Pequeños cambios químicos de los alimentos pueden causar grandes cambios en nuestro sistema inmune

Toca Comer. Flavonoides. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Científicos de la Universidad de York, en Reino Unido, han descubierto que pequeños cambios químicos en los flavonoides de los alimentos naturales que conforman nuestra dieta pueden causar grandes cambios en el sistema inmune, lo que puede tener consecuencias importantes para la salud, según datos de un trabajo publicado en The Journal of Biological Chemistry.

Las plantas son capaces de producir decenas de miles de diferentes moléculas pequeñas –una hoja, por ejemplo, produce alrededor de 20000 de media–, y ya se sabe que muchos de éstos tienen propiedades medicinales con efectos sobre la salud, las enfermedades y el bienestar general.

Ahora los biólogos e inmunólogos de esta universidad británica han unido sus fuerzas para ver en qué medida afectan los cambios en una familia de estas pequeñas moléculas, los flavonoides, a su bioactividad.

La investigación, publicada en The Journal of Biological Chemistry’tiene implicaciones importantes para la dieta y en el desarrollo de nuevos fármacos a partir de productos naturales de plantas.

Investigadores del Centro de Nuevos Productos agrícolas (CNAP) y el Centro de Inmunología e Infecciones (CII) en el Departamento de Biología de la Universidad diseñan experimentos para probar la actividad biológica de los flavonoides de origen vegetal.

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Las plantas saben dividir

Toca Comer. Las plantas saben dividir. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

Un equipo de investigadores liderados por Alison Smith y Martin Howard, del Centro John Innes en Inglaterra, han estudiado una planta llamada Arabidopsis thaliana que gracias a sus características puede ser fácilmente estudiada en un laboratorio, ya que crece rápidamente y se conoce bien su material genético.

Las plantas son capaces de generar alimento usando la luz del Sol en un proceso llamado fotosíntesis. Sin embargo, cuando es de noche la planta necesita seguir alimentándose aunque sea incapaz de producir nuevos nutrientes ya que no dispone de la luz del Sol, por lo que raciona sus reservas durante la noche. Hasta ahora se pensaba que este proceso era automático e idéntico todas las noches, es decir, que la planta siempre consumía recursos a la misma velocidad, pero se ha podido comprobar que no es así, y que las plantas son capaces de adaptar su velocidad de consumo de energía según la cantidad de nutrientes de reserva que les queden disponibles y cuanto de larga es la noche. Todo este proceso se realiza sobre la marcha: la planta “calcula” cuanto duró la noche anterior y divide las reservas que tiene entre este tiempo, hallando la velocidad de consumo para la noche.

No se sabe qué estrategia molecular usa la planta para realizar la división, pero se tiene alguna pista. Se ha observado que las plantas que tienen una mutación en un gen llamado PWD no son capaces de adaptar su consumo según la duración de la noche, así que debe estar implicado en este ajuste.

Este descubrimiento parece que también está relacionado con los procesos de hibernación en animales, y se está comprobando qué posible mecanismo biológico hay detrás de ello.

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