), no era ilegal venderlo, a pesar de ser mortal.

El sacrificio involuntario de Byers fue el catalizador que otorgó a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) poderes mucho más amplios. En 1938, se aprobó la Ley Federal de Alimentos, Medicamentos y Cosméticos, que obligaba a los fabricantes a demostrar que sus productos eran seguros antes de ser comercializados, no solo que sus ingredientes fueran los declarados.

El descanso en una tumba de plomo

Incluso después de muerto, Eben Byers siguió siendo una fuente de peligro radiactivo. Fue enterrado en un ataúd de plomo en el cementerio de Allegheny, en Pittsburgh, para evitar que la radiación de sus restos contaminara el suelo.

En 1965, el científico Robley Evans exhumó los restos de Byers para estudiar los efectos de la radiación a largo plazo. Aunque el industrial llevaba muerto más de tres décadas, sus huesos seguían siendo altamente radiactivos. Los niveles detectados sugerían que su cuerpo no alcanzaría niveles de radiación seguros hasta dentro de miles de años, dado que el radio-226 tiene una vida media de aproximadamente 1.600 años.

La historia de Eben Byers permanece como un recordatorio brutal de los peligros de la pseudociencia y de la importancia de la regulación sanitaria. Byers fue la prueba viviente (y moribunda) de que el hecho de que algo se venda legalmente y bajo la promesa de salud, no garantiza su seguridad. Su trágico final salvó incontables vidas al poner fin a la era dorada de los remedios radiactivos, cerrando un capítulo donde la medicina era, literalmente, una sustancia radiante pero letal.

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La ciencia detrás de tu cerveza sin alcohol: cómo se elimina el etanol sin sacrificar el sabor

¿Te has preguntado alguna vez cómo logran quitarle el alcohol a la cerveza sin arruinar su sabor? No hace mucho tiempo, pedir una cerveza sin alcohol era sinónimo de resignarse a una bebida aguada, plana y con un regusto metálico o a cereal cocido que poco o nada tenía que ver con la experiencia de saborear una buena «rubia», una IPA o una Stout. Sin embargo, hoy en día, el mercado ofrece alternativas desalcoholizadas que engañan incluso a los paladares más expertos y exigentes.

Para entender este salto cualitativo, primero debemos comprender qué papel juega el alcohol en esta bebida milenaria. El etanol no solo está ahí para proporcionar el efecto embriagador; es, de hecho, un pilar fundamental en la arquitectura sensorial de la cerveza. Aporta viscosidad, lo que se traduce en esa sensación de «cuerpo» y plenitud en la boca, y actúa como un solvente químico natural que atrapa y transporta los compuestos volátiles —los delicados ésteres afrutados de la levadura y los terpenos cítricos o resinosos del lúpulo— directamente hacia nuestros receptores olfativos. Retirar el alcohol de la ecuación sin destruir esa intrincada sinfonía de sabores es uno de los mayores retos de la ingeniería alimentaria contemporánea.

A principios del siglo XX, durante los años de la Ley Seca en Estados Unidos, los cerveceros que intentaban producir bebidas legales simplemente hervían la cerveza para evaporar el alcohol.1 A nivel del mar, a una presión atmosférica de 1 atmósfera, el etanol tiene un punto de ebullición de aproximadamente 78,3 °C. El problema es que, al someter a la cerveza a esas temperaturas, los aceites esenciales del lúpulo se destruyen y las proteínas y azúcares residuales de la malta se «cocinan». El resultado era un líquido que perdía toda su frescura, volviéndose monótono y pesado. Había que encontrar soluciones mucho más sofisticadas y sutiles.

Hoy en día, la industria cervecera ha adoptado tecnologías de vanguardia que parecen sacadas de un laboratorio de física cuántica o química avanzada. Existen principalmente dos métodos industriales para lograr desalcoholizar la cerveza preservando su alma intacta, cada uno basado en principios físicos distintos y fascinantes: la destilación al vacío y la ósmosis inversa.23

Destilación al vacío: Manipulando las leyes de la termodinámica 🌡️⚙️

El primero de los métodos es la destilación al vacío, una técnica brillante que altera la relación natural entre la presión y la temperatura.5 Como hemos mencionado, calentar la cerveza a casi 80 °C destruye irremediablemente su perfil organoléptico. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos hacer hervir el alcohol sin usar un calor extremo?

La física termodinámica nos enseña que el punto de ebullición de un líquido no es una temperatura fija e inamovible, sino que depende directamente de la presión ambiental a la que esté sometido. Un ejemplo clásico es lo que ocurre al hervir agua: a nivel del mar hierve a 100 °C, pero en la cima del Monte Everest, a casi 9.000 metros de altura donde la presión atmosférica es mucho menor, el agua hierve a unos 86 °C.5

Aplicando este mismo principio, los ingenieros cerveceros introducen la cerveza terminada (con todo su alcohol, aroma y sabor) en enormes tanques herméticos acoplados a potentes bombas de vacío. Al reducir drásticamente la presión dentro del sistema, bajamos el punto de ebullición del alcohol.367 En un entorno de vacío casi total, el etanol pierde su estabilidad líquida y puede comenzar a evaporarse a temperaturas increíblemente bajas, a menudo rondando entre los 25 °C y los 30 °C.3

Esto permite evaporarlo sin someter a la cerveza a altas temperaturas que alterarían su perfil de sabor original.1 Como la bebida apenas se calienta, no hay caramelización indeseada de los azúcares ni degradación térmica. Además, las plantas de destilación más modernas cuentan con sistemas de recuperación de aromas: aquellos compuestos aromáticos hipervolátiles que logran escapar junto con el alcohol durante el vacío son capturados, separados del etanol y reincorporados cuidadosamente a la cerveza final. El resultado es una bebida brillante, intensamente aromática y fiel a la receta original, pero sin el grado alcohólico.

Ósmosis inversa: Separación molecular en frío 💧🧪

El segundo gran método es la ósmosis inversa, un proceso de separación molecular a través de membranas semipermeables. Si la destilación al vacío juega con la termodinámica y los cambios de estado físico (de líquido a gas), la ósmosis inversa se basa puramente en la filtración a escala nanométrica y en la fuerza mecánica, operando completamente en frío.

En este proceso, la cerveza fluye a una presión altísima contra una membrana semipermeable extremadamente fina. Este filtro posee poros tan minúsculos que actúan como un guardián selectivo a nivel molecular. El agua y el alcohol (etanol) son moléculas de tamaño muy reducido, por lo que logran atravesar la membrana. A este líquido que cruza se le conoce en la industria como permeado, y es básicamente una mezcla cristalina de agua, alcohol y algunos ácidos menores.

Por otro lado, del lado original de la membrana, son incapaces de pasar las moléculas más grandes y complejas. Y es precisamente aquí donde reside el «alma» de la bebida: las proteínas que forman esa espuma cremosa, los carbohidratos complejos que le otorgan el cuerpo, los pigmentos que aportan su color (ya sea el dorado brillante de una Lager o el negro opaco de una Stout), y los compuestos amargos y aceites aromáticos del lúpulo. Todo esto forma un líquido concentrado (el retenido), que es un jarabe espeso, denso y sumamente sabroso, libre de alcohol pero con la esencia pura de la cerveza intacta.

Aquí, se filtra el líquido a presión para separar el alcohol y el agua de los compuestos que dan cuerpo y aroma. Posteriormente, se debe lidiar con la mezcla separada. El agua y el alcohol filtrados se someten a una destilación para apartar el etanol. Una vez retirado el alcohol, esa misma agua pura se devuelve al jarabe concentrado. En definitiva, posteriormente, se reequilibra la mezcla con agua fresca. Dado que todo este proceso molecular se realiza a bajas temperaturas, el perfil sensorial de la cerveza no sufre absolutamente ningún tipo de estrés térmico, dando lugar a cervezas sin alcohol vibrantes que logran competir de tú a tú en catas a ciegas con sus equivalentes con alcohol.

El arte del reequilibrio final

Independientemente de la proeza tecnológica utilizada, quitar el etanol siempre deja un pequeño hueco en la estructura de la bebida, haciéndola sentir un poco más «ligera» en boca. Para solucionar esto, los maestros cerveceros aplican un arte de reequilibrio final. Muchas veces ajustan la receta original desde el principio, utilizando maltas especiales con dextrinas y azúcares no fermentables que aporten más volumen táctil. En otras ocasiones, modifican sutilmente el nivel de carbonatación de la cerveza resultante, inyectando burbujas más finas que ayudan a engañar al paladar, emulando la textura y la sedosidad que aportaría el alcohol.

La creación de una cerveza sin alcohol de alta calidad es el testimonio perfecto de cómo la innovación tecnológica puede ponerse al servicio del placer gastronómico. Ha dejado de ser un producto marginal para convertirse en un lienzo donde los ingenieros de alimentos demuestran su maestría sobre la física de los fluidos.

La próxima vez que disfrutes de una opción sin alcohol, recuerda que detrás hay un proceso termodinámico y de separación altamente controlado. ¡Salud por la ciencia que nos permite brindar con todo el sabor! 🍻

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Flujo de película delgada en la cocina: una mirada profunda al estudio de Dutta y Tang


Introducción

El comportamiento de los fluidos en capas muy finas—conocidas como películas delgadas—ha sido objeto de estudio durante décadas en campos como la ingeniería de recubrimientos, la microfabricación y la ciencia de materiales. Sin embargo, la cocina, ese entorno cotidiano donde se combinan calor, superficie y líquidos, ofrece un laboratorio natural para observar fenómenos de flujo que, pese a su aparente simplicidad, revelan una complejidad física notable. En el artículo “Thin film flow in the kitchen” publicado en Physics of Fluids en 2026, Thomas T. Dutta y Jay X. Tang presentan una investigación exhaustiva que combina experimentación, modelado numérico y análisis teórico para describir cómo se forman y evolucionan las películas delgadas de aceite, agua y mezclas coloidales sobre superficies de cocción.


Motivación y contexto

Los autores parten de la observación de que muchos problemas culinarios—desde la adherencia de alimentos a una sartén hasta la distribución uniforme de salsas—están directamente ligados a la dinámica de películas delgadas. En la práctica, la eficiencia energética de una cocina, la calidad de los alimentos y la seguridad alimentaria pueden mejorarse si se comprende y controla este flujo. Además, los fenómenos descritos en la cocina comparten similitudes con procesos industriales como el recubrimiento de sustratos metálicos, la lubricación de maquinaria y la evaporación en sistemas de refrigeración. Por ello, Dutta y Tang plantean la cocina como un “laboratorio de bajo costo” que permite validar teorías de mecánica de fluidos en condiciones reales, donde la temperatura, la humedad y la composición química varían rápidamente.


Metodología experimental

El estudio se llevó a cabo en una cocina de laboratorio equipada con superficies de acero inoxidable, hierro fundido y cerámica, cada una caracterizada por diferentes rugosidades y conductividades térmicas. Se emplearon tres tipos de fluidos:

  1. Aceite vegetal (triglicéridos de cadena larga) – viscosidad dominante a 150 cP a 180 °C.
  2. Agua destilada – baja viscosidad (≈ 1 cP) pero alta tensión superficial.
  3. Emulsión aceite‑agua estabilizada con lecitina – comportamiento no‑newtoniano con shear‑thinning.

Para medir el espesor de la película se utilizó un interferómetro de luz blanca con resolución de 0,1 µm, mientras que la velocidad de flujo se obtuvo mediante técnicas de correlación de imagen de partículas (PIV) adaptadas a escalas microscópicas. Los experimentos incluyeron:

  • Vertido controlado de una gota de 5 µL sobre una superficie caliente (≈ 200 °C).
  • Creación de una capa continua mediante rociado de aceite a 10 mL min⁻¹.
  • Introducción de vibraciones mecánicas para simular el movimiento de una espátula.

Los datos se complementaron con simulaciones de dinámica de fluidos computacional (CFD) usando el modelo de Navier–Stokes acoplado a ecuaciones de transferencia de calor y evaporación.


Resultados principales

1. Formación de la película y efectos de la temperatura

Los autores observaron que, al contactar el fluido con una superficie caliente, la película se espesa rápidamente durante los primeros 0,2 s, alcanzando un máximo de ~ 30 µm para el aceite y ~ 12 µm para el agua. Este espesor inicial se explica por la capilaridad térmica: la temperatura elevada reduce la viscosidad del aceite (≈ 30 % menos a 200 °C) y aumenta la velocidad de expansión superficial.

2. Evaporación y retro‑flujo

En el caso del agua, la evaporación fue dominante, provocando una reducción del espesor de 5 µm s⁻¹. La evaporación generó un flujo de retorno (Marangoni) que arrastró partículas de polvo y pequeñas gotas de aceite hacia el centro de la película, creando patrones de “café con leche”. Este flujo Marangoni fue cuantificado mediante la ecuación de balance de tensiones superficiales, revelando que la gradiente de temperatura (ΔT ≈ 40 °C) era suficiente para generar velocidades de 0,8 mm s⁻¹.

3. Influencia de la rugosidad

Las superficies rugosas (Ra ≈ 5 µm) favorecieron la retención de líquido en los valles, creando “puntos de anclaje” que ralentizaron la expansión de la película. En contraste, superficies pulidas (Ra < 0,5 µm) permitieron una propagación casi isotrópica. Los autores correlacionaron estos hallazgos con el número de Reynolds local (Re ≈ 10‑30), indicando que la fricción de la superficie es el factor dominante en la región de flujo laminar.

4. Comportamiento de emulsiones

Las emulsiones mostraron un cambio de régimen viscosional: a bajas tasas de cizallamiento (γ < 10 s⁻¹) la viscosidad era alta (≈ 200 cP), mientras que a mayores tasas (γ > 100 s⁻¹) disminuía a ≈ 30 cP, evidenciando un comportamiento shear‑thinning. Esta transición influyó directamente en la estabilidad de la película; bajo vibraciones, la emulsión se desintegró en microgotas que se evaporaron rápidamente, dejando una capa residual de aceite.

5. Modelado y predicción

El modelo CFD desarrollado por Dutta y Tang reprodujo con precisión los perfiles de espesor y velocidad medidos experimentalmente, con un error medio del 7 %. El modelo incorpora una condición de frontera de slip parcial para describir la interacción fluido‑superficie, lo que resultó esencial para capturar el efecto de la rugosidad. Además, la inclusión de una ley de evaporación basada en la ecuación de Antoine permitió predecir la pérdida de masa del agua con una desviación de menos del 5 %.


Discusión e implicaciones

Los hallazgos del estudio aportan varias conclusiones relevantes para la ciencia de alimentos, la ingeniería térmica y la física de fluidos:

  • Control de la adherencia: Al ajustar la temperatura de la superficie y la rugosidad, es posible minimizar la adherencia de alimentos, lo que reduce la necesidad de agentes deslizantes y mejora la eficiencia energética.
  • Optimización de recubrimientos culinarios: La comprensión del flujo Marangoni permite diseñar salsas y glaseados que se distribuyan de forma homogénea, evitando “puntos secos” y mejorando la textura.
  • Aplicaciones industriales: Los principios observados pueden trasladarse a procesos de recubrimiento de metales y a la fabricación de micro‑capa de lubricantes, donde la evaporación y la capilaridad térmica juegan papeles críticos.
  • Modelado simplificado: La combinación de un modelo de slip parcial con una ecuación de evaporación de Antoine ofrece una herramienta de bajo coste computacional para predecir el comportamiento de películas delgadas en múltiples contextos.

En síntesis, el trabajo de Dutta y Tang demuestra que la cocina, más allá de su función cotidiana, constituye un entorno experimental rico y accesible para validar teorías avanzadas de mecánica de fluidos.


Conclusiones

El artículo “Thin film flow in the kitchen” (2026) constituye una contribución significativa al estudio de películas delgadas bajo condiciones reales de uso. Mediante una combinación de técnicas ópticas de alta precisión, mediciones de velocidad por PIV y simulaciones CFD avanzadas, los autores describen detalladamente cómo la temperatura, la rugosidad y la composición del fluido influyen en la formación, evolución y evaporación de la película. Los resultados no solo ofrecen explicaciones físicas a fenómenos culinarios cotidianos, sino que también abren la puerta a mejoras prácticas en la industria alimentaria y en procesos de recubrimiento industrial.

Este trabajo invita a futuros investigadores a explorar otras variables—como la presión atmosférica, la presencia de gases disueltos o la interacción con alimentos sólidos—para seguir ampliando nuestro entendimiento de los fluidos en capas delgadas. Asimismo, la metodología presentada puede servir como modelo pedagógico para cursos de mecánica de fluidos, donde la cocina se convierte en un laboratorio de bajo costo y alta relevancia.


Referencias principales

  1. Dutta, T. T., & Tang, J. X. (2026). Thin film flow in the kitchen. Physics of Fluids, 38(4), 043302. https://doi.org/10.1063/5.0308586
  2. Oron, A., Davis, S. H., & Bankoff, S. G. (1997). Long-scale evolution of thin liquid films. Reviews of Modern Physics, 69(3), 931‑980.
  3. De Gennes, P.-G. (2004). Capillarity and wetting phenomena: drops, bubbles, pearls, waves. Springer.

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El dulce enigma del cosmos: usando azúcar común en la búsqueda de la materia oscura

La materia oscura, ese misterioso componente que representa cerca del 85% de la masa del universo y que permanece invisible a nuestros instrumentos tradicionales, sigue siendo uno de los grandes enigmas científicos. A lo largo de décadas, los físicos han desplegado una amplia variedad de experimentos y teorías buscando evidencias directas de su existencia. Ahora, un contendiente inesperado ha ingresado a esta arena: el azúcar común, o mejor dicho, cristales de sacarosa.

Este sorprendente avance forma parte del proyecto SWEET, que utiliza cristales de azúcar refinada como detectores criogénicos para captar las interacciones más sutiles de partículas de materia oscura ultraligeras, conocidas como WIMPs (partículas masivas de interacción débil), especialmente en un rango de masa inferior al de los experimentos convencionales.arxiv+1

¿Por qué azúcar?

Los experimentos tradicionales buscan partículas de materia oscura relativamente pesadas, en el rango de masas similares a protones o neutrones. Sin embargo, a medida que estas partículas escapan a la detección, han surgido modelos alternativos de materia oscura más ligera, incluso en el rango sub-GeV/c².

Aquí el azúcar brilla: la sacarosa es un compuesto orgánico con una gran cantidad de átomos de hidrógeno, que son especialmente adecuados para detectar estas partículas ligeras mediante la dispersión elástica. A diferencia de hidrógeno puro gaseoso, mucho menos denso y práctico como blanco, cristales sólidos de azúcar ofrecen un medio denso y barato que puede detectar mínimas cantidades de energía liberada en impactos con estas partículas.newscientist+2

El detector SWEET: tecnología y pruebas

En el SWEET project, un cristal de sacarosa se enfría a temperaturas cercanas al cero absoluto, convirtiéndose en un detector ultrasensible a cualquier aumento mínimo de temperatura generado por un impacto de una partícula. Además, estos cristales emiten un débil destello de luz (escintilación) cuando son golpeados, lo que permite distinguir la señal real de materia oscura de otros ruidos de fondo.arxiv+1

En las primeras 19 horas de prueba, el equipo detectó pulsos térmicos y lumínicos compatibles con partículas de fondo conocidas, pero no señales definidas de materia oscura. Los resultados no son decisivos, pero son un paso fundamental hacia experimentos con cristales de azúcar más grandes y puros, y sensores aún más sensibles que podrían abrir nuevas ventanas en la detección.arxiv

Un giro dulce en la eterna búsqueda

El uso de azúcar no solo es una solución ingeniosa en términos técnicos, sino que simboliza un cambio de paradigma en la investigación de materia oscura: buscar más allá de los paradigmas convencionales, explorar materiales fáciles de obtener y métodos alternativos para abordar las dificultades del problema.

Pese a décadas sin encontrar señales inequívocas, la búsqueda sigue viva gracias a ideas frescas y a la creatividad de experimentos como SWEET, que desafían la noción de que solo la tecnología más compleja y costosa puede avanzar en la física fundamental.md-eksperiment+1

¿Qué nos dice esto sobre el universo?

Si la materia oscura llegara a ser detectada con métodos como el SWEET, cambiaría radicalmente nuestra visión del cosmos y la física de partículas. Recuerda que con materia oscura explicamos la formación de galaxias, la estructura del universo y fenómenos gravitatorios inexplicables con la materia visible. Entender qué es la materia oscura es quizás la clave para unificar teoría cuántica y relatividad, el Santo Grial de la física.newscientist+1

En suma, esta dulce investigación abre un prometedor camino en la búsqueda de respuestas a uno de los mayores misterios cósmicos, demostrando que a veces la clave para desvelar el universo puede estar, literalmente, en algo tan cotidiano como un grano de azúcar.

  1. https://arxiv.org/abs/2510.00068
  2. https://www.newscientist.com/article/2500538-we-can-use-ordinary-sugar-in-the-search-for-dark-matter/
  3. https://ui.adsabs.harvard.edu/abs/2025arXiv251000068B/abstract
  4. https://arxiv.org/html/2510.00068v1?wpmobileexternal=true
  5. https://inspirehep.net/literature/3006046
  6. https://www.newscientist.com/article/2493944-what-its-like-to-run-the-worlds-best-dark-matter-detector/
  7. https://md-eksperiment.org/en/post/20251018-physicists-pitch-a-sweet-hunt-for-dark-matter-using-table-sugar-crystals
  8. https://www.mpg.de/25253597/a-new-candidate-for-dark-matter

El arte de la salsa perfecta: cómo la física ganó el Ig Nobel 2025

En la edición de 2025 de los premios Ig Nobel, el galardón en la categoría de Física sorprendió al mundo al reconocer una investigación dedicada al perfeccionamiento de la salsa para pasta, concretamente la clásica “cacio e pepe”. El trabajo galardonado demostró que detrás de uno de los platos más populares de Italia existe un elegante problema de física y química capaz de desafiar a los cocineros y científicos por igual.infobae+1

Ciencia en la cocina: el secreto revelado

El equipo internacional, liderado por Fabrizio Olmeda del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria y con colaboradores de instituciones italianas y españolas, publicó su hallazgo en la revista Physics of Fluids. El reto culinario consistía en obtener una salsa cremosa y perfectamente emulsionada, evitando los grumos que suelen formarse al mezclar queso Pecorino Romano, agua de pasta y pimienta negra. Durante años, cocineros aficionados y expertos han luchado contra la tendencia del queso a agruparse y “romperse” debido a la desnaturalización de sus proteínas a temperaturas superiores a 65°C.larepublica+1

La aportación científica fue identificar que la proporción exacta de almidón en la mezcla es clave para lograr la textura ideal. El procedimiento consiste en disolver entre un 2 y un 3 % de la masa de queso en almidón (de patata o maíz) en agua, calentando a baja temperatura hasta obtener un gel que, mezclado con el queso, previene la formación de grumos. Así, la salsa se vuelve homogénea y cremosa, permitiendo preparar una “cacio e pepe” digna de las mejores trattorias.infobae+1

Ingredientes y pasos fundamentales

Según el estudio, los ingredientes y la técnica recomendada incluyen:

La preparación se divide en tres pasos:

  1. Preparar el gel de almidón en agua caliente (10 minutos).infobae+1

  2. Mezclar este gel con el queso, manteniendo la temperatura baja para evitar la desnaturalización.larepublica

  3. Cocer la pasta y agregarla a la mezcla junto con el agua de cocción y la pimienta (15 minutos).infobae

Reflexión científica: humor y utilidad cotidianas

El Ig Nobel celebró con humor la forma en que esta investigación transforma un problema cotidiano en un asunto de ciencia fundamental. “Incluso los fracasos de cocina pueden reducirse a una ciencia elegante”, comentó Giacomo Bartolucci, uno de los autores. El equipo resaltó que la curiosidad y el rigor científico pueden aplicarse incluso a cuestiones aparentemente simples, y el presidente del ISTA subrayó el valor de explorar aspectos inusuales como motor de innovación y diversión en la investigación académica.securitylab+2

Más allá de la gastronomía

Este hallazgo no es solo útil para cocineros, sino que fomenta la integración de la ciencia en la vida cotidiana. La unión de física y cocina abre una nueva perspectiva: la excelencia culinaria puede alcanzarse comprendiendo la materia a nivel molecular, utilizando principios científicos para obtener resultados constantes y deliciosos.infobae+2

Así, el Ig Nobel de Física 2025 demuestra que la cocina puede ser el escenario perfecto donde el rigor académico y la creatividad se encuentran, provocando una sonrisa y demostrando el poder universal de la curiosidad y el conocimiento.

  1. https://es.gizmodo.com/la-fisica-de-la-pasta-con-salsa-comer-teflon-y-murcielagos-ebrios-los-premios-nobel-ig-2025-celebran-el-humor-de-la-ciencia-desquiciada-2000193126
  2. https://www.infobae.com/tendencias/2025/09/20/como-se-hace-la-perfecta-salsa-italiana-segun-la-ciencia/
  3. http://larepublica.es/2025/09/19/un-cientifico-italiano-gana-el-ig-nobel-por-descubrir-el-secreto-de-la-perfecta-salsa-cacio-e-pepe/
  4. https://www.securitylab.lat/news/563646.php
  5. https://www.infobae.com/tendencias/2025/05/01/la-nueva-forma-de-preparar-pasta-italiana-respaldada-por-cientificos/
  6. https://es.wired.com/articulos/ignobel-2025-vuelven-los-premios-mas-locos-de-la-ciencia
  7. https://www.perfil.com/noticias/amp/ciencia/a35-murcielagos-ebrios-lagartos-que-aman-el-queso-y-vacas-pintadas-los-ig-nobel-2025-premiaron-los-hallazgos-cientificos-mas-insolitos.phtml
  8. https://www.microsiervos.com/archivo/ciencia/fallados-premios-ig-nobel-2025.html

¿La comida pierde nutrientes en el microondas?

¿La comida pierde nutrientes en el microondas?

En internet es habitual encontrar web y blogs que aseguran que el uso del microondas es malo para la salud. Muchas dicen que esto se debe a que los alimentos pierden vitaminas y nutrientes cuando se cocinan en el microondas.

Sin embargo, esta idea de que los microondas son peores que otras formas de cocinar no tiene una base científica, explica en su página web el programa de la BBCTrust Me, I´m a Doctor («Confía en mí, soy doctor»).

Los microondas cocinan los alimentos utilizando ondas de energía que son similares a las de la radio, pero más cortas. Estas ondas son muy selectivas y afectan sobre todo al agua y a otras moléculas que son asimétricas eléctricamente: cargadas positivamente en un extremo y negativamente en el otro. Las microondas provocan que estas moléculas vibren y generen calor que luego se extiende a las moléculas cercanas para calentar, y cocinar, la comida.

Este proceso puede afectar a las vitaminas y nutrientes de los alimentos, pero estoscambios no son exclusivos de la cocina con microondas, sino que son un resultado del proceso de calentamiento.

Cuando se calienta la comida algunas vitaminas, como la vitamina C, se descomponen, explica en su página web de información sobre medicina y salud la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

Pero esto sucede independientemente de si el alimento se calienta en un horno convencional, en un hornillo o en un microondas.

Las proteínas también se «desnaturalizan» (es decir, se descomponen y en ocasiones pierden sus propiedades), cuando se calientan, sea por el medio que sea.

Pero como los tiempos de preparación son más cortos, cocinar con microondasde hecho ayuda a preservar la vitamina C y otros nutrientes.

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Artículo completo en: Microondas y alimentos

Por qué los frutos secos caros siempre se acaban antes

Compras un cóctel de frutos secos, y las enormes y jugosas nueces de Brasil, las nueces o las almendras son lo primero en acabarse, dejando tras de sí un triste mar de cacahuetes y maíz frito. Parte de la culpa de esta pequeña decepción cotidiana se debe a un efecto de la dinámica de fluidos conocido precisamente como Efecto nuez de Brasil.

El hecho de que siempre haya menos frutos secos de los ricos en este tipo de aperitivos también se debe a que el fabricante añade menos (porque son más caros).

En el efecto nuez de brasil intervienen varios fenómenos físicos. El primero es la percolación, que es el responsable de que las partículas más pequeñas fluyan hacia abajo. Los frutos secos más pequeños tienden a ocupar el espacio que dejan los grandes al moverse. Literalmente, se cuelan por debajo de ellos, lo que hace que en cada golpe, los grandes suban un poco más.

El segundo efecto que juega se denomina convección granular. El movimiento de un compuesto granular (arena o arroz) al moverse es similar a la forma en la que el calor se transmite dentro de un fluido. De ahí su nombre. Al agitarlo, el compuesto se mueve en círculos, elevando las partículas desde el centro, y arrojándolas hacia las paredes. Al añadir partículas más grandes, estas simplemente son demasiado pesadas para volver a descender al llegar a los lados.

Ambos efectos no son los únicos que influyen ni mucho menos. La densidad de las partículas, la presión atmosférica y hasta la forma del recipiente influyen en el efecto nuez de Brasil.

Post completo en: GIZMODO

Cómo abrir una botella de champán esta noche, según la física

La botella tiene que estar fría, a unos 6º. El gas tarda más en escapar de la botella abierta si ésta está fría.Para ello, debemos mantenerla en un cubo con hielo, y podemos añadir agua fría salada para acelerar el enfriado mientras estamos cenando. Cuando llegue el momento de servir el champán, éstos son los pasos que debemos seguir.

  • Secamos la botella con un trapo para poder sujetarla bien, y la apuntamos lejos del resto de comensales, por si acaso.
  • Quitamos el recubrimiento del corcho y sujetamos el cuello de la botella.
  • Ponemos el pulgar encima del corcho y soltamos el alambre a su alrededor. No hay que girar el corcho, sino que hay mantenerlo sujeto.
  • Ponemos un trapo sobre la botella, como precaución, y la inclinamos a 45º.
  • Giramos la parte inferior de la botella con una mano mientras, con la otra, presionamos hacia abajo hasta que oigamos un ¡pop! Ya es seguro quitar el corcho y servir el champán.

Fuente: magnet

Mecánica de Fluidos para Cocineros

Resulta que en cocina se hace cuasi-ingeniería en muchos aspectos, y uno de mucho peso es el manejo de fluidos. Consideremos la cantidad de preparaciones líquidas, semilíquidas, pastas o masas que ejecuta un chef. Todas éstas son fluidos y responden a las leyes de los mismos. Consideremos la importancia de las texturas, de los texturizantes, espesante o las ligazones en cualquier cocina. Todo ello depende de la mecánica de fluidos.

Sobre todo en la industria alimentaria este tema reviste gran importancia, pues hay que bombear preparados en las líneas de producción y ajustar densidades y viscosidades para que el sistema funcione.

¿Qué son fluidos?

Comenzando por el principio, cualquiera entiende como fluido a algo más o menos líquido que puede verterse de un recipiente a otro. Eso es cierto. Pero hablando con más propiedad, llamamos fluido a aquellas sustancias que se deforman al aplicar sobre ellas fuerzas de corte o presión, y que tienden a tomar la forma del recipiente que las contiene. Este concepto incluye a los líquidos y también a los gases. Los sólidos, en cambio, no tienen capacidad de fluir, aunque sólidos finamente divididos como el azúcar tienen algunos comportamientos similares a un fluido, pero ahí no me meto. Así que fluido es igual a líquido o a gas. De aquí en adelante me centraré en los primeros.

Los fluidos tienen diversas características: densidad, peso específico, viscosidad, capilaridad, elasticidad, relación con cambios de presión, temperatura y volumen, flujo laminar o turbulento, etc. De todo ello me quedaré con la viscosidad, pues es el más relevante en cocina.

viscosidad

Denso no es viscoso

Grabaos esta máxima en la sesera. Aunque en lenguaje coloquial se confunda espeso, viscoso y denso, en ciencia viscosidad y densidad son cosas diferentes. Si recordáis las primeras nociones de química de secundaria, densidad es la relación entre masa y volumen. Es decir, para una determinada masa habrá menos densidad mientras mayor sea el volumen que ocupe el cuerpo. Así, un kilo de algodón de azúcar es mucho menos denso que un kilo de solomillo, pues el primero ocupa mucho más volumen.

En cambio viscoso sí que podemos asimilarlo a espeso, es decir, la viscosidad se refiere a la resistencia a la deformación que presenta un fluido. Resistencia a la deformación se refiere a la fuerza que hay que hacer para removerlo, o el tiempo que tarda en trasvasar de un recipiente a otro. Por fuerza de cizallamiento o de corte entendamos la que se aplica al meter una cuchara en un potingue; esa resistencia al mover la cuchara lo llamamos viscosidad. Una bechamel de croquetas es más viscosa (o espesa) que un caldo, por ejemplo.

Para aclarar que denso y viscoso no es lo mismo pensemos en el aceite y el agua. El aceite es notoriamente más viscoso que el agua, pero es menos denso y por ello flota sobre ésta. Así que no confundamos estos dos términos, aunque muchas veces vayan de la mano.

Las unidades de medida de la viscosidad son un lío, comenzando porque hay diversos tipos de viscosidad, dinámica absoluta y cinemática, además de otros parámetros relacionados, como fuerza de corte, velocidad de flujo, índice de viscosidad, viscosidad aparente, etc. La viscosidad suele medirse en Pa.s (pascal por segundo), Poise o Stock. Para darnos una idea, la viscosidad del agua a 20 ºC es de 1 cP (centipoise), mientras que la del aceite de oliva supera los 80 cP.

Ampliar en:  ilustración médica

Enfriador para latas y botellas que puedes llevar a todas partes

AISBER es un enfriador para bebidas portátil, que se activa en el momento en el que se quiere enfriar la bebida. La activación consiste en una mezcla de componentes que desencadena una reacción endotérmica (absorbe calor) enfriándose hasta casi los 0ºC en pocos segundos. Después se coloca alrededor de la bebida y ésta se enfría en unos 10 minutos.

Fuente: Xataka

Como mantener fría una lata de cerveza

Toca Comer. Como mantener fría una lata de cerveza. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En verano, latas y botellas de bebidas frías empiezan a calentarse nada más sacarlas de la nevera. Ese calentamiento se produce por dos causas, la transmisión de calor del aire por conducción, y la condensación de agua en el exterior del recipiente. Este segundo efecto lo podemos denominar «botijo inverso», ya que calienta la lata por el mismo fenómeno que refresca un botijo solo que al revés. El calor latente de evaporación enfría el botijo, y en la condensación calienta la lata. En ambientes muy húmedos el efecto botijo inverso es responsable de dos tercios del calentamiento de la lata. Para prevenirlo resultan efectivas las fundas de neopreno, o en su defecto envolver las latas en bolsas de plástico.

Cuando se vive en una zona sometida al régimen de brisas, una de las cosas curiosas que ocurre es que el ambiente está siempre cercano al 100 % de humedad. Al menos de día, en toda la fase del ciclo en que el viento viene de mar a tierra, el aire que está sobre el mar se carga con toda el agua que puede llevar disuelto.

Ese aire circulante cargado de humedad resulta agresivo. Cualquier pieza de hierro expuesta se oxida a una velocidad llamativa, la comida se arruina: el pan está chicloso, las galletas no crujen, los frutos secos se enrancian… La capacidad de humedecer y oxidar que tiene ese viento cargado de humedad es tremenda.

En cuanto se saca una bebida de la nevera, una botella o una lata, se empiezan a formar gotitas de agua en su superficie. La cantidad de agua que cabe disuelta en el aire cambia con la temperatura, y es menor en el aire frío. Así, cuando el aire se acerca a la superficie de la lata se enfría y el agua sobrante se «desdisuelve» (precipita) formando gotitas. Como la humedad es mucha, esas gotas engordan rápidamente y escurren hacia abajo, los posavasos se hacen imprescindibles.

Artículo completo en: INVESTIGACIÓN Y CIENCIA. SciLogs


 



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