El doble de aditivos en la cesta veggie: el estudio que cuestiona lo que comes a diario

Un estudio pionero realizado en el Reino Unido revela que los productos de origen vegetal ultraprocesados contienen, de media, el doble de aditivos alimentarios que sus equivalentes de origen animal, y plantea serias dudas sobre si la dieta basada en plantas es siempre la opción más saludable.


Introducción: el auge de lo «veggie» y sus promesas

En los últimos años, el mercado de productos de origen vegetal ha experimentado un crecimiento exponencial. Leches de avena, hamburguesas de proteína de guisante, nuggets de soja, quesos sin lácteos, salchichas vegetales y una larga lista de alternativas han colonizado los supermercados de medio mundo. Conscientes de la creciente demanda, las grandes cadenas de alimentación dedican cada vez más espacio en sus lineales a estos productos, que se presentan ante el consumidor como opciones más saludables, más sostenibles y más respetuosas con el bienestar animal.

Sin embargo, ¿realmente sabemos qué estamos comprando cuando llenamos el carrito con productos plant-based? ¿Son tan saludables como su imagen nos sugiere? Un estudio pionero ha puesto el foco precisamente en esa pregunta, y sus conclusiones han encendido la alarma entre nutricionistas, consumidores y reguladores.


El estudio: quién lo ha hecho y qué ha encontrado

La investigación ha sido llevada a cabo por el Instituto Joseph Whittaker para la Nutrición Óptima (Joseph Whittaker Institute for Optimal Nutrition), con sede en el Reino Unido, y ha sido publicada en la revista científica Food Additives & Contaminants. Se trata del primer trabajo de esta envergadura que compara de forma sistemática el contenido en aditivos alimentarios de productos de origen vegetal con el de sus equivalentes tradicionales de origen animal vendidos en supermercados.

Para ello, los investigadores analizaron un amplio abanico de productos comercializados habitualmente en cadenas de supermercado británicas: bebidas vegetales frente a leche convencional, hamburguesas vegetales frente a hamburguesas de carne, alternativas de queso frente a queso lácteo, salchichas vegetales frente a salchichas de carne, postres vegetales frente a postres lácteos, y así sucesivamente.

Los resultados fueron contundentes: en total, los productos de origen vegetal analizados contenían el doble de aditivos alimentarios que sus equivalentes de origen animal. Es decir, de media, un producto veggie presentaba el doble de sustancias añadidas —emulgentes, estabilizantes, espesantes, colorantes, saborizantes, conservantes y correctores de acidez— que su homólogo de procedencia animal.


¿Por qué tantos aditivos en los productos vegetales?

La razón de esta diferencia es, en gran medida, tecnológica. Los productos de origen animal tienen una estructura, un sabor, una textura y unas propiedades organolépticas que el consumidor reconoce y espera. Cuando la industria pretende imitar esas características a partir de ingredientes vegetales, el reto es considerable. Un filete de ternera, un trozo de queso curado o un vaso de leche tienen composiciones naturales complejas que no se reproducen fácilmente con harinas, proteínas extraídas o aceites vegetales.

Para lograr que una hamburguesa de guisante y soja tenga el mismo aspecto, la misma jugosidad, el mismo mordisco y un sabor aceptable, las empresas recurren a un largo listado de aditivos. Estos ingredientes funcionales son los responsables de que el producto «se comporte» de manera similar al de origen animal: le dan cremosidad, evitan que se separe el agua, aportan color, intensifican el sabor, prolongan la vida útil y mantienen la textura durante la cocción.

En definitiva, cuanto más se aleja un producto de su estado natural y cuanto más se intenta imitar otro alimento, mayor es la necesidad de recurrir a la química alimentaria. Este es precisamente el punto que el estudio del Instituto Whittaker pone de relieve con datos concretos.


¿Son peligrosos esos aditivos?

Es importante matizar que la presencia de aditivos en un alimento no lo convierte automáticamente en peligroso. La Unión Europea cuenta con una de las legislaciones más estrictas del mundo en materia de seguridad alimentaria. Cada aditivo autorizado ha pasado por evaluaciones de seguridad rigurosas llevadas a cabo por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que establece niveles máximos de ingesta diaria admisible.

No obstante, el debate no se reduce a si un aditivo aislado es seguro o no. La cuestión que preocupa a parte de la comunidad científica es el efecto cóctel: ¿qué sucede cuando consumimos diariamente una combinación de decenas de aditivos distintos procedentes de múltiples alimentos ultraprocesados? Sobre esta materia, la evidencia es aún limitada y los estudios a largo plazo escasean.

Además, investigaciones recientes han relacionado el consumo elevado de alimentos ultraprocesados —independientemente de que sean de origen vegetal o animal— con un mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, trastornos metabólicos e incluso ciertos tipos de cáncer. Un estudio publicado en The BMJ en 2024, basado en datos de más de 100.000 participantes, ya señalaba que un 10 % de aumento en la proporción de ultraprocesados en la dieta se asociaba a un incremento significativo del riesgo de diversas patologías.


La trampa del health halo: cuando «vegano» no significa «saludable»

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es que evidencia un fenómeno conocido en marketing alimentario como health halo o «halo de salud». Se trata de la tendencia del consumidor a asociar automáticamente ciertas etiquetas —como «vegano», «vegetal», «plant-based», «sin lactosa» o «ecológico»— con la idea de que un producto es intrínsecamente más saludable, aunque su lista de ingredientes cuente otra historia.

Muchos productos veggie contienen cantidades elevadas de azúcares añadidos, grasas refinadas, sal y, como demuestra este estudio, una amplia variedad de aditivos tecnológicos. Comprar una galleta vegana no la convierte en un alimento nutritivo del mismo modo que comprar una bebida de arroz con sabor a fresa no equivale a consumir fruta.

Los autores del estudio advierten de que el consumidor debe ir más allá del frontal del envase y aprender a leer detenidamente la lista de ingredientes y el etiquetado nutricional. El número y la naturaleza de los ingredientes son un indicador fiable del grado de procesamiento del producto.


¿Entonces, qué comer? Algunas claves prácticas

El estudio no pretende demonizar los productos de origen vegetal ni animar al consumo indiscriminado de carne ultraprocesada. De hecho, los investigadores señalan que también existen productos de origen animal con un alto contenido en aditivos. La clave, insisten, está en el grado de procesamiento, no en el origen del alimento.

Algunas recomendaciones prácticas que se desprenden del trabajo y de la opinión de expertos en nutrición son:

  1. Priorizar alimentos en su estado natural o mínimamente procesados: legumbres, frutas, verduras, frutos secos, cereales integrales, huevos, pescado fresco o carnes no transformadas. Estos alimentos no necesitan aditivos.
  2. Leer siempre la lista de ingredientes: si un producto tiene más de cinco o seis ingredientes, o incluye nombres que no reconocemos, probablemente está muy procesado.
  3. No confundir etiqueta con nutrición: que un producto lleve el sello «vegano» o «sin gluten» no garantiza que sea saludable.
  4. Moderar el consumo de análogos vegetales ultraprocesados: están bien como recurso ocasional, pero no deberían constituir la base de la dieta.
  5. Consultar con profesionales: un dietista-nutricionista puede ayudar a diseñar una dieta equilibrada, ya sea omnívora, vegetariana o vegana, sin caer en la trampa de los ultraprocesados.

Conclusión

El estudio del Instituto Joseph Whittaker para la Nutrición Óptima supone un llamamiento a la reflexión. La transición hacia una alimentación más basada en plantas es, en términos generales, positiva para la salud y para el planeta. Pero esa transición debe hacerse con criterio, eligiendo alimentos reales en lugar de productos de laboratorio culinario disfrazados de naturaleza. Porque, al final, lo importante no es si lo que comes es «vegano» o no, sino si realmente es comida de verdad.

Generado por Mimi v2.5 pro

Carta a un vegano

Toca Comer. Carta a un vegano. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un amigo decía de las “victorias” que los nutricionistas veganos solían citar, que eran Victorias Pírricas. Tenía razón.

Yo parto de que no existe una “Panacea Dietética”, a pesar de ser una misma Fisiología Humana para todos, sabemos que ésta sigue reglas a nivel molecular y bioquímico que están dictadas, codificadas y regidas por los genes y por su activación o inhibición, en otras palabras: genética y epigenética. Un mundo que va desde insuficiencias enzimáticas, proteínas que inhiben una función genética completa, hasta el más complejo de los mecanismos.

Le digo esto por dos razones.
1- Porque comete Ud. el mismo error que muchos veganos.
Me explico mejor.
Generalmente los veganos, al parecer, se plantean las necesidades de nutrientes, vitaminas y minerales del cuerpo humano, luego identifican cada una de ellas en los alimentos que defienden y ¡listo!, a comerlas y ya.

Algo así como si las vitaminas, aminoácidos esenciales, Fe, Mg y toda una serie de elementos se encontrara en los alimentos en forma de unos “paqueticos”, listos para ser utilizados. Es como decir que “como la celulosa tiene un Hidrocarbono pues podemos servirnos de él, y NO, no tenemos enzimas para degradar la celulosa, por lo tanto, no podemos usar su Hydrocarbon”.

¿Tiene idea del simplismo que plantean?

No. Más que lo que contiene es cómo se obtiene, porque el uso de vías metabólicas alternativas, vías de eliminación con productos finales no “lisables”, tiene su costo orgánico. No es lo mismo el retinol del hígado de pescado que obtenerlo en forma de carotinoide de los cítricos. Tampoco la Riboflavina es de muy fácil obtención si no proviene de productos lácteos o de origen animal. Pero no es el punto.

2.- En estos debates sobre la dieta Vegana, siempre me asombra la falta de conocimientos sobre enfermedades humanas donde la dieta vegana es un factor importante de riesgo para complicaciones y/o aparición de otras entidades patológicas serias. Digamos:

¿¿Sabe Ud. que si un amigo suyo, sin lesión visible en la piel, pero que en un futuro adulto tendrá Vitíligo, y Ud. lo invita a un “razonamiento normativo sensocentrista” y decide la dieta Vegana, lo puede haber condenado a un síndrome poliglandular autoinmune, a un Addison Disease o a un Mixedema, cuando sólo podría haber pasado su vida con “unas manchas en la piel”??

Si Ud. analiza el primer párrafo, se da cuenta que esto no solo puede afectar su salud, sino que estas dietas extremas pueden dar como resultado alteraciones epigenéticas en sus descendientes.

No estamos a la altura de poder elegir una dieta con las características de la dieta Vegana, no con los riesgos que existen. Si en un futuro los estudios nos dan garantías de mejores resultados que nos enseñen cómo equilibrar una dieta Vegana sin correr los riesgos actuales, entonces hablemos, hablaremos de los animales y ver si es tan razonable como Ud. dice. Veo que es de” letras”, no de “Ciencias”, pero eso no implica que no me entienda.

Fuente: Misterios al descubierto

Ser vegano es mala idea

Toca Comer. Ser vegano es mala idea. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En 1944, Donald Watson, Elsie Shrigley y otros cuatro amigos vegetarianos quisieron dar un paso más en sus dietas alimenticias y fundaron la primera Asociación Vegana.

Hasta entonces lo más común es que los vegetarianos también incluyeran en su dieta determinados productos lácteos como la leche, la mantequilla y el queso, así como otros alimentos de origen animal como los huevos o incluso el pescado. Sin embargo, para Watson y compañía estos productos no eran propios de alguien que quisiera llamarse a sí mismo “vegetariano” y por eso se quisieron diferenciar con un término diferente. Nacía así el concepto de “vegano” entendido como “vegetariano estricto” que solo y exclusivamente se alimenta con productos de origen vegetal.

En la actualidad el veganismo ha ido ganando terreno entre un numeroso sector de la población aupado e influenciado por movimientos new age y postmodernistas.

¿Qué dice la Ciencia respecto a las estrictas dietas veganas?
Hace tan solo unos días, la conocida Popular Science, realizaba un exhaustivo análisis de las dietas veganas y lo cierto es que no las dejaba en muy buen lugar. El artículo se titula “Why vegan diets sucks” y enumera varias razones por las que la ciencia considera que ser vegano no es en absoluto una buena idea.

El ser humano es omnívoro. Durante millones de años nuestra particular evolución ha sido posible gracias a la ingesta de todo tipo de nutrientes de origen muy diverso entre los que cabe destacar, con una importancia capital, las proteínas obtenidas de la carne y el pescado.

De las múltiples carencias nutritivas que resultan del veganismo citaremos solamente la más preocupante que es la ausencia de Vitamina B12, un nutriente decisivo en multitud de tareas de nuestro organismo como la formación de los glóbulos rojos y el correcto funcionamiento del sistema nervioso. Se encuentra en la carne, el pescado, la leche o los huevos, precisamente los alimentos prohibidos para cualquier vegano estricto. No se encuentra en ningún vegetal excepto en algunos tipos de algas muy específicos como por ejemplo el género Chlorella.

La carencia de vitamina B12 provoca serios problemas de salud y puede degenerar en anemias y enfermedades relacionadas con el sistema nervioso. De hecho, la gran mayoría de los médicos rechazan las dietas veganas en bebes y niños, ya que en estas edades y fases de crecimiento pueden ocasionar severos problemas de salud e incluso se han reportado múltiples fallecimientos de bebés por anemia asociada a veganismo.

La carencia de sustancias necesarias para nuestro organismo que una gran parte de los veganos manifiestan es extensa e incluye entre otras: proteínas animalescreatinacarnosina o DHA (acido Docosahexaenoico). Ni decir tiene que la abundancia de frutas y verduras sí es muy positiva para nuestro organismo, por supuesto… Sin embargo, no existe en la actualidad ningún artículo científico, que no sea de naturaleza observacional, que afirme que eliminar completamente la carne, el pescado y los lácteos de la dieta sea beneficioso para nuestro organismo.

Popular Science realiza un detallado resumen con las numerosas falacias y argumentos erróneos que los más combativos defensores veganos usan para convencer de la ficticia superioridad de esa dieta, incluyendo la utilización delmiedo injustificado hacia las grasas de origen animal.

Se atribuye a Paracelso la frase “nada es veneno y todo es veneno, la diferencia está en la dosis”. Todo tiene su medida. Evidentemente el exceso de casi cualquier cosa no es saludable y, por supuesto, una alimentación con demasiadas grasas saturadas es altamente peligrosa. Pero esto no significa de ninguna manera que este tipo de grasas sean perjudiciales o innecesarias.

Ampliar en: MISTERIOS AL DESCUBIERTO
Foto: Libertinus via photopin cc

Camilla Parker Bowles, tratada por Magufos en India

Toca Comer. Camilla Parker Bowles, tratada por Magufos en India. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Los poderes públicos  del Reino Unido hacen muy poco (o nada) para “rescatar” a la población de la ignorancia, la superchería y el fraude de las pseudomedicinas.

La esposa del príncipe Carlos de Inglaterra (¿futuro rey del Reino Unido?), Camilla, Duchess of Cornwall, se marcha a la India para someterse a un proceso de “sanación natural y seguirá una dieta vegetariana y biológica durante una semana”, un tratamiento “alternativo” del que informa el diario The Hindu. (Para hacer el indio nada mejor que marcharse a la cuna de la “medicina milenaria” que hace de la población hindú el desastre sanitario que es hoy).

Camila, de 65 años, llegó ayer al Centro Médico Holístico e Integrado de Bangalore, acompañada de otras nueve personas, entre ellas su hija Laura Lopes. Allí permanecerían hasta el 2 de noviembre próximo. (Aunque permaneciera hasta el siglo próximo no podrá curarse de su patetismo).

Según medios locales, Camila se someterá a procesos de sanación natural como yoga y curas con barro y agua, y seguirá una dieta vegetariana y biológica a base de alimentos del sur del país. (¿De qué tiene que curarse a costa del tesoro público británico? ¿De retraso mental? Eso no tiene cura).

Ampliar en: Misterios al descubierto

Dos mujeres de 51 años, imagen de «magufa» holística vegetariana frente a chef de cocina

Toca Comer. Magufa holística vegetariana frente a mujer normal. Marisol Collazso Soto

La mujer de la izquierda tiene edad 51 años. Se trata de Gillian McKeith y es una  magufa televisiva, además de supuesta nutricionista (sus estudios son BA (linguistics, 1981) MA (international relations, 1984)) y escritora que promueve un enfoque holístico de la nutrición y la salud, el ejercicio y una dieta vegetariana rica en frutas y hortalizas orgánicas. Recomienda asímismo dietas de desintoxicación y la irrigación del colón.

La mujer de la derecha tiene también una edad de 51 años. Se llama Nigella Lawson y es una chef de cocina y presentadora de televisión que dice que le encanta comer carne, mantequilla y todo tipo de postres.

Juzgados por la muerte de su bebé de 11 meses privado de alimentación

Toca Comer. Veganos y falta de vitaminas B12 y A. Marisol Collazos Soto

Una pareja de franceses, Sergine y Joel Le Moaligou, decidieron no hacer caso a las recomendaciones basadas en la ciencia y en el sentido, que recomiendan introducir la alimentación complementaria del bebé a partir de Toca Comer. Veganos y falat de vitamina B12.Marisol Collazos Sotolos seis meses de edad y sin embargo lo alimentaron durante más meses exclusivamente con leche materna, además de no efectuar un seguimiento adecuado de la salud del bebé y desatender las orientaciones médicas.

Esto sucedió en marzo de 2008, cuando los padres, preocupados por la delgadez y palidez de su hija, avisaron a los servicios de emergencias, que confirmaron la muerte de la niña al llegar a la casa de la familia en Saint-Maulvis, a unos 145 kilómetros al norte de París.

Louise presentaba un peso notablemente inferior a la media para su edad, y la autopsia reveló que presentaba una carencia de vitaminas A y B12, algo que incrementa la probabilidad de sufrir infecciones y cuya causa un “desequilibrio alimenticio”. Se determinó que la causa de la muerte era una neumopatía aguda.

Los padres, contrarios a la medicina, preferían cuidar y curar a sus hijos por sus propios medios y a partir de sus lecturas de libros.  Tras un examen médico cuando Louise tenía nueve meses, los padres decidieron no seguir el consejo del médico que les recomendó hospitalizarla ante la bronquitis que padecía y la pérdida de peso.



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