Vending hospitalario: la paradoja de la salud en segundo plano

Vending hospitalario: la paradoja de la salud en segundo planoVending hospitalario: la paradoja de la salud en segundo planoImagine la siguiente escena: un médico especialista acaba de diagnosticar a un paciente con diabetes tipo 2 o hipertensión arterial. Tras una detallada explicación sobre la importancia de reducir el consumo de azúcares refinados, grasas saturadas y sodio, el paciente sale de la consulta. Mientras espera su autobús de vuelta a casa, decide buscar algo rápido para comer en el pasillo del propio hospital. Frente a él se alza una máquina expendedora iluminada que ofrece refrescos azucarados, patatas fritas industriales, bollería ultraprocesada y chocolatinas de todo tipo.

Esta escena, lejos de ser una ficción, es la realidad cotidiana de la gran mayoría de los centros sanitarios. El vending hospitalario se ha convertido en una de las mayores paradojas del sistema de salud pública moderno: los mismos templos dedicados a la curación y la prevención de enfermedades actúan como escaparates de los productos que más contribuyen a las epidemias del siglo XXI, como la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. En estos espacios, la coherencia nutricional parece haber quedado en un definitivo segundo plano.

Un entorno obesogénico bajo el techo de la sanidad

Diversos estudios en el ámbito de la salud pública acuñan el término «entorno obesogénico» para referirse a aquellos espacios que, por su diseño u oferta, promueven el sedentarismo y el consumo de alimentos insalubres. Resulta alarmante que los hospitales públicos y privados encajen a menudo en esta definición.

La justificación habitual de las empresas de vending y de las propias gerencias de los hospitales es que estos productos responden a una demanda de «comida rápida y reconfortante» en momentos de alto estrés, como los que se viven en las salas de espera de urgencias o durante los ingresos familiares. Sin embargo, la psicología del consumidor demuestra que la disponibilidad física de un producto determina en gran medida su consumo. Si una persona bajo estrés solo tiene acceso a palmeras de chocolate y bebidas energéticas, consumirá eso. Si tuviera a su disposición fruta fresca cortada, frutos secos tostados (no fritos) o lácteos sin azúcar, la elección sería diferente.

La presencia de comida basura en los hospitales no es solo un problema de oferta alimentaria; es también un problema de legitimación. Para muchos ciudadanos, que un producto se venda dentro de un hospital le otorga un «sello de seguridad de salud» implícito. El mensaje subliminal es destructivo: «Si se vende en el hospital, no puede ser tan malo».

El negocio detrás de las espirales de metal

Para entender por qué los ultraprocesados siguen reinando en los pasillos hospitalarios, es necesario seguir el rastro del dinero. Las máquinas de vending no pertenecen a los hospitales, sino a empresas concesionarias que ganan espacio público mediante concursos de licitación.

En estos concursos, las administraciones suelen valorar positivamente dos factores: el canon económico que la empresa pagará al hospital por ocupar el espacio y los precios bajos para el usuario. Los productos ultraprocesados, debido a sus bajos costes de producción, larga vida útil (no requieren refrigeración compleja ni se estropean en pocos días) y alto margen de beneficio, resultan sumamente rentables para las operadoras de vending.

Por el contrario, ofrecer manzanas, zanahorias baby, yogures naturales o sándwiches integrales frescos exige una logística de frío rigurosa, reposiciones casi diarias y genera un volumen de pérdidas (mermas) mucho mayor. Bajo la lógica puramente mercantilista, la salud pierde la batalla frente a la rentabilidad financiera.

El personal sanitario: la víctima olvidada

Cuando se analiza el impacto del vending hospitalario, suele pensarse en los pacientes y sus acompañantes. Sin embargo, existe un colectivo crítico que sufre diariamente esta oferta: el personal sanitario.

Los médicos, enfermeros, celadores y técnicos de radiología a menudo se enfrentan a guardias de 12 o 24 horas. Durante las madrugadas, cuando las cafeterías de los hospitales están cerradas, las máquinas expendedoras se convierten en la única fuente de alimento disponible. Sometidos a altos niveles de fatiga y estrés, estos profesionales se ven abocados a consumir carbohidratos refinados y bebidas azucaradas para mantener los niveles de alerta. Es una ironía trágica que quienes cuidan de nuestra salud se vean empujados a maltratarse nutricionalmente por la falta de opciones saludables en sus propios lugares de trabajo.

Leyes y regulaciones: el lento despertar

A nivel internacional y nacional, existe una creciente presión por parte de nutricionistas y colectivos médicos para regular esta situación. En España, algunas comunidades autónomas han intentado tomar la iniciativa. Regiones como el País Vasco, Cataluña, Baleares y Andalucía han redactado decretos y recomendaciones para exigir que un porcentaje mínimo de la oferta de las máquinas (que a menudo supera el 50% o el 70%) corresponda a productos saludables, limitando la cantidad de azúcares, grasas saturadas y sal.

A nivel estatal, el Ministerio de Consumo y la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) han abogado por contratos públicos de restauración que penalicen la comida ultraprocesada en centros de la administración. Sin embargo, la aplicación real de estas normativas suele ser laxa. En muchos casos, las máquinas «saludables» se limitan a incluir agua mineral y barritas de cereales que, bajo una falsa apariencia fit, contienen cantidades de azúcar equivalentes a las de una golosina.

Hacia un vending con «receta médica»

La solución no pasa por eliminar las máquinas de vending, que cumplen una función innegable de conveniencia y servicio permanente, sino por redefinir por completo su contenido. Un vending hospitalario ético debería guiarse por criterios estrictamente nutricionales y no solo comerciales.

Esto implica:

  1. Licitaciones con criterios de salud: Los hospitales deben priorizar en sus contratos a aquellas empresas que ofrezcan alimentos reales, penalizando las ofertas basadas en el canon económico si estas no garantizan una alimentación saludable.
  2. Sustitución real de productos: Reemplazar los refrescos azucarados por agua (con o sin gas), infusiones frías o leche. Sustituir la bollería por frutos secos naturales, fruta fresca cortada y lista para consumir, hummus con crudités o lácteos enteros sin azucarar.
  3. Precios disuasorios (política fiscal interna): Implementar una estructura de precios donde el agua y las opciones saludables sean notablemente más baratas que los productos procesados residuales que puedan quedar.

Conclusión

El hospital debe ser un espacio de coherencia. Así como hace décadas se erradicó el tabaco de las salas de espera y de las consultas médicas —una medida que hoy nos parece de sentido común, pero que en su momento generó resistencia—, es hora de dar el mismo paso con la comida basura. Un sistema sanitario que gasta miles de millones de euros al año en tratar enfermedades derivadas de la mala alimentación no puede seguir financiándose, ni siquiera en una mínima parte, a costa de vender los productos que causan esas mismas patologías en sus propios pasillos. La salud de la población no puede seguir quedando en segundo plano tras el cristal de una máquina expendedora.

Generado por Gemini 3.5 flash

El carrito que te conoce: por qué los supermercados inteligentes pueden hacerte gastar un 32% más

Los carritos de supermercado equipados con cámaras, sensores, pantallas e inteligencia artificial prometen una experiencia más rápida y cómoda. Identifican productos, calculan el total de la compra, muestran descuentos y, en algunos casos, permiten pagar sin pasar por una caja tradicional. Pero también pueden convertirse en un nuevo vendedor: uno que acompaña al consumidor durante todo el recorrido y le sugiere qué añadir.

De ahí surge una cifra llamativa, difundida en presentaciones comerciales y artículos del sector: los usuarios de determinados carritos inteligentes pueden gastar hasta un 32% más que quienes utilizan un carrito convencional. La cifra merece atención, aunque también una aclaración: no significa que toda persona que use un carrito con IA vaya a gastar automáticamente un tercio más.

Una cifra con letra pequeña

El 32% no procede, al menos en la documentación pública disponible, de un estudio académico independiente que haya analizado todos los supermercados y tipos de consumidores. Se trata de un resultado asociado a pruebas piloto y datos comerciales de fabricantes de carritos inteligentes y minoristas.

En esas pruebas se suele comparar el valor medio de la cesta de quienes utilizan un carrito tecnológico con el de clientes que compran de manera convencional. Sin embargo, el resultado puede estar condicionado por varios factores: los usuarios que aceptan probar la tecnología quizá sean más jóvenes, tengan mayor poder adquisitivo o estén más predispuestos a utilizar promociones digitales. También puede tratarse de tiendas concretas, durante periodos específicos y con ofertas diseñadas expresamente para el experimento.

Además, “gastar un 32% más” puede ser una simplificación periodística de expresiones como basket size, que en inglés se refiere al tamaño o valor de la cesta. La métrica puede contar más productos, un ticket medio superior o una combinación de ambos, pero no necesariamente representa un aumento neto del gasto anual de cada cliente.

Cómo intenta vender más el carrito

El primer mecanismo es la recomendación personalizada. El carrito reconoce —mediante códigos de barras, cámaras, sensores de peso o la conexión con la aplicación de fidelización— qué productos se han introducido. A partir de esa información puede sugerir artículos complementarios: salsa para la pasta, pilas para un electrodoméstico o un postre después de añadir una comida preparada.

La pantalla también puede mostrar descuentos, anuncios y productos patrocinados. Para el supermercado, el carrito no es solo una herramienta logística: es una superficie publicitaria situada justo delante del consumidor cuando está tomando una decisión de compra. Un fabricante puede pagar por aparecer en esa pantalla, del mismo modo que ya paga por destacar sus productos en una plataforma de comercio electrónico.

El segundo factor es la reducción de la fricción. Algunos modelos permiten escanear los artículos mientras se colocan en la cesta y pagar desde el propio carrito. Otros utilizan cámaras y sistemas de visión artificial para identificar automáticamente lo que el cliente recoge. La promesa es evitar las colas y hacer que la salida sea casi inmediata.

Esa comodidad puede favorecer las compras impulsivas. Cuando desaparece la espera en caja y el proceso de pago se vuelve menos visible, el consumidor puede sentir menos el llamado “dolor de pagar”. La pantalla, además, puede convertir la compra en una secuencia de pequeñas decisiones: “añadir por un euro”, “completar la oferta” o “llevar dos y ahorrar”.

Pero el efecto también puede ser contrario. Ver el total acumulado en tiempo real puede ayudar a respetar un presupuesto y detectar excesos antes de llegar a la caja. Por eso, la IA no determina por sí sola el comportamiento: depende de cómo se diseñen las recomendaciones y de qué objetivos priorice el supermercado.

Lo que sí sabemos sobre las compras impulsivas

La investigación académica lleva años estudiando cómo el entorno de la tienda modifica las decisiones. El trabajo de David Bell, Daniel Corsten y George Knox, publicado en el Journal of Marketing, mostró que las compras no planificadas dependen de factores como la misión del viaje, la lista previa, el tiempo disponible y la facilidad para desviarse del plan original.

Los carritos inteligentes encajan perfectamente en ese contexto. Pueden recordar al consumidor que falta un producto, ofrecerle una promoción personalizada o señalarle una categoría que no tenía previsto visitar. No inventan el impulso de compra, pero pueden multiplicar las ocasiones en las que aparece.

La documentación de empresas como Caper —adquirida por Instacart—, Shopic y otros proveedores del sector muestra que el mercado apuesta por incrementos del ticket, mayor interacción con promociones y menos congestión en las cajas. No obstante, las cifras publicadas por estas compañías son datos comerciales y suelen carecer de detalles sobre la muestra, el grupo de control y la duración de las pruebas. Por eso deben leerse como resultados de determinados pilotos, no como una ley universal.

Beneficios y riesgos para el consumidor

Para el cliente, las ventajas son claras: menos tiempo en la tienda, control del gasto, cupones relevantes y una salida más rápida. También pueden ser útiles para personas con movilidad reducida o para quienes tienen dificultades para cargar y organizar los productos.

El coste potencial es la recopilación de datos. Un carrito conectado puede registrar qué compra una persona, cuánto tiempo permanece frente a una estantería, qué promociones ignora e incluso qué recorrido realiza por el establecimiento. Si además está vinculado a una cuenta de fidelización, el supermercado puede construir un perfil de hábitos muy detallado.

La normativa europea de protección de datos exige informar sobre la finalidad del tratamiento, limitar la recopilación a lo necesario y ofrecer derechos de acceso, oposición o eliminación cuando corresponda. Sin embargo, la transparencia real dependerá de que el cliente entienda qué está aceptando en la pantalla, en la aplicación o en las condiciones de uso.

También existen riesgos prácticos: errores de reconocimiento, productos que no quedan registrados, fallos de conexión, publicidad excesiva y una brecha entre quienes se sienten cómodos con la tecnología y quienes prefieren una compra tradicional.

La mejor conclusión es más prudente que el titular. Algunos carritos inteligentes pueden elevar el valor de la cesta, y un aumento de hasta el 32% es plausible en determinados experimentos comerciales. Pero no hay pruebas suficientes para afirmar que todos los usuarios gastarán esa cantidad adicional. La tecnología funciona, sobre todo, como una combinación de asistente, vendedor, caja y herramienta de recopilación de datos.

Para protegerse, conviene fijar un presupuesto, revisar el total con frecuencia, comparar el precio por unidad y recordar que un cupón solo ahorra dinero si el producto era necesario. La inteligencia artificial puede hacer la compra más cómoda; también puede hacer más eficaces las técnicas destinadas a vendernos algo que no pensábamos comprar.

Fuentes consultadas

  • Instacart, anuncio de la adquisición de Caper AI: Instacart acquires Caper AI.
  • Caper AI, información sobre sus carritos inteligentes: Caper Cart.
  • Amazon, documentación sobre la tecnología Dash Cart.
  • Bell, D. R.; Corsten, D.; Knox, G. (2011), “From Point of Purchase to Path to Purchase”, Journal of Marketing, DOI.
  • Comisión Europea, información sobre protección de datos y RGPD: Data protection.

Generado por GPT 5.6 luna xhigh

La revolución culinaria: cuando la impresión 3D y la inteligencia artificial se encuentran en la cocina

La intersección entre la tecnología alimentaria y la inteligencia artificial está transformando radicalmente nuestra forma de producir, diseñar y consumir alimentos. La impresión 3D de alimentos, potenciada por sistemas de IA, representa una de las innovaciones más fascinantes de la gastronomía contemporánea, prometiendo solucionar desafíos que van desde la sostenibilidad hasta la personalización nutricional extrema.

¿Qué es la impresión 3D de alimentos?

La impresión 3D de alimentos utiliza tecnología de fabricación aditiva para construir productos comestibles capa por capa. A diferencia de la impresión 3D tradicional que emplea plásticos o metales, estas impresoras trabajan con ingredientes como purés, pastas, chocolate, proteínas o incluso carne cultivada. El proceso comienza con un diseño digital que se traduce en instrucciones precisas para que la impresora deposite el material alimenticio siguiendo patrones específicos.

Las impresoras actuales pueden trabajar con múltiples cartuchos simultáneamente, permitiendo crear estructuras complejas con diferentes texturas, sabores y valores nutricionales en un solo producto. Esta capacidad abre posibilidades creativas que serían imposibles o extremadamente laboriosas mediante técnicas culinarias tradicionales.

El papel de la inteligencia artificial

La verdadera revolución ocurre cuando la IA se integra en este proceso. Los algoritmos de aprendizaje automático están transformando la impresión 3D de alimentos de múltiples maneras:

Personalización nutricional: La IA puede analizar datos biométricos, historiales médicos y necesidades dietéticas individuales para diseñar alimentos con composiciones nutricionales exactas. Para personas con diabetes, alergias o deficiencias específicas, esto significa comidas perfectamente adaptadas a sus requerimientos.

Optimización de texturas y sabores: Los sistemas de IA aprenden de millones de combinaciones para predecir qué mezclas de ingredientes producirán las texturas y sabores más agradables. Pueden simular virtualmente el resultado antes de la impresión, ahorrando tiempo y recursos.

Eficiencia en el proceso: Los algoritmos optimizan parámetros como temperatura, velocidad de extrusión y tiempo de impresión, garantizando resultados consistentes y reduciendo desperdicios.

Diseño generativo: La IA puede crear diseños culinarios innovadores que un chef humano nunca habría imaginado, explorando formas geométricas imposibles que además cumplen objetivos funcionales, como mejorar la digestibilidad o la absorción de nutrientes.

Aplicaciones actuales y futuras

En hospitales, esta tecnología permite crear alimentos con texturas modificadas para pacientes con disfagia, manteniendo un aspecto visual apetitoso. Los astronautas podrían beneficiarse de sistemas que impriman comidas frescas y nutritivas durante misiones espaciales de larga duración, utilizando ingredientes básicos almacenables.

La industria de la restauración de alta gama ya experimenta con esta tecnología para crear presentaciones artísticas únicas. Chefs de vanguardia colaboran con ingenieros para diseñar platos que desafían las expectativas, desde estructuras imposibles de chocolate hasta proteínas vegetales que imitan perfectamente la textura de la carne.

En el ámbito de la sostenibilidad, la impresión 3D promete revolucionar la producción alimentaria. Las impresoras pueden utilizar ingredientes alternativos como proteínas de insectos, algas o subproductos de la agricultura que normalmente se descartarían, transformándolos en productos atractivos y nutritivos. La IA optimiza estas formulaciones para maximizar el aprovechamiento de recursos y minimizar el impacto ambiental.

Desafíos y consideraciones

A pesar del potencial, existen obstáculos significativos. El costo de las impresoras 3D de alimentos sigue siendo elevado, limitando su acceso al ámbito comercial e institucional. La velocidad de impresión necesita mejorar para resultar práctica en contextos domésticos o de alta demanda.

Además, la regulación alimentaria debe adaptarse a esta nueva realidad. Las autoridades sanitarias trabajan para establecer estándares de seguridad específicos para alimentos impresos en 3D, garantizando que cumplan con todos los requisitos de higiene y trazabilidad.

Desde una perspectiva cultural, existe también el desafío de la aceptación. Muchas personas sienten apego a los métodos tradicionales de preparación de alimentos, asociados con la memoria, la cultura y la identidad. La tecnología debe complementar, no sustituir, estas tradiciones culinarias.

Mirando hacia el futuro

La convergencia entre impresión 3D, inteligencia artificial y ciencia alimentaria apenas comienza. Los próximos años podrían traer impresoras domésticas asequibles capaces de preparar comidas completas en minutos, sistemas que detecten deficiencias nutricionales en tiempo real y ajusten las recetas automáticamente, o incluso restaurantes completamente automatizados donde la creatividad humana se enfoca en el diseño mientras las máquinas ejecutan la producción.

Esta revolución tecnológica no busca eliminar la cocina tradicional, sino ampliar las posibilidades de qué, cómo y dónde comemos. La combinación de creatividad humana con precisión tecnológica promete un futuro donde la alimentación sea más personalizada, sostenible y accesible para todos, sin sacrificar el placer y la experiencia cultural que los alimentos representan en nuestras vidas.

Generado por Claude

El inventor del carrito de supermecado

Carrito de compras original FUENTE

En la década de los 30 del siglo XX, Sylvan Goldman el dueño de la cadena de supermercados «Humpty Dumpty» de Oklahoma, se dió cuenta que sus clientes dejaban de comprar cuando las bolsas que llevaban pesaban demasiado.

Con un mecánico llamado Fred Young, Goldman diseñó el primer carrito de la compra basándose en una silla plegable. El carrito tenía una estructura de metal a la que añadieron ruedas y una cesta de alambre.El nuevo invento se introdujo el 4 de junio de 1937, pero no tuvo un éxito inmediato. Los hombres se sentían afeminados y las mujeres lo veían como un armatoste. Goldman contrató a varios modelos femeninos y masculinos para que empujasen el carrito por sus supermercados y demostrar su utilidad.

Goldman creó la Basket Carrier Company para fabricar industrialmente su invento. Era sólo el comienzo de una lista de creaciones que revolucionaron la industria de la alimentación. El bag boy (chico de las bolsas). Llena las bolsas de los clientes a cambio de propinas, típico en los supers norteamericanos. La cesta de los repartidores de leche…

Goldman ganó 400 millones de dólares con la patente. Años después inventó el carrito de equipaje o trolley con el que ganó otra fortuna. Fue un mecenas de las artes y contribuyó con muchas obras de arte a instituciones de Oklahoma. Recibió el Premio Eleanor Roosevelt de Humanidades en 1965. Murió en su casa de Oklahoma City el 26 de noviembre de 1984.

Fuente: Intrinseco y expectorante

Identificación de colorantes alimenticios con espectrofotómetros

Toca Comer. Identificación de colorantes alimenticios con espectrofotómetros. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un espectrofotómetro es un instrumento especializado que puede ser utilizado para medir y cuantificar las propiedades de reflectancia y transmitancia de una muestra. Muchos de los usos de los espectrofotómetros están en la industria alimentaria, donde los alimentos son pigmentados con colorantes alimenticios especificados y aprobados.

Los espectrofotómetros funcionan mediante la exposición de una muestra a una fuente de luz monocromática. La luz reflejada de la muestra se divide en sus diversos componentes dentro del espectro visible. El resultado será lo que se conoce como una curva de reflectancia o espectral. Los datos ahora pueden ser fácilmente analizados para dar una medida cuantificable de color de la muestra. Esto puede ser especialmente importante en la industria alimenticia ya que los alimentos tienen colorantes específicos permitidos, y cualquier desviación puede ser la causa que se deseche un lote de productos, crear un efecto negativo en los consumidores, o generar sanciones de agencias gubernamentales bajo ciertas circunstancias.

La industria alimentaria es un negocio altamente competitivo donde la producción se está transformando cada vez más en una ciencia. Con estos aparatos se monitorea y controla el color de alimentos horneados, fritos, ahumados y procesados, incluyendo sus ingredientes. También las ecificaciones para cortezas, migas e ingredientes.

Dispositivo de GE que medirá las calorías en comidas

Toca Comer. Dispositivo de GE que medirá las calorías en comidas. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaEl dispositivo funcionará de una forma muy sencilla según indican los investigadores de General Electric. En el prototipo se puede  ver cómo se cubre el plato con una especie de tapa en la cual podremos ver el total de calorías que contiene dicho plato.

Según los investigadores, el sistema es capaz de hacer la medición de mezclas homogéneas de alimentos, para lograrlo utilizan una ecuación que tiene en cuenta el peso, la cantidad de agua y grasas contenidas en la mezcla, mientras que el resto de componentes, carbohidratos y proteínas se calculan por aproximación.

Para poder calcular esto, el aparato en sí hace que una serie de microondas de baja energía atraviesen los alimentos. La grasa y el agua interactúan de forma diferente con las microondas, así los sensores del dispositivo son capaces de identificar el porcentaje en el que se encuentran estos dos elementos en dicha mezcla, de forma que la medición será bastante acertada.

La idea que tienen los investigadores de este proyecto es la de incorporar este contador de calorías a los nuevos hornos microondas y otros electrodomésticos que tengamos en nuestra cocina.

Fuente: Vitónica

Licencia CC

Cápsulas de Coca Cola para que el consumidor produzca la bebida

Toca Comer. Capsulas Coca Cola. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Coca-Cola ha comprado el 10 por ciento de la compañía Green Mountain Coffe Roasters, uno de los mayores productores de cápsulas de café, por 1,25 millones de dólares.

Paralelamente, Coca-Cola ha cerrado un contrato durante 10 años con esta compañía por la cual desarrollará un sistema de cápsulas para reproducir esta bebida en los hogares, similar a las cápsulas del café.

Coca-Cola, Coca-Cola Light , Sprite y Fanta podrán servirse a modo de cápsulas de café a partir de 2015, a través de unas cápsulas que se introducirán en un aparato que los consumidores podrán comprar, según ha publicado Financial Times.

«Podemos hacer con las bebidas frías lo que hemos hecho con el café o el té en casa. Creemos que es una oportunidad importante para acelerar el crecimiento del sector de los refrescos», ha afirmado el administrador delegado de Green Mountain, Brian Kelly.

La compañía de Coca-Cola no es la primera en pensar utilizar este método para el consumo de su bebida, pues por ejemplo, la empresa israleí SodaStream, que utilizó a Scarlett Johansson como imagen de su anuncio y que fue prohibido en la Super Bowl, vende un dispositivo que convierte el agua en agua con gas o le da sabor a la soda.

Se cree que el anuncio fue censurado por miedo a gigantes del sector como Coca-Cola o Pepsi. Tras los planes anunciados por Coca-Cola, cabe pensar aún más que la empresa americana ha querido adelantarse a sus competidores en el mundo de las cápsulas de refrescos.

Fuente:  GADGETMANIA

Foodini impresora 3D para alimentos, creada en España

 

Natural Machines es una startup española con sede en Barcelona, quienes son responsables de Foodini. Tras este ingenioso nombre, que mezcla magia y cocina, se esconde un dispositivo que es capaz de imprimir recetas por capas. Se puede programar la hora en la que debe empezar, algo que agradecerían aquellos que quieran regresar a casa y encontrarse la cena «recién impresa».

La idea inicial era llevarla al terreno de los dulces (chocolates, mayormente), pero finalmente optaron por abrir más el abanico de posibilidades y optar por una cocina «más saludable». Foodini tiene una serie de cápsulas en las que se pueden cargar los alimentos, donde Natural Machines crearían recetas para facilitar a los clientes su uso, aunque se potenciará una comunidad de usuarios que puedan compartir sus «recetas 3D».

Esta impresora no verá la luz hasta bien entrado el 2014 y se espera que tenga un precio alrededor de los 1300 dólares (unos 1000 euros), cifra que se acerca a algunos «robots de cocina» avanzados pero que en el mundo de la impresión 3D no sería desorbitado.

Fuente: ALT1040

Licencia CC

Detector de contaminantes para envasado vertical

Toca Comer. Detector de contaminantes para envasado vertical. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana
Thermo Scientific ha lanzado una máquina de inspección de rayos X capaz de escanear los envases de alimentos y bebidas.

El Xpert S400 detecta objetos extraños (metal, vidrio, plásticos densos y otros materiales no deseados) en contendedores orientados verticalmente.

Flexibilidad de detección

Ries (director de producto para Thermo Scientific), dijo que el FPD Xpert S400 ofrece capacidades más allá de la búsqueda de los contaminantes presentes en los productos envasados.

«Por lo general, es posible hacer inspecciones de control adicionales en la parte superior o en la zona de la tapa del recipiente«, dijo. «Lo primero es comprobar el nivel de llenado general y rechazar contenedores demasiado llenos o los que no han sido rellenados hasta la medida estándar, la segunda inspección se realiza para asegurar que la parte superior o la tapa esté en su sitio.»

Ries añadió que la Xpert S400 puede detectar abolladuras en contenedores y rechazar artículos dañados. La flexibilidad de la máquina ayuda a que los consumidores de alimentos, bebidas y productos lácteos aprovechen al máximo su inversión.

«Los clientes que compran un sistema de rayos x como este esperan que dure 7-10 años«, dijo. «Durante ese periodo de tiempo se pueden revisar muchos tipos de productos y su versatilidad permite su transporte de una línea a otra o de una planta a otra.«

La Xpert S400 está configurada para escanear packaging en una gama de alturas, y el software se puede configurar para diversos artículos ajustando la potencia de rayos X y los umbrales de inspección.

 Thermo Fisher

En China copian máquina de «vending» de patatas y la hacen pasar por invento

Varias de las publicaciones más prestigiosas del mundo alimentario en inglés han publicado una nota de prensa de la compañia china Beyondte Technology, en la que se asegura que su máquina de vending es la primera del mundo que dispensa patatas a la francesa. Sin embargo no es así. En el año 2001 McCain lanzó al mercado una máquina de este tipo. No dudamos del ingenio de los chinos, mas bien creemos en la ingeniuidad de los occidentales.

En agosto de 2001 The Grocer publicaba una nota de prensa en la que anunciaba que McCain entraba en el negocio del vending con una máquina dispensadora de patatas fritas (french fries) que basada en tecnología de la empresa Mono Equipment dispensaba el producto en 45 segundos.

Una norteamericana, Fresh Chips, que al parecer cuenta con tecnología para freir en 45 segundos diferentes tipos de masas en aceite de cánola. Sus maquinas rondan los US$ 13000, casi el 50% más económicas que su competencia.

Una australiana, Hot Fresh Fries, de la que no hay mayor información en internet  y la española Smart Shef Solutions, de la que solo quedan dos vídeos que en su día subió a youtube.

Fuente: ClubDarwin.NET

 

Etiquetas pseudocientíficas en productos de consumo habitual

Toca Comer. Bosque Verde. Etiquetas pseudocientíficas en productos de consumo habitual. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Cada vez son más las etiquetas usadas en numerosos productos cuyo grado de absurdez raya lo ridículo, y visto que este tipo de publicidad es cada vez más frecuente, hoy he decidido que quiero colaborar con las empresas en su empeño en confundir al consumidor. Para ello en este post (Fuente: SCIENTIA) les presento las cinco etiquetas que, a mi parecer, son más surrealistas.

1. “Sal sin productos químicos”.

2. “Desodorante con 0% de aluminio clorohidrato pero con mineral de alumbre” (que es equivalente).

3. “Detergentes sin enzimas para pieles sensibles” (Bosque Verde de Mercadona).

4. “Sin Porquerías” (Hero).

5. “Sal libre de organismos modificados genéticamente”.

Ampliar en: SCIENTIA



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