¿Cuánta agua realmente necesitas? Desmintiendo los mitos de la hidratación moderna

En los últimos años, las botellas de agua se han vuelto cómicamente grandes. Ya no hablamos de un discreto envase de 500 ml, sino de recipientes de 2, 3 e incluso 4 litros que muchos cargan a todas partes como si fueran un accesorio indispensable, casi un amuleto de bienestar. Influencers de salud prometen que beber enormes cantidades de agua al día garantiza piel radiante, mejor concentración, más energía, pérdida de peso, un sistema inmune imbatible y, prácticamente, la solución a todos los males modernos. Pero ¿es realmente necesario tragarse litros y litros de agua cada día? ¿Y podemos pasarnos?

Para poner orden en medio de tanto ruido, conviene escuchar a quien lleva décadas estudiando el tema con rigor científico. Tamara Hew-Butler, fisióloga especializada en hidratación con más de 20 años de investigación, es actualmente directora médica de investigación del Western States Endurance Run en California, una de las ultramaratones más extenuantes del mundo. Allí, la hidratación no es un truco de bienestar: es una cuestión crítica de seguridad, rendimiento y supervivencia. Así que nadie mejor que ella para echar un balde de agua fría (con mesura) sobre algunos de los mitos más persistentes.

🧠 Mito 1: “Todo el mundo necesita 2 o 3 litros de agua al día”

Este es, probablemente, el consejo más repetido y menos respaldado por la evidencia. “No existe una recomendación universal de ‘X litros al día’ que sirva para todas las personas”, explica Hew-Butler. Las necesidades de hidratación dependen de muchísimos factores: tu peso corporal, edad, sexo, composición corporal, nivel de actividad física, clima (calor, humedad, altitud), dieta (alimentos ricos en agua como frutas y verduras aportan una parte importante de la hidratación), embarazo o lactancia, enfermedades y medicamentos, entre otros.

De hecho, la mayor parte del agua que necesitamos no proviene únicamente del vaso que bebemos, sino también de los alimentos. Una ensalada, una sandía, una sopa, un yogur… todo suma. Además, nuestro cuerpo tiene mecanismos finísimos para regular el equilibrio hídrico: la sed, los riñones, las hormonas (como la vasopresina/ADH) y el sistema cardiovascular trabajan en conjunto para mantener la homeostasis. Cuando tienes sed, tu cuerpo ya está señalando que necesitas reponer líquidos. Ignorarla es un problema; pero obsesionarse con “beber aunque no tengas sed” también puede serlo

💧 Mito 2: “Si no bebes muchísima agua, te deshidratas automáticamente”

La deshidratación (una pérdida significativa de líquidos que afecta funciones fisiológicas) sí existe y puede ser peligrosa, especialmente en contextos de calor extremo, ejercicio prolongado, enfermedades con fiebre, vómitos, diarrea o en personas mayores, cuya sensación de sed puede estar atenuada. Pero la mayoría de las personas sanas, con acceso a agua y una alimentación normal, no caminan por la vida crónicamente “deshidratadas” solo porque no alcanzan una cifra arbitraria de litros.

En el Western States Endurance Run, donde los corredores pueden estar 15, 20 o más horas en montaña con temperaturas elevadas, Hew-Butler y su equipo ven en tiempo real lo delicado del equilibrio. “Ahí sí planificamos la hidratación con muchísimo cuidado: ritmo de ingesta, electrolitos, peso corporal, condiciones ambientales, historial del corredor. Pero trasladar esa lógica extrema al día a día de una persona sedentaria o que hace ejercicio moderado es un error. No necesitas ‘hidratarte’ como si fueras a correr 100 millas mañana”.

🧴 Mito 3: “Beber más agua mejora la piel, el cerebro, la digestión… siempre”

Es cierto que una adecuada hidratación es importante para el funcionamiento general del organismo. La deshidratación marcada puede afectar concentración, estado de ánimo, rendimiento físico y, en algunos casos, constipación. Pero no existe evidencia sólida de que “beber por encima de tus necesidades” otorgue beneficios adicionales. Es decir: si ya estás bien hidratado, tomar más agua no te dará una piel mágicamente más luminosa, ni un cerebro súbitamente más brillante, ni una digestión perfecta. Muchas de esas promesas son marketing disfrazado de ciencia.

Sobre la piel: la hidratación cutánea depende de múltiples factores (genética, barrera cutánea, humedad ambiental, edad, dermatitis, exposición solar, nutrición, sueño). Beber agua ayuda si hay déficit real, pero pasarte de la raya no “hincha” ni “ilumina” la piel como si fuera una planta sedienta. Es más: una piel bonita suele ser resultado de hábitos globales (protección solar, alimentación equilibrada, descanso, manejo del estrés) que de un maratón de tragos de agua.

⚠️ Mito 4: “No puedes beber demasiada agua”

Sí puedes. Y es potencialmente peligroso. El exceso de ingesta de agua, especialmente en un corto periodo, puede diluir los electrolitos de la sangre, en particular el sodio, provocando hiponatremia (concentración de sodio anormalmente baja). Los síntomas pueden ser sutiles al inicio: náuseas, confusión, cansancio, dolor de cabeza, mareo; y pueden progresar a convulsiones, pérdida de conciencia e incluso la muerte si no se trata. Esto no es un riesgo teórico: se ha documentado en maratones, triatlones, entrenamientos prolongados en calor, pero también en contextos no deportivos donde alguien, por ansiedad, por una “dieta detox” o por seguir ciegamente un reto viral, bebe compulsivamente grandes volúmenes sin electrolitos y sin sed.

“En carreras de ultradistancia vemos tanto el extremo de la deshidratación como el de la hiponatremia”, advierte Hew-Butler. “La hiponatremia suele estar asociada a beber en exceso por encima de las pérdidas, especialmente de agua sola. Por eso insistimos: hay que individualizar, vigilar señales (sed, orina, cambios de peso, síntomas), y en esfuerzos muy largos considerar electrolitos. Pero para la persona promedio, el mensaje más seguro es: bebe cuando tengas sed y come alimentos variados”.

✅ ¿Qué puedes hacer entonces? Guía práctica (sin dogmas)

  1. Confía en tu sed. Es el indicador más fiable para la mayoría de personas sanas. No la ignores, pero tampoco la sobredimensiones convirtiéndola en una obsesión cronometrada.
  2. Observa tu orina (como pista, no como regla absoluta). En general, un color amarillo pálido suele indicar una hidratación adecuada. Orina muy oscura o muy concentrada puede sugerir que necesitas líquidos (o que estás tomando ciertos suplementos, medicamentos o que tienes fiebre). Orina completamente transparente todo el día, especialmente si estás yendo al baño con excesiva frecuencia, puede ser una señal de que estás bebiendo más de lo necesario.
  3. Ajusta según contexto. Más líquido (y probablemente electrolitos) si hace calor, hay humedad, estás a gran altitud, haces ejercicio prolongado, tienes diarrea/vómitos/fiebre, estás embarazada/lactando, o tomas diuréticos.
  4. Incluye alimentos hidratantes. Frutas (sandía, melón, fresas, naranja), verduras (pepino, tomate, hojas verdes, calabacita), sopas y yogures contribuyen significativamente a tu balance hídrico diario.
  5. En ejercicio: individualiza y sé inteligente. Para entrenamientos cortos (menos de 60 minutos) en condiciones moderadas, generalmente basta con beber según sed. Para sesiones largas, muy intensas o en calor extremo, planifica: considera ingesta de líquidos con sodio/electrolitos, pesa-te antes/después si quieres estimar pérdidas (con cautela, no como obsesión), y reconoce síntomas de alerta (mareo, confusión, náuseas, debilidad inusual, cefalea persistente).
  6. No sigas retos virales sin criterio. “Termina tu botella cada hora”, “2 galones al día”, “detox con agua con limón”… son fórmulas simplistas que ignoran tu biología, tu actividad y tu salud. Si tienes hipertensión, insuficiencia cardíaca, enfermedad renal, o tomas medicamentos que afectan líquidos/electrolitos, consulta a tu médico o a un dietista-nutricionista, no a un influencer.

🧭 Conclusión: hidratación con sentido común (gracias, ciencia)

Las botellas gigantes pueden ser prácticas para algunas personas (trabajadores de obra al sol, deportistas de resistencia, quienes olvidan beber por horarios exigentes), pero se han convertido también en un símbolo de una cultura de bienestar exagerada y medicalizada. La lección de Tamara Hew-Butler, forjada en uno de los escenarios más duros del deporte mundial, es sorprendentemente humilde: nuestro cuerpo sabe más de lo que creemos. La hidratación importa; la obsesión no. Bebe cuando tengas sed, come bien, adapta tu ingesta a tu realidad y, si practicas deporte de resistencia o tienes condiciones médicas, busca orientación profesional basada en evidencia.

En definitiva: no necesitas una botella de 3 litros para “funcionar”. Necesitas atención, criterio y, sobre todo, sentido común.

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Cuatro años del objetivo de “Cero Hambre”: La cruda realidad de la inseguridad alimentaria en África y el desafío de una dieta saludable para más de mil millones de personas

En 2020, la comunidad internacional se comprometió, bajo la bandera de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), a erradicar el hambre para el año 2030. Cuatro años después, los datos más recientes del informe de Down to Earth revelan una situación alarmante: más de mil millones de africanos no pueden permitirse una dieta saludable, y en nueve países del continente, más del 80 % de la población vivía sin acceso a alimentos nutritivos en 2024. Este panorama no solo contrasta con la ambición declarada de “cero hambre”, sino que también evidencia la complejidad de los factores estructurales que perpetúan la inseguridad alimentaria en África.

1. La magnitud del problema

El informe destaca que, pese a los avances en la producción agrícola en algunas regiones, la disponibilidad de alimentos no se traduce en accesibilidad económica para la mayoría de la población. La inflación de los precios de los alimentos, impulsada por conflictos, cambios climáticos extremos y disrupciones en las cadenas de suministro, ha erosionado el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables. En países como Nigeria, Etiopía y Sudán del Sur, la combinación de alta inflación y salarios estancados ha llevado a que más del 70 % de los hogares gasten más del 50 % de sus ingresos en alimentos, dejando poco margen para una alimentación balanceada.

2. Factores estructurales que alimentan la crisis

a) Cambio climático y vulnerabilidad agrícola

Los fenómenos meteorológicos extremos —sequías prolongadas, inundaciones repentinas y olas de calor— han afectado la productividad de los cultivos básicos como el maíz, el sorgo y el mijo. La falta de inversión en infraestructura de riego y en tecnologías resilientes ha limitado la capacidad de los pequeños agricultores para adaptarse, reduciendo la oferta local de alimentos nutritivos y encareciéndolos.

b) Conflictos y desplazamiento interno

Los conflictos armados en la región del Sahel, la cuenca del Gran Valle del Rift y partes de África Occidental han provocado desplazamientos masivos, interrumpiendo la producción agrícola y el acceso a los mercados. Los desplazados a menudo dependen de ayuda humanitaria que, aunque vital, rara vez incluye alimentos frescos y nutritivos, perpetuando dietas basadas en alimentos procesados y de bajo valor nutricional.

c) Políticas económicas y subsidios alimentarios insuficientes

Muchos gobiernos africanos han priorizado la estabilidad macroeconómica sobre la seguridad alimentaria, limitando los subsidios a los alimentos básicos. Además, la falta de políticas de precios controlados y de protección social deja a los más vulnerables sin un colchón financiero que les permita adquirir alimentos ricos en proteínas, vitaminas y minerales.

d) Déficit en educación nutricional

Incluso cuando los alimentos nutritivos están disponibles, la falta de conocimientos sobre dietas balanceadas impide su consumo adecuado. La educación nutricional sigue siendo escasa en zonas rurales y periurbanas, donde la tradición alimentaria se basa en alimentos altamente calóricos pero pobres en micronutrientes.

3. Consecuencias para la salud y el desarrollo

La carencia de una dieta saludable tiene repercusiones directas en la salud pública. La desnutrición crónica, la anemia y la deficiencia de micronutrientes son prevalentes entre niños menores de cinco años y mujeres en edad fértil. Estas condiciones reducen la capacidad cognitiva y física, limitando el rendimiento escolar y la productividad laboral. A largo plazo, la población enferma representa una carga para los sistemas de salud, que ya enfrentan recursos limitados.

Además, la inseguridad alimentaria está estrechamente vinculada a la pobreza intergeneracional. Los niños que crecen en entornos de escasez nutricional tienen mayor probabilidad de permanecer en la pobreza, perpetuando un ciclo que dificulta la consecución de los ODS relacionados con la educación, la igualdad de género y el crecimiento económico.

4. Respuestas y propuestas de intervención

a) Inversión en agricultura climáticamente inteligente

Es imperativo canalizar recursos hacia la investigación y difusión de tecnologías que aumenten la resiliencia de los cultivos frente al clima. Sistemas de riego por goteo, variedades de maíz tolerantes a la sequía y prácticas de agroecología pueden mejorar la productividad sin comprometer la sostenibilidad.

b) Fortalecimiento de redes de seguridad social

Los gobiernos deben diseñar programas de transferencias monetarias condicionadas que permitan a los hogares adquirir alimentos nutritivos. Los cupones alimentarios y los subsidios dirigidos a alimentos ricos en proteínas y vitaminas pueden reducir la brecha entre disponibilidad y accesibilidad.

c) Mejoramiento de la infraestructura de mercados locales

Inversiones en carreteras, almacenamiento en frío y centros de distribución pueden reducir pérdidas postcosecha y bajar los precios al consumidor. Un mercado más eficiente facilita la circulación de alimentos frescos y reduce la dependencia de importaciones costosas.

d) Educación nutricional y campañas de concienciación

Integrar la educación sobre alimentación saludable en los currículos escolares y en programas comunitarios es esencial. Las campañas mediáticas que promuevan la diversidad alimentaria y el consumo de alimentos locales pueden cambiar hábitos y aumentar la demanda de productos nutritivos.

e) Cooperación internacional y financiación sostenible

Los organismos multilaterales, los bancos de desarrollo y el sector privado deben ampliar los fondos destinados a la seguridad alimentaria en África, priorizando proyectos que combinen producción, acceso y educación. Los mecanismos de financiación verde pueden alinearse con los objetivos climáticos y de salud.

5. Perspectivas a corto y largo plazo

A corto plazo, la prioridad es mitigar los efectos de la inflación alimentaria mediante subsidios temporales y la distribución de alimentos de emergencia que incluyan productos frescos. Sin embargo, estas medidas son paliativas y no abordan las causas estructurales. A largo plazo, la transformación del sector agrícola y la implementación de políticas de protección social robustas son esenciales para alcanzar el objetivo de “cero hambre”.

El informe de Down to Earth subraya que la meta de erradicar el hambre no puede lograrse únicamente con promesas de producción; requiere un enfoque integral que garantice que los alimentos sean accesibles, asequibles y nutritivos para todos. La comunidad internacional, los gobiernos africanos y la sociedad civil deben trabajar de la mano para diseñar y ejecutar estrategias que traduzcan la abundancia agrícola en seguridad alimentaria real.

6. Conclusión

Cuatro años después del compromiso global de eliminar el hambre, la realidad en África muestra una brecha alarmante entre la disponibilidad de alimentos y la capacidad de la población para adquirir una dieta saludable. La combinación de factores climáticos, conflictos, políticas económicas y falta de educación nutricional ha creado un escenario donde más de mil millones de personas viven en la inseguridad alimentaria. Para revertir esta tendencia, es necesario un enfoque multidimensional que incluya inversiones en agricultura resiliente, redes de seguridad social efectivas, mejora de infraestructuras de mercado y una educación nutricional sólida. Solo así se podrá acercar el continente al objetivo de “cero hambre” y garantizar un futuro más saludable y próspero para sus habitantes.

El Nutri-Score falla con el cacao: un estudio de la Universidad de Granada pone en cuestión el sistema de etiquetado más extendido en Europa

Cuando una consumidora coge del supermercado un sobre de cacao soluble 100% puro y ve una C o una D en la etiqueta, mientras el producto de al lado —cargado de edulcorantes, espesantes y aromatizantes— luce una A verde, algo no cuadra. Pues bien, ahora la ciencia lo confirma: ese sistema tiene un problema serio.

Un equipo de investigadoras de la Universidad de Granada acaba de publicar en la revista npj Science of Food un estudio que demuestra que el sistema de etiquetado Nutri-Score, habitual en Europa para valorar la calidad de los alimentos, no es capaz de reflejar adecuadamente la complejidad nutricional y metabólica de los cacaos solubles comercializados en España.

Qué es el Nutri-Score y por qué importa

El Nutri-Score es ese semáforo de colores y letras —de la A verde a la E roja— que aparece en la parte delantera de muchos envases de alimentos en países como España, Francia o Alemania. Su objetivo es ayudar a los consumidores a tomar decisiones más saludables de un vistazo. Sencillo, visual, intuitivo. Pero, según este nuevo estudio, también incompleto.

El experimento: 54 productos, 19 marcas, una tecnología de vanguardia

Lo que hace especial a esta investigación no es solo la pregunta que se plantea, sino cómo la responde. El estudio es pionero a nivel internacional por integrar técnicas de metabolómica no dirigida aplicadas a la evaluación de sistemas de etiquetado nutricional, y ha analizado 54 productos de 19 marcas diferentes con calificaciones Nutri-Score entre la A y la D.

La metabolómica no dirigida es, en esencia, una radiografía química exhaustiva de un alimento: permite identificar miles de compuestos presentes en él, incluyendo aquellos que los análisis nutricionales convencionales pasan por alto. Es como pasar de leer el título de un libro a leer todas sus páginas.

El hallazgo principal: la puntuación no corresponde a la realidad

El resultado es contundente. El equipo científico ha demostrado que no existe correspondencia entre la categoría Nutri-Score y la composición nutricional real de los productos estudiados, especialmente en lo referente a compuestos bioactivos con efectos beneficiosos para la salud.

¿Por qué ocurre esto? Porque el Nutri-Score clasifica los productos fundamentalmente en función de su contenido en azúcares, grasas saturadas, sal y calorías, pero pasa por alto moléculas relevantes asociadas a efectos beneficiosos, como compuestos fenólicos, péptidos bioactivos y compuestos antioxidantes propios del cacao.

La paradoja del cacao puro penalizado

Aquí está el corazón del problema, y es casi una paradoja. En varios casos identificados, alimentos con mayor contenido de cacao y más abundancia de compuestos bioactivos —y por tanto, potencialmente más saludables— son penalizados con peores calificaciones (C o D), mientras que otros altamente procesados, con edulcorantes, espesantes, aromas o harinas añadidas, obtienen Nutri-Score A, la mejor valoración.

Dicho de otro modo: un cacao 100% puro puede recibir peor nota que un preparado repleto de aditivos simplemente porque tiene más grasa natural o menos azúcar añadida… de azúcar, pero sí de otras sustancias que el sistema ignora.

Las científicas han identificado péptidos, flavonoides, ácidos grasos, fenoles y otros metabolitos con potenciales efectos antiinflamatorios, antioxidantes, cardioprotectores o neuroprotectores, que son precisamente los compuestos que el Nutri-Score no tiene en cuenta al puntuar.

Una herramienta poderosa que el sistema no aprovecha

Para la profesora Celia Rodríguez, una de las autoras del estudio, la conclusión es clara: «El sistema Nutri-Score no captura la complejidad de los alimentos ricos en compuestos bioactivos, como el cacao, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas por parte de los consumidores.»

Y propone una solución: «La metabolómica emerge como una herramienta clave para desarrollar sistemas de etiquetado más completos que integren no solo macronutrientes, sino también compuestos fisiológicamente relevantes.»

Un debate que llega en el momento justo

Este estudio no aparece en el vacío. El futuro del Nutri-Score en la Unión Europea sigue siendo objeto de debate regulatorio, y las conclusiones de este trabajo resultan especialmente relevantes para los organismos reguladores, la industria alimentaria y los consumidores.

El mensaje de fondo es importante: los sistemas de etiquetado nutricional son herramientas útiles, pero necesitan evolucionar. Clasificar un alimento solo por sus calorías, azúcares y grasas es como juzgar una ciudad solo por su temperatura media. Puede servir de orientación, pero deja fuera mucho de lo que realmente importa.

Mientras tanto, la próxima vez que veas una etiqueta en un paquete de cacao, quizás valga la pena mirar también el resto del envase.

Fuente: Phys.org

¿Y si una gota de sangre revelara si te alimentas bien?

En un mundo donde la alimentación saludable se ha convertido en una prioridad para muchos, medir con precisión lo que comemos sigue siendo un desafío. Las encuestas y los diarios alimentarios, métodos tradicionales para evaluar la dieta, dependen de la memoria y la honestidad de las personas, lo que puede llevar a errores significativos. ¿Quién no ha olvidado anotar ese snack de media tarde o ha subestimado el tamaño de una ración? La buena noticia es que la ciencia está explorando alternativas más objetivas, y una de las más prometedoras podría estar en una simple gota de sangre.

El problema con los métodos tradicionales

Cuando se trata de evaluar la calidad de nuestra alimentación, los métodos convencionales tienen limitaciones evidentes. Las encuestas dietéticas, por ejemplo, se basan en la capacidad de las personas para recordar lo que han comido en los últimos días o semanas. Sin embargo, estudios demuestran que tendemos a olvidar hasta un 30% de lo que ingerimos, especialmente alimentos pequeños o poco saludables. Además, las percepciones sobre las cantidades pueden estar distorsionadas: lo que para una persona es «una porción moderada», para otra puede ser excesivo.

Los diarios alimentarios, aunque más detallados, también adolecen de subjetividad. Anotar todo lo que se come requiere tiempo y disciplina, y no todos están dispuestos a hacerlo con rigor. Incluso cuando se hace, es fácil omitir detalles o ajustar las cantidades para que la dieta «parezca» más saludable de lo que realmente es.

La sangre como espejo de la alimentación

Ante estas limitaciones, los científicos buscan biomarcadores objetivos que reflejen de manera fiel lo que comemos. Uno de los enfoques más innovadores es el análisis de muestras de sangre seca, conocidas como dried blood spot (DBS). Este método consiste en tomar una pequeña gota de sangre del dedo, similar a como se hace en las pruebas de glucosa, y analizarla para detectar compuestos específicos que revelen el consumo de ciertos alimentos.

En el centro tecnológico AZTI, se lleva a cabo un estudio para evaluar si el DBS podía medir con precisión el consumo de pescado azul, rico en ácidos grasos omega-3, como el EPA (eicosapentaenoico) y el DHA (docosahexaenoico). Estos nutrientes son esenciales para la salud cardiovascular y cerebral, pero su ingesta real suele ser difícil de cuantificar con métodos tradicionales.

Los resultados fueron prometedores: al analizar las muestras de sangre de los participantes, pudimos correlacionar los niveles de omega-3 con la frecuencia y cantidad de pescado azul consumido. Esto sugiere que el DBS no solo es un método menos invasivo que los análisis de sangre convencionales, sino también más práctico y potencialmente más preciso que las encuestas o diarios.

Ventajas del DBS frente a otros métodos

  1. Precisión: Al medir biomarcadores directos en la sangre, se elimina el sesgo de la memoria o la percepción subjetiva.
  2. Comodidad: La muestra se toma con un simple pinchazo en el dedo, sin necesidad de extracciones venosas.
  3. Accesibilidad: Las muestras pueden almacenarse y transportarse fácilmente, lo que facilita su uso en estudios a gran escala o en entornos con menos recursos.
  4. Información en tiempo real: A diferencia de las encuestas, que reflejan hábitos pasados, el DBS puede ofrecer una foto más actualizada del estado nutricional.

¿Podría el DBS revolucionar la nutrición?

Aunque el DBS no es una tecnología nueva —se usa desde hace décadas en el diagnóstico de enfermedades metabólicas—, su aplicación en nutrición es relativamente reciente. Su potencial es enorme: desde programas de salud pública que monitoreen la ingesta de nutrientes en poblaciones, hasta aplicaciones personales que ayuden a ajustar dietas de forma individualizada.

Imagina, por ejemplo, que tras un análisis de DBS, descubres que, a pesar de comer pescado dos veces por semana, tus niveles de omega-3 son bajos. Esto podría indicar que necesitas aumentar la cantidad o diversificar las fuentes. O, por el contrario, que tu cuerpo no metaboliza bien estos nutrientes y requieres suplementación.

Sin embargo, aún hay desafíos. No todos los alimentos dejan biomarcadores fáciles de detectar, y algunos nutrientes pueden variar según el metabolismo individual. Además, el costo y la disponibilidad de estos análisis podrían limitar su acceso en un primer momento.

Hacia una nutrición personalizada

El futuro de la alimentación saludable parece estar en la nutrición de precisión, donde las recomendaciones se basen no solo en lo que decimos que comemos, sino en lo que nuestro cuerpo realmente asimila. El DBS es una herramienta más en este camino, pero su integración con otras tecnologías —como el análisis del microbioma o la genética nutricional— podría ofrecer un panorama aún más completo.

Mientras tanto, métodos como este nos recuerdan que, a veces, la respuesta a preguntas complejas —como «¿me alimento bien?»— puede estar en algo tan simple como una gota de sangre.

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España incumple su compromiso con la OMS: el consumo excesivo de sal sigue poniendo en riesgo la salud cardiovascular

La ingesta media casi duplica el límite recomendado, mientras las autoridades no logran aplicar medidas efectivas para reducir su presencia en los alimentos procesados antes de 2026.

España está lejos de cumplir el objetivo marcado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de reducir un 30% el consumo de sal,. Según un informe reciente, la ingesta media en el país se sitúa en 9,8 gramos diarios por persona, casi el doble del límite recomendado (5 gramos), lo que aumenta el riesgo de hipertensión, enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. Pese a los compromisos adquiridos, las medidas implementadas hasta ahora han sido insuficientes, alertan los expertos.

Un problema de salud pública ignorado

La OMS estableció en 2013 una meta global para reducir el consumo de sodio —principal componente de la sal— como parte de su plan para prevenir enfermedades no transmisibles, responsables del 74% de las muertes en el mundo. España, junto a otros países europeos, se adhirió a este compromiso, pero los datos muestran un estancamiento: desde 2015, la ingesta apenas ha descendido un 0,5% anual, un ritmo insuficiente para alcanzar el objetivo en 2026.

El problema no es solo la sal que añadimos al cocinar o en la mesa (que representa solo el 20% del total), sino la «sal oculta» en productos procesados y ultraprocesados, como pan, embutidos, quesos, salsas, snacks y platos precocinados. Estos alimentos aportan hasta el 75% del sodio ingerido, según la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Sin embargo, las estrategias para reformular estos productos —como acuerdos voluntarios con la industria— han tenido un impacto limitado.

¿Por qué es urgente actuar?

El exceso de sal está directamente relacionado con:

  • Hipertensión arterial, que afecta al 42% de los adultos españoles (datos de la Sociedad Española de Cardiología).
  • Enfermedades cardiovasculares, primera causa de muerte en España (más de 120000 fallecimientos anuales).
  • Osteoporosis y cáncer de estómago, asociados a dietas altas en sodio.

Reducir el consumo a 5 gramos diarios podría evitar 2,5 millones de muertes anuales en el mundo, según la OMS. En España, se estiman que 8.000 muertes prematuras al año podrían prevenirse con esta medida.

Falta de medidas contundentes

Aunque el Ministerio de Sanidad lanzó en 2020 la Estrategia NAOS (Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad), que incluye metas para reducir sal, azúcares y grasas, los avances son lentos. Las críticas apuntan a:

  1. Acuerdos voluntarios con la industria: Las empresas alimentarias se comprometen a reducir sodio, pero sin sanciones si incumplen. Un estudio de la OCU (2023) reveló que el 60% de los productos analizados superaban los límites recomendados.
  2. Falta de etiquetado claro: Aunque el semaforo nutricional (Nutri-Score) ayuda a identificar productos poco saludables, no es obligatorio y muchos consumidores lo desconocen.
  3. Publicidad engañosa: Se siguen promocionando alimentos altos en sal como «saludables» (ej.: pan integral o fiambres «light»).

Países como Reino Unido, Finlandia o Portugal han logrado reducciones significativas (hasta un 40% en algunos casos) gracias a leyes obligatorias, impuestos a productos ultraprocesados y campañas de concienciación masivas. En cambio, España optó por un enfoque menos intervencionista, con resultados pobres.

¿Qué se puede hacer?

Los expertos reclaman medidas inmediatas:

  • Regulación obligatoria: Establecer límites máximos de sal en pan, embutidos y otros productos básicos, como ya hizo Chile con su ley de etiquetado.
  • Impuestos a alimentos ultraprocesados: Siguiendo el modelo de México o Hungría, que gravó productos con exceso de sodio, reduciendo su consumo.
  • Educación desde la infancia: Incluir programas de nutrición en escuelas y restringir la publicidad de alimentos no saludables dirigida a menores.
  • Promoción de alternativas: Subvencionar hierbas aromáticas, especias y sales bajas en sodio para facilitar la transición.

El papel de los consumidores

Mientras las políticas públicas avanzan, los ciudadanos pueden tomar medidas:

  • Leer etiquetas: Elegir productos con menos de 1,25 gramos de sal por 100 gramos (o 0,5 g de sodio).
  • Cocinar en casa: Controlar la cantidad de sal añadida y usar sustitutos como limón, ajo o pimienta.
  • Reducir procesados: Optar por alimentos frescos (frutas, verduras, legumbres) y evitar snacks, sopas instantáneas y comidas precocinadas.

Conclusión: Un reto pendiente con consecuencias graves

España tiene menos de dos años para cumplir su compromiso con la OMS, pero a este ritmo, el objetivo parece inalcanzable. La falta de voluntad política para enfrentar a la industria alimentaria y la escasa concienciación social perpetúan un problema que costa vidas y recursos sanitarios. Sin acciones decididas —como regulaciones vinculantes y campañas de choque—, el país seguirá pagando el precio de una dieta insana: más enfermos, más muertes evitables y un sistema de salud sobrecargado.

La sal puede ser un condimento cotidiano, pero su abuso es un veneno silencioso. Es hora de que las autoridades prioricen la salud sobre los intereses comerciales y los ciudadanos exijan cambios. El reloj corre, y las consecuencias de la inacción serán irreparables.


Fuentes: OMS, AESAN, Sociedad Española de Cardiología, OCU, Ministerio de Sanidad.

Superalimento o reliquia: el ocaso del pemmican en la nutrición actual​

El pemmican, a menudo ensalzado como el «superalimento definitivo» de la supervivencia, es en realidad un fósil gastronómico cuya utilidad hoy en día es más romántica que práctica. Aunque su composición de carne seca, grasa animal y bayas permitió a exploradores y nativos sobrevivir en condiciones extremas, su mitificación ignora riesgos nutricionales y de seguridad que lo alejan de cualquier estándar saludable moderno.destrezasyvidaenelmedionatural+1

La falacia del superalimento

La narrativa actual presenta al pemmican como una panacea energética, cuando nutricionalmente es una bomba de lípidos de calidad variable. Su densidad calórica extrema, útil para quien recorre el Ártico a pie, es contraproducente para el usuario contemporáneo, e incluso los perros antárticos empezaron a rechazarlo en la década de 1960 debido a su palatabilidad y limitaciones nutricionales.wikipedia+1

Inseguridad alimentaria y riesgos

A pesar de su fama de incorruptible, la preparación casera del pemmican conlleva peligros biológicos que los entusiastas suelen minimizar.[destrezasyvidaenelmedionatural]​

  • Botulismo: Aunque la baja humedad ayuda, la falta de control en el sellado y el origen de la grasa animal pueden fomentar el crecimiento de bacterias peligrosas en ambientes anaeróbicos.[destrezasyvidaenelmedionatural]​
  • Calidad de los ingredientes: Históricamente se usaba tuétano y grasa de bisonte, pero las versiones modernas a menudo emplean sebos de menor calidad o aceites que pueden enranciarse.reddit+1
  • Rechazo biológico: Existen registros históricos de grupos que, tras periodos prolongados consumiendo solo este preparado, sufrieron problemas digestivos severos.[es.wikipedia]​

Realidad técnica frente al mito

CaracterísticaMito de SupervivenciaRealidad Escéptica
Durabilidad«Dura décadas sin dañarse» [es.wikipedia]​Requiere condiciones de almacenamiento estrictas para evitar el enranciamiento de la grasa [destrezasyvidaenelmedionatural]​.
Nutrición«Alimento completo y balanceado» [instagram]​Déficit severo de fibra y potencial exceso de grasas saturadas según la fuente animal destrezasyvidaenelmedionatural+1.
Sabor«Pasta energética deliciosa» [youtube]​Descrito frecuentemente como una masa de textura desagradable o sebosa difícil de ingerir sin cocción wikipedia+1.

En conclusión, el pemmican es una solución de emergencia para un contexto que ya no existe para la mayoría de la población. Elevarlo a la categoría de dieta diaria o snack saludable ignora que su diseño original priorizaba la supervivencia calórica bruta sobre la salud a largo plazo o la seguridad alimentaria preventiva.wikipedia+1

La nueva pirámide nutricional de EE.UU.: ¿guía confiable o estrategia cuestionable?

El gobierno de Estados Unidos ha presentado recientemente una actualización de sus directrices alimentarias, reavivando un debate que lleva décadas en el centro de la salud pública: ¿son estas recomendaciones realmente científicas o están influenciadas por intereses económicos y políticos?

Un poco de historia

La pirámide alimentaria estadounidense ha evolucionado significativamente desde su primera versión en 1992. Aquella imagen icónica que colocaba los cereales y panes en la base, sugiriendo que debían ser la mayor parte de nuestra dieta, fue reemplazada en 2005 por MyPyramid y posteriormente, en 2011, por MyPlate. Cada iteración ha generado controversia, y esta nueva versión no es la excepción.

Los puntos positivos

Hay que reconocer algunos avances en las nuevas directrices. La guía actualizada presta mayor atención a la calidad de los alimentos, no solo a las cantidades. Se enfatiza el consumo de alimentos integrales frente a procesados, una recomendación respaldada por décadas de investigación científica.

Además, las nuevas directrices son más específicas respecto a la reducción de azúcares añadidos, recomendando que representen menos del 10% de las calorías diarias. También se mantiene el consejo de limitar el sodio y las grasas saturadas, aunque este último punto genera debate.

Otro aspecto positivo es el reconocimiento de diferentes patrones alimentarios saludables, desde dietas mediterráneas hasta vegetarianas, mostrando cierta flexibilidad cultural y personal.

Las sombras persistentes

Sin embargo, las críticas no se hacen esperar. El principal cuestionamiento gira en torno a los conflictos de interés. El comité que elabora estas directrices incluye miembros con vínculos históricos a la industria alimentaria, farmacéutica y agrícola. Aunque se exigen declaraciones de conflictos, muchos expertos argumentan que estas medidas son insuficientes.

La industria láctea, por ejemplo, sigue teniendo una presencia prominente en las recomendaciones, con sugerencias de consumir tres porciones diarias de productos lácteos. Esto contrasta con evidencia científica que muestra que poblaciones con bajo consumo de lácteos no presentan mayores problemas de salud ósea, siempre que obtengan calcio de otras fuentes.

El eterno debate de las grasas

Uno de los aspectos más controvertidos es el tratamiento de las grasas. Aunque la nueva guía es menos restrictiva que versiones anteriores respecto a las grasas totales, aún mantiene límites estrictos para las grasas saturadas. Investigaciones recientes han cuestionado la demonización total de estas grasas, sugiriendo que no todas las fuentes de grasa saturada tienen el mismo impacto en la salud.

El énfasis en aceites vegetales procesados, muchos ricos en omega-6, tampoco es respaldado unánimemente por la ciencia nutricional moderna, que señala la importancia del equilibrio entre omega-3 y omega-6.

¿Dónde está la carne roja?

Las recomendaciones sobre carne roja han generado particular polémica. Mientras algunos estudios observacionales la asocian con mayor riesgo de enfermedades crónicas, otros investigadores argumentan que estos estudios no distinguen adecuadamente entre carne procesada y sin procesar, ni consideran otros factores del estilo de vida.

El elefante en la habitación: los carbohidratos

Quizás la crítica más sustancial es que la guía sigue promoviendo un consumo relativamente alto de carbohidratos, especialmente cereales, incluso integrales. Con tasas de diabetes y obesidad en máximos históricos, numerosos investigadores argumentan que se necesita un enfoque más individualizado respecto a los carbohidratos, considerando la resistencia a la insulina de cada persona.

Influencia política y económica

No se puede ignorar el contexto económico. Estados Unidos es un gigante en la producción de maíz, trigo y soja, cultivos que se reflejan notablemente en las directrices. Los subsidios agrícolas favorecen estos productos, creando un sistema donde las recomendaciones nutricionales y los intereses económicos se entrelazan de manera preocupante.

¿Fraude o buena fe imperfecta?

Calificar las directrices como un «fraude» sería excesivo. Es más preciso describirlas como un documento imperfecto, producto de un complejo equilibrio entre ciencia, política, economía y presiones industriales. Muchos profesionales involucrados en su elaboración actúan con buena fe, pero el sistema mismo tiene fallos estructurales.

El camino hacia adelante

Las nuevas directrices contienen consejos razonables: comer más vegetales, frutas, legumbres y alimentos integrales; limitar azúcares añadidos y alimentos ultraprocesados. Este núcleo de recomendaciones es sólido y está bien respaldado científicamente.

El problema surge en los detalles: las proporciones específicas, la insistencia en ciertos grupos de alimentos, y las restricciones que no necesariamente reflejan el consenso científico más actual.

Conclusión

La nueva pirámide nutricional estadounidense no es ni una guía perfecta ni un fraude completo. Es un documento que refleja tanto avances científicos como compromisos políticos y económicos. Para el ciudadano promedio, seguir sus lineamientos básicos probablemente representaría una mejora respecto a la dieta estadounidense típica, rica en ultraprocesados.

Sin embargo, para optimizar la salud individual, es recomendable consultar con profesionales de la nutrición que puedan personalizar las recomendaciones según necesidades específicas, condiciones de salud y objetivos personales. La nutrición es una ciencia en evolución, y las directrices gubernamentales, por su naturaleza, siempre irán un paso detrás de la evidencia más reciente.

La clave está en tomar estas guías como un punto de partida, no como una verdad absoluta, y mantenerse informado sobre la investigación nutricional independiente.

Los excesos navideños: cómo desequilibran nuestra microbiota intestinal

Las fiestas navideñas representan un festín para los sentidos, pero también un desafío para nuestra microbiota intestinal, el ecosistema microbiano que regula digestión, inmunidad y hasta el estado de ánimo. Estudios recientes muestran que los menús copiosos, ricos en azúcares, grasas saturadas y ultraprocesados, combinados con alcohol, horarios alterados y menos sueño, provocan disbiosis —desequilibrio microbiano— con efectos inmediatos y a largo plazo.theconversation+1

Un análisis en The Conversation (2025) detalla cómo estos excesos reducen la diversidad bacteriana, favoreciendo patógenos proinflamatorios y desplazando especies beneficiosas como Bifidobacterium o Lactobacillus.theconversation

Mecanismos de daño: azúcares, grasas y disrupción circadiana

Durante Navidad, el consumo de dulces (turrones, polvorones), embutidos, mariscos y postres eleva azúcares simples y grasas. Estos alimentan bacterias oportunistas (Clostridium, Desulfovibrio), produciendo metabolitos tóxicos como lipopolisacáridos (LPS), que cruzan la barrera intestinal y activan inflamación sistémica vía TLR4.eleconomista+1

El exceso proteico (carnes, quesos) genera amoníaco y fenoles en el colon, irritando mucosa. Alcohol altera permeabilidad («intestino permeable»), permitiendo paso de toxinas al torrente sanguíneo —endotoxemia— y sobrecarga hepática.cuidateplus.marca+1

Cambios circadianos agravan: comidas tardías, menos fibra y ejercicio reducen motilidad intestinal, fomentando hinchazón y gases. Sueño insuficiente (<7h) altera eje intestino-cerebro: serotonina (95% intestinal) baja, impactando humor y apetito.atresmedia+1

Estudios como el de King’s College London (2023) muestran que dietas altas en grasas navideñas reducen diversidad microbiana 20-30% en 5 días, correlacionada con IMC y inflamación (CRP elevada).cuidateplus.marca

Síntomas inmediatos y riesgos crónicos

A corto plazo: dispepsia (hinchazón, flatulencia, diarrea/estreñimiento), fatiga y «bajón emocional» por eje microbiota-cerebro. Inflamación leve causa «niebla mental».olympia.quironsalud+1

A largo plazo: disbiosis persistente eleva riesgo obesidad (SCFA desregulados), diabetes tipo 2 (resistencia insulínica) y enfermedades inflamatorias (EII). Meta-análisis (Gut, 2024) vinculan baja diversidad con depresión y ansiedad post-navideñas.saludymedicina+1

Expertas de Quirónsalud (2025) advierten: «El intestino y cerebro conectados explican fatiga y falta concentración tras excesos».olympia.quironsalud

Evidencia científica: estudios y recomendaciones

Investigaciones confirman recuperación posible:

  • Estudio ZOE PREDICT (2023): post-navidad, fibra (30g/día) restaura diversidad en 2 semanas.cuidateplus.marca
  • King’s College (2022): probióticos (L. rhamnosus) mitigan endotoxemia 40%.eleconomista
  • Harvard (2024): prebióticos (inulina, FOS) de ajo/cebolla contrarrestan azúcares.avogel

Estrategias preventivas:

  • Fibra diaria: legumbres, verduras (brócoli, alcachofas) alimentan Akkermansia muciniphila.elespanol+1
  • Fermentados: kéfir, chucrut aportan probióticos.teknon
  • Moderación: 3 comidas + 2 tentempiés proteicos evitan picos glucémicos.elespanol
  • Hidratación y movimiento: agua + 30min caminata/día.cuidateplus.marca
  • Sueño: 7-9h regula ritmos microbióticos.atresmedia

Post-navidad: ayunos compensatorios empeoran; gradual: caldos, frutas, infusiones (hinojo).tuequilibrioybienestar+1

Implicaciones: microbiota como biomarcador festivo

Microbiota personalizada responde distinto: análisis 16S rRNA predicen tolerancia a excesos. Apps como ZOE usan IA para dietas post-navideñas.cuidateplus.marca

En España, CIS (2024) nota 70% adultos gana >2kg Navidad, correlacionado con disbiosis. Salud pública urge campañas: «disfruta sin desequilibrar».theconversation

Conclusión: equilibrio festivo posible

Navidad no condena microbiota: moderación + fibra/probióticos preservan equilibrio. Ciencia confirma: excesos temporales reversibles, pero hábitos crónicos dañan. Celebra consciente: tu intestino te lo agradecerá.

Referencias:

  • The Conversation (2025): «Excesos navideños y microbiota».theconversation
  • Onda Cero, El Economista (2025): disbiosis efectos.ondacero+1
  • CuídatePlus, Olympia Quirónsalud (2025): recuperación fibra/probióticos.olympia.quironsalud+1
  • A.Vogel, Vithas (2025): prebióticos navideños.avogel+1
  • Gut, King’s College (2023-24): estudios diversidad microbiana.cuidateplus.marca
  1. https://theconversation.com/asi-pasan-factura-los-excesos-navidenos-a-nuestra-microbiota-272239
  2. https://www.eleconomista.com.mx/arteseideas/asi-pasan-factura-excesos-navidenos-nuestra-microbiota-20251225-792757.html
  3. https://cuidateplus.marca.com/alimentacion/nutricion/2025/12/23/microbiota-evitar-sufra-durante-despues-fiestas-184425.html
  4. https://olympia.quironsalud.com/es/contenidos-salud/expertas-olympia-quironsalud-advierten-excesos-navidenos-al
  5. https://www.atresmedia.com/objetivo-bienestar/actualidad/excesos-navidad-tambien-danan-microbiota-intestinal_2025120369300b756e5e5012dcd88d1c.html
  6. https://saludymedicina.org/post/como-afectan-los-excesos-de-la-navidad-a-la-microbiota-intestinal
  7. https://www.avogel.es/avogel-blog/recetas-y-nutricion/consejos-para-recuperar-la-salud-de-tus-sistema-digestivo-tras-las-navidades-
  8. https://www.elespanol.com/mujer/salud-bienestar/20251213/cuidar-microbiota-navidad-sin-renunciar-polvorones-atencion-estres-orden-comidas/1003744052870_0.html
  9. https://www.infobae.com/tendencias/2025/12/21/6-alimentos-ricos-en-fibra-para-cuidar-la-salud-intestinal-durante-las-fiestas/
  10. https://www.teknon.es/blog/es/salud-az/cuidar-microbiota-intestinal-fiestas-navidenas
  11. https://www.tuequilibrioybienestar.es/fin-de-las-fiestas-navidenas-recupera-la-microbiota-intestinal/
  12. https://www.ondacero.es/noticias/salud/asi-pasan-factura-excesos-navidenos-nuestra-microbiota_20251226694e4ba522f0db7daffe26b9.html
  13. https://vithas.es/un-excesivo-consumo-de-azucar-en-navidad-produce-inflamacion-estres-oxidativo-y-deterioro-a-nivel-celular-en-la-dermis/
  14. https://www.directoalpaladar.com/salud/planeas-navidad-azucar-necesitas-conocer-todo-que-ciencia-sabe-al-dia-hoy-edulcorantes
  15. https://www.instagram.com/p/DSc41jXjtct/
  16. https://www.39ytu.com/expertos/recuperar-el-transito-intestinal-despues-de-los-excesos-navidenos
  17. https://plusquampharma.com/importancia-probioticos-durante-navidades/
  18. https://cuidateplus.marca.com/alimentacion/nutricion/2025/12/20/plan-digestivo-prefiestas-evitar-peso-excesos-184411.html
  19. https://www.facebook.com/IMEdiagnosticos/photos/-los-excesos-en-navidad-provocan-que-nuestra-microbiota-pueda-verse-afectada-y-c/609140944551953/

Generado por Perplexity Pro

No son tan sanas como parecen: barritas de proteínas bajo la lupa científica

Las barritas de proteínas prometen energía rápida y recuperación tras el entrenamiento, pero pocas personas leen la etiqueta antes de comprarlas. Bajo el marketing saludable, muchas contienen ingredientes ultraprocesados, azúcares añadidos y grasas poco saludables. Elegir bien requiere mirar más allá de la publicidad y entender qué componentes realmente aportan salud… y cuáles deberían evitarse.

¿Qué buscar en una barrita saludable?

No todas las barritas de proteínas son iguales: algunas están elaboradas con ingredientes de alta calidad y pueden ser un buen complemento nutricional cuando se elige bien. Ingredientes ideales incluyen:

  • Proteínas de alto valor biológico, como suero de leche, clara de huevo, proteína de guisante o cáñamo.paleobull+1

  • Frutos secos y semillas (almendras, nueces, semillas de chía o lino), que aportan grasas buenas y fibra.fairvital+1

  • Avena integral como fuente de carbohidratos complejos y fibra.hsnstore+1

  • Aceite de oliva virgen extra o crema de almendras en vez de grasas hidrogenadas.fairvital+1

  • Frutas deshidratadas sin azúcares añadidos para dar dulzor natural y micronutrientes.paleobull+1

Estas barritas tienen escasos ingredientes, no contienen azúcares añadidos, edulcorantes artificiales ni conservantes, y pueden realmente ayudar a alcanzar el aporte proteico deseado en la dieta.tiendaculturista+2

Ingredientes que debes evitar

El problema es que la mayoría de barritas industriales pueden estar mucho más cerca de un caramelo energético que de una comida saludable. Debes tener cuidado con:

  • Azúcares añadidos (jarabe de glucosa, jarabe de maíz, azúcar invertida, fructosa, maltodextrina), presentes en muchas marcas y que aumentan el índice glucémico y el riesgo metabólico.fairvital+1

  • Grasas saturadas y trans, como el aceite de palma y las grasas hidrogenadas, que elevan el riesgo cardiovascular.fairvital

  • Edulcorantes artificiales en exceso (aspartame, sucralosa, acesulfame K), que alteran la microbiota intestinal y aumentan la preferencia por sabores artificialmente dulces.menshealth

  • Aditivos y conservantes que prolongan la vida útil, aunque reducen la calidad nutricional y pueden provocar irritación intestinal.tiendaculturista+1

  • Proteínas de bajo valor biológico o poco transparentes, como hidrolizado de colágeno bovino en vez de proteína de leche o huevo.nestlecocina+1

Barritas caseras: una alternativa sana y crítica

La mejor forma de evitar problemas es preparar tus propias barritas usando ingredientes naturales y frescos. Las barritas homemade pueden contener plátano, avena, proteína aislada de buena calidad, cacao puro, frutos secos y semillas, evitando así todo tipo de aditivos y azúcares ocultos.conasi+3

El engaño de lo “fitness” y el riesgo del ultraprocesado

Si una barrita sabe exactamente igual que un postre industrial y contiene un listado interminable de ingredientes extraños, probablemente sea poco más que una golosina con proteína añadida. Consumir este tipo de productos regularmente puede llevar a un aporte alto de azúcares, grasas de mala calidad, aditivos y calorías vacías, algo que los estudios vinculan con mayor inflamación, sobrepeso y problemas metabólicos.menshealth+2

Conclusión

Usar barritas de proteína no es un problema si se eligen bien y se usan como complemento en situaciones justificadas (deporte intenso, viajes, falta de tiempo). Sin embargo, elegir mal puede implicar consumir productos ultraprocesados cuyo aporte de proteína se acompaña de azúcares oculta, grasas saturadas y aditivos. Leer etiquetas, elegir productos con ingredientes naturales y preparar barritas caseras son formas sencillas y científicamente respaldadas de garantizar un verdadero beneficio para tu salud.


Fuentes consultadas:

  1. https://www.hsnstore.com/blog/recetas-fitness/meriendas-saludables/barritas-de-proteinas-con-avena-horneadas/
  2. https://happy-soul.es/barritas-proteicas-saludables/
  3. https://www.youtube.com/watch?v=qliQm38Qvls
  4. https://www.conasi.eu/blog/recetas/barritas-proteicas-de-canamo-y-chocolate/
  5. https://www.fairvital.com/es/blog/Fairvital-Blog/Haz-tus-propias-barritas-de-proteinas-un-sustituto-sano-rapido-y-facil
  6. https://www.tiendaculturista.com/blog/barrita-proteica-fit-casera/
  7. https://www.menshealth.com/es/nutricion-dietetica/a29128878/mejor-barrita-proteinas-como-identificar-entrenamiento-dieta/
  8. https://paleobull.com/products/barrita-proteica-de-frutos-del-bosque
  9. https://www.nestlecocina.es/receta/barritas-de-proteina-con-thermomixr

El alzhéimer no se cura con una dieta específica

En los últimos años se han difundido en redes sociales múltiples mensajes que aseguran que es posible revertir el alzhéimer eliminando el gluten, reduciendo carbohidratos, aumentando proteínas o tomando suplementos de vitaminas y minerales. Estas afirmaciones carecen de base científica: el alzhéimer no tiene cura, ni a través de fármacos ni mediante cambios en la dieta, tal y como confirma el Instituto Nacional sobre Envejecimiento de Estados Unidos.

Lo que sí se ha demostrado es que la alimentación desempeña un papel importante en la prevención y en la ralentización del avance de la enfermedad. Como explica el nutricionista Aitor Sánchez García en su blog Mi Dieta Cojea, el deterioro cerebral está relacionado con la pérdida de sinapsis neuronal, proceso en el que las membranas de las neuronas —compuestas por fosfolípidos— resultan clave.

Algunas investigaciones señalan que una dieta equilibrada, rica en nutrientes de calidad y combinada con actividad física, puede favorecer la formación de esos fosfolípidos y proteger la función cognitiva. Sin embargo, esto no implica que pueda revertir o curar el alzhéimer, sino ayudar a retrasar su progresión.

En palabras del propio Instituto Nacional sobre Envejecimiento, “existen estudios que asocian los patrones de alimentación saludable con beneficios cognitivos, pero se necesita más investigación para determinar si lo que comemos puede prevenir o retrasar el alzhéimer o el declive cognitivo asociado a la edad”.

¿Benecol, Danacol, Omega-3, soja…para el corazón? “No se recomienda”

Toca Comer. ¿Benecol, Danacol, Omega-3, soja…para el corazón? “No se recomienda”. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El viernes pasado el cardiólogo Julián Palacios y Julio Basulto desaconsejaban en la sección “Gente Sana” del programa “Gente Despierta” (Radio Nacional de España), los famosos “yogures para el colesterol” (aquí el programa completo). Y, lo que es la vida, me entero hoy mismo de que una recién publicada guía del Ministerio de Sanidad incluye la siguiente recomendación:

“No se recomienda utilizar suplementos de fitosteroles en la prevención de enfermedad cardiovascular”.

La recomendación se clasifica como “fuerte”, es decir, las pruebas científicas son tan sólidas como un corazón de piedra. Repítanlo en voz alta cada vez que vean a “El tricicle” anunciando Danacol.

 

Cada vez que veo a @Tricicle anunciando Danacol pienso: ¿para cuándo un catedrático de nutrición anunciando al Chiquito de la Calzada?

Pero antes de que lo dijéramos el doctor Palacios y un servidor, e incluso antes de que se pronunciara al respecto el Ministerio de Sanidad, lo dijo Juan Revenga (@Juan_Revenga), como pueden comprobar en su texto titulado “Danacol, Naturcol, Benecol, Pro-activ… leches-col: ¡paren las máquinas!“.

Es más, estamos los que creemos que estos productos no solo no previenen eventos cardiovasculares, sino que comportan una serie de riesgos. Pueden comprobarlo en mi escrito “Riesgos para la salud de los “alimentos funcionales“.

Pero la guía del Ministerio de Sanidad, titulada “Guía de Práctica Clínica sobre el manejo de los lípidos como factor de riesgo cardiovascular”, que encontrarán en este enlace, incluye dos recomendaciones más, también fuertes. Ahí van:

1.- “No se recomienda utilizar suplementos de omega-3 para disminuir la morbimortalidad cardiovascular, ni en prevención primaria ni secundaria”. Para que luego me tachen de exagerado cuando digo cosas como “Los Omega-3 mejoran la salud…económica de sus vendedores.“.

2.-“No se recomienda la utilización de soja en la prevención de enfermedad cardiovascular”.

Incluso hay una tercera recomendación (hay más, claro, aquí solo he querido centrarme en los llamados “Alimentos funcionales”, así como en las plantas medicinales), que es esta:

3.- “No se recomienda la utilización de plantas medicinales para disminuir el riesgo coronario”.

Vamos, que eso de tomar cabezas de ajo para prevenir infartos tiene tanto sentido como ver el fútbol en la tele para ponerse en forma. En este caso la recomendación no es “Fuerte” sino de tipo “A”, es decir, que al menos existe “un metaanálisis, revisión sistemática o ensayo clínico clasificado como 1++ y directamente aplicable a la población diana de la guía; o un volumen de evidencia compuesta por estudios clasificados como 1+ y con gran consistencia entre ellos”. Así pues, estamos ante una recomendación que es muy improbable que cambie con el paso de los años.

Como últimamente escribo tanto, pues resulta que también he hablado (y no precisamente bien) de las plantas medicinales, en concreto en el texto “Plantas medicinales “que arruinarían las farmacéuticas”… ¡venga ya, hombre!“.

Piensen ahora en anuncios que hayan escuchado, leído o visto (en la tele, en youtube o donde sea) en los que hacen propaganda del “Danacol”, de las pastillas de omega-3, de los alimentos enriquecidos con omega-3 o de la soja o sus derivados (en alimentos o en pastillas). ¿Han extraído de dichos anuncios la conclusión de que tales productos son útiles para prevenir enfermedades cardiovasculares? Si es así, no dejen de leer el texto “Si le parece engañoso, entonces le parece ilegal“, del abogado Francisco José Ojuelos (@CriticaProcesal). Tras ello, decidan por ustedes mismos.

Les dejo, porque tengo varias tareas pendientes, entre ellas cumplir una recomendación fuerte de la citada guía: “la realización de actividad física al menos 30 minutos al día”.

 

Fuente: Julio Basulto