Beber agua de mar

Toca Comer. Beber agua de mar. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Puede que estés en la playa o que estés a puntito de hacerlo; quizá hayas leído algunas de las excéntricas propuestas dietéticas que proponen beber agua de mar para conservar y/o recuperar la salud; o es posible que tu espíritu inquieto y de pequeño científico te hayan llevado a preguntarte que, si el agua es tan imprescindible… ¿de dónde demonios la sacan las especies marinas, más en concreto los mamíferos que viven en su medio?

Sea como fuere y sea lo que sea que hayas leído al respecto de obtener/recuperar salud a través de la ingesta de agua de mar no hagas ni repajolero caso, tienes más probabilidades de ponerte malito que de mejorar. Por otro lado, si eres un naufrago que está leyendo estas líneas y estás a la deriva con cientos de millas de agua de mar en todas direcciones, sin una gota de agua potable que llevarte a los labios y, curiosamente, con una conexión a Internet para poder acceder a este post, ni se te ocurra tratar de beber agua de mar para aplacar tu sed. El remedio será peor que la enfermedad, te deshidratarás antes que no bebiéndola y por tanto, antes también, es probable que fallezcas por deshidratación.

Necesitamos agua y necesitamos sal ¿podemos entonces beber agua de mar?

La respuesta ha de ser clara: no. De ninguna de las formas, salvo que queramos tener un problema a corto plazo. El agua de mar es unas tres veces más concentrada en sales que nuestro plasma sanguíneo, una sangre muy similar en su concentración salina a la de todas las especies de mamíferos ya sean marinos, anfibios o terrestres. Así, si se bebe agua de mar se habrá de eliminar este exceso de sal produciendo una orina extremadamente salada (concentrada).

La producción de orina en los riñones requiere de un primer paso de filtración en el glomérulo renal. En este proceso se “microfiltra” todo el plasma sanguíneo, incluyendo el agua y pequeñas moléculas como sales, pero no así las moléculas más grandes, ni tampoco evidentemente las células sanguíneas. A continuación hay que recuperar gran parte de esa agua “microfiltrada” y esta acción se lleva a cabo en el “asa de Henle” un largo túbulo a través del que se reabsorbe el agua. A mayor longitud del “asa de Henle” mayor capacidad tendrá esa especie de recuperar agua y mayor será por tanto la concentración de su orina.

La realidad nos dice que nuestros riñones tienen la capacidad de producir orina con una concentración ligeramente inferior a la del agua de mar, por tanto, si alguien bebe demasiada agua de mar, se desprenderá de más agua al orinar que aquella que bebió con el fin de librarse del exceso de sal.

Así pues, paliar la sed bebiendo aunque sean pequeños sorbos de agua de mar implica dar comienzo a un peligroso círculo vicioso: cuanta más se beba, más deshidratación y por tanto sed se padecerán. Como decía el infernal profesor de lengua de un amigo (@jesusmnavarrol): Segunda sed bebe quien bebe agua salobre.

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Dieta paleolítica, otra dieta no recomendable

Toca Comer. Dieta paleolítica, otra dieta no recomendable. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Para empezar, se dice que los cazadores-recolectores del paleolítico no comían cereales y eso me parece falso; comían lo que encontraban y si hallaban trigo o arroz (en sus variedades primitivas, previas a la agricultura), no los despreciaban; eso sí, no consumían tanto cereal como nosotros, en eso sí que coincido, pues sólo contaban con el que crece silvestre.

Segundo, una dieta hiperproteica supone una sobrecarga para el riñón, eso es evidente pues si se usan las proteínas (o más bien los aminoácidos) como fuente energética se produce urea que ha de expulsarse del cuerpo. Un abuso de las proteínas puede llevar a alteraciones renales y a enfermedades por acumulación de ácido úrico como la gota.

Tercero, veo que en la paleodieta se recomienda encarecidamente el consumo de grasas de origen animal, olvidando su relación con las enfermedades del aparato circulatorio. Un alto consumo de grasas saturadas, de origen animal, puede llevar a arteriosclerosis, como está ampliamente comprobado.

Cuarto, es cierto que en el mundo moderno se abusa de los cereales, y según algunos eso podría estar relacionado con la prevalencia de ciertas dolencias, como la diabetes. Pero en este tema hay mucha discusión entre los especialistas, pues no está tan claro el mecanismo.

Finalmente, una buena dieta es una dieta equilibrada, donde no se desprecie ningún tipo de alimento, donde exista un buen aporte de vitaminas y minerales, proteínas para mantener el cuerpo en funcionamiento y un adecuado aporte energético; este último puede provenir de glúcidos, lípidos o prótidos, con la salvedad de que estos últimos implican la producción de urea, como ya queda dicho. Pero la energía es la misma venga de un azúcar, una grasa o una proteína (eso sí: el aporte energético de las grasas es mucho mayor por gramo).

En otras palabras, comer de todo, esa es la mejor dieta. Y respecto a la dieta mediterránea, ésta corresponde a ese esquema: comer de todo, en proporciones adecuadas. Por tanto, es una buena dieta.

Y queda un detalle que a veces olvidamos: los cazadores y recolectores del paleolítico tenían una esperanza media de vida bastante reducida, mucho menor que la nuestra. Tal vez muchas de las enfermedades que nos afectan se deben a que vivimos más tiempo, y no a que comemos peor.

Fuente:   HABLANDO DE CIENCIA

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