De la promesa al dato: cómo la tecnología redefine la alimentación sostenible

La alimentación sostenible ha dejado de ser solo una aspiración ética o una etiqueta atractiva en el envase. Hoy se está convirtiendo en una disciplina basada en datos: medir emisiones, verificar el origen, reducir pérdidas, optimizar recursos y demostrar, con evidencias, que una cadena alimentaria es realmente más responsable. El artículo publicado por Financial Food el 30 de septiembre de 2026 resume bien este cambio: inteligencia artificial, blockchain, sensores IoT, RFID y códigos QR están pasando de ser herramientas de innovación a convertirse en infraestructuras de confianza para todo el sector agroalimentario.

El motivo es claro: el sistema alimentario tiene un peso ambiental enorme. La FAO recuerda que los sistemas alimentarios representan más de un tercio de las emisiones antropogénicas globales de gases de efecto invernadero, incluyendo producción agrícola, cambios de uso del suelo, transporte, refrigeración, envases y gestión de residuos. Por tanto, la sostenibilidad no puede limitarse al campo ni al producto final: debe abarcar toda la cadena, desde la semilla hasta el plato.

La gran transformación está en pasar de la declaración a la comprobación. SIAL París habla de una nueva fase de la transición agroalimentaria: la fase de la prueba. Según este enfoque, los sensores, la trazabilidad, la inteligencia artificial y los registros digitales permiten convertir compromisos ambientales en indicadores medibles. Una revisión europea de 2025 citada por SIAL, basada en 60 estudios revisados por pares, encontró que la blockchain aparecía en más del 40% de las investigaciones sobre trazabilidad digital, normalmente combinada con IoT, RFID o códigos QR.

Esto cambia la lógica empresarial. Antes, muchas compañías comunicaban sostenibilidad mediante sellos, campañas o memorias corporativas. Ahora, el mercado y los reguladores piden datos: cuánta agua se usó, qué temperatura mantuvo la cadena de frío, cuál fue la huella de carbono, de dónde procede el cacao o la soja, y si ese origen puede auditarse. La trazabilidad deja de ser una herramienta defensiva ante crisis alimentarias y se convierte en un activo competitivo.

Europa está acelerando este movimiento. El Reglamento europeo sobre productos libres de deforestación exige que determinados productos comercializados en la UE no procedan de tierras recientemente deforestadas ni hayan contribuido a la degradación forestal. La Comisión Europea prevé su aplicación para grandes y medianos operadores desde el 30 de diciembre de 2026, lo que convierte la prueba de origen en una necesidad operativa para muchas cadenas globales.

También la política pública está empujando la digitalización agrícola. La Comisión Europea señala que tecnologías como IA, IoT, robótica, plataformas digitales, datos en tiempo real y espacios comunes de datos agrícolas pueden mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la competitividad del sector. Iniciativas como Horizon Europe, los centros de innovación digital y las instalaciones de prueba para IA agroalimentaria buscan llevar estas soluciones del laboratorio al campo y a la industria.

Los ejemplos ya son visibles. SIAL destaca el caso de Dinamarca, que vincula neutralidad climática con instrumentos económicos y prepara un impuesto al carbono agrícola a partir de 2030. Irlanda, a través de Origin Green, combina auditorías, cálculo de huellas de carbono y participación de agricultores y empresas. En Países Bajos, la integración de sensores, QR, IA y blockchain se utiliza para seguir productos desde el origen hasta el punto de venta.

Pero la sostenibilidad tecnológica no se limita a emisiones. El desperdicio alimentario es otro frente decisivo. El PNUMA calculó que en 2022 se generaron 1.050 millones de toneladas de desperdicio alimentario, equivalentes a 132 kilos por persona y a casi una quinta parte de los alimentos disponibles para los consumidores. La medición, la previsión de demanda, la logística inteligente, las plataformas de donación y los envases activos pueden ayudar a reducir ese problema antes de que llegue al vertedero.

La inteligencia artificial puede anticipar cosechas, ajustar riegos, detectar enfermedades, calcular rutas logísticas menos intensivas en carbono o prever picos de demanda en supermercados. Los sensores pueden controlar humedad, temperatura o maduración. La blockchain puede registrar eventos críticos de una cadena compartida por muchos actores. Sin embargo, ninguna tecnología funciona sola: si los datos iniciales son incompletos o falsos, el sistema solo digitaliza el error.

Ahí aparece el gran reto: gobernanza. El Banco Mundial advierte que las tecnologías digitales pueden mejorar la transparencia, la eficiencia y la resiliencia, pero también generan riesgos de concentración empresarial, mala gobernanza de datos, exclusión, pérdida de privacidad y ciberseguridad. Además, insiste en que no son una panacea: carreteras, electricidad, almacenamiento, logística e instituciones siguen siendo igual de importantes.

La OCDE añade otro punto clave: si los agricultores no confían en cómo se accede, comparte y usa su información, pueden resistirse a adoptar soluciones digitales. La sostenibilidad alimentaria basada en datos necesita reglas claras sobre propiedad, privacidad, acceso, interoperabilidad y beneficios compartidos. Sin confianza, la trazabilidad puede percibirse como vigilancia; con confianza, puede convertirse en una herramienta de valor para productores y consumidores.

Los estudios académicos recientes muestran que la tecnología funciona mejor cuando se integra en sistemas humanos concretos. Un caso publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems analizó una cadena corta local que usó blockchain para trazar más de 50 productos, facilitar información de origen al consumidor y reforzar la cooperación entre productores, compradores y organizaciones locales. La lección es clara: la innovación útil no es la más vistosa, sino la que resuelve problemas reales.

La alimentación sostenible del futuro no será solo “verde”; será verificable. Tendrá sensores, datos, auditorías, algoritmos, envases inteligentes y plataformas interoperables. Pero también necesitará agricultores formados, consumidores informados, regulaciones proporcionadas y modelos de negocio inclusivos. La tecnología está redefiniendo la sostenibilidad alimentaria porque permite medirla; ahora el desafío es usar esa medición para transformar de verdad cómo producimos, distribuimos y consumimos alimentos.

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29 de septiembre | Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos: del dato a la acción

Hoy, 29 de septiembre de 2026, celebramos la séptima edición del Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. La jornada, impulsada por la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), pone este año el acento en el potencial transformador de aprovechar mejor los alimentos, también para reducir la presión sobre los bosques y otros recursos naturales. Es una invitación a mirar toda la cadena alimentaria: desde la cosecha hasta el plato.

Una cadena, dos problemas

La pérdida de alimentos ocurre antes de que estos lleguen al comercio minorista: durante la poscosecha, el almacenamiento, el transporte o la transformación. Según la estimación de la FAO, en 2023 se perdió en esas etapas el 13,3 % de los alimentos producidos en el mundo. Es aproximadamente uno de cada ocho. La cifra apenas ha variado desde 2015, cuando se situaba en el 13 %.

El desperdicio, en cambio, se observa en el comercio, los servicios de alimentación y los hogares. El último gran cálculo mundial del PNUMA, referido a 2022, estima que se desperdició el 19 % de los alimentos disponibles para los consumidores: unos 1.050 millones de toneladas, incluidas las partes no comestibles. De ese total, el 60 % correspondió a los hogares, el 28 % a los servicios de alimentación y el 12 % al comercio minorista.

Estas cifras describen etapas distintas y proceden de años diferentes; no conviene sumarlas como si fueran un único porcentaje. Sí permiten extraer una conclusión: el problema no empieza en el cubo de basura ni puede resolverse únicamente allí.

Lo que se pierde va más allá de la comida

Cuando un alimento no llega a consumirse, también se desaprovechan el agua, la energía, el suelo y el trabajo empleados para producirlo, procesarlo y distribuirlo. La pérdida y el desperdicio alimentario generan entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y ocasionan costes económicos estimados en cerca de un billón de dólares anuales. Aprovechar mejor lo que ya producimos puede disminuir la presión sobre los recursos naturales.

La dimensión humana exige la misma atención. La FAO calcula que entre 608 y 696 millones de personas padecieron hambre en 2025, con una estimación central de 645 millones. Además, alrededor de 2.100 millones experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave. Reducir las pérdidas no acabará por sí solo con el hambre: garantizar una alimentación adecuada también requiere afrontar la pobreza, la desigualdad y las dificultades de acceso a los alimentos. Pero desperdiciar menos es una parte necesaria de la respuesta.

Ese compromiso está recogido en la meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para 2030, plantea reducir a la mitad el desperdicio alimentario mundial per cápita en el comercio minorista y entre los consumidores, y disminuir las pérdidas a lo largo de las cadenas de producción y suministro, incluidas las poscosecha. No se trata solo de gestionar mejor los residuos: se trata, ante todo, de evitar que se generen.

¿Por dónde puede empezar una empresa alimentaria?

La respuesta debe adaptarse a cada actividad, producto y eslabón de la cadena. Un primer paso razonable es convertir las mermas —a menudo dispersas entre compras, producción, almacén y ventas— en información útil para tomar decisiones. Un sistema de medición coherente permite detectar los puntos críticos y comprobar si las medidas funcionan.

  • Medir con un criterio claro. Registrar cuánto alimento se pierde o desperdicia, en qué etapa y con qué destino. Conviene distinguir los alimentos de las partes no comestibles y mantener los datos comparables a lo largo del tiempo. Las donaciones de alimentos aptos para el consumo deben contabilizarse por separado del desperdicio.
  • Investigar las causas. Una cifra global no revela si el problema está en los daños durante el transporte, las condiciones de almacenamiento, los rechazos en producción o los excedentes. Analizarlo por producto, proceso y turno ayuda a priorizar intervenciones.
  • Planificar mejor. Ajustar compras y producción a la demanda, coordinarse con proveedores y clientes y revisar la rotación de existencias puede evitar excedentes antes de que aparezcan. La prevención requiere que compras, operaciones, calidad y comercial trabajen con los mismos datos y objetivos.
  • Revisar procesos, formatos y envases. Mejorar la manipulación, estudiar tamaños de porción adecuados y evaluar cómo conservar la vida útil puede ayudar a que el alimento llegue en buenas condiciones a su destino. Cualquier cambio debe preservar siempre la inocuidad y la calidad.
  • Dar prioridad al consumo humano. Si, pese a la prevención, queda un excedente, la redistribución de alimentos seguros y aptos para el consumo debe considerarse antes que otros aprovechamientos. Solo cuando esa opción no sea posible procede estudiar usos alternativos y la valorización, siguiendo la jerarquía alimentaria.
  • Comprobar los resultados. Fijar una línea de partida, seguir indicadores periódicos —por ejemplo, kilos perdidos por tonelada producida— y revisar las decisiones adoptadas permite pasar de una campaña puntual a la mejora continua. Lo que no se mide difícilmente se puede mejorar.

Desde S3C Triple Impacto creemos que avanzar hacia una industria alimentaria más segura, sostenible y saludable implica reconocer el valor de cada alimento y de cada recurso invertido en producirlo. Reducir pérdidas y desperdicio es una cuestión ambiental, pero también de eficiencia, competitividad y responsabilidad. Que este 29 de septiembre no sea solo una fecha de concienciación: que sea el comienzo —o la continuación— de decisiones medibles en las que ninguna empresa ni persona del sector alimentario se quede atrás.

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Abbott pagará casi 385 millones de dólares por el caso de la fórmula infantil de 2022

El Departamento de Justicia de Estados Unidos anunció el 14 de septiembre de 2026 un acuerdo civil con Abbott Laboratories por casi 385 millones de dólares. El pacto resuelve acusaciones sobre la fabricación de fórmula infantil en polvo y productos nutricionales adquiridos con fondos públicos, en un caso relacionado con la crisis de 2022.

Abbott abonará 348.700.868 dólares al Gobierno federal y otros 36.298.172 dólares a determinados estados para resolver reclamaciones de Medicaid y WIC: aproximadamente 348,7 y 36,3 millones, respectivamente. El acuerdo no determina responsabilidad de la empresa ni constituye una sentencia sobre los fallecimientos investigados. Tampoco supone que el Gobierno considere infundadas sus acusaciones: las partes han pactado resolver reclamaciones disputadas sin prolongar el litigio.

Dos fallecimientos y una relación causal no demostrada

El episodio que motivó la investigación sanitaria incluyó cuatro infecciones por Cronobacter en bebés que habían consumido fórmula producida en Sturgis, Michigan. Todos fueron hospitalizados y dos murieron. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) señaló que la infección pudo contribuir a ambas muertes. Esa conclusión no equivale, sin embargo, a demostrar que los productos de Abbott fueran el origen del contagio.

La FDA detectó condiciones insalubres y cinco cepas de Cronobacter sakazakii en la fábrica. Sin embargo, las muestras clínicas disponibles de dos bebés no coincidieron genéticamente con las ambientales. La agencia explicó que no pudo determinar si los menores enfermaron por consumir el producto o por otra vía de contaminación. Por tanto, la presencia de bacterias en una instalación y la atribución de una infección concreta deben distinguirse.

Cronobacter puede sobrevivir en alimentos secos, incluida la fórmula infantil en polvo. Aunque generalmente resulta inofensivo para la mayoría de las personas, puede causar enfermedades potencialmente mortales en lactantes menores de dos meses, prematuros o con el sistema inmunitario debilitado. Esa vulnerabilidad explica la importancia de prevenir la contaminación durante la fabricación y manipulación de estos alimentos.

Qué cuestionaba el Gobierno

Las reclamaciones abarcan el período comprendido entre el 1 de enero de 2018 y el 31 de diciembre de 2022, y afectan a las plantas de Sturgis y Casa Grande, Arizona. El Gobierno alegó que Abbott hizo que programas públicos pagaran por productos fabricados sin cumplir exigencias legales, sanitarias y contractuales. La vía utilizada fue la False Claims Act, la ley federal contra reclamaciones de pago falsas al Estado.

La acusación describía goteras que vertían agua sobre equipos, reparaciones provisionales y secadores utilizados pese a presentar grietas. También atribuía a Abbott la ampliación de los intervalos entre limpiezas para aumentar la producción. El Departamento de Justicia sostuvo, además, que la empresa evitó deliberadamente algunas pruebas microbiológicas y omitió resultados positivos cuando la FDA solicitó información durante inspecciones de 2019 y 2022. Abbott rechaza estas alegaciones, que el acuerdo no convierte en hechos judicialmente probados.

La dimensión económica se explica por el peso de WIC, el programa de apoyo nutricional para mujeres, bebés y niños. Según la demanda federal, más de la mitad de la fórmula infantil adquirida en Estados Unidos se paga con fondos del Departamento de Agricultura canalizados a través de este programa. Por ello, las certificaciones de cumplimiento sanitario no eran un asunto accesorio: formaban parte de las condiciones exigidas para contratar el suministro.

La causa incorporaba denuncias bajo el mecanismo qui tam, que permite a particulares demandar en nombre del Gobierno y recibir una parte del dinero recuperado. Scott Millard, Kristine Cooper y Loren Cooper, que trabajaron para Abbott, recibirán conjuntamente 69 millones de dólares de la porción federal del acuerdo. Esa cantidad corresponde a su papel como denunciantes, no a indemnizaciones para las familias.

La posición de Abbott y el impacto del cierre

En su respuesta, Abbott subrayó que el acuerdo no implica reconocimiento de culpa. La compañía sostuvo que ningún envase cerrado y distribuido de sus fórmulas había dado positivo por Cronobacter y recordó los resultados negativos de productos sin abrir recogidos en los hogares investigados. También informó de que el Gobierno había cerrado la investigación penal relacionada con el caso.

La retirada de fórmulas, entre ellas Similac, y la paralización de Sturgis agravaron en 2022 un abastecimiento ya afectado por los problemas logísticos de la pandemia. Según Associated Press, el Gobierno flexibilizó las importaciones, organizó envíos aéreos desde Europa y activó medidas de emergencia para favorecer la producción. La planta cerró en febrero y reabrió en junio de aquel año.

En mayo de 2022, las autoridades y Abbott habían presentado un proyecto de acuerdo judicial para posibilitar la reapertura bajo condiciones. La propuesta contemplaba contratar expertos externos, desarrollar planes para reducir el riesgo bacteriano y evaluar periódicamente el cumplimiento de las normas bajo supervisión de la FDA. Aquel procedimiento buscaba corregir las condiciones de producción y era distinto del acuerdo económico anunciado ahora.

Las reclamaciones de las familias continúan

El pacto con las administraciones no pone fin a las demandas de los padres. Food Safety News informó de que numerosas acciones seguían pendientes cuando se anunció la resolución. Además, el acuerdo reserva expresamente determinadas responsabilidades por lesiones personales y daños materiales. La distinción es decisiva: recuperar fondos públicos no sustituye la evaluación de los daños alegados por cada familia ni genera una indemnización automática. Para esos demandantes, la resolución del litigio gubernamental no equivale al cierre de sus reclamaciones.

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La mitad de los alimentos para bebés no cumplen los criterios de la OMS

En los pasillos de los supermercados, los padres se enfrentan a una tarea abrumadora: elegir alimentos saludables para sus hijos pequeños entre un mar de envases coloridos, dibujos animados y promesas de nutrición. Lo que muchos no saben es que, según un reciente análisis masivo, casi la mitad de esos productos no cumplen con los estándares nutricionales básicos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Investigadores de múltiples instituciones internacionales analizaron 2.783 alimentos comercializados específicamente para niños de entre 6 y 36 meses. Los resultados son contundentes: el 49,2 % de estos productos incumplía al menos uno de los criterios nutricionales recomendados por la OMS. El estudio, publicado en una revista de salud pública, examinó productos de países de ingresos altos y medios, incluyendo Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, México, Brasil y varios países europeos.

Este hallazgo no es un dato aislado, sino una alerta sobre un problema sistémico que afecta a la nutrición infantil desde el destete hasta los primeros años de vida.

¿Qué dice exactamente la OMS sobre la alimentación infantil?

La OMS ha establecido perfiles nutricionales claros para los alimentos procesados destinados a niños pequeños. Estos criterios buscan garantizar que los productos no contengan niveles perjudiciales de azúcares añadidos, sodio, grasas saturadas ni aditivos innecesarios. Además, recomiendan que los alimentos para la primera infancia no incluyan edulcorantes artificiales ni potenciadores del sabor.

Los criterios evaluados en el estudio incluyen:

  • Azúcares añadidos: máximo 5 gramos por cada 100 kcal (o que el azúcar no supere el 10% del total de calorías).
  • Grasas saturadas: límite del 10% del contenido calórico total.
  • Sodio: máximo 100 mg por cada 100 gramos de producto (excepto en productos equivalentes a comidas completas, donde el límite es de 200 mg).
  • Ausencia de edulcorantes no nutritivos como aspartamo, sucralosa o stevia.

A pesar de estas directrices, los investigadores encontraron que el azúcar añadido era el criterio más frecuentemente incumplido. Casi un 40% de los productos analizados superaban el límite permitido de azúcares libres o añadidos. Esto es especialmente preocupante porque los alimentos para niños pequeños son, con frecuencia, el primer contacto con sabores dulces artificiales, lo que condiciona las preferencias alimentarias futuras y contribuye al desarrollo de obesidad infantil, caries y enfermedades metabólicas.

¿Qué productos son los más problemáticos?

El estudio clasificó los alimentos en categorías como papillas de frutas y verduras, cereales infantiles, galletas y snacks, yogures y postres, comidas preparadas (pasta, arroces, guisos) y purés en bolsa (los populares «pouch»).

Los snacks y galletas lideraron los incumplimientos. Más del 70% de estos productos superaban el límite de azúcar añadido. Muchos de ellos contienen jarabe de maíz de alta fructosa, concentrados de jugo de fruta (que a menudo se añaden como endulzantes sin ser declarados como «azúcar añadido» de forma explícita) y otros edulcorantes camuflados bajo nombres técnicos.

Los yogures y postres lácteos también mostraron tasas alarmantes. En esta categoría, el 55% contenía azúcares añadidos por encima del límite, además de presentar aditivos no recomendados como espesantes artificiales o aromatizantes.

Los cereales infantiles, que muchos padres consideran una opción sana y básica, presentaron un 30% de incumplimiento. Algunos contenían niveles elevados de sodio —casi el triple del recomendado—, especialmente aquellos que incluyen verduras deshidratadas o especias para «mejorar el sabor».

Las papillas de fruta en bolsitas (los «pouch») merecen una mención especial. Aunque la fruta natural es un alimento saludable, estas presentaciones procesadas a menudo concentran azúcares naturales a niveles muy altos y, en algunos casos, añaden zumos concentrados que disparan la carga glucémica. Un 45% de estos productos no cumplían con el criterio de azúcares libres.

El problema del marketing engañoso

Una de las conclusiones más preocupantes del estudio es la desconexión entre el etiquetado y el contenido real. Productos que en su envase muestran frutas sonrientes, dibujos de animales y frases como «con ingredientes naturales» o «sin azúcares añadidos» —cuando en realidad contienen concentrados de jugo que actúan exactamente igual que el azúcar— son habituales en los lineales.

Esta estrategia de «health washing» o lavado de cara saludable es especialmente eficaz con padres primerizos, que tienden a confiar en las afirmaciones del empaque. El estudio documentó que en productos etiquetados como «sin azúcar añadido», el 25% contenía niveles elevados de azúcares libres procedentes de zumos concentrados o purés.

¿Cuáles son las consecuencias para la salud infantil?

La exposición temprana a alimentos ultraprocesados con alto contenido de azúcar, sodio y grasas saturadas tiene efectos a largo plazo. Los niños desarrollan una preferencia por lo dulce que puede persistir toda la vida, se acostumbran a texturas homogéneas y pierden la capacidad de apreciar sabores más complejos como los de las verduras o las frutas frescas.

Además, el consumo elevado de azúcares añadidos en los primeros años se asocia con un mayor riesgo de obesidad infantil, diabetes tipo 2, hipertensión y caries dental. La OMS estima que actualmente más de 40 millones de niños menores de 5 años en el mundo tienen sobrepeso u obesidad, cifra que no deja de crecer.

¿Qué pueden hacer los padres ante este panorama?

El estudio concluye que la responsabilidad no puede recaer únicamente en los progenitores. Las autoridades regulatorias de cada país deberían alinear sus normativas con los criterios de la OMS, exigir un etiquetado frontal claro (como los sistemas de semáforo nutricional) y prohibir el marketing engañoso de productos dirigidos a niños pequeños. Países como Chile, México o Uruguay ya han adoptado medidas en esta dirección, con resultados positivos en la reformulación de productos.

Mientras tanto, los expertos recomiendan:

  • Leer siempre la lista completa de ingredientes, no solo el frontal del envase. El azúcar aparece bajo múltiples nombres: jarabe de maíz, dextrosa, fructosa, sacarosa, concentrado de jugo de fruta, melaza, miel…
  • Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados: fruta entera (en lugar de purés en bolsa), verduras cocidas caseras, legumbres, yogur natural sin azúcar.
  • Desconfiar de las afirmaciones como «sin azúcar añadido» si el producto contiene zumo de frutas concentrado o puré de frutas en alta concentración.
  • Comparar marcas, incluso dentro de la misma categoría. Dos galletas infantiles pueden tener hasta el triple de azúcar entre sí.

Un llamado a la acción

El análisis de 2.783 alimentos para niños pequeños es un termómetro que marca fiebre en la industria alimentaria infantil. Que casi la mitad de los productos no cumplan con los criterios de la OMS no es un fallo menor: es una señal de que necesitamos políticas más estrictas y una mayor educación para los consumidores.

Cada vez que un padre elige un alimento envasado para su hijo pequeño, está tomando una decisión que influirá en su salud futura. Tener la información correcta, basada en datos científicos y no en eslóganes publicitarios, es el primer paso para que esas decisiones sean realmente informadas.

Porque cuando hablamos de alimentar a la primera infancia, no se trata de conveniencia ni de marketing: se trata del desarrollo de una vida que merece empezar con la mejor nutrición posible.

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La FDA aprueba el Bemotrizinol: el primer nuevo ingrediente en protectores solares en décadas

El pasado 14 de julio de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) anunció un hito histórico en el ámbito de la protección solar: la aprobación del bemotrizinol como el primer nuevo ingrediente activo en filtros solares desde finales de los años 90. Esta decisión, largamente esperada por dermatólogos, científicos y consumidores, marca un avance significativo en la lucha contra el daño solar y el envejecimiento prematuro de la piel, así como en la prevención del cáncer de piel. Pero, ¿qué implica realmente esta aprobación? ¿Por qué es tan relevante? Y, sobre todo, ¿cómo beneficiará al público en general?

Un contexto de estancamiento regulatorio

Durante más de dos décadas, el mercado estadounidense de protectores solares ha estado limitado a un puñado de ingredientes activos, muchos de los cuales ya se utilizaban en otras partes del mundo. Mientras que países como Australia, Japón o los miembros de la Unión Europea han incorporado innovaciones en sus fórmulas —como el Tinosorb S (bemotrizinol) o el Tinosorb M (bisoctrizol)—, Estados Unidos se había quedado atrás debido a un proceso regulatorio lento y complejo.

La FDA no había aprobado un nuevo filtro solar químico desde 1999, cuando se autorizó el uso del avobenzono. Este estancamiento dejó a los consumidores estadounidenses con menos opciones y, en muchos casos, con productos menos efectivos contra los rayos UVA, responsables del envejecimiento y el daño celular a largo plazo. El bemotrizinol, sin embargo, promete cambiar este panorama.

¿Qué es el bemotrizinol y cómo funciona?

El bemotrizinol es un filtro solar de amplio espectro que pertenece a la familia de los triazoles. Su estructura química le permite absorber y dispersar tanto los rayos UVB (que causan quemaduras solares) como los UVA (asociados al envejecimiento y al riesgo de cáncer de piel). A diferencia de otros filtros, el bemotrizinol es especialmente efectivo en la región de UVA largo (UVA I, 340-400 nm), donde muchos protectores solares tradicionales tienen una cobertura limitada.

Una de sus ventajas más destacadas es su estabilidad. Muchos filtros solares químicos se degradan con la exposición al sol, perdiendo eficacia con el tiempo. El bemotrizinol, en cambio, mantiene su capacidad de protección durante periodos prolongados, incluso bajo radiación intensa. Además, es fotostable, lo que significa que no se descompone fácilmente al interactuar con otros ingredientes en la fórmula.

Beneficios para los consumidores

La aprobación del bemotrizinol no solo amplía el catálogo de ingredientes disponibles, sino que también ofrece beneficios concretos para los usuarios:

  1. Protección más completa: Al cubrir un espectro más amplio de radiación UVA, el bemotrizinol ayuda a prevenir el fotoenvejecimiento (arrugas, manchas y pérdida de elasticidad) y reduce el riesgo de cáncer de piel no melanoma, como el carcinoma basocelular y el de células escamosas.
  2. Fórmulas más ligeras y cómodas: A diferencia de algunos filtros físicos (como el óxido de zinc o el dióxido de titanio), que pueden dejar un residuo blanco en la piel, el bemotrizinol es invisible al aplicarse, lo que lo hace ideal para uso diario, incluso bajo maquillaje.
  3. Compatibilidad con otros ingredientes: Su estabilidad permite combinarlo con otros filtros solares, como el octinoxato o el oxibenzono, para crear productos aún más efectivos.
  4. Seguridad respaldada por estudios: La FDA ha revisado exhaustivamente los datos de seguridad del bemotrizinol, incluyendo estudios de toxicidad dérmica, absorción sistémica y efectos a largo plazo. Hasta la fecha, no se han reportado efectos adversos significativos en su uso tópico.

¿Por qué ha tardado tanto en aprobarse?

El proceso de aprobación de nuevos ingredientes en protectores solares en EE.UU. es notoriamente lento. La FDA exige pruebas rigurosas para demostrar seguridad y eficacia, lo que incluye:

  • Estudios de absorción: Para asegurarse de que el ingrediente no penetre en la sangre en cantidades preocupantes.
  • Pruebas de irritación y alergias: Para evaluar reacciones en diferentes tipos de piel.
  • Evidencia de protección UVA/UVB: Mediante pruebas in vitro e in vivo.

En el caso del bemotrizinol, su uso ya estaba aprobado en más de 80 países, incluyendo la Unión Europea, Australia y Japón, donde lleva años en el mercado sin reportes de problemas graves. Sin embargo, la FDA requiere que los datos se presenten según sus propios estándares, lo que ha retrasado su incorporación en EE.UU.

Impacto en la industria y el futuro de la protección solar

La aprobación del bemotrizinol es un punto de inflexión para la industria de los protectores solares. Se espera que:

  • Más marcas incorporen este ingrediente en sus fórmulas, ofreciendo productos más avanzados.
  • Aumente la competencia, lo que podría llevar a una mayor innovación y a precios más accesibles.
  • Se acelere la aprobación de otros ingredientes, como el bisoctrizol o el drometrizol trisiloxano, que ya se usan en otros países.

Además, esta decisión envía una señal positiva a los fabricantes de que la FDA está dispuesta a modernizar sus regulaciones, algo que los dermatólogos han venido pidiendo durante años. Como declaró la Academia Americana de Dermatología (AAD) en un comunicado: «La aprobación del bemotrizinol es un paso crucial para que los estadounidenses tengan acceso a las mismas tecnologías de protección solar que ya disfrutan en otras partes del mundo».

¿Cuándo estará disponible en el mercado?

Aunque la FDA ya ha dado el visto bueno, el proceso de comercialización puede llevar varios meses. Las empresas deberán:

  1. Formular productos con el nuevo ingrediente.
  2. Realizar pruebas adicionales para garantizar la estabilidad y seguridad de las fórmulas finales.
  3. Obtener las certificaciones necesarias para su venta.

Se estima que los primeros protectores solares con bemotrizinol podrían llegar a las estanterías a finales de 2026 o principios de 2027. Mientras tanto, los consumidores pueden estar atentos a anuncios de marcas líderes como Neutrogena, La Roche-Posay o EltaMD, que ya han mostrado interés en incorporarlo.

Conclusión: Un avance necesario

La aprobación del bemotrizinol es una noticia que celebra tanto la comunidad científica como los consumidores. Representa no solo un avance tecnológico, sino también un cambio de mentalidad en la regulación de productos de cuidado personal. En un mundo donde la exposición al sol y sus efectos dañinos son una preocupación creciente, contar con herramientas más efectivas es fundamental.

Sin embargo, es importante recordar que ningún protector solar es infalible. El bemotrizinol, por avanzado que sea, debe usarse como parte de una estrategia integral de protección solar, que incluya:

  • Aplicación generosa y frecuente (cada 2 horas o después de nadar/sudar).
  • Uso de ropa protectora, gorras y gafas de sol.
  • Evitar la exposición al sol en las horas pico (10 a.m. a 4 p.m.).

Con esta nueva herramienta en el arsenal, el futuro de la protección solar en EE.UU. —y, por extensión, en otros países que sigan su ejemplo— parece más brillante que nunca. La pregunta ahora es: ¿estamos listos para aprovecharlo al máximo?

Generado por Le Chat Mistral

Denunciada en Francia la sal de Súria por un posible riesgo para la salud

La sal minera de Súria, un producto tradicional catalán apreciado por su pureza y su uso en gastronomía de proximidad, se ha visto envuelta en una controversia sanitaria tras ser denunciada en Francia por un posible riesgo para la salud. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha confirmado que investiga la presencia de concentraciones inusualmente altas de bromuro en lotes comercializados, y ha trasladado el expediente al órgano europeo competente. La notificación, activada a través de los canales oficiales de la Unión Europea, ha puesto el foco sobre los controles de contaminantes en sales no refinadas y ha reavivado el debate sobre cómo conciliar la autenticidad de los productos artesanales con los estándares analíticos contemporáneos.

El origen de la alerta: Francia y el sistema RASFF

La señal de alarma partió de las autoridades sanitarias francesas, que detectaron niveles de bromuro por encima de los parámetros habituales en muestras de sal de Súria importadas y distribuidas en territorio galo. El hallazgo se comunicó de inmediato a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF), la red europea que permite la coordinación transfronteriza ante riesgos alimentarios emergentes. Francia, aplicando el principio de precaución, retiró preventivamente los lotes identificados y solicitó a España información detallada sobre el origen geológico, el proceso de extracción y los historiales de autocontrol. La rápida activación del protocolo no implica, por sí misma, la confirmación de un daño a la salud, sino el funcionamiento ordinario de un sistema diseñado para actuar antes de que un riesgo se materialice. En la Unión Europea, cualquier desviación analítica en productos de consumo diario desencadena automáticamente una cadena de verificación que prioriza la transparencia y la trazabilidad.

¿Qué es la sal de Súria y por qué contiene bromuro?

La sal de Súria procede de las cuencas mineras del Bages, en Cataluña, una zona con más de un siglo de explotación de potasa y sal gema. A diferencia de la sal marina refinada, esta sal se extrae de depósitos subterráneos formados por la evaporación de antiguos mares interiores y suele comercializarse con un grado mínimo de procesamiento, lo que preserva su perfil mineral original. El bromuro es un anión que puede aparecer de forma natural en yacimientos salinos, especialmente en formaciones geológicas ricas en haluros o en estratos con historia hidrotermal. En condiciones normales, su presencia se limita a trazas y no supone riesgo alguno. Sin embargo, variaciones en la veta explotada, cambios en los métodos de extracción o la ausencia de etapas de lavado y purificación pueden elevar su concentración final. Expertos en geoquímica alimentaria recuerdan que el bromuro no es un contaminante de origen industrial en este contexto, sino un componente geogénico cuya variabilidad exige vigilancia analítica constante, sobre todo en productos que no pasan por procesos de estandarización química.

Riesgos para la salud: lo que dice la ciencia sobre el bromuro

El bromuro, en dosis elevadas y por exposición crónica, puede competir con el yodo en la captación tiroidea y alterar el equilibrio endocrino. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado en diversas ocasiones la presencia de haluros en la dieta, señalando que la ingesta debe mantenerse dentro de márgenes estrictos, especialmente para grupos sensibles como embarazadas, niños y personas con patologías tiroideas previas. El denominado bromismo, un cuadro histórico asociado a fatiga, erupciones cutáneas o alteraciones neurológicas leves, se documentó ampliamente cuando el bromuro se utilizaba como fármaco sedante, pero es extremadamente infrecuente por vía alimentaria. No obstante, la detección de niveles anómalos en un producto de uso cotidiano como la sal justifica la activación de protocolos de evaluación de riesgo. AESAN ha subrayado que, por el momento, no se han notificado casos clínicos vinculados al consumo de estos lotes, y que la investigación se centra en caracterizar la exposición real de la población y en contrastar los datos con umbrales toxicológicos actualizados.

La respuesta de AESAN y el marco europeo de seguridad alimentaria

Ante la notificación francesa, AESAN ha abierto un expediente que incluye la toma de muestras en origen, la auditoría de los registros de autocontrol de la empresa extractora y la validación cruzada con laboratorios acreditados por ENAC. Paralelamente, ha elevado el caso a la Comisión Europea y a la EFSA para una evaluación armonizada, un procedimiento reglado que se activa cuando un contaminante carece de límites máximos específicos en la legislación alimentaria vigente. La normativa europea regula con precisión metales pesados, micotoxinas y residuos de plaguicidas, pero el bromuro en sal minera no cuenta con un valor límite explícito en el Reglamento (CE) 1881/2006 ni en sus modificaciones posteriores. Esta laguna técnica obliga a aplicar el principio de precaución y a basarse en dictámenes científicos para establecer referencias provisionales. Fuentes de AESAN han indicado que se está trabajando en una propuesta de parámetro técnico que podría servir de base para futuras actualizaciones reglamentarias. Mientras tanto, se ha recomendado a los distribuidores la retirada voluntaria de los lotes señalados y se ha habilitado un canal de información para consumidores, restauradores y profesionales del sector.

Impacto en el mercado y medidas preventivas

La sal de Súria ocupa un nicho específico en el mercado español y europeo, valorada por chefs y consumidores que buscan alternativas menos procesadas a la sal común. La alerta, aunque circunscrita a lotes concretos, ha generado preocupación en el sector de las sales especiales y ha puesto de manifiesto la necesidad de adaptar los controles analíticos a productos con perfiles minerales inherentemente variables. Algunas empresas y cooperativas ya han anunciado la implementación de cribados adicionales de bromuro, la estandarización de procesos de selección y la publicación voluntaria de fichas analíticas por partida. Desde el punto de vista comercial, la transparencia y la trazabilidad se han convertido en activos estratégicos: los consumidores exigen garantías sin renunciar a la autenticidad del producto. Las autoridades han recordado que, de confirmarse una desviación sostenida, el riesgo sería gestionable mediante ajustes en el procesado y no implica un peligro inherente a la sal minera en sí. La colaboración entre España, Francia y las instituciones europeas demuestra la solidez del sistema de vigilancia alimentaria, capaz de detectar anomalías antes de que se traduzcan en daños a la salud pública.

Conclusión

El caso de la sal de Súria ilustra cómo la demanda de productos menos industrializados y la circulación transfronteriza de alimentos exigen un equilibrio constante entre tradición, ciencia y regulación. La denuncia en Francia no es un fallo del sistema, sino una prueba de su eficacia: los mecanismos de alerta temprana funcionan, las agencias cooperan y la investigación avanza con rigor metodológico. AESAN y la EFSA determinarán en las próximas semanas si los niveles de bromuro detectados requieren ajustes normativos, medidas correctoras permanentes o simplemente una recalibración de los controles en origen. Mientras tanto, los consumidores pueden mantener la calma, verificar los lotes afectados a través de los canales oficiales y recordar que, independientemente de su origen, el consumo de sal debe ser moderado por recomendación sanitaria general. La seguridad alimentaria no es un estado estático, sino un proceso continuo de vigilancia, adaptación y transparencia. Y en ese proceso, incluso una pizca de sal puede recordar que la confianza se construye con datos, con cooperación institucional y con información veraz.

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866 millones de enfermos y 1,5 millones de muertes al año: la carga oculta de los alimentos inseguros según la OMS

Cada 7 de junio, la comunidad global conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, una fecha impulsada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para recordar que lo que comemos no solo debe nutrir, sino también proteger. Este año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha marcado la efeméride con la publicación de nuevas estimaciones globales sobre el impacto de las enfermedades de transmisión alimentaria (ETA). Los datos son contundentes y revelan una crisis de salud pública silenciosa: los alimentos inseguros provocan aproximadamente 866 millones de enfermedades y 1,5 millones de muertes cada año en todo el mundo. Una cifra que coloca a la inocuidad alimentaria en el mismo nivel de gravedad que pandemias y enfermedades infecciosas históricamente priorizadas, como la tuberculosis, el VIH/sida o la malaria.

Una carga comparable a las grandes epidemias globales

Durante décadas, las ETA han sido subestimadas en las agendas sanitarias internacionales. A diferencia de enfermedades con cuadros clínicos específicos y sistemas de vigilancia consolidados, las intoxicaciones y infecciones alimentarias suelen manifestarse como episodios gastrointestinales agudos que, en muchos contextos, se autolimitan o se atribuyen a “malestares estomacales” sin diagnóstico etiológico. Esta subnotificación crónica ha distorsionado la percepción real de su impacto. Las nuevas modelizaciones de la OMS, elaboradas con el apoyo de su Grupo Asesor de Epidemiología de la Carga de Morbilidad por Enfermedades de Transmisión Alimentaria (FERG) y cruzadas con datos de la FAO, institutos nacionales de salud y estudios de carga de enfermedad publicados en revistas como The Lancet Global Health, corrigen ese sesgo.

Con 1,5 millones de fallecimientos anuales, las ETA superan o igualan la mortalidad de la tuberculosis (~1,3 millones), el VIH (~630000) y la malaria (~600000), según los últimos informes de la OMS y ONUSIDA. La diferencia radica en la visibilidad: mientras que estas últimas cuentan con fondos globales, estrategias verticalizadas y campañas de concienciación masiva, la inocuidad de los alimentos se fragmenta entre ministerios de agricultura, salud, comercio y medio ambiente, diluyendo responsabilidades y recursos.

La infancia, el eslabón más vulnerable

Uno de los hallazgos más alarmantes de las nuevas estimaciones es la desigualdad en la distribución del riesgo. Los niños menores de cinco años enfrentan casi tres veces más probabilidades de enfermar por consumir alimentos contaminados en comparación con niños mayores y adultos. Esta vulnerabilidad no es casual: responde a factores biológicos, nutricionales y socioeconómicos entrelazados. Su sistema inmunitario aún está en desarrollo, su masa corporal es menor (lo que amplifica el efecto de toxinas y patógenos) y sus patrones de consumo los exponen a alimentos de alto riesgo, como lácteos no pasteurizados, aguas no tratadas o preparaciones calleeras con manipulación inadecuada.

Además, la desnutrición y las ETA forman un círculo vicioso bien documentado por UNICEF y la OMS. Las infecciones intestinales recurrentes dañan la mucosa digestiva, reducen la absorción de nutrientes y favorecen el retraso del crecimiento. En regiones con sistemas sanitarios frágiles, una simple diarrea por Salmonella, Campylobacter o E. coli enteropatógena puede derivar en deshidratación grave, sepsis o muerte, especialmente cuando el acceso a sales de rehidratación oral o antibióticos adecuados es limitado.

¿Dónde se rompe la cadena de inocuidad?

La contaminación alimentaria no ocurre en un solo eslabón, sino que es el resultado de fallos acumulativos a lo largo de una cadena cada vez más globalizada. Desde la producción primaria (uso de aguas residuales en riego, manejo inadecuado de estiércol, abuso de antimicrobianos en ganadería) hasta el procesamiento industrial, el transporte sin cadena de frío, la venta en mercados informales y la preparación doméstica, cada etapa introduce riesgos. Los agentes etiológicos más frecuentes incluyen bacterias (Salmonella spp., Listeria monocytogenes, Vibrio cholerae), virus (norovirus, hepatitis A), parásitos (Taenia solium, Cryptosporidium) y contaminantes químicos (micotoxinas, metales pesados, residuos de plaguicidas).

La OMS y la FAO insisten en que abordar este desafío exige un enfoque “Una sola salud” (One Health), que integre la vigilancia humana, animal y ambiental. La resistencia antimicrobiana, impulsada en parte por el uso profiláctico de antibióticos en la producción animal, complica aún más el tratamiento de las ETA bacterianas, convirtiendo infecciones antes manejables en amenazas clínicas de difícil control.

Respuestas globales y responsabilidades compartidas

Frente a este panorama, la OMS ha renovado su llamado a fortalecer los sistemas nacionales de inocuidad alimentaria. El Codex Alimentarius, programa conjunto FAO/OMS, sigue siendo el referente internacional para establecer normas basadas en evidencia, pero su implementación depende de la voluntad política y la capacidad técnica de cada país. Las recomendaciones clave incluyen: invertir en laboratorios de referencia y redes de vigilancia epidemiológica; aplicar sistemas de análisis de peligros y puntos críticos de control (HACCP) en toda la cadena; regular la venta informal sin criminalizarla, acompañándola de capacitación y infraestructura básica; y promover la educación sanitaria desde las escuelas.

La industria alimentaria, por su parte, debe asumir la trazabilidad y la transparencia como estándares innegociables, mientras que los consumidores requieren acceso a información clara sobre manipulación, conservación y cocción segura. Lavar manos y superficies, separar alimentos crudos y cocidos, cocinar a temperaturas adecuadas y mantener la cadena de frío son prácticas sencillas que, según la OMS, podrían prevenir hasta el 70 % de las ETA de origen doméstico.

Más allá de la salud: economía, comercio y derechos humanos

El impacto de los alimentos inseguros trasciende los indicadores sanitarios. Genera pérdidas económicas estimadas en decenas de miles de millones de dólares anuales por gastos médicos, ausentismo laboral, rechazo de exportaciones y deterioro del turismo. Además, choca frontalmente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible: no puede haber “Hambre Cero” (ODS 2) si los alimentos disponibles enferman; no hay “Salud y Bienestar” (ODS 3) sin prevención de ETA; y la “Producción y Consumo Responsables” (ODS 12) exige cadenas alimentarias éticas y seguras.

La inocuidad no es un lujo técnico, sino un derecho humano reconocido implícitamente en el derecho a la alimentación adecuada y a la salud. Garantizarla requiere dejar de tratarla como un tema sectorial y elevarla a prioridad de Estado, con presupuestos asignados, marcos regulatorios actualizados y cooperación Sur-Sur y triangular que cierre brechas tecnológicas y de capacitación.

Conclusión: un recordatorio que debe convertirse en acción

El Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos no es una celebración, sino una alerta anual. Las nuevas cifras de la OMS desmontan la idea de que las enfermedades transmitidas por alimentos son “males menores” o problemas exclusivos de entornos con saneamiento precario. En un mundo interconectado, un brote en un mercado local puede convertirse en una crisis transfronteriza en cuestión de días. La prevención es posible, costo-efectiva y moralmente ineludible.

Frente a 866 millones de personas que enferman y 1,5 millones que pierden la vida cada año por lo que comen, la respuesta no puede ser la resignación. Exige vigilancia integrada, inversión sostenida, educación continua y responsabilidad compartida. Porque la seguridad alimentaria no termina cuando hay comida en la mesa; comienza cuando esa comida no pone en riesgo la vida de quien la consume.

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El desmantelamiento de la red de seguridad alimentaria en EE. UU.: Un riesgo creciente para la salud pública

En los últimos meses, los cambios impulsados por el presidente Donald Trump y su aliado Robert F. Kennedy Jr. han generado una profunda preocupación entre los expertos en salud pública y seguridad alimentaria en Estados Unidos. Recortes presupuestarios, despidos y la transferencia de responsabilidades al ámbito estatal amenazan con socavar décadas de protecciones federales destinadas a prevenir brotes de enfermedades transmitidas por alimentos y a garantizar la salud de los consumidores estadounidenses.foodsafetynews

Reducción de recursos y vigilancia

Las recientes decisiones políticas han provocado la reducción significativa del personal de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), incluido el despido de todo el equipo de comunicación y recortes en programas clave como el de Inspección de Alimentos Humanos y los laboratorios de campo, estos últimos con una disminución prevista del 54,4 %. Paralelamente, el presupuesto propuesto para 2026 traslada gran parte de las inspecciones rutinarias a las administraciones estatales. Este proceso de descentralización se produce mientras el número de investigaciones de brotes alimentarios resueltas por la FDA cae en picada: en 2024 se identificó el origen en el 77 % de los casos, mientras que en 2025 el porcentaje cayó al 36 %.foodsafetynews

La situación no mejora con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que han limitado su vigilancia activa de patógenos alimentarios, pasando de seis organismos monitorizados a solo dos por falta de fondos.foodsafetynews

Consecuencias para la salud pública

Las repercusiones de estos recortes son graves y previsibles. Los expertos anticipan un aumento en la incidencia de enfermedades transmitidas por alimentos, más hospitalizaciones y muertes, así como brotes que permanecerán sin detectar o sin resolución. Además, el reciente retiro de normativas clave por parte del Departamento de Agricultura (USDA), como el proyecto de regulación de ciertas cepas de Salmonella en aves crudas, refuerza los riesgos, especialmente al considerar la tolerancia a la propagación de influenza aviar en aves de corral infectadas en lugar de recurrir al sacrificio preventivo.foodsafetynews

Por si fuera poco, el desmantelamiento de la unidad del Departamento de Justicia encargada de casos de seguridad alimentaria y medicamentos debilita aún más la capacidad federal para actuar ante crisis alimentarias y delitos relacionados.foodsafetynews

Hacia una fragmentación normativa

La transferencia de responsabilidades a los estados conlleva la creación de estándares dispares y una posible fragmentación del sistema de protección alimentaria. Así, la vigilancia dependerá de los recursos y la voluntad política de cada territorio, generando desigualdad y confusión entre consumidores y productores.foodsafetynews

Algunos estados con mayor capacidad están promoviendo alianzas regionales para suplir la ausencia federal, como el caso de la West Coast Alliance (California, Oregón, Washington y Hawái) y colaborativos en el noreste del país. Las propuestas incluyen el desarrollo de normas de inspección propias, la imposición de certificados de análisis para productos de fuera de la región y la regulación estricta de descargas contaminantes de explotaciones ganaderas industriales.foodsafetynews

Un futuro incierto

Expertos con décadas de experiencia subrayan la necesidad de una agencia federal única, de alto nivel, que centralice la seguridad alimentaria en EE. UU.. Sin embargo, frente al retraimiento federal actual, el liderazgo de los estados parece la única apuesta viable para proteger la salud pública, aunque advierten que los desafíos logísticos, económicos y políticos serán enormes.foodsafetynews

La situación actual evidencia cómo la desregulación y la fragmentación pueden poner en riesgo avances logrados durante años y exponer a la población a peligros evitables, recordando que la seguridad alimentaria requiere cooperación, recursos y una visión unificada que priorice el bien común por encima de intereses políticos.foodsafetynews

  1. https://www.foodsafetynews.com/2025/09/trump-aided-by-rfk-jr-is-dismantling-the-u-s-food-safety-network/

México desperdicia 30000 toneladas de comida al día

México desperdicia 30 mil toneladas de comida diariamente. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaEn México se desperdician diariamente 30 mil toneladas de alimento útil mientras que 27 millones de personas carecen de la alimentación básica para su sustento, indicó el presidente de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos, Federico González.

«Nosotros la Asociación Mexicana decimos que hay 30 mil toneladas diarias de alimento, la confederación de centrales de abasto a nivel nacional habla de una cifra mucho mayor de 50 mil toneladas y organismos oficiales como SAGARPA y la FAO  también hablan de cantidades similares«, explicó Federico González, presidente de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos.

En conferencia de prensa indicó que si se pudiera recuperar la mitad del alimento que se desperdicia, no habría hambre en México.

El presidente de la Asociación Mexicana de Bancos de Alimentos dijo que actualmente a través de 60 bancos se logra rescatar el 2% de lo que se desperdicia, significan 120000 toneladas que benefician a un 1100000 personas en todo México de forma constante.

Dijo que el problema no es únicamente el desperdicio, también la falta de capacidad para recolectar los alimentos que se donan en cada etapa.

Fuente: ClubDarwin.NET

Pérdida y desperdicio de alimentos a nivel mundial

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha dedicado recursos y estudios al tema delicado de la pérdida y desperdicio de alimentos, que la organización denomina PDA, y que se hace presente durante toda la cadena de producción de alimentos para consumo humano.

Los estudios arrojan una serie de datos importantes entre ellos el desperdicio global anual que asciende a 1.3 millones de toneladas, el cual significa al menos un tercio de la producción total de alimentos.

¿Es tan malo el azúcar?

Una pista de la que podemos fiarnos es que recientemente la OMS ha recomendado que la ingesta diaria de azúcar común se rebaje por lo menos hasta el 5% de las calorías que ingerimos a lo largo del día. Esta recomendación se fundamenta en la relación probada entre el exceso de consumo de azúcar con la proliferación de casos de diabetes de tipo II, obesidad y caries. Para entender la relación causa-efecto es preciso saber qué es el azúcar y cómo lo metabolizamos.

El azúcar común pertenece al grupo de los carbohidratos. Los carbohidratos de nuestra dieta se presentan en tres formas distintas: polisacáridos, disacáridos y monosacáridos.

cuadro hidratos

Los polisacáridos que ingerimos son de tres tipos principales: almidón de vegetales y granos de cereales, glucógeno del tejido animal y celulosa, que sólo sirve como fibra para aumentar volumen, pero no se metaboliza. Estos polisacáridos (excepto la celulosa) se hidrolizan (se rompen) en la boca por medio de una reacción química realizada por una enzima presente en nuestra saliva. En el estómago, donde el medio es ácido, esta enzima se vuelve más lenta y la reacción la llevan a cabo los ácidos del estómago.

La glucosa es el principal producto de la hidrólisis del almidón y del glucógeno, y se absorbe a través de las paredes intestinales hacia la sangre, que la transporta hacia los tejidos, incluidos músculo esquelético, cerebro, corazón e hígado. Un tercio de esta glucosa se va a los músculos esquelético y cardíaco para la producción y almacenamiento de energía; cerca de otro tercio va al cerebro, cuya única fuente de energía proviene de la degradación de esta glucosa (glucólisis); y el tercio restante se va al hígado, donde se almacena como glucógeno.

Los disacáridos de la dieta incluyen la maltosa, la sacarosa (azúcar común o de mesa) y la lactosa (azúcar de la leche). La sacarosa es lo que comúnmente denominamos azúcar, y es lo que suele ser excesivamente abundante en nuestra dieta. En el sistema digestivo, por acción enzimática, la sacarosa se rompe en sus monosacáridos glucosa y fructosa que pasan al torrente sanguíneo.

Artículo completo en: DIMTEILSULFURO

Hostelería y comercio pierden al año € 1600 millones en hurtos

Toca Comer. Hostelería y comercio pierden al año € 1600 millones en hurtos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Las asociaciones que integran el comercio, la fabricación y la hostelería han analizado hoy en rueda de prensa en Madrid el impacto de la Reforma del Código Penal en los hurtos comerciales. Un problema de importante dimensión económica y social contra el que luchan desde hace años, y en el que legalmente se habían sentido desprotegidos.

La Reforma del Código Penal elimine el concepto de falta para tratar los hurtos como delitos leves y que la multireincidencia, la rotura de los dispositivos de alarma y seguridad y la autoría de grupo criminal no organizado se consideren agravantes en este tipo de prácticas

Las organizaciones han destacado también los elevados costes que tiene para las empresas combatir este tipo de acciones. Y es que a los más de € 1.600 millones que anualmente se pierden a causa de los hurtos hay que sumar las inversiones para protegerse de los hurtos comerciales, la dedicación de recursos humanos a gestionarlos, etc…

Se trata de un problema que resta competitividad a las empresas y reduce, por tanto, su capacidad de crecer y crear empleo. Por ello, el director general de ASEDAS, Ignacio García Magarzo , ha destacado “el esfuerzo conjunto del sector para reducir este tipo de prácticas y el hecho de que, con la Reforma, todo el hurto comercial se considere un delito y no una falta como sucedía hasta ahora”.

Por su parte, el director general de AECOC ha manifestado también que “el pequeño comercio va a obtener importantes ventajas de esta medida porque a menudo son quienes tienen mayores dificultades para poder invertir en la prevención de este tipo de prácticas”

Nuevos valores de referencia dietéticos para la vitamina A

plenty of vitaminsEl Panel de Productos Dietéticos, Nutrición y Alergias de EFSA ha establecido nuevos valores dietéticos de referencia para la Vitamina A, estableciendo las siguientes Ingesta de Referencia para la Población (PRI):

Hombres: 750 µg retinol/día
Mujeres: 650 µg retinol/día.
Población infantil: desde 190 µg retinol/día en niños de 7-11 meses hasta 580 µg retinol/día en varones de 15 a 17 años.
Embarazo y Lactancia: 700 µg retinol/día y 1300 µg retinol/día, respectivamente.

Para establecer estos valores, el Panel ha considerado unos niveles de 20 µgramos de retinol por gramo de hígado como los apropiados para mantener una adecuada concentración de retinol en plasma, para prevenir los signos clínicos de deficiencia de esta vitamina y para proporcionar unas reservas adecuadas. Por tanto, este valor es el que ha sido utilizado como referencia para establecer los requerimientos medios para todos los grupos de edad.

Enlace al dictamen: Scientific Opinion on Dietary Reference Values for vitamin A

Informe FAO sobre la evaluación y gestión de la salubridad y calidad de los alimentos de origen acuático

Toca Comer. Informe FAO sobre la evaluación y gestión de la salubridad y calidad de los alimentos de origen acuático. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) acaba de publicar un informe técnico donde compila el estado del conocimiento sobre la salubridad y calidad de los alimentos de origen acuático, con el objetivo de proveer un libro texto para los gestores de la salubridad y calidad de los alimentos.

El documento incluye tópicos como los nuevos patógenos, el impacto del cambio climático sobre la salubridad de los alimentos de origen acuático, y los cambios en la estructura de regulación.

El primer capítulo del informe brinda información sobre la producción mundial de pescado, el comercio, consumo y nutrición, y sobre los avances en los sistemas de salubridad y calidad.

Asimismo se describe los peligros para la salud pública con respecto al pescado y los productos pesqueros, considerando los peligros biológicos, químicos y físicos. Además se incluye información sobre el ensilado de los alimentos de origen acuático y los problemas de calidad.

Finalmente, el informe incluye información detallada sobre la implementación y certificación de los sistemas de salubridad de los alimentos de origen acuático, cubriendo la mitigación del riesgo y herramientas de gestión, con una descripción detallada de los requerimientos para la implementación del HACCP.

Referencia: Ryder, J., Karunasagar, I. & Ababouch, L., eds. 2014. Assessment and management of seafood safety and quality: current practices and emerging issues. FAO Fisheries and Aquaculture Technical Paper No. 574. Rome, FAO. 432 pp.
http://www.fao.org/3/a-i3215e.pdf

Principales parásitos transmitidos por los alimentos

Toca Comer. Principales Parásitos Transmitidos por los Alimentos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Los diez principales parásitos transmitidos por los alimentos y que causan mayor preocupación en el mundo, aparecen en un lista publicada hoy por la FAO y la OMS, que están elaborando nuevas directrices para combatirlos.

Los parásitos afectan a la salud de millones de personas cada año, infectando tejidos musculares y órganos, causando epilepsia, choques anafilácticos, disentería amebiana y otra serie de problemas. Algunos parásitos pueden vivir en el cuerpo humano durante décadas.

A pesar del enorme coste social y su impacto a nivel mundial, existe por lo general falta de información sobre de donde proceden estos parásitos, cómo viven en el cuerpo, y –lo más importante- la forma en que nos hacen enfermar.

Los diez principales son:
1 Taenia solium (tenia del cerdo o tenia armada): En la carne de cerdo .

2 Echinococcus granulosus (gusano hidatídico o tenia equinococo): En los productos frescos

3 Echinococcus multilocularis (otro tipo de tenia): En los productos frescos 

4 Toxoplasma gondii (protozoos): En la carne de pequeños rumiantes, cerdo, carne de vacuno, carne de caza (carne roja y órganos) .

5 Cryptosporidium spp (protozoos):. En productos frescos, zumo de fruta, leche

6 Entamoeba histolytica (protozoos): En los productos frescos .

7 Trichinella spiralis (gusano del cerdo): En la carne de cerdo (provoca la triquinosis, ndr) .

8 Opisthorchiidae (familia de gusanos planos o platelmintos): En los peces de agua dulce

9. Ascaris spp. (pequeñas lombrices intestinales): En los productos frescos

10 Trypanosoma cruzi (protozoos): En los zumos de fruta

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