Los “productos naturales” como religión

Toca Comer. Los “productos naturales” como religión . Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

El mundo moderno está lleno de remedios seculares que tienen claros antecedentes religiosos. Uno de estos sustitutos seculares podría ser el vegetarianismo, especialmente en sus formas más extremas que imponen un tabú alimentario sobre el consumo de animales. Jill Dubisch, una antropóloga cultural, propone estudiar los “aspectos religiosos del movimiento de los productos naturales (comida saludable)” (Vía) partiendo de la definición de religión de Clifford Geertz como un “sistema de símbolos” capaz de producir “disposiciones y motivaciones poderosas, penetrantes y duraderas”.

Según Dubisch, consumir “productos naturales” (health food) significa algo más que seguir una dieta: es una visión del mundo, en la que los “conceptos de maná y tabú orientan la elección de las comidas” y donde “existe una distinción entre lo puro y lo impuro y una preocupación por el mantenimiento de la pureza”. Los seguidores de este movimiento viven bajo una promesa de salvación secular “no en la forma de una vida después de la vida, sino en términos de mejora del bienestar físico, mayor energía, más larga expectativa de vida, libertad de la enferdad y un incremento en la paz mental”.

Obviamente, a la definición de Geertz le faltan los elementos cognitivos más típicos de la religión, en esencia la referencia a entidades sobrenaturales que ejercen algún control sobre las vidas humanas, pero de todos modos los paralelos religiosos son interesantes. Como diría Habermas, los consumidores de “productos naturales” o los veganos más entusiastas y evangélicos, forman parte de movimientos sociales que heredan el “potencial semántico” de la religión tradicional.

Otra semejanza con la religión se observa en las reacciones a las críticas por parte de algunos seguidores de lo “natural” y «saludable». A menudo, al menos en mi experiencia, las reacciones son lo bastante hostiles y emocionales como para sospechar que no estamos tratando simplemente con un tipo de dieta, o incluso con una opinión moral. Los defensores de los “productos naturales” actúan a menudo como si sus elecciones dietéticas fueran “valores sagrados” innegociables, lo cual refuerza la opinión de Dubisch.

Fuente: La revolución naturalista

Peligro de los llamados «productos naturales beneficiosos para la salud»

Toca Comer. Peligro de los llamados

El crecimiento del mercado de los llamados productos naturales beneficiosos para la salud (Natural Health Products, NHP, es el término que usa la literatura anglosajona), crece sin pausa en el mundo occidental. Recientes publicaciones indican que el 60% de los americanos, el 50% de los europeos y hasta el 71% de los canadienses usan alguno de esos productos, con cifras de negocio de billones americanos de dólares. En el caso de Canadá, se estima que un 37% los consume diariamente en forma de un amplio segmento que incluye vitaminas, hierbas medicinales, suplementos, homeopatía, etc. Además, con el fenómeno de la globalización, pueden encontrarse en el mercado, con relativa facilidad, productos provenientes de culturas como la china o la asiática, sin que estén sujetos a protocolos específicos que permitan saber la composición de los mismos. Como resultado de ello, algunas Agencias gubernamentales que velan por la salud de sus ciudadanos han comenzado a evaluar los posibles riesgos de este tipo de productos no convencionales.

En junio de 2011, el primer aviso serio lo dió el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) del Gobierno americano que, en el duodécimo informe sobre productos cancerígenos, introducía en la lista de tales a la familia de los ácidos aristolóquicos que se encuentran en cantidades apreciables en plantas como la Aristolochia y la Asarum (el jengibre salvaje), que forman parte de muchos preparados de la medicina herbal china. La HHS advertía entonces que existen datos suficientes como para asegurar que el consumo de esas plantas incrementa el riesgo de cáncer de vejiga y del tracto urinario.

En noviembre del pasado año, investigadores canadienses y suecos [Plos One 7(11), 1-12 (2012)] han añadido un elemento más a considerar. En un trabajo en el que se estudian un total de 121 preparados provenientes de diversos ámbitos (incluyendo medicina china, ayurvédica o la basada en productos marinos) además de 49 medicamentos convencionales, los investigadores han analizado dichas muestras a la búsqueda de elementos tóxicos como mercurio, cadmio, plomo, arsénico, antimonio y un corto etcétera.

Las conclusiones del artículo son bastante ilustrativas, muchos de los elementos contaminantes investigados se han encontrado tanto en los preparados que hemos denominado arriba como NHP, como en los medicamentos. Sin embargo, cuando se pasa lista de aquellos que contienen esos elementos tóxicos por encima de los límites establecidos como seguros por las agencias, un relativamente pequeño porcentaje de los productos «naturales», frente a ninguno de los medicamentos, contenían niveles por encima de los peligrosos de mercurio, cadmio, plomo, arsénico y aluminio. Y eso era particularmente evidente en determinados preparados chinos en lo tocante al mercurio y al aluminio.

Como dicen los autores del artículo al final del mismo, «aunque es obvio que hay una menor presión social sobre los efectos secundarios de estos preparados, en comparación con la que se hace sobre la industria farmaceútica, los contaminantes mencionados aparecen en ellos de forma no infrecuente, con lo que resulta evidente la necesidad de regular el control de la composición de dichos preparados«.

Fuente: EL BLOG DEL BÚHO Un alegato contra la Quimifobia

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