
Siempre me han hecho gracia las soluciones sencillas para problemas complejos. «Hay que consumir producto nacional.» «No hay que importar fruta ni verdura de Marruecos.» «Primero lo nuestro.»
Suena bien. Queda bien en una pancarta, en un tuit, en un mitin. Y además tiene la enorme ventaja de que evita tener que pensar demasiado. Es el tipo de eslogan que remueve vísceras, saca votos y, con una banderita de fondo, parece que ya está todo solucionado.
Hasta que la realidad te da en la cara.
En Lugano, Suiza, en un supermercado —de esos donde 21 Suiza es uno de los países con el costo de vida más alto de Europa— se pueden ver precios de fruta.
Mucha fruta era de origen español. Melocotones de España a 7,50 francos suizos el kilo —al cambio, unos 8 euros—. Albaricoques españoles a 6,95 francos, unos 7,40 euros. Sandía a 3,95 francos suizos. Precios que en España nos parecerían de ciencia ficción. Y no es casualidad: 24los precios de los alimentos en los supermercados son más altos que en España, con diferencias que en algunos productos pueden ser abismales. 22Hacer la compra en Suiza es, para muchos recién llegados, el primer choque cultural serio. No por los productos —la calidad suele ser excelente— sino por los precios. Basta un recorrido rápido por cualquier ciudad para entenderlo.
Y entonces, mirando esas etiquetas con la palabra «España» impresa, surge la pregunta que desmonta el chiringuito populista:
¿Estarían los agricultores de la huerta murciana, almeriense o valenciana de acuerdo en vender primero toda su producción aquí, a los precios de aquí, y renunciar a los mayores beneficios que obtienen exportando a países donde les pagan el doble o el triple?
Yo creo que no. ¿Tú lo harías? ¿Dejarías de ganar dinero por aquello de «España primero»?
Las cifras que desmontan el eslogan
Veamos qué dice la realidad de los números, que no entiende de banderas ni de soflamas.1 El sector hortofrutícola español alcanzó los 18.667 millones de euros en exportaciones en 2025, un 3,8% más. Estamos hablando de casi 19.000 millones de euros que entran en España cada año gracias a que nuestros agricultores venden fuera. 1 La balanza comercial del sector arrojó un superávit de 13.189 millones de euros a cierre de 2025, encadenando su segundo año consecutivo de crecimiento.
¿A dónde va toda esa fruta y verdura? 1Europa se mantiene como el destino principal, concentrando el 82% de las ventas. Alemania (30%), Francia (16%) y Países Bajos (8%) lideran la demanda. Países donde el poder adquisitivo permite pagar precios muy superiores a los que se pagan en un mercado de abastos español.
Y aquí viene la paradoja que ningún populista quiere explicar: 1 el volumen consumido en España ha caído un 18% en la última década, mientras que el valor del mercado ha crecido impulsado únicamente por la inflación, con un aumento acumulado de precios del 76% en frutas y 67% en hortalizas. Es decir, en España cada vez comemos menos fruta y pagamos más por ella. ¿Y la solución es obligar a los productores a vender todo aquí, a precios más bajos, en un mercado que encoge?
¿Quién sostiene el campo español?
Hablemos del empleo, porque este dato es clave. 33 El sector hortofrutícola en España tiene un peso clave en la economía, sobre todo en regiones como Andalucía, Murcia y la Comunitat Valenciana. 29 Las campañas de fruta de hueso y pepita, la vendimia temprana y los trabajos de preparación en el sector citrícola generan cada año miles de puestos de trabajo estacionales, especialmente en regiones como Aragón, Cataluña, Murcia y la Comunidad Valenciana.
Si cortamos la exportación, ¿quién paga esos salarios? 3Andalucía lideró el ranking exportador con 3,9 millones de toneladas en 2025, el 33% del total, seguida de la Comunidad Valenciana con 3,3 millones de toneladas (28%) y Murcia con 2,3 millones de toneladas (20%). Son las regiones con mayor dependencia del campo. Cerrar el grifo exportador sería condenarlas al desastre económico.
Y lo de Marruecos, ¿qué?
Ah, Marruecos. El coco favorito del populismo agrario. «Que no entre fruta de Marruecos.» Es cierto que 11 la importación española de frutas y hortalizas frescas procedentes de Marruecos alcanzó un nuevo récord durante el primer trimestre de 2025, con un crecimiento del 24% en volumen y del 23% en valor. Y es cierto que eso genera tensiones legítimas. 13 La disparidad existente entre las normas fitosanitarias, laborales y sociales exigidas en la UE, que no son requeridas en los países terceros, hace que los productores europeos sean cada vez menos competitivos.
Pero lo que no te cuentan es la otra cara de la moneda. Mientras Marruecos nos envía tomates y aguacates, 15 las exportaciones españolas a Marruecos han crecido un 595% en frutas y un 339% en hortalizas en las últimas dos décadas. El comercio no es una calle de dirección única.
Y hay algo más que desmonta la narrativa simplista: 18 el campo español vive una época dorada con exportaciones crecientes. ¿Que hay problemas? Por supuesto. 1 Hay retos críticos como la caída del consumo interno, la escasez de mano de obra y la urgente necesidad de invertir en automatización. Pero esos problemas no se resuelven con eslóganes, sino con políticas serias: 3FEPEX plantea una política de acuerdos comerciales con medidas de reciprocidad y una PAC que mantenga el papel de las organizaciones de productores con recursos suficientes.
La realidad no cabe en un eslogan
¿Podrían los agricultores españoles mantener los mismos ingresos y puestos de trabajo vendiendo solo en España, a precios españoles? No. Rotundamente no. Porque 4 el valor exportado ha seguido una trayectoria claramente ascendente, desde 1.612 millones de euros en enero de 2022 hasta 1.952 millones de euros en enero de 2026, y eso es lo que sostiene al sector.
El proteccionismo de barra de bar ignora que el agricultor de Almería que vende sus melocotones en Suiza a 8 euros el kilo está financiando, con esos beneficios, su propia supervivencia y la de los trabajadores que contrata. Pedirle que renuncie a eso «por España» es pedirle que se arruine por tu eslogan.
Las soluciones reales son complejas, aburridas y no caben en una pancarta: reciprocidad en los acuerdos comerciales, armonización de normas fitosanitarias, inversión en tecnología, apoyo a la digitalización del campo. Nada de eso levanta aplausos en un mitin, pero es lo que funciona.
Así que la próxima vez que alguien te venda el discurso fácil del «primero lo nuestro» aplicado al campo, pregúntale una cosa muy sencilla: ¿Tú renunciarías a cobrar 8 euros por kilo cuando aquí te pagan 2?
Porque cuando la realidad te da en la cara, el populismo se cae. Con todo.

