La alimentación es química

Toca Comer. La alimentación es química. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana¿Se imaginan a un tigre comiendo bellotas, o a una vaca comiendo carne? Hay animales herbívoros, hay carnívoros, y unos pocos somos omnívoros. El ser humano es omnívoro. Y la prueba se constata, además de la física digestiva, en los procesos químicos de la comida. Las dietas que impliquen conducta antinatural humana (por ejemplo el veganismo) son filosofías que unos idealistas se autoimponen por autosugestión de ideas de la new age, buscando únicamente argumentos que apoyen su ‘religión’ y obviando la Ciencia y, sobre todo, la Evolución que nos ha traído hasta la situación actual donde podemos elegir ir contra nuestro propio organismo, como hacen esas dietas supresoras de la cualidad humana esencial: ser omnívoro.

La mejor ilustración de que la comida es química y no filosofía podríamos adquirirla leyendo todo el proceso de la digestión. Sirva este adelanto:

La producción de los jugos digestivos.- Las glándulas digestivas que actúan primero son las glándulas salivares de la boca. La saliva que producen las glándulas contiene una enzima que comienza a digerir el almidón de los alimentos y lo transforma en moléculas más pequeñas. Una enzima es una sustancia que acelera las reacciones químicas en el cuerpo.

El siguiente grupo de glándulas digestivas está en la membrana que tapiza el estómago. Éstas producen ácido y una enzima que digiere las proteínas. Una gruesa capa de moco tapiza la mucosa y evita que la acción acídica del jugo digestivo disuelva el tejido del estómago. En la mayoría de las personas, la mucosa estomacal puede resistir el jugo, a diferencia de los alimentos y de otros tejidos del cuerpo. Después de que el estómago vierte los alimentos y su jugo en el intestino delgado, los jugos de otros dos órganos se mezclan con los alimentos para continuar el proceso. Uno de esos órganos es el páncreas, cuyo jugo contiene un gran número de enzimas que descomponen los carbohidratos, las grasas y las proteínas de los alimentos. Otras enzimas que participan activamente en el proceso provienen de glándulas en la pared intestinal.

El segundo órgano, el hígado, produce la bilis, otro jugo digestivo. La bilis se almacena en la vesícula biliar entre las comidas. Cuando comemos, la bilis sale de la vesícula por las vías biliares al intestino y se mezcla con las grasas de los alimentos. Los ácidos biliares disuelven las grasas en el contenido acuoso del intestino, casi del mismo modo que los detergentes disuelven la grasa de una sartén. Después de que las grasas se disuelven, las enzimas del páncreas y de la mucosa intestinal las digieren. (Informe completo aquí).

Fuente: Misterios al descubierto

Etiquetas pseudocientíficas en productos de consumo habitual

Toca Comer. Bosque Verde. Etiquetas pseudocientíficas en productos de consumo habitual. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Cada vez son más las etiquetas usadas en numerosos productos cuyo grado de absurdez raya lo ridículo, y visto que este tipo de publicidad es cada vez más frecuente, hoy he decidido que quiero colaborar con las empresas en su empeño en confundir al consumidor. Para ello en este post (Fuente: SCIENTIA) les presento las cinco etiquetas que, a mi parecer, son más surrealistas.

1. “Sal sin productos químicos”.

2. “Desodorante con 0% de aluminio clorohidrato pero con mineral de alumbre” (que es equivalente).

3. “Detergentes sin enzimas para pieles sensibles” (Bosque Verde de Mercadona).

4. “Sin Porquerías” (Hero).

5. “Sal libre de organismos modificados genéticamente”.

Ampliar en: SCIENTIA

Transgénicos en el supermercado

Toca Comer.  Transgénicos en el Supermercado. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

En Europa solo se autoriza el cultivo del maíz Bt y de la patata Amflora. La patata no cuenta, por que es una variedad de uso industrial destinada a fabricar papel. Por ley cualquier alimento elaborado con maíz transgénico debe ir conveniente etiquetado, algo que asusta a los fabricantes. De hecho España es el principal productor europeo de maíz transgénico, pero este se dedica principalmente a la producción de piensos, que se exportan a países que han prohibido la siembra del maíz Bt como Francia.

¿Eso quiere decir que no haya transgénicos en el súper? No tan deprisa.

Una peculiaridad de la ley es que es muy restrictiva respecto a que variedades se pueden sembrar, pero es absolutamente tolerante respecto a la importación de productos derivados. Por ejemplo, en la India, en Australia y en Pakistán se cultiva el algodón Bollard, de Monsanto, resistente al gusano rojo, algodón que importamos, para desgracia de los algodoneros andaluces, que tienen que soportar impotentes como el gusano rojo arrasa sus cosechas y no les permiten plantar variedades tolerantes (pero si comprarlo a terceros paises). De momento ya tenemos que gran parte del algodón es de origen transgénico, esto quiere decir que la ropa, billetes de euro, compresas, tampones y material sanitario es transgénico (o sea, que hay transgénicos en el súper, pero no en alimentación).

No se acaba aquí la cosa. Si en algún producto aparece la palabra enzima esta se habrá producido por ingeniería genética, lo que dicho sea de paso, es muy beneficioso para el medio ambiente. En los detergentes utilizamos enzimas (proteasas) que toleran altas temperaturas. Estos enzimas provienen de bacterias que vivían en fuentes hidrotermales del parque de Yellowstone, en Estados Unidos. Si dependiéramos de este recurso, arrasaríamos el parque, pero una alternativa es coger el gen que nos interesa, meterlo en una bacteria fácil de crecer en el laboratorio como E. coli y cultivarlo in vitro, sin perjudicar al medio ambiente, lo que nos permite, además no tener que renunciar a detergentes más efectivos.

También son de origen transgénico las proteasas de se utilizan en la solución de lavado de las lentes de contacto, o las celulasas que utiliza la industria textil para darle el toque de lavado a la piedra a los pantalones vaqueros. Muchos medicamentos, como la insulina, el interferón o la hormona del crecimiento también se obtienen metiendo genes de Homo sapiens en bacterias. Que no comas transgénicos (que no, que no los comes) no quiere decir que no se utilicen en alimentación. Las enzimas que se utilizan para tratar zumos o harinas, o las levaduras o bacterias utilizadas para la elaboración de pan, vino, cerveza, queso o yogurt son organismos modificados genéticamente (OGM), pero si en el producto final no aparecen, se toleran y no hay que etiquetarlos.

Dicho esto, me siento en el deber de advertirte de que sí hay algo transgénico que puedes ingerir. Si en alguna pastilla lees esto en el prospecto “excipiente: almidón de maíz c.s.p.” y el laboratorio es americano tienes todos los números para que sea maíz transgénico, ya que al ser un medicamento y no un alimento no está afectado por la obligación de indicar su origen transgénico. Así que como ves, el supermercado está lleno de transgénicos, pero ninguno en la sección de alimentación.

Fuente:  Los productos naturales ¡vaya timo!

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