El consumo habitual de edulcorantes artificiales produce obesidad

Toca Comer.   El consumo habitual de edulcorantes artificiales produce obesidad. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Los edulcorantes artificiales como la sacarina confunden al encéfalo y pueden provocar que se coma en exceso. Es la conclusión a la que se llega después de una serie de estudios realizados en los últimos años. Ahora un trabajo realizado [1] por Erin Green (Universidad de California en San Diego) y Claire Murphy (Universidad del Estado en San Diego) pone de manifiesto el mecanismo subyacente. Los resultados se publican en Physiology & Behavior.

La clave del hallazgo de Green y Murphy está en el hecho de que el encéfalo procesa los sabores dulces de forma diferente dependiendo de si una persona consume regularmente bebidas refrescantes en las que se usen edulcorantes artificiales, habitualmente conocidas como “light”, “lite”, “diet” o términos similares. Dicho de otra forma: los encéfalos de los bebedores de bebidas light no diferencian adecuadamente entre sacarosa (azúcar) y sacarina (edulcorante).
Green y Murphy reclutaron a 24 voluntarios sanos, 12 de ellos consumidores regulares (al menos una vez al día) de bebidas light, los otros 12 no las consumían nunca o muy rara vez, y los sometieron a resonancia magnética funcional (fMRI) tras 12 horas de ayuno. Mientras estaban siendo sometidos a los escáneres los investigadores bombeaban pequeñas cantidades de agua edulcorada, bien con sacarosa (edulcorante vegetal) bien con sacarina (edulcorante artificial), en orden aleatorio, a las bocas de los sujetos, y se les pedía que evaluasen lo agradable de su sabor.
La conclusión a la que llegaron es que, el consumo regular de bebidas light confunde al encéfalo de tal manera que los sensores de dulzor ya no pueden calibrar de forma fiable cuánta energía estamos consumiendo. Esta sería la explicación de la paradoja de por qué el consumo regular de productos light está asociado con la obesidad. La persona que no es obesa se vuelve obesa, y quien lo es empeora (o no mejora) su condición. Y ello se podría deber a que en la dieta se alternan productos light con otros que no lo son (un ejemplo extremo sería trozo de tarta más café siempre con sacarina).
El año pasado Davidson et al. [2] probaron esto mismo en ratas. Los animales que siempre recibían un yogur light (con sacarina) aprendieron a modular su ingesta de comida para tener en cuenta la falta de aporte calórico del yogur. Pero los animales a los que se les daba alternativamente un yogur light y otro normal, ganaron sustancialmente mucha más grasa corporal.
Referencias:

[1] Green E, & Murphy C (2012). Altered processing of sweet taste in the brain of diet soda drinkers.Physiology & behavior PMID: 22583859[2] Davidson TL, Martin AA, Clark K, & Swithers SE (2011). Intake of high-intensity sweeteners alters the ability of sweet taste to signal caloric consequences: implications for the learned control of energy and body weight regulation. Quarterly journal of experimental psychology (2006), 64 (7), 1430-41 PMID: 21424985Ampliar en: EXPERIENTIA DOCET

¿Es cierto que la miel no se estropea?

Toca Comer. Humor, ¿Es cierto que la miel no se estropea? Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Existen muchos mitos acerca de la miel, algunos de los cuales nos pueden llevar a pensar que estamos ante un alimento milagroso. Uno de esos mitos dice que la miel es el único alimento que no se estropea, o que no se pudre, a medida que pasa el tiempo. ¿Quieres saber si esto es cierto? La miel está compuesta mayoritariamente por una mezcla de azúcares y agua.

Los alimentos se deterioran a medida que pasa el tiempo por dos razones fundamentales: la acción de ciertos microorganismos y el transcurso de ciertas reacciones bioquímicas. Veamos qué es lo que sucede en el caso de la miel.

Microbiología de la miel

A pesar de lo que mucha gente piensa, la miel no es un alimento estéril. Puede contener una gran variedad de microorganismos procedentes de diferentes fuentes, como las abejas, las plantas, las colmenas, los equipos con los que se extrae el producto, etc. Algunos de estos microorganismos son por ejemplo  bacterias de los géneros Bacillus, Clostridium o Micrococcus, levaduras de los géneros Ascosphaera, Hansenula o Pichia y mohos de los géneros Alihia, Coniothecium o Peyronelia.

Lo que sucede es que estos microorganismos no son capaces de desarrollarse en la miel, debido a las peculiares características de este singular alimento, entre las que se encuentran:

una baja actividad de agua

osmolaridad

acidez

peróxido de hidrógeno

sustancias antimicrobianas

Transformaciones físico-químicas

Ya hemos dicho que la miel contiene una alta concentración de azúcares. A medida que pasa el tiempo, estos azúcares pueden reaccionar para formar sustancias tóxicas, como hidroximetilfurfural.
Por otra parte, debido a esa elevada concentración de azúcares que contiene la miel y a la presencia de aminoácidos y proteínas, se pueden producir reacciones de pardeamiento que dan lugar a un deterioro del olor, del sabor y del color del producto. Para que tengan lugar estas reacciones no es preciso calentar, sino que basta con almacenar durante largos periodos de tiempo el producto a temperatura ambiente.

Conclusión

A pesar de que la miel se conserva en óptimas condiciones durante largos periodos de tiempo (entre dos y tres años), no se trata de un alimento eterno, ya que sufre transformaciones que alteran sus propiedades. Por eso es necesario que almacenes la miel en condiciones adecuadas (15 C de temperatura y 60% de humedad) y que se consuma dentro de la fecha que se indica en el envase.
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Con un poco de azúcar esa píldora…

Toca Comer. Glucosa. Marisol Collazos SotoLa glucosa es la «gasolina» de nuestro cuerpo, de todo nuestro cuerpo. Y, curiosamente, el órgano que más consume es el cerebro: a mayor inteligencia, mayor gasto energético. Los humanos destinamos el 20% de la energía que necesitamos a esta parte de nuestra anatomía.

Cuando descienden los niveles necesarios para un correcto funcionamiento, el organismo comienza a sufrir transtornos que van desde sentir debilidad o temblores hasta razonar más lentamente o padecer desmayos (hipoglucemia).

Estamos ante el hidrato de carbono más simple y uno de los objetivos de la supervivencia (o lo que es lo mismo de la existencia de vida) es garantizar su abastecimiento. Los humanos obtenemos glucosa básicamente de los cereales, las legumbres, algún producto hortícola y la fruta.

Erróneamente, asociamos la palabra glucosa a algo dulce. Quizás porque en nuestro subconsciente la unimos a uno de los alimentos más ricos en ella… No, no es el azúcar sino la miel. O tal vez porque el dulce produce un efecto en nuestro organismo, la palatibilidad (produce placer al ingerirla). Esta circunstancia convierte a los dulces en un ingrediente esencial, ya que nos apetece comerlos.

El azúcar es un producto relativamente nuevo en nuestra dieta. Las referencias históricas de su incorporación a la pirámide nutricional humana apenas datan de hace 5.000 años y se localiza en India.

De Oriente a Occidente. Este es el origen de la ruta del azúcar, aunque los mapas económicos del momento señalen la dirección contraria. Habrá que esperar primero a que llegue a Persia y luego a que Alejandro Magno la conquiste para que los europeos —aunque sean mediterráneos— conozcamos “esa caña que da miel sin necesidad de abejas”.

No obstante, la universalización de su consumo se debe a los árabes, los descubridores de la potencialidad del azúcar en la cocina —de sobra es conocida su afición por el dulce—. La conocieron en su expansión por el Eúfrates y el Tigris y tras sus conquistas del Mediterráneo —Siria, Egipto, Chipre y todo el norte de África— los nuevos colonos introdujeron el cultivo de la caña.

Los egipcios aprendieron a refinarla y los astutos comerciantes venecianos encontraron un importante nicho de mercado en su importación. Las Cruzadas también pusieron en contacto a los europeos con este alimento, que acabó por incorporarse a su dieta.

Hasta bien entrada la Edad Media, en la vieja Europa se endulzaba con miel y, de hecho, los tratados al uso sobre las explotaciones agrícolas dedicaban mayor espacio e importancia a la apicultura, en detrimento de los ingenios dedicados al cultivo de la caña (la normalización de la plantación y desarrollo de la remolacha azucarera no ocurre hasta pasado el siglo XVIII, cuando en 1705 Olivier Serrés descubre las propiedades de la remolacha y, sobre todo, cuando el alemán Margraf logra extraer y solidificar el azúcar de esta planta).

En un primer momento, el azúcar formaba parte del vademécum de médicos y boticarios para preparar recetas, así como de los secretos de los grandes cocineros, que la utilizaban para perfumar sus viandas (lo mismo que la sal o la pimienta).

Pero la plantación de la caña se abrió rapidamente paso y a finales del siglo XVII su producción estaba extendida por todo el mundo (en el primer viaje de Colón, las semillas de la caña formaban parte del equipaje).

Fuente: Más que Ciencia

Dime qué y cómo comes: así lo harán tus hijos

Toca Comer. alimnetación de niños. Marisol Collazos Soto
La alimentación y otros aspectos relativos a la nutrición están en continua revisión. Periódicamente se publican trabajos que ofrecen nuevas pautas y nos invitan a dejar atrás prácticas que, aunque tengan un buen fundamento, son mejorables. Por ejemplo, aspectos como la suplementación con ácido fólico (vitamina B9) en la mujer durante el embarazo. Se ha podido demostrar que hay más beneficios cuando el ácido fólico va acompañado de una fórmula múltiple de calidad, en lugar de la administración aislada de dicha vitamina.

Algo tan sencillo como la excesiva exposición a la fructosa añadida y otros azúcares simples en la niñez está relacionada con problemas en los niveles de ácido úrico y de hipertensión. Estas son conclusiones de un estudio representativo con más de 4 800 adolescentes, publicado en una de las revistas más prestigiosas de pediatría, Journal of Pediatrics, en 2009.

En este mismo sentido, podríamos criticar la fuerte impronta que dejan costumbres o películas en las que se recurre al azúcar para ganarse a los niños y endulzar la medicina o el chupete. Como dicen Nguyen y Lustig en un artículo: “Si Mary Poppins no hubiese utilizado el azúcar para mejorar el sabor de la píldora de los niños, quizá los niños no necesitasen ni siquiera esa medicina”.

¿Quiere usted dejar de ver a sus hijos sufrir por problemas relacionados con el acné? ¿Qué tal si deja de ingerir leche y otros derivados lácteos insulinotrópicos delante de ellos? Según Ngunen y Lustig, existe una relacion directa entre las elecciones de los alimentos por parte de los hijos y lo que ven en casa. Además, las conclusiones de otro trabajo del Departamento de Dermatología de la Universidad de Osnabrück (Alemania) hablan del acné como síndrome relacionado con el efecto insulinotrópico de la dieta actual, con los lácteos jugando un papel fundamental al respecto. Terminan aseverando que ambas acciones, restricción de leche y reducción general del efecto insulinotrópico de la dieta, tendrán un impacto enorme en el control y la prevención de enfermedades propias de países occidentales como la obesidad, la diabetes, el cáncer, las enfermedades neurodegenerativas y el acné.

En cuanto al uso lúdico o a modo de extra que suele hacerse de la comida rápida (nótese que aquí debemos incluir no sólo las hamburgueserías y pizzerías americanas, sino todo tipo de comida procesada, incluidos muchos bares de tapas, heladerías, cafeterías, etc), ¡mucho ojo con crear el hábito!, pues se ha observado en un estudio que todas esas opciones obesogénicas se caracterizan por elevar en exceso la insulina e inducir lo que se denomina resistencia a la insulina en el Sistema Nervioso Central, su relación con alteraciones de la hormona leptina y las señales de saciedad o las respuestas hedonistas respecto a la comida… Decida qué tipo de comportamiento quiere mostrar con la próxima generación.

Ampliar en: Más que Ciencia

Consumo elevado de fructosa en jóvenes supone riego cardiovascular

Toca Comer. Refrescos con fructosa dañinos para jóvenes. Marisol Collazos SotoEvidencias de enfermedad cardiovascular y riesgo de diabetes están presentse en la sangre de los adolescentes que consumen una gran cantidad de fructosa, un escenario que se agrava con el exceso de grasa del vientre, informan los investigadores. Un análisis de 559 adolescentes de 14 a 18 años correlaciona las dietas de alto contenido en fructosa, con una mayor presión arterial, glucosa en ayunas, resistencia a la insulina y factores inflamatorios que contribuyen a enfermedades cardíacas y vasculares.

Los grandes consumidores del edulcorante también tienden a tener niveles más bajos de los protectores cardiovasculares, tales como  el colesterol HDL y la adiponectina, de acuerdo con los investigadores de la Facultad de Medicina de Georgia en Georgia Health Sciences University.

Estas peligrosas tendencias se ven agravadas por la grasa alrededor del abdomen, llamada adiposidad visceral, otro de los factores de riesgo conocidos de enfermedad cardiovascular y diabetes. La asociaciones no se sostuvieron para los adolescentes con  grasa subcutánea generalizada .

«Es tan importante para proporcionar un equilibrio saludable dar alimentos de alta calidad a nuestros hijos y prestar realmente mucha atención a la fructosa y la sacarosa que se consume en su casa», dijo la Dra. Vanessa Bundy,  pediatra residente de MCG. Los Dres. Bundy y Norman Pollock, biólogos en el MCG’s Georgia Prevention Institute son coautores primeros en el estudio publicado en The Journal of Nutrition.

«La nutrición que los cuidadores proporcionan a sus hijos contribuirá a su salud en general y el desarrollo o puede contribuir a las enfermedades cardiovasculares a una edad temprana», dijo Bundy. La mejor manera de los cuidadores para apoyar la nutrición saludable es seguir buenos modelos, dijo. Una dieta saludable con mucha actividad física – sin hacer dieta – es la mejor receta para el crecimiento de los niños.

«Los adolescentes consumen mayor cantidad de fructosa por lo que es realmente importante no sólo medir los niveles de fructosa, sino ver lo que podría estar haciendo a sus cuerpos en la actualidad y, con suerte, a ver los resultados de la enfermedad cardiovascular a medida que crecen», dijo Pollock.

Aunque los estudios en animales han tenido resultados similares, la evidencia en los niños es necesaria para apoyar medidas drásticas para frenar el consumo, como pedir a las escuelas  eliminar los refrescos y otras máquinas de venta o, al menos, limitar el acceso, dijo Pollock. Los investigadores señalaron que se necesitan más estudios para profundizar en la relación entre el consumo de fructosa y el riesgo cardiovascular.

La fructosa, o azúcar de la fruta, se encuentra no solo en frutas y verduras, sino también en jarabe de maíz alto en fructosa, edulcorante utilizado abundantemente en los alimentos procesados ​​y bebidas. Los investigadores sospechan que los cuerpos en crecimiento anhelan edulcorante barato,y las empresas a menudo se dirigen a los jóvenes consumidores en los anuncios.

«La fructosa se metaboliza de manera diferente que otros azúcares y tiene algunos subproductos que se cree que son dañinos para nosotros», dijo Bundy. «La cantidad total de fructosa que se encuentra en el jarabe de maíz alto en fructosa, no es muy diferente a la cantidad de azúcar de mesa, pero se cree que hay algo en el procesamiento del jarabe que juega un papel en los subproductos del metabolismo.»

El estudio llevó una «instantánea» de las vidas de los adolescentes, buscando en el consumo de fructosa en general, la historia de la dieta en general y la grasa corporal. «Un aspecto único de diseño de nuestro estudio es que hemos tenido en cuenta la fructosa liberada a partir de sacarosa durante la digestión, junto con la fructosa que  se encuentran en alimentos y bebidas», dijo Pollock. «Debido a que la sacarosa se descompone en fructosa y glucosa antes de que llegue al hígado para el metabolismo, es importante tener en cuenta la fructosa adicional a la sacarosa al determinar el efecto sobre la salud general por parte de la fructosa.»

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