Un vínculo sorprendente entre intestino y memoria en personas mayores de 60 años: un avance prometedor para la salud cognitiva

Un vínculo sorprendente entre intestino y memoria en personas mayores de 60 a

Investigadores del King’s College de Londres han descubierto recientemente un vínculo sorprendente entre la salud intestinal y las capacidades cognitivas en personas mayores de 60 años. Su estudio pionero, publicado en 2024 en Nature Communications, muestra que la suplementación diaria con prebióticos, fibras vegetales que alimentan las bacterias beneficiosas del intestino, mejora significativamente la memoria y el aprendizaje en adultos mayores. Estos resultados abren nuevas perspectivas para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad y podrían transformar la forma en que se aborda el envejecimiento cerebral.

El estudio innovador se realizó en 36 pares de gemelos mayores de 60 años, lo que permitió aislar el efecto de los prebióticos frente a factores genéticos. Un miembro de cada par recibió un polvo que contenía prebióticos (inulina y fructooligosacáridos), mientras que el otro tomó un placebo. Tras tres meses, quienes recibieron prebióticos mejoraron sus resultados en pruebas de memoria visual y aprendizaje.

Esta mejora estaría relacionada con el aumento de las bacterias Bifidobacterium en el intestino, conocidas por sus efectos beneficiosos. Otros estudios en modelos animales sugieren que estas bacterias influyen positivamente en la conexión intestino-cerebro, a menudo denominado “segundo cerebro”. Las sustancias producidas por esta microbiota intestinal pueden atravesar la barrera hematoencefálica y modular las funciones cerebrales.

Este hallazgo indica que el deterioro cognitivo no es solo una patología cerebral, sino también un fenómeno que involucra la salud digestiva. Los prebióticos, accesibles, económicos y seguros, podrían convertirse en aliados valiosos para preservar la memoria de las personas mayores y prevenir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Los investigadores advierten que se requieren más estudios en poblaciones mayores y a largo plazo para confirmar estos prometedores resultados iniciales. Sin embargo, el estudio abre una vía terapéutica innovadora, situando el eje intestino-cerebro en el centro de las futuras estrategias para apoyar el envejecimiento cognitivo saludable.

En conclusión, esta investigación destaca la importancia creciente de la microbiota intestinal en el mantenimiento de la capacidad cognitiva después de los 60 años, proponiendo un enfoque simple y natural para acompañar la salud cerebral en la edad avanzada. Cuidar el intestino podría ser clave para preservar la memoria y la calidad de vida con el paso de los años.

Fuentes: Nature Communications, King’s College London, estudios complementarios sobre microbiota intestinal y neurociencia.

Posavasos de cerebro en lonchas

Toca Comer. Posavasos de cerebro en lonchas. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En ThinkGeek, Brain Specimen Coasters

Ahora mismo en tu cerebro miles de millones de neuronas trabajan como locas para que existas y en este momento muchas de ellas están dedicadas a la lectura de estas palabras. Piensa en todas las áreas del cerebro que hemos incautado para esta tarea. Caca. Acabamos de provocar que leas la palabra caca y probablemente te hemos hecho pensar y visualizar caca. ¡Cuánto poder! Para celebrar tal capacidad de estimulación ofrecemos estos increíbles posavasos de muestras cerebrales.

Evidentemente no se trata de muestras de cerebro de verdad, sino que son imágenes impresas en portaobjetos también de imitación. Pero la imagen impresa es muy parecida a los cortes que resultarían después de pasar un cerebro humano por un microtomo,

Fuente:  microsiervos

Los azúcares dañan el cerebro

Toca Comer. Los azúcares dañan el cerebro. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

No hace falta decir que el tema del azúcar se está convirtiendo en un verdadero problema para la alimentación en general. No solamente porque se consuma mucho azúcar en todo, sino porque muchos alimentos llevan más azúcar del que inicialmente podríamos pensar.

El azúcar crea adicción
Sgún un estudio de la Universidad de Princeton, publicado en Neuroscience and Biobehavioral Reviews, el azúcar tendría una capacidad elevadísima para estimular nuestros receptores de opioides cerebrales si se toma como un aporte masivo (si, los mismos receptores que usan las drogas, por ejemplo). Esto implicaría una gran liberación de dopamina, el neurotransmisor encargado de suministrarnos los sentimientos de placer, el mismo que activaría las vías cerebrales que se estimulan con la toma de las drogas adictivas.

Todo esto, en conjunto, implica que el azúcar es una sustancia potencialmente adictiva, por lo que puede llevarnos a sufrir trastornos alimentarios u obesidad por su consumo excesivo.

El azúcar encoge el cerebro y deteriora la memoria
Hemos hablado muchas veces de métodos o hábitos para mejorar la memoria, pero cabe mencionar dentro de ellos que es necesario controlar o disminuir sustancialmente la ingesta de azúcar, ya que se ha demostrado que un exceso de azúcar en sangre provoca un encogimiento (literal) del cerebro.

Así lo afirma un estudio a cargo de la Universidad Nacional de Australia, en el cual se demostró una relación entre la contracción de la amígdala cerebral y el hipocampo delante de niveles normales – elevados de azúcar en sangre. Es decir, una disminución del tamaño cerebral específico en dos áreas responsables de algunas habilidades cognitivas importantes, entre ellas la memoria.

El azúcar puede llegar a provocar demencia
Si no teníamos suficiente con el deterioro de la memoria anteriormente mencionado, un estudio más reciente llevado a cabo por los científicos del Group Health Research Institute, de la Universidad de Washington, llegó a la conclusión de que los niveles elevados de azúcar en sangre (sin llegar a sufrir diabetes) aumentan el riesgo de llegar a sufrir demencia.

Para llegar a tal conclusión se monitorearon los niveles de azúcar (glucosa) en sangre de más de 2000 pacientes mayores de 65 años, con y sin diabetes, durante un periodo de 5 años. Según sus resultados, tan solo con mantener un nivel de 115 mg/dl, que sería alto pero sin llegar a la diabetes, el riesgo de sufrir demencia sería un 18% mayor en comparación a los que tenían unos niveles de azúcar de 100 mg/dl o menos.

Fuente: Medciencia

Un estudio concluye que los ácidos grasos omega 3 no frenan el deterioro del cerebro

Toca Comer. Los ácidos grasos omega 3 no frenan el deterioro del cerebro. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El ensayo, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Iowa, revela que la alta concentración en sangre de esta sustancia no comporta beneficios para la memoria, el conocimiento o la percepción.

Durante los últimos años, los ácidos grasos poliinsaturados omega 3 han suscitado gran interés entre la comunidad científica debido a la creencia de que podrían prevenir o retrasar el deterioro cognitivo. Sin embargo, una nueva investigación estadounidense sugiere que estos compuestos no tienen ningún efecto beneficioso en las capacidades intelectuales de sus consumidores.

Los resultados del trabajo, elaborado por científicos de la Universidad de Iowa (EEUU) y publicados esta semana en la revista Neurology, ponen en duda muchas de las hipótesis anteriores. “Por desgracia nuestro ensayo no ha encontrado ningún efecto protector en personas mayores”, asegura Eric Amman, uno de los autores. “Además, en la mayoría de los ensayos aleatorios de los suplementos que contienen estos compuestos tampoco se han hallado mejorías”, concluye el investigador.

En el estudio participaron 2157 mujeres de entre 65 y 80 años, adscritas a un programa de tratamiento hormonal. Un análisis de sangre inicial sirvió para determinar la concentración inicial de ácidos grasos omega 3 en la sangre de las pacientes antes del comienzo del ensayo. A partir del tercer año, los expertos les hicieron test anuales de pensamiento y memoria para evaluar sus habilidades cognitivas en siete aspectos: velocidad de respuesta, memoria verbal, memoria visual, percepción espacial, conocimiento verbal, fluidez en el habla y memoria en el trabajo.

Al concluir el ensayo, los científicos no encontraron ninguna diferencia en la evolución de las capacidades cognitivas entre las mujeres que presentaban niveles iniciales altos de omega 3 en sangre y aquellas que los tenían más bajos. Tampoco hubo ninguna distinción en cuanto a la velocidad en que estas habilidades disminuían como consecuencia de la edad.

Fuente:  Jano

Las patatas fritas «chips» son adictivas hasta para las ratas

Toca Comer.  Las patatas fritas

«¡A que no puedes comer sólo una!«, decía el eslogan de una conocida marcha de patatas chips. Parece que tenían toda la razón y que no se trataba tan solo una estrategia de marketing.

El reciente estudio de intervención con dos grupos de ratas, «Manganese-Enhanced Magnetic Resonance Imaging for Mapping of Whole Brain Activity Patterns Associated with the Intake of Snack Food in Ad Libitum Fed Rats«, nos puede dar pistas sobre cómo actúa y cómo afecta a nuestro organismo este apetecible aperitivo.

Los investigadores dieron de comer a un grupo comida normal (considerado de control) y al otro patatas fritas, ambos ad-libitum (dejando comer libremente, sin restricción),  y posteriormente analizaron lo que había ocurrido y la actividad cerebral del cada uno de ellos.

Los expertos, mediante un sistema que utiliza un marcador basado en el manganeso, realizaron resonancias magnéticas a los cerebros de los animales, para visualizar los diferentes niveles de actividad. En la imagen que obtuvieron se observa cómo las áreas cerebrales que se activan cuando comen patatas (rojo) es muy diferente a las que se activa cuando comen la dieta normal (azul).

Observaron que al comer patatas fritas las menos activas eran las relacionadas con la regulación de la energía y la saciedad, y las más activas, las relacionadas con la recompensa y el apetito.

Como los mismos autores mencionan en el trabajo, son efectos similares a los de las drogas, consecuencia de una combinación diabólica: muchos carbohidratos de rápida absorción, muchas grasas y mucha sal. Toda una bomba alimentaria, vamos. Como para comer solo una…

 

Efecto de la fructosa en el cerebro podría explicar vínculo con la obesidad

Toca Comer. Efecto de la fructosa en el cerebro podría explicar vínculo con la obesidad. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un nuevo estudio, de imagen,  que compara los efectos de la fructosa y la glucosa en el cerebro ha encontrado diferencias que pueden explicar por qué las dietas con alto contenido de fructosa pueden estar detrás de la epidemia de obesidad.

Al examinar las imágenes cerebrales por resonancia magnética  nuclear (MRI) de voluntarios adultos, el primer autor del estudio Kathleen A. Page, de Yale University School of Medicine de los EE.UU., y sus colegas, encontraron que la ingestión de glucosa, pero no de fructosa, produce reducción del flujo sanguíneo y la actividad cerebral en las regiones del cerebro que regulan el apetito y la ingestión de glucosa da lugar  a mayores niveles de hormonas que producen sensación de saciedad y la saciedad.

Los autores escriben acerca de sus hallazgos en un artículo publicado en línea en la revista JAMA, el dos de enero.

Fructosa en la dieta

En la dieta occidental promedio, la fructosa proviene de dos fuentes: como un compuesto natural en las frutas, y como un ingrediente añadido de los alimentos procesados.

Las compañías de alimentos usan fructosa, ya que es más dulce que la glucosa y ayuda a estabilizar los alimentos procesados.

La principal fuente de fructosa en los alimentos procesados ​​en los EE.UU. es el jarabe de maíz alto en fructosa, que también se utiliza para mejorar la apariencia de los productos horneados, ya que produce un  pardeamiento más consistente.

En la actualidad existe un debate sobre si el jarabe de maíz alto en fructosa está impulsando la epidemia de obesidad, que es probable que sean mayor  desde la publicación en 2012 de una extensa revisión en la Revista Internacional de Obesidad que no encontró evidencia de que el consumo de jarabe de maíz alto en fructosa tenga la culpa de la crisis de obesidad en EE.UU..

También existe la preocupación acerca de los vínculos con  diabetes tipo 2. Un estudio más reciente realizado por la Universidad de Oxford y la Universidad del Sur de California sugiere que los países que utilizan grandes cantidades de jarabe de maíz alto en fructosa en los alimentos pueden ayudar a alimentar la epidemia global de diabetes tipo 2. Un nuevo estudio de imagen que compara los efectos de la fructosa y la glucosa en el cerebro ha encontrado diferencias que pueden explicar por qué las dietas con alto contenido de fructosa puede estar detrás de la epidemia de obesidad.

Resultados

Los resultados mostraron una reducción significativamente mayor de CBF hipotálamico después de la ingestión de glucosa en comparación con la ingestión de fructosa.

«La ingestión de glucosa (pero no de fructosa), redujo la activación del hipotálamo, la ínsula y el cuerpo estriado – regiones del cerebro que regulan el apetito, la motivación y procesamiento de la recompensa, la ingestión de glucosa también  incrementó conexiones funcionales entre la red hipotálamo-estriatal y el aumento de la saciedad», escriben los investigadores .

El autor principal, Robert Sherwin, profesor de medicina en la Universidad de Yale, dijo en una entrevista telefónica con Bloomberg  que los resultados sugieren que el cerebro parece responder de manera diferente a la glucosa que a la fructosa.

La glucosa es un combustible que el cuerpo necesita. Cuando no hay suficiente, activa las células para conseguir  que el cuerpo coma más glucosa. Cuando los niveles corporales de glucosa sube, de nuevo, el cerebro desactiva las células.

Lo que este estudio parece mostrar es que la fructosa no tiene este efecto: desactivar las células. «Si no se apagan las áreas del cerebro que están impulsando a comer, usted tiene una tendencia a comer más de lo que lo haría», dijo Sherwin.

«Las respuestas dispares a la fructosa se ​​asociaron con una reducción de los niveles sistémicos de la insulina, hormona de señalización de la saciedad y no eran probablemente atribuible a la incapacidad de la fructosa para cruzar la barrera sangre-cerebro en el hipotálamo o a la falta de expresión hipotalámica de genes necesarios para el metabolismo de la fructosa».

Llegan a la conclusión:

«En una serie de análisis exploratorios, el consumo de fructosa en comparación con la glucosa resultó en un patrón distinto de CBF regional y un menor aumento niveles de la glucosa sistémica, insulina y   polipeptídos-1 tipo glucagón».

Fuente: NMT

¿Qué alimentos mejoran el cerebro?

Toca Comer.   ¿Qué alimentos mejoran el cerebro?. Marisol Collazos Soto, Rafael BarzanallanaUn estudio realizado hace unos años por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Estados Unidos, revelaba que existen tres componentes de los alimentos que fortalecen las sinapsis -conexiones entre neuronas- y aumentan las habilidades cognitivas tras consumirlos habitualmente durante tan solo cuatro semanas. Se trata de la colina, presente en los huevos; el monofosfato de uridina, contenido en la remolacha; y el ácido docosahexaenoico (DHA), un ácido graso esencial poliinsaturado que ingenirmos a través de pescados grasos como el salmón y la sardina, así como en algunas algas.

En experimentos con roedores, los investigadores comprobaron que el consumo de estos tres ingredientes a diario no solo mejoraba el desempeño de tareas y las capacidades cognitivas, sino que producía cambios bioquímicos evidentes en las sinapsis neuronales que implicaban un aumento de la inteligencia.

Fuente:  muyInteresante

Cocinar los alimentos permitió la evolución humana

Toca Comer.  Cocinar los alimentos permitió la evolución humana. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

La limitación metabólica impone equilibrio entre el tamaño corporal y el número de las neuronas del cerebro en la evolución humana, o en otras palabras, que son humanos gracias a la comida cocinada:

A pesar de la tendencia general de los mamíferos más grandes a tener cerebros más grandes, los seres humanos son los primates con el cerebro y el número de neuronas más grande, sin que tengamos la masa del cuerpo más grande. ¿Por qué los grandes simios, los más grandes primates, no están también dotados de los cerebros más grandes? Recientemente, se demostró que el costo energético del cerebro es una función lineal de su número de neuronas. Aquí se muestra que las limitaciones metabólicas que resultan del número de horas disponibles para la alimentación y el bajo rendimiento calórico de los alimentos crudos imponen una compensación entre el tamaño corporal y el número de neuronas del cerebro, lo que explica el pequeño tamaño del cerebro de los grandes simios en comparación con su cuerpo de gran tamaño. Esta limitación fue superada probablemente en el Homo erectus con el cambio a una dieta cocinada. Ausente el requisito de pasar la mayoría de las horas disponibles del día alimentándose, la combinación de tiempo recién liberado y un gran número de neuronas cerebrales asequibles en una dieta cocinada, por lo tanto, puede haber sido una importante fuerza de conducción positiva para el rápido aumento en el tamaño del cerebro en la evolución humana.

Fuente: GMO Pundit

Con un poco de azúcar esa píldora…

Toca Comer. Glucosa. Marisol Collazos SotoLa glucosa es la «gasolina» de nuestro cuerpo, de todo nuestro cuerpo. Y, curiosamente, el órgano que más consume es el cerebro: a mayor inteligencia, mayor gasto energético. Los humanos destinamos el 20% de la energía que necesitamos a esta parte de nuestra anatomía.

Cuando descienden los niveles necesarios para un correcto funcionamiento, el organismo comienza a sufrir transtornos que van desde sentir debilidad o temblores hasta razonar más lentamente o padecer desmayos (hipoglucemia).

Estamos ante el hidrato de carbono más simple y uno de los objetivos de la supervivencia (o lo que es lo mismo de la existencia de vida) es garantizar su abastecimiento. Los humanos obtenemos glucosa básicamente de los cereales, las legumbres, algún producto hortícola y la fruta.

Erróneamente, asociamos la palabra glucosa a algo dulce. Quizás porque en nuestro subconsciente la unimos a uno de los alimentos más ricos en ella… No, no es el azúcar sino la miel. O tal vez porque el dulce produce un efecto en nuestro organismo, la palatibilidad (produce placer al ingerirla). Esta circunstancia convierte a los dulces en un ingrediente esencial, ya que nos apetece comerlos.

El azúcar es un producto relativamente nuevo en nuestra dieta. Las referencias históricas de su incorporación a la pirámide nutricional humana apenas datan de hace 5.000 años y se localiza en India.

De Oriente a Occidente. Este es el origen de la ruta del azúcar, aunque los mapas económicos del momento señalen la dirección contraria. Habrá que esperar primero a que llegue a Persia y luego a que Alejandro Magno la conquiste para que los europeos —aunque sean mediterráneos— conozcamos “esa caña que da miel sin necesidad de abejas”.

No obstante, la universalización de su consumo se debe a los árabes, los descubridores de la potencialidad del azúcar en la cocina —de sobra es conocida su afición por el dulce—. La conocieron en su expansión por el Eúfrates y el Tigris y tras sus conquistas del Mediterráneo —Siria, Egipto, Chipre y todo el norte de África— los nuevos colonos introdujeron el cultivo de la caña.

Los egipcios aprendieron a refinarla y los astutos comerciantes venecianos encontraron un importante nicho de mercado en su importación. Las Cruzadas también pusieron en contacto a los europeos con este alimento, que acabó por incorporarse a su dieta.

Hasta bien entrada la Edad Media, en la vieja Europa se endulzaba con miel y, de hecho, los tratados al uso sobre las explotaciones agrícolas dedicaban mayor espacio e importancia a la apicultura, en detrimento de los ingenios dedicados al cultivo de la caña (la normalización de la plantación y desarrollo de la remolacha azucarera no ocurre hasta pasado el siglo XVIII, cuando en 1705 Olivier Serrés descubre las propiedades de la remolacha y, sobre todo, cuando el alemán Margraf logra extraer y solidificar el azúcar de esta planta).

En un primer momento, el azúcar formaba parte del vademécum de médicos y boticarios para preparar recetas, así como de los secretos de los grandes cocineros, que la utilizaban para perfumar sus viandas (lo mismo que la sal o la pimienta).

Pero la plantación de la caña se abrió rapidamente paso y a finales del siglo XVII su producción estaba extendida por todo el mundo (en el primer viaje de Colón, las semillas de la caña formaban parte del equipaje).

Fuente: Más que Ciencia

¿Se consume más energía (calorías) cuando se piensa mucho?

Toca Comer. Pensar quema calorías. Marisol Collazos Soto
De acuerdo a la revista Popular Science , el cerebro requiere una décima parte de una caloría (la unidad de energía en el Sistema Internacional de Medidas es el Julio, 1 J= 4.84 calorías) por minuto, para mantenerse con vida. Comparando esto con la energía utilizada por los músculos, caminar «quema» unas cuatro calorías por minuto.  El boxeo diez calorías por minuto. La lectura y la meditación de esta bitácora, consume 1,5 calorías por minuto.

El cerebro está formado por neuronas, células que se comunican con otras neuronas y transmiten mensajes hacia y desde los tejidos del cuerpo. Las neuronas producen sustancias químicas llamadas neurotransmisores para transmitir sus señales. Para producir neurotransmisores, las neuronas han de extraer energía, el 75% del azúcar glucosa (disponibilidad de calorías, los carbohidratos, que se digieren hasta convertirse en glucosa y el 20% del oxígeno de la sangre. El lóbulo frontal del cerebro es donde se lleva a cabo el pensamiento, por lo que si se está pensando en los  importantes problemas de la vida, al igual que se precisa comer  para reemplazar las calorías que se «queman», esa parte pensante del cerebro necesitará más glucosa.

Sobrecompensación calórica

Un equipo de investigación supervisado por el doctor Angelo Tremblay efectuó un estudio con un grupo de estudiantes. Se les pidió ue realizaran tres tareas en tres días distintos. Las tres tareas tenían un grado de dificultad diferente, la primera fue una sesión de relax, la segunda una lectura y resumen del texto y la última fue una serie de pruebas de memoria, atención y vigilancia.

Los participantes efectivamente consumieron un 23,6% más calorías después de las tareas intelectuales.

Al  terminar las actividades los estudiantes fueron invitados a comer todo lo que quisieran de un buffet libre. Los participantes comieron 203 calorías más después de resumir el texto y 253 calorías más después de las pruebas intelectuales.

Los autores del estudio argumentaron: Estas fluctuaciones pueden ser causadas por el estrés del trabajo intelectual, o también reflejar una adaptación biológica durante la combustión de glucosa.

Es decir, que puede ser que el organismo reaccione a las fluctuaciones con el fin de restablecer su equilibrio de glucosa adquiriendo alimentos ricos en toda clase de nutrientes cuando en realidad el único combustible utilizado por el cerebro fue un poco de glucosa.

La conclusión es que sí, que pensar «quema» calorías, pero que puede inducir a recuperar más energía de la que se ha gastado, acumulando grasa. Puede que sea debido a este fenómeno, el de la sobrecompensación, que tener poca actividad física, aunque mucha mental, provoque el aumento de peso.

Ampliar información en: CHEO Research Institute

Como la mente puede engañar al estómago al comer

La clave definitiva para perder peso podrí­a estar en manipular nuestras suposiciones sobre cuánto nos saciala comida que nos disponemos a consumir.

Una investigación realizada por el Dr. Jeff Brunstrom, experto en Comportamiento Nutricional del Departamento de Psicologí­a Experimental de la Universidad de Bristol, y su equipo, han demostrado que los participantes en los experimentos del estudio estaban más satisfechos durante períodos más largos de tiempo, después de consumir distintas cantidades de comida, cuando eran inducidos a creer que los tamaños de las porciones eran más grandes de lo que realmente eran.

Los recuerdos sobre cuán satisfactorias fueron las comidas anteriores también desempeñaron un papel en la cantidad de tiempo que permanecí­a sin hambre cada persona. Todos estos resultados sugieren que los recuerdos y el aprendizaje desempeñan un papel importante en el control de nuestro apetito.

En el primer experimento, a los participantes les mostraron los ingredientes de un batido de fruta. A una mitad se les mostró una porción pequeña de fruta, y a la otra mitad se les mostró una porción grande. Entonces se les pidió que evaluaran la «saciedad esperada» del batido y que proporcionaran evaluaciones antes y tres horas después de consumirlo. Los participantes a quienes se les mostró la porción grande de fruta informaron de una sensación de saciedad significativamente mayor, aunque a todos los participantes se les dio la misma cantidad de fruta.

En un segundo experimento, los investigadores manipularon la cantidad de sopa real y la cantidad percibida que las personas pensaron que habí­an consumido. Usando un cuenco de sopa conectado a una bomba oculta bajo el cuenco, sin su conocimiento, la cantidad de sopa era aumentada o disminuida mientras los participantes comí­an. Tres horas después de la comida, la cantidad de sopa percibida (recordada) en el cuenco, y no la cantidad real de sopa consumida, predecí­a los niveles de hambre y de sensación de saciedad posteriores al convite.

La conclusión a la que han llegado los autores del estudio es que el grado en que la comida puede saciar el hambre no está determinado tan solo por las dimensiones fí­sicas de la ración, su contenido de energí­a y otros factores comúnmente tenidos en cuenta. También está influenciado por la experiencia anterior con un alimento o ración del mismo, lo que afecta a nuestras suposiciones y expectativas sobre la saciedad. Esto tiene un efecto inmediato en el tamaño de las porciones que seleccionamos y un efecto en el hambre que experimentamos después de comer.

Fuente: Blog Minadatos

Related Posts with Thumbnails