Enseña a un robot a pescar… y freirá tus nuggets: el modelo de IA de Physical Intelligence que aprende tareas nuevas sin entrenamiento previo

Dicen que si le das un pez a un hombre, comerá un día; pero si le enseñas a pescar, comerá toda la vida. Durante décadas, la robótica industrial ha preferido dar el pez: programar una secuencia exacta de movimientos para una tarea concreta en un entorno controlado. El resultado ha sido brazos mecánicos impecables en líneas de ensamblaje, pero inútiles ante la más mínima variación. Una startup de San Francisco, Physical Intelligence, acaba de publicar una investigación que sugiere que estamos a punto de cambiar de paradigma. Su nuevo modelo de inteligencia artificial no necesita haber visto una freidora de aire en su vida para usarla. Basta con una instrucción en lenguaje natural, algo de conocimiento previo y una pizca de razonamiento físico para que el robot se ponga manos a la obra, o lo que es lo mismo, para que estés un paso más cerca de disfrutar unos nuggets perfectamente crujientes sin tocar la cocina.

El problema que enfrenta la robótica moderna no es la precisión mecánica, que ya alcanza niveles milimétricos, sino la generalización. Los robots tradicionales aprenden mediante demostraciones repetidas o código explícito: si quieres que atornille una pieza, un ingeniero debe programar cada trayectoria, velocidad y parada. Incluso los avances recientes en aprendizaje por imitación, donde un operador humano guía al brazo robótico, exigen horas de recolección de datos para cada nueva habilidad. Este enfoque funciona en fábricas donde nada cambia, pero se desmorona en hogares, almacenes o clínicas, donde los objetos se mueven, los utensilios varían y las tareas son impredecibles. Enseñar al robot cada posible contingencia resulta económicamente inviable. Por eso, la comunidad científica lleva años persiguiendo lo que podríamos llamar un «cerebro robótico»: un sistema capaz de enfrentarse a lo desconocido e improvisar con los mismos recursos que utilizaría un humano: comprensión del lenguaje, intuición física y sentido común.

La investigación publicada por Physical Intelligence apunta directamente a esa meta. Su modelo más reciente demuestra que es posible combinar dos capacidades antes difíciles de integrar: el conocimiento previo acumulado sobre el mundo físico y la capacidad de seguir instrucciones textuales o verbales nuevas. No se trata de memorizar miles de recetas de cocina o manuales de electrodomésticos, sino de entender principios universales. El sistema sabe qué es un botón, cómo funciona una bisagra, qué implica el calor en una cubeta cerrada y cómo se relacionan los objetos entre sí. Este enfoque elimina la necesidad de reentrenar la red neuronal desde cero cada vez que aparece un objeto o un contexto inédito. Cuando le pides que use una freidora de aire —un aparato que quizás nunca ha visto— no se bloquea. Descompone la orden en sub-tareas, infiere la función de cada componente y ejecuta una secuencia lógica para cumplir el objetivo.

El mecanismo subyacente es, en esencia, una forma de razonamiento por analogía potenciada por grandes modelos de lenguaje y visión. El robot ha visto antes puertas, cajones, perillas y recipientes calientes. Ha practicado manipulación de objetos en simulaciones y, posiblemente, en entornos reales. Esa experiencia previa le proporciona una base motora y conceptual. A ello se suma la instrucción en lenguaje natural: «usa la freidora de aire para cocinar estos nuggets». El modelo cruza ambas fuentes de información. Reconoce que la cesta extraíble es similar a un cajón, que el panel táctil se opera como otros dispositivos electrónicos y que el resultado deseado requiere calor durante un tiempo determinado. No ejecuta un guion pregrabado; improvisa una solución a partir de principios generales.

El ejemplo de la freidora de aire no es una anécdota trivial, sino un test riguroso. A diferencia de una línea de montaje, una cocina doméstica es un caos controlado: los electrodomésticos varían de marca y modelo, los objetos no están fijos y las acciones implican riesgos si se hacen mal. Cocinar nuggets requiere abrir la cesta, colocar la comida, seleccionar temperatura y tiempo, cerrar, esperar y retirar el producto sin quemarse. Incluso el color de los LEDs del panel o el sonido de la ventilador pueden ofrecer pistas que el sistema debe interpretar al vuelo. Cada paso exige coordinación visomotora, comprensión causal y adaptación al hardware específico. Que un robot pueda hacerlo sin haber sido entrenado explícitamente para ese modelo de freidora demuestra que el sistema está empezando a abstraer el concepto de «usar un aparato calentador de alimentos», una categoría mucho más amplia y útil que memorizar un único procedimiento.

Este avance sitúa a Physical Intelligence en la vanguardia de lo que muchos llaman robótica fundacional o generalista. La ambición no es construir un robot cocinero, un robot limpiador y un robot almacenista por separado, sino crear una única inteligencia motora que se transfiera entre dominios. La interfaz humana sería el propio lenguaje: no harían falta programadores especializados ni semanas de calibración, solo indicar con palabras sencillas qué se necesita. «Ordena la mesa», «empaqueta estos objetos frágiles» o «prepara la lavadora» pasarían de ser órdenes imposibles para una máquina a instrucciones ejecutables en minutos. Es el sueño de la robótica de propósito general, llevado hasta ahora restringido por la ciencia ficción.

Naturalmente, el camino hacia ese futuro aún tiene escollos. Realizar una tarea nueva en un entorno controlado es distinto de hacerlo de forma fiable el cien por cien de las veces en el mundo real. Los errores en robótica física tienen consecuencias: un nugget quemado es lo de menos, pero un vaso roto o un aparato encendido de más pueden ser problemáticos. La seguridad, en particular, exige garantías formales que la inteligencia artificial aún no puede ofrecer del todo. Además, la velocidad de ejecución, el consumo energético y el coste computacional de estos modelos aún deben optimizarse para su despliegue masivo. No obstante, el logro de Physical Intelligence no es menor: han demostrado que la frontera ya no está en enseñar movimientos, sino en enseñar a comprender.

En definitiva, la startup de San Francisco nos recuerda que el verdadero valor no está en darle al robot el pez —la secuencia de código perfecta—, sino en enseñarle a pescar en el vasto océano de las tareas humanas. Cuando un modelo de IA puede encender una freidora de aire por primera vez solo con una instrucción verbal, no estamos ante una curiosidad tecnológica, sino ante una señal de que los robots están aprendiendo a razonar sobre el mundo, no solo a repetirlo. Y si ese razonamiento llega a tu cocina, quizás muy pronto los nuggets de pollo perfectos sean solo el principio de una revolución que nos devuelva el tiempo libre… y al robot, las tareas domésticas.

Generado por kimi k2.6

Supermercado robotizado Tesco

En el área de Londres (Reino Unido), Tesco ha abierto su sexta tienda que se especializa en la entrega a domicilio. Cerca de 30000 referencias son tratadas en gran medida por los robots suministrados por Dematic.

En Erith (este de Londres) el personal de Tesco había abierto a bombo y platillo a finales de año, su sexto almacén regional dedicada a Tesco.com  el sitio de comercio electrónico y distribuidor de entrega a domicilio, que sirve tres áreas cercanas, incluyendo el este de Londres.

Detalles sobre el almacén de más de 11000 metros cuadrados, emplea a 550 personas en total, todos de contratación local , dando prioridad a los desempleados. También ilustra el alto nivel de mecanización de Tesco, que se basa en la solución de sistema RapidPick proporcionado por Dematic. Parte de las 30000 referencias (doble que ofrece un supermercado Tesco) sólo son tratados por el PLC. El picking entre hileras es una reminiscencia de las soluciones de accionamiento Leclerc, desarrollados en dos drives por Alvey Samovie.

Robots de cocina que hacen sándwiches y palomitas de maíz

Toca Comer. Robots de cocina que hacen palomitas de maíz. Marisol Collazos Soto Todo el mundo ama un buen sandwich. ¿Y quién no goza de las palomitas de maíz con una buena película? Por supuesto, hacer el sándwich perfecto puede tomar tiempo que podría ser dedicado a trabajar o hacer algo más fascinante. Esta es la razón por lo que necesitas James y Rosie en la cocina.

James y Rosie son dos de los 11 robots PR2 de la Universidad Técnica de Munich (TUM) y Willow Garage, y no son diferentes a los Bakebot previamente presentados. Originalmente, los robots se limitaban a cocinar  crepes y salchichas (que es impresionante en sí mismo), pero ahora son capaces de servir un  sabroso sammich o cocinar palomitas de maíz también.

La belleza de la pareja es que cuando se les pide, por ejemplo, hacer palomitas de maíz, son capaces de completar su orden sin necesidad de programación adicional. Por ejemplo, mientras que a usted no se le ocurriera encender la cocina, éllos entienden que las palomitas de maíz necesita el calor de una cocina para elaborarse. A partir de ahí, Santiago y Rosie pueden navegar fácilmente por los mandos de una cocina para obtener el resultado final deseado.

El objetivo de los robots es enseñarle las instrucciones que seguimos los humanos, lo que eventualmente podría conducir a robots más inteligentes que sean capaces de llevar a cabo un comando de la manera habitual como lo hace un ser humano. Los robots PR2 son perfectos para la versión beta de TUM para poner a prueba la teoría y  la programación gracias a su chasis, 16 CPU, sensores de código abierto y marcos ROS robóticos. El marco ROS controla la forma en que un robot procesa un comando más flexible, de aquí las mejoras de James y Rosie.

Mira el vídeo de abajo para ver a James y Rosie cocinando  en la cocina:

Robot cocinero elaborando galletas

PR2 es un robot personal fabricado por la empresa estadounidense Willow Garage Inc.  que ya se le había vistos  jugar al billar o cuando se le pedía una cerveza y corría raudo para servirla, y que distingue los contenidos de envases que no pueden ser vistos ni escaneados, o que dobla la ropa con esmero y precisión desde paños de cocina y pañuelos hasta una camisa.

Gracias a un estudiante, Mario Bollini, miembro del Daniela Rus’ Distributed Robotics Lab at MIT CSAIL,  PR2 ha aprendido a hacer sabrosas galletas con chocolate desde la masa, que la hace como nadie, hasta el horneo, y cuentan quienes las han probado que están para chuparse los dedos.

Ampliar información en: Blog Tecnológico Neva

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