El aceite de coco bajo la lupa: por qué eleva el colesterol y no protege el corazón

En la última década, el aceite de coco ha pasado de ser un ingrediente exótico a ocupar estanterías de supermercados, blogs de nutrición y rutinas de bienestar como supuesto superalimento capaz de adelgazar, mejorar la mente y proteger el corazón. Influencers y celebridades lo promueven para cocinar, añadir al café a prueba de balas o incluso para enjuagues bucales. Sin embargo, la cardiología y la nutrición basadas en evidencia cuentan una historia muy distinta: lejos de ser cardioprotector, el aceite de coco es una de las fuentes más concentradas de grasas saturadas de la dieta y eleva el colesterol LDL, causa central de la aterosclerosis.

Desde el punto de vista químico no hay misterio. El aceite de coco contiene entre 90% y 92% de grasas saturadas, una proporción superior a la mantequilla (alrededor de 64%), la manteca de cerdo (40%), el aceite de palma (50%) y muy por encima del aceite de oliva (14%), canola (7%) o girasol (10%). Su principal ácido graso es el ácido láurico (C12:0), que representa casi la mitad del total (48-53%), seguido de mirístico (16-18%), palmítico (8-10%), cáprico, caprílico y una pequeña fracción de oleico monoinsaturado. Esa composición explica que sea sólido a temperatura ambiente y muy estable al calor, pero también su efecto metabólico: los ácidos láurico, mirístico y palmítico son los que más elevan el colesterol sanguíneo.

¿De dónde surge entonces su fama saludable? En gran parte, de la confusión con los triglicéridos de cadena media, los MCT. El marketing afirma que, al ser rico en MCT, el aceite de coco se absorbe rápido, se quema como energía y no se almacena como grasa. Es una verdad a medias. Los verdaderos MCT usados en investigación clínica son el ácido caprílico (C8:0) y el cáprico (C10:0), que representan apenas 13-15% del aceite de coco. El ácido láurico (C12:0), mayoritario, se comporta metabólicamente como un ácido graso de cadena larga: se absorbe vía quilomicrones, llega al hígado y activa los mismos mecanismos que elevan el LDL. Extrapolar a cucharadas diarias de aceite de coco los pequeños ensayos con aceites MCT purificados para pérdida de peso o cognición carece de sustento científico.

La prueba más sólida proviene de ensayos controlados aleatorizados y metanálisis que comparan el aceite de coco con otros aceites. El más citado, publicado en Circulation en 2020 por Neelakantan, Seah y van Dam, de la Universidad Nacional de Singapur y Harvard, reunió 16 ensayos clínicos. El resultado fue contundente: frente a aceites vegetales no tropicales ricos en insaturados como oliva, soja, canola o girasol, el consumo de aceite de coco durante 3 semanas a 2 años aumentó el colesterol LDL en promedio 10,5 mg/dL (0,27 mmol/L) y también el colesterol total, sin reducir los triglicéridos.

Un metanálisis en red de 2018 con 54 ensayos, publicado en Journal of Lipid Research por Schwingshackl y colaboradores, encontró que el aceite de coco elevaba el LDL más que todos los demás aceites evaluados, mientras que los ricos en poliinsaturados, como cártamo, girasol, colza y lino, lo reducían de forma significativa. Revisiones posteriores en Advances in Nutrition (Teng y col., 2020) y en Diabetes & Metabolic Syndrome (Jayawardena y col., 2021) confirmaron el mismo patrón: más LDL y más colesterol total que con aceites insaturados, sin beneficios sobre peso corporal, circunferencia de cintura, glucemia en ayunas, hemoglobina glucosilada o proteína C reactiva.

Es cierto que el aceite de coco también aumenta el colesterol HDL, el llamado colesterol bueno, en unos 4 mg/dL de promedio frente a otros aceites vegetales. Durante años ese dato se usó para afirmar que compensaba la subida del LDL. Hoy sabemos que no es así. Estudios de aleatorización mendeliana y ensayos con fármacos que elevan mucho el HDL, como los inhibidores de CETP, han demostrado que subir el HDL no reduce infartos ni mortalidad. Lo que impulsa la aterosclerosis es la carga de partículas ApoB, reflejada en el LDL y el colesterol no-HDL. Además, frente a la mantequilla, el aceite de coco eleva el LDL de forma similar, con un ligero aumento adicional del HDL que no se traduce en menor riesgo. Subir el HDL a costa de subir el LDL no es un negocio favorable para las arterias.

Tampoco existe evidencia de que el aceite de coco prevenga infartos, ictus o diabetes, ni de que ayude a adelgazar de forma clínicamente relevante. Ningún ensayo aleatorizado ha evaluado eventos cardiovasculares duros con aceite de coco. Los estudios observacionales en poblaciones consumidoras tradicionales de coco, como en Polinesia, Sri Lanka o el sur de India, están confundidos por dietas ricas en pescado, fibra y fruta, alta actividad física y bajo consumo de ultraprocesados. Cuando el aceite de coco se incorpora a una dieta occidental ya rica en grasas saturadas, carnes procesadas y bollería, el efecto neto es aumentar la carga aterogénica. Respecto al Alzheimer, el hipotiroidismo o las supuestas propiedades antimicrobianas y detox, no hay ensayos en humanos que respalden su uso terapéutico. Y la diferencia entre aceite de coco virgen y refinado, aunque relevante para aroma y contenido de polifenoles, es mínima en lípidos: ambos son alrededor de 90% grasa saturada.

Por eso las principales guías son coherentes. El advisory presidencial de la American Heart Association de 2017 sobre grasas alimentarias desaconsejó expresamente el aceite de coco por elevar el LDL sin beneficio probado, recordando que sustituir grasas saturadas por insaturadas reduce el riesgo cardiovascular alrededor de 30%. La Organización Mundial de la Salud, en su directriz de 2023 sobre ácidos grasos, y la Sociedad Europea de Cardiología recomiendan mantener las grasas saturadas por debajo del 10% de la energía total —idealmente por debajo de 6% en personas con hipercolesterolemia o alto riesgo— y preferir aceites ricos en mono y poliinsaturados. La Escuela de Salud Pública de Harvard lo resume de forma tajante: el aceite de coco se comporta más como una grasa animal sólida que como un aceite vegetal saludable.

En la práctica, esto no significa demonizar una receta ocasional con coco rallado o una cucharadita para dar sabor, sino no convertirlo en el aceite de uso diario. Para cocinar y aliñar, la evidencia favorece al aceite de oliva virgen extra dentro de un patrón mediterráneo, y como alternativas al aceite de canola, soja o girasol alto oleico. Quien ya tiene LDL elevado, diabetes, hipertensión o antecedentes familiares de enfermedad coronaria prematura tiene aún más motivos para limitarlo y revisar etiquetas, porque el aceite de coco y de palmiste se esconden en galletas, margarinas, cafés cremosos, chocolates y productos veganos ultraprocesados.

El aceite de coco no es veneno, pero tampoco es un superalimento. Es, esencialmente, una grasa saturada palatable y bien marketeada que eleva tanto el LDL como el HDL, sin pruebas de que reduzca el riesgo cardiovascular, el peso o la glucemia. En salud cardiovascular, lo que baja eventos no es añadir un aceite milagroso, sino el patrón global: más verduras, legumbres, frutas, frutos secos y cereales integrales, menos grasas saturadas y trans, y grasas insaturadas de calidad como base.

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La salud cerebral en jaque: el precio neurológico de una dieta rica en azúcar y grasas procesadas

Investigaciones exploran cómo la energía que obtiene el cerebro de ciertos nutrientes puede llegar a afectar su rendimiento a largo plazo. 257

El cerebro humano es un órgano tan fascinante como metabólicamente exigente. Aunque apenas representa alrededor del 2% del peso corporal total, es el responsable de consumir aproximadamente el 20% de la energía derivada de la glucosa de todo nuestro metabolismo basal.6 Esta dependencia absoluta de un flujo constante de energía ha sido el pilar de nuestra supervivencia y evolución cognitiva. Sin embargo, en el panorama nutricional contemporáneo, esta misma avidez energética lo ha colocado en una situación de profunda vulnerabilidad. Tal y como lo ha analizado en detalle Bautista Salaverri en una reciente publicación de Infobae, hoy la salud cerebral se encuentra bajo asedio debido a la irrupción masiva de productos repletos de azúcares y grasas añadidas. Lo que en su momento fue una simple fuente de combustible, hoy, alterado por la industria alimentaria, representa una amenaza silenciosa para el rendimiento mental a largo plazo.6

La dieta moderna, con frecuencia bautizada como la «dieta occidental», se distingue por una alarmante abundancia de alimentos ultraprocesados. Estos productos no solo proveen al cuerpo de calorías vacías, sino que introducen en el organismo una verdadera bomba de azúcares refinados, sodio, emulsificantes y grasas perjudiciales.9 Durante décadas, la comunidad médica centró sus alarmas respecto a esta clase de alimentación casi de forma exclusiva en sus efectos sobre el peso, la salud cardiovascular y patologías metabólicas. No obstante, la evidencia científica reciente ha dado un giro trascendental: las secuelas de una mala nutrición trascienden el riesgo de obesidad o diabetes, y atacan de manera directa la estructura, el funcionamiento y el ritmo de envejecimiento de nuestra mente.

El doble filo del azúcar: entre el combustible y la toxina

El azúcar juega un rol dual y complejo en nuestra biología. Por un lado, la glucosa es el combustible por excelencia de las células nerviosas, posibilitando la correcta sinapsis y el funcionamiento general de las redes neuronales.4 Cuando los niveles de glucosa disminuyen dramáticamente, la comunicación entre las neuronas fracasa, causando fatiga, niebla mental e irritabilidad. Ahora bien, es fundamental entender que no todo el azúcar es procesado de igual modo por el organismo.4

Una exhaustiva revisión científica publicada en la prestigiosa revista Nature en 2023, y destacada por Salaverri, marca una línea divisoria clara entre los azúcares que se encuentran presentes de forma natural en los alimentos (como la fructosa de una fruta entera) y los azúcares libres o añadidos propios del procesamiento industrial. El exceso prolongado de estos últimos se asocia directamente con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.4 Mientras que las fuentes naturales de energía se acompañan de agua y fibra —que regulan la absorción—, los azúcares añadidos provocan picos descontrolados de glucosa en la sangre, alterando de manera perniciosa la delicada química cerebral a largo plazo.

El secuestro del circuito de dopamina

Cuando una persona consume una combinación de grasas saturadas y azúcar —una formulación casi inexistente en la naturaleza pero que es la columna vertebral de cualquier bollería industrial o comida rápida— se produce un fenómeno neuroquímico poderoso. Los sensores de nuestra boca envían señales inmediatas que detonan una enorme liberación de dopamina en el cuerpo estriado del cerebro, una región íntimamente ligada al movimiento y a la sensación de recompensa.4

Este mecanismo evolutivo estaba diseñado para fomentar la ingesta de alimentos densos en calorías en épocas de hambruna. Pero hoy en día, en un entorno de sobreabundancia calórica, este circuito es, en la práctica, «secuestrado». El cerebro comienza a priorizar estos alimentos que actúan de manera similar a ciertas sustancias adictivas, desplazando el consumo de alimentos ricos en nutrientes verdaderos (antioxidantes, ácidos grasos esenciales omega-3 y vitaminas). De esta forma, el cerebro queda desprovisto de la materia prima necesaria para su reparación celular cotidiana.

El hipocampo como «zona cero» del daño cognitivo

Uno de los hallazgos más preocupantes de la neurociencia nutricional moderna es el impacto localizado que tienen las grasas y azúcares en el hipocampo, la estructura cerebral fundamental para la orientación espacial, el aprendizaje y, crucialmente, la formación y consolidación de la memoria.

Estudios impulsados por instituciones de renombre, como la Universidad de Sídney en Australia, han revelado que el deterioro provocado por una mala dieta ataca al hipocampo mucho antes de manifestarse en el resto del encéfalo. En evaluaciones realizadas a adultos jóvenes sanos, se observó que aquellos con una dieta cargada de alimentos ricos en azúcares y grasas añadidas presentaban déficits notables en el aprendizaje espacial y la memoria de trabajo, incluso controlando otros factores como el Índice de Masa Corporal. Una alimentación de baja calidad nutricional suprime la producción de ciertos factores neurotróficos derivados del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), proteínas que son esenciales para fomentar la plasticidad sináptica y la supervivencia neuronal.6 La energía «sucia», por tanto, le arrebata al cerebro su capacidad inherente de aprender, registrar recuerdos y adaptarse al entorno.

Resistencia a la insulina, microbiota y «Diabetes Tipo 3»

El daño provocado por los ultraprocesados no ataca al cerebro por una única vía.9 Existe un mecanismo periférico sumamente importante: el eje intestino-cerebro. Las dietas altas en azúcares añadidos y grasas trans modifican severamente nuestra microbiota intestinal, eliminando bacterias beneficiosas y fomentando la proliferación de cepas proinflamatorias. Esta alteración, conocida como disbiosis, desencadena un estado de inflamación sistémica de bajo grado. Con el tiempo, las moléculas inflamatorias logran cruzar la barrera hematoencefálica, generando neuroinflamación.

A esto debemos sumarle la alarmante aparición de la resistencia a la insulina cerebral.69 Cuando el consumo de azúcares simples es constante y crónico, el cuerpo debe mantener la insulina permanentemente elevada. Eventualmente, las neuronas se vuelven insensibles o resistentes a esta hormona, perdiendo la capacidad para absorber la glucosa vital.6 Paradójicamente, las células cerebrales comienzan a «morir de hambre» en medio de una abundancia de azúcar circulante. Este devastador proceso de disfunción energética está tan íntimamente ligado al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas que muchos científicos e investigadores ya se refieren a la enfermedad de Alzheimer como la «Diabetes Tipo 3».6

Ultraprocesados y el riesgo inminente de demencia 611

La convergencia de neuroinflamación, fallos metabólicos y pérdida de plasticidad neuronal se traduce en cifras epidemiológicas que no deben ser ignoradas. Recientes investigaciones avaladas por escuelas de salud pública como la de Harvard, han alertado que un alto consumo de alimentos ultraprocesados dispara de forma alarmante el riesgo de demencia.11 Ciertos estudios indican que quienes obtienen una parte mayoritaria de sus calorías de estos productos, se exponen hasta a un 58% más de riesgo de desarrollar cuadros de demencia severa y deterioro cognitivo en la madurez.

El poder de la reversibilidad: un llamado a la acción

Pese a lo desolador de este panorama clínico, la propia investigación científica ofrece una sólida luz de esperanza. El daño inicial infligido por los azúcares y las grasas añadidas no siempre es permanente, gracias a la maravillosa neuroplasticidad inherente al cerebro humano. Tal como lo señala Bautista Salaverri en sus repasos sobre las conclusiones de los expertos, la solución recae en intervenciones nutricionales y de estilo de vida conscientes.

Modificar los hábitos dietéticos disminuyendo progresivamente la presencia de ultraprocesados en nuestra rutina tiene el poder de frenar la neuroinflamación y restaurar las funciones metabólicas. Si sustituimos estas calorías vacías por alimentos que protegen la vascularización y el tejido celular cerebral —como las legumbres frescas, los frutos secos, el pescado y aquellos productos ricos en flavonoides y antioxidantes— el cerebro retomará su capacidad regenerativa. En definitiva, nuestra mente se construye, se repara y se defiende todos los días a partir de las decisiones que tomamos en nuestro plato. La energía que le demos hoy dictará la claridad y la salud de nuestra memoria el día de mañana.

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Mantequilla frente margarina: lo que la ciencia dice sobre estas dos grasas cotidianas

Pocos debates en la cocina y en la nutrición han sido tan persistentes como el que enfrenta a la mantequilla con la margarina. Durante décadas, los consumidores han oscilado entre una y otra siguiendo las recomendaciones cambiantes de médicos, nutricionistas e incluso publicistas. Hoy, gracias a investigaciones más rigurosas en ciencia de los alimentos y nutrición, comenzamos a entender que la diferencia entre ambos productos no es tan blanca o negra como solía pensarse, sino que se trata de matices sutiles que conviene conocer antes de untar el pan de cada mañana.

Dos productos con orígenes muy distintos

La mantequilla es un alimento ancestral. Se obtiene batiendo la nata de la leche de vaca hasta que las grasas se separan del suero, formando una emulsión sólida compuesta en su mayor parte por grasa láctea (alrededor del 80 %), agua y pequeñas cantidades de proteínas y lactosa. Su sabor característico proviene de los ácidos grasos de cadena corta y de compuestos aromáticos como el diacetilo, presentes de forma natural en la leche.

La margarina, por su parte, nació en 1869 en Francia como respuesta a un concurso convocado por Napoleón III, que buscaba un sustituto más barato y duradero de la mantequilla para abastecer al ejército y a las clases trabajadoras. El químico Hippolyte Mège-Mouriès desarrolló una pasta a base de sebo de res que con el tiempo evolucionó hasta convertirse en el producto actual, elaborado principalmente con aceites vegetales (girasol, colza, soja, palma u oliva) sometidos a procesos de emulsión, hidrogenación o interesterificación para lograr una textura sólida o semisólida a temperatura ambiente.

El gran cambio: adiós a las grasas trans

Durante buena parte del siglo XX, la margarina se promovió como una alternativa más saludable a la mantequilla porque contenía grasas insaturadas en lugar de grasas saturadas de origen animal. Sin embargo, el proceso de hidrogenación parcial empleado para solidificar los aceites vegetales generaba grasas trans, hoy reconocidas como uno de los componentes alimentarios más perjudiciales para la salud cardiovascular. Estas grasas elevan el colesterol LDL («malo»), reducen el HDL («bueno») y favorecen la inflamación y la resistencia a la insulina.

A partir de los años 2000, organismos como la Organización Mundial de la Salud y la FDA presionaron para eliminar las grasas trans industriales de la cadena alimentaria. La industria respondió reformulando las margarinas mediante técnicas como la interesterificación, que permite obtener consistencias sólidas sin generar isómeros trans. Hoy, la mayoría de las margarinas comerciales en Europa y América contienen cantidades insignificantes de grasas trans, lo que ha cambiado por completo el panorama del debate nutricional.

¿Qué dice la ciencia sobre la salud cardiovascular?

Los estudios más recientes coinciden en que el tipo de grasa importa más que el producto en sí. Las grasas saturadas, abundantes en la mantequilla, siguen asociándose con un aumento moderado del colesterol LDL, aunque investigaciones de la última década han matizado su papel en el riesgo cardiovascular: no todas las grasas saturadas son iguales, y la matriz láctea parece atenuar algunos de sus efectos negativos.

Por el contrario, las margarinas modernas elaboradas con aceites vegetales líquidos —especialmente las blandas, vendidas en tarrina— aportan grasas mono y poliinsaturadas, incluidos ácidos grasos esenciales como el omega-3 y el omega-6, vinculados con un mejor perfil lipídico. Algunas variedades están además enriquecidas con esteroles vegetales, compuestos capaces de reducir la absorción intestinal del colesterol.

Un metaanálisis publicado en BMJ ya hace algunos años, y revisiones más recientes en revistas como The American Journal of Clinical Nutrition, sugieren que reemplazar grasas saturadas por insaturadas reduce el riesgo de enfermedad coronaria entre un 10 % y un 15 %. En este sentido, una margarina blanda de buena calidad sería, en términos estrictamente cardiovasculares, una opción ligeramente preferible a la mantequilla para el consumo habitual.

Más allá del corazón: sabor, cocina y procesamiento

No obstante, la conversación científica sobre los alimentos ya no se limita al perfil de grasas. La mantequilla es un alimento mínimamente procesado, mientras que la margarina suele clasificarse como ultraprocesado, una categoría que diversos estudios epidemiológicos relacionan con mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y mortalidad general. Esta paradoja —una grasa «mejor» en un producto más procesado— es uno de los matices que más interesan a los científicos de los alimentos actuales.

Desde el punto de vista culinario, las diferencias también son notables. La mantequilla aporta un sabor inconfundible, dora mejor los alimentos gracias a sus proteínas lácteas (reacción de Maillard) y resulta insustituible en repostería tradicional, donde su comportamiento al fundirse define la textura de hojaldres, masas quebradas y bizcochos. La margarina, al contener más agua y emulsionantes, tiene un punto de fusión distinto y puede producir resultados más uniformes en panadería industrial, pero rara vez iguala el aroma de la mantequilla.

El papel del consumidor: leer etiquetas y moderar cantidades

Los expertos coinciden en que la pregunta «¿mantequilla o margarina?» está mal planteada. Lo verdaderamente relevante es la calidad concreta del producto elegido y la cantidad consumida. Una margarina barata en barra, con aceite de palma y aditivos, puede ser peor que una mantequilla artesanal usada con moderación. A la inversa, una margarina blanda elaborada con aceite de oliva o colza, sin grasas trans y enriquecida con esteroles, puede ofrecer ventajas reales a personas con colesterol elevado.

Las recomendaciones prácticas son sencillas: revisar la etiqueta para comprobar el porcentaje de grasas saturadas (cuanto más bajo, mejor), evitar productos que aún incluyan «aceites parcialmente hidrogenados», priorizar margarinas blandas frente a las duras y, en cualquier caso, no superar las cantidades aconsejadas, ya que ambas son alimentos densamente energéticos, con unas 700-750 kcal por cada 100 gramos.

Un debate que sigue evolucionando

Lejos de cerrarse, el debate entre mantequilla y margarina seguirá enriqueciéndose con nuevos datos sobre la matriz alimentaria, el grado de procesamiento y los efectos individuales del metabolismo. La ciencia actual nos invita a abandonar el pensamiento dicotómico —»buena» o «mala»— y adoptar una mirada más sutil, contextual y basada en el conjunto de la dieta. Como recuerdan los nutricionistas, ninguna grasa por sí sola define la salud cardiovascular: lo hacen el patrón alimentario completo, el estilo de vida y la genética. Untar pan con mantequilla los domingos o utilizar margarina blanda a diario puede ser perfectamente compatible con una vida sana, siempre que el resto del menú acompañe.

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Aceite de oliva y salud vascular: qué puede hacer realmente por las arterias y la función eréctil

Seguramente tienes una botella de aceite de oliva en tu cocina en este preciso momento. Lo usamos para ensaladas, para cocinar o simplemente para dar sabor a nuestros platos. Sin embargo, más allá de sus virtudes culinarias, este «oro líquido» esconde propiedades terapéuticas extraordinarias para el sistema cardiovascular y, de manera muy específica, para la salud íntima masculina.

A menudo, en las consultas médicas no hay tiempo suficiente para explicar a fondo cómo la nutrición impacta directamente en la función sexual. Por ello, este artículo, basado en evidencia clínica y explicaciones de especialistas en sexología médica, detalla sin exageraciones ni promesas mágicas cómo el aceite de oliva virgen extra (AOVE) puede convertirse en el mayor aliado de tus arterias, los errores comunes que debes evitar al consumirlo y los secretos para potenciar sus efectos al máximo.

La erección: Un fenómeno estrictamente vascular

Para comprender el impacto del aceite de oliva, primero hay que desmitificar la mecánica del cuerpo masculino. La erección no es solo un fenómeno psicológico o neurológico; es, fundamentalmente, un evento vascular. Depende de manera directa del flujo de sangre que llega al miembro y de la salud de las arterias.

El protagonista microscópico de este proceso es una molécula llamada óxido nítrico. Funciona como un interruptor biológico: cuando se libera, relaja los vasos sanguíneos (vasodilatación), permitiendo que la sangre fluya con fuerza. Sin embargo, si las arterias están rígidas, inflamadas o dañadas por el paso de los años o por malos hábitos, la producción de óxido nítrico decae, el flujo se obstruye y las erecciones se debilitan. Es aquí donde el aceite de oliva entra en juego como una herramienta de reparación arterial.

La evidencia científica: El respaldo de la Dieta Mediterránea

El impacto del aceite de oliva no es un mito de la medicina alternativa. El estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea), uno de los ensayos clínicos nutricionales más grandes e importantes a nivel mundial, demostró que los hombres que consumían una dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva virgen extra presentaban una mayor biodisponibilidad de óxido nítrico. Esto se traduce en arterias más relajadas y, por ende, mejor respuesta eréctil.

Asimismo, otras investigaciones han hecho seguimiento a hombres con síndrome metabólico (una combinación peligrosa de hipertensión, diabetes y sobrepeso). Tras dos años de seguir una dieta rica en AOVE, estos pacientes mostraron una mejora significativa en la calidad y firmeza de sus erecciones en comparación con el grupo de control que no modificó sus hábitos.

Los tres compuestos mágicos del AOVE

¿Qué hace exactamente el aceite de oliva dentro de tu cuerpo para lograr estos resultados? El secreto reside en tres componentes bioquímicos fundamentales:

  1. Polifenoles (Especialmente el Oleocantal): Este compuesto tiene un potente efecto antiinflamatorio, cuyo mecanismo de acción a menudo se compara con el del ibuprofeno, pero sin los efectos secundarios gástricos. La inflamación crónica del endotelio (la capa interna de las arterias) es la causa principal de la disfunción eréctil de origen vascular. Al reducir esta inflamación, los vasos sanguíneos recuperan su elasticidad.
  2. Grasas monoinsaturadas (Ácido Oleico): El cuerpo humano necesita grasas de alta calidad para sintetizar hormonas. Múltiples estudios confirman que el consumo diario de ácido oleico mejora la producción de testosterona libre, que es la hormona biológicamente activa encargada de regular el deseo (libido) y el rendimiento sexual en el hombre.
  3. Vitamina E: Actúa como un escudo antioxidante. Protege las células del endotelio contra el estrés oxidativo y facilita la producción continua de óxido nítrico. Su deficiencia acelera el envejecimiento celular de las arterias.

El protocolo práctico: ¿Cómo y cuándo consumirlo?

Para obtener resultados terapéuticos, la dosis recomendada es una cucharada sopera al día. Existen dos estrategias principales para su consumo:

  • Opción A (En Ayunas): Tomarlo inmediatamente al despertar, con el estómago vacío. En este estado, el intestino está limpio y absorbe los componentes de manera óptima. Además, estimula la producción de bilis, mejorando la digestión durante el resto del día. Esta es la metodología más utilizada en los ensayos clínicos.
  • Opción B (Antes de dormir): Durante la fase profunda del sueño, el cuerpo entra en un estado de reparación celular y picos de producción hormonal. Proveerle ácidos grasos de alta calidad justo antes de dormir le da la «materia prima» necesaria. Muchos hombres que siguen este protocolo reportan un retorno o mejora significativa de las erecciones matutinas, un claro indicador de salud vascular.

Nota médica: Si padeces de problemas estomacales o de vesícula biliar, se recomienda iniciar con el protocolo nocturno y con solo media cucharada, aumentando la dosis gradualmente hasta alcanzar la cucharada sopera.

El error del 80%: La calidad lo es todo

El error más grave y común que anula todos estos beneficios es comprar el aceite equivocado. No todo líquido amarillo en el supermercado sirve. El aceite refinado (generalmente en botellas de plástico transparente) ha sido sometido a altas temperaturas y procesos químicos que destruyen los polifenoles y la vitamina E.

Para asegurar que tu aceite sea medicinal, debe cumplir tres reglas de oro:

  1. Etiqueta: Debe decir estrictamente «Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de primera extracción en frío».
  2. Envase: Debe venir en una botella de vidrio oscuro o lata. La luz directa degrada y oxida los polifenoles rápidamente.
  3. Sabor: Al tragarlo solo, debe dejar una sensación ligeramente picante o amarga en la garganta. Ese «picor» es la prueba física de que el oleocantal está vivo y activo. Si no pica, sus propiedades antiinflamatorias se han degradado.

Los «Boosters»: El secreto para multiplicar los efectos

Para aquellos que buscan maximizar esta rutina, la química culinaria ofrece dos combinaciones poderosas:

  • Jugo de limón fresco: Exprimir medio limón en la cucharada de aceite antes de tomarla no solo mejora el sabor, sino que la vitamina C actúa como un cofactor protector. Evita que los polifenoles se oxiden durante la digestión, aumentando exponencialmente su absorción en el torrente sanguíneo.
  • Ajo crudo machacado: Si añades ajo crudo a la mezcla (y lo dejas reposar 10 minutos para que libere alicina, su compuesto activo), potenciarás el efecto vasodilatador. Es vital que el ajo esté crudo, ya que el calor destruye sus enzimas beneficiosas.

Precauciones y conclusión

Es fundamental ejercer la responsabilidad médica: el aceite de oliva virgen extra es un excelente complemento preventivo y coadyuvante, pero no es un fármaco mágico.

Si experimentas una pérdida súbita de las erecciones, careces de erecciones matutinas o sufres de diabetes e hipertensión descontroladas, debes acudir a un urólogo o sexólogo médico. Además, si tomas medicamentos anticoagulantes o hipotensores (para la presión arterial), debes consultar a tu médico antes de iniciar este protocolo, ya que el AOVE puede potenciar los efectos de estos fármacos y causar bajones de presión o riesgo de sangrado.

En resumen, si notas que tu función eréctil comienza a debilitarse por la edad o el estrés, implementa este protocolo: una cucharada de AOVE de extracción en frío en botella oscura, preferiblemente con limón, en ayunas o antes de dormir. Combínalo con ejercicio aeróbico regular y buen sueño. Con al menos 30 días de constancia, tus arterias —y tu vida íntima— te lo agradecerán.

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RFK Jr. y el regreso de la leche entera: ¿Una reivindicación científica o nostalgia alimentaria?

Robert F. Kennedy Jr. y su comisión «Make America Healthy Again» (MAHA) han reabierto un debate que lleva medio siglo coleando en Estados Unidos: ¿debería la leche entera volver a las escuelas y programas públicos, tras décadas de relegación en favor de opciones bajas en grasa? Los nuevos resultados científicos y las propuestas federales desafían el viejo “pánico a la grasa” ¿Está justificado el regreso de la leche entera como opción estándar?

El giro de la política alimentaria y el papel de la MAHA

La reciente comisión liderada por RFK Jr. busca cambiar la llamada “pirámide alimentaria rota” estadounidense y devolver la leche entera —y otros lácteos sin procesar— al menú de los jóvenes y las familias. MAHA critica que durante 50 años se ha intentado limitar la grasa saturada de la dieta desde la regulación más que desde la evidencia, alegando que los datos nunca justificaron eliminar la leche entera de los comedores escolares.usatoday+1

Durante una conferencia, miembros de la comisión afirmaron: “Concluimos el conflicto contra la grasa saturada natural. Resulta increíble que, por regulación, las escuelas no puedan servir leche entera; esto nunca ha tenido sentido científico, sino ideológico”.aol+1

Qué dice la ciencia más reciente sobre la grasa láctea

Tradicionalmente, la leche entera fue apartada por su contenido en grasa saturada, asociada durante décadas al riesgo cardiovascular. Sin embargo, nuevos estudios de revistas como American Journal of Clinical Nutrition sostienen que, hoy, el consumo de leche, yogur y queso —independientemente del contenido graso— tiene una correlación “neutral” con el riesgo de enfermedades cardíacas.usatoday+1

Expertos como el Dr. Dariush Mozaffarian, de la Universidad Tufts, apoyan la idea de que las grasas lácteas han sido injustamente demonizadas. Mozaffarian destaca otro dato práctico: al eliminar la leche entera, muchos escolares empiezan a preferir bebidas azucaradas con menos valor nutricional, como la leche con sabor.aol

Eso sí, la literatura médica remarca que aún no existen pruebas definitivas que den a la leche entera superioridad absoluta respecto a opciones desnatadas para la salud pública general, aunque tampoco hay evidencia para su exclusión sistemática de la dieta escolar.npr+1

Las nuevas propuestas y su posible impacto social

Las recomendaciones de la comisión MAHA plantean eliminar restricciones sobre la venta de leche entera en colegios, permitiendo que los distritos ofrezcan toda la gama de lácteos —desde enteros a desnatados— y dejando en manos de padres y nutricionistas la decisión. Además, se pretende suprimir las exigencias federales para que sólo se ofrezcan productos bajos en grasa en programas públicos.usatoday+1

Esta reivindicación de la leche entera conecta con una tendencia actual: el escepticismo ante lo “ultraprocesado” y la vuelta a alimentos menos modificados industrialmente. Incluso críticos de Kennedy reconocen que la demonización de la grasa, en general, responde más a modas históricas que a consenso científico sólido actual.washingtonpost+1

Perspectivas contrarias: ¿Es la leche imprescindible en 2025?

Otros expertos y colectivos recuerdan que el consumo de lácteos no es imprescindible desde el punto de vista nutricional, y destacan la existencia y el auge de alternativas vegetales y de opciones para quienes no toleran la lactosa o siguen dietas éticas. Además, la leche —entera o no— no debe desplazar a una dieta variada rica en frutas, verduras y proteínas sanas.washingtonpost

Por otro lado, los expertos advierten que el verdadero debate no es sólo entre leche entera y desnatada, sino que reside en el contexto alimentario total de la población: el exceso de calorías, azúcares añadidos y productos ultraprocesados es el gran reto de salud pública.npr+1

Conclusión

El intento de RFK Jr. y la MAHA de devolver la leche entera al primer plano responde a una relectura contemporánea de la ciencia de la nutrición y a un deseo de rectificar lo que algunos consideran un error de la “vieja guardia” dietética. La evidencia actual apunta a que la leche entera no perjudica la salud cardiovascular como antes se creía, y su reinclusión entre las opciones escolares se basa más en libertad de elección y en combatir la “infantilización dietética” que en una defensa categórica de sus virtudes sobre otras variantes.

Sin embargo, el auténtico consenso sigue siendo que la moderación, la variedad y la base de evidencia científica deben guiar la alimentación de las futuras generaciones —sea con leche entera, desnatada o incluso vegetal.washingtonpost+3

  1. https://www.usatoday.com/story/life/health-wellness/2025/09/16/rfk-maha-whole-milk-dairy/86088440007/
  2. https://www.aol.com/articles/decades-ago-made-whole-milk-110922742.html
  3. https://www.npr.org/sections/shots-health-news/2025/09/08/nx-s1-5528747/what-kind-of-dairy-does-a-body-good-science-is-updating-the-answer
  4. https://www.washingtonpost.com/health/2025/08/25/whole-milk-healthier-rfk-jr/
  5. https://www.washingtonpost.com/opinions/2025/09/03/rfk-jr-milk-dairy-ukraine-russia-peace/
  6. https://publichealth.gmu.edu/news/2025-09/got-questions-about-milk-heres-whole-milk-truth
  7. https://www.washingtonpost.com/wellness/2025/09/08/whole-skim-milk-nutrition-plant-protein/
  8. https://www.wsiu.org/2025-09-11/why-rfk-jr-wants-more-fat-in-dairy
  9. https://nypost.com/2025/09/09/us-news/rfk-jr-report-calls-on-government-to-support-breastfeeding-increase-supply-of-donor-human-milk/
  10. https://www.tpr.org/2025-09-11/why-rfk-jr-wants-more-fat-in-dairy
  11. https://ca.news.yahoo.com/decades-ago-made-whole-milk-110922742.html
  12. https://www.usatoday.com/story/news/politics/2025/09/09/rfk-maha-report-childhood-chronic-diseases/85561753007/
  13. https://www.statnews.com/2025/09/10/rfk-jr-maha-promise-tracker-fact-check/
  14. https://www.nbcnews.com/health/kids-health/kennedys-new-maha-report-outlines-steps-improve-kids-health-short-spec-rcna223893
  15. https://www.yahoo.com/news/articles/rfk-maha-theyll-confront-chronic-180030130.html
  16. https://www.nytimes.com/2025/09/11/health/rfk-jr-maha-vaccines-food.html
  17. https://www.scientificamerican.com/article/a-make-america-healthy-again-report-goes-easy-on-the-food-industry/
  18. https://www.reddit.com/r/Health/comments/1nih1ao/decades_ago_we_made_whole_milk_the_enemy_some_say/
  19. https://www.cnn.com/2025/09/16/politics/rfk-vaccines-covid-maha-cassidy-explainer
  20. https://www.dairyherd.com/news/policy/rfk-jr-friend-or-foe-dairy-industry

Sigue subiendo el precio del aceite de oliva en origen

Toca Comer. Sigue subiendo el precio del aceite de oliva en origen. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Gran tensión se vive en el mercado del aceite de oliva. Buena prueba de ello es que en la semana del 20 al 24 de abril los tenedores de aceites en origen ha dado una vuelta de tuerca a los precios, posicionando el aceite de oliva con destino a la refinería en el entorno de los 2,82€/kg. En consecuencia, esta semana hemos de incidir en que todas las categorías de aceite de oliva se han revalorizado hasta llegar a pagarse por un virgen extra los 3,50 y 3,60€/kg e incluso por encima, en función de las características organolépticas.

Lo curioso es que a pesar del nivel de precios alcanzado se observa una escasa oferta de aceites disponibles a la venta. Las almazaras tienen claro que apenas hay aceite guardado en Grecia, Italia e incluso Túnez, y que España es el único país que tiene algo a la venta y por ello no sólo suben sus precios, sino que incluso se resisten a negociar..

Fuente: Olimerca

Las grasas trans podrían dañar la memoria

Toca Comer. Las grasas trans podrían dañar la memoria. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Las grasas trans que se hallan en su comida basura favorita no solo obstruyen sus arterias. Una nueva investigación muestra que quizá también estén dañando su memoria.
Los hombres jóvenes y de mediana edad que comían muchas grasas trans mostraron una reducción significativa en su capacidad de recordar palabras en una prueba de memoria, según los hallazgos presentados el martes en la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), en Chicago (EE.UU.).
Los hombres que contaban con la mayor cantidad de grasas trans en sus dietas sufrieron una reducción de hasta un 10 por ciento en las palabras que podían recordar, encontró el estudio.
«Mientras mayor era el consumo de grasas trans, peor era el rendimiento», advirtió la autora del estudio, la Dra. Beatrice Golomb, profesora de medicina en la Universidad de California, en San Diego.
Las grasas trans son un tipo de grasa de la dieta. Se ha mostrado que, simultáneamente, aumentan los niveles de colesterol LDL (el «malo») y reducen los niveles de colesterol HDL (el «bueno»).
En los productos lácteos y cárnicos hay de forma natural unos niveles bajos de grasas trans, pero las grasas trans creadas de manera artificial, como los aceites hidrogenados, se usan mucho en los alimentos procesados, la comida rápida, los refrigerios, las pizzas congeladas y las cremas para el café.
Golomb dijo que su equipo decidió investigar el efecto potencial de las grasas trans sobre la memoria después de que otro estudio que realizaron hallara que el chocolate mejoraba la memoria.
«El chocolate es un antioxidante y respalda la energía celular, que es importante para un área del cerebro llamada hipocampo, que se sabe que es muy importante para la memoria», dijo. «Dedujimos que dado que las grasas trans son pro oxidantes y dañinas para la energía celular, quizá no fueran buenas para la función de la memoria».
Los investigadores estudiaron a adultos que no habían sido diagnosticados con enfermedades cardiacas, e incluyeron a poco más de mil hombres a partir de los 20 años de edad.
Los participantes completaron un cuestionario sobre la dieta, a partir del cual los investigadores calcularon su consumo de grasas trans.
Para evaluar la memoria, los investigadores utilizaron una prueba validada que se conoce como «palabras recurrentes», dijo Golomb. Presentaron a los participantes una serie de 104 tarjetas, cada una con una palabra. Los participantes debían decir si cada palabra era nueva o si ya había aparecido en una tarjeta anterior.
Los investigadores hallaron que entre los hombres menores de 45 años, los que comían la mayor cantidad de grasas trans mostraban un rendimiento notablemente peor en la prueba de recuerdo de palabras, incluso tras tomar en cuenta factores como la edad, el nivel educativo, la etnia y la depresión.
Cada gramo adicional consumido de grasas trans al día se asociaba con un estimado de 0.76 palabras menos que se recordaban de forma correcta.
«Entre las personas que más consumían, eso equivaldría a entre 11 y 12 palabras menos que recordaban correctamente», explicó Golomb. El número promedio de palabras recordadas correctamente fue de 86, de forma que esto representa «un daño bastante grande en la función», añadió.
Golomb plantea la hipótesis de que los efectos oxidantes de las grasas trans podrían provocar la muerte de neuronas importantes para la memoria. El estrés oxidativo se ha asociado con enfermedades como las enfermedades cardiacas y el cáncer.
Al mismo tiempo, los efectos de desgaste de energía de las grasas trans podrían hacer que las neuronas sean más lentas y respondan menos, añadió.
«Cuando las células no obtienen suficiente energía, en esencia se desactivan», apuntó Golomb.
Pero Golomb anotó que su estudio solo muestra una asociación entre las grasas trans y la memoria, no una relación causal directa.
Ya se ha mostrado que las grasas trans tienen un efecto adverso sobre el estado de ánimo y las conductas de las personas, y que se asocian con una mayor depresión y agresividad, señaló Golomb.
La Dra. Martha Daviglus, profesora del Colegio de Medicina de la Universidad de Illinois y directora ejecutiva del Instituto para la Investigación sobre la Salud de las Minorías, dijo que la investigación muestra que «debemos tener cuidado con lo que comemos, porque tiene consecuencias».
Pero Daviglus cree que los efectos potenciales sobre la memoria de las grasas trans se podrían revertir mediante una alimentación saludable y al eliminar las grasas trans de la dieta.
«Cada vez vivimos más años, así que claro que queremos mantener la memoria y el pensamiento», dijo. «Debemos hacer algo para revertir el daño potencial».
Las investigaciones presentadas en reuniones se deben considerar como preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.
Fuente: Beatrice Golomb, M.D., Ph.D., professor, medicine, University of California, San Diego; Martha Daviglus, M.D., Ph.D., professor, University of Illinois College of Medicine and executive director, Institute for Minority Health Research; Nov. 18, 2014, presentation, American Heart Association annual meeting, Chicago

Grasa saturada, enfermedad cardiovascular, y resultado no esperado

Toca Comer. Grasa saturada y enfermedad cardiovascular, y resultado no esperado. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Corría el año 1968 cuando el bioquímico Ivan Frantz comienza su estudio Minnesota Coronary Survey, financiado por el National Institutes for Health dentro del programa National Diet Heart Study, diseñado para investigar la relación entre el consumo de alimentos ricos en grasa saturada y su incidencia en enfermedades cardiovasculares.

El estudio se desarrolla en una residencia de ancianos y seis hospitales para enfermos mentales en el estado de Minnesota. A la mitad de los 9.057 hombres y mujeres participantes se les alimenta con una “dieta tradicional estadounidense” con mantequilla, huevos, bacon y carne roja, aproximadamente un 18% grasa saturada y a la otra mitad con una dieta que contiene margarina suave, sustitutos de huevo, carne baja en grasa y preparados lácteos a base de aceite vegetal lo que redujo el contenido de grasa saturada a menos de la mitad, manteniendo ambas dietas en torno a un 38% de grasa en su totalidad.

Los participantes estaban hospitalizados y eran vigilados, por lo que no tenían acceso a otras comidas fuera de la dieta prescrita. Este detalle aseguraba la fiabilidad de los resultados.

Después de cuatro años y medio, los investigadores no encontraron diferencias significativas entre ambos grupos ya fuera en eventos cardiovasculares, muertes cardiovasculares o en mortalidad total.
El cáncer fue mayor en el grupo con bajo contenido de grasa saturada, aunque en el informe final que se redactó al respecto, no dice si esta diferencia fue estadísticamente significativa.

Concluyendo que, la dieta baja en grasas saturadas no había demostrado, en absoluto, ninguna ventaja.

Ampliar en:  megustaestarbien.com

Bacterias de ácido láctico mejoran el sabor de los alimentos bajos en grasa

Toca Comer. Bacterias de ácido láctico mejoran el sabor de los alimentos bajos en grasa. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaLos resultados de una investigación realizada por el profesor Ashraf Hassan de la South Dakota State University (SDSU) pueden ayudar a mejorar el sabor de los productos bajos en grasa, que para muchos consumidores no es el mejor.

El mejoramiento del sabor de estos productos puede conseguirse mediante el uso de una cepa de bacterias de ácido láctico que imita la grasa, que fue descubierta por el profesor Hassan.

El profesor Hassan comentó que algunas bacterias producen polisacáridos que pueden contener cientos de moléculas de azúcar que están unidas entre sí, por lo que retienen cantidades importantes de agua.

La cepa de bacterias de ácido láctico que el profesor Hassan descubrió produce polisacáridos que tienen una gran capacidad de retención de agua.

Según el profesor Hassan, estas bacterias producen la misma sensación en la boca que la grasa porque aumentan la espesura y generan una textura suave.

El polisacárido producido por esta cepa también mejora la funcionalidad de las proteínas recuperadas del suero al tiempo que minimiza el impacto negativo del calor sobre la proteína de leche durante el proceso de pasteurización, favoreciendo la conservación del valor nutricional de los alimentos.

La mezcla del polisacárido con las proteínas no sólo puede secarse y añadirse a aderezos para ensaladas, mayonesas y carnes procesadas, sino que además contribuye a la reducción de los costes de fabricación.

Fuente: ClubDarwin.NET

Nueva variedad de margarina Flora pro.activ

Toca Comer. Nueva variedad de margarina Flora pro.activ. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Flora pro.activ sabor mantequilla es la nueva variedad de margarina enriquecida con esteroles vegetales de Unilever. Con esta referencia, la marca da respuesta a aquellos consumidores con hipercolesterolemia que buscan el sabor de la mantequilla en una margarina que reduzca el colesterol.

El  director de Marketing Alimentación Unilever España, asegura que este lanzamiento “supone un paso más en nuestro afán por satisfacer las necesidades de los consumidores. Estamos ampliando nuestra gama de productos destinados a aquellos consumidores que tienen hipercolesterolemia, contribuyendo a mejorar este factor de riesgo cardiovascular a través de los esteroles vegetales que contiene Flora pro.activ sabor mantequilla, una margarina con un gran sabor”.

“Confiamos mucho en este producto y estamos seguros de que será un éxito y muchas más personas podrán lograr así reducir su colesterol con la ayuda de un producto sabroso y de máxima calidad, siempre combinándolo con una alimentación y unos hábitos de vida saludables”.

Flora pro.activ Sabor Mantequilla no es adecuada para los que no necesitan controlar su colesterol. Nutricionalmente, no es apropiada en el embarazo y lactancia ni en menores de cinco años.

Alimentos no tan saludables ni ligeros como anuncian

Toca Comer. Alimentos no tan saludables ni ligeros. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaAlgunos de los alimentos que a primera vista podrían parecer más sanos de lo que en realidad son, según señala Laura Jeffers, nutricionista del Centro de Nutrición Humana da Clínica Cleveland de Ohio (Estados Unidos), en el sitio web de información al público de la institución americana.

1. Batidos de frutas: calorías escondidas

Si bien es cierto que existen pocas comidas tan nutricionalmente densas como los vegetales y las frutas, los denominados ‘smoothies‘ pueden convertirse en una auténtica bomba calórica. Dependiendo de los ingredientes del batido, incluyendo la cantidad de fruta, zumo y proteínas se podrían alcanzar hasta las 1500 calorías. Jeffers sugiere prepararlos en casa, añadir fruta para dar sabor pero poniendo el acento en los vegetales, añadiendo algunos de hoja verde por sus grandes beneficios para la salud y su bajo aporte calórico. Si se incluye piña en la combinación se puede contrarrestar el sabor más fuerte de espinacas baby o berza.

2. Muesli o mezcla de frutos secos: raciones pequeñas

El muesli tiene propiedades saludables pero a menudo se emplean en su preparación muchos aceites o grasas. Si está aglomerado o se adhiere a los dedos con facilidad el producto no es saludable. Existen combinaciones de muesli sanas pero aún así, una porción es una cantidad muy pequeña. El muesli contiene hasta 400 calorías en una taza mediana. Lo mismo sucede con las frutas y los frutos secos. Una única taza de almendras contiene más de 500 calorías. Por ello, las raciones deben ser muy reducidas.

3. Bagels y panes especiales: una nueva tentación

Los bagels son roscos de pan salado muy comunes en Europa y Estados Unidos y cada vez más presentes en los comercios españoles. Según señala Jeffers, la mayoría de estos panes contienen tres o cuatro raciones de carbohidratos y suelen rellenarse con aditivos como la crema de queso, lo que les lleva a alcanzar más de las 400 calorías y contener hasta el 25 por ciento de la cantidad diaria recomendada de sodio. Un bagel normal y un donut glaseado tienen alrededor de las mismas calorías: 215 y 229 respectivamente. Los donuts no son un alimento saludable y contienen más azúcar que los bagels pero éstos pueden en ocasiones pasar como una opción saludable para el desayuno o el tentempié de media mañana.

4. Sopa y ensalada: grasas y sal escondidas

Sopa y ensalada pueden constituir una comida saludable pero existen sopas que en realidad están basadas en cremas, lo que las hace ricas en grasas. En lo que se refiere a la ensalada, una vez que se añaden coscorrones de pan, carnes curadas y aliño con aceite dejan de ser una comida baja en calorías. Otro aspecto a tener en cuenta en las sopas envasadas y en restaurantes es el elevado nivel de sodio que presentan. Según indica Jeffers, demasiada sal no sólo aumenta la presión sanguínea sino que también eleva el riesgo de ictus, fallo cardiaco, osteoporosis, cáncer de estómago y enfermedad renal.

5. Alimentos sin grasas: adiós grasa, hola azúcar

Algunos alimentos libres de grasas son más saludables, como el queso y otros productos lácteos hechos con leche desnatada en vez de entera. Sin embargo, habitualmente, los fabricantes de alimentos libres de grasa añaden azúcar o sirope de maíz alto en fructosa para ayudar a los alimentos a conservarse, lo que añade calorías vacías. «Las personas tienden a tener fobia a la grasa pero las grasas saludables son esenciales para la dieta, siempre y cuando se tomen con moderación. Hay que elegir grasas monoinsaturadas, como las de frutos secos o pescado», explica la nutricionista.

6. Productos procesados que imitan la carne

Cuando se toman salchichas o hamburguesas procesadas sin carne hay que tener en cuenta cuál es la proteína que se emplea. Algunas veces estos productos tienen muchos aditivos químicos. Se puede ganar peso aunque se siga una dieta sin carne al tomar tipos erróneos de proteínas. Hay que elegir listas reducidas de ingredientes, cuanto más productos se reconozcan mejor es el alimento.

7. Paquetes individuales: mejor prepararlos en casa

Los paquetes de raciones individuales son útiles para quienes tienen problemas al controlar las raciones pero estos refrigerios no suelen ser una buena fuente de calorías. La nutricionista aconseja tomar una fruta o un yogur o preparar pequeñas raciones en casa utilizando bolsitas de plástico. «Evitarás la subida y bajada rápidas de azúcar que se produce al comer un paquete con 100 calorías de minigalletas». La clave para comer de forma saludable es hacerlo al menos en el 75% de las ocasiones, señala Jeffers que apunta que no consiste sólo en elegir los alimentos bien sino también en tomarlos con moderación. «Es útil recordar que está bien ser indulgente de vez en cuando en vez de optar por todo o nada», concluye.

Fuente: Público.es

Siguen sin aparecer evidencias contra el consumo de lácteos enteros

Toca Comer. Siguen sin aparecer evidencias contra el consumo de lácteos enteros . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Una de las principales directrices que se da a las personas con riesgo cardiovascular es la de reducir las grasas saturadas. La leche y los lácteos no se libran de esta recomendación y la mayor parte de los pacientes en esta situación suelen estar condenados a tomar de por vida la leche desnatada.
Según un nuevo estudio de intervención publicado en Nutrition Journal,  «The effects of changing dairy intake on trans and saturated fatty acid levels- results from a randomized controlled study«, en el que los expertos han analizado la concentración de ácidos grasos en sangre de un grupo de 180 personas. Se dividió a los participantes en tres subgrupos y a uno de ellos se le pidió que consumiese durante un mes  más de tres raciones diarias de leche entera, a otro se le restringió totalmente la leche y el tercero se utilizó de control. Al hacer los análisis de sangre, los resultados no mostraron diferencias significativas entre los tres grupos.

Ampliar en: Lo que dice la CIENCIA para ADELGAZAR

Otra gran revisión no relaciona las grasas con efectos negativos para la salud

Toca Comer. Otra gran revisión no relaciona las grasas con efectos negativos para la salud . Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaQuienes han leído «Lo que dice la ciencia para adelgazar» saben que hay un capítulo dedicado a desaprender sobre las grasas, es decir, a conocer los mitos y errores que llevan años difundiéndose sobre este macronutriente y que han llevado a convertirlo en el principal culpable de buena parte de las enfermedades crónicas en la sociedad moderna. Pues bien, se acaba de publicar otro gran meta-análisis sobre el tema, «Association of Dietary, Circulating, and Supplement Fatty Acids With Coronary Risk: A Systematic Review and Meta-analysis«, que se suma a la ya larga lista de evidencias que exculpan a las grasas, en este caso de tener algo que ver con el riesgo cardiovascular.

Un par de buenas referencias pueden ser estas:

Destacar que además de no haberse encontrado efectos negativos a comer ningún tipo de grasa (excepto la trans), tampoco se han encontrado ventajas a la suplementación de omega-3 u omega-6

Ampliar en:  Lo que dice la CIENCIA para ADELGAZAR

El fondo CVC se queda con aceites Deoleo

Toca Comer. El fondo CVC se queda con aceites Deoleo. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaEl aceite español tiene nuevo dueño. El fondo de capital riesgo CVC es desde este jueves el nuevo accionista mayoritario de Deoleo. El consejo de administración de la compañía acaba de aprobar la venta del 20% del capital en poder de Bankia y BMN a la firma de private equity, que presentó una oferta a 0,38 euros. Además, de forma complementaria, el nuevo inversor adquirirá otro 9% a través de una ampliación de capital que se suscribirá al mismo precio, según han confirmado a este diario fuentes del consejo de administración.

De esta forma, Deoleo resuelve la salida de Bankia y BMN de su accionariado y al tiempo accede a que CVC obtenga una participación mayoritaria, aunque por debajo del 30%. Aun así, el fondo de capital riesgo presentará una OPA por el resto del capital al mismo precio (0,38 euros) que ha formalizado su inversión, una vez que el resto de accionistas financieros de referencia, Caixa, Kutxa y Unicaja, han confirmado que no venderán sus participaciones, ejerciendo así de núcleo duro español dentro del productor de aceite de oliva.

Fuente: El Confidencial



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