La temporada de fiestas de fin de año puede poner en aprietos a los que tienen problemas con la bebida

Toca Comer. La temporada de fiestas de fin de año puede poner en aprietos a los que tienen problemas con la bebida. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Los atracones de bebida pueden crear una variedad de problemas, tanto sociales como relacionados con la salud, entre ellos interacciones potencialmente letales con algunos fármacos recetados, advirtió en un comunicado de prensa del Hospital de Silver Hill el Dr. Eric Collins, psiquiatra de la adicción y jefe médico del hospital en New Canaan, Connecticut (EE.UU.).
«Es importante estar particularmente atentos al consumo de alcohol en las fiestas y reuniones de fin de año, y también vigilar a los amigos o familiares que quizá muestren señales de beber en exceso», aconsejó.
En los hombres, los atracones de bebida equivalen a consumir cinco o más bebidas en un plazo de dos horas. En las mujeres, es consumir cuatro o más bebidas en ese tiempo, explicó.
«Entre los que ya luchan con los trastornos de uso de alcohol, tener un plan para las fiestas de fin de año (como tener a mano una bebida favorita sin alcohol, o pensar por adelantado en motivos para no beber) es una forma efectiva de gestionar las situaciones sociales difíciles», planteó Collins.
Es importante estar con otras personas en las fiestas de fin de año, porque el aislamiento puede conducir a la depresión, lo que podría tentar a una persona a consumir alcohol. Pero también hay que ser selectivo con las reuniones a las que se asiste, anotó.
Tenga cuidado con lo que come. El alcohol puede ser un ingrediente oculto en la comida, sobre todo en las fiestas de fin de año, dijo Collins.
Y manténgase ocupado con actividades divertidas, planteó. Hacerlo reducirá el riesgo de enfocarse en el alcohol. El respaldo también es esencial, así que sugirió acudir a sesiones de terapia o reuniones de grupo adicionales durante la temporada de fiestas de fin de año.
Intente mantener las rutinas normales durante la temporada de fiestas, y dormir y hacer ejercicio de forma adecuada, aconsejó Collins.
Fuente: Silver Hill Hospital, news release, Nov. 6, 2014

Año nuevo en el blog Suspenso en religión

Toca Comer. Fin de año en el blog Suspenso en religión. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana
Bienvenido, Siete

No me gusta Fin de Año. Me parece uno de los días más absurdos del año. Junto con Año Nuevo y, quizá, Nochebuena. Son días en los que se apodera de mí la desazón, la melancolía y todos los sentimientos que me dejan noqueada, fuera de combate, como si el alma se me escapase por la cabeza para observarme: un poco más vieja, bastante más temerosa de la dirección que pueda tomar mi vida. Las campanadas sonando en Televisión Española para recordarme que lo único eterno es Anne Igartiburu.
Aborrezco los grandes menús navideños: el marisco, el cordero, los turrones y el vino empapando absurdas conversaciones entre personas que, a pesar de ser de la misma familia, cada año se conocen menos. Las sobremesas interminables. Los chupitos, el protocolo de no poder levantarse de la mesa para desconectar. “Son días para estar con la familia”. Aunque todo el mundo parezca desubicado, cansado, pensado en sus problemas. Los que no están. Los que nunca volverán.
Las horas perdidas en tiendas abarrotadas para escoger un vestido con el que congelarse la noche del 31, las carreras del día anterior para encontrar medias, las tapas de los tacones, la eterna espera en la peluquería para salir con los mismos rulos de muñeca de porcelana que las otras trescientas chicas de la fiesta. El maquillaje que disfraza, las pestañas postizas, la laca, el perfume intenso. Las corbatas rojas. Las bragas rojas. Los calzoncillos rojos.
Las fiestas repletas de gente que nunca sale, excepto en Fin de Año. El garrafón asqueroso, las copas que se caen, las fotos obligatorias con toda la gente que te encuentras, compartir en Facebook, los pisotones en tus dedos desnudos con sandalias, la purpurina, el tractor amarillo, Alaska.
El chocolate con churros. La cola para esperar un taxi. El taxista borde hasta las mismísimas narices de transportar borrachos. Meterse en cama con la ensaimada en la cabeza. Levantarse a las cinco de la tarde. La resaca. Ibuprofeno. La panadera que no viene. El periódico que no sale. Trabajar al día siguiente.