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¿Quieres convertirte en Sherlock Holmes? He aquí los 10 mandamientos para ser un buen criminólogo

Noticias criminología. Hector, detectives privados. Marisol Collazos Soto

«El mayor experto en la seguridad de la población», de esta manera define el Rodolfo Gordillo, profesor de criminología de la Universidad a distancia UDIMA, al criminólogo del S.XXI. Así que si alguna vez has pensado que tú podrías triunfar en ese área sólo porque seas un as jugando al cluedo o porque siempre respondas «elemental» a cualquier afirmación de tus amigos, vete cambiando de idea porque para adaptarse a las nuevas necesidades de la profesión hay muchas áreas que deberás dominar. Aquí te ofrecemos las diez competencias básicas, que según Gordillo, ha de tener una persona que quiera afrontar con garantías el reto:

– Dominio del inglés. Es el idioma en el que más se publican y difunden los resultados científicos, indispensable para la universalización del conocimiento. Aparte sirve como trampolín a ofertas de trabajo que otros países demandan y en los que existe una mayor tradición criminológica, como Bélgica, Gran Bretaña o Estados Unidos.

– Análisis de la realidad política. El criminólogo tiene que desarrollar un sentido de la justicia, ética y moral, que le permita dirigir críticas hacia el propio Estado de Derecho cuando éste ponga en peligro la convivencia armónica de sus integrantes. La capacidad de crítica, así como de autocrítica será una importante herramienta que habrá que trabajarse desde la primera toma de contacto con la disciplina criminológica.
 
– Inteligencia social. El criminólogo se va a relacionar con personas cuyos niveles de malestar emocional serán elevados. Por tanto, ser capaz de captar los sentimientos de las personas, recordar detalles de las conversaciones y de los aspectos cualitativos del lenguaje corporal ayudará a establecer dinámicas apropiadas y dará las claves de actuaciones concretas.

– Dominio de las nuevas tecnologías. La criminalidad no entiende de idiomas, razas o clases sociales y el mundo globalizado cada vez va más deprisa gracias a los nuevos hallazgos que permiten la interacción casi inmediata de nuevos descubrimientos. Por ello, cada vez es más necesario la puesta en común de proyectos a escala internacional sin necesidad de largos desplazamientos y para los que el manejo de las nuevas tecnologías se torna esencial.

– Liderazgo. Un criminólogo tiene que saber tomar decisiones, promover iniciativas, dirigir y coordinar equipos humanos, así como elaborar estrategias para lo que será necesario una habilidad como el liderazgo que englobe tales características.

– Capacidad deductiva e inductiva. La investigación científica se origina gracias a estas habilidades. Con ellas el científico capta una serie de peculiaridades que tienen una relación significativa para él, y que una vez validadas empíricamente , ayudará a mantener los cánones de la ciencia: explicar, controlar y prevenir.

– Actualización científica constante. El marco multidisciplinar que rodea a la criminología, obliga al criminólogo a estar actualizado en los avances de aquellas disciplinas que la nutren. Así aquellos avances en disciplinas afines como la psicología, sociología, política y biología serán de obligada lectura.

– Facilidad en la comunicación. El criminólogo debe ser un orador que sepa transmitir y comunicar de forma correcta la información. Su amplio campo de actuación requiere comunicarse con personas de todo tipo, asistir a reuniones, congresos y su capacidad comunicativa será una herramienta que le ayudará a desenvolverse con la máxima solvencia.

– Espíritu emprendedor. El sector privado demanda un servicio de control, prevención y tratamiento de la seguridad. En la actualidad no hay profesionales capacitados para cubrir esta demanda, y es ahí donde entra en juego el criminólogo.

– Afán de superación. El crimen evoluciona y lo que hoy es válido, mañana puede que sea ineficaz. Las trabas que la administración, los estamentos políticos y los recursos materiales y económicos puedan ponernos por el camino deben motivar al criminólogo para intentar conseguir su objetivo. Por ello necesitará en muchas ocasiones de aquellos recursos individuales que le permitan solventar o rodear cualquier obstáculo que se encuentre.

 

«El mayor experto en la seguridad de la población», de esta manera define el Rodolfo Gordillo, profesor de criminología de la Universidad a distancia UDIMA, al criminólogo del S.XXI. Así que si alguna vez has pensado que tú podrías triunfar en ese área sólo porque seas un as jugando al cluedo o porque siempre respondas «elemental» a cualquier afirmación de tus amigos, vete cambiando de idea porque para adaptarse a las nuevas necesidades de la profesión hay muchas áreas que deberás dominar. Aquí te ofrecemos las diez competencias básicas, que según Gordillo, ha de tener una persona que quiera afrontar con garantías el reto:

– Dominio del inglés. Es el idioma en el que más se publican y difunden los resultados científicos, indispensable para la universalización del conocimiento. Aparte sirve como trampolín a ofertas de trabajo que otros países demandan y en los que existe una mayor tradición criminológica, como Bélgica, Gran Bretaña o Estados Unidos.

– Análisis de la realidad política. El criminólogo tiene que desarrollar un sentido de la justicia, ética y moral, que le permita dirigir críticas hacia el propio Estado de Derecho cuando éste ponga en peligro la convivencia armónica de sus integrantes. La capacidad de crítica, así como de autocrítica será una importante herramienta que habrá que trabajarse desde la primera toma de contacto con la disciplina criminológica.
 
– Inteligencia social. El criminólogo se va a relacionar con personas cuyos niveles de malestar emocional serán elevados. Por tanto, ser capaz de captar los sentimientos de las personas, recordar detalles de las conversaciones y de los aspectos cualitativos del lenguaje corporal ayudará a establecer dinámicas apropiadas y dará las claves de actuaciones concretas.

– Dominio de las nuevas tecnologías. La criminalidad no entiende de idiomas, razas o clases sociales y el mundo globalizado cada vez va más deprisa gracias a los nuevos hallazgos que permiten la interacción casi inmediata de nuevos descubrimientos. Por ello, cada vez es más necesario la puesta en común de proyectos a escala internacional sin necesidad de largos desplazamientos y para los que el manejo de las nuevas tecnologías se torna esencial.

– Liderazgo. Un criminólogo tiene que saber tomar decisiones, promover iniciativas, dirigir y coordinar equipos humanos, así como elaborar estrategias para lo que será necesario una habilidad como el liderazgo que englobe tales características.

– Capacidad deductiva e inductiva. La investigación científica se origina gracias a estas habilidades. Con ellas el científico capta una serie de peculiaridades que tienen una relación significativa para él, y que una vez validadas empíricamente , ayudará a mantener los cánones de la ciencia: explicar, controlar y prevenir.

– Actualización científica constante. El marco multidisciplinar que rodea a la criminología, obliga al criminólogo a estar actualizado en los avances de aquellas disciplinas que la nutren. Así aquellos avances en disciplinas afines como la psicología, sociología, política y biología serán de obligada lectura.

– Facilidad en la comunicación. El criminólogo debe ser un orador que sepa transmitir y comunicar de forma correcta la información. Su amplio campo de actuación requiere comunicarse con personas de todo tipo, asistir a reuniones, congresos y su capacidad comunicativa será una herramienta que le ayudará a desenvolverse con la máxima solvencia.

– Espíritu emprendedor. El sector privado demanda un servicio de control, prevención y tratamiento de la seguridad. En la actualidad no hay profesionales capacitados para cubrir esta demanda, y es ahí donde entra en juego el criminólogo.

– Afán de superación. El crimen evoluciona y lo que hoy es válido, mañana puede que sea ineficaz. Las trabas que la administración, los estamentos políticos y los recursos materiales y económicos puedan ponernos por el camino deben motivar al criminólogo para intentar conseguir su objetivo. Por ello necesitará en muchas ocasiones de aquellos recursos individuales que le permitan solventar o rodear cualquier obstáculo que se encuentre.

Los criminólogos no creen en la pena de muerte

Un 88% de los criminólogos de Estados Unidos rechaza la pena de muerte porque no creen que su aplicación sirva para reducir el número de asesinatos, asegura un estudio divulgado por la revista Journal of Criminal Law and Criminology.

La investigación se da a conocer en unos momentos en que varios de los 35 Estados donde todavía se aplica la pena de muerte estudian la posibilidad de derogarla.

Según Michael Radelet, del Departamento de Sociología de la Universidad de Colorado y autor del estudio, casi todos los criminólogos de EE.UU. creen que la derogación de la pena de muerte no incidiría en el nivel de criminalidad, ya sea a favor o en contra.

Sin embargo, ha admitido que existe una creciente tendencia hacia su abolición tanto por la percepción actual sobre el castigo como por el coste de las ejecuciones, la posible injusticia en su aplicación y el hecho de que no es consuelo para los familiares de las víctimas. El alto coste se deriva de la complejidad de proceso, que alarga los trámites durante años.

Grupos de defensa de los derechos humanos consideran que el castigo es una barbarie y realizan manifestaciones de protesta frente a los penales donde se aplica la pena de muerte, especialmente en Texas, un Estado que ha ejecutado a más de una tercera parte de todos los condenados en el país.

A ese ambiente de protesta contribuyen las denuncias de que se aplica de forma racista en mayor medida a criminales negros o hispanos a quienes no se les presta ayuda legal competente especialmente en los Estados del Sur.

Justificaciones del castigo

El restablecimiento de la pena de muerte en el país ocurrió en un momento en que más del 80% de la población era partidaria del castigo, porque se creía que reduciría los homicidios.

«La base del apoyo era la disuasión. Se pensaba que mientras existiera la pena de muerte habría quienes no se atreverían a cometer un crimen», ha señalado Radelet en una entrevista telefónica con EFE. «Ahora, la idea es retribución, que el condenado sufra tanto como sus víctimas», ha agregado.

Según el sociólogo, el creciente ambiente contrario a la pena de muerte se ve alimentado por el hecho de que en este país más de un 40% de los asesinatos no se resuelven nunca.

«El dinero que se gasta en la aplicación de la pena de muerte tendría que asignarse a la búsqueda y castigo de los criminales», ha indicado. Para ellos debería aplicarse la condena a cadena perpetua sin posibilidad de recibir la libertad bajo palabra, una condena que se aplica cada vez más en el país.

Aun cuando la mayoría de los estadounidenses (alrededor de un 60%) continúa respaldando la aplicación de la pena de muerte, es «inevitable» que se derogue. «No será en los próximos años, pero sí en las próximas décadas», ha pronosticado.

El pasado mes de marzo, el gobernador del estado de Nuevo México, Bill Richardson, prohibió las ejecuciones porque, según dijo, no quería vivir con la duda de que el castigo pudiera recaer sobre un inocente.

Hace sólo una semana, el Fiscal General de California, John Van de Kamp, planteó la derogación de la pena de muerte, porque, con ello, el Estado ahorraría mil millones de dólares en cinco años a un Estado al borde de la bancarrota.

El castigo fue restablecido por el Tribunal Supremo en 1976 y, desde entonces, han sido ejecutados 1.168 asesinos, según cifras del Centro de Información sobre la Pena de Muerte

Fuente: rtve.es

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Origen del rechazo a la pena de muerte

El gran dilema: Pena de muerte o prisión perpetua o penas máximas
La sangre acusadora y otros mitos criminológicos

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