El enemigo invisible en nuestro plato: El arsénico inorgánico y el plomo lideran las muertes por sustancias químicas según la OMS

    El suministro mundial de alimentos se enfrenta a un desafío de proporciones epidémicas, aunque de naturaleza silenciosa. Históricamente, cuando pensamos en enfermedades transmitidas por los alimentos, nuestra mente suele evocar imágenes de patógenos biológicos como bacterias (por ejemplo, Salmonella o E. coli), virus y parásitos que causan estragos gastrointestinales agudos e inmediatos. Sin embargo, las últimas estimaciones sobre enfermedades transmitidas por los alimentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), publicadas a lo largo de este año 2026, han arrojado luz sobre una amenaza mucho más insidiosa, crónica y letal que se esconde a simple vista en nuestra dieta diaria: los contaminantes químicos.

    Según el informe más reciente de la OMS, las enfermedades de origen alimentario representan una carga asombrosa para la salud pública mundial. Las cifras actualizadas revelan que, cada año, aproximadamente 866 millones de personas —lo que equivale a casi una de cada nueve personas a nivel global— enferman tras consumir alimentos contaminados. Esta crisis de salud pública resulta en la trágica pérdida de 1,52 millones de vidas anualmente y cuesta alrededor de 57,1 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD o DALYs por sus siglas en inglés). Si bien los patógenos biológicos continúan siendo una preocupación de primer orden, el nuevo reporte destaca un hallazgo alarmante: el arsénico inorgánico y el plomo han encabezado la lista de las sustancias químicas de origen alimentario que más amenazan el suministro mundial de alimentos.

    El Arsénico Inorgánico y el Plomo: A la Cabeza de la Amenaza Química El descubrimiento más impactante de las nuevas estimaciones no es únicamente la omnipresencia de estos compuestos químicos, sino su impacto profundo y devastador en la mortalidad global a largo plazo. A diferencia de los aditivos artificiales o los conservantes, el arsénico inorgánico y el plomo no se añaden intencionalmente a nuestros platos; son contaminantes ambientales formidables que se infiltran insidiosamente en la cadena alimentaria a través de la contaminación del agua, la degradación del suelo y diversas prácticas industriales y agrícolas.

    Su posición en la cima de la lista de peligros químicos transmitidos por los alimentos subraya un desafío sistémico en el control de la contaminación ambiental en relación con la agricultura y la producción de alimentos. A diferencia de las toxinas biológicas que, en muchos casos, pueden ser neutralizadas mediante métodos de pasteurización o una cocción adecuada, estos metales pesados y metaloides no se degradan con el calor ni con los procesos culinarios estándar. Una vez que ingresan a la cadena alimentaria —ya sea a través de cultivos que absorben activamente arsénico del suelo y del agua de riego, o mediante ganado y vegetales expuestos a residuos de plomo— permanecen en los alimentos. Posteriormente, tras un consumo crónico y repetido, se acumulan en el tejido del cuerpo humano a lo largo de los años.

    El Nexo Fatal: Enfermedades Cardiovasculares El aspecto más revelador, y quizás el más sombrío del informe de la OMS, es la conexión directa y cuantificada entre estos dos químicos y la mortalidad cardiovascular. Según los datos desglosados en el documento, las enfermedades cardiovasculares relacionadas con la exposición al arsénico inorgánico y al plomo causaron casi el 90 % de todas las muertes atribuidas a sustancias químicas transmitidas por los alimentos.

    Esta estadística es asombrosa y cambia radicalmente el paradigma de cómo la comunidad médica y científica evalúa el riesgo de las patologías transmitidas por la ingesta de alimentos. Tradicionalmente, la toxicidad del arsénico se ha asociado de manera predominante con diferentes tipos de cáncer (especialmente de piel, pulmón y vejiga) y lesiones dérmicas irreversibles. Por su parte, el plomo ha sido temido y regulado principalmente por sus efectos neurotóxicos devastadores, en especial por su capacidad para obstaculizar el desarrollo cognitivo en la población infantil. Sin embargo, la evidencia epidemiológica y toxicológica contemporánea demuestra que el corazón y todo el sistema circulatorio son las víctimas más letales de la exposición dietética crónica a estos elementos.

    A nivel fisiológico, tanto el plomo como el arsénico inorgánico provocan graves daños endoteliales, promueven el estrés oxidativo a nivel celular y desencadenan respuestas inflamatorias sistémicas. Estos procesos aceleran el desarrollo de la aterosclerosis, incrementan la rigidez arterial y elevan significativamente la presión arterial. Con el tiempo, este cuadro clínico culmina en un riesgo drásticamente mayor de sufrir cardiopatías isquémicas, infartos agudos de miocardio y accidentes cerebrovasculares. El hecho de que casi el 90 % de la mortalidad química de origen alimentario se derive de este tipo de complicaciones significa que un porcentaje importante de las afecciones cardíacas a nivel global podrían estar directamente ligadas a fallas sistémicas en la seguridad alimentaria que hasta ahora pasaban desapercibidas.

    El Arsénico Inorgánico en la Dieta Global El arsénico es un metaloide ubicuo de origen natural, pero diversas actividades humanas, como la minería, la fundición y el uso histórico de ciertos pesticidas, han exacerbado enormemente su biodisponibilidad en el medio ambiente. La forma inorgánica del arsénico (conocida como iAs) es considerablemente más tóxica que sus variantes orgánicas.

    El principal problema de seguridad alimentaria en relación con este metaloide radica en los cereales de consumo masivo, con un énfasis crítico en el arroz. Este grano es el pilar nutricional para más de la mitad de la población mundial; no obstante, su biología botánica única lo hace excepcionalmente eficiente en la absorción de arsénico del agua inundada presente en los arrozales. En diversas regiones, particularmente en partes de Asia donde el consumo diario de arroz es sumamente elevado, la ingesta de arsénico inorgánico alcanza niveles que suscitan gran preocupación en la salud pública. Diversos estudios toxicológicos recientes han abogado por la urgente necesidad de establecer Valores de Referencia Toxicológica (TRV, por sus siglas en inglés) mucho más bajos y estrictos, fundamentados específicamente en la prevención de la incidencia y mortalidad de las enfermedades cardiovasculares, y no únicamente en la prevención oncológica.

    El Plomo: Un Enemigo Constante y Silencioso Por otro lado, el plomo es un metal pesado altamente tóxico cuya dispersión medioambiental fue impulsada de forma dramática durante el siglo pasado por su uso generalizado en combustibles, pinturas y redes de tuberías. Aunque gran parte de estas fuentes directas han sido objeto de estrictas regulaciones o prohibiciones totales en la mayoría de los países, el plomo persiste obstinadamente en los suelos y sistemas hídricos, negándose a desaparecer de nuestro entorno.

    El plomo penetra en nuestro suministro de alimentos a través de la absorción agrícola por parte de las plantas cultivadas en suelos contaminados, pero también mediante la contaminación cruzada durante el procesamiento, envasado y transporte de los productos alimenticios. Las infraestructuras de agua envejecidas con tuberías de plomo, el uso de utensilios de cocina o cerámicas esmaltadas de baja calidad y la exposición de los cultivos a la deposición atmosférica industrial continúan siendo vías de contaminación activas. En los adultos, la exposición crónica a dosis aparentemente bajas de plomo a través de la dieta diaria se ha vinculado innegablemente con la hipertensión, la cual es el factor de riesgo número uno a nivel mundial para los eventos cardiovasculares adversos.

    El Impacto Global y las Poblaciones Más Vulnerables Aunque el impacto de estos contaminantes químicos es de alcance verdaderamente global, la carga de la enfermedad no se distribuye de forma equitativa. Los niños menores de 5 años son un grupo demográfico especialmente vulnerable, soportando casi un tercio de todos los casos de enfermedades transmitidas por alimentos a nivel mundial. Aunque los efectos cardiovasculares letales del arsénico y el plomo suelen manifestarse plenamente en la edad adulta, el daño fisiológico a los vasos sanguíneos y la acumulación tóxica en los tejidos comienzan desde la primera infancia.

    Además, los países en vías de desarrollo sufren una carga de morbilidad desproporcionada. Las naciones con infraestructuras agrícolas menos monitoreadas, normativas ambientales laxas y una alta dependencia de aguas subterráneas no tratadas para el riego agrícola enfrentan los desafíos más severos. Sin embargo, en el actual sistema alimentario hiperglobalizado, donde las materias primas y los productos terminados cruzan fronteras de forma continua, ninguna nación es verdaderamente inmune a la importación inadvertida de alimentos que contengan trazas de estos químicos.

    Conclusión: Un Llamado a la Acción Urgente Las estimaciones sobre enfermedades transmitidas por los alimentos de la OMS publicadas en 2026 representan una advertencia ineludible para los gobiernos, las autoridades reguladoras de todo el mundo y la industria alimentaria internacional. El hecho de que el arsénico inorgánico y el plomo estén detrás de casi el 90 % de las muertes provocadas por químicos alimentarios, canalizando su letalidad principalmente a través del daño cardiovascular, exige una profunda y urgente reestructuración de nuestras prioridades en materia de salud pública y nutrición.

    Es absolutamente imprescindible que la comunidad internacional incremente la inversión en sistemas de vigilancia epidemiológica y controles alimentarios más sofisticados. Se requieren normativas globales armonizadas que establezcan límites máximos permitidos mucho más rigurosos para la presencia de estos metales en nuestros alimentos, basados empíricamente en la protección cardiovascular. Al mismo tiempo, se debe fomentar y financiar la innovación en prácticas agrícolas, biotecnología y procesos de manufactura que mitiguen la absorción de estos elementos en nuestra comida diaria.

    Las enfermedades de origen alimentario son, en gran medida, una tragedia prevenible. Enfrentar y neutralizar a estos «asesinos invisibles» es un paso esencial y urgente para salvaguardar el corazón de la humanidad, asegurando que los alimentos que llevamos a nuestra mesa sirvan para sustentar la vida en lugar de amenazarla silenciosamente.

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    Resuelto el misterio del arsénico en las cervezas alemanas

    Toca Comer. Resuelto el misterio del arsénico en las cervezas alemanas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

    Algunas cervezas alemanas contienen un nivel más alto de arsénico que los permitidos por la Organización Mundial de la Salud  (10 microgramos por litro por agua potable). El misterio del arsénico en las cervezas alemanas ha sido resuelto, según se anunció en el congreso 245 de la American Chemical Society.

    «Cuando el nivel del arsénico en la cerveza es superior que en el agua usada durante el proceso de producción,  este exceso de arsénico debe venir de otras fuentes», dijo Mehmet Coelhan, de la Technische Universität de Munich.

    «Era un misterio para nosotros. Como resultado, analizamos todos los materiales, incluyendo la malta y el lúpulo usados en la fabricación, para descubrir si había presencia de arsénico».

    El equipo de Coelhan concluyó que el arsénico era liberado en la cerveza por la diatomita o kieselguhr, usada como filtro  para quitar la levadura, lúpulos y otras partículas para aclarar la cerveza.

    Las pruebas han demostrado que parte de las muestras de kieselguhr contenían arsénico. De todos modos, no es probable que la gente enferme a causa del arsénico por beber cervezas fabricadas con este tipo de método de filtración.

    No es probable que la gente enferme a causa del arsénico por beber cervezas fabricadas con este tipo de método de filtración

    En otros países se han detectado niveles superiores de arsénico en la cerveza, según el estudio. Coelhan dice que las fábricas de cerveza, vino y alimentos que usan kieselguhr deberían ser conscientes que esta substancia puede liberar arsénico.

    Coelhan comentó que existen sustitutos para el  kieselguhr, y que una medida simple como limpiar el kieselguhr con agua antes de su uso elimina el arsénico.

    American Chemical Society

    La OMS recomienda controlar los niveles de arsénico en agua potable

    Toca Comer. La OMS recomienda controlar los niveles de arsénico en agua potable. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

    Este organismo de Naciones Unidas ha subrayado la importancia de limitar la presencia de este elemento en el agua a 10 microgramos por litro aunque ha avisado de que este valor es «provisional» debido a las dificultades que tiene realizar esta medición.

    En este sentido, ha recordado que cuando sea difícil alcanzar estos valores, los Estados podrán fijar otros más altos siempre y cuando se tengan en cuenta las circunstancias locales, los recursos y los riesgos que puede conllevar.

    Y es que, según ha alertado, uno de los principales peligros que conlleva el arsénico es que puede provocar cáncer, lesiones en la piel e, incluso, enfermedades cardiovasculares, neurotoxicidades y diabetes.

    Además, los síntomas inmediatos de la intoxicación aguda por arsénico son los vómitos, el dolor abdominal y la diarrea, seguidos de entumecimiento y hormigueo de las extremidades, calambres musculares y, en casos extremos, la muerte.

    Asimismo, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el arsénico y sus compuestos como cancerígenos para los seres humanos, y ha declarado que en el agua potable puede producir cáncer.

    Se trata de un elemento natural de la corteza terrestre que está distribuido en el aire, el agua y la tierra, por lo que está presente en niveles muy altos en el agua subterránea de diversos países como, por ejemplo, en Argentina, Bangladesh, Chile, China, India, México y Estados Unidos.

    Las utilizaciones de este elemento son varias ya que se usa industrialmente como agente de aleación, así como en el procesamiento de vidrio, pigmentos, textiles, papel, adhesivos metálicos, conservantes de madera, municiones. Asimismo, es utilizado en el proceso de curtido de cuero, y en menor grado en los pesticidas, los aditivos para piensos, los productos farmacéuticos, y está presente en el tabaco debido a que la planta toma arsénico de forma natural en el suelo.

    Los alimentos orgánicos pueden ser una fuente insospechada de arsénico en la dieta

    Toca Comer.araba de arroz ecológico, un peligro por el arsénico. Marisol Collazos Soto
    Como la gente busca los regímenes dietéticos más saludables, a menudo recurren a los productos etiquetados como «orgánicos». Sin embargo, está al acecho  un ingrediente que puede ser una fuente oculta de arsénico, un elemento conocido por ser tóxico y potencialmente cancerígenos.

    El jarabe de arroz orgánico se ha convertido en una alternativa preferida a la utilización de jarabe de maíz alto en fructosa como edulcorante en los alimentos. El jarabe de maíz alto en fructosa ha sido criticado como una sustancia altamente procesada que es más dañino que el azúcar y es un contribuyente importante a la epidemia de obesidad. Por desgracia, el jarabe de arroz integral orgánico no está exento de problemas.

    Investigadores de Dartmouth y otros han llamado anteriormente la atención sobre la posibilidad del consumo de niveles nocivos de arsénico a través de arroz, y el jarabe de arroz integral orgánico puede ser el último culpable en la escena.

    Con la introducción de jarabe de arroz integral orgánico en la elaboración de alimentos, incluso el consumidor inteligente sin saberlo, puede sufrir la ingestión de arsénico. Reconociendo el peligro, Brian Jackson y otros investigadores de Dartmouth llevaron a cabo un estudio para determinar las concentraciones de arsénico en los alimentos comerciales que contienen jarabe de arroz integral orgánico, incluyendo fórmulas para bebés, barras de cereales / energéticos y alimentos de alta concentración en energía utilizados por los atletas de resistencia.

    Los resultados fueron alarmantes. Una de las fórmulas infantiles tenían una concentración de arsénico total de seis veces la cantidad límite permitida por la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA)  en el agua potable  que es de 10 partes por billón (ppb) de arsénico total. Las barras de cereales y alimentos energéticos que utilizan jarabe de arroz integral orgánico también tenían mayores concentraciones de arsénico que aquellos sin el almíbar.

    Jackson, director del  Trace Element Analysis Core Facility  en Dartmouth y miembro del  National Institute of Environmental Health Sciences (NIEHS), financiado por el Superfund Research Program, es el autor principal del estudio publicado el 16 de febrero 2012, en Environmental Health Perspectives. Sus colaboradores incluyen a investigadores de Dartmouth en la EPA y el EPA and NIEHS‑funded Children’s Environmental Health and Disease Prevention Center.

    Jackson y sus colegas compraron productos comerciales de alimentos que contienen jarabe de arroz integral orgánico y los compararon con productos similares que no contienen el jarabe. Diecisiete fórmulas para lactantes, 29 barras de cereales, y tres energéticos fueron todos adquiridos de las tiendas locales en el área de Hanover, NH.

    De las 17 fórmulas lácteas infantiles que han sido evaluados, sólo dos habían con jarabe de arroz integral orgánico como ingrediente principal. Estas dos fórmulas, una a base de productos lácteos y otra a base de soja, eran extremadamente altos  en concentración de arsénico, más de 20 veces mayor que las de otras fórmulas. La cantidad de arsénico inorgánico, la forma más tóxica, encontrado fue un promedio de 8.6 ppb para la fórmula a base de lácteos y de 21.4 ppb de la fórmula de soja.

    Esto es preocupante porque estas concentraciones son comparables a, o mayor que, el límite de corriente de agua potable EE.UU. de 10 ppb, y dicho límite no tiene en cuenta el bajo peso corporal de los lactantes y el correspondiente aumento en el consumo de arsénico por kilogramo de peso corporal .

    Los investigadores de Dartmouth también analizaron 29 barras de cereal y tres tipos (sabores) de un producto energético obtenido a de un supermercado. En veintidós de las barras  figuran por lo menos uno de los cuatro productos de arroz orgánico jarabe de arroz integral, harina de arroz, grano de arroz, copos de arroz entre los primeros cinco ingredientes. Las barras de cereales variaron de ocho a 128 ppb en el contenido total de arsénico, los que no tenía los ingredientes de arroz fueron los más bajos en arsénico y varió de ocho a 27 ppb, mientras que los que sí contenían un ingrediente del arroz osciló entre 23 y 128 ppb de arsénico total.

    Con la cobertura de noticias actual se da la posibilidad de que los consumidores sepan que el arroz contiene arsénico, y que  puedan tener en cuenta que los cereales / barritas energéticas que contienen ingredientes de arroz también podría contener arsénico.

    Los autores señalan que, «Por el contrario los alimentos energéticos, así como los preparados para lactantes, no sería inmediatamente evidente para el consumidor que éstos también tienen el arroz como producto base». Uno de los tres sabores de bebidas  energéticas probada mostró 84 ppb de arsénico total (100 por ciento de arsénico inorgánico), mientras que los otros dos presentaron 171 ppb de arsénico total (53 por ciento de arsénico inorgánico).

    Jackson y sus colegas concluyen que en vista de la creciente prevalencia de arsénico oculto en los alimentos, y la ausencia de regulaciones de EE.UU. en esta área, «hay una necesidad urgente de  fijar los límites reglamentarios sobre arsénico en los alimentos. »

    Fuente: MedicalXpress

     

    Detectan exceso de arsénico en jugos de manzana y uva de Estados Unidos

    Toca Comer. Exceso de arsénico y plomo en zumos de EE.UU. Marisol Collazos SotoLa revista Consumer Reports analizó 88 muestras de jugo de fruta comprados en establecimientos  de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Varias marcas muy conocidas, incluyendo Walmart, Mott’s, Walgreens y Welch’s, tenían niveles superiores a 10 partes de arsénico por 1 000 millones, el límite establecido por el gobierno federal estadounidense para el agua embotellada y de grifo.

    Un 25% de las muestras, que incluyen jugos de marcas como Gerber, Trader Joe’s y Minute Maid, tenían más de cinco partes de plomo por 1 000 millones, de acuerdo con Consumer Reports. Cinco partes por 1 000 millones es el estándar establecido para el plomo en el agua embotellada por la Dirección de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

    La exposición prolongada al arsénico, que es inodoro e insípido, ha sido vinculada al cáncer de vejiga, piel, riñones, conductos nasales, hígado y próstata, y los altos niveles de plomo en el agua potable pueden provocar retrasos en el desarrollo físico y mental, de acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés).

    Consumer Reports recomienda que los bebés menores de seis meses de edad no beban ningún tipo de jugo, y que los niños de seis meses a seis años no deben tomar más de 170 gramos al día, y los niños mayores no deben beber más de  340 gramos la día.

    Fuente: Comsumers Reports

     



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