Teobromina: el motor silencioso del cacao que mantiene la alerta sin los nervios del café

Cuando abrimos una tableta de chocolate negro, solemos pensar en placer, nostalgia o un simple capricho dulce. Sin embargo, detrás de ese sabor intenso hay una química elegante y, en cierto modo, subestimada. El cacao —el alma del chocolate— contiene un alcaloide natural llamado teobromina (3,7-dimetilxantina), un compuesto de la familia de las metilxantinas que comparte parentesco lejano con la cafeína, pero que actúa de forma muy distinta sobre nuestro organismo. A diferencia de la cafeína, que golpea con rapidez y se desvanece, la teobromina ofrece un efecto estimulante suave, sostenido y, para muchos, más amable: favorece la sensación de energía, potencia el bienestar y ayuda a mantener un estado de alerta que no se traduce en nerviosismo ni en el clásico “bajón” posterior.

Un pariente cercano, pero no un gemelo

La teobromina y la cafeína nacen de la misma rama botánica —ambas son metilxantinas presentes en semillas y hojas de diversas plantas—, pero su arquitectura molecular determina destinos diferente dentro del cuerpo humano. Mientras la cafeína es 1,3,7-trimetilxantina, la teobromina es 3,7-dimetilxantina. Esa ausencia de un grupo metilo cambia su afinidad por los receptores de adenosina, las moléculas que regulan nuestra fatiga. La cafeína se bloquea con fuerza a esos receptores, impidiendo que la adenosina nos “apague”; la teobromina lo hace con una intensidad más moderada. El resultado es un despertar suave, más parecido a un empujón que a una sacudida eléctrica.

Además, la teobromina es un inhibidor de la enzima fosfodiesterasa, lo que eleva los niveles de AMP cíclico (AMPc) dentro de las células. Este mecanismo favorece la relajación de ciertos tejidos —especialmente los vasos sanguíneos— y potencia la liberación de señales de energía celular sin recurrir al alarmismo del sistema nervioso simpático. En otras palabras, el cacao no nos “enciende” como una sirena; más bien nos ayuda a mantener el ritmo sin que la caja de fusibles del cuerpo se sobrecargue.

Una estancia prolongada: la clave está en la duración

Uno de los aspectos más interesantes de la teobromina es su farmacocinética. Una vez ingerida, se absorbe en el intestino delgado y alcanza su concentración máxima en sangre alrededor de una a dos horas después del consumo. Pero aquí llega la diferencia crucial con la cafeína: la vida media de eliminación de la teobromina oscila entre 6 y 10 horas, e incluso puede extenderse a 12 horas en algunas personas, dependiendo de su metabolismo hepático, la edad y la dieta. La cafeína, por su parte, se elimina con una vida media de 3 a 5 horas. Esto explica por qué un trozo de chocolate negro puede mantenernos en un estado de vigilia tranquila durante horas, sin la sensación de que el efecto se apaga de golpe.

El metabolismo de la teobromina depende principalmente del citocromo P450, en particular de la enzima CYP1A2, aunque a una velocidad más pausada que la de la cafeína. Su eliminación es principalmente renal, lo que significa que hidratarse tras comer chocolate ayuda a que el cuerpo gestione este compuesto de forma eficiente. Esta permanencia prolongada convierte al cacao en un aliado natural para situaciones que exigen concentración sostenida: una tarde de trabajo creativo, una lectura prolongada o una caminata de mediana intensidad, donde se busca energía sin la ansiedad que a veces acompaña a una dosis alta de café.

Del grano a la neurotransmisión: bienestar y alerta

La teobromina no actúa sola. El cacao es un coctel bioactivo que incluye feniletilamina —el compuesto asociado con la sensación de “amor” o bienestar—, triptófano (precursor de la serotonina), magnesio y pequeños trazos de anandamida, el llamado “compuesto de la felicidad” endógeno. En conjunto, estos elementos modulan el estado de ánimo de manera sinérgica. La teobromina, al mejorar la circulación cerebral y favorecer la oxigenación tisular, potencia la llegada de estos mensajeros químicos al sistema nervioso central.

El resultado es un efecto que muchos describen como “claridad sin euforia”. No se trata de un estimulante clásico que obliga a la productividad, sino de un modulador sutil que reduce la percepción de fatiga metabólica. Estudios en farmacognosia han señalado que dosis moderadas de teobromina pueden mejorar ligeramente la función ejecutiva y la atención sostenida, sin provocar taquicardia o temblores. Además, su efecto vasodilatador —especialmente a nivel coronario— contribuye a una sensación de calor y confort que se confunde fácilmente con el placer sensorial, pero que tiene una base fisiológica real.

El chocolate como vehículo: concentración y contexto

No todo chocolate es igual. La teobromina reside en el cacao, no en el azúcar ni en la leche. Un chocolate negro con un 70 % de cacao puede contener entre 200 y 300 miligramos de teobromina por cada 100 gramos, mientras que el chocolate con leche, por su menor contenido de cacao, aporta cantidades significativamente inferiores. El cacao en polvo sin azucarar puede llegar al 2 % de teobromina en peso, lo que lo convierte en la fuente más concentrada para quienes buscan este efecto sin consumir grandes cantidades de grasa o azúcar.

Sin embargo, la clave está en la moderación. Una porción de 20 a 30 gramos de chocolate negro de alta pureza es suficiente para percibir el efecto estimulante suave sin exceder los límites que pueden provocar malestar digestivo o, en personas sensibles, palpitaciones leves. La teobromina es un compuesto seguro para los humanos en dosis alimentarias, pero debe recordarse que es tóxica para los perros y gatos, debido a su capacidad de metabolizarla muy lentamente y a que afecta su sistema cardiovascular de manera peligrosa.

Composición química y el “crash” inexistente

La particular composición química de la teobromina explica su perfil diferente al de la cafeína. Mientras la cafeína bloquea la adenosina con alta afinidad y también aumenta la liberación de cortisol y adrenalina, la teobromina opera principalmente a nivel periférico y con menor impacto sobre el eje del estrés. Esto reduce la probabilidad de un “bajón energético” abrupto. Su lenta eliminación también evita picos y valles bruscos, generando una curva de energía más plana y predecible.

Además, la teobromina tiene un efecto diurético leve, que ayuda a eliminar líquidos y contribuye a la sensación de “ligereza” que acompaña al consumo moderado de cacao. Esto, unido a su acción relajante sobre la musculatura lisa de los bronquios —aunque menos pronunciada que en la teofilina—, hace que el chocolate sea percibido no solo como alimento de confort, sino como un producto funcional con propiedades respiratorias y circulatorias menores.

Conclusión: un placer con propósito

En un mundo obsesionado con los estimulantes de impacto inmediato —café de alta concentración, bebidas energéticas, suplementos sintéticos—, la teobromina del cacao nos recuerda que la naturaleza también ofrece ritmos más lentos y sostenibles. El chocolate, cuando se elige con criterio, no es solo un dulce; es una matriz vegetal que libera un compuesto capaz de mejorar nuestra vigilancia mental, suavizar la fatiga y elevar el tono emocional sin exigirnos un precio de ansiedad.

Disfrutar de un trozo de chocolate negro es, en cierto sentido, un acto de bioquímica consciente. No se trata de buscar una droga, sino de aprovechar una molécula que la evolución ha perfeccionado en el cacao para proteger sus semillas y que, por azar o por diseño, coincide con nuestras necesidades de energía moderada. Con su vida media prolongada, su acción sobre el AMPc y su sinergia con los neurotransmisores del bienestar, la teobromina se erige como el secreto mejor guardado del chocolate: un estimulante suave, duradero y, sobre todo, humano.


Nota informativa: Este artículo se basa en principios de farmacología y fitofarmacología. La teobromina es considerada segura en dosis alimentarias, pero su consumo debe ser moderado, especialmente en personas con arritmias, reflujo gastroesofágico o sensibilidad a las metilxantinas. En caso de dudas, consulte a un profesional de la salud.

Generado por; Inkling small

Una decisión acertada dentro de un mar de malas: Los casos contra Monsanto y la resiliencia legal de Bayer

La adquisición de Monsanto por parte de Bayer en 2018 por 63.000 millones de dólares se ha convertido en uno de los capítulos más oscuros de la historia corporativa reciente. Lo que prometía ser la consolidación de un gigante agroquímico se transformó rápidamente en un laberinto legal sin precedentes, con más de 170.000 demandas acumuladas relacionadas con el herbicida Roundup y su ingrediente activo, el glifosato. Sin embargo, tras años de veredictos demoledores que arrasaron con el valor bursátil de la empresa alemana, un patrón emerge entre el caos: una estrategia jurídica metódica —basada en la preemption federal y la reducción de daños punitivos— está comenzando a demostrar ser la decisión acertada, aunque tardía, dentro de un océano de malas noticias judiciales.

El «mar de malas» decisiones al que hace referencia el contexto judicial es innegable. Entre 2018 y 2021, Bayer sufrió una serie de derrotas contundentes en tribunales estadounidenses que sacudieron sus cimientos financieros. El caso Johnson v. Monsanto resultó en un veredicto inicial de 289 millones de dólares —posteriormente reducido a 21 millones— por el linfoma no Hodgkin de un jardinero escolar californiano. Le siguió el caso Hardeman, con 80 millones de dólares, y el emblemático Pilliod, donde un jurado de California impuso una multa histórica de 2.000 millones de dólares a una pareja que alegaba haber desarrollado cáncer tras décadas de uso doméstico del herbicida. Estos fallos no solo representaban un costo económico potencial de decenas de miles de millones, sino que establecían un precedente jurídico peligroso: que la empresa había ocultado deliberadamente los riesgos cancerígenos de su producto estrella, contradiciendo la opinión de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos, que sostiene que el glifosato no es carcinógeno cuando se usa según las indicaciones.

Fue precisamente en este abismo donde Bayer tomó una decisión estratégica que, aunque controvertida, está demostrando ser la más acertada de su crisis: apostar decididamente por el argumento de la «preemption» federal y apelar agresivamente cada veredicto adverso. La preemption es un principio jurídico según el cual las regulaciones federales, en este caso las etiquetas aprobadas por la EPA, anulan las leyes estatales más estrictas. Bayer argumenta que, dado que la EPA no exige advertencias sobre cáncer en el etiquetado de Roundup —basándose en evaluaciones científicas que contrastan con la clasificación del glifosato como «probable carcinógeno» por parte de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC)—, no debería ser posible que jurados estatales impusieran responsabilidades por «fallas en la advertencia» que exceden lo requerido por la autoridad reguladora federal.

Esta estrategia comenzó a dar frutos significativos recientemente. Después de que la Corte Suprema de Estados Unidos rechazara en 2022 revisar el caso Hardeman, manteniendo el veredicto contra la empresa pero sin pronunciarse sobre la preemption, los tribunales de apelaciones inferiores han mostrado una mayor receptividad hacia los argumentos de Bayer. En 2023 y 2024, la empresa logró victorias cruciales en juicios posteriores donde jurados dictaminaron a su favor, contradiciendo la tendencia inicial de condenas automáticas. Más importante aún, varias cortes de apelación han reducido drásticamente los daños punitivos originales, aplicando el principio constitucional de que estas sanciones no deben ser «excesivas» en relación con los daños compensatorios. Lo que parecía una sangría jurídica interminable comenzó a mostrar signos de contención.

Paralelamente, Bayer ejecutó otra decisión acertada: el acuerdo masivo de 2020 por hasta 10.900 millones de dólares para resolver aproximadamente 100.000 demandas pendientes, combinado con la creación de un sistema de compensación independiente para futuros casos. Aunque costoso, este movimiento permitió a la empresa separar el trigo de la paja, distinguiendo entre demandantes con diagnósticos legítimos y una cadena de litigios potencialmente especulativos. Al hacerlo, Bayer logró estabilizar su cotización bursátil y recuperar algo de credibilidad ante los inversores, aunque el costo total de la adquisición de Monsanto ya supera los 20.000 millones de dólares en gastos legales y provisiones.

El contexto científico sigue siendo el campo de batalla subyacente. Mientras la IARC mantiene su clasificación de 2015, la EPA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la mayoría de agencias regulatorias nacionales sostienen que no existe evidencia concluyente de carcinogenicidad en humanos a días recomendadas. Esta disonancia regulatoria es precisamente el terreno donde la estrategia legal de Bayer cobra fuerza: si la ciencia es disputada y los reguladores competentes no exigen advertencias, ¿debe una empresa someterse a la jurisprudencia errática de jurados locales sin formación toxicológica?

Con todo, la «decisión acertada» no borra los errores previos. La debida diligencia previa a la compra de Monsanto fue claramente insuficiente, ignorando el tsunami legal que ya se vislumbraba con las primeras demandas presentadas antes de 2018. La arrogancia inicial de la dirección de Bayer, que minimizó los riesgos litigiosos, costó a los accionistas billones en valor de mercado. Sin embargo, la capacidad de la empresa para pivotar hacia una defensa jurídica basada en la coherencia regulatoria federal y la constitucionalidad de los daños punitivos representa un caso de estudio en gestión de crisis legales.

El legado de estos casos trasciende a Bayer. Establecen un precedente sobre hasta dónde pueden llegar las demandas por «falla en la advertencia» cuando entran en conflicto con regulaciones federales. Para la industria química y farmacéutica, la resolución final de estos litigios —que aún puede llevar años hasta agotar todas las apelaciones— definirá si el sistema legal estadounidense permitirá que la ciencia regulatoria prevalezca sobre el sensacionalismo judicial. En ese sentido, la apuesta de Bayer por la preemption no es solo una decisión empresarial acertada, sino una línea en la arena para el futuro de la regulación química global. En medio del naufragio legal, esa estrategia emerge como el único salvavidas sólido que la empresa ha encontrado.

Generado por Kimi k2.5 thinking

Alimentos infantiles contaminados con plomo

Toca Comer. Alimentos infantiles contaminados con plomo. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaEn algunos países, papillas infantiles, zumos, fármacos, agua embotellada y alimentos como el arroz contienen una cantidad de plomo, sí como de otros metales pesados por encima de los límites legales que denuncian la toxicidad estos metales pesados. Más aun, al margen de enfermedades, se han detectado al menos medio millón de niños en EE.UU., de entre uno y cinco años afectados por contener en sus cuerpos dosis de plomo extremadamente peligrosas para la salud. Desde aquél país se lanza una nueva demanda contra las empresas agroalimentarias que comercializan alimentos ¿supuestamente envenenados? contra bebés.

Después de un envenenamiento alimentario determinado, al rastrear su origen/procedencia, se encontró que el alimento había salido de Asia, alcanzado Mesoamérica, en donde se cambiaron etiquetas, lugares de origen, etc. De allí fue enviado a Europa en donde nuevamente se realizó la misma operación, etc.

Se puede pagar mucho por un alimento infantil, presuntamente de los más sanos y nutritivos.  Ahora bien: ¿Quién garantiza la salubridad del alimento? En el caso citado  logró encontrarse y desmembrase  la trama oculta (pero lamentablemente no se identificó a la mayoría de los responsables), pero a menudo no hay manera de detectar el origen y la cadena de fraude que implican muchos países y continentes

Fuente:  Un Universo invisible bajo nuestros pies

Distinción automática de variedades de ceveza

Toca Comer. Distinción automática de variedades de ceveza. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Unos investigadores españoles han creado una “lengua electrónica” capaz de distinguir el gusto de diferentes variedades de cerveza, primera etapa para la creación de un robot dotado con esta capacidad.

El prototipo, presentado en la revista científica especializada Food Chemistry, tiene un nivel de precisión del 82%.

Basado en el funcionamiento de la lengua humana y de las papilas ultrasensibles, el “concepto de lengua electrónica consiste en utilizar una paleta de sensores genéricos que reaccionan a una serie de componentes químicos determinados”, resume en un comunicado Manel del Valle, químico de la Universidad Autónoma de Barcelona.

La lengua española está integrada por 21 electrodos iónicos que reaccionan a diferentes sustancias, como amonio, sodio, nitratos o cloruros.

El espectro de señales que genera la lengua artificial se ha ido graduando en función de los diferentes tipos de cerveza que ha ‘probado’.

Fuente: Universidad Autónoma de Barcelona

Alimentos importados de China tienen altas tasas de contaminación

Toca Comer. . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un estudio ha demostrado que los pesticidas son el problema número uno reportado por los consumidores de todo el mundo sobre los alimentos importados de China. Food Sentry, reportó casi 1000 violaciones normativas en alimentos en 73 países después de realizar pruebas de laboratorio a productos de origen extranjero.

El estudio encontró que China era el país con el número más alto de incidentes, por ello, en segundo estudio, el análisis se centró en los productos contaminados de origen chino durante un período de 15 meses.

Hoy en día en todo el mundo, las tiendas venden miles de productos importados de China, y los rumores sobre su baja calidad llevaron a realizar esta investigación en profundidad.

Los pesticidas son el problema número uno, se encontraron 32 pesticidas distintos en los alimentos chinos, sobre todo en productos agrícolas, frutas y especias. En un caso, una muestra de comino tenía seis plaguicidas diferentes (acetamiprid, carbendazima, profenofos, cipermetrina, hexaconazol y Ethion) detectados en las pruebas de laboratorio.Los Mariscos fueron los alimentos con un mayor registro de pesticidas, sobre todo antibióticos, por ejemplo la leuco- malaquita verde (un metabolito de malaquita verde), la enrofloxacina y la ciprofloxacina (fluoroquinolonas), y contaminación con sulfametoxazol(sulfonamida).Se detectaron químicos en exceso, que sobrepasaban los montos aprobados, como el dióxido de azufre, otros tipos de sulfitos no especificados, formaldehídos, tintes para colorear y sacarina sódica. También se detectó hidróxido de sodio en la leche, también conocido como sosa cáustica o lejía, la sustancia química que se utiliza para regular la acidez en los alimentos.Se encontró también contaminación con metales tóxicos una amplia gama de productos, aunque no en un gran número de muestras. El exceso de plomo se encuentra en las algas y la canela, el cadmio en la canela, la médula de bambú y cangrejo; el mercurio en las fórmulas infantiles. La FDA de los EE.UU. no hace pruebas rutinarias de metales tóxicos en las importaciones, excepto de mercurio.

Fuente: Ciencia y Tecnología Alimentaria

 

Residuos de pesticidas y marketing del miedo

Toca Comer. Residuos de pesticidas y marketing del miedo.. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La quimiofobia es un buen argumento para vender, sobre todo comida. La estrategia consiste en asustarte diciendo que nos están envenenando con las porquerías que ponen en la comida para acto seguido venderte su producto, que por supuesto es natural, sin conservantes ni colorantes (aunque suela haber un asterisco que ponga sin colorantes ni conservantes «añadidos»). Por otra parte una forma de publicitar los productos ecológicos es decir que son más sanos porque los productos convencionales tienen restos de pesticidas y los ecológicos no, y según afirman, esos restos de pesticidas pueden suponer un problema para la salud. El problema, como siempre, viene de contrastar esta publicidad con la realidad, porque acaba quedando claro que es un ejemplo más de publicidad engañosa. No olvidemos que la consumo ecológico es minoritario, y prácticamente nadie puede basar el 100% de su alimentación de productos ecológicos, es decir, que cerca del 90 % de la población se alimenta a base de los «malísimos» alimentos convencionales y el 100% de la población los consume de alguna u otra forma. El volumen de población es suficientemente elevado como para hacer un estudio en condiciones, puesto que si estas afirmaciones son ciertas, todos nos estamos envenenado. Pues lo cierto es que la esperanza de vida sigue subiendo y España goza con la más alta de Europa, a pesar de estar en la cola de consumo de alimentos ecológicos. Este aumento puede tener la consecuencia negativa de que aumenten enfermedades asociadas con la edad como puede ser el cáncer. Incluso con esto, la mortalidad por cáncer está bajando, principalmente por el aumento del diagnóstico precoz. Por lo tanto, vender algo «natural» o «ecológico» argumentando que lo convencional es tóxico, es rotundamente falso.

Por lo tanto si alguien te vende comida ecológica diciéndote que la convencional te está envenenando por los pesticidas, te está engañando. La comida es segura. Las trazas que puedan aparecer en general están dentro de los límites. Y los ecológicos no están libres de pecado ni de pesticidas.

Artículo completo en:  Los productos naturales ¡vaya timo!

Lechugas más frescas con menos agua

Toca Comer. Lechugas más frescas con menos agua. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La investigación realizada por el proyecto europeo de investigación Veg-i-Trade, ha encontrado que los productores de lechuga puede reducir el 25% del agua de riego utilizada en el campo. Usar menos agua aumenta la vida útil de lechuga fresca cortada, reduce los costos de cultivo, mejora la sostenibilidad y, sobre todo, se anticipa a la escasez de agua debido al cambio climático.

El cambio climático puede conducir a la escasez de agua y temperaturas más altas. Sabiendo que el 85% del agua consumida se utiliza en la agricultura, uno de los retos para los productores mediterráneos es reducir el uso del agua, haciendo el manejo más eficiente del agua. El Departamento de Ciencia y Tecnología de Alimentos del centro de investigación español CEBAS-CSIC y socio de Veg-i-Trade, ha investigado la influencia de diferentes dosis de riego de agua sobre las características de calidad y seguridad de las lechugas recién cortadas, más específicamente romana y iceberg lechuga. Durante tres años, los diferentes ensayos de campo se han realizado en una granja experimental de ‘Primaflor’, uno de los productores de lechuga más importantes de Europa y socio de Veg-i-Trade, en Pulpí (Almería, España). Diferentes dosis de agua de riego se han utilizado: 50% agua y 25% más, 50% agua y 25% menos, y la cantidad normal.

Los resultados muestran que el uso de 25% menos de agua de riego, prolonga el período de almacenamiento (vida útil), disminuye el pardeamiento en el borde de corte de piezas de lechuga, y conserva la calidad microbiológica. Los efectos opuestos y por lo tanto negativo se han encontrado cuando el 25% y 50% de agua de riego más se ha utilizado.

Las ventajas de estos hallazgos son múltiples. En primer lugar, se obtiene una mejor lechuga. Además de esto, el uso de agua significativamente menor para hacer crecer la lechuga tiene un efecto económico directo. En un período de crisis económica cada reducción de costos es vital para la viabilidad de las empresas de los agricultores. El estudio de caso de estudio demostró una reducción de 200 € por hectárea y por año debido a la gestión del agua óptima. Este enfoque contribuye también a responder de manera proactiva a la escasez de agua emergiendo como uno de los desafíos globales en un mundo sostenible.

Esta investigación es parte del proyecto europeo Veg-i-Trade. Desde mayo de 2010 hay 23 socios internacionales que investigan virus, bacterias tales como E. coli., Micotoxinas y residuos de plaguicidas en los productos frescos. Veg-i-Trade estudia el posible impacto de la globalización y el cambio climático en la seguridad alimentaria de los productos frescos. El proyecto está siendo coordinado por el Departamento de Inocuidad de los Alimentos y Calidad Alimentaria de la Universidad de Gante (Bélgica) y cuenta con socios procedentes de universidades, institutos de investigación, las PYME hasta grandes socios industriales en 10 países diferentes.

Coca-Cola encuentra fungicida en el jugo de naranja

Toca Comer. Minute Miad y Tropicana con fungicidas. Marisol Collazos Soto
Coca-Cola ha advertido a la FDA (EE.UU.) que se han encontrado restos de fungicida en su jugo de naranja.

Coca-Cola anunció que había encontrado un fungicida no autorizado en su jugo de naranja, pero la empresa que envasa bajo dos marcas Simply Orange y Minute Maid, no dirá  cual de las marcas  ha mostrado el fungicida en los análisis.

Su competitior Pepsico Inc que hace el jugo de naranja Tropicana también ha encontrado fungicida en su jugo de naranja.

Los fungicidas son productos químicos utilizados para detener los hongos y el moho que crece en frutas y verduras. Algunos de ellos pueden ser dañinos para el ser humano si se ingieren.

La mayoría de los jugos de naranja están hechas de una mezcla de jugos de todo el mundo. Se cree que era el zumo de naranja de Brasil, el que estaba contaminado.

«Este es un tema que afecta a cualquier empresa que produzca productos en los EE.UU. con el jugo de naranja de Brasil», dijo el portavoz de Coca-Cola, Dan Schafer.

La FDA ha dicho que los niveles de fungicida que se encuentran en el jugo no son perjudiciales, por lo que no va a retirar los productos de los estantes.

«Los alimentos ecológicos tienen más riesgos sanitarios y no son mejores para el medio ambiente»

Los alimentos ecológicos son hasta cuatro veces más caros y no hay ninguna evidencia científica de que sean mejores para la salud o el medio ambiente, según José Miguel Mulet. Este Doctor en química y profesor de la Universidad Politécnica de Valencia ha publicado el libro «Los productos naturales ¡vaya timo!». Mulet recuerda que las alertas sanitarias en producción ecológica son mayores, aunque reconoce que en porcentajes bajos, y que la normativa que se aplica a estos productos permite en ocasiones prácticas incluso perjudiciales para el medio ambiente.

¿En qué se basa para hacer las afirmaciones recogidas en su libro?

Hay miles de estudios. Los más completos se publicaron en 2009 y 2010. Se revisaron todos los estudios comparativos entre alimentos convencionales y de producción ecológica de los últimos 50 años. Se buscaron diferencias en calidad nutricional o efectos sobre la salud. La conclusión fue que en general las propiedades eran similares. También muchas prácticas autorizadas en agricultura ecológica suponen un mayor nivel de emisiones de dióxido de carbono (CO2) o de otros gases de efecto invernadero, como metano u óxido nitroso. En cuanto al precio, puede llegar a ser tres o cuatro veces más alto. En tiempos de crisis, no creo que aporten nada a la sociedad. La comida, como cualquier otro producto de primera necesidad, debe ser segura y barata. Todo el mundo merece tener acceso a la alimentación.

 

¿Por qué se ha asociado la infección de E. coli a un cultivo de agricultura ecológica?

La E. coli es una bacteria fecal y la agricultura ecológica utiliza fertilizantes naturales, que son ricos en esta bacteria y ocasionan problemas de vez en cuando. No obstante, señalar a los productores españoles ha sido una precipitación irresponsable de las autoridades alemanas.

¿No hay controles de calidad / sanitarios para los productos ecológicos?

En principio, estos productos están sujetos a la misma legislación sanitaria que los convencionales, con alguna salvedad, como el nivel de micotoxinas admitido. Pero a efectos prácticos la producción ecológica es un acto administrativo. La normativa ecológica no se mete en cuestiones de sanidad, seguridad alimentaria o calidad nutricional. Si se cumple el reglamento de agricultura ecológica, la agencia certificadora da el sello. Es como la ITV del coche.

¿Por qué cree que la agricultura ecológica se defiende sin espíritu crítico, a diferencia de otros productos que reciben todo tipo de ataques?

La agricultura ecológica apela a nuestras emociones, no a nuestra razón. Todos queremos proteger el medio ambiente. La cuestión es cómo. A veces, las normativas de los países presentan severas discrepancias y contradicciones entre ellas. La Unión Europea (UE) tiene una, mientras en Estados Unidos coexisten cinco. La normativa europea se basa en que todo lo que se aplique en un cultivo sea de origen natural. Tiene poco de científico y mucho de ideológico. Las propiedades de cualquier material dependen de su composición, no de su origen. No soy contrario a la conservación del medio ambiente, sino a las normas que no sirven para ese fin.

¿Qué hay de malo en querer consumir productos que no han recibido fertilizantes o plaguicidas químicos y han sido respetuosos con su entorno?

En la naturaleza todo es química. La agricultura ecológica también utiliza fertilizantes o plaguicidas. El problema es que la base de su autorización lleva a aberraciones como la utilización de sales de cobre como fungicida, que son muy contaminantes para el suelo y los acuíferos, sin olvidar el impacto ambiental de la minería de cobre. También hay insecticidas como el Espinosad, con poquísima especificidad y fatal para las abejas. Las prácticas ecológicas no siempre son respetuosas con el entorno. Hay insecticidas o fertilizantes de síntesis mucho más específicos y menos agresivos para el medio ambiente, pero no los utilizan por «artificiales». Además, al emplear técnicas que no ofrecen la mejor producción, necesitan más suelo agrícola para alimentar a todo el mundo y este se tiene que quitar al bosque o a la selva. Resulta una producción que tiene poco de ecológica.

¿Qué consejos daría a los consumidores para hacer un consumo crítico de estos productos?

Que consuman lo que más les guste y mejor se ajuste a sus bolsillos. Hoy por hoy, el certificado de producción ecológica no garantiza que sea mejor para el medio ambiente, ni más sano, ni que esté más bueno. Y sobre todo, que intente consumir productos producidos en la UE. Han superado un control de calidad y de impacto ambiental muy riguroso y, además, evita emisiones por el transporte.

Entrevista completa en:  EROSKI CONSUMER

 

 



Related Posts with Thumbnails