Conduciendo no se deben beber refrescos

Hot Rod Coca-Cola. Toca Comer. Conduciendo no se deben beber refescos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Al volante en verano, calor y sed. Camino de la playa, de vuelta a casa, kilómetros y sed. No resulta raro. Y, sin embargo, hay más riesgo del que parece. Un vaso de agua de menos es como una copa de más. El coche y la deshidratación (juntos) son tan peligrosos que, eso sí, el remedio es facilísimo: cuando conduzcas, bebe. Agua, por descontado. Pero ¿se puede beber algo más?

PREÁMBULO

  1. Conducir con altas temperaturas estimula la sudoración excesiva y, en consecuencia, la pérdida de agua en el cuerpo. También se pierden sales minerales por no beber a tiempo.
  2. El estudio Deshidratación y conducción, elaborado por la Universidad de Loughborough y el European Hydration Institute concluye que los conductores con deshidratación cometen tantos errores como los que conducen tras haber ingerido alcohol.
  3. ¿Cuáles son esos errores? Entre otros, y según esa investigación, salirse involuntariamente del carril, frenar a destiempo y rebasar la línea del arcén. Una persona con deshidratación, dice el estudio, actúa como un conductor con un nivel de alcohol en sangre de 0,8 g/l.
  4. Un descenso del 2% de agua en el cuerpo puede causar una disminución momentánea de memoria y un descenso significativo de la atención, segúneste informe del Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS). Este texto recoge también evidencias científicas de que el desequilibrio hídrico aumenta significativamente el tiempo de reacción.
  5. Otros síntomas comunes de deshidratación son el dolor de cabeza, el cansancio y la pérdida de concentración. ¿A alguien se le ocurre algo más peligroso al volante?

ALGUNAS CONCLUSIONES

Conocido lo anterior, el Real Automóvil Club de España (RACE) y laAsociación de Bebidas Refrescantes colaboran desde hace años en la campaña Un refresco, tu mejor combustible.

En ella hacen hincapié en el descanso porque, a partir de dos horas al volante, el riesgo de accidente aumenta un 12%. Desde ese momento, dejan de percibirse el 30% de las señales y crece el tiempo de reacción en un 86%. Y este es su consejo principal: en las paradas “hay que realizar estiramientos, dar un paseo y beber un refresco”.

Un refresco, dicen, “hidrata y aporta glucosa, mejorando elrendimiento cerebral”. Pero hay expertos que niegan la mayor. “La glucosa mejora el rendimiento cerebral… si te hace falta. Si estás seis días sin comer y bebiendo muy poquito y te ponen un crucigrama delante, lo vas a hacer peor que si estás bien alimentado. Y si a continuación te dan un chute de glucosa, lo vas a resolver mucho mejor. Pero eso no es válido en unas circunstancias normales”, asegura el dietista-nutricionista y biólogo Juan Revenga.

“No necesitamos glucosa para conducir porque, por los habitos alimentarios de nuestra sociedad, ya tenemos glucosa a espuertas. No necesitamos fomentarla”, añade. “De hecho, me parece vergonzosa la relación entre la industria alimentaria y ciertas esferas de la vida para promocionar unos productos que, en nuestras circunstancias, soninsanos”.

En definitiva, no hay razón ninguna para recurrir a las bebidas azucaradas al volante.

… …

Artículo completo en: No consumir refrescos al conducir

¿Es tan malo el azúcar?

Una pista de la que podemos fiarnos es que recientemente la OMS ha recomendado que la ingesta diaria de azúcar común se rebaje por lo menos hasta el 5% de las calorías que ingerimos a lo largo del día. Esta recomendación se fundamenta en la relación probada entre el exceso de consumo de azúcar con la proliferación de casos de diabetes de tipo II, obesidad y caries. Para entender la relación causa-efecto es preciso saber qué es el azúcar y cómo lo metabolizamos.

El azúcar común pertenece al grupo de los carbohidratos. Los carbohidratos de nuestra dieta se presentan en tres formas distintas: polisacáridos, disacáridos y monosacáridos.

cuadro hidratos

Los polisacáridos que ingerimos son de tres tipos principales: almidón de vegetales y granos de cereales, glucógeno del tejido animal y celulosa, que sólo sirve como fibra para aumentar volumen, pero no se metaboliza. Estos polisacáridos (excepto la celulosa) se hidrolizan (se rompen) en la boca por medio de una reacción química realizada por una enzima presente en nuestra saliva. En el estómago, donde el medio es ácido, esta enzima se vuelve más lenta y la reacción la llevan a cabo los ácidos del estómago.

La glucosa es el principal producto de la hidrólisis del almidón y del glucógeno, y se absorbe a través de las paredes intestinales hacia la sangre, que la transporta hacia los tejidos, incluidos músculo esquelético, cerebro, corazón e hígado. Un tercio de esta glucosa se va a los músculos esquelético y cardíaco para la producción y almacenamiento de energía; cerca de otro tercio va al cerebro, cuya única fuente de energía proviene de la degradación de esta glucosa (glucólisis); y el tercio restante se va al hígado, donde se almacena como glucógeno.

Los disacáridos de la dieta incluyen la maltosa, la sacarosa (azúcar común o de mesa) y la lactosa (azúcar de la leche). La sacarosa es lo que comúnmente denominamos azúcar, y es lo que suele ser excesivamente abundante en nuestra dieta. En el sistema digestivo, por acción enzimática, la sacarosa se rompe en sus monosacáridos glucosa y fructosa que pasan al torrente sanguíneo.

Artículo completo en: DIMTEILSULFURO

Fructosa frente glucosa

Toca Comer. Fructosa frente glucosa. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana
Los individuos preocupados por su salud se han informado de manera sistemática sobre lo importante que es la nutrición para la salud. Esto es sin duda cierto, la nutrición es muy importante. Pero la industria de la nutrición y a los gurús de la salud «natural» que venden vitaminas les gustaría que pienses que «la nutrición lo es todo» (entre comillas, porque me han dicho esa frase más de una vez).

La nutrición es importante, pero es sólo un factor entre muchos que afectan la salud. No es la causa de todos los problemas, y por lo tanto no es la solución a todos los problemas de salud.

La exgaración de la nutrición, sin embargo, crea una obsesión por ajustar infinitamente la dieta personal con la esperanza de que la combinación perfecta de «súperalimentos» curará todos los males y optimizará la salud. La mayor premisa implícita de tales afirmaciones es que nuestros cuerpos funcionan mejor dentro de parámetros nutricionales muy estrechos. Más cerca de la realidad, más bien, nuestros cuerpos son resilientes a una gama bastante amplia de parámetros nutricionales. Es provechoso tener claros los grandes rasgos (no consumir calorías en exceso, tener una dieta variada, etc), pero es probable que obsesionarse con pequeños detalles sea una pérdida de tiempo.

En medio de todo esto también está la siempre presente falacia naturalista.

Uno de esos detalles es la distinción entre fructosa y glucosa – dos formas comunes de azúcar. La fructosa es el tipo de azúcar más comúnmente encontrado (como su nombre indica) en las frutas. El azúcar de mesa, la sacarosa, es un disacárido – una combinación de una molécula de fructosa y una molécula de glucosa.

Durante años ha habido afirmaciones de que la fructosa es peor para el cuerpo que la glucosa, y que los jarabes de maíz de alto contenido de fructosa (comúnmente utilizados en los alimentos procesados) son en parte culpables de la epidemia de obesidad y otros males de la salud. Esto, por supuesto, llevó a la comercialización de productos con «azúcar de caña totalmente natural» que contiene 100% sacarosa (que por supuesto es 50% fructosa). El jarabe de maíz con alto contenido en fructosa (HFCS) que se utiliza típicamente en los alimentos es HFCS55, que tiene 55% fructosa y 45% glucosa.

Sí, así es. Esa es la gran diferencia. Las razones para utilizar HFCS55 en lugar de azúcar de caña son económicas y prácticas – la fructosa en realidad es más dulce que la glucosa así que puedes usar un poco menos de la misma, es un líquido por lo que se almacena y transporta bien, y generalmente es más barata.

Los críticos de este producto «antinatural» citan estudios que muestran que la fructosa tiene un efecto adverso sobre el metabolismo. Lo tiene –el aumento de triglicéridos, por ejemplo– pero no más que otros azúcares. Los críticos suelen recomendar alternativas «naturales», sin basarse en ninguna evidencia, sólo el hecho de que son naturales.

Parcialmente también se basan en estudios de ciencia básica en lugar de estudios clínicos que se centran en los efectos netos sobre la salud. Esto es una falacia común – extrapolar los datos básicos de la ciencia, mientras se ignoran o minimizan los datos clínicos.

Una revisión sistemática reciente de esos datos clínicos encontró:

Los análisis combinados muestran que la fructosa en intercambio isocalórico para otros carbohidratos no aumenta los triglicéridos postprandiales, aunque un efecto no puede ser excluido bajo todas las condiciones. Lafructosa que proporciona exceso de energía no aumenta los triglicéridos postprandiales. Se necesitan ensayos más grandes, más largos y de mayor calidad.

El consumo excesivo de cualquier azúcar es malo para uno, pero la fructosa no es más mala que cualquier otra. Algunos de los mismos autores también acaban de publicar su propio ensayo clínico, mirando a una variedad de resultados de salud. Ellos encontraron:

Dependiendo del punto final cardiometabólico en cuestión, la fructosa tiene efectos variables al reemplazar la glucosa. En ausencia de evidencia clara de daño neto, no hay ninguna justificación para sustituir la fructosa con glucosa en la dieta.

En otras palabras, algunos de los parámetros seguidos fueron un poco mejor para la fructosa, algunos fueron un poco peor, y al final todo fue un balanceo estadístico.

La mejor interpretación de toda la evidencia clínica disponible es que no tienes que preocuparte por la cantidad de fructosa frente glucosa que hay en los alimentos que consumes, y no importa en absoluto qué tan «natural» es la fuente del azúcar. Necesitas prestar atención a la cantidad total de azúcar en tu dieta. Los azúcares simples son densos en calorías y una ingesta elevada tiene un efecto adverso sobre numerosos parámetros metabólicos, incluyendo el colesterol y la insulina.

Al final, cuando se trata de nutrición, los consejos sencillos a menudo son mejores. Simplemente no te excedas con el dulce.

Por Steven Novella

Fuente: DE AVANZADA

Miel y azúcar, mito sobre diferencias

Toca Comer. Miel y azúcar, mito sobre diferencias. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Por mucho que se disfrace en la publicidad la miel como alimento natural, tradicional, o antibacteriano, lo cierto (dando por ciertos los datos reales y no argumentos subjetivos y emocionales) es que azúcar de consumo habitual y miel son casi idénticos.

Si has pulsado en el enlace anterior habrás visto la base de datos sobre alimentos más completa que existe, bien:

 ¿Has comprobado la cantidad de vitaminas y minerales que contienen 100 g de miel? 

¿Esos datos, o mejor dicho, esas mínimas cantidades, son suficiente excusa para justificar la cantidad de glucosa y fructosa que vas a tomar?

¿Merece la pena tomar miel con la excusa de su “naturalidad” aunque sea un alimento que promueve la inflamación, te engorda y eleva el colesterol y triglicéridos?

 

¿Crees que un alimento por ser menos malo que algo peor (azúcar refinado), es bueno?

Cualquier problema relacionado con el azúcar refinado que tengas lo vas a tener con la miel debido a que a pesar de que tiene menor IG sabemos que es debido a la alta cantidad de fructosa que contiene que, simplemente, es más lenta de digerir. Solo hay que ver lo que les sucede a las personas diabéticas con la miel (exactamente lo mismo que con el azúcar).

Y ahí viene el problema, que cuando dices que estás haciendo una receta sin azúcar y usas miel, simple y llanamente: estás mintiendo. Si dices que el azúcar es malo y usas miel, o eres tonto o ……

Fuente: megustaestarbien.com

Efecto de la fructosa en el cerebro podría explicar vínculo con la obesidad

Toca Comer. Efecto de la fructosa en el cerebro podría explicar vínculo con la obesidad. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un nuevo estudio, de imagen,  que compara los efectos de la fructosa y la glucosa en el cerebro ha encontrado diferencias que pueden explicar por qué las dietas con alto contenido de fructosa pueden estar detrás de la epidemia de obesidad.

Al examinar las imágenes cerebrales por resonancia magnética  nuclear (MRI) de voluntarios adultos, el primer autor del estudio Kathleen A. Page, de Yale University School of Medicine de los EE.UU., y sus colegas, encontraron que la ingestión de glucosa, pero no de fructosa, produce reducción del flujo sanguíneo y la actividad cerebral en las regiones del cerebro que regulan el apetito y la ingestión de glucosa da lugar  a mayores niveles de hormonas que producen sensación de saciedad y la saciedad.

Los autores escriben acerca de sus hallazgos en un artículo publicado en línea en la revista JAMA, el dos de enero.

Fructosa en la dieta

En la dieta occidental promedio, la fructosa proviene de dos fuentes: como un compuesto natural en las frutas, y como un ingrediente añadido de los alimentos procesados.

Las compañías de alimentos usan fructosa, ya que es más dulce que la glucosa y ayuda a estabilizar los alimentos procesados.

La principal fuente de fructosa en los alimentos procesados ​​en los EE.UU. es el jarabe de maíz alto en fructosa, que también se utiliza para mejorar la apariencia de los productos horneados, ya que produce un  pardeamiento más consistente.

En la actualidad existe un debate sobre si el jarabe de maíz alto en fructosa está impulsando la epidemia de obesidad, que es probable que sean mayor  desde la publicación en 2012 de una extensa revisión en la Revista Internacional de Obesidad que no encontró evidencia de que el consumo de jarabe de maíz alto en fructosa tenga la culpa de la crisis de obesidad en EE.UU..

También existe la preocupación acerca de los vínculos con  diabetes tipo 2. Un estudio más reciente realizado por la Universidad de Oxford y la Universidad del Sur de California sugiere que los países que utilizan grandes cantidades de jarabe de maíz alto en fructosa en los alimentos pueden ayudar a alimentar la epidemia global de diabetes tipo 2. Un nuevo estudio de imagen que compara los efectos de la fructosa y la glucosa en el cerebro ha encontrado diferencias que pueden explicar por qué las dietas con alto contenido de fructosa puede estar detrás de la epidemia de obesidad.

Resultados

Los resultados mostraron una reducción significativamente mayor de CBF hipotálamico después de la ingestión de glucosa en comparación con la ingestión de fructosa.

«La ingestión de glucosa (pero no de fructosa), redujo la activación del hipotálamo, la ínsula y el cuerpo estriado – regiones del cerebro que regulan el apetito, la motivación y procesamiento de la recompensa, la ingestión de glucosa también  incrementó conexiones funcionales entre la red hipotálamo-estriatal y el aumento de la saciedad», escriben los investigadores .

El autor principal, Robert Sherwin, profesor de medicina en la Universidad de Yale, dijo en una entrevista telefónica con Bloomberg  que los resultados sugieren que el cerebro parece responder de manera diferente a la glucosa que a la fructosa.

La glucosa es un combustible que el cuerpo necesita. Cuando no hay suficiente, activa las células para conseguir  que el cuerpo coma más glucosa. Cuando los niveles corporales de glucosa sube, de nuevo, el cerebro desactiva las células.

Lo que este estudio parece mostrar es que la fructosa no tiene este efecto: desactivar las células. «Si no se apagan las áreas del cerebro que están impulsando a comer, usted tiene una tendencia a comer más de lo que lo haría», dijo Sherwin.

«Las respuestas dispares a la fructosa se ​​asociaron con una reducción de los niveles sistémicos de la insulina, hormona de señalización de la saciedad y no eran probablemente atribuible a la incapacidad de la fructosa para cruzar la barrera sangre-cerebro en el hipotálamo o a la falta de expresión hipotalámica de genes necesarios para el metabolismo de la fructosa».

Llegan a la conclusión:

«En una serie de análisis exploratorios, el consumo de fructosa en comparación con la glucosa resultó en un patrón distinto de CBF regional y un menor aumento niveles de la glucosa sistémica, insulina y   polipeptídos-1 tipo glucagón».

Fuente: NMT

Máquina para crear fondant artístico

Toca Comer.   Máquina para crear fondant artístico. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El fondant es una preparación en base a agua, azúcar y glucosa. La glucosa se compra en las farmacias o establecimientos de productos químicos. El proceso de elaboración es complicado, por lo que se comercializan algunas máquinas para su elaboración.

Hay una máquina que causa furor ya que se pueden crear verdaderas obras de arte con esta técnica y con Cricut Cake parece ser que va a resultar más sencillo. Con sus más de 600 diseños y diferentes cartuchos temáticos, para bodas o fiestas por ejemplo, la maquinita promete, como se puede ver en el vídeo demostración, realizar casi sin esfuerzo decoraciones que dejarán con la boca abierta a tus invitados. Parece que la troqueladora para fondant Cricut Cake ya se puede encontrar en algunas tiendas online en España, aunque a un precio más elevado que si la compramos directamente en Estados Unidos por el cambio de moneda.

Alimentos para desayuno con exceso de azúcares

Toca Comer.   Alimentos para desayuno con exceso de azúcares. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Uno de los problemas habituales en la dieta es la cantidad de azúcares añadidos que tomamos, por eso debemos ser cuidados al elegir varios de los alimentos del desayuno.

  • Cereales para el desayuno: después de leer detalladamente la información nutricional de los cereales de desayuno pocos podemos decir que se salvan. La mayor parte son cereales ricos en azúcares, sobre todo aquellos que tienen colores y mucho sabor.
  • Mermeladas: si la fruta ya tiene azúcares, cuando se hace mermelada se le añade mucho más (la mitad de la mermelada es fruta y la otra mitad azúcar), lo que hace que sea un alimento con exceso de azúcar. Hoy día hay alternativas light con menos cantidad, pero es un alimento que debemos vigilar sobre todo en la cantidad que comemos.
  • Cacao soluble: añadir cacao soluble o similar a la leche es como volver a echar azúcar, ya que más del 90% del producto son azúcares. En muchos de ellos la ficha nutricional informa de que una ración se considera el 25% de la cantidad diaria recomendada de azúcar, algo que para el desayuno ya es más que suficiente.
  • Zumos comerciales: los de naranaja también llevan azúcares añadidos y menos cantidad de fibra que un zumo natural. Desde luego es lo más cómodo para beber por la mañana, pero también lo más azucarado.
  • Bollería y dulces: yo este tipo de alimento lo pondría en la lista de “esporádicos para desayunar”, ya que además de un exceso de azúcar suelen tener un exceso de grasa, lo que supone un balance nutricional muy pobre para un alimento de desayuno.

Fuente: Vitónica

Con un poco de azúcar esa píldora…

Toca Comer. Glucosa. Marisol Collazos SotoLa glucosa es la «gasolina» de nuestro cuerpo, de todo nuestro cuerpo. Y, curiosamente, el órgano que más consume es el cerebro: a mayor inteligencia, mayor gasto energético. Los humanos destinamos el 20% de la energía que necesitamos a esta parte de nuestra anatomía.

Cuando descienden los niveles necesarios para un correcto funcionamiento, el organismo comienza a sufrir transtornos que van desde sentir debilidad o temblores hasta razonar más lentamente o padecer desmayos (hipoglucemia).

Estamos ante el hidrato de carbono más simple y uno de los objetivos de la supervivencia (o lo que es lo mismo de la existencia de vida) es garantizar su abastecimiento. Los humanos obtenemos glucosa básicamente de los cereales, las legumbres, algún producto hortícola y la fruta.

Erróneamente, asociamos la palabra glucosa a algo dulce. Quizás porque en nuestro subconsciente la unimos a uno de los alimentos más ricos en ella… No, no es el azúcar sino la miel. O tal vez porque el dulce produce un efecto en nuestro organismo, la palatibilidad (produce placer al ingerirla). Esta circunstancia convierte a los dulces en un ingrediente esencial, ya que nos apetece comerlos.

El azúcar es un producto relativamente nuevo en nuestra dieta. Las referencias históricas de su incorporación a la pirámide nutricional humana apenas datan de hace 5.000 años y se localiza en India.

De Oriente a Occidente. Este es el origen de la ruta del azúcar, aunque los mapas económicos del momento señalen la dirección contraria. Habrá que esperar primero a que llegue a Persia y luego a que Alejandro Magno la conquiste para que los europeos —aunque sean mediterráneos— conozcamos “esa caña que da miel sin necesidad de abejas”.

No obstante, la universalización de su consumo se debe a los árabes, los descubridores de la potencialidad del azúcar en la cocina —de sobra es conocida su afición por el dulce—. La conocieron en su expansión por el Eúfrates y el Tigris y tras sus conquistas del Mediterráneo —Siria, Egipto, Chipre y todo el norte de África— los nuevos colonos introdujeron el cultivo de la caña.

Los egipcios aprendieron a refinarla y los astutos comerciantes venecianos encontraron un importante nicho de mercado en su importación. Las Cruzadas también pusieron en contacto a los europeos con este alimento, que acabó por incorporarse a su dieta.

Hasta bien entrada la Edad Media, en la vieja Europa se endulzaba con miel y, de hecho, los tratados al uso sobre las explotaciones agrícolas dedicaban mayor espacio e importancia a la apicultura, en detrimento de los ingenios dedicados al cultivo de la caña (la normalización de la plantación y desarrollo de la remolacha azucarera no ocurre hasta pasado el siglo XVIII, cuando en 1705 Olivier Serrés descubre las propiedades de la remolacha y, sobre todo, cuando el alemán Margraf logra extraer y solidificar el azúcar de esta planta).

En un primer momento, el azúcar formaba parte del vademécum de médicos y boticarios para preparar recetas, así como de los secretos de los grandes cocineros, que la utilizaban para perfumar sus viandas (lo mismo que la sal o la pimienta).

Pero la plantación de la caña se abrió rapidamente paso y a finales del siglo XVII su producción estaba extendida por todo el mundo (en el primer viaje de Colón, las semillas de la caña formaban parte del equipaje).

Fuente: Más que Ciencia

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