
Alimentos que no caducan



28 días son nada: el gobierno español derogó la normativa –BOE del 29 de marzo- que definía que estos productos debían tener una fecha límite de comercialización. A partir de ahora serán las empresas quienes decidan la fecha de consumo preferente; el alimento no deja de ser comestible, pero ha perdido algunas características organolépticas -sabor, textura o color. Miguel Arias Cañete, ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, anunció esta medida como parte de una estrategia contra el desperdicio de alimentos.
Con esta reforma sobre los yogures España se iguala con los demás países de la UE, donde no hay fecha de caducidad sino fecha de consumo recomendado.
Las nuevas fechas en las etiquetas se fijarán en función del tipo de producto, del envase o de la zona de comercialización. Para Cañete, este límite de 28 días «llevaba a mucho desperdicio de un producto básico para la alimentación y un grado muy alto de consumo».
Es cierto que el yogur, si está bien conservado y cerrado, se protege muy bien de la proliferación de microbios patógenos.

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente ha elaborado un estudio titulado El sector habla. ¿Qué hace la distribución con los alimentos caducados?, una investigación en base a una muestra de 700 entrevistas realizadas con distribuidores durante el primer semestre de 2012.
El estudio forma parte del Barómetro del Clima de Confianza del Sector Agroalimentario que realiza el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para medir de forma cuantitativa y periódicamente cual es el clima de confianza de los principales participantes en el proceso de comercialización agroalimentaria, en el que se incluyen los productores, la industria, la distribución y los consumidores.
Cuántos retiran productos caducados
Entre las principales conclusiones, se constata que el 78,8% de los distribuidores entrevistados retira productos por las fechas de caducidad. La mayoría de los establecimientos, concretamente el 57,8% de la muestra, solo debe retirar entre el 0,1 y el 5%. Un 19,3% retira entre el 5 y el 20% y sólo el 1,7% de los distribuidores debe retirar más del 20%. Frente a ellos, un 17,8% no necesita retirar ningún producto.
Cuántos entregan productos caducados a ONGs
Del estudio también se desprende que tan sólo el 20,5% de los entrevistados acostumbra a entregar los productos retirados a alguna ONG o banco de alimentos.
Gestión de stocks
En relación con la gestión de los stocks para evitar que los alimentos caduquen en las estanterías, el 87% de los distribuidores declara revisar personalmente las estanterías, frente a un 27% que utiliza los controles informáticos.
Envasado de productos frescos
También se ha preguntado sobre el envasado de los productos frescos que se venden embarquetados, afirmando un 23,6% que lo hacen ellos mismos, frente a un 78,4% que no realizan esta labor.
Criterios para fijar fechas de caducidad
Preguntados sobre los criterios que se siguen para fijar las fechas de caducidad o consumo preferente, la mayoría optan por respetar lo que fija la ley, en segundo lugar por la tipología del producto y en menor cantidad por la seguridad microbiológica o por el aspecto del producto como la textura o el aroma.
Fuente: dirio de Gastronomía.com

Existen muchos mitos acerca de la miel, algunos de los cuales nos pueden llevar a pensar que estamos ante un alimento milagroso. Uno de esos mitos dice que la miel es el único alimento que no se estropea, o que no se pudre, a medida que pasa el tiempo. ¿Quieres saber si esto es cierto? La miel está compuesta mayoritariamente por una mezcla de azúcares y agua.
Los alimentos se deterioran a medida que pasa el tiempo por dos razones fundamentales: la acción de ciertos microorganismos y el transcurso de ciertas reacciones bioquímicas. Veamos qué es lo que sucede en el caso de la miel.
Microbiología de la miel
A pesar de lo que mucha gente piensa, la miel no es un alimento estéril. Puede contener una gran variedad de microorganismos procedentes de diferentes fuentes, como las abejas, las plantas, las colmenas, los equipos con los que se extrae el producto, etc. Algunos de estos microorganismos son por ejemplo bacterias de los géneros Bacillus, Clostridium o Micrococcus, levaduras de los géneros Ascosphaera, Hansenula o Pichia y mohos de los géneros Alihia, Coniothecium o Peyronelia.
Lo que sucede es que estos microorganismos no son capaces de desarrollarse en la miel, debido a las peculiares características de este singular alimento, entre las que se encuentran:
una baja actividad de agua
osmolaridad
acidez
peróxido de hidrógeno
sustancias antimicrobianas
Transformaciones físico-químicas
Conclusión

«Â¿Sabes que la leche en cartón que no se vende dentro del plazo de caducidad regresa a la fábrica para ser repasteurizada y vuelve al supermercado de nuevo?» Asà comienza un correo distribuido de forma masiva, una afirmación falsa que siembra la duda sobre si la leche que se consume es adecuada o procede de repetidas rehigienizaciones que merman su contenido en nutrientes. El correo, además, aconseja fijarse en un pequeño número que se exhibe en la parte inferior del envase y que, según esta falsa información, indica el número de repasteurizaciones realizadas a la leche, hasta cinco. Siempre según este falso bulo, habrÃa que elegir entre los números más bajos para asegurar que la leche aún conserva algunas de sus propiedades nutricionales y no se ha sometido una y otra vez a tratamientos térmicos. Sin embargo, este número que aparece en los envases, lejos de indicar las veces que la leche ha sido reutilizada por el fabricante, es un código referente al propio envase. La numeración en la base de los envases se relaciona con un código de los fabricantes de envases.
Los envases de cartón de leche se producen en grandes bobinas, y cada una de ellas contiene varios rollos. A su vez, cada rollo recibe una numeración del uno al cinco que permite identificar en qué posición de la bobina se ha producido un determinado envase. Con cada pedido de envases formulado por una empresa productora de leche se genera un número secuencial, que sirve para el rastreo de la producción. Según el difamatorio correo, la legislación permitirÃa a las centrales lecheras repetir este ciclo de tratamientos térmicos hasta cinco veces, afirmación falsa ya que la normativa comunitaria vigente en la Unión Europea prohÃbe la reutilización de alimentos caducados para el consumo humano.
Algunos organismos oficiales han salido en respuesta a estos bulos. Es el caso de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, que se pronuncia de forma rotunda y afirma que «la información que circula sobre el reciclado de leche caducada es falsa y engañosa». Además, prosigue que ni la norma general de etiquetado, presentación y publicidad de los alimentos, ni la normativa especÃfica de los productos lácteos establece la obligatoriedad de que figure un número en la parte inferior del envase del producto. Además, la leche en cartón con tratamiento UHT, y no pasteurizada como se indica en el falso bulo, es un producto de larga duración y gran consumo, cosa que facilita que no se produzcan retornos por motivos de caducidad. En el supuesto caso de que caduque, la leche será desechada y en ningún caso rehigienizada y puesta de nuevo a la venta.
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