¿Por qué la religión nos lleva a comer peor? El efecto subliminal de lo sagrado en nuestros hábitos alimenticios

En un mundo donde la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares avanzan a pasos agigantados, cada vez son más los estudios que intentan desentrañar los factores psicológicos y sociales que influyen en nuestros hábitos alimenticios. Uno de los hallazgos más sorprendentes en los últimos años proviene de un estudio australiano publicado a finales de junio de 2026, que revela una conexión inesperada: la exposición a símbolos o mensajes religiosos, incluso de forma subliminal, puede llevarnos a consumir más comida basura.

Este fenómeno, que a primera vista podría parecer un simple capricho del azar, tiene raíces profundas en la psicología humana y en la forma en que el cerebro procesa las señales de seguridad y riesgo. Pero, ¿cómo es posible que algo tan intangible como la religión afecte a lo que metemos en nuestro carrito de la compra? Y, más importante aún, ¿qué implicaciones tiene esto para la salud pública y la educación nutricional?

El estudio: cuando Dios «aprueba» los ultraprocesados

El equipo de investigadores australianos diseñó una serie de experimentos para evaluar cómo la exposición a estímulos religiosos —como frases, símbolos o sonidos— influía en las decisiones alimentarias de los participantes. En uno de los ensayos, se pidió a los voluntarios que escribieran sobre lo que Dios significaba para ellos. En otro, se les mostró billetes de dólar con el lema «In God We Trust» (En Dios confiamos), o se les hizo escuchar la llamada islámica a la oración. Los resultados fueron contundentes: aquellos expuestos a estas señales religiosas mostraron una clara preferencia por alimentos ultraprocesados (bollería, snacks, comida rápida) frente a opciones más saludables como frutas o verduras.

Pero el experimento no se quedó en el laboratorio. Los científicos también realizaron pruebas en entornos reales de compra, donde introdujeron estímulos religiosos de forma subliminal (por ejemplo, carteles con mensajes sagrados o música con connotaciones espirituales). El resultado fue el mismo: los consumidores expuestos a estos estímulos compraron más productos poco saludables. Lo más llamativo es que este efecto se observó en todas las personas, independientemente de su nivel de religiosidad, aunque fue más marcado en aquellos que ya tenían una fe más arraigada.

El mecanismo psicológico: la falsa sensación de protección

¿Por qué ocurre esto? La explicación radica en cómo el cerebro humano interpreta las señales de seguridad. Según los autores del estudio, cuando una persona se ve expuesta a símbolos religiosos, su cerebro activa de forma automática la idea de que «Dios la protege del mal». Esta sensación de protección divina, aunque sea inconsciente, reduce la percepción de riesgo asociada a conductas potencialmente dañinas, como el consumo de alimentos ultraprocesados.

Este fenómeno no es nuevo en el ámbito de la psicología. Ya se había observado que las personas con creencias religiosas fuertes tienden a asumir más riesgos (tanto físicos como morales) cuando se les recuerda la existencia de una deidad. Por ejemplo, estudios previos demostraron que los recordatorios sobre Dios aumentan la tolerancia al riesgo en situaciones como conducir sin cinturón de seguridad o invertir en apuestas arriesgadascnho.wordpress.com. Incluso se ha visto que, en contextos sociales, la fe puede llevar a subestimar amenazas reales, como la violencia criminal.

Aplicado al ámbito alimenticio, el razonamiento es similar: si Dios puede curar enfermedades, ¿por qué preocuparse por los efectos negativos de la comida basura? Esta falsa sensación de invulnerabilidad, impulsada por la fe, lleva a las personas a relajar sus estándares de salud, priorizando el placer inmediato sobre las consecuencias a largo plazo.

Religión y salud: un vínculo peligroso

El estudio australiano no es el primero en señalar los riesgos de mezclar creencias religiosas con decisiones de salud. Históricamente, la fe ha llevado a comportamientos extremadamente peligrosos, como rechazar tratamientos médicos (por ejemplo, los Testigos de Jehová y las transfusiones de sangre) o justificar actos de violencia en nombre de una recompensa divina. Sin embargo, el hallazgo de que la religión puede influir en algo tan cotidiano como la compra de alimentos añade una capa más de complejidad al debate.

Lo más preocupante es que este efecto no se limita a los creyentes devotos. Incluso personas no religiosas pueden verse afectadas por estímulos religiosos subliminales, ya que el cerebro humano está programado para buscar patrones de seguridad en entornos inciertos. En una sociedad donde la publicidad, la cultura y el espacio público están saturados de referencias a lo sagrado (desde el «In God We Trust» en los dólares hasta las campanas de las iglesias en los pueblos), es fácil ver cómo estos mensajes pueden calar en el subconsciente colectivo.

Implicaciones para la salud pública

Los resultados de este estudio plantean preguntas incómodas para los responsables de salud pública. Si la exposición a símbolos religiosos puede llevarnos a comer peor, ¿deberían regularse los mensajes de este tipo en entornos como supermercados o escuelas? Por ejemplo, en países donde la religión tiene un peso importante en la cultura (como España o Estados Unidos), ¿podría ser contraproducente que los mensajes de salud pública se mezclen con referencias a lo divino?

Además, el estudio sugiere que las campañas de educación nutricional deberían tener en cuenta el contexto psicológico de las personas. No basta con informar sobre los riesgos de la comida basura; también hay que entender por qué, a pesar de saber que es dañina, mucha gente sigue optando por ella. Si parte de la respuesta está en la falsa sensación de seguridad que proporcionan ciertas creencias, quizá sea necesario abordar el problema desde una perspectiva más holística, que incluya no solo la nutrición, sino también la psicología y la sociología.

¿Somos víctimas de nuestro propio cerebro?

El estudio australiano nos recuerda que, como seres humanos, no somos tan racionales como nos gustaría pensar. Nuestras decisiones están influenciadas por una miríada de factores inconscientes, desde la publicidad hasta las creencias más profundas. En el caso de la religión, su capacidad para modular nuestra percepción del riesgo puede tener consecuencias inesperadas, como llevar una dieta menos saludable.

Esto no significa que la religión sea «mala» en sí misma, pero sí que es importante ser conscientes de cómo nuestras creencias —o incluso las señales que nos rodean— pueden afectar a nuestro comportamiento. En un mundo donde la obesidad y las enfermedades relacionadas con la dieta son una de las principales causas de muerte evitable, entender estos mecanismos podría ser clave para diseñar estrategias más efectivas de prevención.

Conclusión: ¿Dios o la ciencia?

El artículo original de La Ciencia y sus Demonios termina con una reflexión ácida: «Pensar o verse influenciado hacia el pensamiento religioso hace a los humanos más infantilmente seguros, lo que les puede exponer a daños potenciales de todo tipo». Y es que, al final, la pregunta subyacente es: ¿preferimos la comodidad de creer que alguien (o algo) nos protege, o asumimos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos?

La ciencia, con sus pruebas y sus datos, nos ofrece herramientas para tomar decisiones informadas. La religión, por su parte, puede proporcionar consuelo espiritual. Pero cuando ambas se mezclan en aspectos tan prácticos como la alimentación, el resultado puede ser una dieta menos saludable y, en última instancia, una vida más corta. La elección, como siempre, está en nuestras manos.

¿Tú qué opinas? ¿Crees que la religión puede influir en tus hábitos alimenticios sin que te des cuenta? ¿O crees que este estudio exagera el impacto de lo subliminal? ¡Déjanos tu comentario!

Fuente: La Ciencia y sus Demonios

La Iglesia Católica quiso averiguar si comer por el ano era pecado

Toca Comer. La Iglesia Católica quiso averiguar si comer por el ano era pecado. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaLa fijación de la Iglesia por el esfínter anal viene de largo, y va más allá que la de cualquier otra parte de nuestra anatomía. Por ejemplo, en el siglo XVII, la Iglesia Católica quiso dilucidar si el consumo rectal de caldo de ternera infringía de algún modo el ayuno de Cuaresma.

Literalmente, la duda subyacente era si se puede comer a través del ano. La razón de esta inquietud nació ante la práctica de los médicos de la época consistente en administrar enemas de caldo a monjas y otros devotos católicos que no podían soportar el ayuno. Entendiendo el ayuno, según las normas del Vaticano, como evitar “algo digerible recibido del exterior, que se mete por la boca y pasa hasta el estómago” (el manual sacerdotal La celebración de la misa enumera incluso qué se puede colar en tu tracto digestivo sin que ello constituya una penalización en el ayuno, como enjuague bucal, trozos de uñas, pelo y piel agrietada de los labios… Se echa de menos esa exhaustividad en las normas sobre no alimentar a un Gremlin más tarde de medianoche).

Para aclarar las cosas, el Vaticano pretendió llevar a cabo el siguiente experimento: alimentar a un grupo de voluntarios exclusivamente por el recto. Si los voluntarios sobrevivían, los enemas se considerarían comida. Chimpún. Para los que ardáis en deseos de conocer el resultado del experimento, siento chafaros la ilusión: al final, nadie se presentó como voluntario.

Afortunadamente, la ciencia sí conoce la respuesta a este enigma tan trascendental. Nos lo explica así Mary Roach en su libro sobre el sistema digestivo Glup: “Se inició una ronda de experimentos, y pronto resultó evidente que el colon y el recto no podían absorber grandes moléculas: grasas, albúminas, proteínas, todo volvía a salir unos días después. Sal y glucosa, algunos ácidos de cadena corta, unas cuantas vitaminas y minerales: esos eran los elementos que se conservaban hasta cierto punto. Y poco más. El noventa y nueve por ciento de los nutrientes se absorben en el intestino delgado. Las comidas rectales podían posponer la muerte, pero era una exageración decir que prolongaban la vida”.

Fuente:  LA COLUMNATA

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Dinamarca prohibe el sacrificio ritual de animales sin ser aturdidos

Toca Comer. Dinamarca prohibe el sacrificio ritual de animales sin ser aturdidos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Dan Jørgensen, ministro de Agricultura de Dinamarca, ha anunciado que en su país no se realizarán en el futuro más sacrificios rituales sin el aturdido previo de los animales. La medida fue alcanzada después de muchos años de presión por parte de los grupos en defensa de los animales. Jørgensen mostró su claro apoyo a la medida y afirmó que los derechos de los animales «están por delante de la religión».

La medida, que ha entrado en vigor desde el pasado 17 de febrero, ha recibido las críticas de los grupos judíos y musulmanes que no están dispuestos a consumir y comprar carne que no haya sido sometida a los ritos kosher y halal, respectivamente.

La medida tomada por el Gobierno danés ha sido reiterada por el ministro afirmando que en los últimos 10 años no se ha producido ningún sacrificio sin aturdido y aún se puede importar carne obtenida por este método. Jørgensen reitera que la carne para religiones que se produce en Dinamarca es sometida a aturdido.

Finn Schwarz, presidente del Centro de la Comunidad Judía, dijo que las nuevas normas no les afectarán ya que la carne kosher que se consume en el país ya proviene del extranjero.

Fuente: eurocarne.digital

Burger King cede a presión de musulmanes y retira un tipo de helados

Toca Comer. Burger King cede a presión de  musulmanes y retira un tipo de helados. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La cadena de comida rápida, Burger King, está retirando sus conos de helado después de que la tapa del postre ofendiera a los musulmán. El diseño se parecía a la inscripción en árabe de Alá, y lo calificaron como sacrílego, amenazando con una «guerra santa».

La cadena se ve obligada a gastar miles de libras en el rediseño de la tapa con el apoyo de El Consejo Musulmán de Gran Bretaña. Se disculpó y dijo: «El diseño simplemente representa un giro del cono de helado.»

La «tapa infractora» fue descubierta en una rama en el Parque Real la semana pasada por el gerente de desarrollo de negocios Rashad Akhtar, de 27 años, de High Wycombe.  Que no se mostró satisfecho por la decisión de retirar los conos y ha pedido a los musulmanes a boicotear a Burger King. Dijo: «Este es mi jihad, ¿cómo se puede decir que es un remolino de giro? Si usted lo hace girar a la derecha está ofendiendo a los musulmanes.».

Alimentos que la Biblia prohíbe a los creyentes

Toca Comer. Alimentos que prohíbe la Biblia de los creyentes. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

1. No romperás la dieta.

Levítico 11:04 «No obstante no comeréis de los que rumian y de los que tienen pezuña: Como el camello, porque rumia, es inmundo para vosotros».

Algo así como que no debemos comer camellos (algo que creo no es muy difícil de obedecer), pero tampoco podemos comer cerdos o conejos.

2. No comerás en el Fisher’s ni en Ocean Drive.

Levítico 11:10 «Y todos los que no tienen aletas ni escamas y están en el mar y en los ríos, los que se mueven en las aguas, y todo ser viviente que está en las aguas, los tendréis en abominación».

Si eres fiel a la Biblia, deberás abandonar el deleite que representa un buen plato de ostiones, almejas y creo que hasta pulpos.

3. No te comerás a tu mascota.

Levítico 11:27 «Y todo lo que anda sobre sus patas, de entre todos los animales que andan a cuatro patas, los tendréis por inmundos: cualquiera que tocare sus cuerpos muertos será inmundo hasta la tarde».

Traducción:¡Deja de comer gatitos!

4. No te alimentarás de protagonistas de caricaturas.

Levítico 11:28-29 «Y tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven sobre la tierra: la comadreja, y el ratón, y la rana según su especie, y el hurón y el camaleón, y el lagarto, y el caracol, y el topo».

Aunque no comemos ratas (por lo general), hay quienes gustan de comer caracoles al estilo francés, y de hecho el consumo de ancas de rana es muy bien visto en algunas regiones de nuestro país.

5. Nada que tenga plumas, excepto pollo KFC, podrás comer.

Levítico 11:13-20 ‘»Estos son los que tendréis en abominación entre las aves, no se comerán, serán abominación: el águila, el quebrantahuesos y el águila pescadora y el buitre, y el milano según su especie; todo cuervo según su especie, y la lechuza, y el gavilán según su especie, y el pequeño búho, el somormujo, y el búho, y el cisne, y el pelícano y el gier águila y la cigüeña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago. Todas las aves que anduviere sobre sus patas, tendréis en abominación».

Yo que ustedes anotaba bien, y la próxima vez que pidan comida para llevar en su restaurante chino favorito, asegúrense que ninguna de estas aves está incluida en el menú.

Fuente: SDPnoticias.com

 

Entidades religiosas se quedan la comida donada al Banco de Alimentos

Toca Comer. Entidades religiosas se quedan la comida donada al Banco de Alimentos. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En 20 años los bancos de alimentos se han hecho tan indispensables que, de no existir, se tambalearía la espontánea red asistencial de los territorios en los que actúan los 52 que existen en España. Sn fundaciones sin ánimo de lucro que funcionan gracias al voluntariado. En el de Madrid trabajan 200 voluntarios con una media de edad de 64 años. Es decir, jubilados, como Eduardo Berzosa, de 94 años y padre del exrector de la Universidad Complutense Carlos Berzosa. Berzosa lleva 18 años acudiendo diariamente a las oficinas del Banco de Alimentos, trabajando en el departamento de distribución. «El 80% de lo que es mi vida se lo debo al Banco», explica mientras desayuna unas galletas en una oficina de la nave.

En 2012, esta organización que tanto mima Eduardo repartió más de 12 millones de kilos de alimentos a través de 450 entidades. Por los números que estas aportan, se calcula que han sido beneficiadas 52.564 personas, y seguramente muchas más, porque donde comen dos comen tres, que dice el refranero. El Banco es un intermediario, no trata con los necesitados sino con los representantes de las entidades que por las mañanas cargan sus furgonetas en la puerta trasera de este gran edificio, propiedad de la Comunidad de Madrid, y localizado en las cercanías de Alcobendas.

Dos entidades que se aprovechan para sus miembros

Un miembro de Heraldos del Evangelio residente en este chalé confirma que allí comen diariamente «unos 30 hermanos» y que acuden al Banco de Alimentos porque «han renunciado a los bienes materiales» y se dedican a «evangelizar sobre todo en temas de familia y juventud». «Ellos nos prestan el comedor» aclara Fernando Larrain, «porque somos todos católicos».

La dirección asociada a S.O.S. Familia en la información del BAM no es la oficina de esta organización dedicada a la «defensa de la familia y la vida» sino la de un chalé en El Viso, un barrio de importante nivel adquisitivo del madrileño distrito de Chamartín. Fernando Larrain Bustamante, presidente de S.O.S. Familia, indica que «los colaboradores de S.O.S. Familia van allí a comer» porque sus oficinas «son muy pequeñas». El chalé de El Viso es la sede de Heraldos del Evangelio en España, una organización internacional dentro de la Iglesia Católica considerada una continuación de la muy controvertida y con frecuencia acusada de sectaria Tradición, Familia y Propiedad, a la que Fernando Larrain y otros miembros de su familia estuvieron muy vinculados en Chile.

En sus primeros años, en la década de los 90, S.O.S. Familia se dedicó a promover campañas contra la emisión de contenidos violentos y sexuales en televisión, como los emitidos en Esta noche cruzamos el Mississippi y Curvas peligrosas o los «valores antifamiliares» de Power Rangers y Los Simpson.

Ampliar en: elDiario.es

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Escasea la «sangre que quita los pecados del mundo»

Toca Comer. Escasea la

Al parecer la infinita sangre de Yisus también se ve afectada por los muy terrícolas y materiales problemas de abastecimiento que sufre Venezuela:

La escasez en Venezuela llegó a la Iglesia. LaConferencia Episcopal Venezolana (CEV) denunció que ya no queda vino para celebrar misa, en una nueva señal de alarma en la economía que heredó el presidente Nicolás Maduro.

¿Que acaso Venezuela no es un país con mar? ¿Y qué acaso no tienen los católicos un dios que convierte el agua en vino?

Bueno, pues se le hace tarde a la CEV para ponerse a trabajar.

Fuente: DE AVANZADA

Cómo cocinar una religión

Toca Comer. Cómo cocinar una religión. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Ingredientes para dos personas

1 hombre inquieto

100 gramos de territorio oportuno

2 cucharadas de postre de espíritu torturado

2/3 de población hambrienta e ignorante

Una pizca de intolerancia

Un vaso de licor de sangre

En primer lugar debemos situar al hombre inquieto en el territorio elegido. Lo rociamos con dos cucharaditas de espíritu torturado, y lo mantenemos  a fuego lento.

Posteriormente, vertemos a nuestro hombre en un lecho de crisis económica, y lo dejamos enfriar.

Transcurridos unos minutos, cortaremos en juliana la población hambrienta e ignorante, aliñándola con unas gotitas de intolerancia.

A continuación, lo mezclamos todo, añadimos el vaso de licor de sangre, y lo horneamos durante treinta minutos a temperatura media.

Hemos cocinado una religión.

Consejos del chef:

Podemos acompañarlo de una buena guarnición de gobernantes débiles de temporada que pretendan utilizar la religión como instrumento político.

Fuente: irreverentes.org

Los “productos naturales” como religión

Toca Comer. Los “productos naturales” como religión . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El mundo moderno está lleno de remedios seculares que tienen claros antecedentes religiosos. Uno de estos sustitutos seculares podría ser el vegetarianismo, especialmente en sus formas más extremas que imponen un tabú alimentario sobre el consumo de animales. Jill Dubisch, una antropóloga cultural, propone estudiar los “aspectos religiosos del movimiento de los productos naturales (comida saludable)” (Vía) partiendo de la definición de religión de Clifford Geertz como un “sistema de símbolos” capaz de producir “disposiciones y motivaciones poderosas, penetrantes y duraderas”.

Según Dubisch, consumir “productos naturales” (health food) significa algo más que seguir una dieta: es una visión del mundo, en la que los “conceptos de maná y tabú orientan la elección de las comidas” y donde “existe una distinción entre lo puro y lo impuro y una preocupación por el mantenimiento de la pureza”. Los seguidores de este movimiento viven bajo una promesa de salvación secular “no en la forma de una vida después de la vida, sino en términos de mejora del bienestar físico, mayor energía, más larga expectativa de vida, libertad de la enferdad y un incremento en la paz mental”.

Obviamente, a la definición de Geertz le faltan los elementos cognitivos más típicos de la religión, en esencia la referencia a entidades sobrenaturales que ejercen algún control sobre las vidas humanas, pero de todos modos los paralelos religiosos son interesantes. Como diría Habermas, los consumidores de “productos naturales” o los veganos más entusiastas y evangélicos, forman parte de movimientos sociales que heredan el “potencial semántico” de la religión tradicional.

Otra semejanza con la religión se observa en las reacciones a las críticas por parte de algunos seguidores de lo “natural” y «saludable». A menudo, al menos en mi experiencia, las reacciones son lo bastante hostiles y emocionales como para sospechar que no estamos tratando simplemente con un tipo de dieta, o incluso con una opinión moral. Los defensores de los “productos naturales” actúan a menudo como si sus elecciones dietéticas fueran “valores sagrados” innegociables, lo cual refuerza la opinión de Dubisch.

Fuente: La revolución naturalista

Piña Mahoma conflictiva

Toca Comer.  Piña Mahoma conflictiva. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un grupo de estudiantes ateos fueron expulsados de la feria fresca de su universidad a causa de una «piña blasfema» llamado Mahoma.

La Sociedad Atea, Humanista y Secularista de la Universidad de Reading (RAHS) participó en la feria el miércoles, con el fin de promocionar su próximo debate «¿Debemos respetar la religión?».

La sociedad mostró una piña que llevaba el nombre de Mahoma en su puesto, para «fomentar el debate sobre la blasfemia, la religión y la libertad».

«Queríamos celebrar el hecho de que vivimos en un país en que está protegida la libertad de expresión, y donde es lícito llamar una piña por cualquier nombre que se elija,» dijo un portavoz de la sociedad.

Hacia la tarde, el grupo fue informado de que tenían que salir de la la feria por parte de un miembro del personal del Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Reading (RUSU). La razón que se dio fue que se habían hecho varias quejas en contra de la piña ofensiva, aunque los miembros de RAHS insisten en que no tuvieron conocimiento de tales protestas.

La sociedad se negó a retirar la fruta debido a su «compromiso con la libertad de expresión», a lo que se les dijo por parte del miembro del RUSU: «O la piña se va, o se van ustedes».

Una lucha se produjo, en el que la piña fue incautada, pero al poco volvió a los propietarios, donde fue re-bautizada Jesús.

De acuerdo con los de la RAHS, un pequeño grupo de estudiantes luego se reunieron alrededor de la mesa y le quitaron a la fuerza la etiqueta del nombre a la piña. La sociedad entonces fue «obligada a abandonar el lugar», acompañados por personal de seguridad.

Fuente: Friendly Atheist

Monjas recibieron comida durante 10 años del Banco de Alimentos de Granada para lucrarse con ella

Estas monjas cogían comida de la beneficencia, esto es, del banco de alimentos llevándosela totalmente gratuita siendo en teoría para gente en la indigencia y sin recursos, pero luego esta comida era usada en la pensión que sí cobraban por la comida y la pecnortación donde ellas están.