¿Por qué se extinguen los códigos de barras? La mayor transformación en la historia del retail

¿Por qué se están extinguiendo los códigos de barras? Estamos ante las puertas de la transformación más grande que el comercio minorista haya visto jamás. El monopolio global que supervisa y estandariza los códigos de barras ha tomado una decisión trascendental: está convirtiendo a los códigos QR en los nuevos reyes absolutos de las tiendas y supermercados. Pero, ¿por qué está ocurriendo esto y qué significa exactamente este cambio monumental para la industria y para todos nosotros?

Para comprender la magnitud de esta revolución tecnológica, debemos retroceder en el tiempo. Durante más de cincuenta años, el familiar código de barras lineal —ese patrón de líneas verticales blancas y negras conocido técnicamente como UPC (Universal Product Code)— ha sido el pilar invisible del comercio global. Desde su primera lectura oficial en 1974, cuando un paquete de chicles Wrigley’s fue escaneado en un cajero de Ohio, este sistema cambió para siempre la forma en que compramos y vendemos. Redujo drásticamente los tiempos de espera, eliminó incontables errores de digitación y permitió a las tiendas llevar un control de inventario en masa. Sin embargo, su era de dominio está llegando a su fin.

El arquitecto del cambio: El «monopolio» y el Amanecer de 2027

La extinción del código de barras tradicional no es un capricho del mercado, sino una obsolescencia programada y coordinada por GS1, la organización global sin fines de lucro que funciona como la autoridad principal (el «monopolio» de facto) en la estandarización de la identificación de productos. GS1 es la entidad que dictamina cómo deben identificarse los artículos a nivel mundial.

Esta organización ha puesto en marcha una ambiciosa iniciativa global conocida como «Sunrise 2027» (Amanecer 2027). El objetivo es claro: para el 31 de diciembre de 2027, todos los sistemas de punto de venta (POS) en los comercios minoristas de más de 48 países deberán estar capacitados para escanear y procesar códigos de barras bidimensionales (2D), específicamente los códigos QR impulsados por el estándar GS1 Digital Link. Grandes titanes del retail, como Walmart, Carrefour, Tesco y Woolworths, ya han publicado sus hojas de ruta y están inmersos en una actualización masiva de sus escáneres e infraestructuras de software.

El problema con el pasado frente al poder de los datos

La principal razón por la que los códigos de barras 1D están destinados al cementerio tecnológico es su profunda limitación en la era de la información. Un código UPC tradicional es unidimensional; solo tiene capacidad para almacenar una cadena de números (generalmente de 12 dígitos) que sirve como identificador del producto. Cuando el cajero escanea esas rayas, el ordenador de la tienda simplemente busca ese número en su base de datos local para saber de qué producto se trata y cuál es su precio. Nada más.

Hoy en día, las cadenas de suministro complejas y los consumidores modernos exigen mucha más información que la que puede ofrecer un simple número. Un código 2D, como el QR, puede almacenar una cantidad de datos exponencialmente mayor en un espacio físico mucho más reducido. A través del nuevo estándar, el código de barras evoluciona de ser una mera matrícula numérica a convertirse en una URL estructurada e inteligente.

Un único cuadrado para gobernarlos a todos

Lo que hace que esta transformación sea tan brillante es la dualidad del nuevo código. En la actualidad, la mayoría de los envases sufren de «desorden visual»: un código de barras para la caja registradora, un código QR distinto para que el cliente acceda a una promoción, y quizá otro código de matriz de datos para la logística interna de la empresa. El estándar de GS1 unifica todo esto en un solo cuadrado maestro.

Cuando el láser de la caja registradora del supermercado lee este nuevo código QR, su sistema está programado para extraer únicamente el identificador del producto y procesar la venta en milisegundos, exactamente igual que el viejo código de barras. Sin embargo, cuando tú, como consumidor, escaneas ese mismo código con la cámara de tu teléfono móvil, este funciona como un enlace web que te dirige directamente a una plataforma interactiva del producto.

¿Qué significa esto para todo el mundo?

Para los consumidores, esta transición representa una era de transparencia sin precedentes. Imagina escanear un producto antes de comprarlo y acceder de inmediato a una gran cantidad de datos que nunca cabrían en una pequeña etiqueta impresa. Podrás comprobar la lista exhaustiva de ingredientes, verificar advertencias detalladas sobre alérgenos, descubrir el lugar exacto de origen de los componentes, leer sobre las prácticas de sostenibilidad de la marca, e incluso ver tutoriales en video sobre cómo usar o reciclar el artículo. En una época en la que el 79% de los consumidores afirma estar más dispuesto a comprar productos que ofrecen información adicional escaneable, este nivel de detalle ya no es un lujo, es una exigencia.

Para los supermercados y minoristas, el código QR es una mina de oro operativa enfocada en la eficiencia y la seguridad. Dado que este código 2D puede contener el número de lote específico y la fecha de caducidad exacta de cada artículo, la gestión de inventario y la seguridad pública cambian radicalmente. En caso de una alerta sanitaria —por ejemplo, un lote de espinacas contaminadas con bacterias—, el supermercado ya no tendrá que desechar todas las bolsas de esa marca. El sistema de la caja bloqueará automáticamente la venta de los productos afectados en el momento de cobro, protegiendo al consumidor. Además, abrirá la puerta a los «precios dinámicos», permitiendo que el sistema aplique descuentos automáticamente a los alimentos que están a punto de caducar para reducir el desperdicio.

Para las marcas y fabricantes, significa obtener un canal de comunicación directo e ininterrumpido con su cliente final. Dado que el destino digital del código QR se puede actualizar, las empresas podrán cambiar la información de la página web en cualquier momento sin necesidad de retirar o volver a imprimir los envases físicos.

Estamos viviendo una etapa de transición, una especie de evolución en tiempo real en los pasillos de tu tienda local. Durante los próximos años, veremos una coexistencia pacífica donde los envases llevarán ambos códigos. Pero a medida que nos acerquemos a 2027, las tradicionales rayas de cebra cederán definitivamente su trono al laberinto de píxeles del código QR. La mayor transformación en la historia del comercio minorista ya no es un proyecto futuro: está ocurriendo ahora mismo, a un solo escaneo de distancia.

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60 aniversario de los códigos de barras

Toca Comer.   60 aniversario de los códigos de barras. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

No sólo en los pasillos de los supermercados y las tiendas de ropa; también en los hospitales, donde permiten identificar pacientes y localizar equipos de forma rápida y eficiente, o en la logística detrás de los servicios de courier o la distribución de mercancías.

Pero hubo una época en la que los cajeros de las tiendas llevaban una cuenta manual de lo que compraban los clientes, y los dueños de los almacenes se veían obligados a cerrar una vez al mes para hacer recuento de existencias.

Hasta que el siete  de octubre de 1952, dos estadounidenses patentaron el hoy ubicuo código de barras, y entraron en la historia. Sin embargo, no sería sino hasta dos décadas más tarde que su invento se volvería apto para la comercialización global. Antes, simplemente no existía la tecnología láser necesaria para leerlos de manera práctica y económica.

El primer sector que se percató del potencial de los códigos de barras fue el de los ferrocarriles, que empezó a identificar trenes y vagones con números únicos. Pero sólo en 1974 llegaron a las cajas de los supermercados.

Las distintivas franjas blancas y negras, en su primitiva versión linear, se utilizaron por primera vez en un supermercado de Ohio (EE.UU.) para escanear un paquete de goma de mascar de la marca Wrigleys.

Luego vendrían las versiones circulares y hexagonales, y más tarde aparecerían códigos legibles de dos dimensiones. La última innovación en este campo sería el código QR (del inglés Quick Response o «respuesta rápida»), un conjunto de puntos que contiene muchísima más información que la combinación de rayas original.

Fuente:BBC Ciencia



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