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Europa, alarmada por la creciente ola de odio racial e intolerancia

En la Europa que quiere presentarse como modelo de los derechos humanos, en los últimos diez años ha crecido en forma alarmante la intolerancia contra las minorías. Homosexuales, musulmanes, judíos, inmigrantes, negros. El fenómeno es todavía más agudo en la Europa del Este, en los países ex comunistas, donde la virulencia produce con frecuencia inusitada ataques, destrucción, heridos y muertos. «La violencia por prejuicios raciales es un serio problema en Europa», afirmó Maureen Byrnes, directora de la organización norteamericana que estudia con método lo que está ocurriendo en Europa y Estados Unidos y que se llama «Derechos Humanos Primero» (DHP).

Human Rights First presentó un informe escalofriante que abarca doce años, desde 1984, cuando comenzó el monitoreo del crecimiento de la intolerancia, hasta el año pasado.

La discriminación y las violencias antisemitas, por ejemplo, han aumentado en 2006 hasta alcanzar el pico más alto en absoluto. En Rusia, Ucrania y otros países, pero también en Francia, donde las profanaciones de cementerios, las pintadas y los actos de intolerancia han crecido en un 6,6%. «El fenómeno es muy complejo», explica el rabino jefe de Roma, profesor Riccardo Di Segni. Las reacciones violentas se apoyan en una cultura bien radicada de prejuicios. El famoso padre Luigi Gelmini, fundador de los 238 centros del grupo Encuentro en 17 países, respondió a las acusaciones de haber cometido abusos sexuales afirmando que se trataba de infamias promovidas «por el lobby judeo-radical chic». Poco después se arrepintió afirmando que donde dijo «judíos», que en realidad amaba, quiso decir «masonería». Pero el daño estaba consumado.

El Papa ha reimplantado la misa tradicional en latín en su versión de 1962, aprobada por Juan XXIII, que ya no ataca a los «pérfidos judíos», pero que sigue incluyendo en sus invocaciones a «la conversión de los hebreos». Y hace dos semanas el Papa recibió en audiencia a las autoridades de la Radio María de Polonia, famosa por su propaganda antisemita y de ultraderecha xenófoba.

Persisten también las discriminaciones contra los millones de inmigrantes musulmanes, por fortuna con una atenuación de las intolerancias respecto al nivel de 2005, cuando los atentados terroristas en los medios de transporte causaron en Londres medio centenar de muertos. Pero un análisis demoscópico realizado para el diario Financial Times indicó que el 38% de los británicos tienen aún una gran desconfianza de los musulmanes.

En Italia, uno de cada tres ciudadanos estima que la gente islámica representa «una amenaza para la seguridad nacional» El porcentaje baja al 21% en Francia y Estados Unidos. En Gran Bretaña, un 52% espera «un gran atentado terrorista» de matriz islámica antes de fin de año, lo que echa leña al fuego del prejuicio y la desconfianza. La mayoría estima que los musulmanes tienen «demasiado poder» en el país. Los italianos están detrás, aunque no se hayan producido en Italia hechos terroristas de magnitud.

La Liga Norte de Umberto Bossi aliada de la centroderecha del ex primer ministro Silvio Berlusconi, xenófoba y partidaria durante mucho tiempo de la «liberación» de las prósperas regiones septentrionales italianas con la creación de otro Estado, acumula todos los días odiosas posiciones racistas. Sus partidarios han «marcado» en varias ciudades con orina de cerdo los terrenos donde la comunidad musulmana quería construir mezquitas. Existe un personaje singular y tremendo de la Liga Norte que es el jefe municipal de Treviso, la ciudad de la riquísima familia Benetton. Se llama Giancarlo Gentilini. En varias oportunidades quitó los bancos públicos donde se sentaban los inmigrantes, puso puntas de metal en las paredes de las calles donde negros, árabes y asiáticos que se reúnen a charlar.

Estas barbaridades producen críticas y sonrisas, pero casi nada más, inoculando el veneno cultural que alimenta prejuicios y reacciones violentas.

La violencia contra los gays es creciente en los países del Este europeo, aunque también sea inquietante la situación en la rica Europa Occidental. El obispo de Frascati, ciudad cercana a Roma y el Vaticano, dijo hace unos días que «los homosexuales no son cristianos». En Rusia una mayor presencia de los homosexuales ha llevado a un incremento de la retórica homofóbica, que muchas veces se apoya en la difusión de carteles y logos de matriz nazi, seguida de una violencia cada vez más dura. La persecución contra los inmigrantes y minorías son moneda común en la Europa del Este. En Rusia fue difundida hace poco por Internet la ejecución de dos extranjeros del Tadjikistán por parte de un grupo de ultraderecha, en nombre de la «pureza rusa».

El informe de DHP destaca que pocos países se han comprometido a monitorear sistemáticamente los casos de «crímenes de odio». Francia, Alemania y Gran Bretaña lo están haciendo. Los demás, según la organización, demuestran hostilidad y «reflejan la indiferencia de muchos gobiernos». El informe dice que los instrumentos están en manos de los gobiernos y propone que «pongan la prioridad política en la lucha contra el odio criminal y contra los atentados racistas».

Fuente Clarin.com

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