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asesinos en serie

14 asesinos en serie que nunca fueron capturados

14. The Babysitter

13. The Moonlight Murderer

12. Jack the Stripper

11. Bible John

10. The Rainbow Maniac

9. The Grim Sleeper (sospechoso en espera de juicio)

8. The Zodiac Killer

7. Beer Man

6. The Doodler

5. Jack the Ripper

4. Axeman of New Orleans

3. The Mad Butcher of Kingsbury Run

2. Servant Girl Annihilator

1. Charlie Chop-Off

Fuente:  THE AWL

 

Una muestra de ADN del hijo permite detener a un asesino en serie

Las nuevas técnicas de investigación de asesinatos por el FBI se encuentran en tela de juicio a raíz del último caso. El asesino en serie conocido como ‘Grim Sleeper’, Lonnie David Franklin, fue detenido a través de una partida de ADN encontrada en la escena del crimen, posteriormente cotejadas con las de su hijo de Franklin, encarcelado y cuyas muestras se encontraban en la base de datos.

La revista Wired recoge las críticas en Estados Unidos hacia este tipo de investigación poco «correcta», ya que el método permite a las autoridades, para aumentar el alcance de la base de datos, cubrir a millones de personas inocentes que nunca antes habían sido detenidas y menos sospechosas de algún crimen. A través de la búsqueda de ADN por familiares, cualquiera puede ser potencialmente un blanco de una investigación, simplemente por compartir el ADN de algún familiar que ha estado en prisión. Los teóricos también muestran su escepticismo hacia una técnica demasiado nueva, sin reglamentos ni regulación sobre cuándo y cómo se puede utilizar.

La base de datos de ADN que tiene el FBI, llamada CODIS, contiene la huella genética de millones de personas. La base de datos contenía inicialmente sólo perfiles de ADN de personas condenadas por delitos violentos, pero se ha ampliado recientemente para incluir a todas las personas detenidas bajo sospecha de haber cometido algún delito grave. Esta base de datos permite a la policía comparar las muestras de la escena del crimen con el ADN de los perfiles genéticos de personas que han sido previamente arrestadas.

El problema ha comenzado al permitir a las autoridades llevar a cabo de manera ‘parcial’ y ‘familiar’ la búsqueda en la base de datos para ampliar el alcance. Cuando se inicia una nueva búsqueda intencional familiar de la evidencia en una escena del crimen y encuentran una coincidencia de ADN incompleta en la base de datos, el titular de la muestra de ADN en la base de datos no puede haber cometido el crimen, pero es posible que un pariente sí sea el delincuente real. Es en ese momento cuando haciendo pruebas de ADN de los familiares, la policía puede descubrir al sospechoso.

Fuente:  Blog de Miguel Jorge

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Enlaces de interés:

–  La web Maco048. Noticias criminología: DNA

–  La web de Maco048. Noticias criminología: Forense

–   DNA en la zona del desastre del 11 septiembre de 2001

Secretos de criminales más espeluznantes de la historia

«Asesinos seriales» es el nombre de la exposición que hasta julio de 2011 permite en el Museo de la Policía (México DF) un recorrido cronológico a través de la vida de 17 de los asesinos que más miedo infundieron en todo el mundo.

«El por qué y el cómo los asesinos en serie han actuado en todos los tiempos ha sido una labor incansable para la criminología, pues tener absolutamente claro dónde se desarrolla un odio tan fuerte es casi imposible, aunque los estudios realizados por los forenses nos han acercado enormemente a mentes que parecían impenetrables», dijo Giacomo Cantini, organizador de la exposición.

Monstruos, asesinos, maniáticos, bestias, psicópatas, homicidas y animales han sido llamados aquellos delincuentes en serie que han cometido entre tres y cuatrocientos asesinatos en su vida.

A lo largo de 13 secciones se encuentran las reproducciones  en cera de estos asesinos, la escenificación de los lugares en que vivían y los lugares en los que escondían a sus víctimas.

Un sinfín de objetos, fotos, ornamentos, instrumentos, escritos y vestimenta, que también se exhiben buscan definir la personalidad, las fijaciones de los asesinos y las técnicas que utilizaban para torturar, matar y hasta devorar a sus víctimas.

Información completa en:  CAPITAL 96.7

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Enlaces relacionados:

–  La web de Maco048. Noticias criminología:  Asesinos en serie

–  Asignatura Criminología III. Licenciatura Criminología. UMU

Un doctorando en criminología supuesto asesino en serie de prostitutas en Bradford (Reino Unido)

Hace unos días ha sido detenido un doctorando en criminología bajo sospecha de ser ser el asesino en serie de 3 prostitutas en Bradford (West Yorkshire, Reino Unido).


El sospechoso estaba interesado precisamente en los asesinos en serie para su tesis doctoral. La policía aún analiza los crímenes y tienen un cuarto caso de asesinato abierto desde el 2001.
El caso recuerda a sucesos ocurridos en la zona como el asesinato de, al menos, 13 mujeres a manos del apodado violador de Yorkshire (Peter Sutcliffe).

Fuente:  PSICOLOGIA Y CRIMINOLOGIA

Un asesino en serie que mataba a sus víctimas electrocutándolas

Un sujeto de 30 años fue arrestado en la ciudad de Yekaterinburgo, en la región de los Urales en Rusia central. Se ha declarado culpable del homicidio de un hombre a quien introdujo en su garage después de engañarlo con un anuncio clasificado en internet donde ofrecía partes de computadoras.

Tras inmovilizar a su víctima, lo puso en el auto y lo rodeó con un cable eléctrico conectado a un transformador. Luego lo electrocutó, llevó el cuerpo a las afueras de la ciudad y lo quemó en una fogata que alimentó con neumáticos usados.

A pesar de que el asesinato fue cometido en presencia de un amigo del homicida, el caso fue resuelto sólo después de que la policía identificó el cuerpo parcialmente calcinado. Cuando el criminal fue detenido, inmediatamente se confesó culpable y dijo a los investigadores que aceptaría otros asesinatos si descubrían más cuerpos (¡?).

Las autoridades rusas piensan que entre el 2008 y el 2009 el asesino mató al menos a 5, que es el número de personas desaparecidas en la región que abandonaron sus hogares diciendo que iban a comprar partes de computadoras.

La policía halló una pequeña planta eléctrica en el garage controlada por una computadora. El detenido dijo que diseñó el aparato para matar a la gente que pasara en sus autos frente a su casa. Una parte del artefacto detendría el motor mientras la otra se encargaría del conductor.

Mientras se encontraba en el centro de detención, dijo además que tenía intenciones de construir un instrumento para borrar la memoria de las personas con un rayo electromagnético.

Sólo falta que comience a hablar de hombrecitos verdes, viajes en el tiempo y mensajes satánicos. Por lo pronto, se trata de uno más de los muchos asesinos en serie que tienen (o fingen tener) una enfermedad psicótica.

Autor: Andrés Borbón

Fuente:  Tecnoculto

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Enlaces relacionados:

Criminologia III. Psicópatas y asesinos en serie

Es hora de que la ciencia se pronuncie en contra de las supersticiones

¿Es verdad que los peores asesinos en serie son médicos?

Asesinos Seriales: Leonard Lake y Charles Ng

Leonard Lake, Serial Killer

Serial Killer Charles Ng

Esta pareja de asesinos seriales sádicos, se piensa, mataron entre 11 y 25 personas y filmaron y fotografiaron muchos de sus homicidios.

En 1985, un tendero de california llamó a la policía porque un asiático había escondido una herramienta de las que vendía en su tienda bajo su abrigo. Cuando llegó la policía, el asiático se había ido, pero ahí estaba un hombre con barba, quien le dijo al oficial que ya había pagado por lo que su amigo había tomado, así que no había delito qué perseguir. El oficial, sin embargo, hizo algunas comprobaciones y encontró que el vehículo del hombre era robado y que, además, había un arma en el interior. Poco después, el hombre barbado fue arrestado y en la comisaría dijo que se llamaba Leonard Lake y que su amigo era Charles Chitat Ng, que él (Lake) era un fugitivo buscado por el FBI. Pidio de favor que le quitaran las esposas, que le llevaran un vaso con agua, papel y lápiz para escribir una nota a su esposa. Lo complacieron y, poco después, vieron cómo sacaba algo de su camisa, se lo echaba a la boca y, en pocos minutos, estaba convulsionando. Había tomado dos tabletas de cianuro que terminaron matándolo.

Poco después, contactaron a la ex esposa de Lake quien llevó a la policía a una cabaña en el bosque. En la inspección preliminar, encontraron manchas de sangre por todas partes: En la pared, en un colchón, en diversos artículos de lencería y algunos agujeros de bala en las paredes y en el piso.

Unos meses después del matrimonio de los Lake, Charles Ng llegó a vivir con ellos. La mujer dijo que se llevaban bien, ya que ambos habían sido marines (Ng aún lo era). A partir de entonces, dijo la mujer, las cosas comenzaron a cambiar y, tras una desaparición de varios meses, Ng, llegó con una camioneta y llevaba algo en ella. Poco después, tanto Lake como Ng fueron arrestados por el robo de armas del ejército y Lake fue liberado bajo fianza, pero Ng fue arrestado ya que se le iba a juzgar en el ejército por el delito.  Fue entonces que los Lake se separaron, ya que ella no quiso huir con él a la cabaña y él se fue a vivir solo al lugar. Cerca de la cabaña fue construido un bunker de concreto. Cuando la policía investigó el bunker, hallaron una especie de taller con herramientas cubiertas de sangre y una puerta secreta que llevaba a otra habitación con una cama, una mesa y un letrero que decía “Operación Miranda”. También había ropas y equipamiento militar que incluía armas de alto calibre. Entre otras cosas halladas en el bunker, encontraron un detallado diario escrito por Lake donde narraba la forma en que elegían, capturaban, torturaban y asesinaban a sus víctimas.

Lake era miembro de una secta que creía que el mundo iba a terminar después de una tercera guerra mundial, y tenía la idea de crear cadenas de bunkers con esclavas sexuales para repoblar la tierra.

Poco después, descubrieron una tercera habitación, sumamente reducida y que tenía todas las características de una celda, que contaba incluso con un cristal de dos vistas donde los captores podían ver a la víctima a toda hora. Encontraron también un video donde Lake y Ng torturaban a una chica, la violaban y la obligaban a realizar un streaptease.

La búsqueda prosiguió y hallaron cerca de 12 cadáveres y cientos de fragmentos de hueso, algunos severamente calcinados ya que en las cercanías del bunker había un incinerador bastante potente, lo que hizo creer a la policía que muchos de los cuerpos fueron convertidos en cenizas.

Charles Ng, mientras tanto, seguía desaparecido. Era hijo de un acaudalado hombre de negocios en Hong Kong, pero fracasaba constantemente en la escuela o se metía en problemas por delitos menores, por lo que era expulsado. Su padre lo envió a estudiar a Inglaterra, pero pronto fue expulsado y terminó en los Estados Unidos donde, dando un lugar de nacimiento falso, se enlistó en las fuerzas armadas (Marine Corps) de donde no salió muy bien librado tras el robo de armas antes mencionado. No se sabe cómo conoció a Lake, pero poco después de encontrarse por primera vez se fue a vivir a la casa de este último.

Tiempo después, Ng fue apresado en Canadá cuando intentó robar unos comestibles en una tienda, pero las autoridades canadienses se negaron a enviarlo a los Estados Unidos porque, habiendo abolido la pena de muerte, ninguna persona acusada de un crimen capital podía ser extraditada para ser juzgada, si existía la posibilidad de que la sentencia condenatoria fuera de muerte.

Finalmente, tras seis años de batallas legales, Ng fue extraditado, pero sus abogados usaron todos y cada uno de los trucos posibles para posponer el juicio, el cual finalmente comenzó en 1998. Se piensa que los gastos del procedimiento judicial han sido los más altos en la historia del derecho mundial, superando incluso a lo gastado en el caso de OJ Simpson. Al final del juicio, Ng fue encontrado culpable del asesinato de seis hombres, tres mujeres y dos niños y condenado a muerte.

Actualmente, los abogados de Ng están apelando la sentencia, lo cual podría llevar otros seis años de batallas legales antes de que se ejecute la sentencia.

Fuente:  Tecnoculto

Bajo licencia Creative Commons

¿Es verdad que los peores asesinos en serie son médicos?

En el escalafón de los asesinos en serie se da la macabra coincidencia de que varios de los más prolíficos han resultado ser médicos. El peor de todos ha sido el británico Harold Shipman, quien en enero del 2004 se ahorró con una sábana al cuello el tedio de cumplir las quince cadenas perpetuas que le aplicó un juez británico por el asesinato de igual número de personas. Algunas investigaciones indican que pudo haber matado al menos a doscientas más entre 1974 y 1998. Jack Kevorkian, el médico que poco antes lo precedió en el título, organizó el suicidio de 130 de sus pacientes y se promocionó como un activo defensor de la eutanasia hasta que se le ocurrió filmarse mientras participaba en el suicidio de un hombre y lo hizo pasar por televisión. Un jurado de Michigan lo condenó en 1999 por asesinato en segundo grado. Al año siguiente, un estudio reveló que el 70% de sus voluntarios no tenía enfermedades terminales, como se pensó en un momento. Alguien dirá que entre uno y otro hay muchos matices por considerar, pero es de matices diversos, casi todos macabros, que está cubierta la lista de los doctores de la muerte.

Cara de bueno
Antes de revelarse como asesino, Harold Shipman, de 54 años, era lo que se dice un médico intachable. Muchos de sus pacientes hasta lo llamaban ‘Doctor Amistad’, por lo agradable que parecía, al punto que pocos deudos sospechaban cuando él descartaba la necesidad de autopsia en sus víctimas y sugería a los familiares la inmediata cremación de los cuerpos. El asunto comenzó a develarse cuando sus colegas de la localidad de Hyde notaron que estaba expidiendo demasiados certificados de defunción. Shipman fue investigado por las autoridades, pero quedó libre de sospecha ante la eventual falta de pruebas. Poco después, el hombre mató a tres pacientes más.
Hubiera seguido así de no ser porque la codicia lo hizo tropezar. A mediados de 1998, la hija de una de sus víctimas se dio con la sorpresa de que la fallecida había dejado todos sus bienes al médico. Las sospechas partieron de la firma que figuraba en el testamento. La policía encontró que no solo se trataba de una rúbrica falsa, sino que el documento había sido escrito en la máquina del asesino. La exhumación del cadáver arrojó que la paciente había muerto por una sobredosis de morfina.
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El juicio desbordó hasta el escándalo cuando se descubrió que el hombre había asesinado de la misma manera a otras 14 pacientes. Su método era el mismo: escogía mujeres mayores de 75 años, se ganaba su confianza, se convertía en su médico de cabecera y, por lo general en la tarde, mientras estaban solas, las asesinaba con sobredosis de la misma droga. Algunas murieron tras pedirle consulta para malestares tan leves como un resfriado.
La policía descubrió que el hombre emitía recetas falsas con las que recorría farmacias para comprar las cantidades permitidas de morfina. En otros casos, robaba las dosis de otras pacientes que fallecían de cáncer. La fiscalía estableció una conexión entre sus crímenes y su propia vida: a los 17 años, Shipman quedó marcado por la agonía de su madre, que usaba fuertes dosis de morfina para aliviar las dolencias de un cáncer terminal de pulmón. Se supone que allí le nació la fascinación de provocar la agonía o el desequilibrio de creerse Dios. El juez que lo juzgaba terminó asqueado del caso: «Usted ha cometido horrendos crímenes -dijo al momento de dictar sentencia-. Asesinó a cada una de sus pacientes con calculada y helada perversión de su capacidad médica. Usted era, antes que nada, el médico de esas personas».
Shipman recibió la condena de quince cadenas perpetuas sin inmutarse. Se dice que, ya en prisión, se mostraba arrogante y agresivo, aunque de vez en cuando accedía a dar algún consejo de salud. Los psiquiatras encontraron que, dentro de todo, no revestía peligro para sí ni para los demás. Ahora se investiga cómo es que decidió matarse.
Todo indica que este caso de un médico tan siniestro, con motivaciones tan macabras, ocurre solo una vez en la vida -dijo en su momento el médico del Gobierno que investigó las muertes de sus pacientes.
Es obvio que estaba equivocado.

Perversiones médicas
El sudafricano [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]debe figurar entre las mentes más perversas de la historia médica. Durante el régimen de segregación racial, este médico tuvo a cargo un programa de guerra bacteriológica denominado Proyecto Costa, entre cuyos objetivos estaba el desarrollar un veneno que solo afectara a la gente de raza negra. En sus experimentos hacía atar a hombres negros a los árboles de su jardín y los rociaba con un gel experimental para ver si amanecían muertos. Si esto no sucedía, les inoculaba un relajante muscular que les provocaba la muerte en cuestión de horas. En su búsqueda de ‘venenos inteligentes’ hacía que los sujetos de prueba fumaran cigarrillos con ántrax, ingirieran azúcar infectada con salmonela o whisky mezclado con herbicidas. Basson contó con un presupuesto ilimitado para sus investigaciones, hasta que cayó en desgracia en 1997 bajo el cargo formal de vender éxtasis a un policía encubierto.
Entonces ya lo llamaban ‘El Doctor Muerte’, apelativo que, para el efecto, señala a los más refinados traidores al juramento hipocrático. A la maldad encarnada. Parece haber una irrefrenable fascinación por la muerte en quienes juran salvar vidas y terminan aniquilándolas. Al médico austríaco Heinrich Gross le dio por experimentar en niños con retraso mental que llegaron a su cuidado en la célebre clínica psiquiátrica Steinhof, en Viena. En 1978, Gross admitió haber obtenido 300 cerebros de niños fallecidos en la clínica. Se presume que muchos fueron asesinados. Años después se hizo pública la existencia en esa clínica de 772 frascos con cerebros de niños sometidos a experimentos. Gross enfrentó dos juicios por esos crímenes, pero nunca fue condenado. Un tecnicismo legal le permitió salir libre por cuestión de edad.

Angeles de la muerte
Tal vez sea en esa frontera entre la vida y la muerte que ciertos médicos extravían sus propósitos. Algunos llegan a sentirse con la potestad de administrar la agonía. El australiano Philip Nitschke, defensor de la eutanasia, ha hecho toda una carrera como inventor de sistemas para suicidarse. Entre sus creaciones hay bolsas perfectamente herméticas para causar la sofocación del suicida, carpas para acampar que se llenan de gases tóxicos y una máquina que administra veneno mediante un programa interactivo. En este caso, el paciente se conecta un dispositivo intravenoso al brazo, entra al sistema y acciona los comandos hasta llegar a la pregunta decisiva: «Si usted desea quitarse la vida, presione Enter». Otro de sus artefactos suicidas es el COGen, una máquina del tamaño de una lata que contiene una mezcla de extracto de levadura, salsa picante y monóxido de carbono. Lo vende al módico precio de 30 euros.
Hace unos años, Nitschke fue detenido cuando trataba de entrar a Estados Unidos con este aparato. Sus detractores lo acusan de ser un sensacionalista que solo busca promocionar la eutanasia en el mundo. Para no desanimarlos, el médico lanzó su llamada «píldora suicida» y ofreció la fórmula a quien quisiera administrársela. Se especula que 200 personas se contactaron de inmediato con él para obtenerla.
Por supuesto, Nitscke reconoce influencias en esta manera de pensar que vienen desde su admirado Jack Kevorkian, otro defensor de la eutanasia, que todavía cumple una condena a 25 años en una cárcel de Michigan por asesinato en segundo grado. Kevorkian inventó su propia máquina de suicidio, aunque esta requería su intervención directa para funcionar adecuadamente. Fue ese detalle el que apareció en el video que él mismo se encargó de difundir a la televisión estadounidense y terminó por convencer a sus acusadores de que no era tan inocente como se presentaba.

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Kevorkian se había librado de varios juicios, pero el que motivó ese suicidio filmado terminó con su campaña. «No me importa ir a la cárcel porque con 70 años tengo poco tiempo de vida», dijo al escuchar el veredicto que lo señaló culpable. Era la misma razón que lo llevó a administrar una muerte asistida a sus pacientes, en su mayoría gente solitaria y depresiva.
No serán los últimos doctores de la muerte, eso es seguro. La frontera todavía está abierta y muchos se perderán en el camino, por una u otra razón. Hipócrates tiene varias traiciones por delante. «Todo indica que este caso de un médico tan siniestro, con motivaciones tan macabras, ocurre solo una vez en la vida”, dijo. Es obvio que se equivocó.

Fuente: El Comercio.com.pe

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