FAO impulsa la agricultura inteligente para manejar mejor el cambio climático

Toca Comer. FAO agricultura. Marisol Collazos Soto, Rafael Barzanallana

“Con el fin de ampliar las opciones disponibles para los agricultores y ayudarles a que hagan la transición necesaria, creemos que puede ser necesario un aumento de la inversión, tanto de la financiación agrícola tradicional, como de nuevas formas de financiación frente al cambio climático, como el Fondo Verde para el Clima”, señaló Leslie Lipper, al frente del Programa de economía e innovaciones políticas para una agricultura climáticamente inteligente (EPIC, por sus siglas en inglés), que alberga el proyecto.

Lanzado en enero de 2012, el proyecto de € 5,3 millones de la FAO y la Comisión Europea (CE), de tres años de duración, promueve un enfoque de agricultura climáticamente inteligente en cada país, con actividades de apoyo que van desde la investigación al apoyo a las políticas y propuestas de inversión.
La agricultura climáticamente inteligente explicada

La agricultura y las comunidades que dependen de ella para su subsistencia y seguridad alimentaria, son muy vulnerables a los impactos del cambio climático. Al mismo tiempo, la agricultura, como importante productor de gases de efecto invernadero, contribuye al calentamiento global.

“La agricultura climáticamente inteligente” es un enfoque que busca posicionar al sector agrícola como solución a estos grandes retos, priorizando la seguridad alimentaria y la adaptación necesaria para lograrla, mientras se obtienen beneficios colaterales potenciales para la mitigación del cambio climático.

Se trata de realizar cambios en los sistemas agrícolas que permitan alcanzar estos múltiples objetivos, así como en las instituciones y políticas que los apoyan.

Experiencia en proyectos de África

Una de las principales actividades del proyecto es identificar las prácticas agrícolas “climáticamente inteligente” para condiciones específicas.

Por ejemplo, el proyecto ha estudiado la agricultura de conservación (AC), que implica la labranza reducida, cobertura permanente del suelo y rotación de cultivos. La práctica ha sido promovida por los gobiernos de Malawi y Zambia.

La agricultura de conservación puede –al menos potencialmente-, incrementar la productividad a través de mejores suelos, y ayudar a los agricultores a adaptarse al cambio climático mediante una mejor retención del agua. También promueve el secuestro de carbono para mitigar el cambio climático al almacenarlo en el suelo.

El análisis del proyecto indica que muchos agricultores de los dos países tienen dificultades para adoptar el conjunto completo de la AC, ya que -por ejemplo-, necesitan los residuos de los cultivos para alimentar al ganado, en lugar de la cobertura del suelo. A veces, el problema es que los campesinos son demasiado pobres para esperar varias temporadas para ver los beneficios.

Pero el proyecto también considera que el cambio climático ya está modificando las prácticas agrícolas que funcionan mejor para los agricultores, lo que podría aumentar el atractivo de la AC.

En Zambia, el análisis de los datos climáticos indica la aparición cada vez más tardía de las precipitaciones en algunas zonas. Dado que los cultivos sólo se plantan tras las primeras lluvias, las lluvias tardías significa la siembra tardía, lo que puede reducir considerablemente la temporada de crecimiento.

La investigación del proyecto muestra que los agricultores en estas áreas de precipitaciones variables e inicio tardío de las lluvias son los más propensos a mantener prácticas de AC, que tiene la ventaja de preparar el terreno antes de que lleguen las lluvias.

Experiencia en Vietnám

En el lugar del proyecto en la zona norte de Vietnám, el maíz se siembra en terrenos en ladera hasta la parte alta de las montañas, las únicas cubiertas de bosques. Una vez que se cosecha el maíz, llegan las lluvias, arrastrando el suelo. La erosión da lugar a deslizamientos de tierra, con víctimas mortales.

Los investigadores que estudian los datos climáticos vietnamitas han deducido que la variabilidad del clima es cada vez mayor, lo que agravará el problema de la erosión.

En respuesta, el proyecto busca prácticas más sostenibles de gestión de la tierra, pero también el uso de cultivos perennes como el café y el té, que, a diferencia del maíz, puede permanecer en el terreno durante 30-40 años.

Sin embargo, la producción de café y té requiere varios años para generar rendimientos elevados, lo que supone un reto para los agricultores que actualmente cultivan maíz, que goza de gran demanda y se vende a un precio muy alto.

Ampliar en: ClubDarwin.NET

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