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Periodismo de comida caducada

Noticias criminología. Periodismo de comida caducada. Marisol Collazos Soto

La muerte de tres miembros de una familia en Alcalá de Guadaira (Sevilla) y la actitud de los medios, recordó inevitablemente al vomitivo periodismo que vivimos con los suicidios. Hacer la noticia lo más rápido posible, con el máximo morbo posible y plagada de especulaciones sin conocer los motivos que habían ocasionado el fallecimiento, aunque pasados unas horas tengas que rectificar tal y como estamos viendo donde la comida caducada ya NO es la causa.

La noticia recorrió como la pólvora las redes sociales la tarde del sábado y la mañana del domingo. Rápidamente corrieron los titulares “[Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]” (El Mundo) o “Tres miembros de una familia que se alimentaba de comida caducada mueren intoxicados” (Público) aunque son titulares prácticamente iguales que se podrían encontrar en otros medios.

La prensa ya tiene un culpable

En prácticamente todas las informaciones iniciales, se destacó que el motivo del fallecimiento era la comida caducada, en algunos casos dando todo lujo de detalles de que la comida que recogían de la basura y en algunos casos se detallaba con todo lujo de detalles que era pescado; llegando a indicar que estaba en escabeche, con los cuerpos aún frescos.

Según pasaba el domingo, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira, desmentían la versión de que la familia estaba en la indigencia o que sobrevivíandecomer alimentos caducados.

La familia residía en la barriada de la Rabesa, una zona popular de la localidad alcalareña. “Él era fontanero pero llevaba varios años en paro, iban tirando con lo que podían”, ha declarado desde el tanatorio Miguel Ángel López, sobrino de Concepción -la mujer fallecida-, que se ha mostrado molesto con los comentarios de los vecinos que han declarado que la familia buscaba alimento por las basuras.

“La policía científica que acudió al domicilio a investigar el caso observó alimentos envasados normales, como en cualquier casa. Así que no parece ser que sufrieran problemas alimenticios de extrema necesidad. También disponían en la casa de luz y agua”, ha declarado la delegada de Asuntos Sociales, María Dolores Gutiérrez, tras salir la mañana del domingo de la Junta de Portavoces de la localidad, donde unos comerciantes recogían en la plaza que está frente al Ayuntamiento los puestos de artesanía que habían instalado para un mercadillo de Navidad por la decisión municipal de declarar tres días de luto en la localidad.

La realidad

Los [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] sufrieron un envenenamiento por una sustancia química aún no identificada, han informado este viernes fuentes de la investigación. Las citadas fuentes han precisado que, por la sintomatología y rápido fallecimiento, los expertos han descartado una toxiinfección alimentaria y se inclinan por un envenenamiento químico.

La sustancia causante aún no ha sido identificada en los análisis de vísceras y muestras realizados por el Instituto de Toxicología en Madrid y Sevilla y también se desconoce si lo ingirieron con la comida o fue mediante alguna otra vía, como la inhalación. Los expertos descartan el suicidio u homicidio y se inclinan por la posibilidad de que la familia pudiese haber introducido el veneno por error en los alimentos que cenaron la noche anterior, por ejemplo, confundiendo un matarratas con harina para rebozar el pescado que comieron, según las citadas fuentes. La inhalación de algún plaguicida es otra de las posibilidades que barajan los investigadores.

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¿Falsa convicción de una autopsia tardía?

En una mañana de agosto de 1780 en su finca de la familia de Lawford Hall en Warwickshire, Inglaterra, Anna Maria Boughton dio a su hijo Teodosio un frasco de medicamento para tratar una dolencia permanente – una enfermedad venérea que cogió cuando estudiaba en Eton. En cuestión de horas, Teodosio había muerto.

Cuando salió a la luz que su hermano, John Donellan enjuagó la botella después de que Teodosio bebiera de ella, la sospecha de envenenamiento creció rápidamente. El hecho de que la esposa de Donellan podía heredar la fortuna de su difunto padre y que su hermano falleciera dio lugar a la conjetura de que Donellan tenía la culpa. Si bien hubo un debate acerca de la autopsia, el cuerpo comenzó a descomponerse con el calor de agosto, y no fue hasta que había sido enterrado que se tomó la decisión de «abrir el cuerpo», y se hizo finalmente. Diez días después de la muerte de Teodosio, su cuerpo fue exhumado y un equipo de médicos rurales realizaron la autopsia que, en la farsa de un juicio posterior, sellaron el destino de Donellan.

En su nuevo libro, La condenación de Juan Donellan: un misterioso caso de la muerte y escándalo en la Inglaterra georgiana , Elizabeth Cooke reexamina la medicina y la evidencia,  revista New Scientist habló con Cooke para saber si realmente fue un asesinato – o algún otro. misterio para la medicina.

Algunos temas tratados en la entrevista:

¿Cómo de comunes fueron los asesinatos por  intoxicación en esta época?

La intoxicación fue el método de elección para algunos asesinos  muy famosos. Melodramas de la época están llenos de personas que lentamente envenenan a sus socios a través de arsénico en los alimentos. Y, en efecto, había una gran cantidad de arsénico en torno al Ayuntamiento de Lawford, ya que fue invadido por las ratas. Teodosio era muy aficionado al envenenamiento de las ratas con arsénico.

Hoy, por supuesto, los casos de envenenamiento son raros porque con la toxicología moderna se puede detectar de inmediato. Hay un ejemplo que menciono en el libro de un molinero local, que tenía algunas bayas de un cirujano local que se reducían apirotoxna que es un veneno muy rápido.

Además, el agua de laurel, que la Justicia dictaminó que había sido utilizada en este caso, se utiliza a menudo en pequeñas cantidades en la cocina, por lo que posiblemente habría sido usada también en la cocina.

Por lo tanto, en ese momento, ¿qué podría hacerse para determinar con precisión el veneno como causa de la muerte?

Casi nada, hasta que la química evolucionó. Una de las debilidades de Donellan fue que cuando la autopsia se llevó a cabo – el cadáver se pudre muy rápido en esa etapa – la lengua se hincha y se extendía desde la boca casi tocando la nariz. Para las personas comunes en el jurado, esto habría significado que estaba tratando de expulsar algo de su boca.

Además, los médicos en este caso, decidieron que iban a extraer el agua de laurel y tratar  los caballos y los perros antes del juicio. Todos los animales murieron en agonía. Por lo tanto, la conexión psicológica entre el niño que se retuerce con convulsiones – que de nuevo fue de oídas y nunca probada – emparejada a los síntomas de los caballos y perros moribundos. Lo que Sir John Hunter trató de señalar en su testimonio era que no se puede tomar una serie de circunstancias y de ellas extraer una conclusión simplemente porque se parecen a algo a las demás. Tenía que ser probada, y lo que fue terriblemente difícil de probar fue el veneno.

Acceder a la entrevista completa aquí.

Garrote vil para la envenenadora

En la década de los años cuarenta del pasado siglo, recién terminada la Guerra Civil, 500.000 muchachas fueron enviadas por sus familias del campo a la ciudad. Son datos publicados en 1959 por el Consejo Superior de Mujeres de Acción Católica, datos que van a misa.

Medio millón de mujeres, entre los 15 y los 30 años, que no tenían ningún tipo de estudios ni de preparación; en aquellos años, la gran mayoría de mujeres carecía de profesión y no había espacio para ellas en el mercado de trabajo. Medio millón de chicas arrojadas por sus menesterosas familias a la capital con la idea de que ahorraran un dinero para hacerse el ajuar y, en unos años, casarse con algún chico que conocieran en la ciudad.

Una de aquellas muchachas se llamaba Pilar Prades, y cuando a los 12 años abandonó su pueblo de Begis (Castellón) para trasladarse a Valencia poco podía imaginar que su nombre iba a figurar en los anales de la historia de España por la desgraciada condición de ser la última mujer ejecutada en el garrote vil.

Pilar llegó a Valencia siendo analfabeta y dejando atrás una niñez sin muñecas y una desgraciada infancia en la que acarrear cubos de agua y sacos de estiércol eran sus entretenimientos más habituales.

Poco agraciada, introvertida y de gesto adusto, duraba poco en las casas en las que entraba a servir. Su mirada era lo que peor efecto causaba en sus patronos, una mirada seca, dura, que traspasaba. Llegó a cambiar de señora hasta en tres ocasiones el mismo año.

Y así se fue haciendo mujer, sintiendo el rechazo que su persona provocaba, sin recibir jamás un mimo o una palabra cariñosa. Pero, como mandaba la tradición, también comenzó a preparar su ajuar, a bordar sábanas de hilo, toallas, manteles y servilletas aunque no llegaría a tener ocasión de experimentar cómo era el sexo masculino. Pasaba las tardes de los jueves y los domingos sentada en las sillas de El Farol, una sala de baile que frecuentaba con más pena que gloria, sin que nadie la sacara nunca a bailar.

En 1954, cumplidos ya los 26 años, entró a servir en la casa de un matrimonio, Enrique y Adela, que tenían una tocinería en la calle de Sagunto. La actividad y el movimiento de la tienda le gustaban a Pilar, y admiraba el porte y las maneras de su señora, una hermosa y corpulenta mujer que lucía unos delantales almidonados con encajes que tenían prendada a la sirvienta. Para ella, el momento más feliz era cuando le pedían que ayudara a despachar porque la tienda estaba llena.

Doña Adela cayó enferma en una fecha señalada, San José, y a partir de aquel día Pilar tuvo que ocuparse de ayudar a Enrique en el mostrador sin abandonar por ello las tareas de la casa. Es decir, hacía todo el trabajo de la señora sin ser la señora. Y también se ocupaba de cuidarla, le preparaba caldos y tisanas que le hacía beber mientras la llenaba de mimos y la divertía contándole un resumen de lo que había pasado en la tienda.

Vómitos, pérdida de peso, debilidad muscular… El estado de doña Adela era cada día más preocupante, y el médico de cabecera no lograba adivinar la causa de las dolencias. Y un día falleció y el desconsolado esposo se puso un traje negro y la llevó a enterrar al cementerio.

Información completa en: [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]

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