El espejismo de la acuicultura: cuando criar pescado vacía los mares y empobrece al Sur Global

En la imaginación colectiva, la acuicultura se presenta a menudo como la solución definitiva a la crisis pesquera mundial. Ante el colapso de los stocks salvajes, la cría de peces en cautividad se vende como una alternativa sostenible, capaz de alimentar a una población creciente sin saquear los mares. Sin embargo, bajo la superficie de esta narrativa verde se esconde una realidad mucho más turbia. Investigaciones recientes, recogidas por medios como El País y respaldadas por organizaciones ecologistas, señalan una paradoja alarmante: lejos de aliviar la presión sobre los océanos, la acuicultura industrial, especialmente la del salmón, puede estar acelerando su agotamiento. La cifra es contundente y revela la ineficiencia del sistema: un salmón de cultivo puede llegar a consumir más de seis veces su peso en peces silvestres a lo largo de su vida.

La ecuación insostenible del «Fish In, Fish Out»

Para entender esta dinámica, es necesario adentrarse en el concepto conocido como Fish In – Fish Out (FIFO), que mide la cantidad de pescado silvestre necesaria para producir una unidad de pescado de cultivo. Los salmones, al ser especies carnívoras, requieren una dieta rica en proteínas y, crucialmente, en aceites omega-3. Estos nutrientes no los sintetizan los peces, sino que los obtienen de las algas y el plancton, acumulándose en la cadena trófica a través de los peces forrajeros, como la anchoveta, la sardina o el jurel.

Para alimentar a los salmones en las piscifactorías de Noruega, Chile, Escocia o España, se necesita harina y aceite de pescado. Aunque la industria ha logrado reducir este ratio en la última década incorporando proteínas vegetales (soja, guisantes), la dependencia de la pesca extractiva sigue siendo crítica para garantizar el perfil nutricional y el crecimiento rápido del animal. Cuando se habla de que un salmón consume seis veces su peso en peces silvestres, se hace referencia a la biomasa total extraída del océano para sostener su ciclo vital. Esto significa que, por cada kilo de salmón que llega a nuestro plato, se han sacrificado hasta seis kilos de peces pequeños que, en condiciones naturales, alimentarían a depredadores mayores, aves marinas y, potencialmente, a comunidades humanas.

El rastro global de la harina de pescado: el caso de España

España es uno de los principales productores de acuicultura de la Unión Europea, con una industria significativa de dorada, lubina y salmón, especialmente en Galicia. Sin embargo, la autonomía alimentaria de estos peces es una ilusión. Gran parte de la harina de pescado utilizada por las piscifactorías españolas procede de países extranjeros. Las cadenas de suministro son globales y opacas. Los insumos viajan desde las costas de Perú y Chile, los mayores productores mundiales de harina de anchoveta, hasta las plantas de procesamiento europeas.

Pero el rastro no termina en Sudamérica. En los últimos años, la mirada se ha girado hacia África Occidental. Países como Senegal, Mauritania o Gambia han visto cómo sus aguas, ricas en sardinas y jureles, son barridas por flotas industriales extranjeras. Estos peces no se destinan a alimentar a la población local, que sufre inseguridad alimentaria, sino que se transforman en harina para exportar a Europa y Asia. Así, la acuicultura europea externaliza sus impactos ambientales y sociales. Lo que se presenta como un producto «cultivado localmente» en un supermercado de Madrid o Barcelona, lleva consigo la huella ecológica de la pesca industrial en el otro lado del Atlántico.

Impactos sociales: la colonización de los océanos

El coste de este modelo no es solo ecológico, es profundamente humano. En las regiones proveedoras de harina de pescado, la competencia por el recurso es feroz. Las flotas industriales, a menudo subsidiadas o con acuerdos de acceso cuestionables, compiten directamente con la pesca artesanal. Los pescadores locales denuncian que las redes de arrasto que capturan peces para harina destruyen sus caladeros y reducen drásticamente sus capturas.

Este fenómeno ha sido calificado por activistas como una forma de «colonialismo de recursos». Mientras los consumidores europeos disfrutan de un filete de salmón rico en omega-3, las comunidades costeras de África o Sudamérica ven cómo su principal fuente de proteína barata y accesible desaparece del mercado local para convertirse en pienso para peces de lujo. La soberanía alimentaria de estos países se ve comprometida para sostener un modelo de consumo insostenible en el Norte Global. Organizaciones como Oceana y Greenpeace han documentado cómo esta dinámica agrava la pobreza y la inestabilidad social en regiones ya vulnerables, creando un ciclo de dependencia económica donde los recursos naturales se extraen sin dejar un beneficio real para la población originaria.

¿Existe una salida sostenible?

Ante la evidencia, la industria acuícola responde que la innovación es la clave. Se habla de piensos basados en algas, insectos o incluso levaduras modificadas genéticamente para producir omega-3 sin necesidad de peces silvestres. Si bien estas tecnologías son prometedoras, su implementación a gran escala es aún limitada y costosa. Mientras tanto, el crecimiento de la demanda de salmón sigue superando la capacidad de desarrollar alternativas reales.

La solución, por tanto, no reside únicamente en la tecnología, sino en un cambio de paradigma en el consumo. Continuar incrementando la producción de carnívoros marinos como el salmón es, matemáticamente, incompatible con la salud de los océanos. Los expertos sugieren que la verdadera acuicultura sostenible debe centrarse en especies herbívoras o filtradoras, como las carpas, las tilapias, los mejillones o las ostras, que no requieren harina de pescado para crecer y, además, ayudan a limpiar el agua.

Conclusión

La afirmación de que un salmón de cultivo puede consumir más de seis veces su peso en peces silvestres no es solo un dato curioso; es un síntoma de un sistema alimentario global desequilibrado. La acuicultura industrial, tal como está concebida actualmente, no está cerrando el ciclo de los océanos, sino abriéndolo aún más, transfiriendo la presión pesquera de las especies comerciales a las bases de la cadena alimentaria marina.

Para los consumidores, el mensaje es claro: la etiqueta de «cultivo» no garantiza sostenibilidad. Es necesario exigir transparencia en el origen de los piensos y apoyar aquellas prácticas que no comprometan la seguridad alimentaria de terceros países. Los océanos no son una fuente inagotable de insumos para la industria; son un ecosistema finito. Si queremos que sigan llenos de vida, debemos dejar de verlos como una fábrica de pienso para satisfacer nuestro apetito de salmón. La verdadera sostenibilidad comienza por entender que no podemos salvar los mares devorándolos en silencio.

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En Estados Unidos se autoriza el consumo de un salmón transgénico capaz de crecer el doble de rápido

Toca Comer. En Estados Unidos autoriza el consumo de un salmón transgénico capaz de crecer el doble de rápido . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha aprobado el primer animal modificado genéticamente por ingeniería genética para consumo humano. Se trata de un salmón capaz de crecer el doble de rápido que el convencional y que requiere menos alimento en su desarrollo. Este salmón es conocido como AquaAdvantage, nombre de la empresa estadounidense afincada en Massachusetts que desarrollado dicho pescado.

La FDA ha analizado a fondo esta nueva variedad y ha evaluado los posibles riesgos que podrían presentarse, concluyendo que el salmón AquaAdvantage cumple con todos los requisitos de seguridad para ser aprobado, seguridad tanto para el medio ambiente como para el consumo humano. Una aprobación que se ha dilatado en el tiempo porque, según ha argumentado la propia FDA, se trataba de la primera aprobación de un pescado MG y las evaluaciones han requerido más tiempo del habitual.

Ampliar en: Fundación Antama

Salmones transgénicos

Toca Comer. Salmones transgénicos . Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaHace unos días leímos en los diarios que Canadá ha aprobado la producción industrial de huevos del salmón transgénico Aquabounty. Este salmón incluye un gen del salmón real y un promotor que se activa en condiciones de frío por lo que continua creciendo a pesar de la temperatura. Esto permite que crezca en la mitad de tiempo que el salmón normal. Para el medio ambiente es una buena noticia puesto que uno de las críticas a las piscifactorías es que no alivian la presión sobre la pesca ya que para alimentar a los salmones se utilizan harinas de pescado. La ventaja de este crecimiento rápido es que se necesita menos pienso para alcanzar el tamaño óptimo, por lo tanto la huella ecológica será mucho menor.

Por supuesto un proyecto como este suscita dudas ¿pueden escaparse estos salmones? ¿pueden desplazar a las poblaciones nativas? ¿Podría suceder que en un futuro todos los salmones fueran transgénicos? La preocupación por supuesto es legítima y todo esto se ha tenido en cuenta antes de conceder la autorización. Para empezar el crecimiento rápido no supone ninguna ventaja para el crecimiento en la vida salvaje, puesto que llegan antes al tamaño máximo, pero no son mayores que los salmones salvajes. Por otra parte son salmones criados con pienso, con lo que no han desarrollado el instinto de cazar. Si alguno se escapa es que se muera de hambre, y por último (y creo que ese argumento es definitivo) los salmones se esterilizan antes de criarse en los tanques y solo se utilizan hembras, por lo que aunque se escapen y sobrevivan, no pueden reproducirse.  Por lo tanto este nuevo desarrollo será bueno para el medio ambiente y además permitirá abaratar el precio de un pescado caro como es el salmón.

Más interesante que la noticia en si misma, es que nos ha brindado un genial ejemplo de lo que es la falacia del principio de equidistancia. El diario “El Pais” se hacía eco de esta noticia. En general los datos objetivos que presenta son correctos, aunque convendría matizar esta información:

Pero el salmón de AquaBounty es el primer animal transgénico que aspira a llegar a nuestros mercados y restaurantes.

Realmente no es el primer animal transgénico que llega al mercado. Parece ser que se les ha despistado los glofish que se comercializan desde hace años en Estados Unidos, peces transgénicos que incluyen la proteína fluorescente GFP, en diferentes versiones, para brillar en diferentes colores.

Artículo completo en:  Tomates con genes



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