De blando a firme: la ciencia que explica por qué la patata se cuece y el huevo se cuaja

Todos lo hemos hecho alguna vez: ponemos una olla con agua al fuego, echamos dentro unas papas peladas y, unos minutos después, añadimos unos huevos con cuidado para que no se rompan. Al final de la cocción, sacamos las papas tiernas, casi se deshacen al pincharlas con un tenedor, y los huevos con la cáscara intacta pero cuyo interior ha pasado de ser un líquido viscoso a una masa firme y comestible.

En apariencia, ambos han estado sometidos exactamente a las mismas condiciones: la misma agua, la misma temperatura y el mismo tiempo de cocción. Sin embargo, el resultado es radicalmente opuesto. La papa se ha ablandado; el huevo se ha endurecido. ¿Cómo es posible que dos alimentos reaccionen de manera tan distinta ante el mismo estímulo?

La respuesta no está en la olla, ni en el agua, ni siquiera en el tiempo, sino en la propia composición química de cada alimento. Mientras que en la papa predomina el almidón, en el huevo lo hacen las proteínas. Y cada una de estas moléculas responde al calor de una forma completamente diferente. En la papa ocurre la gelatinización del almidón; en el huevo, la desnaturalización y la coagulación de sus proteínas. Dos procesos distintos que explican, con precisión, por qué uno se vuelve blando y el otro se vuelve sólido.

La papa: cuando el almidón se despierta

La papa (Solanum tuberosum) es, en esencia, un órgano de reserva subterráneo. Su función biológica es almacenar energía para la planta, y lo hace principalmente en forma de almidón. Este almidón no se encuentra disuelto, sino empaquetado en diminutos gránulos microscópicos, cada uno de ellos con una estructura semicristalina muy ordenada. Estos gránulos son los responsables, en buena medida, de la textura firme y crujiente que tiene una papa cruda.

Cuando sumergimos la papa en agua fría, apenas ocurre nada: los gránulos de almidón permanecen intactos. Pero en cuanto calentamos el agua, la historia cambia. A medida que la temperatura asciende, el agua comienza a penetrar lentamente en los gránulos de almidón. Este proceso se acelera notablemente cuando el agua alcanza los 60 °C aproximadamente, aunque la gelatinización completa suele producirse entre los 60 °C y los 80 °C, dependiendo de la variedad de la papa.

Este fenómeno recibe el nombre de gelatinización del almidón. Durante la misma, los gránulos absorben grandes cantidades de agua y se hinchan de manera considerable: pueden llegar a multiplicar varias veces su tamaño original. A medida que se hinchan, las regiones cristalinas ordenadas que formaban su estructura interna comienzan a desorganizarse. Las largas cadenas de amilosa y amilopectina (los dos componentes principales del almidón) se separan y se dispersan en el agua que ha penetrado en el gránulo. El resultado es que el gránulo pierde su rigidez y, finalmente, acaba por romperse parcialmente, liberando parte de esas moléculas al medio.

Este cambio estructural es el que transforma por completo la textura de la papa. Lo que antes era firme y compacta se vuelve blanda, tierna y fácil de masticar. El hinchamiento de los gránulos y la liberación de las moléculas de almidón crean una especie de red que retiene agua, lo que confiere a la papa cocida esa suavidad característica. Además, este proceso es el que permite que una patata pase de ofrecer resistencia al tenedor a desmenuzarse con apenas una ligera presión.

La gelatinización no solo afecta a la textura, sino también a otras propiedades: la papa cocida se vuelve más digerible, ya que el calor desestructura los gránulos haciéndolos más accesibles a nuestras enzimas digestivas. También explica por qué, si cocemos papas en exceso, acaban deshaciéndose por completo: los gránulos se han hinchado tanto que han perdido toda su integridad.

El huevo: cuando las proteínas se deshacen para volverse sólidas

Muy distinto es el caso del huevo. A diferencia de la papa, el huevo está compuesto casi en su totalidad por agua y proteínas, con muy poca cantidad de hidratos de carbono. La clara es fundamentalmente una solución acuosa rica en proteínas como la ovoalbúmina, la ovotransferrina o la lisozima; la yema, por su parte, contiene también proteínas, además de grasas y otros nutrientes. En estado crudo, tanto la clara como la yema se presentan como líquidos viscosos, transparentes o amarillentos, debido a que esas proteínas se encuentran en su forma nativa: plegadas de manera precisa y dispersas en el agua.

Cuando sometemos el huevo al calor, estas proteínas comienzan a experimentar dos procesos consecutivos: la desnaturalización y la coagulación.

El primero de ellos, la desnaturalización, ocurre cuando el calor (o, en otros casos, ciertos ácidos o agitaciones) altera las débiles interacciones que mantienen la proteína plegada en su estructura tridimensional. A medida que la temperatura aumenta, las moléculas de proteína absorben energía y comienzan a desplegarse, perdiendo su forma original. Este proceso no implica romper los enlaces químicos que forman la cadena de aminoácidos, sino únicamente deshacer el plegamiento que les confiere su funcionalidad biológica. En términos prácticos, la proteína pasa de estar «ordenada» a encontrarse desplegada y mucho más expuesta.

Este despliegue, sin embargo, es solo el primer paso. Una vez que las proteínas se han desnaturalizado y sus cadenas se encuentran extendidas, muchas de ellas empiezan a interaccionar entre sí. Los grupos hidrófobos que antes estaban ocultos en el interior de la proteína quedan ahora expuestos y tienden a unirse con los de otras proteínas cercanas. También se forman nuevos enlaces, como puentes de hidrógeno o, en algunos casos, enlaces disulfuro. Este proceso de agregación recibe el nombre de coagulación.

El resultado es la formación de una red tridimensional irregular en la que las proteínas quedan entrelazadas y atrapan el agua que antes las rodeaba. A medida que esta red se hace más densa, el líquido inicial se vuelve cada vez más viscoso hasta que, finalmente, se solidifica por completo. Así es como la clara transparente pasa a ser blanca y opaca, y cómo la yema líquida se transforma en una masa cremosa o firme, según el tiempo y la temperatura de cocción.

Este proceso no ocurre de manera instantánea ni a una única temperatura. La clara comienza a coagular alrededor de los 60 °C, mientras que la yema lo hace a temperaturas ligeramente superiores, aproximadamente entre 65 °C y 70 °C. Por eso es posible cocinar un huevo con la yema blanda y la clara completamente cuajada: basta con controlar el tiempo de exposición al calor. Si se sobrepasa el tiempo o la temperatura, la red proteica se compacta en exceso y expulsa parte del agua atrapada, lo que da lugar al característico aspecto reseco y a veces gomoso del huevo demasiado cocido.

Dos procesos, una misma fuente de calor

La comparación entre ambos alimentos resulta reveladora. En la misma olla, el agua hierve a 100 °C, pero los cambios comienzan mucho antes. Para la papa, la gelatinización se inicia en torno a los 60 °C y se desarrolla a lo largo de la cocción hasta que los gránulos se han hinchado lo suficiente como para ablandar el tubérculo. Para el huevo, la desnaturalización y coagulación también comienzan cerca de los 60 °C, pero el efecto es justamente el contrario: la estructura se vuelve más firme.

La diferencia clave radica, por tanto, en la naturaleza de las moléculas implicadas. El almidón es un polisacárido, es decir, una larga cadena de azúcares. Su respuesta al calor en presencia de agua es la hidratación y el hinchamiento: absorbe líquido y pierde su orden cristalino. El resultado es una textura más blanda y húmeda.

Las proteínas, en cambio, son macromoléculas mucho más complejas, formadas por cadenas de aminoácidos plegadas en estructuras tridimensionales específicas. El calor deshace ese plegamiento y provoca que las moléculas se unan entre sí, formando una red sólida que retiene agua, pero que en conjunto ofrece mucha más resistencia. De ahí que el alimento pase de líquido a sólido.

Otro aspecto diferenciador es el papel del agua. En la papa, el agua es el agente que permite la gelatinización: los gránulos necesitan absorberla para hincharse. Por eso cocemos la papa sumergida en agua. En el huevo, en cambio, el agua ya está presente en su interior (la clara contiene alrededor de un 90 % de agua), y el calor simplemente provoca que las proteínas la inmovilicen dentro de la red coagulada. No necesita absorber más agua, sino reorganizar la que ya tiene.

También resulta interesante observar el grado de reversibilidad. La gelatinización del almidón es, en cierta medida, un proceso que puede modificarse: si enfriamos una papa cocida, parte del almidón puede retrogradar, es decir, volver a ordenarse parcialmente, lo que explica por qué las patatas frías de una ensalada tienen una textura algo más firme que recién cocidas. En cambio, la coagulación de las proteínas del huevo es prácticamente irreversible. Una vez que el huevo se ha cuajado, no podemos devolverlo a su estado líquido original por mucho que lo enfriemos.

Más allá de la olla: implicaciones culinarias

Comprender estos dos procesos no es solo un ejercicio de química, sino también una herramienta fundamental en la cocina. Saber que la papa necesita tiempo y una temperatura suficiente para que el almidón gelatinice nos permite cocinarla hasta el punto justo de ternura, sin deshacerla antes de tiempo. Por otro lado, conocer las temperaturas de coagulación del huevo nos permite dominar técnicas tan diversas como los huevos escalfados, los pochados, las tortillas jugosas o las natillas suaves, evitando que se cuajen en exceso y adquieran una textura desagradable.

Esta dualidad también explica por qué existen recetas que combinan ambos ingredientes en momentos distintos. Por ejemplo, en un guiso de patatas con huevo cocido, primero se cuecen las papas hasta ablandarlas y, posteriormente, se añaden los huevos ya cocidos o se cuecen por separado. Si los añadiéramos juntos desde el principio, las papas tardarían más en estar listas y los huevos correrían el riesgo de pasarse.

Del mismo modo, en preparaciones como los huevos al horno con patatas, se suelen cocinar las patatas previamente para asegurar su suavidad, mientras que los huevos se añaden al final para que cuajen justo en el momento de servir.

Incluso en la cocina científica o la repostería, estos principios se aplican constantemente. Desde la elaboración de salsas que incluyen féculas hasta la preparación de cremas a base de huevo, controlar la temperatura es esencial para obtener la textura deseada.

Una lección de química en cada plato

Lo que ocurre en esa sencilla olla es mucho más que una cocción: es una demostración palpable de cómo distintas moléculas responden al calor. La papa y el huevo, dos alimentos cotidianos, nos ofrecen una lección magistral de bioquímica aplicada a la gastronomía.

Mientras uno se rinde al agua y al calor, ablandándose desde dentro gracias al hinchamiento de sus gránulos de almidón, el otro se transforma en lo opuesto: sus proteínas se despliegan, se entrelazan y construyen una estructura firme que lo sostiene.

Esta oposición no es contradictoria, sino complementaria. Nos recuerda que la cocina es, en gran medida, ciencia: comprender los procesos que tienen lugar en nuestros fogones nos permite no solo cocinar mejor, sino también apreciar con mayor profundidad lo que comemos.

Así que la próxima vez que cocines papas y huevos en la misma olla, tómate un instante para observarlos. No es magia, es química. Y precisamente por eso resulta tan fascinante.

Fuente imagen: El mundo de Carl Sagan

Generado por vis

‘Pilla Tortilla’: cuando una bolsa de patatas se convierte en restaurante

Madrid acaba de convertirse en el escenario de un experimento gastronómico sin precedentes: PepsiCo ha inaugurado en la capital española «Pilla Tortilla», el primer restaurante del mundo de Lay’s, centrado en la tortilla de patata elaborada con sus patatas fritas. No es una campaña publicitaria efímera ni una instalación de temporada. Es un bar-restaurante real, con carta, cocinero estrella Michelin y vocación de permanencia.

La bolsa de patatas sube de categoría

La premisa es tan sencilla como provocadora: sustituir la patata cocida de la tortilla española por patatas fritas de bolsa Lay’s. Un concepto que la marca lleva años insinuando en sus campañas de publicidad y que ahora materializa en dos locales en el corazón de Madrid.

El concepto cuenta con dos ubicaciones en el centro de la ciudad: un bar-restaurante en Fuencarral, 102, pensado para una experiencia de consumo completa y social, y un segundo local en Corredera Baja de San Pablo, 3, orientado a un formato más ágil y urbano centrado en el takeaway. Ambos abren de nueve de la mañana a medianoche, cubriendo desde el desayuno hasta la cena.

Para dar credibilidad culinaria al proyecto, PepsiCo fichó a alguien con autoridad suficiente para avalar la propuesta. El desarrollo gastronómico ha contado con la consultoría del chef Miguel Carretero, responsable del restaurante Santerra, galardonado con una estrella Michelin en 2024. Carretero fue el encargado de demostrar que una patata de bolsa puede tener sentido dentro de una receta icónica sin traicionar su esencia. «Hemos trabajado para que su presencia aportara valor al plato», explicó el cocinero.

Una carta construida alrededor de la bolsa

La tortilla puede degustarse en formato pincho por 3,90 euros, en bocadillo por 6,20 euros o entera por 18 euros, con cebolla o sin cebolla, y puede personalizarse con diferentes toppings. Entre las variedades figuran la mallorquina con sobrasada, queso brie y miel; la marinera con boquerones; la brava con torreznos y salsa brava; o la serrana con salmorejo y jamón.

Pero la presencia de Lay’s no se limita a la tortilla. El hilo conductor de las patatas de bolsa se extiende a lo largo de toda la carta: desde entrantes como fish and chips o mejillones con mayonesa de lima y gildas de anchoa con Lay’s, hasta los postres, donde las patatas fritas se combinan con helados de chocolate, queso de cabra con miel y dulce de leche, jugando con el contraste dulce-salado.

Estrategia detrás del snack

Lo que parece una ocurrencia simpática esconde una lógica empresarial clara. El proyecto se enmarca dentro de la división global Food Ventures, creada hace aproximadamente un año y con base en Barcelona, orientada a acelerar la penetración en la ocasión de comidas y en el canal fuera del hogar.

Fernando Moraga, director general de PepsiCo Iberia, explica que «las ocasiones de consumo se han fragmentado de forma significativa en los últimos años. Frente al esquema tradicional de comida y cena, el consumidor actual reparte su ingesta en múltiples momentos a lo largo del día». Pilla Tortilla apunta exactamente a esos momentos intermedios que el retail tradicional no termina de capturar.

La multinacional lleva trabajando en el proyecto más de un año y ha realizado una «inversión relevante». Respecto a la elección de Madrid, la firma se decantó por la capital española por su dinamismo y capacidad para marcar tendencias.

¿El comienzo de una cadena global?

La pregunta que flota sobre Pilla Tortilla es si este experimento madrileño es el embrión de una cadena internacional. La respuesta oficial es cautelosa pero esperanzadora. «Tenemos que aprender, es el primer bar-restaurante de Lay’s en el mundo y afinar el modelo para asegurar que es sostenible. Creemos que lo que funcione aquí lógicamente podrá funcionar en otros sitios, pero vamos a asentar estos dos de momento», señaló Moraga.

El restaurante permite además captar información directa sobre preferencias, aceptación de formatos y comportamiento de consumo. La compañía no descarta que el aprendizaje pueda trasladarse al lineal, en un mercado de platos preparados en crecimiento.

Madrid, ciudad con una de las escenas gastronómicas más activas de Europa y capital indiscutible de la tortilla de patata en España, resulta ser el laboratorio perfecto para averiguarlo. Si la bolsa de Lay’s supera el examen, el mundo podría llenarse pronto de Pilla Torillas. Si no, al menos habrá sido un experimento sabroso.

Dole abre primera planta de envasado en Colombia

Toca Comer. Dole abre primera planta de envasado en Colombia . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Dole, la multinacional estadounidense, amplía sus negocios en Colombia. Además de la producción bananera que tiene en Santa Marta, abrirá su primera planta de producción en este país exactamente en Madrid, Cundinamarca, la cual se dedicará a procesar hortalizas y tubérculos, listos para preparar y consumir. La planta se inaugurará en noviembre de 2014.

El desarrollo del proyecto que lleva dos años implica una inversión de US$ 28 millones  e incluye el montaje de una planta de 8.000 metros cuadrados.

La planta se dedicará a productos denominados de la Cuarta Gama los cuales son productos procesados mínimamente que no sufren ninguna transformación física, pero son inocuos y con un proceso de limpieza especial para que el consumidor encuentre alimentos en óptimas condiciones.

“La tarea es garantizar desde la cosecha que todo el proceso nuestro, de agua, de días de carencia (el tiempo adecuado que debe cumplir el productor entre la utilización de fungicidas y el momento en que llega al consumidor final), fertilizantes y semillas cuenten con todos los requisitos para llegar a la planta”, declaró Julio César Cañón Gerente de Dole Vegetales Colombia.

Lechugas, espinacas, apio, brócoli, coliflor, acelga, repollo, variedad de hojas gourmet y cebolla cabezona estarán en la oferta de vegetales. Por su parte, en tubérculos incluye patata variedad R12 y criolla, yuca, arracacha y calabaza.

Patatas fritas exactas a las de los restaurantes de comida rápida

Toca Comer. Patatas fritas exactas a las de los restaurantes de comida rápida. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Si acudís a los fast food o compráis bolsas de patatas congeladas estaréis acostumbrados a un tipo de patata crujiente y sabrosa que a menudo no sois capaces de reproducir en vuestra casa a partir de lo que deberían ser los componentes básicos – y únicos – de esta receta : aceite, patata y sal. Generalmente obtenéis una patata que se reblandece y que presenta un aspecto poco apetitoso.

Os voy a explicar cómo hacer patatas fritas en vuestra casa exactamente igual que las de tipo industrial. En primer lugar hay que cortar todas las patatas fritas con la misma forma y longitud. Se que esto es difícil, así que lo mejor es hacerse con patatas largas y cilíndricas y cortarlas empleando una mandolina. Con ello el tamaño será parecido y no se harán unas antes que otras.
En segundo lugar hay que reducir el contenido de almidón la patata, el responsable de que queden blandas y sin gracia cuando las hacemos en casa. Para ello llenamos un recipiente con agua fría e introducimos las patatas que acabamos de cortar durante al menos de 5 a 7 minutos. Pasado este tiempo las sacamos del recipiente y veremos que el agua se ha enturbiado debido precisamente al almidón. Desechamos el líquido.
Ahora vamos a llenas de agua hirviendo otro recipiente. Para que la patatas adquiera el tono dorado exterior deseado vamos a disolver 3 cucharadas de azúcar y una de jarabe de maíz o bien, si no tenéis jarabe de maíz, una cucharadita de miel. Sí, en efecto, habéis oido bien : azúcar para que se pongan doradas. La explicación es la reacción de Maillard en presencia de este carbohidrato. La reacción de Maillard es esencial en cocina pero muy compleja de explicar, así que lo dejaremos para otro momento.
A continuación introducís las patatas en el agua caliente donde hemos disuelto los endulzantes y las dejamos reposar durante 10 minutos.
Pasado ese tiempo las extraéis con cuidado – el agua debe estar todavía muy caliente – y las escurrís para que no quede nada de agua. Cuando se enfrían las metéis en el congelado por espacio de media hora.
Las sacáis del congelador para freírlas. Para la fritura emplearéis aceite de girasol a un máximo de 180 grados. Mejor emplear una freidora, pero si no tenéis emplead sartén a fuego medio.
Cuando el aceite está bien caliente introducís las patatas de manera que las cubra por completo y la fritura sea burbujeante. Las mantenéis sólo 3 minutos. Pasado ese lapso de tiempo las sacáis con el cestillo, las dejáis escurrir el aceite y las dejáis enfriar durante unos 10 minutos. Vuelta a la freidora, misma temperatura del aceite y ahora ya la fritura definitiva durante 8 minutos.

Las retiráis, las saláis y quedarán perfectas…si es el aspecto y el sabor es lo que importa. No hace falta decir que no es proceso fácil. A nivel industrial no hay problema, pero a nivel doméstico es complejo y largo. Emplea algunos trucos como el jarabe de maíz y el uso de aceite de girasol que no son muy cardiosaludables, pero de muy de vez en cuando no debería causarnos problemas.

En China copian máquina de «vending» de patatas y la hacen pasar por invento

Varias de las publicaciones más prestigiosas del mundo alimentario en inglés han publicado una nota de prensa de la compañia china Beyondte Technology, en la que se asegura que su máquina de vending es la primera del mundo que dispensa patatas a la francesa. Sin embargo no es así. En el año 2001 McCain lanzó al mercado una máquina de este tipo. No dudamos del ingenio de los chinos, mas bien creemos en la ingeniuidad de los occidentales.

En agosto de 2001 The Grocer publicaba una nota de prensa en la que anunciaba que McCain entraba en el negocio del vending con una máquina dispensadora de patatas fritas (french fries) que basada en tecnología de la empresa Mono Equipment dispensaba el producto en 45 segundos.

Una norteamericana, Fresh Chips, que al parecer cuenta con tecnología para freir en 45 segundos diferentes tipos de masas en aceite de cánola. Sus maquinas rondan los US$ 13000, casi el 50% más económicas que su competencia.

Una australiana, Hot Fresh Fries, de la que no hay mayor información en internet  y la española Smart Shef Solutions, de la que solo quedan dos vídeos que en su día subió a youtube.

Fuente: ClubDarwin.NET

 

¿Quién inventó las patatas fritas?

Toca Comer. ¿Quién inventó las patatas fritas?. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Llos españoles las consideremos absolutamente nuestras.¿Alguien lo duda? Sin embargo, los belgas afirman que nacieron en su país y no admiten controversias. Se trata de una receta fetiche — aseguran — anclada en el alma de sus hábitos cotidianos.

Cierto que las venden por todas partes. En carromatos y freidurías a pie de calle con salsas diversas,entre ellas la salsa andaluza, que no tiene nada que ver con Andalucía. Se sirven en restaurantes con filetes de carne o en compañía de mejillones (sus famosos moules) Y por supuesto, se comen en todos los hogares casi a diario.

En Brujas hay unl insólito Friet Museum (museo de las patatas fritas) www.frietmuseum.be  Centro didáctico que relata el encuentro de los españoles con las papas en Perú y los itinerarios que siguieron hasta Europa. A España, puerta de entrada de las primeras, habrían llegado desde Canarias hasta el puerto de Sevilla. Y ya desde España hasta los Países Bajos.

Todo bien documentado, por lo menos hasta el desenlace del relato.  A partir de 1573 –aseguran los paneles — las patatas aparecen en las cuentas del Hospital de la Sangre de Sevilla, que las recibía del claustro de Las Carmelitas Descalzas, fundado por Teresa de Jesús (1515-1582).

En paralelo y según sus documentalistas, en 1567 un tal Juan de Molina habría enviado desde Gran Canaria hasta Amberes tres barriles a su hermano Luis de Quesada. Contenían naranjas, limones verdes y papas (patatas)

¿Quién tuvo la idea de freír patatas por vez primera?

El Friet Museum ofrece dos posibilidades:

La primera que fuera  Teresa en Sevilla en el XVI. Teoría dudosa, pienso yo, porque aquellas papas pequeñas y con picaduras, despreciadas por los sevillanos, se prestaban poco a la fritura.

La segunda, que fueran unos pescadores belgas acostumbrados a freír pescaditos los que alrededor del año 1650 hicieron las primeras. Hipótesis inconsistente y no documentada.

Artículo completo en: Gastronotas de CAPEL

Acrilamida y patatas fritas

Toca Comer. Acrilamida y patatas fritas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En el año 1997, las vacas de la península de Bjare en el suroeste de Suecia empezaron a manifestar síntomas de parálisis e, incluso, a morirse. Al mismo tiempo, sus preocupados dueños comprobaban que peces de distintas especies aparecían muertos en las aguas del mismo territorio. Todas las sospechas se dirigieron hacia la construcción del gigantesco túnel de Hallandsås, destinado al ferrocarril, todo un cúmulo de problemas desde su inicio, por el carácter poroso del terreno y en el que se habían producido muchas grietas que habían sido selladas con un producto denominado Rhoca-Gil, que se había demostrado que era el causante de que grandes cantidades de acrilamida se hubieran liberado al medio, contaminando tierras y aguas superficiales. Los propios trabajadores del túnel mostraban síntomas relacionados con la neurotoxicidad de la acrilamida. El asunto, sin embargo, tuvo una derivada imprevista que es la que vamos a relatar aquí.

Una tal Dra.Törnqvist, del Departamento de Química Medioambiental de la Universidad de Estocolmo, fue la encargada de estudiar los niveles de contaminación de los trabajadores del túnel. Tal y como mandan los cánones sobre exposición ocupacional a una sustancia química, además de una población representativa de dichos trabajadores, se eligió otra de control con ciudadanos que no habían estado expuestos a los problemas del túnel.

Y para sorpresa de los investigadores, se encontró que la sangre del grupo de control contenía también preocupantes niveles de acrilamida. A la vista de los resultados de dicho grupo, la hipótesis más razonable era que los citados niveles de acrilamida debieran provenir de la ingesta de la misma en la dieta. El resultado fue tan impactante que los datos estuvieron “congelados”, hasta su publicación en 2002 en la revista Journal of Agriculture and FoodChemistry.

Hoy existe un amplio consenso según el cual la acrilamida surge como consecuencia de las reacciones de Maillard, una compleja familia de reacciones químicas que se dan a alta temperatura y que proporcionan el aroma, el sabor y el color de muchos de nuestros alimentos (por ejemplo, el de la carne a la plancha).

En general, implican el concurso simultáneo de carbohidratos y aminoácidos, que se descomponen por acción del calor y generan una pléyade de moléculas nuevas que, a su vez, pueden reaccionar entre ellas. En el caso de las patatas fritas el carbohidrato es el almidón y el aminoácido la asparraguina. Uno de los subproductos finales de ese complicado proceso es la acrilamida de marras.

La acrilamida, como ya se ha mencionado, es tenida por neurotóxica y, además, diversos estudios llevados a cabo con ratas de laboratorio han mostrado su carácter cancerígeno, lo que indujo a que, en 1994, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) la declarara como posible cancerígeno para humanos en el Grupo 2A. En los últimos años, y como consecuencia de la alarma creada tras las revelaciones de la Dra. Törnqvist, diversas agencias de Salud Alimentaria y otros organismos que velan por nuestra salud han tratado de establecer niveles de ingesta diaria que puedan resultar más o menos seguros para la población.

Y es en este apartado en el que deben clarificarse los términos pues, en caso contrario, la alarma está asegurada.

Artículo completo en: NAUKAS

Patatas fritas no transgénicas, como todas

Toca Comer. Patatas fritas no transgénicas, como todas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En una reciente entrada del blog de José Carlos Capel hacía un ranking de patatas fritas embolsadas y las que salían primeras de la lista eran las de la marca San Nicasio, desconocida para mi. No obstante en la descripción de las patatas que hace José Carlos aparece algo que me desconcierta:

 Utilizan patatas no transgénicas que se fríen en aceite de oliva virgen extra a baja temperatura, procedente de almazaras de la Subbética. Se sazonan con sal rosa del Himalaya. Sabor inigualable.

¿Utilizan patatas no transgénicas? Raudo y veloz acudo a la página web de San Nicasio para ver si realmente son tan torpes que las publicitan así. Y si, ellos mismo lo dicen con profusión en la web.Como estrategia publicitaria una chapuza. Cuando quieres vender algo lo lógico es centrarte en lo que te diferencia de tus competidores, pero los feligreses de San Nicasio han optado por publicitar que sus patatas son no transgénicas. Solo hay una patata transgénica autorizada en el mercado (la patata Amflora de BASF) y se utiliza para la industria del papel, o sea que las patatas San Nicasio, las del resto de la lista de José Carlos Capel y todas las patatas fritas del mundo son no transgénicas, hasta las de la marca blanca del DIA. Mal empezamos si quieren que te fijes en algo que ofrece cualquier marca.

También publicitan que lleva Sal del Himalaya. Esta sal es básicamente cloruro de sodio (como cualquier otra sal) con magnesio. Tiene un llamativo color rosa, pero hasta ahora no se ha demostrado ninguna propiedad diferente de cualquier otra sal ni ningún efecto para la salud diferente de cualquier otra. El principal cambio es para el bolsillo.

Ampliar en: Los productos naturales ¡vaya timo!

Crean superpatata que se riega con agua salada

Toca Comer. Crean superpatata que se riega con agua salada. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El profesor israelí David Levy lleva investigando más de veinte años el desarrollo de variedades de cultivo capaces de adaptarse a las condiciones extremas de Oriente Próximo.

Este científico del Instituto de Ciencias Vegetales de la Facultad de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha desarrollado una variedad de tubérculo que rápidamente ha sido calificado como “superpatata”.

La variedad desarrollada por Levy es capaz de adaptarse a las condiciones más extremas, ideal para los áridos climas tan característicos de la orilla oriental del Mediterráneo. Además, para sorpresa de todos, esta nueva patata se riega con agua del mar, esto es, con agua salada.

Sin duda es algo que puede cambiar radicalmente el mapa socioeconómico de toda la región y de otras zonas con condiciones climáticas similares.

Ya se están celebrando reuniones de científicos de Jordania, Egipto, Líbano, Israel y Marruecos para compartir conocimientos y tender puentes en información y tecnología. Una información que proviene de la Federación de Comunidades Judías de España.

Esta nueva patata podrá ser cultivada en el desierto y regada con agua del mar.

Las patatas blancas aumentan la ingesta de potasio

Toca Comer. Las patatas blancas aumentan la ingesta de potasio. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Por cada kilocaloría adicional de este alimento consumida, se produce un aumento de 1,6 mg en el consumo de potasio entre los adultos a partir de 19 años y un incremento de 1,7 mg en los niños y adolescentes de 2 a 18 años.

El potasio se considera un nutriente clave para ayudar a controlar la presión arterial. El estudio muestra que la papa blanca es un vegetal particularmente rico en nutrientes que aumenta significativamente la ingesta de potasio entre adultos, adolescentes y niños, afirma Maureen Storey, coautora del estudio.

Las dietas que contienen alimentos que son buenas fuentes de potasio y bajos en sodio pueden reducir el riesgo de hipertensión arterial y accidentes cerebrovasculares. Así, las patatas blancas son ricos en potasio, con o sin piel, naturalmente libres de grasas, grasas saturadas y colesterol y tienen muy poco sodio, según los expertos.

Por ejemplo, una patata pequeña (138 g) con piel, simplemente horneada, proporciona 738 mg de potasio y sólo 128 calorías. Un plátano grande (136 g) aporta aproximadamente el mismo número de calorías, pero mucho menos potasio (487 mg).

Incluso sin piel, la carne de la patata blanca es una fuente inagotable de potasio, ya que sólo unos 122 g de patatas al horno sin piel proporcionan 477 mg de potasio.

Fuente: Alimentariaonline

Las patatas fritas «chips» son adictivas hasta para las ratas

Toca Comer.  Las patatas fritas

«¡A que no puedes comer sólo una!«, decía el eslogan de una conocida marcha de patatas chips. Parece que tenían toda la razón y que no se trataba tan solo una estrategia de marketing.

El reciente estudio de intervención con dos grupos de ratas, «Manganese-Enhanced Magnetic Resonance Imaging for Mapping of Whole Brain Activity Patterns Associated with the Intake of Snack Food in Ad Libitum Fed Rats«, nos puede dar pistas sobre cómo actúa y cómo afecta a nuestro organismo este apetecible aperitivo.

Los investigadores dieron de comer a un grupo comida normal (considerado de control) y al otro patatas fritas, ambos ad-libitum (dejando comer libremente, sin restricción),  y posteriormente analizaron lo que había ocurrido y la actividad cerebral del cada uno de ellos.

Los expertos, mediante un sistema que utiliza un marcador basado en el manganeso, realizaron resonancias magnéticas a los cerebros de los animales, para visualizar los diferentes niveles de actividad. En la imagen que obtuvieron se observa cómo las áreas cerebrales que se activan cuando comen patatas (rojo) es muy diferente a las que se activa cuando comen la dieta normal (azul).

Observaron que al comer patatas fritas las menos activas eran las relacionadas con la regulación de la energía y la saciedad, y las más activas, las relacionadas con la recompensa y el apetito.

Como los mismos autores mencionan en el trabajo, son efectos similares a los de las drogas, consecuencia de una combinación diabólica: muchos carbohidratos de rápida absorción, muchas grasas y mucha sal. Toda una bomba alimentaria, vamos. Como para comer solo una…

 

Vodka elaborado con patatas

Toca Comer.  Vodka elaborado con patatas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El proyecto comenzó tras la reunión de unos amigos, el sumiller Xoan Torres Cannas y el bodeguero Juan Luis Méndez, los cuales emprendieron primero en la creación de ginebra gallega a la que denominaron Nordés pero muy pronto decidieron lanzarse a la fabricación del primer vodka gallego que es elaborado en la planta de Aguardientes de Galicia.

El vodka suele ser un destilado a partir de granos de cereales o vegetales ricos en almidón como el trigo, el centeno o la patata.

En Polonia comenzó a elaborarse vodka de patata pero pronto fue sustituida por cereales debido al alto coste del tubérculo. Así que Nordés Vodka no es un experimento, pero eso sí, está elaborado con patata gallega de Xinzo de Limia en Orense y esa es la diferenciación que estos empresarios le quieren dar, decantándose por ella antes que por otros cereales.

Doce variedades de patata gallega fueron las probadas para la elaboración de esta bebida, finalmente solo dos de ellas pasaron la prueba para quedarse, la variedad agria y la Kennebec, ambas con gran cantidad de almidón necesario para lograr una bebida de calidad.

Y aunque en el caso de otros vodkas se intenta buscar la neutralidad en el sabor de su cereal base, en este vodka gallego sus creadores han arriesgado y no han intentado enmascarar el retrogusto a patata, considerando que es lo que le aporta personalidad a esta peculiar bebida.

Ampliar en: Alimarket



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