Plátanos para combatir deficiencia en vitamina A

Toca Comer. Plátanos para combatir deficiencia en vitamina A. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana
Las plátanoss transgénicos ya están en listas para entrar en fase de pruebas en humanos:

Ha sido casi una década en desarrollo, pero una raza genéticamente modificada de bananos diseñada para combatir el hambre pronto entrará en pruebas en humanos. Los bananos son ricos en beta-caroteno, que se convierte en vitamina A en el cuerpo. Para los niños de África que sufren de deficiencias de vitamina A, esto es un regalo del cielo. Además, estos bananos son anaranjados.

La investigación específica está ocurriendo en la Universidad de Tecnología de Queensland, en Australia, gracias, en parte, a casi US $ 10 millones en fondos de la Fundación Bill y Melinda Gates. La idea, sin embargo, es pasarle las semillas de estos súperbananos a los agricultores de Uganda, donde hay una enorme escasez de alimentos y el 70 por ciento de la población sobrevive con fruta. Las deficiencias de vitamina A no sólo están matando a los niños, sino también hacen que se queden ciegos, por lo que el avance de la investigación es muy bueno.

La primera vez

Toca Comer. . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En Australia, las antípodas, se hace todo al revés: cuando convocan una conferencia TED, lo que más llama la atención no son los ponentes, sino lo que sucede entre conferencia y conferencia. En este caso se trata de un vídeo creado por la agencia Saatchi & Saatchi en el que se puede ver a niños de dos, tres y hasta cinco años probando por primera vez sabores tan extraños a su paladar como anchoas, cebollas en vinagre, aceitunas, limón y hasta Vegemite (un producto australiano para untar…imagina una crema de avellanas pero en lugar de ser de frutos secos es de caldo concentrado!)

De un modo evocador, pues nos recuerda la primera vez que probamos nosotros esos sabores tan desconocidos, los niños descubren un mundo nuevo estimulados por obviamente la novedad, pero también por su alta concentración de papilas gustativas…hasta cinco veces mayor que la de los adultos.

Cuando nacemos tenemos aproximadamente unas 10000 papilas gustativas, pero estas se van reduciendo, hasta llegar a 2000 y aún menos, cuando llegamos a la edad adulta. Esta podría ser una estrategia evolutiva para que los lactantes puedan “defenderse” si un alimento está contaminado. A medida que crece ya no depende tanto de esta “barrera gustativa” que es reemplazada por la experiencia y la información. Este descenso en el número de papilas también explica porque a las personas mayores, a menudo, todas las comidas les parecen similares, a mayor edad menos papilas gustativas.

Esto se puede saber gracias a estudios microscópicos de las células epiteliales en las diferentes edades, pero… ¿qué sucede en el feto?

El doctor Martin Witt, del Departamento de Anatomía de la Universidad Tecnológica de Dresde, Alemania, ha analizado la formación de las papilas gustativas en el feto. Utilizando la imnunohistoquímica (una técnica para encontrar proteínas en tejidos) y microscopios de electrones detectó su formación ya a las 8 semanas de gestación. Y también pudo identificar los mecanismos que diferencian la origen de las papilas gustativas al analizar su formación en diferentes vertebrados: humanos, pollos y peces.

Fuente: laciencibilidad

SABMiller adquiere Foster’s Group

Toca Comer.  SabMiller adquiere Foster's Group. Marisol Collazos Soto
El acuerdo, que llega tras meses de enfrentamiento, se cerró gracias a que el presidente ejecutivo de SABMiller, Graham Mackay, ofreció elevar la oferta en 20 centavos a 5.10 dólares australianos por acción.

Solo después de eso pudo celebrar con el presidente del directorio de Foster’s, David Crawford. «Estaba claro que no estábamos tan lejos así que comenzamos a conversar la semana pasada y ésta me senté con David Crawford para tomar un par de cervezas», dijo Mackay, tras anunciar la compra de la mayor cervecería de Australia.

Como parte del acuerdo, Foster’s pagará 0.30 dólares por acción por una devolución de capital que anunció en agosto y un dividendo de 13.25 centavos. Así el valor total del acuerdo, incluida la deuda, es de 11.500 millones de dólares australianos.

SABMiller, que tiene su sede en Londres y elabora las marcas Peroni, Miller Lite y Grolsch, lanzó su oferta inicial en efectivo por nueve mil 500 millones de dólares australianos, o 4.90 dólares australianos por acción, el 21 de junio. Luego hizo la oferta hostil al llevarla directamente a los accionistas al mismo precio el 17 de agosto, pero Foster’s rechazó ambas ofertas por considerarlas bajas.

SABMiller dice que la oferta es parte de su estrategia para crear una atractiva base mundial y se suma a sus operaciones en los mercados emergentes de Africa, América Latina, Asia y Europa Oriental.

Fuente: El Financiero en línea

 

Experimentos con el CO2 y la huella ecológica en un supermercado australiano


En algunos países (no sucede en España) se pueden encuentran en los supermercados productos que llevan una etiqueta con las emisiones de CO2 generado a lo largo de su ciclo de vida. Sin embargo, son muy pocos los estudios que han analizado la respuesta de los consumidores. Para analizar el efecto de este indicador conocido como huella de carbono, investigadores australianos llevaron a cabo un experimento de tres meses en un supermercado de East Ballina, en Nueva Gales del Sur.

Uno de los mayores problemas para la propagación de este etiquetado es  la falta de una metodología estandarizada de cálculo.

Investigadores de la Universidad Southern Cross utilizaron como laboratorio un supermercado FoodWorks, ubicado en un pequeño centro comercial de East Ballina, abierto siete días a la semana. Allí, etiquetaron 37 productos de uso muy común, con tres colores diferentes en función de su huella de carbono con respecto a la media: verde (con menos CO2 que la media), amarillo (con tanto CO2 como la media) o negro (con más CO2 que la media).

Los 37 productos etiquetados con su huella de carbono pertenecían todos a cinco grandes categorías: leche, mantequilla, tomate en lata, agua embotellada y comida para mascotas no perecedera. En cada uno de estos grupos, los clientes podían encontrar en las estanterías de la tienda artículos con una etiqueta verde y otros similares con el color amarillo o negro. Los investigadores registraron todas las ventas de estos productos durante las cuatro semanas anteriores a la colocación de las etiquetas y durante las ocho semanas posteriores, para comparar los datos y analizar cómo había influido en los consumidores la señalización de colores en el supermercado.

Fueron 2.890 los productos seleccionados que pasaron por caja en ese tiempo y los investigadores sí que constataron un cambio después de colocar las etiquetas con la huella de carbono: las ventas de los artículos señalados con el color negro habían descendido un 6%, mientras que las de los marcados con el verde subieron un 4%.

Esta diferencia tampoco es enorme. Ahora bien, el estudio australiano encontró un cambio aún más significativo: los productos que además de llevar el color verde eran también los más baratos aumentaron sus ventas un 20% después de ser etiquetados. El precio no había cambiado, pero sí la percepción del cliente.

A este respecto, resulta llamativo el caso de uno de los productos vendidos en el supermercado australiano: el agua. Como explica Vanclay, “uno de los artículos de nuestro estudio era el agua embotellada, pero en la tienda había otra opción: se podía comprar agua a granel de un dispensador”. El producto de este dispensador era a la vez más barato y tenía una huella de carbono mucho menor, pues algunas de las botellas eran traídas en camiones de otros puntos del país o incluso de lugares más lejanos como Indonesia, Nueva Zelanda o islas Fiyi. Paradójicamente, la mayoría de los clientes pagaban más por llevarse el agua embotellada. “La gente está en este caso mucho más influida por la publicidad o la imagen que por el precio”, destaca el profesor australiano, que insiste en que “lo más verde no es siempre lo más caro”.

Por otro lado, el estudio también constató como había algunos productos en los que resultaba muy difícil cambiar los hábitos del consumidor. Esto ocurría, por ejemplo, con la leche. El color de la etiqueta no servía para convencer al cliente de que metiese en su bolsa de la compra un formato distinto al habitual.

Ampliar información en: ecoloboratorio AMBIENTAL

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